12 hombres sin piedad (12 angry men, 1957) de Sidney Lumet

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Sidney Lumet pertenecía a esa generación de directores de cine que comenzaron su formación en la televisión (como por ejemplo John Frankenheimer, Stanley Kramer, Arthur Penn o Martin Ritt). Cuando debutó en el cine ya tenía una carrera televisiva a sus espaldas y fue con uno de los dramas judiciales más míticos: 12 hombres sin piedad. Esta pieza fue escrita por Reginald Rose precisamente para televisión (después realizó una versión para los escenarios de teatro y escribió el guion para la película). Se emitió por primera vez en la CBS el 20 de septiembre de 1954 en el programa Studio One. Y a Henry Fonda le encantó el proyecto. Tanto que se convirtió en productor y no paró hasta llevarla a cabo para la pantalla grande. Y su sueño se convirtió en realidad con Lumet como director. Fue una de las películas de las que más orgulloso se sintió el actor (junto a Incidente en Ox-Bow y Las uvas de la ira).

Sidney Lumet desarrolla toda la trama en un cuarto: donde un jurado, doce hombres, delibera sobre la culpabilidad o inocencia de un joven (18 años) al que se le ha acusado de asesinar a su padre. Y sin embargo logra que el espectador esté pegado a la butaca durante todo su metraje… por varios motivos.

El primero, un gran reparto, doce actores que construye cada uno un personaje definido y una manera de comportarse ante la misión que tienen encomendada. Dependiendo del voto de inocente o culpable el joven irá a la silla eléctrica o no. En un principio todos están dispuestos a que la deliberación termine pronto. Parece un caso bastante claro. Lo que quieren es votar e irse a sus hogares u otros menesteres. Pero en esa primera votación el jurado número 8 (no sabemos el nombre de ninguno de los personajes excepto al final en el que tan sólo nos enteramos del nombre del jurado número 8 y de jurado número 9) vota inocente. Como no hay unanimidad tienen que empezar a deliberar. El jurado número 8  explica que no está del todo seguro sobre su inocencia pero que tiene varias dudas razonables y un respeto inmenso por la tarea encomendada. Cree el muchacho se merece que piensen y que su voto sea tras un razonamiento justo de todas las pruebas presentadas en el juicio. El jurado número 8 es crítico con cómo se ha llevado a cabo el juicio, piensa que todo el mundo ha dado por hecho la culpabilidad del joven y que ni siquiera el abogado defensor (uno de oficio) se ha molestado en llevar a cabo una buena defensa. Cree que si hay más de una duda razonable (como les ha recordado antes de entrar en la sala un juez cansino) deben plantearse el voto. En tiempo real (una hora y media más o menos) poco a poco cada personaje y por motivos diferentes van cambiando su parecer…

En segundo lugar la tensión y el ambiente que ‘se respira’ en la sala y una buena labor de fotografía en ese sentido (aumentando esa sensación de agobio en buen blanco y negro por el gran Boris Kaufman). Es un día asfixiante, el ventilador no funciona, las ventanas no se abren bien, hay una sensación de agobio ante una mesa enorme y las sillas. De falta de espacio, de atmósfera irrespirable. Después se desata una tormenta. Da la sensación de doce hombres encerrados en una especie de jaula de la que no pueden salir sin haber solucionado lo que tienen entre manos.

Y el tercero unos diálogos y un ritmo potente donde cada uno puede ver reflejados comportamientos reconocibles en los distintos grupos sociales en los que nos movemos. A través de esas dudas razonables, las discusiones de estos hombres y sus cambios de voto vemos un microcosmos social representado donde cada uno tiene un papel especial asignado.

Doce hombres sin piedad no dio muchos dividendos en taquilla. No fue un éxito de público. Sin embargo, con los años se ha convertido en todo un clásico y un referente de cine y juicios.

Merece la pena, porque es uno de sus mejores logros, el analizar a cada uno de los miembros del jurado que además poseen el rostro de actores carismáticos con carreras televisivas, cinematográficas y teatrales a sus espaldas. Todos los rostros nos suenan y todos están increíbles en sus composiciones. Ninguno sobra. Todos tienen sus matices. Sus personajes están perfectamente construidos. Si nos fijamos bien en el fotograma, sabremos quién es quién. Empezamos por el personaje que está de pie y luego continuamos a la derecha.

Jurado 1: Martin Balsam

Él es el presidente del jurado. Trata de llevar con disciplina y como obligación el puesto que tiene asignado aunque también denota que tiene ganas de que acabe pronto la deliberación y se queda sorprendido cuando ve que se va a discutir sobre el caso. A veces se siente saturado ante su función e incluso se enfada con quienes se quejan y les invita a que ocupen su puesto. Nunca deja clara su posición ni por qué cambia su voto. Se ve que es un buen hombre que tienen ganas de realizar bien sus obligaciones como ciudadano.

Martin Balsam le da su rostro y fue un actor secundario carismático al que se le puede recordar en distintos papeles. Su carrera fue larga pero sin duda nos viene a la memoria por dos papeles: uno como el único detective que llega al hogar de Norman Bates en Psicosis… y no acaba muy bien parado. Y otro como ese productor excéntrico, hortera y millonario que se declara descubridor de Holly Golightly en Desayuno con diamantes.

Jurado 2: John Fiedler

Es un empleado de banca apocado y convencido de la importancia de pertenecer a un jurado. Escucha a unos y a otros y se acerca a uno y a otros sin definirse claramente. Va construyéndose su propia opinión según cree él que haría un buen ciudadano. No pierde la calma pero no le gusta que se metan con él o no le traten de un modo correcto.

John Fiedler trabajó bastante más en la televisión que en el cine. Se le puede recordar como uno de los personajes más relevantes que acompaña las aventuras de Jack Lemonn y Walter Matthau en La extraña pareja. Para los amantes del cine de animación siempre dobló al personaje de Disney, Piglet en las historias de Winnie the Pooh.

Jurado 3: Lee J. Cobb

El jurado 3 es un hombre hecho a sí mismo. Un pequeño empresario que poseé una lavandería con varios trabajadores de la que se siente orgulloso. Tiene unas complejas relaciones con su joven hijo. Sus miedos, frustraciones, odio y violencia las vuelca en el joven acusado. Está acostumbrado a hacer su santa voluntad, él no discute, ordena. No dialoga, si alguien es contrario a su parecer pelea y se vuelve agresivo. Emplea el miedo y el grito como armas de persuasión. Todo esconde su sentimiento de culpa por no haber sido un buen padre.

Lee J. Cobb tiene un rostro que no se olvida. Fue un secundario de oro y tiene en su carrera un buen número de películas inolvidables con personajes de carácter. Una de sus creaciones más famosas es la de mafioso de los puertos en La ley del silencio. Pero su presencia es recordada en films como Los hermanos Karamazov, Éxodo o El exorcista.

