Hannah Arendt (Hannah Arendt, 2012) de Margarethe von Trotta

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“Intentar comprender no es perdonar”… no es justificar un hecho o una acción. Es intentar ir al meollo de un comportamiento humano o indagar en el porqué de las cosas para entender por qué se produjeron. A veces ese intentar comprender, y argumentar, hace daño o provoca rechazo visceral o se quiebra la posibilidad de diálogo. Porque en ese intentar comprender pueden surgir verdades que enfrenten al ser humano con su parte más oscura.

Así Hannah Arendt es una defensa, una película tesis, sobre la importancia de pensar. Y de expresar lo pensado. Y de argumentar lo pensado y saber exponerlo. Pensar puede suponer un continuo enfrentamiento con un mundo que prefiere no pensar ni argumentar ni entender ni comprender… y dejarse arrastrar tan sólo por la pasión y las vísceras para enfrentarse a la vida abstrayéndose del pensamiento y el razonamiento y por lo tanto negar la posibilidad de un diálogo constructivo y crítico. También es cierto que dos mentes pensantes pero apasionadas (porque la pasión no esta reñida con el pensamiento… la combinación de ambas puede provocar enriquecimiento) pueden entrar en un bucle de no retorno y sin posibilidad de acercamiento porque ninguno finalmente cederá a un diálogo constructivo. Por lo tanto pensar es un ‘actividad’ humana compleja que arrastra duras consecuencias… pero permite que uno sea consecuente con uno mismo, sea consciente de la complejidad del mundo que le rodea y dude continuamente o sienta curiosidad por donde se desenvuelve… y nunca sienta saciadas las ganas de ‘conocer’ y ‘aprender’.

Barbara Sukowa se convierte en la Hannah Arendt de la directora alemana Margarethe von Trotta (también guionista y actriz) y deja una imagen icónica que muestra perfectamente el acto de pensar: una mujer sola fumando y tumbada en un sillón en absoluto silencio en una habitación. Cualquier alteración de esta imagen: un teléfono, una voz que llama o cualquier sonido exterior, perturba ese acto. Margarethe von Trotta muestra un periodo determinado de Hannah Arendt (1906-1975) para dejarnos su radiografía de una mujer del siglo xx. Filósofa y politóloga (aunque probablemente no aceptara ni le agradase ninguno de los dos términos), alemana y judía, fumadora empedernida… y una de las teóricas del totalitarismo.

Hannah Arendt refleja a la filósofa en un momento en que su vida transcurre tranquila en Nueva York como célebre profesora universitaria y rodeada de un rico y variado ambiente intelectual con otros alemanes exiliados y profesores universitarios norteamericanos que de pronto se siente en la obligación de asistir al juicio de Adolf Eichmann, que fue el encargado de la organización de la logística de transportes del Holocausto, en Israel en el año 1961. Así Hannah se dirigió a la revista The New Yoker para que la enviara como reportera. Fruto de su observación surgieron una serie de artículos en dicha revista y la publicación en 1963 del libro Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal.

Hubo un gran revuelo con los planteamientos de Arendt, sobre todo con dos (como sale, por otra parte, reflejado en la película): por una parte planteaba que Eichmann, era un burócrata mediocre y con escaso nivel intelectual que actuaba porque acataba órdenes de un sistema político y social establecido. Es decir, Eichmann se defendía diciendo que fue fiel al juramento de obedecer a sus superiores y así renegaba de la acción de pensar por si mismo. Él decía que cumplía con su deber que era organizar la logística de los trenes y que éstos salieran a su destino. Y que ahí terminaba su responsabilidad. Para ella Eichmann era un hombre mediocre y anónimo que se alejaba mucho de la imagen del mal que muchos, entre ellos ella, se podían esperar al verle sentado en un estrado.

Y la otra es que cuestionó la actuación de los consejos judíos, unas estructuras de los guetos todavía hoy muy polémicas a la hora de analizar su función en el Holocausto y a la hora de estudiar por qué se formaron y cómo actuaron. Es punto de controversia el analizar cómo los miembros de estos consejos, en los guetos, participaron en las deportaciones.

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Margarethe von Trotta (en su labor de directora y coguionista junto a Pam Katz) presenta dos planos en el retrato de la mujer que plasma en la pantalla. Por una parte muestra a la pensadora que argumenta sus estudios y análisis y que no reniega de lo que piensa a pesar de que el mundo que la rodea se desmorona. Es fiel a su pensamiento y se enfrenta a las consecuencias que provocan sus palabras pero quiere que sus detractores argumenten también sus planteamientos, que no se dejen llevar sólo por el dolor, las vísceras y el apasionamiento. La pensadora a veces es vista por los demás como mujer fría y prepotente.

Y por otro nos muestra a una Arendt amiga de sus amigos. Que no pertenece a ningún grupo ni nación sino que ella sólo es fiel a aquellos a los que quiere. Una mujer con un mundo íntimo e interior rico que ha construido junto a su segundo esposo, Heinrich Blücher. Una mujer sensible, vulnerable, dulce y amigable que ve cómo su forma de pensar le hace perder amistades cimentadas durante años y afianzar otras relaciones. Así a su alrededor pululan otros personajes históricos como la novelista Mary McCarthy, Lotte Köhler, Hans Jonas o Kurt Blumenfeld.

La directora además de centrar la película (primera que veo de su filmografía) en su intérprete, una magnífica Barbara Sukowa, y en emplear un lenguaje cinematográfico sobrio y espartano, toma dos decisiones en la puesta en escena de esta historia. Por una parte que las imágenes que veamos de Eichmann sean las verdaderas (no hay ningún actor que lo represente, sólo en dos ocasiones: cuando le detienen en Argentina y en un momento en el juicio en el que se encuentra de espaldas). Así Arendt como fumadora empedernida sigue casi todo el juicio en la sala de prensa en los monitores (así nosotros vemos también las imágenes reales de Eichmann). Y por otra parte para mostrarnos la complejidad de la pensadora y su formación en el ‘arte de pensar’ recurre al flashback para mostrarnos uno de los episodios más importantes de su juventud (y también controvertido): y es su relación con el filósofo Heidegger, que terminó relacionándose con el nazismo.

Así Hannah Arendt pone sobre la pista (por lo menos a la que esto escribe) sobre un personaje histórico complejo y muy interesante. Y sobre todo deja expuesta la importancia de pensar y el valor de pensar. También deja caer el peligro de una sociedad que aboca a sus ciudadanos a no pensar y por lo tanto inquieta. Curioso es que de los sistemas educativos y universitarios la eterna asignatura que siempre está en peligro de extinción es la filosofía, el arte de pensar.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

360. Juego de destinos (360, 2011) de Fernando Meirelles

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La nueva obra cinematográfica de Fernando Meirelles está pasando con indiferencia y frialdad tanto en el mundo de la crítica como en el universo de los espectadores. Yo no quería dejarla escapar pues tengo cierta querencia por la mirada de Meirelles (y por su forma de rodar así como el empleo de la narración cinematográfica) y me ha resultado una experiencia muy interesante enfrentarme a su análisis. 360 me ha sorprendido más de lo que esperaba y creo que en el futuro, en retrospectiva, ganará más cinéfilos a su causa.

Ciudad de Dios supuso su reconocimiento, El jardinero fiel significó su consagración, A ciegas fue una prueba de fuego y supuso su primer enfrentamiento a críticas muy negativas… Y 360 ha sido relegada sin darle oportunidad alguna.

