Dos mentes enfermas: El demonio bajo la piel (The killer inside me, 2010) de Michael Winterbottom / Martha Marcy May Marlene (Martha Marcy May Marlene, 2011) de Sean Durkin

… Dos películas que exploran mentes enfermas. Dos películas inquietantes no redondas pero que sí logran una atmósfera incómoda y que el espectador se haga preguntas frente lo que está viendo e indague en la parte oscura del cerebro humano.

La primera se esconde bajo la apariencia de cine negro años cincuenta en un ambiente sureño (sol, mucho sudor, mucho calor). La segunda bajo una factura de cine independiente con fondo psicológico que parece hacer una crítica a un tipo de vida pero juega siempre en el terreno de la ambigüedad.

Dos trabajos para analizar con sus luces y sus sombras. A mi parecer la idea de Michael Winterbottom (realizador impredecible que sin embargo tiene obras tan interesantes como En este mundo, Tristram Shandy o La doctrina del schock) podría haber creado una película brillante pero finalmente falla su mecanismo. Sin embargo el debutante Sean Durkin sí que juega más a la ambigüedad y logra un resultado más impreciso y por ello inquietante.

El demonio bajo la piel (The killer inside me, 2010) de Michael Winterbottom

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Lo que no está conseguido del todo es esa voz en off del ayudante del sheriff, Lou Ford (un alucinante Casey Affleck) que es la clave de toda la película y el hallazgo interesante… porque esa era la voz que se tenía que haber mantenido hasta el final (ése es el único punto de vista posible para entrar de lleno al viaje terrorífico que propone) de tal forma que toda la historia la viéramos a través de su mirada para agobiarnos mucho más. Y a veces nos perdemos en esa mirada… y parece que es el director el que está observando. Si hubiese habido una total confianza tanto en la voz en off como en la mirada de Lou Ford muchos todavía no habríamos despertado de la pesadilla.

Porque la historia es una apuesta fuerte al retrato de un asesino con fuertes problemas de salud mental en la figura de un posible personaje de cine negro, un ayudante del sheriff. Lo que pasa que lo tremendo es cuando el espectador se da cuenta que no hay ambigüedad posible en el personaje, que no tiene luces y sombras, sino una oscuridad temible. Así Winterbottom emplea todo el arsenal del noir pero en manos de un desequilibrado mental (y a veces logra agobiar en exceso). Así el pesimismo y el lado oscuro de la personalidad de Lou se va adueñándo de una turbia historia.

Nos adentramos en un universo lleno de sombras (pero a través de sus ojos y mente enferma) donde las relaciones se tornan muy peligrosas y la violencia campa sin sentido alguno (y de manera totalmente gratuita… y eso genera más incomodidad) hasta un final caótico. El director se encuentra también excesivamente preocupado en mostrar la naturaleza quebrada y traumática de su protagonista… así se crean a veces escenas innecesarias sobre el pasado que crean más confusión todavía que matices al personaje principal.

Michael Winterbottom deja así una película violenta de visionado incómodo donde su principal recurso no está del todo conseguido y deja por eso un sabor de boca todavía peor. Tanto es así el laberinto que arma el personaje principal que desemboca en un final absolutamente absurdo para encontrar una salida (pero más bien parece que es Winterbottom el que no sabe qué hacer con su personaje principal). Pero sí muestra en algunos momentos (y en algunas interpretaciones) que El demonio bajo la piel podría haber sido una obra cinematográfica perturbadora, enfermiza y muy bien hecha. Supongo que la novela de Jim Thompson también tiene la voz de Lou Ford y me gustaría ver cómo resuelve que el lector se meta en el universo de un desequilibrado… quizá Winterbottom tenía las soluciones entre las páginas del libro.

Martha Marcy May Marlene (Martha Marcy May Marlene, 2011) de Sean Durkin

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De nuevo nos situamos en la cabeza y mirada (en sus recuerdos, paranoias e imágenes ¿reales?) de una persona con desequilibrio mental. Y esta vez el debutante Sean Durkin logra transmitir la inquietud del desdoblamiento y la quiebra del personaje principal (una vulnerable y creíble Elizabeth Olsen). Así el espectador pulula entre ese presente descorazonador de Martha (una de sus identidades) que lejos de reconfortarla también la enferma y desubica (una familia disfuncional que la hace revivir continuos traumas) y ese pasado reciente en una secta de rituales inquietantes.

Así Martha huye (su personaje siempre huye) y termina en la casa de su hermana y su cuñado que también viven en un mundo ritual y sectario… y esa es la vuelta de tuerca y el acierto de Martha Marcy May Marlene. Porque pone al espectador frente a frente con una vida ‘aparentemente’ normal pero que también es capaz de enfermar a las personas vulnerables como Martha. La protagonista se encuentra desubicada y extraña en el proceso y limpieza cerebral que vive en la secta (con un líder que va dando mucho miedo con la cara de John Hawkes que tiene una de las mejores escenas cuando toca una canción a guitarra) pero también en su adaptación a una vida que la imponen como normal, de la que no puede cuestionar o discutir.

Martha Marcy May Marlene juega a no darnos la información suficiente. A dejarnos siempre en la ambigüedad. Y sobre todo nos deja al descubierto que Martha tiene difícil salir de su paranoia en otro ‘espacio’ opresivo. Lo más desconcertante es ese final en el que ya no distinguimos, como su protagonista, qué es lo que se está imaginando y qué es real… y sobre todo si su manía persecutoria es una triste verdad…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Atrapar la vida con la cámara…

Atrapar la vida con la cámara… un instante de realidad y convertirlo en cine. Ahora mismo pueden disfrutarse tres propuestas cinematográficas que atrapan la vida y la muestran al espectador (estas tres obras han podido verse y algunas todavía pueden verse en la programación de febrero de la Cineteca de El Matadero en Madrid. También se encuentran en el circuito de las salas de exhibición excepto una de ellas que sí se encuentra en DVD). Tres propuestas muy distintas pero las tres llenas de posibilidades, reflexiones y miradas.

Mapa de Elias León Siminiani

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Hay dos mapas en la propuesta de Elias León Siminiani. El del propio viaje que emprende a la India y el que luego marca en distintos lugares de la geografía española. Éste es un mapa físico que puede seguirse con un dedo… Pero después está el otro mapa. Y es el sentimental. El viaje del cineasta por los recovecos de su existencia que se mece en distintos paisajes y con distintos estados de ánimo para contar una crónica de amor no correspondido. Un viaje de sentimientos, en otro tempo. Así como Marilyn Monroe creaba sus dos mapas en uno en Bus Stop donde con su carmín pintaba en un mapa de carreteras la historia de su vida, Siminiani se sirve de su cámara para reflejarnos estos dos mapas en uno. Así queda para el espectador el diario fílmico e íntimo del realizador que empieza un día de 2008 y termina en 2011.

Lo interesante de la propuesta es que Siminiani presenta una obra cinematográfica perfectamente construida y ensamblada en la que muestra al espectador el material de su propia vida pero con los recursos cinematográficos de la narración fílmica. Es decir, y para entendernos mejor, emplea recursos de ficción en su forma de contar (lenguaje cinematográfico) para atrapar su propia realidad. Para atrapar lo que le está pasando y lo que quiere contar. De esta manera todo lo que vemos, según nos cuenta el director es absolutamente cierto (el material, no lo olvidemos, es su propia vida), pero el envoltorio o la manera de presentarlo se beneficia de la magia del cine. De hecho de las mejores experiencias que se puede tener es ver Mapa y después asistir a un coloquio con el propio director porque es una obra cinematográfica para diseccionar y analizar.

