Into the abyss (Into the abyss. A tale of death, a tale of life, 2011) de Werner Herzog

into the abyss

Hay documentales que revuelven, remueven e inquietan. Hay rostros que revuelven, remueven e inquietan. El rostro del fotograma tiene un nombre y una historia: Michael Perry. Werner Herzog disecciona, como un Truman Capote en su novela realidad A sangre fría, un triple asesinato y todo lo que se mueve alrededor. Michael Perry junto a Jason Burkett fueron detenidos en el año 2001 y acusados por el asesinato de tres personas en la localidad de Conroe, Texas: Sandra Stotler, Adam Stotler y Jeremy Richardson. Michael y Jason tenían 19 años. Y lo que salió a la luz es que estas muertes se debieron al robo de un coche, un Red Camaro. Michael Perry fue condenado a muerte y Jason Burkett a cadena perpetua. Cuando Werner Herzog entrevista a Michael Perry, que lo primero que llama la atención en cuanto aparece es su rostro de niño (en esos momentos tenía 28 años), quedan ocho días para que sea ejecutado. Han pasado diez años de aquel día de 2001…

Into the abyss, en el abismo, es mucho más que un alegato contra la pena de muerte. Lo que vemos y oímos realmente nos hunde en un abismo complejo, en un laberinto emocional, que plantea reflexiones y cuestiones que incomodan.

Werner Herzog construye Into the abyss y no busca una mirada fácil. Realiza varias entrevistas, además de a los implicados, Michael y Jason. Habla con los familiares de las víctimas, con un sheriff que reconstruye con objetividad los hechos del asesinato y de la detención con imágenes de la policía de Texas de los distintos escenarios de los crímenes, con distintos testigos, con un funcionario que tras explicar el procedimiento que se lleva a cabo para las ejecuciones y contar que llevaba ya 120 ‘procedimientos’ al asistir a la ejecución de una mujer…, decidió abandonar su labor; además introduce imágenes del corredor de la muerte y de la sala de ejecución… Desde su prólogo, Herzog remueve.

En un campo verde lleno de cruces con números, se nos informa, a través del primer entrevistado, el capellán que se encuentra hasta el final con los prisioneros (si estos se lo permiten), que es el camposanto adonde van a parar los cuerpos de aquellos que nadie reclama tras su ejecución. El capellán describe su trabajo… pero en un momento en que está hablando de algo tan banal como que le gusta mirar a las ardillas, expresa que le conmueve mirar la vida y que le encantaría, pero no puede, frenar las ejecuciones… Después Herzog nos lleva al corredor de la muerte, vemos el rostro de Michael Perry, y se nos narra de manera fría, objetiva y brutal el día de los asesinatos.

Y es una de las partes (Herzog divide su documental en capítulos) donde da la clave de este magnífico documental: la parte oscura de Conroe. Y sobre todo se desarrolla la reflexión central en las partes de una entrevista que se va desarrollando a lo largo del documental: al padre de Jason, condenado también a cadena perpetua. Porque lo que Herzog va destapando a través de distintas entrevistas a testigos, amigos y familiares es una sociedad enferma, envuelta en la violencia. Unos jóvenes encerrados en una espiral de marginación social y exclusión. Familias a las que les engullen las desgracias y los historiales delictivos…, de padres a hijos. Y de pronto, en las palabras del padre de Jason se expresa la inutilidad de la pena de muerte… porque esta no palía, no cambia, no transforma, no va al centro del problema… Lo que se necesita es remediar y curar un entorno enfermo. La pena de muerte o la reclusión para siempre es un proceso que destroza más a unos y a otros y no soluciona nada, que ahonda en el dolor de unos y de otros. Y que no impide que haya más violencia, más horror… más caídas en el abismo, más muertes injustas, más familias desgraciadas.

De hecho sorprende y remueve más todavía, el comprobar como en un principio queda clarísimo cómo fue el asesinato de las víctimas, cómo realizaron el asesinato y el robo y como alardearon en los alrededores, antes de la rápida detención, de su nueva adquisición, el coche. El sheriff que cuenta todo habla incluso que tras la detención, Perry confesó dónde estaban los cuerpos de dos de las víctimas. Y otros muchos testimonios de testigos y familiares, no dejan duda de que fueron los responsables de la muerte de tres personas… Después de expresar todo esto con claridad, chocan los testimonios tanto de Michael Perry como de Jason Burkett: ambos después de diez años se declaran inocentes de los asesinatos, eluden su responsabilidad de los hechos. Uno se refiere a que se encontró en el lugar y momento equivocado y el otro expresa que solo estaba ahí… Tras oírles surgen un montón de cuestionamientos, preguntas, motivos… y miradas diferentes. ¿Estaba tan claro lo que ocurrió el día del asesinato? O ahondando en la inutilidad de la pena de muerte o la cadena perpetua, ¿Michael y Jason se muestran ajenos a lo que ocurrió aquel día, eluden su responsabilidad, para sobrevivir y no se cuestionan en ningún momento qué les pudo conducir a esa espiral de violencia e irracionalidad?

