Header image alt text

El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Romeo y Julieta en New York

Romeo y Julieta en New York

Razón número 1: Romeo y Julieta en Nueva York

Los ecos del dramaturgo Shakespeare atrapan las calles de Nueva York en los barrios más conflictivos. Romeo y Julieta se llaman Tony y María. No hay familias que se odian, sino pandillas. Y los dos jóvenes amantes pertenecen a bandos distintos y se aman con la misma inocencia y pasión que los amantes de Verona. El destino oscuro sobrevuela sobre ellos… y todo lo enreda, hasta que la muerte acaba con la pasión. Si bien María no se suicida ante el fallecimiento del joven amante, sí termina su inocencia.

West side story nació primero en los escenarios de Broadway de la mano del director y coreógrafo Jerome Robbins junto al compositor Leonard Bernstein, para las letras de las canciones contaron con Stephen Sondheim. Y en 1957 empezó su andadura por las tablas con un éxito creciente. En un principio revivían la tragedia de los dos jóvenes amantes con el conflicto de pertenecer a religiones diferentes (católica y judía), pero después la actualidad de las calles de New York les dio el toque final: era la época de las bandas y los puertorriqueños estaban pisando fuerte en las calles de New York. La llamada al mundo del cine era inminente y detrás de las cámaras, además de Robbins, se puso un artesano eficaz del sistema de estudios, Robert Wise. El espectáculo debía continuar… pero en la pantalla blanca.

Read more

Jesús

Jesús parte de una historia real, el caso Zamudio, que conmocionó a la opinión pública chilena. El 2 de marzo de 2012 cuatro jóvenes atacaron, golpearon y torturaron a Daniel Zamudio, un joven homosexual, en el Parque San Borja en Santiago de Chile y le abandonaron en estado de coma. Pero como últimamente pasa con la cinematografía que viene de Chile, su director y guionista Fernando Guzzoni ofrece una mirada, un punto de vista, que incomoda, que hace reflexionar y que es muy compleja. Lo que une a toda una generación de cineastas chilenos muy distintos en sus trayectorias es atreverse con miradas y puntos de vista que inquietan, remueven y golpean. Miradas que ofrecen otras perspectivas de la realidad. Y Fernando Guzzoni tiene esa mirada. Ya golpeó en su primer largometraje, Carne de perro, donde se metía en el mundo interior de un extorturador con ataques de ansiedad. Y ahora en Jesús su cámara se pone en el lado más incómodo y vomita una realidad más difícil de “leer”, comprender e interpretar.

Read more

Los odiosos ocho (The Hateful Eight, 2015) de Quentin Tarantino

losodiososocho

Érase un niño grande que además era muy mimado y quiso hacer su octavo juguete como le venía en gana. Se dijo que iba a hacer un western, y aunque no hiciera falta (solo para una escena de apertura de puta madre) rodó en 70 mm y siguió con el celuloide (aunque ya apenas haya cines que puedan proyectarla en toda su pureza). También hizo que durase más de tres horas. La dividió en capítulos. Se pegó el capricho de conseguir a Ennio Morricone para la banda sonora. Realizó un primer capítulo en un paisaje nevado, con una caravana que acoge a un cazarrecompensas, un sheriff perdido y una condenada a muerte. Luego los demás capítulos de su historia transcurren en una cabaña… donde hay otros personajes: el viejo militar sureño, un mexicano que cuida la cabaña-posada, La Mercería de Minnie (sus dueños no se encuentran allí), un verdugo y un granjero que regresa a su hogar. Nadie es quien parece. Creó, entonces, un artefacto… lleno de sus diálogos ingeniosos y vacíos a la vez, con su brillante puesta en escena con momentos que se graban en la retina (el penúltimo capítulo es un claro ejemplo) y vomitó violencia sin freno (tanta que te vuelve inmune e insensible). Por supuesto se rodeó de un reparto de oro: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jeniffer Jason Leigh (qué bien ha resucitado), Bruce Dern, Tim Roth, Michael Madsen, Channing Tatum y un magnífico Walton Goggins. El resultado es Los odiosos ocho, una pirueta lúdica del mundo excesivo y visual de Tarantino. No hay más. No se puede rascar nada más. Bueno, sí, es tremendamente entretenida.

