Amargo silencio (The angry silence, 1960) de Guy Green

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Hay películas que no se sabe muy bien el porqué caen en olvido, son muchos los motivos de análisis. Y otras quizá porque lo que cuentan causa incomodidad también se hunden en la memoria cinéfila, ya se sabe lo incómodo se esconde. Amargo silencio es del segundo grupo y es una película para reivindicar. Cuenta una situación incómoda, no fácil, y cae en olvido. Pero hay varios puntos que hacen de Amargo silencio una película que necesita un rescate. Esta muestra un aspecto del mundo obrero en una fábrica y lo desarrolla a la perfección. Su visionado provoca varias miradas y lecturas… y ninguna deja indiferente.

Primer punto: mundo obrero

La relación entre el mundo obrero y el cine es larga y estrecha. Desde que los hermanos Lumiére grabaran la salida de los obreros de su propia fábrica…, los trabajadores, las fábricas y el cine han estado estrechamente unidos. Y ahora mismo en la actualidad es un tema de máxima vigencia más con la crisis mundial que ha vuelto a remover los cimientos de las fábricas. Así directores como los hermanos Dardenne (Dos días, una noche) o Robert Guédiguian (Las nieves del Kilimanjaro) siguen pintando el mundo de las fábricas en occidente y los conflictos morales mezclados con los laborales.

Amargo silencio toca varios puntos complejos (y por ello incómodos) y también los conflictos fluctúan entre lo moral y laboral. La película plantea una huelga en una fábrica y hace hincapié en que no todas las huelgas son justas y recomendables. Plantea la manipulación del grupo y cómo una huelga puede efectivamente manipularse para llevar a cabo otros intereses y cómo puede que lo que menos importe sean los derechos y los deberes de los trabajadores. Así el conflicto central de la película es cómo la postura de un obrero: Tom Curtis, que ve innecesaria la huelga (que además no ha sido convocada por los sindicatos), y ejerce su derecho a no asistir a ella y trabajar, le convierte en una persona non grata, tanto para sus compañeros como para la dirección de la compañía. Tom Curtis es incómodo. La situación se escapa de las manos de todos y termina en tragedia. A Tom Curtis todo el mundo le retira la palabra. Es un apestado y eso perjudica también a su entorno más cercano, su familia.

Así el planteamiento de la película no es fácil y un análisis no profundo y simple podría quedarse en una lectura superficial: la película va en contra de la colectividad obrera y a favor de la libertad individual. Es decir se haría una lectura de película a favor del capital que desprestigia uno de los instrumentos del mundo obrero: la huelga (otro aspecto que ha sido continuamente reflejado en el cine desde muy distintas ópticas). Y convierte en héroe trágico al esquirol. Pero Amargo silencio plantea algo mucho más profundo y asuntos que no gustan ser mostrados. Y habla de temas tremendamente humanos y que se pueden plantear en los entornos laborales, en las fábricas. La manipulación de los trabajadores para conseguir intereses ajenos a ellos (tanto por la cúpula de la empresa como de algunos representantes de los trabajadores que ‘velan’ porque todo marche), la presión del grupo que puede actuar sin opinión propia y sin tratar de fomentar el acercamiento y el diálogo, el impedir que un compañero opine y actúe distinto, provocar el vacío y el aislamiento de este, el exponer el derecho a no asistir a una huelga si no se está de acuerdo con los motivos… y queda patente lo difícil que es (y lo necesario) construir una fuerte, sólida y justa solidaridad obrera que vele realmente por los trabajadores y donde todos los trabajadores formen parte, tengan voz y voto, y juntos traten de encontrar las mejores soluciones en las situaciones de conflicto.

Hay dos escenas claves que tienen a Tom Curtis como protagonista: una es cuando decide ir solo a trabajar a la fábrica durante la huelga. Se muestra el rechazo de sus compañeros pero también desde lo alto del director de la fábrica que se lo expone al director de personal: no se fía de los lobos que actúan en solitario en uno u otro bando. Y otro momento es una conversación íntima entre Tom Curtis y su propia esposa cuando está viviendo el máximo rechazo por parte de todos. Le dice que lo más irónico es que él entiende a todos. Y que todos creen que están actuando por razones contundentes. También hay otro momento en que reconoce que no sabe cómo ha llegado hasta ese punto ni por qué… pero que seguirá manteniendo su postura.

Hay otros aspectos muy interesantes para seguir indagando en la complejidad de la película: la película empieza y termina con la llegada y la salida en tren de un personaje que viene de fuera: un agente externo a la fábrica pero que es el que trae ‘órdenes desde Londres’ para que se lleve a cabo la huelga y además pone en marcha el aislamiento de Curtis. Este personaje es misterioso y silencioso… y jamás se revela su identidad ni los trabajadores reparan en él. Tan solo se menciona que es el “nuevo” que ha contratado la fábrica. Y este personaje, por supuesto, también puede aportar distintas miradas a la película según el grado de complejidad con el que se mire. En ningún momento sabemos los motivos por los que se convoca la huelga, ni los acuerdos a los que se llega, ni cuáles son las reivindicaciones de los trabajadores… Entre los trabajadores de la fábrica se realiza una rápida radiografía: están los obreros de la vieja escuela, y algunos de ellos muestran su desacuerdo con la nueva huelga, pero no aguantan la presión del grupo y deciden unirse a la ley del silencio, otros que se arrastran porque es más cómodo (el mejor amigo del protagonista) y prefieren no tomar partido aunque les parezca injusto, los que se están dejando manipular por el agente externo y un grupo de jóvenes adormecidos y sin cerebro que tratan de sobrevivir en el día a día… y que van por donde les lleva la corriente y si pueden armar bulla o servir a unos o a otros para sus propósitos ahí están ellos. Por su parte la dirección de la fábrica trata de seguir consiguiendo sus intereses y beneficios… y dispuestos a lo que sea para terminar no solo con la huelga sino con la situación incómoda que ha creado el obrero Tom Curtis. Entre medias de los dos mundos se encuentra el director de personal, otro interesante y complejo personaje. Amargo silencio no es una película fácil.

Segundo punto: alrededor del Free cinema

La película es del año 1960 y se realizó bajo la influencia de una corriente de cine británica que empezó en los cincuenta y que todavía hoy sigue su estela, el Free cinema. Realismo, cotidianidad, compromiso con la realidad social, dar voz a los que no solían tenerla en el cine… Y por supuesto el trabajador, el obrero, se convierte en un personaje cinematográfico. La huella de los jóvenes airados es alargada así la siguiente generación sigue haciendo hincapié en un cine que se compromete con la realidad social. Su estela continúa en Ken Loach o Mike Leigh o actualmente con Paddy Considine o Andrea Arnold.

Amargo silencio además consigue una radiografía de una fábrica británica de los sesenta y de la vida cotidiana de sus trabajadores. Asistimos a la entrada y salida de la fábrica, a las relaciones entre los trabajadores, a los lugares de trabajo y a los de ocio, a su vida privada en los barrios obreros, en sus hogares…

Tercer punto: el director

La película permite conocer a un director interesante, Guy Green, del que llevo tiempo persiguiendo ver algo y esta es la primera película que visiono. Ha sido un grato descubrimiento. Amargo silencio me sitúa ante un director a tener en cuenta del que deseo ver sobre todo dos películas más: Hombre marcado (The mark) y Un retazo de azul (A patch of blue). Por lo menos aquí, por estos lares, no es fácil conseguir su filmografía. Guy Green fue además un prestigioso director de fotografía que trabajó varias veces junto a David Lean. Así se puede ver su magnífica labor como director de fotografía en tres buenas películas del director británico: Cadenas rotas, Oliver Twist y Amigos apasionados.