Si hay una especie de género que me fascina es el que reúne varias historias en una misma trama. A veces todas esas historias confluyen en un fin determinado u otras son una cadena de historias diferentes que se unen porque ocurren en un mismo escenario, un mismo día, una misma hora, en un mismo acontecimiento o las unifica un objeto, una prenda… Algunas películas de vidas cruzadas (como suele denominarse a partir de la película de Robert Altman… aunque el fenómeno ya se daba desde el cine silente) son fallidas y otras son verdaderos monumentos cinematográficos. 360 se sitúa en el justo medio.

Desde Griffith (Intolerancia) pasando por Fritz Lang (Las tres luces), merodeando por la maravillosa película de Duvivier, Seis destinos, hasta llegar a las Vidas cruzadas de Robert Altman, Nueve vidas de Rodrigo García o Magnolia de Paul Thomas Anderson y aterrizando en un ejemplo de cine nacional como Una pistola en cada mano de Cesc Gay… las películas que encadenan una historia tras otra gozan de buena salud.

El guion de Peter Morgan se inspira muy lejanamente en un referente literario (del que más bien toma el tema principal y un acercamiento a la estructura): La ronda de Arthur Schnitzler (que la tengo pendiente de lectura). En su momento fue una obra muy polémica pues Schnitzler a principios del siglo XX planteaba historias encadenadas sobre la pareja y la sexualidad. El dramaturgo fue admirado por un contemporáneo suyo que estaba elaborando el psicoanálisis, descubría el subconsciente y la importancia de la sexualidad en el ser humano: Sigmund Freud. La ronda consistía en diez escenas protagonizadas cada una por una pareja de amantes. Siempre uno de los integrantes de la pareja aparecía en la siguiente historia… de tal manera que quedaban las diez historias encadenadas. Esta obra dramática sí ha tenido reflejos fílmicos más similares al original en la pantalla blanca, la más recordada es la de Max Ophüls que se titula igual (y que se encuentra en mi baúl de películas pendientes) pero también la adaptó Roger Vadim en Juegos de amor a la francesa (La ronde).

360 trata el tema del amor, la sexualidad y las relaciones humanas y va encadenando todas las historias creando una ronda circular (empieza y termina con tres personajes: una prostituta eslovaca, su hermana y el proxeneta austriaco). Lo que nos dice el monólogo interior de uno de los personajes es que los seres humanos siempre nos encontramos en un bifurcación y tenemos que decidir qué camino elegir. Depende del camino la vida nos lleva a un sitio o a otro. Somos lo que decidimos. Pero da un paso más… nuestra decisión afecta a otros y encadena otra ristra de bifurcaciones. En una entrevista Morgan, el guionista, explica que quería mostrar cómo en un mundo globalizado todas las acciones tienen consecuencias y se propagan (como ha ocurrido con la crisis económica).

De este modo son las decisiones de cada uno de los personajes lo que va unificando una historia con la otra en 360 y así van tomándose el relevo. Un personaje secundario en una trama se convierte en protagonista en la siguiente… quedando finalmente un mosaico de relaciones humanas y decisiones.

360. Juego de destinos cuenta además con un magnífico trabajo de actores. Un reparto coral donde desconocidos y estrellas de la talla de Anthony Hopkins, Jude Law y Rachel Weisz desarrollan y construyen personajes. Los personajes son de distintas procedencias: americanos, británicos, eslovacos, rusos, brasileños, austriacos, franceses… y de diferentes grupos sociales. Y también las historias se desarrollan en distintos escenarios: París, Austria, Berlin…, un hogar familiar, un avión, un aeropuerto, un hotel, un coche…

En este cruce de historias hay algunas que pasan más desapercibidas (aunque todas son interesantes y están bien construidas) y otras que se muestran más efectivas dentro del conjunto. La que esto escribe se queda con la impresionante historia, con mucho suspense bien dosificado, en un aeropuerto americano entre una joven brasileña que acaba de  abandonar a su novio por las infidelidades y la relación que establece con un joven (un sorprendente Ben Foster) que acaba de cumplir una condena por agresión sexual y se encuentra en un programa de inserción. Y la otra es la historia que une a la hermana de la prostituta eslovaca con el chofer de un mafioso ruso.

Como acostumbra Fernando Meirelles 360 tiene una impecable factura visual (además de un uso adecuado y cuidado de la banda sonora) y muestra cómo sabe contar historias a través del lenguaje cinematográfico que como ya se reflejaba en El jardinero fiel cada vez emplea de forma más elegante y pausada. Cómo juega con la arquitectura de la casa, los espejos, las puertas y la posición de los personajes en la historia de Jude Law y Rachel Weisz. La forma que tiene de rodar el matrimonio roto entre la ayudante del dentista y el chofer ruso durante un desayuno conyugal frente una ventana luminosa. La angustia continua en la manera de rodar y presentar al personaje de Ben Foster…

Pienso que 360. Juego de destinos no es una obra fallida dentro de la filmografía de Meirelles sino una obra cinematográfica (que aunque sea de encargo vuelve a dejar su rúbrica) que le confirma como un director con una trayectoria interesante para seguir y analizar.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

En otro país (Da-reun na-ra-e-suh, 2012) de Hong Sang-soo

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En otro país ha sido mi primera incursión en el cine del director y guionista coreano Hong Sang-soo y también la primera vez que una obra de este cineasta se ha estrenado en salas de cine en este país. Algunos espectadores además de conocerle por su paso en festivales nacionales, quizá hayan disfrutado de un cofre de dvds con cinco de sus películas editadas también aquí (Noche y día, Mujer en la playa, Un cuento de cine, La puerta de la vuelta, La mujer es el futuro del hombre), no es mi caso. La sorpresa ha sido muy grata. Un aliciente para ver más películas suyas. En otro país me pareció no sólo una película fresca y libre sino también tremendamente divertida y entrañable. O por lo menos yo no paré de reírme. Hacía tiempo que no me sentía tan bien en una sala de cine. Y bajo su aparente sencillez esconde una estructura y construcción más compleja de lo que parece.

No es fácil contar el argumento. Una madre y una hija huyen de las deudas que ha provocado un familiar cercano… ante la angustia la hija, que es una estudiante de cine, se sienta a escribir un cortometraje. En ese cortometraje hay una mujer extranjera, francesa, que visita la playa de Mohang y que se hospeda en un pequeño y acogedor edificio. Esta mujer busca un pequeño faro, se encuentra con un amable socorrista (que por las noches trabaja en el hotel encendiendo las brasas de las barbacoas y que vive en una tienda de campaña al lado del mar), tiene importancia en la historia un paraguas o una botella de soju y es atendida siempre con dulzura por la hija de los dueños del sitio donde se hospeda. Ese cortometraje se repite tres veces con tres mujeres extranjeras que se llaman Anne. Cada una distinta pero que se cruzará con los mismos personajes, objetos, paisajes, situaciones, anécdotas… y alguna que otra variación (como un nuevo personaje o una nueva situación). La mujer extranjera tiene el rostro de Isabelle Huppert pero con distinta vestimenta: primero viste de azul, después de rojo y más allá un vestido negro con motas verdes. Primero es una directora francesa de éxito, después es una mujer que va al encuentro de su amante coreano y por último es una mujer abandonada por su marido que se ha ido con una coreana.