Herzog no deja de remover e inquietar al espectador con las imágenes y los distintos testimonios. Hace que uno piense, reflexione y se plantee… No deja al espectador en lugar cómodo. Deja destellos de luz en el abismo, pero destellos de luz que no logran que cada uno salga a flote. Habla de arcoíris, de amor en la cadena perpetua, de la preocupación de un padre por un hijo (se siente más responsable el padre por lo ocurrido, por lo que hicieron su hijo y su amigo), de una mujer que no quiere que suene más el teléfono, de un embarazo, de llegar o regresar a casa… pero deja al descubierto demasiadas zonas oscuras. Logra meter en el abismo al espectador…

Una mirada en la oscuridad

Into the abyss inauguró el ciclo de La Casa Encendida, Una mirada en la oscuridad, donde se proyectarán siete largometrajes. Las películas “servirán para reflexionar sobre las relaciones que se establecen entre el crimen, la posibilidad del castigo o su impunidad, la presunción de inocencia y el castigo comunitario, así como la naturaleza individual del mal y su aplicación sistemática a gran escala”. Después de las películas, se llevarán a cabo coloquios con distintos profesionales que aportarán su mirada. En Into the abyss estuvo presente Miguel Ángel Calderón, director de Comunicación de Amnistía Internacional. Las otras proyecciones que nos esperan son: El asesino de Pedralbes de Gonzalo Herralde, Caníbal de Manuel Martínez Cuenca, The act of killing de Joshua Oppenheimer y Christine Cynn, La caza de Thomas Vintenberg, Proyección de Sobibór, 14 octobre 1943, 16 heures de Claude Lanzmann y Punishment Park de Peter Watkins. Para mirar fechas, horarios y coloquios consultar aquí.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Tres instantes, un grito de Cecilia Barriga

tresinstantesungrito

Recuerdo  a principios del siglo XXI cómo se me quedó la frase “Otro mundo es posible”… Y es que estos movimientos colectivos (que nacen de la espontaneidad), que muchos dicen son utópicos, de alguna manera transmiten una onda expansiva de que los sueños a veces pueden cumplirse. Y, de fondo, algo más importante…, no hundirse en la apatía, el mal rollo o transitar un camino de no retorno de desencanto. La espontaneidad de estos movimientos colectivos enciende continuamente mechas y supone un paso más a la consecución de un mundo un poco mejor. Algunos viven con tristeza (y con sensación de fracaso) la ‘aparente’ disolución de estos momentos (bien porque son interrumpidos violentamente, bien porque la espontaneidad no es eterna… y entonces empiezan otras ‘fases’ y ‘evoluciones’ en el proceso) y empleo la palabra ‘aparente’ porque sí, se apagan, pero queda la brasa, el fondo o el poso… Queda el testimonio.

También me viene a la cabeza una persona que no olvidaré porque disfruté de su amistad, de sus palabras, de su memoria y recuerdos. Se llamaba el Indio Juan. A un poso de desencanto, siempre surgía la chispa en su mirada. Una de sus pasiones era recorrer las calles, los cementerios, los muros, los edificios, las puertas y paredes… y rescatar en su cuaderno las frases que dejaba la gente. Decía que ahí había poesía y mucha sabiduría. Pienso que hubiese disfrutado mucho del año 2011… y de todos esos movimientos colectivos que se dieron a la vez por el mundo. Y que siguen la senda de Otro mundo es posible. En ese momento era un mundo clamando por un cambio de organización y sistema. Mostrando también que la democracia real es otra cosa. Que el ciudadano puede pensar por sí mismo, que es consciente de que tiene derechos y también deberes y que sabe cuándo le están tomando el pelo o cuándo están abandonados a su suerte. Ciudadanos que claman por una representación real. Ciudadanos que siguen imaginando que las cosas pueden ir y hacerse mejor.

Durante todo el siglo XX y ahora el XXI, hay otra manera de poder dar testimonio de estos movimientos. Otra manera de hacerlos vivos y presentes. De eternizarlos. De preservar que existieron. De plasmar que algo se mueve… Y son las imágenes en movimiento. Es el cine. Una cámara y captar el espíritu de estos movimientos. Y es eso precisamente lo que consigue la realizadora chilena Cecilia Barriga en su documental Tres instantes, un grito. Captar ese grito, que se extendió en distintas partes del mundo y generó movimientos colectivos que provocan creatividad, pensamientos, vitalidad, posibilidad de cambio, debates, coloquios, diálogos y que construyen una generación de personas que tiene presente los sueños de muchos ciudadanos. Y eso no es fácil. Tres instantes, un grito provoca ganas de moverse, genera un sentimiento de esperanza y continuidad, muestra personas con ganas…, todavía algo se mueve, quizá todavía no esté todo perdido…

El documental muestra la esencia de tres de estos movimientos que se dieron en un año vivo, y como dijo uno de los asistentes al coloquio en la Cineteca-Matadero, que creará un fondo de documentación e ideas tan importante como el mayo del 68 (que no solo fue en París sino que tuvo también su efecto onda…). Y también su poso de críticas… pero es que siempre pienso que el que actúa, porque actúa, se equivoca… Y eso es sano, mientras haya un sentido de autocrítica y análisis, de ver qué fue lo válido y qué fue lo que falló.

El viaje de Barriga recoge el espíritu asambleario de los indignados en la Puerta del Sol de Madrid. La espontaneidad colectiva, creativa y multicultural, con presencia continúa de lo musical, de la toma de Wall Street. La filosofía: el 99 por ciento de la población muestra su descontento por el reparto injusto de riquezas y poderes en manos de un 1 por ciento que hace lo que quiere dejándose llevar por la codicia y la corrupción. No existe el axioma: pensar en el otro. Y por último la rebeldía constructiva, potente, valiente, espontánea, alegre e imparable de los adolescentes chilenos que tomaron las escuelas públicas del país exigiendo una educación pública, gratuita y de calidad. Y ese es el mejor aliciente para disfrutar del documental, sientes ese espíritu contagioso.

Movimientos que surgieron a la vez que otros y que serán la mecha para generar otros en un futuro próximo. Como dijo Cecilia Barriga, en el documental se intuye que los próximos movimientos colectivos quizá nos trasladarán a China o a cualquier otra parte donde la gente quiera soñar. Y de alguna manera su existencia permite el contagio… y poco a poco, con obstáculos, dificultades, desencantos, fallos… pero con un continuo movimiento, se pueden ir produciendo cambios que prefiguren otro mundo posible… y ojalá que mucho mejor.