Lo que intuyo leyendo los argumentos de sus películas como director, es que era un hombre de retos y que reflejaba historias complejas que podían incomodar al espectador pero historias necesarias, posibles y tremendamente humanas. Con Amargo silencio consigue ritmo, envuelve y relata muy bien lo que quiere reflejar, el tono va en crescendo hasta llegar a la tragedia y se nota su buen empleo del lenguaje cinematográfico (por ejemplo, para los momentos más trágicos utiliza contundentes y efectivas elipsis). Además no toma el camino fácil para contar una historia sino que muestra un montón de aspectos y aristas, no es en absoluto un director maniqueo sino que muestra la complejidad del mundo real. A veces no es cuestión de señalar malos y buenos, es todo mucho más difícil.

Cuarto punto: más que actores

Tom Curtis, el obrero protagonista, es Richard Attenborough (otro de nuestros ausentes más recientes, nos dejó en agosto de 2014) que además también trabajó como productor de la película. Richard fue actor, director y productor de cine. Y aquí ha sido todo un descubrimiento para mí como actor (del Attenborough actor me queda mucho por ver) en su elaboración de un personaje atractivo y tremendamente complejo. Le regala a su personaje credibilidad, realismo y vulnerabilidad. Además de intimidad y una bonita química con la actriz que hace de su esposa, Pier Angeli. Esta compone un personaje sensible y fuerte a la vez. Las escenas de ellos dos se convierten en momentos de intimidad, confesiones de miedos, vulnerabilidad y superación de obstáculos de un matrimonio obrero. No era la primera vez que Attenborough trabajaba con Guy Green y con Pier Angeli. Este trío se complementa con otro de los actores que también además sería coguionista de esta película, Michael Craig. Michael Craig compone otro personaje de importancia en Amargo silencio, es el amigo que no se compromete, que prefiere no opinar, no decidir, seguir al grupo y no ponerse al lado del amigo que además le ha ofrecido siempre su casa para vivir…, hasta que abre los ojos.

Quinto punto: clave de cine

Guy Green dominaba el lenguaje cinematográfico. Su experiencia como director de fotografía le había dado muchas claves. Amargo silencio tiene pulso y buenas decisiones de puesta en escena como las antes mencionadas elipsis: el ataque que recibe el hijo pequeño de Tom Curtis y su esposa y el ataque final que sufrirá el propio Curtis. Además proporciona a la película no solo un ritmo adecuado sino que logra credibilidad y realismo, como he dicho antes, en la plasmación de los conflictos en una fábrica británica de los años sesenta así como el mundo íntimo del obrero protagonista.

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Conocimiento carnal (Carnal Knowledge, 1971) de Mike Nichols

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Desde noviembre de 2014 Mike Nichols se ha convertido en otro director de cine ausente. Así a partir de ese momento, buceo en su filmografía e indago. Una de mis películas favoritas de su carrera cinematográfica es curiosamente su ópera prima, Quién teme a Virginia Woolf, que es una adaptación de la obra teatral de Edward Albee. Ahí sucede una reunión nocturna entre dos parejas en la que se desatan rayos y centellas… pero también los más tristes monólogos. El lenguaje, la palabra, se convierte en el arma para destruir al ser amado o para alzarle y que tome vuelo. Así Liz Taylor y Richard Burton o Sandy Dennis y George Segal danzan con la discusión y se desguazan…, aunque todos terminan mostrándose vulnerables y atrapados en las propias relaciones que han construido. Si tuviera que buscar un leitmotiv para definir el cine de Nichols, creo que el concepto clave sería la insatisfacción en las relaciones de pareja o del hombre y la mujer contemporáneos en general.

Y esa insatisfacción del hombre y la mujer (pero esta vez desde una mirada totalmente masculina) recorre Conocimiento carnal, interesante y olvidada película de Nichols inmediatamente después de Trampa 22. Nichols, que era un joven innovador de la escena teatral, experimenta en sus primeras obras con el lenguaje cinematográfico, con las formas de contar sus historias, y Conocimiento carnal es representativa de esta parte de su legado cinematográfico. Además supondría su primer encuentro con uno de los actores que más repetiría con el director, un jovencísimo Jack Nicholson poco a poco en alza.

Así Mike Nichols cuenta de manera especial la historia sentimental de dos amigos universitarios a través de los años, las elipsis, los diálogos-monólogos y sus relaciones con las mujeres. Ellos son Jonathan (Jack Nicholson) y Sandy (Art Garfunkel). Uno que huye del compromiso y está a los pies del placer, otro que trata de construir una relación de amor, encontrar la media naranja y construir un matrimonio. Y ambos y sus conceptos fracasan a lo largo de las décadas, las mujeres que conocen tienen miras, ventanas y puertas mucho más abiertas, son más libres, viven menos enjauladas, y se implican mucho más. Tienen menos miedo a expresar cómo quieren vivir y también menos miedo a fracasar y empezar.

Así los retratos de Jonathan y Sandy terminan convirtiéndolos en hombres patéticos en su educación y evolución sentimental. Ambos triunfan en el terreno laboral convirtiéndose en hombres de clase media alta neoyorquina. Pero uno, Jonathan abocado a la soledad sentimental y fracaso emocional y el otro a construirse siempre mundos fantásticos sin ser nunca realista o maduro… para ser una caricatura continua.

En Conocimiento carnal serán las mujeres las que escriban los fracasos e insatisfacciones de los protagonistas masculinos sobre todo del personaje de Jack Nicholson, protagonista indiscutible. El director Nichols crea una película que trata de innovar, y creo que lo consigue, a la hora de contar el fracaso de una educación sentimental en dos amigos. La reina de la función es la elipsis y el diálogo-monólogo…, el actor que mira a cámara y cuenta lo que siente a otro personaje pero parece que se lo dice directamente al espectador. También consigue una cierta sensación de melancolía, de halo triste, vuela el fracaso sobre cada minuto de la película.

Ellas estructuran la película: el amor universitario (con aires europeos a lo Jean Luc Godard y sus triángulos amorosos) con el rostro de Candice Bergen, el gran amor sobre todo de Jonathan que arrastrará para siempre el no haber dado el salto de intentar construir una relación aunque supusiera el daño al amigo. El fracaso de la madurez con una magnífica y sensual Ann-Magret, la mujer objeto y reina del placer de Jonathan que quiere destruir su rol y convertirse en una mujer amada con un hombre que quiere compromiso y construir algo más que una relación placentera en la cama. Crónica de la destrucción de una matrimonio. Y el mazazo final de una Rita Moreno que es pagada para que Jonathan pueda oír lo que quiere escuchar… y que refleja su soledad y fracaso emocional.