Jurado 4: E. G. Marshall

Frío y calculador, es corredor de bolsa. Y parece inmutable en sus criterios y razonamientos. No suda. No se altera. Y trata de relacionarse lo menos posible con sus compañeros de sala. Es el que se muestra más racional a la hora de defender sus argumentos de culpabilidad… Parece imposible hacerle cambiar de parecer hasta que logran crear en él una duda razonable… que le deja sin argumentos.

E. G. Marshall se convirtió en un popular actor de radio pero también tuvo sus apariciones estelares en la pantalla grande. Así tiene personajes secundarios de importancia en la interesante Ciudad sin piedad (otro drama judicial) o en la impresionante La jauría humana. Y es uno de los protagonistas de una película que todavía no he visto pero me interesa muchísimo que forma parte de la corriente realista norteamericana: La noche de los maridos (The bachelor party, 1957).

Jurado 5: Jack Klugman

Ha crecido en el mismo ambiente que el acusado y sabe cuáles son las circunstancias del joven y cómo ha sido su día a día. Conoce la violencia que se respira en su ambiente e imagina los golpes continuos que ha recibido el joven. Ha vivido en su vencidario. Varias veces se siente agredido por otros componentes del jurado que no dan el mismo valor, ni los mismos derechos ni oportunidades a las personas que vienen de barrios marginales. Se siente menospreciado y por ello identificado con la situación del joven. Nota cómo hay prejuicios por parte de un montón de miembros del jurado… al principio siente a todo el mundo en contra pero según se va desarrollando la deliberación se siente más apoyado y libre para dar su opinión.

Jack Klugman fue un actor sobre todo conocido por sus papeles en la televisión. Uno de sus papeles televisivos más recordados fue el de la serie La extraña pareja (que llevaba a la caja pequeña la famosa película de Jack Lemmon y Walter Matthau). En cine se le recuerda en un rol secundario en Días de vino y rosas.

Jurado 6: Edward Binns

Un hombre trabajador, es pintor de profesión, y respetuoso con sus compañeros. Se altera cuando ve que alguno no trata bien al más mayor de los miembros del jurado o cuando hay faltas de respeto. Aunque en un principio se muestra poco reacio a dar su opinión o a pensar en el caso, poco a poco se va metiendo en el caso y apasionándose con su papel ahí, en el grupo. Empieza a importarle el paradero de ese chico al que están juzgando y a considerar importante lo que hacen.

Edward Binns, como mucho de sus compañeros de película, trabajó bastante en televisión y en escenarios teatrales. En el cine tuvo papeles secundarios en películas como Con la muerte en los talones, Vencedores y vencidos, Patton o Veredicto final.

Jurado 7: Jack Warden

Es el pasota del grupo. Es vendedor. Se hace el simpático pero es un maleducado. Sólo quiere llegar a un partido del béisbol para el que tiene entradas. Quiere terminar cuanto antes y no le gustan los razonamientos. Sólo le interesa lo que le beneficia y lo demás le importa poco. Cambia su voto sólo en función de terminar cuanto antes…

Tiene el rostro de un gran secundario con una importante carrera llena de buenos personajes. En los últimos años era habitual su presencia en películas de Woody Allen como Septiembre, Balas sobre Broadway y Poderosa Afrodita. Películas míticas ganan con su presencia como la interesante Shampoo o las clásicas La taberna del irlandés o la reivindicable Donde la ciudad termina. También aparece en La noche de los maridos.

Jurado 8: Henry Fonda

Es un arquitecto que tiene en principio a todo el grupo en contra. Es el hombre tranquilo y razonable que trata de que el juicio al joven se convierta en justo. Por eso en la primera ronda deja caer su voto bomba: No culpable. Cree que merece la pena tomarse el caso en serio y siembra dudas razonables. A partir de ahí todos se ven obligados a pensar, razonar, discutir y posicionarse.

Es la única estrella del reparto (además de productor de la película) con una carrera cinematográfica mítica llena de títulos emblemáticos. Sin embargo ésta se convirtió en una de sus películas favoritas. Es difícil olvidarle en Sólo se vive una vez, Las tres noches de Eva o En el estanque dorado además de las películas anteriormente mencionadas… por sólo recordar unos cuantos de los buenos papeles que jalonaron su trayectoria profesional.

Jurado 9: Joseph Sweeney

Es el más mayor del grupo, jubilado. Nada tiene que perder. Es un hombre razonable y por eso apoya al jurado número 8 porque cree que tiene derecho a exponer sus dudas. Aunque hay algunos miembros del jurado que no le respetan por ser anciano nunca deja de exponer sus pensamientos y planteamientos. Su experiencia de vida le hace hacer observaciones muy válidas sobre los motivos de las declaraciones de alguno de los testigos. Además es tremendamente observador y pone en evidencia más dudas razonables.

Fue también un actor sobre todo de televisión. Además fue uno de los actores que se conservó del reparto de la versión televisada de Doce hombres sin piedad. Realizó el mismo rol, jurado número 9.

Jurado 10: Ed Begley

Con su rostro desagradable y sus malas formas finalmente deja al descubierto que tan sólo juzga por sus prejuicios y racismo. Al principio se siente fuerte pero según algunos van cambiando el voto y otros que aguantan cada vez menos su desprecio le van arrinconando y dejándole solo con su irracional discurso.

Ed Begley fue otro de los secundarios de oro en Hollywood. Cuenta con papeles inolvidables en Dulce pájaro de juventud (en otra creación de hombre desagradable) y está magnífico en la reivindicable Apuestas contra el mañana (1959), una galeria de perdedores que se abalanzan a un trágico destino… negro.

Jurado 11: George Voskovec

Ciudadano inmigrante, educado, sencillo y encantador. Es relojero. Sufre el racismo de varios de los miembros del jurado pero no se calla, sabe defenderse y pronto se pone del lado del joven acusado intentando entender sus motivaciones. También se toma en serio su papel y regala buenas reflexiones.

George Voskovec también trabajó en la televisón (aunque destacó en varias especialidades artísticas) y como Sweeney venía del reparto de la emisión televisiva.

Jurado 12: Robert Webber

Él es publicista y va cambiando su voto según le presiona el grupo. Demuestra que no tiene criterio propio. Trata de soltar gracias, de hacerse el simpático y cuenta anécdotas de trabajo que nada tienen que ver con lo que ahí se dirime… Es alguien que trata de ser carismático pero lo que deja ver es su falta de personalidad.