Y en estas tres variaciones Isabelle Huppert disfruta de lo lindo (como los demás actores coreanos) y crea tres personajes diferentes. Y ya sólo por verla a ella merece la pena. Parece que no pasa nada y pasa de todo. Parece que no se habla de nada y se habla de todo. Ríes pero también sientes cierta melancolía… porque sus personajes ficticios están atrapados en un paraje solitario y sufren. Como dice uno de los personajes va a filmar ahí una película y va a tratar descubrir de dónde viene el sufrimiento. En las tres historias se habla de mujeres, hombres, celos, sexo, abandonos, amantes, borracheras, la posibilidad de una historia, se pierden objetos y se encuentran, se piden y se dan besos, se canta una canción, se escribe una carta e incluso se sueña que viene el amado o se habla con una cabra.

Otra de las peculiaridades de la película es mostrar a la perfección la sensación de ser una extranjera en un país con un idioma muy distinto y una cultura diferente. Las conversaciones, malentendidos, sonrisas y situaciones extrañas que se producen. Pero también la sensación de poder buscar un faro pequeño, pasear, encontrarse con un amable socorrista, hablar con un monje… y sentirse de alguna manera totalmente libre.

Una película sencilla y compleja a la vez donde el director y guionista rompe con la narrativa cinematográfica habitual (y juega a la ficción dentro de la ficción) pero además se siente el conocimiento y el amor de este creador coreano hacia el cine de la Nouvelle Vague y algunos de sus directores. Yo me senté y disfruté como espectadora ante una imagen icónica de una Isabelle Huppert de espaldas andando con un paraguas azul… sea vestida de azul, de rojo o de negro con motas verdes.

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Nostalgia de la luz (Nostalgie de la lumière, 2010) de Patricio Guzmán

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A veces te encuentras en la sala oscura con el corazón en un puño. Por lo que acabas de ver. Y piensas que te gustaría compartir lo que has sentido y lo que has visto. Ocurrió este sábado en la sala Iberia de la Casa de América durante la proyección del documental Nostalgia de la luz de Patricio Guzmán. Lo cierto es que llevaba mucho tiempo detrás de este documental y llegó por fin la oportunidad de poder verlo en pantalla grande. Y es de esos documentales que piensas que se tendría que proyectar en colegios, centros culturales y universidades… porque en sí son valiosos, muy valiosos. Porque ellos solos son una clase de historia y memoria. De humanidad y recuerdo. De filosofía y astronomía. De arqueología e ideología…

El documentalista chileno Patricio Guzmán (actualmente reside en Francia) construye un impresionante e inteligente discurso visual al cual sigo dándole vueltas. Un discurso que logra que trascienda y se convierta el todo en un poema visual que expulsa emociones. Así logra un artefacto inteligente y cerebral que, como las galaxias que refleja, emana sentimientos, emociones, sensaciones, recuerdos, historias inolvidables…

El escenario de este ‘monumento de memoria’ es el desierto de Atacama en Chile. Allí se ven los cielos con tal transparencia y limpieza que es paraíso para astrónomos de todas las partes del mundo que buscan las huellas de las estrellas, el origen del mundo, el pasado remoto… Y es un paisaje tan especial que tiene también huellas de la historia de la humanidad, por eso, también es apreciado por los arqueólogos que indagan y reconstruyen la vida del hombre en la tierra. Pero Atacama también es un ‘esqueleto de memoria’ que se niega a ser sepultado de historia reciente chilena. Y que sus huellas duelen. No sólo se encuentran cementerios de hombres que perecieron en sus minas desde el siglo XIX… sino que un grupo de madres, con sus palas y su espíritu incansable, pueblan el desierto buscando a los suyos, los desaparecidos de la dictadura de Pinochet…

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Así Patricio Guzmán va construyendo un tejido riquísimo de reflexiones que va de las galaxias hasta la recuperación de una memoria que se niega a caer en olvido. Y con los testimonios y pensamientos de astrónomos, arqueólogos, madres y supervivientes de la dictadura va tejiendo un discurso maravilloso y a la vez duro sobre el pasado. Un discurso con paradojas que se convierten en elementos de reflexión para construir una huella a estudiar y analizar.

Cuando una de las madres de los desaparecidos dice que ojalá los grandes telescopios de Atacama que atrapan el universo y su estudio, que miran al cielo para atrapar el origen de todo… pudieran servir para mirar bajo tierra y encontrar los restos de los desaparecidos, el círculo queda cerrado de manera magistral y todas las piezas del puzle quedan unidas.

Patricio Guzmán nos hace pasear por las palabras y las imágenes rescatando historias y pensamientos. Así escuchamos a un joven astrónomo chileno que nos cuenta que el presente no existe, que todo es pasado y la importancia de su rescate… Y cómo asemeja la búsqueda de las estrellas (pero reconociendo que cada día se pueden ir tranquilos a dormir), con la búsqueda de las madres y los cuerpos de sus seres queridos (pero connotando la angustia de esa búsqueda…, la intranquilidad que fomenta esta tarea cuando no tiene frutos). El arqueólogo veterano que nos habla de la gran paradoja, cómo ellos se dedican a reconstruir el pasado y cómo sin embargo en ese mismo espacio se reconocen las huellas que otros tratan de sepultar y olvidar de un pasado más reciente. Nos cruzamos con la historias del arquitecto superviviente de los campos de prisioneros políticos de la dictadura que memorizó esa ‘arquitectura’ para poder plasmarla en planos y no olvidar esta historia de horror, para transmitirla y denunciarla. O ese otro superviviente que narra cómo formaron un grupo que se reunía para mirar las estrellas… y de alguna manera se sintieron libres.  Y más allá está el joven exiliado que ahora va a estudiar las estrellas en Atacama y cuenta cómo su madre ha atendido toda la vida a los torturados y sus secuelas. O una joven astrónoma, hija de desaparecidos, que habla de cómo el universo, todo es cíclico, y el material de las estrellas es también el material de los desaparecidos. Y cómo tras la muerte hay vida…

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Y el espectador tiene para él solo un gran telescopio que le revela los secretos de la memoria y los retiene aunque a veces le es imposible no dejar escapar una lágrima… Y piensa para sí que todos los países, entre ellos el nuestro, cuenta con ‘rescatadores de la memoria’ y con muchas personas que luchan por ser escuchados y porque la memoria de los suyos no caiga en olvido… Patricio Guzmán nos deja una metáfora de Chile (o de otros muchos países) a través de un matrimonio anciano y testigo de la historia: él es la memoria; ella, aquejada de alzheimer, es el olvido.

Aunque parezca mentira… este documental no lo ha tenido fácil para su distribución en salas y la historia de cómo va estrenándose forma parte de otro relato increíble. Sólo un dato: el otro día no había un solo hueco libre en la sala Iberia.

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El gran Gatsby (The great Gatsby, 2013) de Baz Luhrmann

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“A la mayoría de nosotros se nos podría filmar desde el nacimiento hasta la muerte y la película resultante no produciría ninguna emoción, salvo aburrimiento y disgusto. Sería como contemplar a los monos mientras se rascan. ¿Cómo te sientes cuando tus amigos te muestran la película que han filmado de su hijo o de su viaje? ¿No te parece que es una lata inaguantable?” (El último magnate, Bruguera, Barcelona, 1984). Así dice uno de los apuntes de la novela inacabada de Fitzgerald pero esta afirmación nada tiene que ver con su personaje Gatsby o con el productor Stahr, protagonista de El último magnate. Él escribía historias de seres humanos que alguien querría seguir mirando en una pantalla blanca.

En esos apuntes también se nos dice que El último magnate quizá sea la novela más parecida a El gran Gatsby y que “es una escapada hacia ese pasado esplendoroso y romántico que tal vez en nuestra época no se repita” (ídem).