Conocimiento carnal es una de las obras más olvidadas de Mike Nichols y sin embargo es una pieza fundamental para seguir su evolución como cineasta. Merece la pena sumergirse en su forma de contar y encontrarse con otro retrato certero sobre la insatisfacción entre hombres y mujeres…

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Diccionario cinematográfico (216)

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Fin de año: un año termina, otro empieza. Termina una película, empieza otra. Cada año puede ser una película de tono distinto. Yo siempre pienso que el género que más va con la vida es la tragicomedia. El año nuevo, ese año que va a dar pistoletazo de salida es todo un suspense… Ese año que empieza depara alegría, penas, nuevas apariciones, ausencias, amores, desamores, fortunas y carencias, salud y enfermedad, seres queridos… y quizá algún que otro intruso incómodo… En este nuevo año alimentaremos pasiones, caerán en nuestras manos nuevos libros, películas, exposiciones o reuniones de amigos con debates apasionados u otros eventos. Quizá algún viaje o un día en la montaña. Algún amanecer o anochecer donde nos dejemos llevar… Días de estrés y otros de tranquilidad… Pero antes queda despedir el viejo año… Para algunos es una fiesta, para otros puede ser el fin del mundo, a otros les espera la soledad, y al de más allá una buena reunión con gente querida… Y como siempre el cine lo ha reflejado.

Cuando me vino a la cabeza esta palabra del diccionario cinematográfico, la primera imagen que me visitó fue ese fin de año que aparece en Esplendor en la hierba de Elia Kazan… Y es que anuncia una noche loca llena de fiesta pero que oculta muchas máscaras y una familia que se quiebra en cada segundo… así como el fin de una etapa y el inicio de un periodo oscuro. El crack del 29.

Pero enseguida recurro a otro fin de año. Y veo a un solitario sin hogar que sueña con un fin de año que no tiene… En ese sueño se le ve alegre, rodeado de un grupo de damas a las que hace reír con la danza de los panecillos. Y ahí entre todas las muchachas, la mujer a la que ama. Después despierta, solo, y triste va a un local donde mira a través de la ventana cómo todo el mundo está alegre y disfruta. Él está fuera rodeado de nieve, con mucho frío, y tremendamente solo. Sin embargo, no sabe que al día siguiente, no solo cambiará su suerte sino que además quizá no todo sea tan solo un sueño… Estoy en La quimera de oro de Charles Chaplin.

Y entonces salto a una película de esas que pintan la vida de color de rosa… pero muestra un fin de año en principio bastante desolador: cuatro personas coinciden en la noche de fin de año en lo alto de un edificio para hacer lo mismo, suicidarse. Tras el intento fallido, los cuatro hacen un pacto: posponer el suicidio y en ese periodo tratar de buscar un sentido a sus vidas… Me refiero a Mejor otro día de Pascal Chaumeil. Sin duda es un principio deudor del espíritu de Frank Capra y una carta de un tipo inexistente (¿o no?)… Juan Nadie. Juan Nadie, harto de todas las injusticias que rodean su vida, un indignado, amenaza con suicidarse en lo alto de la azotea de un edificio emblemático en los últimos días del año, en Navidad… Y de pronto Juan Nadie se convierte en una realidad con cara de Gary Cooper… y crea todo un movimiento de ciudadanos indignados que luchan por un mundo más justo (pero la película tiene muchas reflexiones y merece la pena echarla un vistazo)…

Entonces salto al apartamento de un tipo solitario y enamorado de una ascensorista que han pasado juntos una Navidad triste pero que ha servido para que ambos despierten y se den cuenta de que la vida que llevan no es la que desean. Así en el último momento, como no en la noche de fin de año, ella decide definitivamente abandonar a un hombre con el que sabe no va a encontrar la felicidad… y corre a jugar una partida de cartas pendiente con el tipo solitario. Por lo menos han dado el primer paso, son dos amigos sin máscaras, que se comprenden. Un fin de año especial en El apartamento de Billy Wilder.

Pues eso… Feliz 2015 a todos. La vida es tragedia y comedia… pero siempre deseo que la balanza se incline más hacia la comedia…

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Hildy Johnson os desea Feliz Navidad… y un año 2015 de cine

hildyfeliznavidad

Porque vuestra compañía en el ciberespacio es algo que valoro mucho y muy importante para mí.

Porque me encanta leer vuestros comentarios y vuestros blogs.

Porque me hacéis disfrutar, aprender, reír, reflexionar, debatir…

Porque me encanta compartir con vosotros esta pasión…

Porque me hacéis una persona más rica cada día…

Os deseo una Feliz Navidad y un año 2015 de cine….

Muchas películas nos esperan… y muchas palabras…

Os dejo besos y más besos… y sigo tecleando en mi máquina

Hildy Johnson

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Tres proyecciones transformadoras en la sala de cine. Sueño de invierno (Kis uykusu, 2014) de Nuri Bilge Ceylan/ Jauja (Jauja, 2014) de Lisandro Alonso/ Mr Turner (Mr Turner, 2014) de Mike Leigh

Sueño de invierno (Kis uykusu, 2014) de Nuri Bilge Ceylan

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… cuentan que Capadocia es territorio de caballos salvajes. En la película Sueño de invierno del director turco Nuri Bilge Ceylan, Aydin –actor y escritor frustrado, dueño de un hotel y terrateniente a su pesar– sale una noche de invierno de su refugio, el hotel, y va a una cuadra donde se encuentra encerrado un caballo salvaje que recientemente ha adquirido y comprado –lo cazaron para él–, lo saca del habitáculo donde está encerrado y deja que se marche, que huya, que vuelva a ser salvaje. Es un gesto simbólico pues él ha descubierto, en poco tiempo, las cárceles interiores que les hacen vivir en un limbo continuamente insatisfecho a él, a su joven esposa y a su hermana… pero son esas cárceles los que les mantienen unidos, dependientes y los que les hacen sobrevivir o buscar motivos para continuar.

Nuri Bilge Ceylan estructura su relato en largos diálogos entre distintos personajes en interiores con ventanas o puertas que dejan descubrir un paraje cubierto de nieve. Aydin con su ayudante o con distintos turistas, Aydin con su esposa o con su hermana, los tres juntos, su esposa y su hermana… Todo parece controlado y tranquilo en el hotel Othello, rústico y hermoso. Aydin es un intelectual con propiedades que tras abandonar su carrera como actor, mientras dirige el hotel y deja en manos de otros sus alquileres y arrendamientos, pretende escribir un libro sobre la historia del teatro turco. Un hecho trastoca la vida tranquila en el hotel Othello (un niño silencioso que lanza una piedra al cristal del todoterreno de Aydin y está a punto de provocar un accidente)… y las máscaras caen y las heridas surgen, el equilibrio se rompe. Nada es tan plácido como parece. Los personajes viven más bien una pesadilla de invierno que estalla en una catarsis etílica que devuelve la calma al caos. Pero ahora todos son más conscientes de sus cárceles interiores…, ahora solo queda seguir viviendo aferrándose cada uno a la máscara que le conviene.