En un momento dado en Mapa el director viaja a India y allí nos relata otro viaje de dos personas en el pasado a este mismo país. Ahí nos encontramos con la clave de la mirada de Siminiani y su propuesta. Nos explica que fueron a la India Passolini y Moravia (con su compañera Elsa Morante). Después ambos escribieron sobre sus experiencias de viaje: Passolini desde lo emocional, se empapó de todo lo que sentía y Moravia desde el observador que se distancia y describe (analiza). Ahí se encuentra la metáfora de Mapa. Siminiani construye y elabora su propio mapa emocional de una manera reflexiva y controlada, manejando perfectamente lo que cuenta y cómo lo cuenta pero sin embargo el material con el que trabaja son sus propias vivencias y emociones. Os aseguro que el resultado es de lo más sugerente.

Correspondencia Jonas Mekas- José Luis Guerín

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La correspondencia filmica entre Jonas Mekas y José Luis Guerín forma parte de un proyecto colectivo realmente hermoso (que puede disfrutarse en DVD) donde varios cineastas se intercambian cartas visuales. El proyecto empezó en 2006 con el intercambio entre Victor Erice y Abbas Kiarostami (la única correspondencia que no está presente en el pack de DVD). El resultado fue tan satisfactorio y rico que se amplió a otras correspondencias visuales (Albert Serra/Lisandro Alonso, Isaki Lacuesta/Naomi Kawase, Jaime Rosales/Wang Bing, Fernando Eimbcke/So Yong Kim). La puesta en marcha de esta idea, que es puro amor al cine, y la difusión de estos trabajos cinematográficos ha sido gracias a la implicación de instituciones como el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona junto a La Casa Encendida así como posteriormente otros organismos culturales.

La correspondencia que nos ocupa atrapa los procesos creativos de dos realizadores diferentes en sus miradas pero que sin embargo establecen un diálogo fílmico lleno de posibilidades y riquezas. Así se elabora una correspondencia de nueve cartas visuales: cinco de José Luis Guerín (que abre y cierra el proceso) y cuatro de John Mekas. La reflexión y la construcción consciente de la imagen frente a la vitalidad y la impulsividad del presente. Guerín y Mekas. Un diálogo fílmico lleno de imágenes y reflexiones para atrapar al vuelo enunciados sobre la necesidad de filmar. Sobre la capacidad del cine para atrapar la vida. Sobre la capacidad del cine para descifrar el presente o lo que nos rodea, las relaciones del hombre con sus circunstancias, las relaciones del hombre con la naturaleza. Sobre la capacidad del cine para la nostalgia, la memoria y la posibilidad del sueño…

Estas correspondencias en su itinerario permiten además un análisis interesantísimo sobre la forma de mirar de los distintos cineastas y siempre se agradece un coloquio posterior para enriquecerse con la propuesta. Así ocurrió con esta correspondencia que pudo verse en la Cineteca con la valiosa presencia del director de Caimán. Cuadernos de cine, Carlos F. Heredero. Entre los espectadores que se quedaron después de la proyección y Carlos F. Heredero surgió otro diálogo que trataba de desentrañar lo recientemente mirado y vivido.

Marina Abramovic. La artista está presente de Matthew Akers y Jeff Dupre

Marina Abramovic

El cine documental para atrapar el arte y sus distintas manifestaciones. Matthew Akers realiza un retrato visual sobre una mujer que trabaja con su propio cuerpo. Su cuerpo es el formato de su arte. Marina Abramovic se convirtió en una pionera en los años setenta de la performance.

El documentalista se centra en la trayectoria pública y privada de la artista montenegrina para plasmar el impacto de su obra retrospectiva en el MOMA de Nueva York en el año 2010. El valor máximo de esta propuesta es que Marina (y puede que de manera inconsciente) es presentada con todas sus luces y sombras. Con todas sus contradicciones en el transcurso de su propia obra artística. A mí me pudieron las sombras, no conecté absolutamente nada con Marina. Pero en una conversación posterior con una amiga (especializada en arte contemporáneo) pude apreciar la importancia de Abramovic (o de por ejemplo otro artista singular que también tiene un documental que actualmente se está exhibiendo, Ai Weiwei): y es cómo ellos tratan de expresarse ante el mundo en el que viven de una manera diferente y cómo buscan otras maneras creativas de analizar y entender el presente en el que existen. Y esas maneras son estímulos para llegar a unos espectadores que conectan o no con su forma de comunicar.

Me resultó interesante comprobar (no conocía absolutamente nada de Marina Abramovic) que yo no lograba conectar con su universo creativo pero sin embargo el documental muestra cómo muchas personas conectan con la artista de una manera total y absoluta, llegando casi a la adoración mística. Y he de reconocer que la performance del MOMA tiene una fuerza visual increíble en el documental. Durante tres meses la artista se sentó en una silla y durante el horario del museo permanecía estática. Frente a ella se sentaban personas que asistían a la retrospectiva. Y tan sólo se miraban. Dos rostros que se miran y distintas emociones son mostradas en una cámara que no puede engañar (pero sí seleccionar… me llamó la atención que casi todos los que se ponían frente a ella se mostraran casi en estado de éxtasis y que sin embargo apenas haya muestras de gente indiferente o que se ría o que se sienta ridícula…).

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Ararat (Ararat, 2002) de Atom Egoyan

Genocidio: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad.

Diccionario de la Real Academia Española

 

Ararat es una interesante obra cinematográfica donde el director armenio-canadiense Atom Egoyan aborda de una manera intelectual (casi un ensayo) el genocidio armenio por los turcos a principios del siglo xx.  Así llama la atención cómo cuenta esta historia y la estructura que propone Egoyan en la película. Ararat no pretende emocionar (o por lo menos a mí me dejó cierto aire de frialdad y distanciamiento) sino exponer algunos planteamientos y reflexiones del director-creador a través de una película de ficción. Y por eso puede chocar o parecer que no es absolutamente redonda, lo que sí plantea es una propuesta para ser desmenuzada y analizada en profundidad.

El primer valor de Ararat es que sea una película que trata de acercarse a un hecho histórico apenas tratado en el cine (me viene a la cabeza una película que no he visto de los hermanos Taviani, El destino de Nunik) y todavía desconocido (además de polémico pues todavía no es reconocido, sobre todo por el propio Gobierno turco pero también por otros países, si realmente se produjo en el año 1915 un genocidio… y éste es un punto desconcertante y dramático porque relega a todo un pueblo al olvido y a obviar su sufrimiento) desde una perspectiva original: ante la condenación al olvido, ante la negación de la memoria, ante la negación de una realidad cruel, ante la impotencia de unos supervivientes que tratan de enteder su historia y otros que se lo niegan… la posibilidad del arte de transmitir una verdad a través de distintos lenguajes expresivos, de atrapar el sufrimiento e impotencia de un pueblo, el evitar el olvido de los que perecieron… Pero no sólo es ésta la única manera de acercarse a ese intento de recuperación de la verdad y la memoria lo que plantea Ararat sino que hay otros caminos que de alguna manera marcan en el presente a cada uno de los personajes.

Atom Egoyan en su estructura introduce varios personajes clave que afrontan de distinta manera ese ‘olvido impuesto’ y convierten Ararat en una denuncia inteligente. Hay una presencia en toda la película que de alguna manera une a todos los personajes y es una figura histórica, un superviviente del genocidio armenio, que pudo llegar a EEUU. Esta figura histórica es un artista, un pintor, que vivió en su piel el genocidio. Arshile Gorky, un pintor de vida atormentada, que arrastró su pasado (y diferentes etapas de asumir ese pasado que él mismo quiso olvidar)… Ararat nos lleva a su estudio y a la creación de un cuadro a través de una fotografía. La única fotografía que posee Gorky junto a su madre poco antes del exterminio. La fotografía que documenta su pasado, la fotografía que recuerda que tuvo una madre que murió en la deportación… La fotografía que muestra una infancia arrebatada, que se convierte en tormento porque le conecta con un pasado que no le dejan que aflore.