Baz Luhrmann se mete de lleno no sólo en la obra de El gran Gatsby sino en toda la escritura de Fitzgerald para encontrar la manera de extraer su esencia y plasmarlo en la pantalla con su escritura cinematográfica personal. Y recrea ese pasado esplendoroso y romántico, esos locos años 20 al borde de la Depresión y que el espectador de ahora puede encontrar en ese ‘espíritu’ ciertas similitudes a la situación de crisis actual.

En una entrevista al director en la revista Dirigido por… del mes de mayo, Luhrmann explica que le preocupaba cómo plasmar en la pantalla a Nick, el narrador, (Tobey Maguire) contando la historia de Gatsby. Así especifica que no sólo se centró en la novela de Gatsby (y se nota su amor profundo por el texto y sus personajes) sino que se empapó de la literatura de Fitzgerald (que conocía el mundo del cine y su lenguaje aunque nunca se convirtió en un guionista de éxito) y en esas notas valiosas (que muestran mucho de su autor) de El último magnate vio la intención de Fitzgerald de que Cecilia la narradora contase la historia del productor Stahr desde un hospital psiquiátrico. En la versión de la novela que poseo, editada por Bruguera, aparece al final un primer capítulo que no incorporó donde Cecilia, joven y desencantada, “yo estoy acabada”, narra a unos compañeros su historia desde un sanatorio de tuberculosos. Así pensó que lo mejor era mostrar a un Nick en un centro psiquiátrico aquejado de depresión y problemas de alcoholismo (como los que tuvo el propio autor) y que sea el psiquiatra que le trata el que le inste a escribir. Ya que no puede explicar cómo se siente, que lo exprese en un papel en blanco. Nick pregunta que para qué puede servir. Y el psiquiatra le dice que a veces la escritura puede ser una forma de consuelo… Y así Nick cuenta aquel momento en que llegó a Nueva York a comerse el mundo y cómo alquiló una pequeña casa en Long Island… al lado de una gran mansión de un misterioso y millonario vecino del que todos tienen algo que contar. Pero todos sabemos ya desde el principio que se trata de una triste historia con final de tragedia.

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En esa misma entrevista cuenta además su admiración por la adaptación de la novela que realizó en 1974 Jack Clayton, por la representación de Gatsby que realizó Robert Redford y cuenta que como le une una profunda amistad con Francis Ford Coppola (su guionista) también conversó con él sobre su proyecto cinematográfico y también cosas que no se filmaron en la versión de 1974 y otras intenciones sirvieron para formar ideas para su nueva película.

Así Baz Luhrmann ha creado su propia visión de El gran Gatsby, empapado de su estilo, dejando otro retrato cinematográfico (esta ya es la quinta versión del personaje sin contamos con una película muda que se perdió y otra que se hizo para televisión) del misterioso millonario que va desvelando la triste figura de un hombre que trata de construirse una personalidad propia, modelarse un sueño a su medida, recuperar un pasado que no es el suyo, vivir en un presente artificial y darse cuenta de la imposibilidad de amor y el vacío que deja ese sueño americano que se rompe a pedazos. El gran Gatsby no es más que el retrato de la soledad de un hombre.

Baz Luhrmann sigue dejando su huella a la hora de plasmar mundos literarios, como hizo en Romeo y Julieta y en Moulin Rouge; y aunque en El gran Gatsby sigue mostrando su amor al esplendor, al barroquismo rozando el rococo (sobre todo en las escenas de las fiestas en la mansión, en las secuencias de los coches o en local clandestino) todo está envuelto de cierta melancolía, calma y una limpieza y depuración según va transcurriendo la tragedia de Gatsby.

El director sigue realizando un uso especial de la música (que está vez se encuentra bastante más incorporada al ritmo de la historia y no se convierte en concierto a veces estridente como ocurría en Romeo y Julieta). Así a los aires de jazz que pululaban en la novela, esa música en aquel momento diferente y revolucionaria que ‘contaba’ una época, Luhrmann introduce otra música reconocible para el espectador de hoy. Y esa mezcla de jazz y hip hop se vierte a lo largo del metraje devolviendo ese pasado esplendoroso y romántico. Muchos son los detractores del empleo que realiza Luhrmann de la música y la banda sonora en sus films pero no hace sino aplicar una tradición ya existente en el cine norteamericano que era emplear para sus películas melodías y temas reconocibles para los espectadores. Por ejemplo, Cantando bajo la lluvia está formada por canciones exitosas de la época y reconocibles para el público.

Vuelve a trabajar con Leonardo di Caprio que ya fue su protagonista en Romeo y Julieta y que reconstruye un Gatsby impecable. Así Di Caprio deja ese millonario misterioso y solitario que lucha por un sueño y por construirse un mundo artificial (incluida su historia de amor ideal con Daisy) para huir de su pasado humilde. Un héroe al que al final sólo le queda una existencia vacía y solitaria con un único amigo, Nick, que al menos aprecia que Gatsby todo lo hizo por la consecución de un sueño bonito e imposible. Tan sólo quería alcanzar esa luz verde al otro lado de la bahía, la que iluminaba la casa de su amada, Daisy (Cary Mulligan).

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Baz Luhrmann crea el contraste brutal entre la artificiosidad y frivolidad del mundo alrededor de Gatsby y Daisy y el tumulto de una ciudad como Nueva York al borde de la Depresión (escenas de la gran ciudad y del lugar donde se encuentra la gasolinera de la amante del esposo de Daisy, Tom Buchanan). Así como refleja perfectamente el contraste entre las personalidades de Gatsby y Tom Buchanan (un estupendo Joel Edgerton) llegando al clímax en la discusión final en el hotel, entre el calor y el alcohol, en un hotel de Nueva York.  El enfrentamiento entre un hombre que trata de construirse así mismo y fracasa y otro que lo tiene todo desde el principio y que no tiene escrúpulo alguno en seguir manteniendo su estatus, su poder y sus privilegios. Y si tiene que pasar como una apisonadora, aplastando a otros, así lo hará. También muestra su manera especial de rodar los encuentros entre los enamorados. Así Romeo y Julieta se encontraban a través de una enorme pecera, cada uno en un lado diferente, o el escritor y Satine en un espectáculo en Moulin Rouge donde el tiempo se para entre ellos; Gatsby y Daisy se encuentran en una habitación rodeada de flores y postres. Y el encuentro esconde una emoción, una ilusión. Un deseo de encontrar algo auténtico en un mundo artificioso y frívolo.

La fuerza de Gatsby, el buen material del que parte y su respeto por él, una buena galería de actores, los aciertos de Luhrmann a la hora de plasmar la historia tapa aquellas sombras que los detractores de Luhrmann no pueden soportar y los que le amamos sabemos que ahí están como el exceso de efectos digitales, algún movimiento mareante de cámara o la debilidad (o mejor dicho) sacrificio de la complejidad de alguno de los personajes como el de Jordan Baker (por otra parte, interpretado por una actriz a tener en cuenta, Elizabeth Debicki) y su relación con Nick…

El gran Gatsby es como vivir una fiesta espectacular que de pronto se rompe en pedazos para que surja una tragedia, un sueño roto. Así nos encontramos con escenas, por las que baila nuestra mirada, de grandes fiestas en la mansión, fuegos artificiales, una enorme piscina y un muerto que flota, lujo, glamour, un gran cartel publicitario de unos ojos que todo lo ven, unas cortinas blancas que ondean por el viento, unas manos que asoman, unas camisas que vuelan, un hombre que mira tras la ventana, una sonrisa que oculta un misterio, la confusión y ensoñación que se crea tras una borrachera continúa… y la demostración final que tras la artificiosidad y lo frívolo, sólo queda la soledad y el vacío de un hombre.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Tres películas raras, extrañas o difíciles de ver… y un clásico de culto: Berberian sound studio (Berberian sound studio, 2012) de Peter Strickland/Damiselas en apuros (Damsels in distress, 2011) de Whit Stillman/Tango libre (Tango libre, 2012) de Frédéric Fonteyne/El emperador del norte (Emperor of the north pole, 1973) de Robert Aldrich