El espíritu de Chejov se expande por el relato cinematográfico de Nuri Bilge Ceylan (él mismo cuenta que la base de su historia, cuyo guion ha trabajado junto a su esposa y colaboradora, se encuentra en tres relatos del autor ruso). Y a mi cabeza regresaron ambientes y catarsis de la dramaturgia de Chejov. Esos ambientes como aquí no pasa nada solo el tiempo y sin embargo dialogando te quito máscaras, te desarrollo conflictos y te muestro la melancolía que arrastra la vida a lo tío Vania o tres hermanas. El director turco desnuda a sus personajes a través del diálogo en un paraje peculiar y hermoso cubierto de nieve y nos lleva con ellos a un desprendimiento de máscaras y a un sentimiento trágico de la vida… Ese niño silencioso y su familia provocan un tsunami en la aparente tranquila vida del hotel Othello… y obliga a despertar a tres personajes de su plácido sueño…

Jauja (Jauja, 2014) de Lisandro Alonso

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Un viaje enigmático es lo que propone Jauja del director argentino Lisandro Alonso. Jauja empieza con un diálogo entre un padre y una hija donde esta expresa su deseo de tener un perro que la siga a todas partes. Después un cartel nos informa de que Jauja es una tierra mitológica y que todos aquellos que intentaron encontrarla se perdieron en el camino. Más tarde conocemos a ese padre que es un militar danés, Gunnar Dinesen (Viggo Mortensen), que parece trabaja para el gobierno argentino que lleva adelante, con crueldad y sin miramientos, la conquista del desierto de la Patagonia contra los indígenas autóctonos, “cabezas de cocos”, a finales del siglo XIX. Gunnar Dinesen ha viajado con su joven hija de 15 años, Ingeborg. Y esta a su vez se enamora de un joven soldado argentino y los dos huyen una noche por un paraje inhóspito.

Gunnar Dinesen emprende entonces un viaje para buscar a la hija perdida y poco a poco ese viaje va teniendo giros sorprendentes donde el elemento fantástico aparece en todo su esplendor cuando termina en la cueva de una anciana danesa con un perro. De pronto se interrumpe brutalmente el viaje iniciático y extraño de Dinesen para trasladarnos a un viejo palacio danés, en pleno siglo XXI, para ser testigos del despertar de una joven con el rostro de Ingeborg pero distinto nombre que tiene un perro (semejante al de la anciana) que ha sufrido su ausencia –parece que ella ha regresado de un largo viaje– y en su paseo por un jardín con inspiración romántica encuentra un soldadito de madera exactamente igual al que en su día encontró Ingeborg junto al soldado argentino, y que también fue el único rastro que pudo hallar Dinesen en su infructuosa (¿o no?) búsqueda y que entregó a la anciana de la cueva, que recibe el presente con inmensa ilusión.

Así Jauja encierra enigma y preguntas sin respuesta. Encierra al espectador en un viaje sin retorno y lo atrapa en la belleza de un espacio y un tiempo misterioso donde nada es lo que parece y donde las explicaciones racionales no tienen sitio. Lisandro Alonso realiza un planteamiento formal que ayuda a crear realmente un espacio mítico. Con un formato cuadrado (académico) con esquinas redondeadas y el color especial que imprime el director de fotografía Timo Salminen (que ha trabajado durante años con Aki Kaurismäki) así como una especie de evocación a viejos westerns con personajes que viajan sobre su caballo a tierras prometidas, Lisandro Alonso crea una enigmática y sugerente obra cinematográfica.

Mr Turner (Mr Turner, 2014) de Mike Leigh

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Mike Leigh decide llevar a la pantalla la vida de J.M.W Turner, pintor británico del siglo XIX, del que muchos espectadores (incluida la que esto escribe) tienen conocimiento de alguno de sus cuadros y una ignorancia absoluta sobre su existencia, su personalidad, el ambiente en el que se movía, las personas que conocía y las motivaciones de sus trazos. El director británico huye del biopic al uso y sus claves y entrega un retrato de Turner (Timothy Spall) apasionante…, así como también el retrato de uno de los personajes femeninos más tristes que se ha podido ver últimamente en una pantalla de cine.

En un momento, Turner habla con Mary Somerville, una mujer dedicada a la ciencia, sobre el color. Y este le dice que el color es contradicción. Y así realiza Leigh el retrato de Turner sobre las contradicciones que perfilaron su personalidad y su vida. Así refleja, entre otras contradicciones, su comportamiento radicalmente distinto con dos mujeres importantes en su vida: con su fiel ama de llaves, Hannah Danby (sorprendente Dorothy Atkinson) y con una encantadora viuda que vive en una casita frente al mar en Chelsea, la señora Booth (Marion Bailey). Hannah Danby es la mujer invisible y olvidada que vive para Turner sin que este tenga un dulce detalle con una mujer que respira únicamente por él. Mujer insignificante en muchos aspectos y tremendamente afectada (vemos el deterioro de su piel) por las pinturas y los productos que emplea Turner para la elaboración de sus cuadros… queda en el olvido y el dolor, ella se ha quedado con las sombras de Turner y le ha amado. La señora Booth se convierte en la Afrodita del amor, en el descanso del guerrero, en el refugio de un hombre que nunca se había sentido amado… y conoce la parte luminosa del pintor.

Mike Leigh captura a Turner en un momento doloroso de su vida, un momento que le trastocó y le sumió en una crisis personal, la enfermedad y la muerte de su padre. Además de llevarnos de la mano por la intimidad del artista (su compleja vida familiar), realiza una radiografía crítica por los espacios sociales y culturales por los que se movía (por ejemplo, muestra el ambiente y el funcionamiento de la Real Academia de las Artes británica), también despierta el interés hacia personalidades con las que se codeaba como otros pintores, críticos de arte, personalidades del panorama social y real…

Leigh hace hincapié en las sombras… para explicar al pintor de la luz. Con una ambientación detallista, descubrimos el mundo de la pintura y los colores (y la agresividad de los materiales que podía afectar a los pulmones y a las pieles), su universo visual, sus fuentes de inspiración… y un Turner que pincelada tras pincelada agazapaba sus múltiples sombras. También narra con belleza un momento de cambio…, Turner se acerca con curiosidad y suspicacia a un nuevo invento que abre otras posibilidades artísticas, el daguerrotipo… De nuevo el cine y la pintura ofrecen un diálogo rico que no acaba.

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Retrato de Aida (Retrato de Aida, 2014) de Antonio Gómez-Olea. Retrato en seis pinceladas

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Primera pincelada. Aida Folch

… y quizá el primer destello de Aida Folch en una pantalla de cine fue un poco de luz en el paisaje triste y sin esperanza de los personajes de Los lunes al sol. Despacio, y sin pausa, va construyendo su trayectoria cinematográfica. A veces hay casualidades que conforman las corrientes subterráneas que construyen una vida. Y cuando Antonio Gómez-Olea tenía claro que quería atrapar cómo se crea un retrato de la mano del pintor Guillermo Oyagüez Montero en un documental, apareció Aida Folch y la posibilidad de que fuese la modelo elegida. Y el proyecto se convirtió en real. Así la actriz, cuando estaban dando los últimos retoques para empezar el documental, les comentó que en esos momentos andaba casi terminando un rodaje, El artista y la modelo de Fernando Trueba. Así que sabía o intuía cuál iba a ser la naturaleza de la aventura en la que se embarcaba. Así como también podía tener claro la importancia del vínculo que se establecería entre la persona retratada y el que pinta.

Segunda pincelada. Guillermo Oyagüez Montero

Pintor malagueño que con un pincel y un lienzo encuentra su universo en el arte figurativo. Autorretratos y otros rostros, naturalezas muertas, paisajes… y un uso especial del color. Un arcoíris de tonalidades que le invadió e inspiró del todo cuando encontró una paleta inimaginable en la isla de Holbox, en México, su paraíso particular. Texturas, volúmenes, formas y colores… y el mundo en un lienzo. O en un retrato. El retrato de Aida… y el proceso atrapado por una cámara.