Nota: próximas proyecciones en la Sala Berlanga (jueves 22 de mayo) y en junio en el Zumzeig cinema en Barcelona.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Paradiso de Omar A. Razzak

paradiso

Hay proyecciones y momentos con encanto en el cine. Uno lo viví un domingo de abril en la Cineteca de Madrid en el Matadero. Era el último día que se proyectaba el documental Paradiso. Y después tuvimos un coloquio. Toda una sorpresa. Paradiso no solo es un canto de amor al cine y a la sala de cine sino también un canto al trabajo hecho con cariño, respeto y cuidado. Y un canto a los últimos lugares, a aquellos puntos de encuentro de los barrios que de momento las nuevas tecnologías y la vida moderna aún no han desplazado y que sobreviven como islas en las grandes ciudades. Lugares con vida propia, personalidad propia.

Cuatro son los protagonistas de este peculiar documental que me hizo salir con una enorme sonrisa de la sala… y reafirmando mi amor al cine… al cine en la sala. Peculiar porque esta isla en el centro de Madrid es ni más ni menos que un lugar que muchos (y reconozco mi propio prejuicio) lo miramos como un reducto de lo decadente, lo degradante, lo patético y morboso… la única sala x que queda abierta en la ciudad, el cine Duque de Alba. Su acceso es por un largo pasillo (que se convierte en una especie de túnel del tiempo) y en sus laterales están los cárteles hechos a mano por el encargado del cine, Rafael, de las películas que se proyectan en sesión continua. Antes de pasar está la ventanilla de las de toda la vida (ya casi reliquia) de la taquillera, Luisa. Como habréis supuesto esos cuatro protagonistas son: el propio edificio del cine, Rafael, Luisa y los clientes.

Conocer a Rafael y a Luisa es uno de los grandes alicientes del documental. Después de la proyección vimos cómo ambos son tal y como se reflejan en la película. Los dos con su amor al trabajo y a la sala en la que trabajan, así como el respeto que muestran a sus clientes habituales, logran que una sala x se convierta en un lugar entrañable. Un lugar con una decadencia física cuidada (todavía funcionan con calefacción de carbón) que convierte el local en especial, en genuino. Lo que ocurre dentro de la propia sala de cine entra dentro de la privacidad de sus clientes. La cámara nunca entra. Así que solo vemos la sala desde fuera, desde el hall. Y cuando está vacía. En ese hall y en otras dependencias del cine escuchamos los gemidos de fondo… que nunca alteran las conversaciones del encargado y la taquillera o de estos con los clientes habituales o entre los propios clientes.

Luisa dice que sus años de taquillera en el cine Duque de Alba han sido los más bonitos. Y habla con dulzura, y sin juzgar, de sus clientes habituales, que son de lo más educado según su experiencia. Porque entre los clientes, que con tanto cariño son tratados por Rafael y Luisa, se deducen historias de soledad, de desencanto, de desamor, de exclusión y marginación. Muchos de ellos han encontrado en el cine Duque de Alba su refugio, su libertad. Y el realizador novel Omar A. Razzak y su equipo han logrado captar ese universo especial, con muchas dosis de cariño y mostrando una intimidad emocionante, con respeto. Así Luisa, la taquillera, nos decía después de la proyección, que ella estaba contenta por lo bien que iba el documental y lo que estaba gustando por los jóvenes, por ellos que tanto habían trabajado, y miraba feliz a Omar.

Paradiso regala momentos hermosos, otros muy divertidos y destila amor al espectador de toda la vida a través de las conversaciones que mantienen sobre cine (y no pornográfico…, sólo se nos informa en un momento el éxito que tuvo la Cicciolina cuando se proyectaban sus películas en la sala), Rafael, Luisa y algunos de los clientes. Así comentan las películas que más les han gustado como Mejor imposible de James L. Brooks, Los Puentes de Madison de Clint Eastwood o un cliente, que es todo un personaje, confiesa que con la película que más ha llorado es con Tomates verdes fritos (yo comparto su afición por esta historia). También hablan de El gran dictador, de Ciudadano Kane o del cine de Kubrick… pero con una candidez y una inocencia cinéfila con mucho encanto. Curiosamente Rafael tiene todas las habitaciones del edificio decoradas con carteles de cine que no son carteles porno sino de películas recordadas por todos.

Rafael lleva su sala con dedicación y respeto. Dentro de la rutina de cada día, cuida su local con mano experta y detallista. Así en el patio interior crea un espacio, una terracita, para que sus clientes puedan charlar y fumar. Así compra una carpa, unas sillas, unas macetas con flores… También cuida la decoración navideña con distintos artilugios y se piensa un mensaje además de tener un regalo preparado para sus clientes habituales (después de la proyección también llevó con sumo cuidado varios regalos para nosotros, los espectadores). Y siempre pide el consejo de Luisa, la taquillera. La relación que tienen entre ellos queda reflejada con mesura dejando muy buenos momentos.

El documental Paradiso (que se llama así porque a Rafael le encanta la película de Cinema Paradiso) cuenta un año en la vida de esta sala de cine… el último año de Luisa, que se jubila. Ese es el hilo conductor…, el pequeño cambio que va a sufrir esta isla urbana, ese universo propio, la taquillera se va… Paradiso se convierte en todo momento en un documental nostálgico, con una cierta melancolía en cada fotograma. En esas conversaciones entre seres solitarios, en ese abuelillo que lleva una rosa a Luisa, en ese cliente que canta una triste copla, en ese beso furtivo en la mejilla que le da la taquillera en su último día, antes de subirse al autobús, a Rafael, su compañero de trabajo… En esos momentos se encuentra la esencia de este lugar de encuentro que batalla contra viento y marea por sobrevivir.