Según van desapareciendo salas de cine y las distribuidoras cada vez es más difícil que lleguen ciertas películas a los espectadores. La oferta disminuye. Por eso nunca es una buena noticia ni el cierre de una sala ni el cierre de una distribuidora. Sin embargo nuevas plataformas digitales (festivales online), la función de ciertos ciclos y festivales en distintos centros culturales o el nacimiento de pequeñas salas de exhibición (detrás de ellas sólo hay pura locura y amor al cine) son los nuevos cauces para que lleguen ciertas películas que en las salas de exhibición normal no tienen sitio o si lo tienen apenas duran una semana en cartel. A veces directamente salen en dvd o blu ray algunas películas que no han tenido la oportunidad de estrenarse en sala o se pueden conseguir viejos clásicos poco vistos o de culto. ¿Nos estamos perdiendo algo…? Pues si no logramos acceder a ellas pocas respuestas podemos ofrecer a esta pregunta. Por eso me parece importante que si se logra acceder a alguna película que, por distintos motivos, no se considera el estrenarla en los cauces habituales pero sí en otros, compartir y valorar qué es lo que quizá nos estemos perdiendo.

Berberian sound studio (Berberian sound studio, 2012) de Peter Strickland

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De momento no ha encontrado distribuidora que la exhiba en el circuito de salas. Tan sólo ha habido oportunidad de acceder a ella en festivales como el de Sitges o en el festival online, Atlántida film Fest.

Y lo primero que se te pasa por la cabeza al verla es ¡menuda rayada! Pero la rayada tiene algo. Entra dentro de un género que a mí me fascina y es el cine dentro del cine. Así el espectador se encuentra acompañando a un tímido y complejo técnico de sonido británico al que le surge un trabajo en un estudio italiano de postproducción de sonido de los años setenta especializado en el Giallo. Así su nuevo trabajo consiste en dar sonido a un giallo de un director llamado Santini. Una película con brujas, conjuros y sangre. En ningún momento vemos una sola imagen de dicha película pero escuchamos todos los sonidos y surge la película en nuestra cabeza. El estudio se convierte en un lugar misterioso y claustrofóbico habitado por extraños personajes que va atrapando la frágil mente del tímido técnico.

Llega un momento en que la narración cinematográfica se rompe de tal modo que ya no sabemos si nos encontramos en un espacio real o en el espacio creado por una persona con graves trastornos mentales. A veces me vino a la cabeza Arrebato de Iván Zulueta, sobre todo al final, por el poder vampírico de la imagen en movimiento.

Mucho encanto de este extraño y angustioso film se debe a la labor del actor Toby Jones como el atribulado y tímido técnico que llega a un mundo kafkiano muy distinto al suyo que le va alterando poco a poco.

Damiselas en apuros (Damsels in distress, 2011) de Whit Stillman

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Tan sólo estuvo una semana en cartel y ahora puede recuperarse en dvd. Reconozco que es la primera película que veo de Whit Stillman (tan sólo ha rodado y todas en los noventa: Metropolitan, Barcelona y The last days of disco) y que me ha sorprendido por lo lejano, extraño y marciano (este adjetivo lo lei en un comentario de una página de cine y me hizo sonreír) de la propuesta cinematográfica. Es tan distante que ése es su principal atractivo. Puede parecer una comedia más de juventud en la universidad pero lo que nos muestra es un grupo de jóvenes con comportamientos aparentemente arcaicos que pululan por un campus universitario tratando de salvar a otros jóvenes del suicidio, normalmente por penas amorosas. Sus diálogos son excéntricos y extraños pero por esa rareza atraen. Te quedas escuchándolos y sonríes. Nada que ver con la realidad. Es como si este grupo de jóvenes damas viviesen en un campus ficticio donde los chicos suelen ser bastante tontos y cortos, las chicas auténticas filósofas del día a día, donde te cruzas con el extraño ritual del amor cátaro, el chico que no distingue los colores pero trata de entender y para la solución de los problemas un primer paso es tomarse un donut y un café. Violet, su protagonista, está segura de cambiar el mundo con los aromas de un jabón o empezando una auténtica revolución con un baile nuevo, el samboal. También tiene una teoría especial sobre el tipo de chico que puede hacer feliz a una chica. Otro remedio maravilloso contra la depresión es el claqué o ver la vida como una película de Fred Astaire… y claro si logras meterte en esta locura auténtica… a lo mejor hasta disfrutas de la película. A mí me pasó. Es más crítica de lo que parece. Quizá el campus universitario no esté tan lejos de este mundo extraño de Stillman…

Tango libre (Tango libre, 2012) de Frédéric Fonteyne

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Tan sólo se ha estrenado en una sala de cine en mi ciudad y cada día en un horario diferente. Tango libre es de esas películas que terminas su visionado con una sonrisa. No es redonda ni perfecta ni verosímil pero te atrapa. Es una película medicina con aires de cuento. Y quieres que sus personajes terminen siendo felices y también coman perdices. Me atraía por dos asuntos: me encantó una película de su director que se llamaba Una relación privada. Me gusta Sergi López y lo único que salvé de La delicadeza fue el haber descubierto al actor François Damiens, protagonista entrañable en esta nueva película.

Así ésas son sus bazas más fuertes: un director que sorprende a la hora de rodar con elegancia y delicadeza una historia íntima de amores extraños (y por otra parte, logrando momentos interesantes como la primera demostración de tango entre los presos o el baile entre madre e hijo adolescente). Y un grupo de actores que se apodera de sus personajes.

La historia: un guardia solitario de un centro penitenciario aprende en su tiempo libre a bailar el tango. Allí conoce a una joven que después descubre que visita a dos reclusos. Uno es su marido; el otro su amante. Y los dos comparten la misma celda y son mejores amigos. Pero es un triángulo consentido por todas las partes. El guardia se siente atraido por su pareja de baile y por su historia con los dos reclusos (a lo que hay que añadir un adolescente confuso que forma parte de esta extraña familia). El marido al enterarse de que su esposa acude a clases de tango decide buscar a un recluso argentino para que le dé clases de baile. Y esas clases, que recuperan la esencia del tango que empezó en los bajos fondos argentinos y se bailaba entre hombres, abren un espacio de libertad para los reclusos… y también otra posibilidad de vida y convivencia para el solitario guardia.

La película mantiene un frágil equilibrio entre comedia amable, melodrama y pasos de baile…

El emperador del norte (Emperor of the north pole, 1973) de Robert Aldrich

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Llevaba muchos años detrás de esta película sobre la Depresión con un siempre sorprendente Robert Aldrich. Una película extraña y de culto que puede ser rescatada a través del dvd. Ésta es la historia de un enfrentamiento entre el sin hogar Número 1 (Lee Marvin) y el temible y violento vigilante del tren número 19 (Ernest Borgnine, impagable como una bestia parda que con su uniforme se toma a vida a muerte su misión de no dejar que ningún sin hogar suba a su tren) que representa a todas aquellos ‘poderes’ que creen que no todo el mundo debe subirse al tren, sólo unos pocos. En tiempos de penuria este enfrentamiento proporciona distracción y algo parecido a la esperanza (ansias de libertad y dignidad) a muchos hombres que se buscan la vida en una Depresión que parece que no termina y un país que como dice Número 1 se hunde en una basura mala. Son hombres duros pero con dignidad y corazón. El tercero en discordia es un jovencísimo sin hogar (Keith Carradine) que quiere quitar el puesto de Emperador del Norte (un título meramente simbólico) a Número 1 pero que no entiende y no aprende que lo que se juegan es mucho más profundo de lo que piensa. Como le dice Marvin le falta corazón para entender la situación. Una película brutal y con unas interpretaciones fascinantes… y un tren que no para… Como siempre Robert Aldrich muestra su buen uso de la narración cinematográfica y su fuerza visual.