Robert Webber es un rostro popular en televisión y cine. En la pantalla grande se puede recordar su rostro en títulos como Castillos en la arena, Harper, investigador privado, Doce en el patíbulo o Quiero la cabeza de Alfredo García.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Un grito en la niebla (Midnight lace, 1960) de David Miller

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Doris Day en 1954 se convirtió en una rubia hitchconiana donde se transformaba en una esposa de una familia americana de clase media alta que vivía su peor pesadilla en unas vacaciones… Me estoy refiriendo a El hombre que sabía demasiado. Demuestra así la actriz cómo podía reflejar a una madre angustiada por el secuestro de su hijo… y se pasaba más de la mitad de la película con un austero vestido gris, un gorrito negro y un simple moño… No hacía falta más. Seis años después Doris Day protagonizaba uno de esos thrillers intensos y bien hechos con un suspense bien trabajado. Ahora para cada gesto de susto, para cada momento de pánico… miss Doris Day luciría un traje diferente y un peinado distinto. Estoy hablando de Un grito en la niebla de David Miller. En la primera se encontraba detrás de la cinta el maestro del suspense, en la segunda un director-artesano-que recibía encargos y un productor con olfato Ross Hunter… Un productor que tenía entre su nómina de estrellas femeninas a una Doris Day que en los últimos años se estaba prodigando en comedias de éxito donde mostraba los mejores vestidos, los mejores peinados y las mejores virtudes de la mujer americana de los años 50 y principios de los 60. Y eso funcionaba. Así que Hunter decidió que Doris Day podía protagonizar una película de suspense… pero con la misma vestimenta que una de sus comedias junto a Rock Hudson… Y ¡la fórmula funcionó!

Reparto esplendoroso, una historia bien contada y rodada… un éxito seguro. Aun hoy Un grito en la niebla hace pasar más de una hora y media con distintas emociones. Su argumento no es original sino que forma parte de un género protagonizado por mujeres que casi siempre obtiene buenos resultados: mujeres indefensas (y solas) al borde del paroxismo y la locura por un peligro acechante. A veces nadie las cree, otras sienten cómo otros quieren hacerlas perder la cabeza, más allá se encuentran en la soledad más absoluta… Y el espectador sufre con ellas todas sus angustias… Recordemos títulos legendarios: Luz que agoniza, Voces de muerte, Crimen perfecto (del propio Hitchcock) o Sola en la oscuridad…

Aquí Doris Day es una millonaria americana que se casa con un empresario americano y se traslada a vivir a Londres. En un día de niebla mientras atraviesa el parque que la conduce a su casa… escuchará una siniestra voz que anuncia su asesinato…

Como millonaria que es luce sus mejores galas en cada momento y aunque lo pase fatal, ella está divina de la muerte. Y eso da a la película un extra absolutamente fascinante. No obstante Day logra imprimir su terror y angustia en varias escenas rodadas de manera inteligente (y muy cinematográfica). Por ejemplo, cuando se queda encerrada en el ascensor y se queda oscuras… y escucha los pasos y siente las sombras del que cree que es su asesino.

Como película de suspense juega con el espectador y presenta toda una galería de personajes que se convierten en presuntos sospechosos (y que aumentan la paranoia de la rubia bien peinada). En esta galería unos hacen sufrir a la pobre Doris Day porque sospechan de la veracidad de los hechos que la ocurren: ahí tenemos a la propia policía británica (Doris Day es una esposa insatisfecha y frustrada que trata de llamar la atención a su marido con alucinaciones varias… tiene bemoles el asunto), a su señor esposo, a su tía que llega de América para hacerla una visita, a su vecina… Y los otros son los potenciales sospechosos: el hijo de su asistenta que tiene un morro que se lo pisa, un bellísimo constructor que está realizando obras al lado de su casa, el tesorero de la empresa de su marido, y un extraño hombre con cara siniestra y siempre de negro…

Por supuesto crea un álgido suspense final de resolución inesperada (aunque viendo el rostro del culpable… sospechas desde el principio pero no quieres creerlo). Y acabas la película toda contenta de lo bien que lo has pasado y con ganas de pasarte por la peluquería y de comprarte unos trapos…

Otro punto a favor para Un grito en la niebla es su genial reparto. Además de Doris Day y sus modelitos (y que sabe angustiarse y gritar bastante bien) nos encontramos con viejos rostros del pasado, con actores consagrados, algún secundario glorioso y otros que en esos años están en su momento álgido. Del pasado como tía de vida loca (pero bastante cerebral y que duda de la salud mental de su sobrina) nos encontramos con una elegante y atractiva Myrna Loy. Curiosamente visita a un pretendiente de tiempos lejanos, el tesorero con cara ajada de Herbert Marshall. El marido empresario de Doris Day cuenta con el rostro de un actor versátil y siempre correcto, Rex Harrison, de larga y fructífera carrera de buenos títulos. Por medio se cruza el hermoso constructor, el actor de moda, John Gavin. El hijo con mucho morro es un secundario de carrera kilométrica (no sólo fue un simio), Roddy McDowall y otro secundario de lujo es el policía con la teoría de las mujeres insatisfechas le damos el rostro de John Williams (que se le daban bien los papeles serios… también fue el inspector de Crimen perfecto).

Está claro… cuando haya niebla iré muy bien arreglada para que los sustos me pillen por lo menos acicalada… Así me lo enseñó Doris Day que me lo hizo pasar muy bien en Un grito en la niebla.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Diccionario cinematográfico (195)

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Caballos: … el caballo que arrastra sus patas y protagoniza una rebelión ante lo inhumano y lo que es parecido al fin del mundo, sin querer apenas comer ni que le empleen como rocín de carga. Su trotar hasta quedar en el corral frío y golpeado continuamente por el viento del que ya no querrá salir… ¿Qué fue de ese caballo ante el que se desmoronó Nietzsche? Eso es lo que nos ilustra El caballo de Turín de Béla Tarr.

Por otra parte el caballo heróico, el amigo del hombre. El animal hermoso, valeroso y fiel el protagonista de una película bélica de Spielberg, Caballo de batalla. El caballo que vive toda una odisea… para volver a estar junto al hijo del granjero…

El caballo que marca el fin de una época… Otros son los tiempos del salvaje Oeste. Y el vaquero que se ha convertido en el jinete eléctrico, que anuncia publicidad de cereales, se rebela contra un mundo cada vez más inhumano e impersonal cuando ve que un caballo antaño glorioso lo tienen en condiciones poco deseables… Quiere devolverle la libertad. Y lo secuestra. Ambos emprenden un viaje a los orígenes, a la recuperación de la vida natural, salvaje y libre… Así nos mostraba Sydney Pollack un western crepuscular en El jinete eléctrico.

… Hace poco escribía sobre los caballos salvajes de Vidas rebeldes de John Huston. Caballos que nos hacían sentir la angustia que vivía esa rubia sensible que sufría ante la crueldad y el triste paradero de unos animales salvajes… y libres.