Pronto saldrá el dvd y nos cuentan que la presentación se hará próximamente (a mediados de mayo) en el propio cine Duque de Alba… Luisa nos dice que lo vamos a pasar bien.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La imagen perdida (L’image manquante, 2013) de Rithy Panh

laimagenperdida

¿Cómo narrar el dolor? ¿Y por qué contarlo? ¿Cómo desnudar el alma y por qué es necesario? Rithy Panh realiza un documental político porque recupera la imagen perdida, la memoria mutilada. La imagen perdida es más que una autobiografía, es una demostración de que los jemeres rojos y su sistema social, económico y político fracasaron… Un superviviente como Rithy Panh cuenta en imágenes y escribe sobre el horror vivido. Denuncia y cuenta para que no caiga en olvido…, para que ninguna víctima caiga en olvido.

Desde los años ochenta su filmografía (tanto de ficción como de cine documental, de la que no he visto nada hasta ahora) ha reflejado cómo fue y cómo afectó el genocidio a Camboya, y ha tratado también de encontrar en el pasado una explicación de lo que aconteció.

Cuatro años de genocidio atroz (1975-1979)… los jemeres rojos, el líder Pol Pot, Kampuchea democrática y la destrucción sistemática de las ciudades, de la población urbana, de la cultura… de todo lo considerado burgués para crear un sistema de economía agrario y un control férreo militar que dominaba a través de la muerte y el terror.

Pero nunca había empleado la primera persona. No había contado su historia. Único superviviente de su familia…, todos fallecidos durante los años del terror. ¿Cómo tocar algo tan cercano, tan doloroso? Primero habló de sí mismo en un libro La eliminación (Anagrama, 2013) a partir de su experiencia al entrevistar a uno de los responsables del genocidio (un libro que tengo enormes ganas de leer), después ha sido en este bello documental. En La imagen perdida, el director camboyano ha encontrado la manera de narrar lo que le duele y destroza.

laimagenperdidaII

De fondo, una voz en off va lanzando sus reflexiones, sus recuerdos… vierte su memoria dura pero con una delicadeza que hace que el horror de lo que narra abofetee dulcemente al espectador. Crea con las palabras metáforas tan bellas pero a la vez tan duras y desoladoras… Y esa voz en off va acompañada de hermosas maquetas llenas de figuras de arcilla (arcilla y agua… vida) que ‘ilustran’ sus recuerdos del pasado y el terror del genocidio. Figuras estáticas con alma… porque son las víctimas. Hay figuras que representan a su padre, a su madre, a sus hermanos, a sus amigos, a otras víctimas que acompañaron su calvario… y hay una figura que representa al niño que fue él, el superviviente. Ese niño que arrastró y arrastra años después un sentimiento de culpa por no haber podido ayudar más a los suyos. Un niño que trataba de olvidarse de su ropa negra (y se imaginaba distinto, con una camiseta de colores brillantes… y su figura de barro así lo representa), de su vida oscura. Un niño que se aferraba a la ternura de su infancia, a su padre leyéndole poesía, a los juegos con sus hermanos, el rostro alegre de la madre, a las reuniones, a la risa, al bullicio de las calles, las sesiones de cine donde se proyectaban danzas de bailarinas hermosas.

Y esas secuencias de figuras de barro…, se mezclan con imágenes del pasado. Con aquel legado cinematográfico y musical que trataron de destruir y saquear (pero que algo sobrevivió) para sustituirlo por un cine propagandístico que mostrara esa Kampuchea democrática falsa, esa mentira dolorosa. Esas imágenes que ocultan el hambre, la muerte, las fosas, el miedo…

Durante años, Rithy Panh ha tratado de encontrar una imagen real del horror, una fotografía de una ejecución… pero ante su ausencia (no la ha encontrado pero sabe que se hizo), él se sirve del cine (que ya amaba desde pequeño) para construir la memoria perdida, las imágenes que recuerda, que le duelen… pero que hacen que las víctimas no sean números sino personas (su padre, su madre, sus hermanos, sus vecinos, sus amigos…) y las pone frente a esa propaganda cruel. Unas figurillas de arcilla y agua articulan la memoria perdida, el horror… y unas palabras que son poesía dura y desgarrada (que alcanza la luna) permiten que el espectador sea capaz también de percibir o sentir mínimamente lo que es casi imposible de contar, lo que realmente ocurrió. Y sentir así un escalofrío del que todavía no me he desprendido…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Anochece en la India (2014) de Chema Rodríguez

anocheceenlaindia

El documentalista Chema Rodríguez (que entre otros trabajos realizó el vital documental Estrellas de la Línea sobre unas prostitutas guatemaltecas que para denunciar su situación y hacerse visibles forman un equipo de fútbol) realiza su primer largometraje de ficción. Y se decanta por una road movie, por un viaje físico y mental…

El propio director explica cómo este género le llama poderosamente la atención y nombra París, Texas, Una historia verdadera o Pequeña Miss Sunshine… como películas en las que el viaje por carretera se convierte también en una metáfora de vida. Pero además para el personaje protagonista, Ricardo (Juan Diego), busca inspiración real —recoge pinceladas— en Lorenzo del Amo cuya peripecia vital el propio director relató en el libro Anochece en Katmandú.

Así Ricardo se convierte en un parapléjico malhumorado y desencantado al que solo le queda esperar la muerte y que vive aferrado a sus recuerdos y a un pasado que identifica con la felicidad. En su juventud, trasportaba en su furgoneta a hippies cuyo destino era la India, además allí vivió junto al amor de su vida. Ricardo proyecta en la pared de su hogar viejas cintas donde revive sus momentos más felices. Poca amabilidad le queda y convive con una silenciosa y también hosca cuidadora rumana, Dana (Clara Voda). Ambos viven encerrados entre cuatro paredes entre silencios y choques continuos… pero también aferrándose el uno al otro. Así el protagonista, ante su inminente final, decide tomar una decisión: emprender un último viaje en furgoneta. Regresar al Edén. A esa India idealizada. Y en ese plan no entra Dana… Sin embargo el destino irá urdiendo sus planes para que ambos se embarquen en un viaje ¿sin retorno? y sus lazos de unión vayan reforzándose.