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7 cajas (7 cajas, 2010) de Juan Carlos Maneglia y Tana Shémbory

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… emoción trepidante, un ritmo que no deja respiro, un thriller intenso, guion bien atado, personajes bien delineados hasta el más secundario entre los secundarios, humor negro y macabro, un ambiente laberíntico, multicultural y caótico; reflexiones sobre los medios, nuevas tecnologías y la imagen proyectada; dosis de realidad, persecuciones, tensión, misterio, interesantes tramas secundarias (que finalmente confluyen)… desde Paraguay.

El espectador se siente desde el minuto uno atrapado en una historia que no te suelta. Así sigue un día en la vida del carretillero adolescente Víctor (Celso Franco) en el Mercado 4 de Asunción. Se crea así un universo caótico que envuelve para encerrar un thriller emocionante. Víctor es casi un niño que a pesar de su dura realidad cotidiana no deja de tener sueños. Su máxima aspiración es conseguir un móvil que graba vídeos. Quiere conseguir a toda costa ser grabado, salir en la televisión. Su vida es supervivencia. Recorre con su carretilla el mercado laberíntico intentando captar clientes que quieren que les lleve la mercancía a cambio de una propina. Compite con otros carretilleros como Nelson (Víctor Sosa) por captar clientes, se relaciona con los vendedores de diferentes puestos, con otros adolescentes como su amiga Liz (Lali González) que también se ganan la vida diariamente o con su propia hermana (Nelly Davalos) que trabaja en un restaurante de comida china.

El intenso día de Víctor comienza cuando recibe un encargo misterioso: transportar siete cajas que debe defender incluso con su propia vida (y devolverlas después al mismo lugar y dueño) y las recoge en una carnicería del mercado. Ese trabajo le permitirá tener dinero suficiente para acercarse un poco a su sueño. No sabe qué es lo que transporta pero de pronto Víctor se ve inmerso en una pesadilla donde se encuentra a enemigos pero también con aliados. Con su conocimiento del laberinto que es el Mercado 4 y con ayuda de casualidades y destinos tratará por todos los medios de llevar hasta el final su encargo. Un encargo que se convierte en peligroso, en un viaje que es otro descenso más a los infiernos, aunque Víctor está acostumbrado a luchar en su día a día. Entre mafiosos cutres, policías, carretilleros que van a por todas porque la vida les golpea siempre… Víctor será consciente de que las siete cajas son un juego peligroso. Y sabe que entre las estrechas callejuelas del mercado la vida no vale nada… lo que vale es sobrevivir, alcanzar un nuevo día. Y quizá alcanzar un sueño…

7 cajas es una película-milagro que se ha convertido en todo un fenómeno en las taquillas de su país de origen. Y el milagro es haber podido llegar a ser una obra acabada y terminada. Hasta que sus directores y todos los implicados han podido completar el film han pasado por numerosas pero fructíferas vicisitudes (entre otras quedar como finalista en la valiosa sección Cine en construcción del Festival Internacional de San Sebastián-Donostia y después regresar ya terminada a la sección de Nuevos directores para ganar el premio de la Juventud) que culminan con una película redonda y trepidante. Porque 7 cajas no sólo entretiene sino que refleja un universo ficticio en un gran escenario realista (en los títulos de crédito nombran a todos los extras que no son más que todos los que se encuentran en ese enorme mercado paraguayo).  Un universo ficticio que encaja perfectamente en el género del thriller con gotas de humor negro. Otra curiosidad es que además se estrena en nuestras salas con subtítulos puesto que sus personajes principales hablan una mezcla de castellano y guaraní. 7 cajas es una película asombrosamente vital, fresca, dinámica y natural que no decae ni un segundo en sus 105 minutos de duración.

Fue una agradable sorpresa trasladarse a ese Mercado 4 de Asunción y acompañar a Víctor en ese extraño viaje… con sus siete cajas.

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Los ilusos (Los ilusos, 2012) de Jonás Trueba

Ilusos

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La RAE muestra dos acepciones para la palabra iluso/a: “1. Engañado, seducido. 2. Propenso a ilusionarse, soñador”. El espectador se deja llevar por las imágenes de la gran pantalla blanca, las imágenes de Los ilusos de Jonás Trueba, y trata de dilucidar quiénes son esos ilusos.

Ilusos, los protagonistas que pululan por las calles de Madrid. Una generación de jóvenes que no llegan a los treinta o están en los treinta (con los que puedes identificarte o no) que pasean sus sueños y su capacidad de ilusionarse, que miran y sienten toda la vida por delante, que todavía tratan de vencer el desencanto. Y que tratan de hacer sus vidas especiales… y así lo transmiten.

Ilusos, todos los implicados en este proyecto cinematográfico que rebosa amor por contar historias a través de imágenes. Que entre proyecto y proyecto el cine no pare. Nos cuentan que es una película de entretiempo… para cubrir tiempos muertos. Y de esos tiempos, poco vistos en la pantalla blanca, nace puro cine. Ilusos por seguir buscando, por seguir mirando, por seguir narrando… Ilusos por seguir soñando e ilusionándose. En aproximadamente veintidós jornadas de noviembre de 2011 a junio de 2012 con una cámara de 16 mm, celuloide sobrante (a veces caducado), autofinanciándose y con toda la libertad del mundo para llevar a cabo el proceso creativo… salieron a las calles para rodar y rodar… Y ahora con una sola copia viajan con ella y la comparten con el público convirtiendo en un acto especial y único su proyección.

Ilusos, los espectadores que seguimos con la ilusión de ser seducidos y engañados por las imágenes de la pantalla blanca. Que amamos el rito de ir al cine como algo sagrado. Que queremos que nos sigan contando historias y tener la posibilidad de elegir entre un abanico de posibilidades y en un día de sol o de lluvia poder acercarnos a la sala amada y por unos minutos ‘vivir’ engañados por las imágenes que pasan…

Madrid

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Aquel espectador que ame Madrid, se sentirá seducido por Los ilusos. Y sale un Madrid al que cuidar y preservar. El Madrid que es villa. Bullicioso y acogedor. De callejuelas. De rincones por descubrir. El Madrid que sorprende. El Madrid de tabernas de toda la vida. De pequeñas tiendas y negocios. El de las casas todavía antiguas, vitange (que se dice ahora), con sus techos altos, sus terrazas a la calle…, su distribución desordenada. El Madrid ruidoso. El Madrid multicultural. El Madrid en obras… La plaza Mayor, los tejados, Plaza España, el pasaje Doré, la calle Santa Isabel, Atocha, Conde Duque y alrededores…

Y otro Madrid amado que trata de sobrevivir contra viento y marea. El Madrid de aquellos que aman el cine. El Madrid del cine Doré (la filmoteca), el de la calle Martín de los Heros y su pasaje que une la plaza de los Cubos con esta calle de cines en VOSE. El de las iniciativas que nacen por puro amor al cine (Pequeño cine estudio —que tiene un protagonismo especial en Los ilusos—… y otras salas —que no salen pero merece la pena nombrarlas— como la Berlanga, Artistic Metropol, la Cineteca —única sala donde se proyecta Los ilusos—, la amada sala audiovisual de La Casa Encendida, la sala Iberia de la Casa de América… y por fortuna alguna más que se me escapa nombrar) que permiten que lleguen obras cinematográficas que de otra manera sería casi imposible verlas; los cines de la calle Fuencarral y Bravo Murillo… y esos cines de toda la vida que todavía se mantienen en pie como la emblemática fachada del Capitol…

La muerte

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… El joven director de cine que poco a poco se va convirtiendo en protagonista de Los ilusos, León (Francesco Carril), habla de un proyecto que le ronda por la cabeza. Una película sobre el suicidio. Y también en uno de los intertítulos manuales se puede leer La muerte del cine. Las alusiones a la muerte son continuas para finalmente transmitir todo lo contrario.