… Hay caballos de sueño. Caballos mitológicos. Con simbología. Nos encontramos el unicornio de Blade Runner. El caballo con el que sueña siempre un joven que no encuentra sentido a una vida de sufrimiento que se quiebra totalmente en el maratón de baile humillante en tiempos de crisis, Danzad, danzad malditos… O ese caballo mitológico y fiero con el caballero de la armadura que se aparece en las alucinaciones de un hombre que perdió la salud mental en una tragedia que transformó su vida en El rey pescador.

A veces hasta los caballitos de tiovivo recuperan la vida y se puede cabalgar con ellos sin parar. Que se lo digan a Mary Poppins y compañía.

El vaquero y el caballo. El indio y el caballo. El cine del Oeste no sería igual sin ese forajido que cabalga de espaldas hacia el horizonte o que regresa al hogar. O esa línea perfecta de caballos e indios que profetiza tiempos de lucha, tiempos de guerra… El vaquero y el caballo son inseparables casi centauros del desierto… Hay muchos hombres y mujeres que susurran a los caballos.

El caballo que simboliza el final de una etapa y la entrada en la modernidad… cuando llega el caballo de hierro (ya nos lo dijo John Ford) o se ve retirado, apartado por los coches…

Pero tampoco nos imaginamos a los caballeros andantes sin estar montados en sus hermosos corceles o los guerreros con armadura sin su fiel caballo. O esos amantes que emprenden una carrera sin fin por montañas o playas. O recordamos escenas del caballo desbocado y el galán salvando a la dama de caer o precipitarse al vacío… y viceversa.

Tampoco podemos olvidar la persecución de un sueño… esos niños que luchan por salir de su situación y parece que lo tienen todo a su alcance si consiguen un hermoso caballo… y hacen todo por conseguirlo… El limpiabotas es una bofetada y el caballo, el sueño inalcanzable…

Hasta los hermanos Marx nos hacen reír en una delirante historia con un caballo protagonista en Un día en las carreras… Y son muchas las películas que nos hacen visitar hipódromos, apuestas, caídas y carreras inolvidables…

Yo ahora me subo a un caballo de celuloide… y empiezo una carrera que no sé dónde me llevará ni que paisajes me dejará descubrir…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Odio a Hamlet… John Barrymore, Shakespeare, screwball comedy y un licor de guindas

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… Hay salas de teatro con encanto, con mucho encanto. Desde que entras en el Teatro Guindalera sientes mucho amor por el escenario, por cada una de las obras que ofrecen, por el trabajo de actor… por el teatro puro y duro… Y no se rinden porque es una forma de vida. Así siguen tratando de seducir a todo el que ama el teatro y quiere disfrutarlo y ofrece un espacio creativo, imaginativo y vivo en Madrid. Y la situación está complicada pero ellos siguen creyendo, luchando y ofreciendo teatro de calidad.

Mi idilio con esta sala empezó hace unos años. Paseaba por la calle Martínez Izquierdo y enseguida llamó mi atención un acogedor local. Tenían en cartel una obra de Harold Pinter, Traición. Entré a verla y me entusiasmó. Daba la casualidad de que estaba descubriendo a Pinter (y además me interesaban sus conexiones con el cine) y nunca había visto una obra suya en un escenario… Ahí empezó todo.

Y así he disfrutado de otras obras en esta sala como Historia del soldado, La larga cena de Navidad, En torno a la gaviota, Molly Sweeney o El juego de Yalta… Acabo (hacia tiempo que no me acercaba… y como siempre he recibido palabras amables de cada una de las personas que hacen posible este teatro) de ver Odio a Hamlet de Paul Rudnick, he llegado a casa y me he puesto frente al teclado. Un rato antes me había tomado el licor de guindas que ofrecen siempre a la salida de la sala y sólo me ha salido un ‘enhorabuena’ de los labios para los actores. He hecho mutis por el foro sin decir ninguna palabra más… Sólo sabía que me lo había pasado en grande, que cómo siempre el montaje había cumplido mis expectativas (incluso más), que el elenco de actores había hecho un trabajo impecable… y que me habían hecho amar un poquito más el teatro…

Pero ¿por qué escribir de Odio a Hamlet en un blog dedicado exclusivamente al cine? Bueno ya sabéis mi pasión por las conexiones, referencias y relaciones. Y que por eso escribo a veces sobre las interrelaciones entre cine y teatro, teatro y cine. Dramaturgos convertidos en guionistas, guionistas convertidos en dramaturgos, obras de teatro y sus adaptaciones al cine (y viceversa), el mundo del teatro reflejado en el cine, el mundo del cine reflejado en los escenarios…

Y Odio a Hamlet me permite muchas reflexiones y conexiones de cine-teatro, teatro-cine. Lo primero su autor el dramaturgo Paul Rudnick también ha escrito guiones de cine como In&out o Las mujeres perfectas (ambas dirigidas por Frank Oz). Y lo segundo y más interesante: uno de los protagonistas es un fantasma que es ni más ni menos que John Barrymore y no sólo eso sino que Rudnick lleva a los escenarios teatrales una obra con la fuerza y los elementos de las screwball comedy de Hollywood. Y toda esta mezcla: historia de fantasmas, screwball comedy, mucha locura y amor, Shakespeare, Hamlet, Ofelia, Romeo y Julieta, técnicas de interpretación, ironía frente a la mentalidad de un tipo de televisión que se produce y el tipo de héroe que triunfa (así como el rostro que lo lleva a cabo), dinero, publicidad, una reflexión viva sobre la fama, el prestigio y el talento… provocan una cartasis final de absoluto amor al teatro y al oficio del actor rebosante de ternura.

Así mientras reía con las situaciones que se iban desgranando en el escenario, me venía a la cabeza una película de Howard Hawks (que muchos historiadores consideran la primera screwball comedy), La comedia de la vida (1934) protagonizada precisamente por John Barrymore y la maravillosa Carole Lombard. Una comedia alocada sobre el mundo del teatro en el cine. Y entonces esa locura encantadora que es Odio a Hamlet se me convertía en una vital screwball comedy donde un actor que conoce sus limitaciones (José Bustos) ama a una mujer que tiene muchos comportamientos de aquellas damas de las screwball (Alicia González)… Como todo buen screwball comedy tiene unos estupendos personajes secundarios con vida propia que aportan a la trama principal: la agente inmobiliaria y médium (Ana Alonso), la representante con mucho pasado a sus espaldas (Ana Miranda) y el productor-director de televisión (Álex Tormo).