Esta figura histórica es un personaje de una película que está realizando un renombrado director armenio (Charles Aznavour) que quiere plasmar el genocidio de su pueblo y dejarlo reflejado en una película que trata de recoger su visión como superviviente (quiere extraer la esencia de ese genocidio según su punto de vista y se tomará ‘licencias poéticas’ para poder llegar más al espectador lo que quiere contar… como que el monte Ararat —un símbolo— se vea desde un balcón desde el que es imposible su visión. Pero es una verdad que sale de su interior y ‘recrea’ esa verdad que sale de las entrañas) y reconstruir sus recuerdos (y todo lo que le contaron). El director explica que lo que más le duele es no entender todavía cómo fueron tan odiados y como ahora que no les dejan recordar, siguen siéndolo. Qué fue lo que motivó ese exterminio… cuando eran también ciudadanos turcos…

Arshile Gorka también es el personaje central del nuevo libro de una historiadora armenia (Arsinée Khanjian) que se acerca a la verdad a través de una exhaustiva documentación. Que trata de entender con testimonios y acercamiento a la historia con rigurosidad qué pasó y cómo esto sigue marcando a su pueblo (su primer marido murió cuando intentaba asesinar a un diplomático turco y es señalado en EEUU como terrorista). Ella es contratada como asesora histórica en dicha película y trata de entender esas ‘licencias poéticas’ que el director pone en imágenes para acercar su verdad.

En dicha película trabaja también como conductor el hijo de la asesora, un joven (David Alpay) que trata de entender al padre ausente y al que le remueve algo en su interior el rodaje (y también las difíciles relaciones entre su madre y su novia) y trata de encontrar la verdad (el origen) del genocidio viajando a Turquía y filmando aquellos sitios que pueblan los recuerdos de los supervivientes. Encontrar la verdad desde la emoción, desde el viaje y el descubrimiento. Captar la tierra del olvido, las huellas del genocidio…

Ahí también se encuentra un actor de origen turco (Elias Koteas) pero nacido en EEUU que se mete en la piel de Jevdet Bay, gobernador de Van (una de las regiones más castigadas y donde el pueblo armenio trató de resistir ante el asedio turco), y uno de los perpretadores del genocidio. Él hace otra interpretación de la historia, cree que hubo un enfrentamiento armado entre armenios y turcos durante la Primera Guerra Mundial y que eso es muy distinto a un genocidio. Apuesta por vivir el presente y seguir en el olvido.

Uno de los actores principales es un norteamericano que se mete en la piel de otro personaje histórico, Clarence Ussher, un doctor norteamericano que trabajaba para la Cruz Roja y fue testigo presencial de la masacre de Van. Después trató de testimoniar lo que vio en un libro e instaba a los armenios que lograban salir del país que contaran su verdad, que avisasen sobre la masacre, que informaran… El actor se empapa del genocidio armenio a través de las memorias del doctor norteamericano y cree totalmente en lo que cuenta. Se identifica con él.

Así llegamos al policía de la aduana (Christopher Plummer), que está a punto de jubilarse, y entrevista al joven armenio que ha viajado hasta Turquía y trae unas ‘misteriosas’ bobinas de películas de 35 mm. Entrevista que articula parte de la película. Plummer estará unido al joven por una serie de casualidades y escucha toda la historia del genocidio armenio a través del relato del joven. Y conecta con la tragedia y con el joven a través del sentimiento y de las complejas relaciones paterno-filiales. Siente esa búsqueda de respuestas que vive el joven, ese querer comprender al padre ausente…

Atom Egoyan presenta las imágenes del genocidio no como un flash back a un pasado real sino mostrando una película dentro de una película. Lo que vemos es el horror según lo reconstruye el director armenio Edward Saroyan (que encarna el cantante de origen armenio Charles Aznavour) que quiere expresar su dolor y negarse al olvido. Que quiere mostrar lo que ocurrió desde su particular mirada. Así en su manera de mostrar la tesis de su ensayo, Egoyan me recuerda a la técnica que empleó Harold Pinter para adaptar la novela de Fowles a la pantalla, La mujer del teniente francés, película que dirigió Karel Reisz.

Así Egoyan construye un peculiar ensayo (y muy complejo porque permite múltiples miradas) sobre las ‘formas’ de recuperar la memoria y lograr contar la verdad de un acontecimiento que se quiere relegar al olvido y las consecuencias dolorosas que esto genera en las distintas generaciones.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons 

Medianeras (2011) de Gustavo Taretto

Necesitaba una película linda a ser posible del denostado género de la comedia romántica (pero como todos los géneros plagado de sorpresas y buenas obras cinematográficas)… y encontré la medicina, el remedio, en una película argentina que apenas duró unos días en sala de cine el año pasado pero que me quedé con muchas ganas de visitarla, Medianeras de Gustavo Taretto. La espera mereció la pena… he podido ver justamente lo que quería, una película linda.

Sus pequeñas imperfecciones no empañan una historia tierna y bien contada sobre dos personajes que viven cerca pero no se encuentran en la gran ciudad de Buenos Aires. Dos personajes que intuimos que si logran coincidir en el tiempo y en el espacio están condenados a conocerse y acabar con sus respectivas soledades…

Él es diseñador de páginas webs. Y vive en una apatía continua encerrado en su caja de zapatos y comunicado con el mundo a través de Internet. Un mundo virtual. Su estado se debe en parte al abandono de una novia que se fue a Nueva York y ya no regresó. Ella es arquitecta pero no ejerce, vive en otra caja de zapatos, y se dedica a la decoración de escaparates, vive rodeada de maniquíes sin vida y ha dejado una relación larga con su novio. Su libro favorito es ¿Dónde está Wally? Y nunca lo encuentra en las páginas dedicadas a Wally en la ciudad. Lo busca y lo busca y no lo halla entre la multitud. Él se llama Martín. Ella se llama Mariana. Y continuamente se cruzan pero no se encuentran.

Gustavo Taretto realiza su primer largometraje abordando las posibilidades de un cortometraje con el mismo título (y los mismos personajes) que realizó en 2004. Medianeras nos habla de la soledad y la incomunicación en las grandes ciudades. Explica que las nuevas tecnologías no pueden sustituir el calor humano sino complementarlo. Habla del destino de dos personas que pueden encontrarse o no encontrarse nunca. Y junto a Mariana y a Martín hay otra gran protagonista-metáfora, Buenos Aires.

Es curioso pero Medianeras que también se centra en la caótica y además especial arquitectura de esta ciudad y habla de esas paredes medianeras que separan a los distintos inquilinos que las habitan… y muestra cómo la apertura de una ventana ilegal para que entre un poco de luz se convierte en metáfora de la luz que entrará en la solitaria vida de sus personajes… tiene un planteamiento similar pero con un fin distinto (y para contar una historia diferente) que otra buenísima película argentina El hombre de al lado de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Ahí las paredes medianeras separan mundos y clases sociales diferentes y la apertura de una ventana es el origen de un conflicto vecinal que se torna en tragedia.