Tercera pincelada . Encuentros

Antonio Gómez-Olea orquesta el encuentro de manera sencilla. Imprime un ritmo. Y deja que fluya una conexión especial entre modelo y artista. El suspense se dibuja en la pantalla blanca. ¿Surgirá una cierta conexión?¿El retrato será terminado? ¿Merecerá la pena filmar los encuentros? Aida termina mostrando la persona que es, nada que ver con la imagen proyectada. Y ahí se tira sin trampolín, sin máscara en el rostro. Guillermo disfruta en el proceso pero cuenta también sus miedos de artista. Sus dudas sobre si plasmará en el lienzo lo que quiere y siente. Si el resultado final merecerá la pena…

La cámara de Gómez-Olea confía en que lo captado en el estudio del pintor sea el material de su documental. Proceso creativo. Diálogos. Preguntas y respuestas. Un paréntesis al paraíso del pintor… La isla de Holbox. Y el viaje del cuadro a su destino final: la casa de Aida. Y es cierto, no es necesario más material para realizar un plácido viaje a un proceso creativo concreto: la realización de un retrato.

Cuarta pincelada. El retrato

Y así el espectador se encuentra con el tercer protagonista, el propio retrato y la razón de este documental. Desde los bocetos, hasta los primeros trazos, las rectificaciones, los procesos del color, de las formas, del volumen… Y ante nuestros ojos el lienzo sufre una metamorfosis continua hasta el resultado final. La importancia de una mano, la dificultad de los pies, el toque rojo de unos zapatos, lograr captar una expresión: el contorno de unos ojos, la forma del cuello, el revuelo del pelo… El proceso creativo de un cuadro. En un espacio determinado, en un tiempo. Y en ese espacio y ese tiempo no irrumpe el exterior, si acaso el ruido que provoca una tormenta. Hay una intimidad y una complicidad especial.

Cuando no existía el cine, el retrato era lo más parecido al primer plano (pero a ese primer plano con significado y sentido dentro de un relato cinematográfico). Así el director se sirve del primer plano para deconstruir el rostro de Aida, para descubrir el detalle o para reflejar la mirada de Guillermo, el pintor. Su sonrisa, su mano, sus ojos, su cuello… Y a la vez también se plasma en la pantalla blanca el primer plano del artista que crea, que escucha, que duda, que mira, que contesta, que reflexiona… Retrato de Aida es la historia de una trinidad: la modelo, el artista y el retrato.

Quinta pincelada. Historias de otros retratos

La misteriosa complicidad e intimidad entre modelo y artista ha sido un tema reflejado en el cine. Porque de ese espacio íntimo y propio que crean surge la obra artística y su alma… y eso siempre ha sido un misterio difícil de desentrañar. De eso trataba La joven de la perla de Peter Webber o la propia El artista y la modelo de Fernando Trueba. No olvidemos que el poder de un retrato se ha convertido en elemento clave de una trama. Retratos que encierran incluso la eternidad. U otros que inspiran un amor imposible o una ensoñación al admirador del cuadro. Así nos vienen a la cabeza La mujer del cuadro, Laura o Jennie. Otros recogen la tragedia de una vida, un cuadro que termina convirtiéndose en mito como el retrato de la indígena María Candelaria.

El documental Retrato de Aida vive este proceso creativo como algo bonito, natural, sencillo y especial. Con poco riesgo formal, con un uso correcto del lenguaje cinematográfico pero sin experimentar con él, sino con un pincel-cámara que apuesta por captar y atrapar esa intimidad desnuda sin más.

La fusión entre actriz de cine, proceso creativo y pintura me trae a la cabeza un ejemplo real en sentido inverso. Y me explico. Un nombre: Andrée Madeleine. Esta mujer fue la última modelo de un ya muy enfermo Jean Pierre Renoir. Retratos impresionistas de la dama. Pero la misma mujer, se convirtió en la primera esposa de Jean Renoir, el hijo del pintor impresionista y cineasta con futuro. En sus primeras películas de cine mudo, su actriz protagonista fue Andrée Madeleine (pero con el nombre artístico de Catherine Hessling), la modelo que retrató su padre en sus últimos cuadros. En ese momento su rostro ocupaba en primer plano una pantalla de cine. Hace poco hubo una película de Gilles Bourdos que recreó esta historia.

Así la actriz Aida Folch, actriz de cine que proyecta una imagen determinada a sus espectadores, se convierte en modelo de un pintor que trata de encontrar la mujer detrás de la actriz, captar su esencia, su primer plano en la vida, y traspasarla a un lienzo. No basta una sesión de fotografía (que también es otro proceso interesante… pero eso es otra historia) y tomar una imagen para completar el cuadro… El pintor necesita de ese espacio y ese tiempo único e íntimo para captar ese algo que dará el toque a su cuadro.

Sexta pincelada. El tiempo

Retrato de Aida nos habla también del tiempo. El tiempo empleado para crear una buena obra artística. Un tiempo especial, sin prisa con calma. Sin segundos que corren. La pintura con detalle y matices. Con una mirada al interior. Donde hay tiempo para filosofar, reflexionar, conversar, conocer al otro y a sí mismo…, un tiempo para rectificar, corregir, volver a empezar, plasmar miedos, hablar de dificultades…, superar obstáculos y crear un retrato al óleo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La señorita Julia (Miss Julie, 2014) de Liv Ullmann

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Una buena obra de teatro puede sufrir varias metamorfosis apasionantes. Primera fase: el texto que vomita el autor. Segunda fase: la interpretación de cada uno de los lectores. Tercera fase: el análisis y estudio que realice el director de la obra para ponerla sobre el escenario. Cuarta fase: la mirada de cada espectador de teatro. Quinta fase: la representación contemporánea con el ‘tiempo presente’ del autor. Sexta fase: las representaciones con distintos directores y miradas de espectadores a lo largo del tiempo y en lugares e idiomas diferentes. Séptima fase: la esencia que atrapan cada uno de los actores que se meten en los personajes representados. Octava fase: el traslado del lenguaje teatral al cinematográfico. Novena fase: la distinta mirada y captura del espíritu de la obra por distintos directores de cine así como el sello que imprimen los actores cinematográficos. Décima fase: mirada del espectador de cine… Después de todo este proceso, que aún no ha terminado (una buena obra de teatro es un texto siempre vivo…), nos encontramos con La señorita Julia de Liv Ullmann. Y sin traicionar la esencia del texto y la dramaturgia de August Strindberg, la directora crea una película personal con una mirada propia y se ayuda además por un trío de actores que aportan su carisma y el arte de la actuación a la construcción compleja y rica de sus personajes (Jessica Chastain, Colin Farrell y Samantha Morton).

Primera ruptura con la obra original. Liv Ullmann crea una estructura redonda y por supuesto no emplea el escenario único: su película empieza con un breve flash back de una niña solitaria, la señorita Julia, en su enorme casa en un día clave de su vida (la niña es consciente de la muerte y la ausencia de la madre) y termina paseando en su hermoso y eterno jardín, casi un edén, recreándose con un juego en el río: ve cómo la corriente arrastra pétalos de flores. Cuando esa niña regresa hacia su mansión, vemos que ya es una joven… Y la película termina con una señorita Julia que vuelve a salir de esa mansión (su palacio de cristal-cárcel) para pasear de nuevo por ese jardín secreto y terminar en ese río donde volverá a jugar con unos pétalos de flores que finalmente se teñirán de sangre. Flores y sangre.