Pero además Odio a Hamlet nos hace reflexionar sobre Shakespeare (que también ha sido fuente infinita de argumentos cinematográficos) y uno de sus personajes más emblemáticos y complejos, Hamlet. La obra cuenta las dudas que asaltan a un actor de televisión (cuyos trabajos consisten en una serie y su presencia en varios anuncios) cuando se le ofrece la oportunidad de ser Hamlet en una representación al aire libre. Su duda es dar este paso o aceptar un contrato millonario para protagonizar otra serie de argumento estúpido (un profesor de día, superhéroe de noche). Lo que no sabe es que para su decisión además de con su amada, virgen y loca novia, su representante, el productor de televisión… puede contar ni más ni menos que con una presencia del más allá, el mismísimo John Barrymore (José Maya) que representó en 1922 a Hamlet y alcanzó la gloria…

Para mí el momento culminante y emocionante de la obra y que explica todo el sentido de esta screwball comedy es un canto absoluto de amor al teatro y a su función. Por qué alguien decide subir para siempre a los escenarios y representar… Y es cuando un fracasado (y tierno) actor de televisión se da cuenta de que durante el famoso monólogo de Hamlet sintió que lograba transmitir no sólo su desazón sino lo que quería contar el dramaturgo (un momento de autenticidad) a través del personaje y cómo nota una conexión con un joven del público al que le han llegado sus palabras, le ha escuchado y ha sentido… Y cómo eso se convierte en algo impagable.

Odio a Hamlet es también un precioso homenaje a un actor de teatro y cine, John Barrymore. Y se nota que Rudnick se empapa de aquel John Barrymore (hermano de Ethel y Lionel y abuelo de Drew) que se subió a los escenarios y se convirtió en un actor de prestigio. Alcanzó fama en los teatros con sus personajes shakesperianos. Pero fue también uno de los actores que sublimó el séptimo arte, el cine. Empezó su andadura en el cine mudo y pasó al sonoro mostrando que era camaleónico de galán a cómico pasando por la tragedia. Seductor, galán, divo, mítico, excesivo… y alcohólico… se convirtió en una presencia importante en la pantalla blanca. El fantasma de Barrymore es un personaje entrañable que revela su espíritu de comediante y galán (y deja entrever también su parte oscura y trágica).

Y ese amor que se deja ver y se emite en Odio a Hamlet, es el amor que sentimos los espectadores cada vez que nos acercamos a Teatro Guindalera. Y para seguir sintiendo esa magia, Guindalera es un espacio que debe continuar vivo y abierto…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Blue Valentine (Blue Valentine, 2010) de Derek Cianfrance

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Existen radiografías emocionales y crónicas de amor y desamor… todo esto confluye en Blue Valentine donde dos actores se desnudan ante todo aquel que les mira y expulsan lo que esconden en el interior y lo derraman en cada fotograma. Ésta es la historia de Dean (Ryan Gosling… camino de convertirse en actor fetiche de Cianfrance) y Cindy (Michelle Williams).

Dean canta con su pequeña guitarra mientras Cindy baila cuando todavía están con la emoción de conocerse y enamorarse: “Siempre se hace daño a quien se quiere, a quien no se debería hacer daño. Siempre se coge la rosa más dulce y se aplasta hasta que se caen los pétalos. Siempre se rompen los corazones más amables con una palabra apresurada que ni siquiera puedes recordar. Y si rompí tu corazón ayer noche es porque te quiero más que a nada”. Y la canción es toda una premonición.

Derek Cianfrance, director y guionista (éste es su segundo largometraje de ficción para la pantalla grande, el primero lo rodó con 23 años, Brother Tied en 1998), cuenta con dos actores que interpretan desde la emoción y se sirve de un brillante trabajo de montaje para articular la crónica de un desamor. Así los pasos hacia delante y hacia detrás en el tiempo resultan más dolorosos y arrancan enormes dosis de melancolía. Porque siempre es más fácil contar cómo dos personas se enamoran y terminan que son felices y comen perdices a indagar en el después. Qué ocurre así que pasen seis años… o más.

En el caso de Dean y Cindy el amor se desintegra pero mucho está ya explicado desde sus primeros momentos. Así cuando su matrimonio ya hace aguas por todas partes y Dean en un intento desesperado lleva a Cindy a un hotel temático y ocupan la habitación del futuro (un futuro ya anunciado)… todo lo que nos lleva a su pasado nos remueve y entristece como a los propios personajes que tratan de aferrarse al deseo… Pero ya ni eso funciona. Todo conduce al desgarro emocional…

Y la película funciona si conectas con esas sensaciones, emociones y sentimientos que se desnudan y vomitan en cada fotograma… Blue Valentine recoge el testigo de una tradición de películas que contaron que pasó después de ser felices y comer perdices. O de esas películas íntimas que transcurren en un dormitorio con una cama por testigo y el deseo a veces conduce al amor, otras al distanciamiento, otras al dolor mortal, otros a un posible reencuentro y otros a una evocación del pasado. Del primer testigo, de las películas del después… hay un camino que va de Qué bello es vivir a Dos en la carretera aterriza en Robin y Marian (siempre Audrey) y desemboca en el desgarro desnudo de Una mujer bajo la influencia.  Del segundo testigo, en la intimidad de una habitación y el deseo como motor… paseamos por El último tango en París, nos encerramos con los protagonistas de Una relación privada, nos detenemos en Conversaciones con otras mujeres y nos escondemos tras la puerta del Love Hotel de Mapa de los sonidos de Tokio.

Dean y Cindy, Cindy y Dean. Dean solo aspira a tener su trabajo de pintor (u otra cosa que tenga que ver con lo manual) y a estar con su esposa, su hija y su perra alrededor suya en los días de su vida. Cuidándolas y amándolas. El notar a su mujer infeliz le destroza y rompe por dentro. Cindy quiere ir más allá de las cuatro paredes del hogar, tiene inquietudes profesionales, la gusta volar, aspira a soñar y no renunciar a sus sueños, se siente atrapada en la relación… Ninguno es bueno o malo. Ninguno es responsable del fracaso y los dos lo son a la vez. Los dos tienen partes claras y nobles y los dos tienen partes oscuras y son vulnerables… Es una crónica de desamor… como tantas crónicas se producen en cada momento en distintas partes del mundo…

… Siempre queda una canción. O una melodía. “Y si rompí tu corazón ayer noche es porque te quiero más que a nada”. Blue Valentine es un desgarro emocional…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Searching for Sugar Man (Searching for Sugar Man, 2012) de Malik Bendjelloul

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No hay duda: la música es un lenguaje universal. Un director sueco realiza un documental en coproducción con Gran Bretaña sobre la ‘leyenda’ de un cantautor mexicano Sixto Rodríguez que sacó dos discos en los años sesenta en Detroit y pasó sin pena ni gloria en el panorama musical norteamericano y, sin embargo, se convirtió en un ídolo de masas en Sudáfrica sobre todo para la población blanca anti-Apartheid que sentían que vivían en un sistema conservador, opresor e injusto.