Read more

crimenenlascalles

Entre Rebelde sin causa de Nicholas Ray y West Side Story de Robert Wise y Jerome Robbins nos encontramos con Crimen en las calles de Don Siegel… películas que siguen una senda que puede rastrearse en el cine norteamericano, las pandillas de delincuentes juveniles. Pero es en los cincuenta y sesenta donde surge prácticamente un subgénero con antecedentes ilustres. Las formas de tratarlo son varias desde un realismo social duro y sucio a otro más idealista que apela a la figura del maestro, trabajador social, cura o policía para poder enderezar los caminos torcidos del joven delincuente con o sin causa. Por otra parte este cine generaba (sobre todo en los 50 y 60) jóvenes intérpretes masculinos que ejercían su papel de adolescente atormentado… y se convertían en estrellas.

Si este tipo de película caía en manos de directores con una cierta sensibilidad hacia el personaje del perdedor (como Nicholas Ray y sus adolescentes) o de un buen director del sistema de estudios como Don Siegel (especializado en películas ‘duras’) surgen obras de interés como la que nos ocupa. Algunas veces tan sólo se aprovechaba la ‘moda’ de chicos malos y salían películas como Salvaje donde un actor como Marlon Brando se convertía en un icono.

Sin embargo el cine americano siempre reflejó a pandillas de jóvenes problemáticos. Hay una cierta tradición. Así podemos centrarnos en el nacimiento cinematográfico de los The Dead End Kids en esa pequeña joya de realismo social de William Wyler, Calle sin salida (1937). Esa pandilla de intérpretes también estuvo magnífica como el grupo que admira al gánster en Ángeles con caras sucias. Durante esta década de los treinta también estaba un Spencer Tracy con sotana enderezando a jóvenes rebeldes con un líder con rostro de Mickey Rooney en Forja de hombres.

Para Crimen en las calles Don Siegel oscila entre un cine realista donde se refleja la vida de un barrio marginal y sus gentes y un cine que aboga por un cambio social gracias a la implicación de agentes transformadores como en el caso de esta película, un trabajador social o un familiar cercano (como el hermano pequeño del protagonista).

Así nos presentan a una familia disfuncional, la familia Dane donde una madre agotada y trabajadora mantiene a un adolescente problemático y al más pequeño. El adolescente problemático y arisco tiene el rostro de John Cassavetes (futuro director de cine independiente) que seguiría la estela de rebeldes atormentados. Éste es líder de una pandilla que se enfrenta a otras pandillas y que además aterrorizan y molestan a los vecinos del barrio. El joven Dane tiene el odio enquistado en el rostro y no permite que nadie le toque, tiene ataques de furia y va golpeando todo lo que se le cruza por delante. Ante la denuncia de un vecino por lo que detienen a uno de sus compañeros… decide que hay que matarlo. Casi ninguno de los miembros de la pandilla le apoyan sólo dos, un chaval de quince años con cara de Sal Mineo y otro muchacho que no parece estar muy equilibrado emocionalmente con el rostro de Mark Rydell (también futuro director de cine) que se convertirán en sus cómplices.

En ese barrio además de los vecinos se encuentra Ben Wagner (James Whitmore), un trabajador social que trata siempre de comunicarse con los jóvenes, apoyarles y tratar de apartarles de la delincuencia. Wagner es un tipo duro que no se rinde aunque a diario en su trabajo no recibe más que malas caras y malas contestaciones. Pero no se cansa de intentar cambiar las cosas… y trata de acercarse al joven Dane.

Don Siegel junto a sus jóvenes intérpretes consigue una película con ritmo, cierto suspense, aires de cine negro y drama social. Así empieza de manera fuerte mostrando un enfrentamiento entre dos pandillas en un descampado. Después se presenta la intimidad en un ambiente de pobreza donde viven los jóvenes y el reflejo de su vida cotidiana. Y luego se genera el suspense y la tensión sobre si el joven Dane y sus dos cómplices cometerán el asesinato que cambiará para siempre sus vidas o no.

Así Crimen en las calles se convierte en una película muy interesante de ver porque además de estar bien contada ofrece la oportunidad de descubrir por primera vez en una pantalla de cine a John Cassavetes (está especialmente bien en sus diálogos con el trabajador social) o seguir la carrera del malogrado Sal Mineo que empezó especializándose en jóvenes problemáticos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.