Liv Ullmann enmarca su película con dos muertes: la de la madre y la hija. Y todo lo que ocurre entre medias es en la noche de San Juan. Una noche de San Juan en una mansión aristocrática de Irlanda a finales del siglo XIX (no en Suecia como en la obra original). Una noche de verano festiva que va acompañada de rituales donde todo el mundo cambia de máscaras, como si todo estuviera permitido, hasta la luz del amanecer. Lo pagano se mezcla con lo religioso. Así nos introducimos en tres cárceles físicas y espirituales de tres personajes complejos y torturados que esa noche estarán solos en esa mansión. El conde, el padre de Julia, es un ausente presente…, esa noche festiva no está pero sí se encuentra siempre en boca de los tres protagonistas. Aunque la mayor parte de las escenas ocurren en el escenario original, la cocina. Sus personajes se mueven por otros aposentos de la casa, además de por el patio que rodea la casa. Y sabemos que hay jolgorio, además de por cómo nos lo cuentan porque escuchamos los ruidos externos.

La esencia de Strindberg, una tragedia naturalista, sobrevuela en una película con una puesta en escena elegante y una belleza formal continua que resalta más la dureza de muchos de sus diálogos y los actos de los personajes. Una película que hace hincapié en una lucha despiadada de poderes. Poderes entre hombre y mujer y poderes entre clases sociales. El cambio de roles es continúo. Los que están arriba, caen. Los que están abajo, se elevan. Y viceversa. La lucha es encarnizada. Y de nuevo es de esas obras (que se traslada perfectamente a lenguaje cinematográfico) donde se vislumbra el poder de la palabra. Que también puede ser destructivo.

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Pero Ullmann ofrece su mirada personal sobre la obra y la enriquece. Porque la directora trata de entender a sus personajes y convierte a los tres en verdugos y víctimas. Hace hincapié en este aspecto. Nos muestra el encarcelamiento de sus espíritus, el poco horizonte que ofrece la vida a los tres. Nos muestra sus máscaras oscuras pero también sus luminosidades. Y ese tratar entenderles, hace que desaparezca la misoginia compleja (y apasionante para analizar y estudiar porque además no impedía que el autor crease personajes femeninos de personalidades arrolladoras) del autor y que se centre más en las cárceles sin posibilidad de salida de sus personajes, en la brutal lucha de clases y la situación de la mujer relegada a la invisibilidad y a estrictos comportamientos sin posibilidad de libertad y desarrollo como la joven aristócrata encerrada en su palacio de marfil. O cómo cada uno trata de aferrarse a la felicidad como puede: unos soñando con proyectos imposibles (con alcanzar las alturas), otros aferrándose a la fe religiosa, otras creando una vida llena de mentiras de jardines secretos y amores de princesa donde el sexo es reprimido y aplastado…, hasta que esa noche de San Juan se quitan las máscaras brutalmente. Y las durezas y fragilidades de cada uno quedan en evidencia. Pero unos logran sobrevivir y otros no, la señorita Julia no cuenta con los instrumentos para aguantar los golpes y el dolor de la vida…

Uno de los aciertos más bonitos de Ullmann es dar una mirada especial y más relevancia al personaje de la cocinera. Así Samantha Morton logra plasmar una humanidad muy especial a su personaje, entendiendo incluso sus máximas contradicciones. Otra aportación magnífica de la directora (y actriz bergmaniana…, también se nota la huella de Bergman, otro admirador del teatro de Strindberg) respecto a la obra original es que los dos actos más relevantes de la obra que transcurrían tras bambalinas, ella nos deja que seamos testigos de esos dos momentos perfectamente resueltos (y que enriquecen la trama y los personajes): el encuentro sexual entre Julia y John, el sirviente, y el suicidio de Julia. Por otra parte, la directora es totalmente fiel no solo en los diálogos y lenguaje empleado sino a ciertos elementos imprescindibles de atrezzo: como la navaja, la jaula y el pájaro, la cerveza y el vino, la cocina, o el beso en el zapato y en la bota… y todo aderezado con sumo cuidado con piezas de música clásica donde destaca trío para piano número 2 de Franz Schubert que ya empleó magníficamente Kubrick para su Barry Lyndon.

La señorita Julia de Liv Ullmann es un disfrute por muchos motivos: porque parte de una obra de teatro potente, de tres actores que se entregan a fondo en la construcción de sus personajes, y de una elegante puesta en escena de la directora al servicio de una historia que se nota que conoce, ama y respeta.

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Tres buenos eventos cinematográficos en Madrid: Animaladas, Instituto Benjamenta y Un bigote para dos

1.- Animaladas en Verdi Kids

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La primera vez en una sala de cine de mi sobrina Vega, de dos años, ha sido con una sucesión de maravillosos cortometrajes de animación bajo el título genérico de Animaladas. Resulta que no solo disfrutó ella del evento, sino que su tía Hildy (acompañada de los padres de sus sobrinas, de Luna, su otra sobrina y ya cinéfila y de otra amiga de su sobrina y su madre) disfrutó de lo lindo con la propuesta. Estos cines apuestan por sesiones infantiles cuidadas, pensadas y bien elegidas que tratan de poner a disposición de los más pequeños un enriquecedor mundo cinéfilo. No había tenido oportunidad de asistir a ninguna sesión, y hacía tiempo que me apetecía, hasta esta ocasión.

Siete cortos de distintas nacionalidades, épocas y con distintas técnicas de cine de animación han sido todo un deleite. Todos los cortometrajes se servían del sonido del mundo animal y la música para contar sus pequeñas historias. El programa nos llevaba al descubrimiento de creadores checos, suecos, alemanes, americanos y franceses.

De todos, el más mágico y sensible o con el que por lo menos conecté al máximo fue El pájaro ballena (2011) de la francesa Sophie Roze. Un delicado y poético cuento entre un pájaro gigante y una niña lectora…, con un trazo sencillo pero hermoso y con apenas dos colores y todas sus gamas, marrones y negros, como si fueran delicados recortes de papel…

Después, uno de los cortometrajes clásicos de Warner, una creación de los años 30 de Rudolf Ising, Concierto marítimo… donde su alegre y musical protagonista termina en el fondo del mar y protagoniza un improvisado y genial concierto con aires de jazz… Todo en blanco y negro y con mucho ritmo.

De la animación checa dos cortometrajes de los años setenta de Zdenek Miler y Hermina Tyrlova. El grillo y el violín y La fiesta de la granja, respectivamente. Animación de un clásico checo con una vital historia de un grillo juguetón pero con mucha sensibilidad musical. Y el otro, de una de las creadoras checas más prestigiosas, sobre todo reconocida por su uso del stop motion y por el cuidado vertido en la construcción de sus marionetas… En esa fiesta de granja, unos animales realizados con trozos de fieltro cobran vida…

Desde Suecia las aventuras de un solitario y extraño conejo llamado Booo (2009), con el trazo sencillo de la creadora Alicja Jaworski. Booo y sus aventuras con tres traviesos amigos. Y desde Alemania otra pequeña joya…, un delicado sueño de una niña que hace que los monstruos de sus pesadillas protagonicen un peculiar coro. Se trata de La sinfonía de los monstruos (2012) de Kiana Naghshineh y también un trazo sencillo pero con una recreación mágica y especial del mundo onírico.