El cine nunca muere mientras haya ilusos que sigan fabulando en los entretiempos (y llevando a cabo sus proyectos por nuevos caminos) y sigan existiendo espectadores con hambre de cine… Puede que cambien los formatos y los soportes… pero narrar en imágenes es un arte, el séptimo arte, que no muere. Como nunca ha muerto la novela, los cuentos, la pintura, el teatro… Así paseamos como sin darnos cuenta por los dvd’s, blue ray, la digitalización de las salas de cine, la desaparición de las películas en 16 mm o 35 mm y del revelado, la desaparición de los vhs de la manera más hermosa con unos niños jugueteando y construyendo (creando)… de pronto surge la posibilidad de en la intimidad de una cama frente a un ordenador emocionarse con una escena de una mujer llorando o seguir asistiendo a una sala con su pantalla enorme. Sólo cambian los formatos o se abren los canales y posibilidades de mirar… pero las imágenes siguen vivas. Y esas imágenes siguen contando…

Y tanto León como todos los que le rodean no hacen más que contagiar unas ganas de vivir momentos (hasta esos momentos que siempre en una película estarán en off). Y el tema del suicidio presente hasta el final termina diluyéndose como si los protagonistas quisieran vencer y engañar al desencanto… como si de alguna manera quisieran apartar de un manotazo la posibilidad del suicidio, como si lo vieran incluso como algo lejano o sólo relacionado con la creación artística… Y por eso la referencia al novelista Chusé Izuel que terminó con su vida o esa película (maravillosa) que anuncian en el pequeño cine estudio (o quizá sea la que van a ver): Le père de mes enfants de Mia Hansen-Løve… una película sobre el suicidio y el amor al cine… León se acerca a la idea de suicidio no por experiencia o desencanto (es demasiado joven, con demasiadas ganas de vivir) sino por el camino de la creación artística.

Cine dentro del cine

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Un blog amigo (Licantropunk) rescataba hace poco una frase de un personaje de La noche americana de Truffaut: “El cine es más bello que la vida, no hay atascos ni tiempos muertos. Avanza como un tren atravesando la noche. Hemos nacido para ser felices con nuestro trabajo, haciendo cine. Confío en ti”. Y de pronto estas palabras fueron surgiendo según iba viendo Los ilusos. Porque es cine dentro del cine, metacine. Porque vemos a un grupo de amigos ilusos que ruedan… una película de entretiempo desde la que de pronto nace una historia de ficción que les atrapa a ellos y nos atrapa a nosotros, los espectadores. Una simple y sencilla historia… Pero atención… estamos rodando (en confianza)… nos embarcamos en ese proceso creativo. Y sentimos creíbles y reales a los personajes de ficción… con una vida llena de tiempos muertos… pero bellos. Imágenes que pasan por una pantalla blanca, en blanco y negro. Imágenes que son miradas.

El desayuno. Una simple historia de amor

Y esa simple historia de amor surge en los tiempos de espera. Una joven estudiante de periodismo (Aura Garrido) y el joven director… una entrevista no realizada. Una llamada. Un encuentro en la puerta de un cine. Un paseo nocturno. Una cena y una conversación. Otro paseo y un beso. Una noche, juntos. Y un despertar. Después toca el desayuno, un momento hermoso y muy cinematográfico… Ese momento lleno de miradas, de cosas no dichas, de gestos… que cuenta una historia. Un momento Nicholas Ray. Puro cine. Auténtico. León ya habla que son Los amantes de la noche y luego desayunan… el joven director no prepara las naranjas como Bogart a su amada Gloria en En un lugar solitario pero sí realiza un ritual donde vemos el comienzo (o el fin) de algo…Y vienen a la cabeza esas palabras que dice Bogart (en su papel de guionista) a su amada: “Porque no están todo el rato diciéndose lo que se quieren. Aquí mismo, cualquiera sabría que nos estamos enamorando si viera esta escena: yo preparándote el desayuno mientras tú aún estás medio dormida”.

… Contar historias y compartirlas

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Y Los ilusos te va atrapando poco a poco con esos momentos frescos y auténticos de película que es libre y que vuela. Primero te sientes desubicado y puede que no entres… hasta que de pronto algo te atrapa. Una imagen o un diálogo. Y ya no sales. Ese Javier Rebollo que huye que se convierte en afortunado y divertido personaje, ese momento íntimo de amistad entre dos amigos, esa explicación divertida sobre ese curso para aprender a realizar un casting, ese primer plano de una chica que lee y mira, esa actuación musical en directo en un piso, los tejados de Madrid, unas cintas de vhs sobre un cubo de basura…

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Tres películas sobre el miedo… y una fábula: Take Shelter (Take Shelter, 2011) de Jeff Nichols/Eternamente comprometidos (The five-year engagement, 2012) de Nicholas Stoller/El alucinante mundo de Norman (Paranormal, 2012) de Chris Butler y Sam Fell/ Tierra prometida (Promise land, 2012) de Gus Van Sant

El miedo tiene muchas caras. Y el cine lo presenta de diferentes maneras y en géneros distintos. Apocalipsis, drama psicológico, comedia romántica y melancólica, cine de animación para superar el miedo a ser diferente… Y como guinda una película necesaria en forma de fábula, en busca de una tierra prometida.

Miedo a un mundo que se derrumba

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Take Shelter plantea muchos tipos de miedo en una atmósfera extraña y misteriosa, opresiva. Y todos esos miedos atacan a Curtis (inquietante Michael Shannon). Curtis es un hombre trabajador de clase media que vive con su esposa (Jessica Chastain) y su hija pequeña que tiene un problema auditivo en una comunidad rural de Ohio. Un día Curtis empieza a tener alucinaciones, fuertes pesadillas, que van despertando todos sus miedos. Miedo a la locura, miedo a no llegar a fin de mes, miedo a la crisis, miedo a la comunidad en la que vive, miedo a las responsabilidades familiares, miedo a las creencias, miedo a ser padre, esposo, hijo y amigo… Sus pesadillas le van minando, rompiendo. Su comportamiento se vuelve extraño. Sus alucinaciones son apocalípticas… algo así como una gran tormenta que volverá locos a todos sus seres queridos. Así él nota cambios atmosféricos y actuaciones extrañas en los vuelos de los pajaros. Se obsesiona con que debe arreglar y acondicionar un refugio de tormentas para proteger a su familia… Nadie le entiende… y va perdiendo amistades, trabajo, lazos familiares… Y el cada vez se siente peor. Y él es consciente. Pero no sabe cómo enfrentarse a sus pesadillas, sus propios miedos. El problema es que quizá esa tormenta que conduce a la locura no sea una pesadilla…