Éste es el meollo de Searching Sugar Man que se convierte en la investigación apasionante de dos fans sudafricanos de Rodríguez que se dan cuenta de que nada saben sobre su ídolo, un mito rodeado de leyendas urbanas como que se suicidó encima de un escenario.

Malik Bendjelloul cuenta una historia apasionante de un hombre que parece que viene de otra Galaxia. Sixto Rodríguez, el obrero de la construcción de Detroit, que lleva una guitarra, compone canciones desgarradas y seduce con su voz de poeta.

Searching Sugar Man no sólo cuenta una buena historia sino que engacha con cómo está contada. El espectador que nada sabe de Rodríguez (como era mi caso) termina totalmente hechizado no sólo por su música folk sino por la personalidad de un hombre tranquilo y coherente con lo que cantaba… Obrero y de clase trabajadora en Detroit, ídolo de masas en Sudáfrica. Y cuando descubre este fenómeno, él sigue siendo igual de tranquilo y coherente sin abandonar su Detroit… y su trabajo manual que siempre fue importante para él. No pierde en ningún momento la cabeza, ni se le sube la fama, ni trata de rastrear quién es el responsable de que él no sepa que era un super ventas en Sudáfrica. Le da la importancia justa. Decide no cambiar de vida… Es su elección.

Sixto Rodríguez es un hombre que cree en el trabajo diario, en que todo el mundo debe tener las mismas oportunidades y acceso a la cultura y también preocupado por su comunidad, por el mundo que le rodea. Un hombre sencillo que vive en un sitio duro. Que tiene que sobrevivir en cada momento para llegar a final de mes, como la mayoría de sus vecinos.

El documental engancha desde el primer momento y si además te encandila la música y voz de Rodríguez entonces el disfrute es máximo. Porque te hace descubrir que hay personas distintas, extrañas, peculiares y distintas de vidas excepcionales. Dosifica de manera interesante la información. Primero crea la leyenda, nos pone en antecedentes, nos habla de su fracaso en EEUU y de cómo se convierte en un fenómeno en Sudáfrica. Después nos revela la investigación de dos fans apasionados que quieren saber quién está detrás de su ídolo y si realmente murió. Después la revelación del misterio y el descubrimiento de un hombre de carne y hueso y de fondo siempre sus canciones. Entre medias entrevistas a gente que le conoció y le conoce. Imágenes de archivo desde fotografías a imágenes en vídeo e incluso recreaciones de animación… Y todo rodeado de una emoción intensa que transmite fotograma a fotograma al espectador.

El misterio, el rostro entre la bruma, se convierte en algo palpable… pero también en mítico, de leyenda. El poeta que toca su guitarra de espaldas al público en un bar hasta arriba de humo… Un poeta por las calles heladas de Detroit que descubre un día que tiene fans al otro lado del océano… Y que su música sí que transformó y sirvió para algo…, sí que influyó en un montón de personas… Un ídolo que se convierte en hombre sencillo y cercano con guitarra en mano.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Una promesa a Mel

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Prometo seguir viéndote siempre.

Te visitaré en Rancho Notorius…

Me gusta cuando eres pistolero caballero.

Soy una chica de saloon acabada.

Y tú me tiendes una mano.

Y no sólo eso, además me amas.

Te vas a un pueblo para comprarme un perfume.

Arriesgas tu vida.

Te sale un rival.

Pero tú siempre, un caballero.

Darías tu vida por mí… Y yo.

 

Nos vamos al siglo XVIII

A una de espadachines, teatro y aventura.

Y tú con una peluca blanca.

Malvado.

Pérfido.

Corruptor.

Elegante y hermoso.

Genial con tu espada.

Casi un bailarín.

Seductor.

… Eres el primer Valmont cinematográfico.

Me río cuando te hacen competir con un Scaramouche simpático

… pero sin tu elegancia.

… sin tu atractivo.

 

Viajamos al circo.

Estoy sola y quiero tirarme desde una torre.

Unos muñecos me lo impiden.

Y yo me lo creo.

Me creo que viven.

Y no quiero ver que detrás de esos muñecos que me hacen vivir y reír…

Se encuentra un hombre atormentando.

Siempre enfadado.

Que siempre me grita.

Y parece que me desprecia.

Tiene una pena muy honda.

No sólo cojea de una pierna.

Su alma es la que se tambalea…

Y sin embargo se enamora de mí.

Una joven que no sabe nada de la vida…

Y empieza a equivocarse una y otra vez…

 

Me voy a Rusia.

A tiempos de Guerra y Paz.

Y me transformo en Natasha.

Tú eres el príncipe Andrei.

Primero me enamoro.

Y después sufro.

Tú eres un príncipe trágico.

Sin embargo siempre recordaré ese día ocioso…

en que me encontraba en un baile.

No me apetecía mucho.

Pero de pronto sin esperarlo mucho… ahí apareces.

Como un príncipe…

Y me sacas a bailar.

Y yo sueño dando vueltas a tu alrededor…

No me doy cuenta, y tú tampoco, que ese mundo ya se acaba…

 

Por eso Mel,

yo te prometo seguir viéndote siempre.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Vidas rebeldes (The Misfits, 1961) de John Huston

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Fue el rodaje más documentado fotográficamente que nunca hubo. Nueve fotógrafos de la agencia Magnum con sus objetivos estuvieron atrapando instantes. Sin embargo fue un rodaje-pesadilla para casi todos los que intervinieron. El set estaba inundado, dicen, de tristeza. Y lo que se vomitó fue un poético western hipercrepuscular…

Arthur Miller había escrito un guion inspirándose en una experiencia personal. Cuando fue a divorciarse a Nevada de su primera esposa conoció a unos vaqueros que se dedicaban a cazar mustangs (caballos salvajes). Le contaron una etapa de gloria y cómo ahora se dedicaban a la caza de estos caballos para venderlos como comida de perros y gatos…Cuando empezó a escribir estaba enamorado de Marilyn Monroe. Ahora en pleno rodaje en Reno, modificaba una y otra vez el guion. Y su matrimonio con la estrella se iba a pique. Incluso allí se encontrará con la que en un futuro será su próxima mujer, la fotógrafa Inge Morath.