Por último la animación digital de la mano del francés Nicolas Deveaux con 5,80 metros donde descubrimos qué pasa en las piscinas públicas cuando están cerradas al público: que unas trabajadoras jirafas practican sus saltos desde los trampolines. Divertidísimo y espectacular.

2.- Instituto Benjamenta de los hermanos Quay y otras sorpresas en el ciclo Metamorfosis en La Casa Encendida

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Son varias las sesiones a las que estoy asistiendo en la sala audiovisual para entender los universos ricos, únicos y especiales de Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay. Estos creadores son los protagonistas de una magnífica exposición (que tuve la suerte de disfrutar ya en Barcelona y ahora en Madrid) que recomiendo con fervor: Metamorfosis. Visiones fantásticas de Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay.

Los cuatro creadores eran absolutamente desconocidos para mí y su descubrimiento ha sido un interesante hallazgo. Sus particulares universos arrastran a mundos fantásticos, a un entendimiento especial del cine de animación y de ficción, y a un conocimiento de referencias extraordinarias. Y los cuatro se comunican y dialogan entre sí y con otras apasionantes influencias del mundo de la pintura, la literatura, la ciencia… Y ponen de manifiesto de lo que es capaz la imaginación, de cómo se puede volar a otros mundos ajenos, mágicos llenos de fantasía. Donde la inocencia se mezcla con el miedo y la crueldad. Donde lo bello entra en contacto con lo terrible. Donde lo onírico y lo inconsciente permite el vuelo a lo inexplicable y extraño.

Entre las actividades paralelas a la exposición hay un interesante ciclo para conocer la obra cinematográfica de estos creadores así como el de otros creadores que influyeron en ellos o que ellos influyeron en tales…

Al último que asistí fue al largometraje de ficción de los hermanos Quay, Instituto Benjamenta. This Dream People Call Human Life (1996), una especial adaptación cinematográfica de una obra literaria de Rober Walser, Jakob von Gunten. El universo literario de este autor de principios del siglo XX es una de las inspiraciones de los hermanos para su peculiar universo. Un autor que arrastraba una depresión y melancolía continua… cuyos trabajos (como sirviente, empleado de banca o secretario) y su vida errante conformaron su personalidad volcada en sus manuscritos.

Instituto Benjamenta nos introduce en un extraño y cruel cuento de hadas (con toques de la bella durmiente, Blancanieves y la Bella y la bestia) bajo la óptica de un hombre desequilibrado. El instituto del título es una institución siniestra donde varios hombres son preparados con extraños métodos para servir a los demás. La institución la llevan adelante dos hermanos oscuros: un hombre distante y cruel y una mujer bella y amarga. Todo se desbarata en ese edificio de estancias con una vida propia, entre la pesadilla y los sueños hermosos, con la entrada de un último alumno introvertido pero que modifica el funcionamiento de la institución.

Los hermanos Quay crean espacios imposibles en un onírico y melancólico blanco y negro. Una película rara, inquietante, sensual e hipnótica con imágenes hermosas y surreales que atrapan a un espectador que se encuentra con un universo muy especial. Instituto Benjamenta muestra un especial mundo de objetos y habitaciones que desconciertan como la vara, una pezuña de ciervo, de la maestra o el espacio vacío donde solo hay una extraña pecera con un pez. Sus protagonistas son actores de carne y hueso que habitan un mundo mágico y desasosegante.

3.- Investigación cinematográfica. Proyección de Un bigote para dos de Tono y Mihura en el cine estudio del Círculo de Bellas Artes

Después de años de investigación cinematográfica, Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo han recuperado, como les gusta puntualizar, una aproximación de lo que pudo ser Un bigote para dos de Tono y Miguel Mihura. Un experimento cinematográfico (ya con antecedentes… y también con ilustres ejemplos posteriores a su fecha de creación, recordemos lo que hizo Woody Allen en uno de sus primeros proyectos cinematográficos en 1966 al doblar una película japonesa de espías para convertirla en la absurda Lily, la tigresa) que recurre a películas ya realizadas de otros países y doblarlas con diálogos absolutamente delirantes construyendo una historia absolutamente diferente o ofreciendo otro punto de vista narrativo.

Un bigote para dos se estrenó en los cines durante el año 1940. No fue mal recibida por la crítica pero sin embargo el público no logró conectar con ese experimento de humor absurdo. Además la película se enfrentó a una polémica y es que Enrique Jardiel Poncela arremetió contra sus creadores y consideró un plagio y un robo esta creación. Él decía que era exactamente lo mismo que él hizo años atrás, en 1933, con seis cortometrajes de cine mudo a los que tituló Celuloides rancios por un encargo de un gran estudio (la Fox).

Desgraciadamente se habían perdido las posibles copias originales de Un bigote para dos. Por suerte los historiadores han logrado encontrar la película original, una mediocre opereta austriaca, Unsterbliche melodien, 1935 sobre los amores de Johann Strauss hijo. Y sobre ella, ya que sí se conservaba el guion de Tono y Mihura, han sobreimpreso los subtítulos con todos los matices especiales de sus creadores (voces de la conciencia, efectos visuales, escenas que eliminaron del original, voces fuera de cuadro…, etcétera).

Los dos historiadores además de contar con un blog, escribieron un apasionante artículo narrando toda la historia y la creación de esta obra en la revista Caimán del mes de noviembre. Entre otras cosas explican la experiencia cinematográfica de estos dos creadores, que pertenecían a esa otra generación del 27. Tono fue uno de los españoles que viajó a Hollywood cuando a principios del cine sonoro no existía todavía el doblaje y se planteó el realizar copias de las películas americanas con actores españoles o de América Latina. Se necesitaban escritores que pudieran adaptar al castellano los guiones. Y Mihura trabajó junto a su hermano (que sería también un director de cine), cuando ya existía el doblaje, en los estudios Fono-España para entre otras cosas ajustar adecuadamente los diálogos en las películas dobladas.

Los que pudimos asistir a la primera proyección que se realizaba en el cine estudio del Círculo de Bellas Artes (anteriormente se había realizado el estreno de este buen proyecto histórico en la Cineteca del Matadero), escuchamos también a un entusiasta Felipe Cabrerizo contando con pasión todos los pormenores y contextualizando la obra cinematográfica que íbamos a visualizar. Además tuvimos un regalo extra: uno de los cortometrajes de Enrique Jardiel Poncela, divertidísimo, Los ex presos y el expreso.Y ni más ni menos que el cortometraje empleado para los subtítulos de Poncela (originalmente era su voz lo que escuchaba el público que acudía a la proyección) es el mítico Asalto y robo de un tren de Edwin S. Porter. Después disfrutamos de los delirantes y absurdos diálogos de Un bigote para dos que crean una divertida comedia de lo más alocada. Las risas eran inevitables. Y un deleite participar, como espectadora, en tal descubrimiento e investigación. Así pasamos la tarde entre señores con bigote, una desgraciada enamorada que tiene voz de hombre, otra que le roba el novio, personajes que se regalan patatas fritas con forma de flores, otros que van a espectáculos donde hay suculentos menús en escena, tristes citas suspendidas a la plaza de toros y el señor con bigote protagonista que siempre le anda siguiendo una molesta voz de la conciencia…

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Diccionario cinematográfico (215)

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Tíos y tías: de nuevo menciono Magia a la luz de la luna y un personaje, la tía de Stanley, Vanessa (Eileen Atkins). Mujer extravagante y encantadora que recuerda el importante papel en la pantalla blanca de los tíos y las tías que no son otros, como dice la RAE, que “respecto de una persona, hermano o hermana de su padre o madre”. Y esa persona claro está es el sobrino o sobrina.