Gustavo Taretto, desde el principio, nos da las claves románticas en las que oscila su película linda. Así hay dos referencias cinematográficas en su historia. Y las dos tienen todo su sentido. En un contestador Mariana escucha la voz de su ex que le pide que vean juntos la película de El día de la marmota (Atrapado en el tiempo)… Como en aquel mítico y romántico film, la vida de sus protagonistas parece que se repite una y otra vez en los distintos días que transcurren… pero parece que Taretto nos dice: no importa la monotonía de los días si de pronto encuentras con quién compartirlos. Y el otro referente más evidente a lo largo de la historia de Martín y Mariana es Manhattan de Woody Allen. En otro momento de la película tanto Mariana como Martín se emocionan frente al televisor ante la última escena de esta película de Allen. Así Taretto como Allen hacía con Manhattan canta su amor y sus fobias hacia una ciudad, Buenos Aires, y su forma de vida. Y adquieren importancia los espacios, la arquitectura, la vida de las calles… Sus personajes, como los de Allen, tienen sus manías, neurosis, fobias y obsesiones… visitan al psiquiatra, y están empapados de melancolía y romanticismo.

Pero además, y ya por último respecto referencias cinematográficas, Taretto en su forma de contar la historia y de presentar la ciudad, en el estatismo y peculiaridades de Martín en un mundo en el que no se siente cómodo (tan sólo en caja de zapatos-refugio) trata de realizar un leve homenaje (y cantar su admiración) a Jacques Tati… El protagonista en una mochila de supervivencia que se prepara cada día para pasear por las calles mete películas de Tati entre ellas Play Time.

Mariana busca a su Wally particular y Martín a alguien que le haga encajar en un mundo que le incomoda. Siempre están a punto de encontrarse. Sus destinos se cruzan varias veces pero nunca logran mirarse cara a cara. Taretto cuenta esta historia de manera tierna y minimalista y se atreve con originales giros formales (de pronto puede convertir una escena en una viñeta o contar la historia o el pensamiento de un personaje a través de fotografías fijas) y aprovecha arquitectura y diseño no sólo para mostrar sino para contar. Los espacios son un protagonista más: las escaleras de un edificio, la piscina pública, un restaurante, las propias casas… Los sonidos, las canciones y las nuevas tecnologías también se encuentran al servicio de la narración cinematográfica (¡que nadie se pierda los créditos!). También emplea las estaciones del año para estructurar su historia y un uso (a veces en exceso) correcto de la voz en off para meternos en la piel de los personajes protagonistas (una buena química entre Pilar López de Ayala y Javier Drogas).

Medianeras es una película linda sobre desencuentros y encuentros, soledades y nuevas tecnologías, Internet y maniquíes, canciones y youtube, ventanas y apagones… y cómo encontrar a Wally en Buenos Aires.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Cuatro proyectos cinematográficos que encontraron su autor

Un remake de una película americana de los años 70. Una adaptación de una novela de Don DeLillo de 2003. Un guion de un joven que entusiasma a una amiga que se convierte en una productora-actriz con muchas ganas de llevar el proyecto adelante. Un guion de un actor que cuenta sus experiencias juveniles como estríper… Cuatro proyectos en busca de un autor… Y los cuatro lo consiguieron. Así salieron cuatro películas que para servidora se convierten en obras cinematográficas de interés aunque reconoce que son cuatro obras que no buscan ninguna empatía con el público que las ve. No buscan arrasar en las salas. Son imperfectas pero llenas de posibilidades y lecturas. Los cuatro proyectos los llevan a cabo cuatro autores que realizan sus obras libres de ataduras en el campo creativo. Los cuatro proyectos tienen sentido dentro de sus trayectorias cinematográficas. Detrás de cada proyecto hay un lenguaje cinematográfico, una manera de apropiarse de una historia, una puesta en escena y una decisión de cómo contarlo. Los cuatro proyectos pueden ser analizados y diseccionados pero también causar una especie de emoción o de incomodidad.

De latir mi corazón se ha parado (De battre mon coeur s’est arrêté, 2005) de Jacques Audiard

Un productor ofrece la oportunidad al prometedor Audiard (del que esperamos pronto el estreno De Óxido y hueso su siguiente trabajo después de su consagración con Un profeta) de realizar un remake. El realizador elige una película americana de los años setenta, un thriller con Harvey Kietel, Melodía para un asesinato (Fingers) y lo convierte en De latir mi corazón se ha parado (me acerqué a la película porque me chiflaba el título).

Vemos a un joven atrapado en un mundo canallesco del mercado inmobiliario al que se ha visto arrastrado a través de su padre, al que ama y protege. Un mundo de ratas (como también comprobaremos en Cosmópolis). Vemos la historia de un hijo de puta capaz de todo por especular con los inmuebles (y cuya escuela ha sido otro hijo puta que le tiene atado de pies y manos, su propio padre)… Ese joven tiene el rostro de Romain Duris (al que descubrí en la maravillosa El extranjero loco) y arrastra junto a sus compañeros de trabajo su concepción de devorador a toda costa. De arrasar y llevarse lo que sea por delante con tal de que el negocio aporte los dividendos deseados.

Pero de pronto este personaje tiene un encuentro casual. Aquel que trabajó con su madre que falleció, una concertista de piano. Y en ese encuentro este hombre le ofrece una audición. Y nos encontramos con Tom, el hijo puta que en realidad se sentía atrapado en un mundo de ratas y que ve en el piano y en la música la posibilidad de una salida a su enfermizo mundo y a su enfermiza relación con su padre. Y esa salida se la ofrece el recuerdo de su madre muerta.

Y entonces Audiard, experto en diseccionar almas complejas y en presentar su evolución como personajes en historias que atrapan y que siguen la senda del thriller, nos hace seguir el particular camino de Tom para salir de ese mundo que le tiene atado de pies y manos y que le hace descender siempre a la violencia y frialdad más absoluta. Tom empieza a prepararse para la audición con una joven china recién llegada y que no tiene ni idea de francés y en la casa de ella se va creando otro universo posible para Tom donde no hay sitio para la violencia y para el mundo oscuro. Acompañamos a Tom en su particular redención a través de una sensibilidad que tenía enterrada… aunque los caminos de la violencia y la venganza sean casi imposibles de domar…

No conozco la obra cinematográfica original de 1978 pero sí que su remake tiene las huellas del director de Un profeta.

Cosmópolis (Cosmópolis, 2012) de David Cronenberg

En una entrevista a David Cronenberg dice que la novela de DeLillo es profética y su película cotemporánea… Y así es. Cosmópolis no es un resbalón en la carrera de David Cronenberg sino un interesante análisis de un mundo que se descompone con unas reflexiones devastadoras. “La rata se convirtió en unidad monetaria” en un mundo de ratas. ¿Quiénes son las ratas las monedas, los que están fuera de la limusina del multimillonario y joven Eric Parker, o los que están dentro? En un mundo abstracto, que dícese es Nueva York, deambula una limusina insonorizada que pretende cruzar una ciudad que se derrumba, un sistema que se cae. Un día en la vida de Eric Parker, un día de descenso a los infiernos, un día en la vida de un nihilista aislado que sin embargo maneja y predice información privilegiada importándole tres mierdas lo que hay fuera de su limusina. Un ser frío y sin empatía alguna que falla en su predicción y su mundo empieza a resquebrajarse. Ahí trata de salir de la apatía que le rodea, trata de comunicarse para ya es demasiado tarde. Trata de entablar una conversación y relación ‘normal’ con la que es su esposa, otro ser frío que deambula por otros mundos inalcanzables y vacíos. Y ninguno de los dos puede establecer un mínimo vínculo. Sus encuentros transcurren a las horas de las comidas, en el desayuno, la comida y la cena.

Cosmópolis es rica en reflexiones y lecturas. Eric Parker se nos muestra impecablemente vestido, acicalado y neutro al principio del día y se monta en su impoluta limusina blanca. Poco a poco esa apariencia impecable se va deteriorando. Primero le falta la corbata, después se le arruga la camisa, más tarde pierde la chaqueta, después le estampan una tarta de nata en la cara y el pelo, va adquiriendo olores de comida y sexo, más allá se deja el pelo sin cortar bien… Y su limusina va sufriendo el mismo deterioro.