Sin embargo aunque hay distintas versiones. Y la que más prima es que el personaje de Roslyn fue un infierno y una traición para Norma Jean… Como espectadora lo que veo es una declaración de amor desgarrada a una historia truncada e infeliz. Y como tal Arthur Miller regala a Roslyn el final que él no pudo regalar a Marilyn Monroe. En una vieja furgoneta, abrazada al ídolo de su infancia, siguiendo las estrellas hacia un posible hogar. Y Marilyn regala a todos una interpretación que surge de las entrañas… con una sensibilidad extrema. Y se muestra bellísima, como un ser fuera de ese mundo que refleja la película, Reno. Y así la ven, etérea, tres vaqueros, tres perdedores, tres inadaptados… como ella: Gay (Clark Gable), un hombre maduro y desengañado que a veces revive sus tiempos de gloria y de vez en cuando moja sus penas en alcohol; Perce (Montgomery Clift), un joven cowboy perdido y abandonado con una historia familiar a sus espaldas y que va destrozándose el cuerpo y la cabeza en distintos rodeos; y por último, Guido (Eli Wallach), un hombre amargado que va arrastrando su pena y así arrastra a los que le rodean…

Son tres muertos en vida que de pronto ven en Roslyn, otra inadaptada, una chispa de vida. O una razón para seguir viviendo. Con su belleza carnal y su sensibilidad trae aires nuevos a un mundo rudo. Pero ella también arrastra pasado y penas. La conocemos en una pensión, frente a un espejo, y siendo aconsejada por su dueña Isabelle (maravillosa Thelma Ritter) sobre cómo debe enfrentarse a su divorcio. Isabelle es una mujer que trata de no dejarse llevar o arrastrarse por el desencanto. Roslyn se pasa la vida huyendo porque con su sensibilidad extrema todo la hiere pero a la vez trata de vivir intensamente (sólo quiere que la amen) y seguir con la mirada limpia. Ha sido bailarina de night club y Reno se convierte en un paréntesis en su vida y en la posibilidad de un hogar…

Éste es el material de partida para una película de perdedores sin rumbo pero libres, como los caballos salvajes que pretenden cazar. Y no podía haber otro director para reflejar esa sensación de pérdida y soledades que John Huston. En un melancólico blanco y negro (con la mano del director de fotografía Robert Metty) y con una banda sonora de Alex North que acentúa la sensación de tristeza y soledad, Vidas rebeldes se convierte en el retrato de una dama rota y tres caballeros andantes y perdedores.

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Es como si Miller tratara de gritarle a Marilyn Monroe que ella enamora hasta los tuétanos pero que existe esa imposibilidad de ayudarla y protegerla de sus males interiores… porque los hombres que la rodean también están rotos y arrastran sus penas (y por lo tanto tienen toda la capacidad del mundo para hacer daño)… Roslyn es Norma Jean convertida en una Marilyn que se va desgajando…

Y hay una escena que la define completamente. A Roslyn y lo que significaba o representaba Marilyn. En su primer encuentro con dos de los vaqueros (Gay y Guido) termina vestida de negro en una casa apartada (también con Isabelle) absolutamente borracha y bailando. De pronto sale de la casa y mira a Gay. Y éste le dice que no ha visto jamás una mujer tan triste. Y ella sonríe y dice que nunca nadie le ha dicho nada así, que todo el mundo la ve muy divertida. Sale a la luz de la noche. Y danza en soledad, borracha, termina abrazada a un árbol…

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La película es un desgarro continúo aunque al final haya un camino de estrellas para Roslyn y Gay. Rompe la amargura de Guido y ese dolor que le impide vivir y le permite ser cruel (aunque no quiera). Rompe la soledad de un muchacho perdido que prefiere romperse la cabeza a enfrentarse a sus problemas porque tiene también un exceso de sensibilidad. Rompe la tristeza de un hombre que se sabe viejo, que se arrepiente de los errores del pasado, que recuerda sus tiempos de gloria y que vuelve a amar como un hombre sabio que también de vez en cuando se equivoca…

Pero Roslyn se niega a la violencia gratuita. A la muerte de la sensibilidad. A ese morir en vida. Aunque de algún modo haya que morir. Y ante la caza sin un atisbo de compasión de los mustangs (que cobran vida y transmiten sentimientos y emociones) se rebela. Y de pronto en el desierto a pleno pulmón, grita. Y es un grito a todos aquellos que la han destruido o que la quieren destruir… ¡Asesinos!

… El rodaje fue otra película triste. Un director a punto de arruinar su próxima obra cinematográfica por su amor al juego, el tabaco y el alcohol. En el límite siempre. Egoísta también. Un matrimonio absolutamente roto que se derrumba en cada escena. Entre los dos un muro que ya no puede romperse. Una mujer que se autodestruye. Un hombre caballero pero enfermo que actuará en su última película intensamente. Un hombre joven con la cara totalmente destrozada que trata de arrastrar sus penas con drogas y alcohol… y de actuar… Un set lleno también de inadaptados. Pero todos dejaron su particular elegía cinematográfica.

Vidas rebeldes es un western crepuscular de cowboys perdidos y una bailarina de un night club en un mundo que no es el suyo o en el que no logran adaptarse. Todo cambia. Al final para dos de ellos quedará una posibilidad de mañana y quizá algo parecido a volver al hogar…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Un Goya para Candela

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Érase una vez una actriz vestida de blanco que se llamaba Candela Peña.

Asistía a la 27 Gala de los Premios Goya porque estaba nominada a mejor actriz de reparto por Una pistola en cada mano.

Candela Peña subió al escenario… pues ella fue la candidata ganadora.

Y entonces ante todos, sin pistolas en cada mano, pero sí con palabras certeras y directas dijo ante todos:

«Quiero decir que hace tres años que no trabajaba.

Que en estos tres años he visto morir a mi padre en un hospital público donde no había mantas para taparlo. Donde no había agua para darle de beber, se la teníamos que llevar nosotros.

En estos tres años que hace que no trabajo, ha salido de mis entrañas un niño que no sé que educación pública le espera.

Y en estos tres años sin trabajar he visto también cómo la gente se mata por no tener casa.

Así que la alegría de esta noche a mí no me la amarga nadie, en el idioma que sea, y desde aquí os pido trabajo, tengo un niño que alimentar. Gracias, buenas noches”.

PD: Enhorabuena a Blancanieves de Pablo Berger. Era mi favorita. Me enterneció y fascinó este director que confesó ante todos que era un “cuentista” y recordó con emoción los cuentos que le contaban sus padres por la noche. A mí también me fascinan los cuentos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Atrapar la vida con la cámara…

Atrapar la vida con la cámara… un instante de realidad y convertirlo en cine. Ahora mismo pueden disfrutarse tres propuestas cinematográficas que atrapan la vida y la muestran al espectador (estas tres obras han podido verse y algunas todavía pueden verse en la programación de febrero de la Cineteca de El Matadero en Madrid. También se encuentran en el circuito de las salas de exhibición excepto una de ellas que sí se encuentra en DVD). Tres propuestas muy distintas pero las tres llenas de posibilidades, reflexiones y miradas.