A priori Anochece en la India cuenta con los ingredientes necesarios para una película atractiva además de contar con dos intérpretes que se vuelcan en la construcción de sus personajes (solo por verlos a ambos tanto a Juan Diego como a la actriz rumana Clara Voda merece ser vista). Sin embargo, no llega a ser redonda. Una película con numerosos aciertos (valiente y arriesgada) pero lastrada, sobre todo, por tres aspectos: no conseguir el tono adecuado, el equilibrio entre géneros. No encontrar el ‘ritmo’ y el ‘tempo’ adecuado en la evolución y relación de los personajes protagonistas (el famoso amor-odio, odio-amor) así como la aparición de una galería de personajes secundarios desaprovechados. Y precisamente no contar con todas las ‘ventajas’ narrativas de una road movie en furgoneta destartalada (con una buena fotografía y un reflejo de los distintos escenarios en los que se percibe la sensibilidad documental del Chema Rodríguez)…, es decir, aprovechar el propio viaje hasta el destino final.

No obstante, por sus intérpretes, su manera de mirar, sus momentos de autenticidad, sus aciertos y su para mí arriesgado y valiente final, Anochece en la India es de esas películas que encierran un encanto especial y que se convierten en rarezas que bien merecen un ‘viaje’ por ellas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Juego de espías (Juego de espías. Canfranc-Zaragoza-San Sebastián, 2013) de Ramón J. Campo y Germán Roda

juegodepespias

… Si algunos edificios o paredes pudiesen hablar… Y esta frase que tanto hemos escuchado cobra todo su sentido cuando en el documental Juego de espías la cámara viaja por un enorme edificio vacío pero escenario en tiempos pasados (y cercanos) de muchas historias. Y ese edificio es la Estación Internacional de Canfranc (Huesca), una estación de ferrocarril fantasma casi en la frontera de Francia.

Juego de espías se centra en una de esas historias donde fueron muchos los protagonistas. De las imágenes de la estación en la actualidad e infografías pasamos a fotografías de distintas épocas hasta llegar a 1940, y poco a poco, con la tensión de un thriller surge la narración de un acontecimiento: el nacimiento de una red de espías en la que operaban hombres y mujeres aragoneses, vascos y franceses para facilitar al Servicio de Inteligencia británica información crucial —sobre los movimientos de las tropas nazis y sobre las mercancías que entraban y salían— para el curso de la Segunda Guerra Mundial. Mujeres y hombres que trabajaron en el anonimato más absoluto poniendo en riesgo sus vidas y la de sus familias por la causa de los aliados y para luchar contra el nazismo. Mujeres y hombres de diferentes ideologías políticas, creencias y profesiones que hacían llegar tras una compleja red de comunicación la información. Y todo esto en un país neutral que vivía además una dura posguerra y una dictadura férrea.

El documental reconstruye un periodo de la historia desconocido y sepultado (que ahora a través de la literatura, de libros de historia, de series de televisión o de documentales como éste se está dando a conocer más)… y es puro periodismo de investigación. En busca de testigos y familiares, de testimonios, de documentación… terminamos oyendo hablar a las paredes. Así el periodista aragonés Ramón J. Campo, especialista en Canfranc, parte de sus investigaciones (que ha recogido en varios libros como El oro de Canfranc o La estación espía) para desenterrar una historia apasionante.

El realizador Germán Roda emplea varios recursos visuales además de las entrevistas a testigos, antiguos espías (donde nos encontramos, entre otros, a una entrañable abuela llamada Lola, que cuenta los hechos con una naturalidad que desarma o la dulzura de Simone que era una niña que junto a sus padres formaban parte de la red), familiares (como Emilio Astier, el nieto de uno de los espías que trata de reconstruir la vida de su abuelo y nos dice que entre la memoria y el olvido, él elige la memoria),  y especialistas que crean un relato ágil (y abren el apetito al espectador interesado dejándole con ganas de más…). A las fotografías de época e infografías se intercala además animación que recrea las acciones y actuaciones de los espías. La animación recuerda a esos dibujos que se realizaban en los juicios para reflejar las sesiones. Y es que precisamente parte de la información de este ‘juego de espías’ y que confirma la existencia de esta red es el sumario de un juicio en plena dictadura… viejos papeles que hablan… sobre una red de espías que fue desmantelada y cómo fueron detenidos y encarcelados varios de sus integrantes…

Volvemos a la estación internacional de Canfranc e imaginamos lo que pudieron vivir los protagonistas de esta historia desenterrada. Rescatamos las voces de las paredes. Pensamos en esos viajes en tren a San Sebastián, Zaragoza o Madrid o esos encuentros en viejas cafeterías o en calles bulliciosas para intercambiar mensajes… Hombres y mujeres que aun viviendo la más dura de las posguerras y una dictadura se convirtieron en espías para luchar contra el nazismo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Mujeres silenciadas: La piedra de la paciencia (Syngué Sabour, 2012) de Atiq Rahimi/La maleta de Marta (Marta’s Suitcase, 2013) de Günter Schwaiger

El rostro de la mujer afgana (Golshifteh Farahani) y el de Marta. Un personaje de ficción y una mujer que ofrece su rostro y su voz a un documental. La primera vomita sus sufrimientos, sentimientos, frustraciones, dolor, angustias y miedos a una ‘piedra de la paciencia’ que cuenta la leyenda (según le narra su tía) que una vez que rebosa de secretos y dolor se rompe… y libera de todas la penas. Esa ‘piedra de la paciencia’ es su marido en coma con el que lleva casada diez años. La segunda es Marta que muestra la maleta que arrastra llena de vivencias, sufrimientos, dolor y miedos y es testimonio vivo de cómo la violencia de género es un fenómeno mundial que crea una legión de mujeres heridas…