Cosmópolis cuenta la burbuja perfecta que se construyen jóvenes tiburones-ratas que manejan la información privilegiada y dejan obsoletas cada segundo las nuevas tecnologías… y cómo obvian la asimetría, lo imperfecto, lo real y lo humano. Y como ese descubrimiento los hace descender a los infiernos donde sólo queda una única salida. El caos económico, social y moral que han provocado los tiburones-ratas tiene que ver con su absoluto aislamiento y su mundo encerrado en una brújula de seguridad. Impenetrable y destructiva. Todavía tengo en mi cabeza esa enigmática relación entre el joven millonario y su jefe de seguridad Torval que tiene una pistola que responde al nombre de Nancy Babich.

Así en este encargo del productor Paul Branco a Cronenberg sólo veo un resultado inquietante (y nada amable, no busca en ningún momento empatizar con el espectador) que tiene que ver con toda la trayectoria del director. Así Cronenberg sabe cómo contarnos esta historia y te arrastra en este viaje en limusina para observar la caída de un Ícaro impasible. No había mejor elección para Eric Parker que la fría máscara de un vampírico Robert Pattinson que se convierte en la sorpresa de la función (su Eric Parker lucha hasta el fracaso más devastador por parecer humano). Y esos diálogos (que leo son literales de la novela de DeLillo que no conozco) con cada uno de los personajes con rostros de Sarah Gadon, Juliet Binoche, Mathieu Amalric, Paul Giamatti o Samantha Morton pintan un mundo cotemporáneo de lo más caótico…

Restless (Restless, 2011) de Gus Van Sant

Gus Van Sant vuelve a su Portland para ofrecernos un cuento de amor y de muerte. Es lo que se dice una película de encargo que Van Sant lleva a su terreno. Le envían el guion de un joven (Jason Lew) avalado por una joven productora y buena amiga además de actriz, Bryce Dallas Howard, y él decide meterse de lleno en el proyecto y crear un pequeño poema visual.

En la historia se entretejen las relaciones entre una enferma terminal de cáncer, un joven que no asume la muerte de sus padres (y su propia supervivencia) y un fantasma que es un japonés aviador kamikaze de la Segunda Guerra Mundial. Es una historia de amor y de muerte que transcurre en tres meses. Tres meses en los que como dice Enoch, el joven protagonista, se puede aprender a tocar el xilófono, entre otras cosas. Tres meses que parecen una eternidad y luego se muestran escasos, porque al joven Enoch le hubiese gustado poder llevar a su amada a las Galápagos para disfrutar ambos del amor de ésta por Darwin o también haber podido cazar con un lazo la primavera. Pero en esos tres meses el fantasma japonés le susurra al joven Enoch que siempre tenemos que tener en cuenta que queda poco tiempo y por ello decir lo que se tiene que decir continuamente a las personas que amas. Y Annie sabe del valor de la eternidad de un instante. Eso aprende Enoch.

Van Sant rodea el universo de Enoch (Henry Hopper, hijo de Denis) y de Annie (Mia Wasikowska) de una fuerza visual poética que permite la ausencia de palabras. La historia recuerda y tiene ecos a la sensibilidad Hal Ashby… sobre todo de Harold y Maude pero también del universo de Van Sant. Un Van Sant que sigue indagando en el mundo de la adolescencia pero esta vez lo reviste de cuento poético sobre el significado de la muerte y la ausencia.

Magic Mike (Magic Mike, 2012) de Steven Soderbergh

Ver Magic Mike en una sala de cine fue toda una experiencia… porque sólo éramos mujeres (¿?). Me sorprendió el fenómeno. Y la película se iba desarrollando entre gritos y risas… El tráiler en los cines también muestra el lado lúdico-festivo del mundo estríper. Sólo que yo no lograba gritar o reírme a mí Magic Mike me iba provocando una tristeza enorme y ese mundo lúdico-festivo se iba transformando en un mundo cutre y decadente. Tras la risa la lágrima. No nos quiere contar una historia erótico festiva donde sólo disfrutaremos de tíos que mueven todos los músculos de su cuerpo a hembras ávidas de emociones sexuales  (vamos básicamente como se ha visto miles de veces en el cine pero con estríperes femeninas). Magic Mike se ha visto lastrada, a mi parecer, por una campaña de marketing equivocada.

Magic Mike no es un film barroco a lo Showgirls sino que se mueve en un registro realista casi documental pero no llega a ese realismo con destellos que alcanzó Mathieu Amalric en su interesante Tournée. Tampoco muestra el vacío y el mundo lleno de tópicos de Striptease. O se queda en la dimensión de musical con números para recordar a lo Flashdance.

No, Magic Mike, es uno de los lados oscuros del sueño americano en una sociedad que sigue hundida en la crisis económica y social. Aunque Steven Soderbergh no ha logrado redondear la historia ni explotar todas sus posibilidades (como ocurre con su extraña pero por otro lado interesante carrera cinematográfica entre el cine independiente y el más comercial pero con sello). Es de esas películas que piensas: “Lo que podría haber sido”. Contaba con los personajes y con la forma de contarla o expresarla, le falló la propia historia, su desarrollo.

Aun así cuenta con momentos interesantes, sus números musicales están muy bien insertados y logran ese aire entre lo ‘espectacular’ y lo ‘cutre y decadente’. Y cuenta con buenos personajes con alma a los que no les regalan una buena historia: así nos encontramos con el propio Mike (un Channing Tatum que muestra que sabe algo más que mover todos los músculos de su cuerpo), un estríper de 30 años, la estrella del espectáculo, que trata de ser ‘emprendedor’ en cientos de trabajos de día pero que le es imposible prosperar, y que ve siempre como se le escapan sus sueños de alejarse de su personaje creado, Magic Mike, que se convierte en una jaula (que además le da de comer pero le enfrenta con lo efímero de su profesión). Dallas, el dueño de la sala de estríperes, con el rostro y el torso de un Matthew McConaughey que se adueña del personaje con carisma pero poco aprovechado. Un maestro de ceromias con espíritu de empresario que tiene claro que lo que le interesa es ganar más, obtener beneficio de sus bailarines, aunque todo lo esconde bajo una careta de protector y amigo que ofrece sus alas a su ‘familia’ (mientras le sirvan para sus propósitos). El Niño (Alex Pettyfer), el adolescente que se deslumbra por un mundo que le permite salir adelante mientras se hundía en la apatía más absoluta en una sociedad que no le permitía trabajar o prosperar… El Niño, protegido de Magic Mike, es él hace diez años, que cae en el engaño. Y Mike fracasa de nuevo en tratar de avisarle. Y la hermana de El Niño, como la posibilidad de escape…, de huída de ese mundo frágil, efímero y cutre que tampoco tiene muchas salidas. o sorpresas.

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Un cortometraje que remueve. 7:35 de la mañana (2003) de Nacho Vigalondo

Me he comprado hace poco el dvd de Los cronocrímenes de Nacho Vigalondo para conocer su primer largometraje. Nunca había visto nada de él hasta el año pasado que entré a una sala de cine para ‘mirar’ Extraterreste y me sorprendió bastante porque no esperaba nada en concreto (que es como mejor te puede sorprender algo, sobre todo una película… cuando entras de incógnito).