Mapa de Elias León Siminiani

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Hay dos mapas en la propuesta de Elias León Siminiani. El del propio viaje que emprende a la India y el que luego marca en distintos lugares de la geografía española. Éste es un mapa físico que puede seguirse con un dedo… Pero después está el otro mapa. Y es el sentimental. El viaje del cineasta por los recovecos de su existencia que se mece en distintos paisajes y con distintos estados de ánimo para contar una crónica de amor no correspondido. Un viaje de sentimientos, en otro tempo. Así como Marilyn Monroe creaba sus dos mapas en uno en Bus Stop donde con su carmín pintaba en un mapa de carreteras la historia de su vida, Siminiani se sirve de su cámara para reflejarnos estos dos mapas en uno. Así queda para el espectador el diario fílmico e íntimo del realizador que empieza un día de 2008 y termina en 2011.

Lo interesante de la propuesta es que Siminiani presenta una obra cinematográfica perfectamente construida y ensamblada en la que muestra al espectador el material de su propia vida pero con los recursos cinematográficos de la narración fílmica. Es decir, y para entendernos mejor, emplea recursos de ficción en su forma de contar (lenguaje cinematográfico) para atrapar su propia realidad. Para atrapar lo que le está pasando y lo que quiere contar. De esta manera todo lo que vemos, según nos cuenta el director es absolutamente cierto (el material, no lo olvidemos, es su propia vida), pero el envoltorio o la manera de presentarlo se beneficia de la magia del cine. De hecho de las mejores experiencias que se puede tener es ver Mapa y después asistir a un coloquio con el propio director porque es una obra cinematográfica para diseccionar y analizar.

En un momento dado en Mapa el director viaja a India y allí nos relata otro viaje de dos personas en el pasado a este mismo país. Ahí nos encontramos con la clave de la mirada de Siminiani y su propuesta. Nos explica que fueron a la India Passolini y Moravia (con su compañera Elsa Morante). Después ambos escribieron sobre sus experiencias de viaje: Passolini desde lo emocional, se empapó de todo lo que sentía y Moravia desde el observador que se distancia y describe (analiza). Ahí se encuentra la metáfora de Mapa. Siminiani construye y elabora su propio mapa emocional de una manera reflexiva y controlada, manejando perfectamente lo que cuenta y cómo lo cuenta pero sin embargo el material con el que trabaja son sus propias vivencias y emociones. Os aseguro que el resultado es de lo más sugerente.

Correspondencia Jonas Mekas- José Luis Guerín

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La correspondencia filmica entre Jonas Mekas y José Luis Guerín forma parte de un proyecto colectivo realmente hermoso (que puede disfrutarse en DVD) donde varios cineastas se intercambian cartas visuales. El proyecto empezó en 2006 con el intercambio entre Victor Erice y Abbas Kiarostami (la única correspondencia que no está presente en el pack de DVD). El resultado fue tan satisfactorio y rico que se amplió a otras correspondencias visuales (Albert Serra/Lisandro Alonso, Isaki Lacuesta/Naomi Kawase, Jaime Rosales/Wang Bing, Fernando Eimbcke/So Yong Kim). La puesta en marcha de esta idea, que es puro amor al cine, y la difusión de estos trabajos cinematográficos ha sido gracias a la implicación de instituciones como el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona junto a La Casa Encendida así como posteriormente otros organismos culturales.

La correspondencia que nos ocupa atrapa los procesos creativos de dos realizadores diferentes en sus miradas pero que sin embargo establecen un diálogo fílmico lleno de posibilidades y riquezas. Así se elabora una correspondencia de nueve cartas visuales: cinco de José Luis Guerín (que abre y cierra el proceso) y cuatro de John Mekas. La reflexión y la construcción consciente de la imagen frente a la vitalidad y la impulsividad del presente. Guerín y Mekas. Un diálogo fílmico lleno de imágenes y reflexiones para atrapar al vuelo enunciados sobre la necesidad de filmar. Sobre la capacidad del cine para atrapar la vida. Sobre la capacidad del cine para descifrar el presente o lo que nos rodea, las relaciones del hombre con sus circunstancias, las relaciones del hombre con la naturaleza. Sobre la capacidad del cine para la nostalgia, la memoria y la posibilidad del sueño…

Estas correspondencias en su itinerario permiten además un análisis interesantísimo sobre la forma de mirar de los distintos cineastas y siempre se agradece un coloquio posterior para enriquecerse con la propuesta. Así ocurrió con esta correspondencia que pudo verse en la Cineteca con la valiosa presencia del director de Caimán. Cuadernos de cine, Carlos F. Heredero. Entre los espectadores que se quedaron después de la proyección y Carlos F. Heredero surgió otro diálogo que trataba de desentrañar lo recientemente mirado y vivido.

Marina Abramovic. La artista está presente de Matthew Akers y Jeff Dupre

Marina Abramovic

El cine documental para atrapar el arte y sus distintas manifestaciones. Matthew Akers realiza un retrato visual sobre una mujer que trabaja con su propio cuerpo. Su cuerpo es el formato de su arte. Marina Abramovic se convirtió en una pionera en los años setenta de la performance.

El documentalista se centra en la trayectoria pública y privada de la artista montenegrina para plasmar el impacto de su obra retrospectiva en el MOMA de Nueva York en el año 2010. El valor máximo de esta propuesta es que Marina (y puede que de manera inconsciente) es presentada con todas sus luces y sombras. Con todas sus contradicciones en el transcurso de su propia obra artística. A mí me pudieron las sombras, no conecté absolutamente nada con Marina. Pero en una conversación posterior con una amiga (especializada en arte contemporáneo) pude apreciar la importancia de Abramovic (o de por ejemplo otro artista singular que también tiene un documental que actualmente se está exhibiendo, Ai Weiwei): y es cómo ellos tratan de expresarse ante el mundo en el que viven de una manera diferente y cómo buscan otras maneras creativas de analizar y entender el presente en el que existen. Y esas maneras son estímulos para llegar a unos espectadores que conectan o no con su forma de comunicar.

Me resultó interesante comprobar (no conocía absolutamente nada de Marina Abramovic) que yo no lograba conectar con su universo creativo pero sin embargo el documental muestra cómo muchas personas conectan con la artista de una manera total y absoluta, llegando casi a la adoración mística. Y he de reconocer que la performance del MOMA tiene una fuerza visual increíble en el documental. Durante tres meses la artista se sentó en una silla y durante el horario del museo permanecía estática. Frente a ella se sentaban personas que asistían a la retrospectiva. Y tan sólo se miraban. Dos rostros que se miran y distintas emociones son mostradas en una cámara que no puede engañar (pero sí seleccionar… me llamó la atención que casi todos los que se ponían frente a ella se mostraran casi en estado de éxtasis y que sin embargo apenas haya muestras de gente indiferente o que se ría o que se sienta ridícula…).

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.