Miedo al compromiso

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A veces hay comedias inclasificables que encierran mucha melancolía y desencanto. Eternamente comprometidos es una mezcla de comedia romántica con gotas de absurdo y un aliño de tristeza. Y trata sobre un miedo contemporáneo: el miedo al compromiso. El miedo a comprometerse hasta el tuétano con alguien y apostar por una vida en común. Así la película narra la historia de Tom (Jason Segel) y Violet (Emily Blunt)… y empieza donde terminan otras comedias románticas: declaración de amor en terraza maravillosa con cena de ensueño, promesa de boda, de comer perdices para siempre, anillo, beso y fuegos artificiales. Pero lo que viene a continuación son un montón de situaciones por las cuales Tom y Violet van dando largas a esa gran boda… hasta que pasan años… y los abuelos de la familia van desapareciendo uno a uno sin poder asistir al evento. Tom y Violet van viviendo su propia pesadilla de deconstrucción de su relación hasta llegar a la frustración y separación… pero es una comedia romántica. Quizá se den cuentan en la pesadilla (y con sus extraños amigos y familiares) de que el miedo al compromiso siempre va a estar ahí…, siempre, y que lo importante es avanzar juntos hacia algún lado…

Miedo a ser diferente

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Norman es un niño muy raro. Y en el colegio no le tratan muy bien. En su familia ni su padre ni su hermana mayor le entienden y su madre trata de comprenderle y consolarle. ¿Qué le pasa a Norman? Es diferente. Y ¿por qué? Porque ve fantasmas y puede hablar con ellos. Ahí mismo está su abuela, que le cuida, y le dice que no pasa nada por tener miedo, es normal, pero que hay que superarlo, evitar que domine su vida. Y de pronto un niño miedoso se convertirá en un héroe pues será el único que pueda salvar a su ciudad de la maldición de una bruja… los muertos volverán a la vida. Y ese mismo niño, Norman, descubrirá que cuando el miedo invade a los seres humanos puede provocar que se hagan cosas irracionales y malas. El alucinante mundo de Norman es un viaje más allá de lo que pueden alcanzar nuestros ojos y un antídoto contra el miedo. De nuevo el stop motion al servicio de una buena historia llena de personajes inolvidables…

… Y la fábula

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Tierra prometida es una película necesaria. No sorprende. Se rige por una narrativa cinematográfica clásica (pero muy bien realizada, se nota que Gus Van Sant está tras la cámara). Resulta previsible… pero es necesaria. Porque habla de algo que sabemos y que se nos repite una y otra vez. Si vemos un telediaro nos damos cuenta de que da igual que tanto se nos diga y repita. Y eso de lo que nos habla es: cuidemos el mundo que nos rodea. Pero no se refiere sólo al mensaje ecológico. Se refiere a que cuidemos la tierra, los espacios compartidos, los sitios de ocio, que cuidemos al otro, que nos cuidemos a nosotros mismos, que nos dejemos llevar por la nobleza y la dignidad, que no creamos que el ser buenas personas está pasado de moda o es una gilipollez o una cursilería… Y habla de todas estas cosas en tiempos de crisis, en momentos de vulnerabilidad. En momentos donde acechan malas maneras, donde el otro no importa. En momentos donde hasta las buenas personas pueden confundirse pero porque son buenas personas pueden abrir los ojos y darse cuenta. Como le ocurre al protagonista de la nueva fábula de Gus van Sant (con un guion muy bien armado por los actores Matt Damon y John Krasinski), Steve Butler (un Matt Damon muy creíble).

Steve llega a una población rural arrasada por la crisis económica. Es un ejecutivo de una multinacional de gas natural y tiene que conseguir que los habitantes (casi todos ganaderos) le vendan los derechos de perforación de sus tierras. Steve tiene que convencerles de los beneficios de estos contratos. Él está convencido de que ofrece una salida a sus dramáticas situaciones y que quizá sea la única salida para preservar la vida rural. Sin embargo un viejo profesor de instituto, una profesora que le roba el corazón, un ecologista, una niña que vende limonada, su pragmática compañera de trabajo y el granero de su abuelo le harán mirar el mundo y su trabajo desde una nueva perspectiva que se le había escapado… el “jodido dinero” no es el camino más rápido para transformar el mundo que nos rodea y superar la crisis en la que nos hayamos inmersos. No todo vale.

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La casa Emak Bakia (Emak Bakia Baita, 2012) de Oskar Alegria

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A veces topas con obras cinematográficas que te sorprenden y emocionan por partes iguales. Así ocurre con La casa Emak Bakia que te lleva hacia un viaje fascinante donde el azar y las casualidades construyen un camino creativo libre lleno de historias increíbles que rozan la magia y recorren una memoria especial donde se recuperan palabras, recuerdos y lugares.

La ópera prima de Oskar Alegria es gozosa porque el espectador se embarca en un itinerario extraño pero rico en sensaciones, emociones y sorpresas. Todo parte de una investigación concreta: en 1926 el artista dadaísta y surrealista Man Ray realizó un cine-poema (que es una gozada verlo, cine experimental puro) con el título Emak Bakia.

Emak Bakia es una expresión en euskera que quiere decir: “Déjame en paz”. El realizador empieza a indagar el origen de dicho título. La pista inicial es que el cine-poema se rodó cerca de la costa de Biarritz. Man Ray veraneaba allí. Así que Alegria parte de dos teorías: la expresión la encontró el artista en un epitafio de un cementerio cercano o daba nombre a una de las casas de la zona.

A partir de estas premisas empieza una ruta donde la lógica no tiene sitio (donde los límites no existen y el horizonte puede invertirse… y el mar ser cielo y la tierra mar) y sí el detalle fugaz, el azar o la casualidad. Así el realizador nos hace testigos de un viaje artístico que crea un mapa singular donde a través de descubrimientos e itinerarios donde lo que prima es la libertad nos conduce a la resolución de un misterio (pasando antes por varios misterios más).

Y ante nuestros ojos Oskar Alegria crea un docu-poema lleno de posibilidades de la mano del legado artístico de Man Ray (sobre todo de su cine-poema Emak Bakia). Así en un cementerio la primera pista la dará una lápida de un payaso. Después los nombres en euskera de un conjunto de casas, al azar, formarán un poema. Así el asombro del espectador cada vez es mayor pues escuchará la canción de las palabras perdidas (o la memoria) o una filosofía de vida que encierra Emak Bakia a través de dos creadores vascos. Viajará hasta Italia donde Emak Bakia da nombre a una tienda de ropa vitange y refleja la filosofía de vida de su dueño. Se asombrará ante un casting de párpados que cuando se abren aletean como mariposas. Asistirá al cortejo de un guante y una servilleta. Buscará el significado de una frase escrita en el reverso de una postal. Será testigo de la pesadilla de los cerdos. Bailará de contento ante los descubrimientos inesperados y brindará con el mismo Man Ray. Acudirá a su tumba donde su rostro llorará. Atrapará los sonidos para componer una banda sonora. Se mostrará fascinado por la vuelta al pasado de una princesa rumana que colecciona sellos de elefantes y escribe tesis sobre el olfato de las hormigas… y quizá se dé cuenta de que la muerte puede ser vencida si uno se asoma a una ventana para contar pájaros o si recupera aquellas palabras que se perdieron…

Emak Bakia… estoy creando. Soy libre.

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