La sorpresa del dvd no ha sido tan sólo que me hayan parecido interesantes las andanzas de Héctor 1, Héctor 2 y Héctor 3 en ese breve bucle temporal en el que están inmersos. El espectador ve cómo se desbarata la vida del protagonista y descubre además su parte más oscura. Un hombre de clase media-alta trabajador y enamorado de su esposa con una vida normal y esperable… que según se va liando más en su ‘recuperación de la normalidad’  se convierte en un ser humano más y más siniestro. Se van revelando en un breve intervalo de tiempos simultáneos los aspectos más negativos de su personalidad. Y sobre todo me ha interesado el ‘papel’ de la chica de la bicicleta que casualmente pasaba por ahí. Y en esa casualidad esa chica ya está condenada a ser víctima. No puede escapar de esa condición. El bucle temporal no sólo no evita su condena sino que la va retorciendo cada vez más…

Pero como digo la sorpresa no ha sido únicamente descubrir Los cronocrímenes y analizarla sino que en esta edición especial del dvd estuviese también un cortometraje que me ha removido (este cortometraje fue uno de los nominados al Oscar en la ceremonia de 2004): 7:35 de la mañana. Tanto es así que lo vi y lo volví a ver y otra vez de nuevo… Mi rostro se queda igual de congelado, entre confeti y blanco y negro, que el de esa chica que entra como todos los días a su bar habitual a desayunar… pero no es un día más. Algo rompe la rutina. La cotidianidad no va a ser la misma.

El corto transcurre en un bar, de los de toda la vida, con camareros con sus pantalones negros y sus camisas blancas, la barra de bar y las mesas correspondientes con sus clientes habituales… Yo que suelo desayunar siempre fuera sé de lo que hablo (me encanta este ‘ritual’… aunque procuro ir rotando bares).

Y en ese ambiente rutinario… algo varía. La chica ve que hay unos chicos, muy serios, con una guitarra y un piano, al lado del baño de caballeros… Y que todo está rodeado de un silencio que no es normal. Un silencio tenso. Y la chica del bar se va inquietando porque no entiende. Como el espectador que no sabe qué es lo que va a ver…

De pronto un chico de la barra… empieza a cantar y todos los clientes le acompañan en su canto y coreografía. Pero aun así la inquietud no se nos quita. Vivimos esa inquietud como la vive la protagonista que sigue sin entender. Queremos reír pero se nos congela la carcajada porque sabemos que hay algo dentro de esta ‘situación’ que no es sano, no es normal.

El tipo que canta parece feliz … todo indica que ha preparado esta escena para sorprender a una desconocida que le gusta. El tipo no canta bien, no baila bien… pero tiene encanto, un encanto que desgarra. La escena se va empapando de patetismo y lo ridículo y cutre (esas tarjetas mecanografiadas en las manos de los clientes para seguir la canción) se vuelve trágico.

De pronto en un momento de la ‘actuación’ cuando un cliente se atasca (o no quiere continuar con la farsa) descubrimos una verdad que borra la sonrisa. Y el patetismo del ‘cantante’ improvisado cala en el espectador que empieza a sentir una empatía hacia él. Conmueve su particular acto de rebelión en un día de furia, de quererlo mandar todo a la mismísima mierda (¿quién no conoce esa sensación?)… y de dejarnos a todos con el rostro desencajado. Y él decide ‘crear’ en un día de furia y rebelión, y canta su estado de ánimo a la chica del desayuno con la que no se atreve hablar, esa chica que le ofrece un aliciente mínimo pero no suficiente… para continuar una rutinaria vida. El cantante improvisado lleva a cabo un acto radical para acabar con la rutina, con lo cotidiano, con lo normal… de un desayuno a las 7:35 de la mañana.

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… Sobre Habemus Papam de Nanni Moretti y la actualidad

El otro día leí una noticia que centró mi atención: había muerto el cardenal Carlo María Martini de 85 años y antes había dejado una última entrevista. En esa última entrevista Carlo María decía que la Iglesia actual es anticuada y cansada (dándole el significado de sin viveza alguna, trasnochada, acomodada) y que tenía que pensar seriamente en el cambio y para ello lo primero debía reconocer los propios errores. También advertía de que “nuestros rituales y nuestros vestidos son pomposos” y que más les valdría fijarse en hombres realmente libres y más cercanos al prójimo como Óscar Romero o los jesuitas de El Salvador y muchos más… Trataba todo tipo de temas, por ejemplo, comentaba que la Iglesia debía modernizarse y pensar: “las preguntas sobre la sexualidad y sobre todos los asuntos que competen al cuerpo son un ejemplo. Debemos preguntarnos si la gente escucha todavía los consejos de la Iglesia en materia sexual”… El cardenal Carlo María Martini se veía que dialogaba, pensaba y cuestionaba… Vamos este cardenal, creo, era y es toda una rareza en el Vaticano. No sé qué pensaría además de las noticias y la forma de actuar de las altas esferas religiosas aquí por estas tierras…

Y entonces me vino a la cabeza Habemus Papam de Nanni Moretti. Recuerdo que algunas cosas que se comentaron en su día sobre esta interesante película es que Moretti no había sido suficiente crítico y sin embargo para mí es demoledor de principio a fin presentando una Iglesia trasnochada, totalmente ajena a la realidad, y muy cercana a una representación teatral, donde ya no tiene sentido que se ofrezca un Papa como “guía espiritual”. Tiene varias escenas clave:

La reunión para la elección del siguiente Papa donde se oye la voz en off de los ancianos candidatos suplicando que no sean ellos los elegidos… Lo caricaturesco de sus rituales (y el tratamiento recibido en los medios de comunicación) que son presentados como una rareza y la propia extravagancia de cada uno de los personajes.

La visita a escondidas del nuevo candidato a Papa, que ha sufrido un ataque de pánico ‘escénico’, a una psicóloga. Ésta le pregunta que cuál es su profesión y él  sonriendo ilusionado contesta que actor de teatro. Y describe su ‘trabajo’.

La intrusión del psicoanalista ateo a un mundo totalmente aislado del exterior que provoca extrañeza al profesional y que encerrado de manera kafkiana se introduce de pleno en los rituales de los ancianos de la iglesia. E incluso les organiza ‘juegos’, organiza una especie de recreo para sobrellevar la espera… ante la imposibilidad que tiene de que cada uno emplee el razonamiento para entender por qué se encuentran en esa situación. La insistencia en ese aislamiento en el que viven, su desconocimiento del mundo exterior (que parece no importarles en absoluto)… Tal vez lo más llamativo del Vaticano de Nanni Moretti es que lo presenta de una manera naif e ‘inocente’, es decir, no refleja que además de lo obsoleto y del aislamiento, sí que es un reducto de poder donde existen las luchas internas y que este reducto sigue empeñado en mantenerse y perdurar…

En una escena, que a mí particularmente me gustó bastante, se escucha una canción de fondo de Mercedes Sosa que dice: “Cambia lo superficial/ Cambia también lo profundo/Cambia el modo de pensar/Cambia todo en este mundo/Cambia el clima con los años/Cambia el pastor su rebaño/Y así como todo cambia/Que yo cambie no es extraño”. Y que en definitiva es la clave de toda la película.

Y, por último, el demoledor discurso final de ese Papa que no quiere ser Papa: “En este momento la Iglesia necesita un guía que tenga la fuerza necesaria para hacer grandes cambios y que busque el encuentro con todos, que tenga amor y capacidad de comprensión…”. ¿No son muy parecidas estas palabras a las del cardenal Carlo María Martini?