Y las voces de estas mujeres ponen en evidencia lo que es ser mujer silenciada. Yo, como Hildy Johnson, no me he sentido discriminada por ser mujer, es más me gusta ser mujer. No me he sentido invisibilizada ni silenciada, no he sentido el yugo del poder bajo mi persona por ser mujer. Los hombres que me han rodeado creen en la igualdad de derechos y deberes, no se sienten superiores en su condición de hombres, no han empleado el poder ni la violencia sobre mi persona sino que más bien la convivencia ha sido posible y plácida. Y los roces y problemas han surgido como seres humanos que se relacionan y por eso pueden chocar o no. Si alguna vez he visto o vivido una situación ‘machista’ sobre mi persona no ha quebrado mi seguridad sino que lo he vivido como pura anécdota, como una excepción en mi vida, y además he contado con las herramientas suficientes cómo para que no me afecte en absoluto. Pero esto no me vuelve ciega y sé que la situación que vivo no es la habitual, no está normalizada (cuando debería serlo) y que sigue siendo necesario visualizar la situación de un gran número de mujeres y luchar por los derechos de las mujeres. No es una lucha obsoleta e innecesaria, más bien al contrario. No deja de dar cierto miedo vislumbrar un retroceso (un retroceso que se está dando en muchas áreas como la laboral) a las ‘conquistas’ ya realizadas en ciertos lugares respecto a la situación de las mujeres (y su libertad) y  el estancamiento, silenciamiento e invisibilización del problema en gran parte del mundo. El tema es preocupante.

Y así lo muestra la película de ficción La piedra de la paciencia y el documental La maleta de Marta. Ambas son testimoniales y ahí radica su fuerza. En el reflejo de dos rostros femeninos y en sus palabras. Dos mujeres silenciadas que hablan y se exponen… Sencillez cinematográfica y contundencia testimonial.

La piedra

lapiedradelapaciencia

La interpretación de Golshifteh Farahani es La piedra de la paciencia y a través de su monólogo (y de los distintos estados que va viviendo) nos deja al descubierto su historia íntima, su retrato. Se visibiliza como mujer y se muestra su verdadero rostro: su manera de pensar, sus sentimientos, sus secretos, su sexualidad, sus dolores…

Según va confesando a su marido en coma su vida en común, ella se va liberando de su carga, de su prisión. Por primera vez siente que puede hablar sin miedo y que el depositario solitario de sus confesiones, su piedra de la paciencia, escucha. Así esta mujer afgana universaliza lo que es ser mujer pero silenciada. Expresa lo que es sentirse encarcelada en la intimidad, la imposición del matrimonio sin posibilidad alguna de elección, el miedo a ser estéril y sufrir el repudio, la imposibilidad de sentir placer compartido en la cama, el miedo al rechazo social, el yugo del poder y la violencia siempre presente, el sentirse un trozo de carne…

Pero además toda esta confesión se da también en un ‘estado anormal’ (que se convierte en cotidiano, como su situación de mujer silenciada e invisible. Por ejemplo Golshifteh Farahani muestra lo cotidiano y la naturalidad de una acción: el uso del burka) que es el de la guerra y el horror… donde no sólo se sufre una convivencia diaria con la muerte, la violencia irracional y el miedo sino que además por el hecho de ser mujer continuamente se enfrenta con la amenaza de un arma de guerra atroz: la violación… que es llevar al extremo ese poder del hombre sobre la mujer invisible y silenciada.

La piedra de la paciencia es una adaptación cinematográfica a la novela del propio director Atiq Rahimi (que no es la primera vez que se pone tras la cámara). También él coescribe el guion junto a Jean-Claude Carrière (que fue uno de los guionistas de Luis Buñuel). La película no es ni plana ni maniquea sino inteligente con unas frases para enmarcar. Y donde la protagonista no es la víctima doliente sino una mujer que empieza a hablar sin miedo e inicia un camino duro hacia su liberación de una cárcel íntima… Es cierto que tiene una llave, su tía, un personaje que ya ha vivido su propia liberación. A la vez esta dura historia trata también de entender (no de justificar, cuidado) el comportamiento masculino de ese héroe de guerra en coma (por una reyerta con los suyos… por un insulto a su madre) y muestra que tampoco es fácil ser hombre en un lugar donde prima la guerra y la violencia como elementos cotidianos así como una estricta e inamovible educación religiosa que se emplea como arma de dominación y poder. De esta manera surge un tercer personaje y es ese joven soldado tartamudo que como dice la protagonista puede que se transforme en un futuro en un ser monstruoso pero de momento no lo es, sólo es un chico joven que sufre, al que dañan cada día con violencia y que tiene miedo… y solo busca alguien que le escuche o le dé una muestra de cariño. Otro tema interesante que plantea la película es como ambas mujeres (tía y sobrina) encuentran un camino hacia la liberación por varios caminos: en el cuidado del otro, en la consumación del deseo, en la solidaridad femenina y sobre todo en poder hablar y contar.