Así siguiendo su estela… nos topamos con otras tías extravagantes y se nos cuela un tío también, extraño pero entrañable. Por ejemplo podemos encontrarnos con Auntie Mame que no puede tener otro rostro más que el de Rosalind Russell. O cruzarnos con una tía con cara de Maggie Smith… que viaja una barbaridad. Pero quizá nos apetezca más montar en bicicleta al lado de un tipo peculiar… Jacques Tati le dedicó una película especial, Mi tío. ¿Y quién no quiere perderse por su rocambolesca casa?

Otra tía de cine contemporáneo ha dejado huella recientemente. Se trata de la tía Wanda, una mujer aparentemente dura y fuerte que se va resquebrajando cuando inicia un viaje doloroso al pasado junto a su sobrina, una monja. Para conocerlas hay que visitar una Polonia en blanco y negro en Ida de Pawel Pawlikowski.

Pero hay tíos siniestros y oscuros. No nos olvidemos nunca del tío Charlie con cara de Joseph Cotten. Se lo hace pasar fatal a su sobrina en La sombra de una duda. Y su sombra es alargada en otro tío actual, también llamado Charlie, que crea una extraña relación y vinculación con su sobrina. Hablo de Stoker de Park Chan-wook.

Y en el cine patrio nos vamos a quedar con una trágica entre las trágicas, La tía Tula, una mujer amarga con rostro de Aurora Bautista y con un perdedor (Antonio Vico), pero el mejor de los hombres para su sobrino, Mi tío Jacinto.

También hay tíos que representan un mundo triste y cobarde, monótono y gris, en un hogar en el que no es agradable volver… Si no que se lo pregunten al más joven de los paracaidistas de Los temerarios del aire cuando vuelve a su ciudad natal y a recuerdos dolorosos en casa de sus tíos, los Brando (Deborah Kerr y William Windom). Hay tristes tías maltratadas y un poco alcohólicas que recuerdan tiempos pasados… que solo consiguen respeto de una sobrina que es buena persona. No hay más que adentrarse en el mundo de La loba y conocer a la pobre Birdie (Patricia Collinge).

En el cine italiano no faltan los tíos y las tías. Así nos quedamos con las tres inseparables tías solteras, que lo mismo se ríen que tienen una batalla campal, de La familia de Ettore Scola.

Hay tías ancianitas, amables y caritativas, que esconden tremendos secretos a su sobrino Mortimer. Solo por hacer lo que consideran buenas acciones… Podemos tomar con ellas un cafetito con pastas en Arsénico por compasión. Y también podemos escuchar una clase de literatura de un tío homosexual, triste y suicida (Steve Carell), a la vez un hombre tierno, en Pequeña Miss Sunshine.

… los tíos y las tías son personajes cinematográficos imprescindibles… La tía Vanessa con sus consejos, con algo de magia, a su sobrino Stanley nos lo ha recordado.

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Magia a la luz de la luna (Magic in the moonlight) de Woody Allen

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Sophie (Emma Stone) percibe “impresiones mentales” que le hacen adivinar los secretos ocultos del alma de toda persona que se relaciona con ella. En ella, en esa joven, está el misterio, lo inexplicable de la vida, y lo demuestra en sus sesiones de espiritismo en las que logra conectarse con el más allá. Así Woody Allen vuelca también sus “impresiones mentales” en su última película Magia a la luz de la luna y bajo una aparente y sencilla comedia de amor, emulando a las screwball comedies y la guerra de sexos, filosofa sobre los grandes temas que le han preocupado siempre a lo largo de su filmografía.

Así Woody Allen vuelve a hacer un viaje al pasado, a los locos años 20, a Europa (ya lo hizo hace relativamente poco en Midnight in Paris) y nos presenta a un mago racional y pesimista, ególatra y narcisista (elegante Colin Firth)… que trata de desenmascarar a una joven médium y a su madre que están, en teoría, engañando y desplumando a una millonaria familia. El encargo viene de otro mago, mejor y único amigo del protagonista y amigo a su vez de la supuesta familia estafada. Así que Stanley, que así se llama nuestro escéptico mago, se ve enredado en la mirada y la sonrisa de Sophie. De pronto, ella con su misterio y como portadora de lo inexplicable da un sentido a la vida, una explicación posible a la nada, una esperanza… Y el escéptico se siente vencido y arrebatado. De pronto descubre que quizá no todo es tan lógico y a la vez tan sin sentido, y que tal vez haya más magia de la que imagina.

La presencia de la magia o del espiritismo no es nuevo en la filmografía de Woody Allen. Es como si el director tratara de que sus personajes lograran una cierta tranquilidad en su relación con lo inexplicable, alimentando esperanzas. Como si lo racional y lo lógico no hiciera feliz a sus personajes y sí dejarse llevar por lo misterioso, por lo que el ser humano no puede explicar pero siente que está ahí, por esas “impresiones mentales” que emanan por el aire. Así Allen se ha dejado llevar por la magia y el espiritismo o incluso por los viajes en el tiempo en La maldición del escorpión de sangre, Scoop o Conocerás al hombre de tus sueños… Personajes que encuentran un motivo para vivir e ilusionarse.

Así Allen crea un inteligente debate sobre la razón y lo espiritual bajo una aparente sencillez (y parece que este debate está últimamente en varias películas en cartelera pero en forma de ciencia ficción). Y esa sencillez hace que nos metamos de lleno, tanto en la descripción de los personajes como en los acontecimientos que transcurren, en una elegante screwball comedy con guerra de sexos de fondo. En Sophie y Stanley hay ecos de grandes comedias clásicas dirigidas y escritas por Preston Sturges o dirigidas por Mitchell Leisen o Howard Hawks. Sophie es el elemento discordante, que viene de otro lugar y de otra clase social, a poner patas arriba el mundo de unos excéntricos millonarios. Y sobre todo a desmoronar la ordenada y construida vida de Stanley, mago de éxito (pero como una profesión cualquiera que tiene su fruto por el arduo trabajo) y a punto de casarse con la mujer más perfecta y racional que existe. Sophie siembra un delicioso caos, como buena heroína de un screwball. No puede faltar la alegría chispeante de una canción de Cole Porter ni el disparate siempre presente en este tipo de comedias con personajes tan especiales como un joven millonario que canta fatal con un ukelele a su amada, y nunca se agota, o su madre que es feliz al poder hablar desde el más allá con su señor marido y preguntarle si alguna vez le fue infiel… O una tía encantadora, excéntrica y solitaria que conoce como nadie a su en el fondo triste sobrino…

Todo regado con un romanticismo elegante donde no falta la tormenta que obliga a Stanley y a Sophie a ocultarse en un observatorio. En un momento dado, pueden ver el cielo estrellado. Stanley le ha explicado a Sophie que esta visión le parecía amenazadora cuando era un niño. Como si el Universo le aplastara y fuera evidente su insignificancia y lo incomprensible del mundo. Sophie mira ese cielo y le pregunta que si realmente le parece amenazador, que si no lo ve simplemente romántico… ¿Hay forma más sencilla e inteligente de reflejar la magia a la luz de la luna? ¿Hay forma más sencilla e inteligente de mostrar la convivencia entre lo racional y lo espiritual?

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