El cine sí que ha reflejado esa ‘otra iglesia’ siempre silenciada, esa otra iglesia que razonó el cardenal Carlo María Martini debería existir. Una iglesia avanzada, más coherente con lo que dice, que avanza con los tiempos y que está al lado de ese prójimo que tanto nombran, una iglesia que muestra comprensión ante el mundo en el que habita… Hace relativamente poco volví a ver Lloviendo piedras de Ken Loach y el personaje clave es un cura de barrio que sí que se ‘moja’ y sí que conoce la realidad de aquellos que acuden a su parroquia. Y es el que protagoniza el momento clave de la película, el que escucha a un hombre roto y asustado y le aconseja cómo actuar y el espectador, creyente o no, le da toda la razón. Un cura que dice a este hombre roto y asustado: “Las personas como tú tienen hambre de justicia. En el nombre de Cristo, que da el pan de la vida… y tú lo mereces”. La justicia a la que se refiere es una justicia social.

Así que esto es todo lo que me hizo pensar una noticia del periódico…

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Viaje incompleto al universo de Wes Anderson

Viaje incompleto y en sentido inverso… porque he tardado en atreverme en abrir la puerta y sumergirme en un universo que no sabía si iba a conectar o no conmigo. Así que todo el verano mis ojos se quedaban fijos en el cártel de Moonrise Kingdom y no me decidía si pasar el umbral de la sala de cine o no. Y una calurosa tarde me metí y el universo peculiar de Anderson me atrapó.

Y un paso me llevó a otro. Llevaba tiempo también esperando que me entregaran dos dvd que había encargado del director. Este verano me ha tocado descubrir a Wes. Y después de regresar a los tiempos de campamentos de verano en Moonrise Kingdom, otra tarde me llegaron las ansiadas películas: Fantástico señor Fox y Viaje a Darjeeling con el cortometraje Hotel Chevalier.

Así he empezado este viaje incompleto por el mundo propio de Wes Anderson y lo que llevo de trayecto me ha animado a realizar más paradas y esperar nuevas aperturas.

Wes Anderson realiza un canto continuo al que se siente y es diferente. Sus protagonistas son perdedores que se sienten solos y son percibidos como raros pero con ganas de estrechar vínculos, de querer a otros seres humanos más extraños que ellos mismos. A convivir a pesar del dolor que les provoca el relacionarse con el otro. Sus familias son disfuncionales pero que siempre tratan de reconstruirse, reinventarse y amarse. Wes Anderson canta a la naturaleza que tiene cada uno, a ser fieles a uno mismo… si se tiene una naturaleza salvaje como toda la familia del señor Fox, no ocultarla…

Su universo guarda melancolía, nostalgia, un poso de tristeza pero también de ingenuidad, inocencia, un deseo de ser amado. Su universo es amante del detalle y absolutamente artesanal (en un mundo de nuevas tecnologías, 3D, animación por ordenador… Anderson opta por una cinta de animación absolutamente artesanal realizando decorados a mano y marionetas de las de toda la vida. Fantástico señor Fox es toda una joya de la imaginación y el detalle). La fantasía y la imaginación van de la mano. Su universo es visual, cuidado extremo en la arquitectura elegida, en los espacios, en los colores… Las casas, los trenes, los supermercados, los campamentos, las habitaciones de hotel, los complementos de los protagonistas, las maletas, los prismáticos, los libros, los paisajes, el vestuario… Todo al servicio de un mundo propio, su mundo. Y a ser posible siempre con una buena banda sonora. Por eso sus personajes siempre portan una radio vieja, un tocadiscos o un moderno ipod… Y siempre hay un momento para un baile o una canción. El movimiento de los cuerpos, los silencios… Los recuerdos que hacen daño. La posibilidad de un futuro distinto.

Anderson viaja en cada película con una troupe. Y eso se ve sobre todo en que siempre viajamos con Bill Murray, Angelica Huston, Jason Schwartzman, Owen Wilson… pero a la vez ofrece papeles inesperados a actores que sorprenden (me arrodillo ante el policía triste y aburrido de Bruce Willis en Moonrise Kingdom… Y es que Willis es uno de mis amores inconfesables… huy, ya lo he dicho) con sus interpretaciones. Entre paréntesis hablaba de Bruce Willis pero la galería es alargada. En la misma Moonrise Kingdom nos encontramos con un maravilloso Edward Norton, como un boy scouts eterno. O la maravillosa y atrayente voz de George Clooney como el fantástico señor Fox. La triste y atractiva Natalie Portman como esa novia independiente y dependiente a la vez en un cortometraje genial en la habitación de un hotel. O un Adrian Brody icónico con gafas oscuras y maletas peculiares (como las que llevan sus hermanos… es la herencia paterna) en ese viaje a Darjeeling…

Wes Anderson atrapa la inocencia perdida, el primer amor, los viajes espirituales, las familias disfuncionales, las aventuras con su punto de surrealismo, el grupo unido jamás será vencido (aunque sean raros, raros, raros)… Y nos muestra su amor incondicional no sólo a todo tipo de música (es ecléctico y maravilloso en sus bandas sonoras) sino un cariño inusitado a la literatura, a los mundos fantásticos y mágicos… por eso el Señor Fox es una creación particular del universo literario de Roald Dahl o la niña de Moonrise Kingdom no puede escaparse sin su maleta repleta de libros sobre mundos mágicos…

Anderson baila con su cámara y como si los espectadores observáramos la vida con prismáticos nos muestra sus mundos primorosamente creados para que no se nos escape detalle. Su puesta en escena y su forma de mostrar ya es un sello de su universo. Así conocemos de manera detallada las habitaciones y la vida en la casa familiar de la protagonista en Moonrise Kingdom. Paseamos por el mundo subterráneo o por la maravillosa casa árbol de la familia Fox. Nos paramos en todos los detalles de una habitación de hotel. O nos adentramos en ese tren fantástico de pasillo largo y estrecho con compartimentos estrellas como el vagón-comedor…

Mi próxima parada no sé cuál será… creo que seguiré este viaje en sentido inverso para después, como sus personajes, poder avanzar a un futuro distinto… lo que sí es cierto es que una vez que has entrado en el universo Anderson quieres continuar el trayecto… y correr en cámara lenta para alcanzar un lugar retirado y hablar en silencio. Quizá caiga alguna lágrima… o una sonrisa tranquila.

La ventana ya está abierta…

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La conspiración (The conspirator, 2010) de Robert Redford

¿Será posible que funcione mucho mejor un Abraham Lincoln ultraviolento, presidente de día, cazador de vampiros de noche? ¿Es factible que un drama histórico que presenta una versión de los hechos posteriores al asesinato de Lincoln menos estudiada o conocida que el propio asesinato pasara sin pena ni gloria? Sí, esto es posible en la fábrica de los sueños. El Lincoln cazavampiros despertará más interés o por lo menos una mayor y mejor promoción y apuesta que una película, de corte clásico, pero de inteligente propuesta.