La maleta

lamaletademarta

El documentalista austriaco Günter Schwaiger aporta un testimonio contundente de la violencia de género en las palabras que vomita su protagonista, Marta. Marta al desnudo. Un desnudo descarnado donde cuenta una historia escalofriante, su historia. Una historia muy cercana. Marta, una mujer andaluza, va haciendo una maleta de sentimientos y dolores. Plantea interrogantes. El testimonio brutal y desnudo de Marta deja al descubierto una realidad preocupante que hay que denunciar y sobre todo trabajar en su erradicación. Y muestra que el camino todavía es muy largo y complejo. Deja claro que es necesaria la implicación del Estado en esta situación facilitando unas leyes eficaces, unos dispositivos sociales reales (y con recursos) y que trabaje tanto con la mujer afectada (que no sienta abandono ni desamparo, ni soledad ni miedo, ni que tenga que renunciar a su vida y vivir oculta) como con el hombre que ejerce esa violencia (una vez detenido que se trabaje con él para que se dé cuenta de lo que ha hecho, por qué lo ha hecho y que realmente se rehabilite, que realmente entienda que ese comportamiento es anómalo).

Así deja al descubierto otra realidad (a mi parecer igual de importante e interesante pero menos logrado, documentalmente, que el testimonio de Marta): poco se puede hacer si no se empieza a trabajar con el hombre que maltrata, si no se empieza a indagar en sus motivos y no se le facilitan las herramientas sociales que le hagan comprender que su comportamiento es anómalo y hacerle ver que debe luchar contra él. Para ello el director, de origen austriaco, se traslada a su país de origen, en concreto a Salzburgo, donde contacta con un centro de prevención que entre otras cosas desarrolla un programa con los hombres que practican la violencia de género para tratar de paliar estos comportamientos haciendo que sean ellos mismos los que se enfrenten al problema y lleguen a la raíz de por qué se comportan así.

Lo que está claro es que en situaciones de violencia de género se han creado relaciones dañinas, insanas y de dominación en un entorno que las permite. Y que llegar al origen y a la raíz de este problema es una tarea necesaria pero muy compleja pero que hay caminos que tomar y en los que avanzar (no se puede retroceder).

Así el documental es contundente porque trata de pintar un mapa de la violencia de género más completo donde da paso a reflexiones importantes:

-La violencia de género es un problema universal. No tiene que ver con una zona o un país determinado. La violencia de género existe tanto en España como en Austria. Tanto en México como en Noruega. No está unido ni a la pobreza, ni a la educación ni al entorno social. La violencia de género puede ocurrir tanto en una chabola como en un palacio.

-La violencia de género es un problema preocupante (y muy extendido) y es necesario la implicación de todos los elementos sociales, políticos y jurídicos para poder luchar y que sea posible la erradicación.

-La violencia de género tiene que ver con el desarrollo de entornos donde evolucionan relaciones dañinas e insanas donde la dominación, el poder y la violencia va minando a las personas. Hay un verdugo y una víctima y un entorno que permite que se desarrollen estos comportamientos anormales. Romper estos entornos, hacer ver estos comportamientos insanos, cambiar y crear otras relaciones donde el poder y la dominación no tengan sitio son las claves para empezar a avanzar.

Escuchar a Marta rompe por dentro. Su historia, su maleta, es un mazazo continuo… que sin embargo es necesario que sea abierta, descubierta, revelada… y de ahí quizá encender una mecha que haga posible una reacción.

Tras las cámaras, dos hombres

Los rostros son de dos mujeres… pero quienes filman son dos hombres. Y me parece importante. Porque como he dicho esto no es sólo cuestión de mujeres. Para que se produzca el cambio y para que la lucha sea efectiva es necesaria la implicación de las mujeres y de los hombres. Es necesario escuchar la voz de las mujeres y su mirada pero también que haya hombres que entiendan la necesidad de esta lucha y que sean también portavoces (y actores) del cambio de mirada y la transformación de las relaciones donde exista la igualdad, la libertad, el respeto y la tolerancia.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

The act of killing (The act of killing, 2012) de Joshua Oppenheimer

theactofkilling

The act of killing contiene imágenes, entrevistas y pensamientos que no te puedes creer lo que estás viendo y lo que te están contando. The act of killing crea un montón de reflexiones que te ponen los pelos de punta. The act of killing no deja indiferente a ningún espectador. Sus créditos finales son escalofriantes: un montón de personas anónimas que no ponen sus nombres. Mientras observas no puedes dar crédito a que estás viendo algo salvajemente real.

Para entrar en antecedentes unos cuantos rótulos para recordar historia. 1965. Indonesia. Golpe de Estado del Ejército con la cabeza visible del general Suharto que lideró con ayuda de paramilitares y gánsteres una masacre de comunistas, simpatizantes, sospechosos…

La propuesta del documental: el director, la coguionista (Christine Cynn) y un anónimo contactan con uno de esos escuadrones de la muerte en la actualidad, que viven tranquilamente e impunes (más terrorífico aún: son vistos como héroes en los medios de comunicación, pasean por las calles, extorsionan, están cerca de los poderosos…) y les realizan una propuesta: que ellos mismos realicen una película escenificando aquellos días en que asesinaron a un número enorme de seres humanos, de maneras horribles… y el documental refleja este proceso porque este grupo de asesinos se entrega a la tarea.

Curiosamente todos son muy cinéfilos (antes del golpe eran conocidos como los gánsteres del cine pues operaban en una sala… y una de las cosas que más les enfadó es que en aquellos tiempos los comunistas querían vetar el cine americano) y les parece una idea magnífica reflejar lo que hicieron en una película. Así vamos viendo el rodaje de varias escenas (de una película que mezcla un montón de géneros: western, musical, bélico, gánsteres…) que rozan el absurdo, lo violento y el espectáculo más hortera. Además de ir escuchándoles sus pensamientos, reflexiones sobre aquel tiempo, su vida cotidiana… y cada momento es un escalofrío. Se muestran preocupados sobre lo que deben mostrar en la película y cómo deben mostrarlo.

Ellos siempre dicen orgullosos que el significado etimológico de gánster es ‘hombre libre’… hombre libre para hacer todo el mal que les parezca. Uno de los momentos estelares (y escalofriantes) de su película es un número musical absolutamente absurdo e irracional cantando Born free.