Y esta película que pasó sin pena ni gloria por los cines fue obra del actor y director Robert Redford. Repasando algunas de las palabras que se vertieron sobre ella en el momento de su estreno, me sorprende que se le echa en cara a Redford que no innova en el lenguaje cinematográfico sino que opta por contar bien narrativamente y visualmente su historia (cómo si esto último fuera fácil). Es decir, se le echa en cara su clasicismo narrativo (cuando un montón de éxitos cinematográficos no innovan en el lenguaje cinematográfico sino que lo emplean bien). Me sorprende esa pega para justificar su fracaso. Porque sí, no innova en el lenguaje cinematográfico pero cuenta, en su estilo clásico, estupendamente una historia. Y que queréis que os diga disfruté mucho viéndola y tras su visionado. Redford plantea temas muy interesantes y nos narra una historia del pasado para hablarnos del presente. El director convierte a su público en espectadores de la historia y deja muchas vías para la reflexión. Como en Leones por corderos, Redford expone sus tesis en películas. Nos plantea disertaciones visuales…

Un personaje de la película lanza en un momento dado la tesis: “Abandonar la constitución no es la respuesta”. Explica que en un momento en que un país está en una situación de fragilidad y de cambio, que en un momento que un país está asustado (y se fomenta ese miedo de mil y una maneras… la teoría de la doctrina del shock), lo que hay que tratar es de no perder el norte. De no saltarse a la torera la constitución y los derechos humanos. Otro personaje lanza otra frase lapidaria: “En la guerra, la ley calla”. Ya con sólo estas dos frases de diálogo podemos iniciar un debate apasionante y además enfrentarnos a la situación política y social presente…

Pero es que Redford además de realizar su disertación visual nos cuenta una historia apasionante e interesante. Y nos la cuenta muy bien. Otras palabras leídas dejaban la sensación de que Redford presentaba una historia bien cerrada pero fría, sin emoción. Yo debí traspasar esa frialdad porque sí que me emocioné…

Pero ¿qué cuenta La Conspiración? El irregular juicio militar por conspiración de los sospechosos (confederados, del Sur) que pretendían sembrar el caos y desestabilizar —a punto de llegar a su fin la cruenta guerra civil— tras asesinar al presidente y cometer a la vez otros dos asesinatos que fueron fallidos (al vicepresidente y al secretario de Estado). El juicio reunió a ocho sospechosos y uno de ellos era una mujer. En esa mujer, Mary Surratt, se centra Robert Redford. En esa mujer y en la defensa que lleva a cabo su joven abogado, un héroe de la Unión (del Norte).

Así vemos el proceso de transformación de la mirada del joven y ambicioso abogado que de pronto ve que el juicio no está siendo justo (sino que la sentencia ya se sabe de antemano), que el juicio no es más que un espectáculo rápido para mantener a raya a los ciudadanos y contentarles con una ‘justicia’ efectiva, rápida, vengativa y cruel. Todos los esfuerzos del joven abogado para que su defendida tenga un juicio justo son bloqueados. De ser un héroe de guerra (que siente que este caso le ha caído como una ‘losa’ porque él también está indignado con el asesinato del presidente) pasa a ser un enemigo de las autoridades, a alguien a quien quieren callar y quitar de en medio… por querer defender los derechos humanos de su defendida y luchar por que se celebre un juicio constitucional.

En La Conspiración además hay un reparto muy interesante que llevan magníficamente a cabo sus roles. Destacan los dos protagonistas, Mary Surrat con el rostro de una estupenda Robin Wright que confiere al personaje de fuerza, fragilidad y ambigüedad. La mujer vestida de negro con su rosario en la mano. Y por otro lado el joven abogado Frederick Aiken interpretado por el actor escocés James McAvoy. McAvoy se muestra sutil como ese héroe de guerra que quiere ser un ambicioso abogado y casarse con una bella joven a ese hombre que se va comprometiendo cada vez más con su defendida, que va viendo que no es más que una marioneta y que le va venciendo la desilusión pero no las ganas de luchar hasta el último instante… A los dos protagonistas les sigue toda una galería de secundarios necesarios: Tom Wilkinson, Kevin Kline, Danny Huston, Evan Rachel Wood… Y dentro de esa ‘dirección clásica’, Redford juega con las luces y las sombras que tienen un significado dentro de la historia (y cómo ilumina a cada uno de los personajes en los distintos momentos de la narración) y rueda con corrección, ritmo y tensión el juicio. Impresionante y muy bien rodada la escena de los ahorcamientos…

Sigo sin entender cómo pasó sin pena ni gloria (en algunos países no llegó ni a estrenarse en pantalla grande) este último trabajo como director de Robert Redford. Parece ser que llama más la atención un Lincoln cazavampiros que un análisis histórico del asesinato de este presidente… 

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Vals con Bashir (Waltz with Bashir, 2008) de Ari Folman

Vals con Bashir salta por los géneros y atrapa desde el primer instante con esa carrera de perros salvajes a través de una calle. Vals con Bashir es una película de animación con ingredientes de denuncia, de antibelicismo, de documental, de ficción y cruda realidad. Vals con Bashir aporta varias reflexiones y un punto de vista, el del documentalista israelí Ari Folman ante un acontecimiento: la masacre en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila durante la guerra del Líbano en 1982. Esta masacre fue una respuesta vengativa y violenta de la Falange Libanesa tras el asesinato de su líder Bashir Gemayel, las Fuerzas de Defensa de Israel fueron testigos de la matanza y no actuaron para impedirla sino que se mostraron pasivos y permitieron durante dos días una violencia feroz contra la población civil de los campos.

Vals con Bashir habla sobre la recuperación de la memoria, reflexiona sobre las responsabilidades, los recuerdos borrados, el sentimiento de culpa, la pasividad, la violencia, la crueldad, la masacre, el horror… El protagonista es el propio documentalista Ari que ha borrado de su memoria su actuación durante la guerra del Líbano cuando fue un soldado israelí de apenas 19 años. Así el propio Ari a partir de un sueño relatado por un compañero (el sueño de unos perros salvajes corriendo, 26 perros en concreto) y su posible interpretación desencadena en el protagonista un deseo de recuperar la memoria que ha borrado de su cerebro.

Así se va entrevistando con antiguos compañeros que estuvieron en la guerra con él y con expertos en el campo de la psicología que le puedan dar pistas e instrumentos para reconstruir lo que verdaderamente ocurrió. Él parte también de una única imagen. Tres jóvenes en el mar, completamente desnudos con sus armas… van saliendo a la orilla con sus metralletas. Después se visten. Y van a un espacio urbano… cuando giran una calle un montón de mujeres y niños les pasan con caras de dolor y gritos.

Durante las entrevistas con sus compañeros éstos también han creado mecanismos de olvido. Pero cada uno tiene sus propias imágenes oníricas en la cabeza. Y escuchando a los expertos, Ari Folman va reconstruyendo todo lo que ocurrió y cuál fue su implicación en los hechos históricos… con sus propias imágenes soñadas y la de sus compañeros.

Llevaba mucho tiempo detrás de esta obra cinematográfica de animación y la espera ha merecido la pena. No sólo me ha hecho conocer los hechos referidos sino que también me ha enganchado la forma en que me ha contado esta historia el israelí Ari Folman (nunca hay que olvidar que es desde su punto de vista, su interpretación y reflexiones).

Así Vals en Bashir tiene escenas muy potentes, con una banda sonora increíble, y recuerda a aquellas películas de los años setenta que recreaban la guerra de Vietnam (Apocalipsis Now o El Cazador). Y a su vez también plantea una reflexión reveladora y dolorosa que es comparar la matanza y el descubrimiento de esa matanza a lo que ocurrió en los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial (y también hablar de ese silencio y olvido… un montón de testigos mudos y pasivos-activos que nada hicieron —o nada pudieron hacer, el matiz es estremecedor— por evitar la barbarie). Es decir Aron en esa comparación con Vietnam (en lo visual) y con la barbarie de la Segunda Guerra Mundial en los campos de exterminio aporta su visión de ese casi niño con metralleta que fue en la guerra del Líbano y su lucha continua a lo largo de los años respecto su verdadera responsabilidad en los actos cometidos (un tema espinoso y complejo). Y también denuncia cómo los responsables políticos pensantes y los altos mandos militares, aquellos que sí podían tomar decisiones tuvieron dos vías de actuación: permitieron el asedio y luego frenaron la masacre cuando ya era demasiado tarde. Y lo horrible es, que como casi siempre, sabían lo que estaba ocurriendo.

Vals en Bashir contiene imágenes imposibles de olvidar, entre ellas, la que da título a la película. Un soldado con una metralleta, en pleno fuego, sale a una calle empapelada con carteles de Bashir, y realiza una danza macabra disparando su metralleta a diestro y siniestro…

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