No te puedes creer cuando oyes a uno de ellos contar cómo salían de felices de una película de Elvis Presley y cómo así se dirigían más contentos a matar…

El documental se centra en uno de los asesinos, ya anciano, y sus ‘amigos’. A cada uno le afectará la película de manera distinta (y a alguno de manera sorprendente e inesperada)… pero a veces no puedes creer lo que les estás escuchando decir o cómo quieren reflejar lo que hicieron. No te puedes creer que sea real. O no puedes creer cómo se comportan y cómo piensan (porque al espectador también le afecta lo que está viendo y las reflexiones que se van generando). Pero afecta también el ver la Indonesia de hoy, cómo acepta la ‘historia’ de estos verdugos y cómo la corrupción recorre todas las capas sociales. Y afectan también las reflexiones que surgen sobre la ficción y la realidad, la realidad y la ficción… Así como imaginar el ‘estómago’ de los documentalistas escuchando y grabando lo que se estaba gestando en la mente de este grupo de hombres impunes…

The act of killing es un documental de terror y es difícil olvidar lo que se ve y lo que se escucha… y cómo lo muestra. Remueve…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Nostalgia de la luz (Nostalgie de la lumière, 2010) de Patricio Guzmán

nostalgiadelaluz

A veces te encuentras en la sala oscura con el corazón en un puño. Por lo que acabas de ver. Y piensas que te gustaría compartir lo que has sentido y lo que has visto. Ocurrió este sábado en la sala Iberia de la Casa de América durante la proyección del documental Nostalgia de la luz de Patricio Guzmán. Lo cierto es que llevaba mucho tiempo detrás de este documental y llegó por fin la oportunidad de poder verlo en pantalla grande. Y es de esos documentales que piensas que se tendría que proyectar en colegios, centros culturales y universidades… porque en sí son valiosos, muy valiosos. Porque ellos solos son una clase de historia y memoria. De humanidad y recuerdo. De filosofía y astronomía. De arqueología e ideología…

El documentalista chileno Patricio Guzmán (actualmente reside en Francia) construye un impresionante e inteligente discurso visual al cual sigo dándole vueltas. Un discurso que logra que trascienda y se convierta el todo en un poema visual que expulsa emociones. Así logra un artefacto inteligente y cerebral que, como las galaxias que refleja, emana sentimientos, emociones, sensaciones, recuerdos, historias inolvidables…

El escenario de este ‘monumento de memoria’ es el desierto de Atacama en Chile. Allí se ven los cielos con tal transparencia y limpieza que es paraíso para astrónomos de todas las partes del mundo que buscan las huellas de las estrellas, el origen del mundo, el pasado remoto… Y es un paisaje tan especial que tiene también huellas de la historia de la humanidad, por eso, también es apreciado por los arqueólogos que indagan y reconstruyen la vida del hombre en la tierra. Pero Atacama también es un ‘esqueleto de memoria’ que se niega a ser sepultado de historia reciente chilena. Y que sus huellas duelen. No sólo se encuentran cementerios de hombres que perecieron en sus minas desde el siglo XIX… sino que un grupo de madres, con sus palas y su espíritu incansable, pueblan el desierto buscando a los suyos, los desaparecidos de la dictadura de Pinochet…

nostalgiadelaluzII

Así Patricio Guzmán va construyendo un tejido riquísimo de reflexiones que va de las galaxias hasta la recuperación de una memoria que se niega a caer en olvido. Y con los testimonios y pensamientos de astrónomos, arqueólogos, madres y supervivientes de la dictadura va tejiendo un discurso maravilloso y a la vez duro sobre el pasado. Un discurso con paradojas que se convierten en elementos de reflexión para construir una huella a estudiar y analizar.

Cuando una de las madres de los desaparecidos dice que ojalá los grandes telescopios de Atacama que atrapan el universo y su estudio, que miran al cielo para atrapar el origen de todo… pudieran servir para mirar bajo tierra y encontrar los restos de los desaparecidos, el círculo queda cerrado de manera magistral y todas las piezas del puzle quedan unidas.

Patricio Guzmán nos hace pasear por las palabras y las imágenes rescatando historias y pensamientos. Así escuchamos a un joven astrónomo chileno que nos cuenta que el presente no existe, que todo es pasado y la importancia de su rescate… Y cómo asemeja la búsqueda de las estrellas (pero reconociendo que cada día se pueden ir tranquilos a dormir), con la búsqueda de las madres y los cuerpos de sus seres queridos (pero connotando la angustia de esa búsqueda…, la intranquilidad que fomenta esta tarea cuando no tiene frutos). El arqueólogo veterano que nos habla de la gran paradoja, cómo ellos se dedican a reconstruir el pasado y cómo sin embargo en ese mismo espacio se reconocen las huellas que otros tratan de sepultar y olvidar de un pasado más reciente. Nos cruzamos con la historias del arquitecto superviviente de los campos de prisioneros políticos de la dictadura que memorizó esa ‘arquitectura’ para poder plasmarla en planos y no olvidar esta historia de horror, para transmitirla y denunciarla. O ese otro superviviente que narra cómo formaron un grupo que se reunía para mirar las estrellas… y de alguna manera se sintieron libres.  Y más allá está el joven exiliado que ahora va a estudiar las estrellas en Atacama y cuenta cómo su madre ha atendido toda la vida a los torturados y sus secuelas. O una joven astrónoma, hija de desaparecidos, que habla de cómo el universo, todo es cíclico, y el material de las estrellas es también el material de los desaparecidos. Y cómo tras la muerte hay vida…

 nostalgiadelaluzI

Y el espectador tiene para él solo un gran telescopio que le revela los secretos de la memoria y los retiene aunque a veces le es imposible no dejar escapar una lágrima… Y piensa para sí que todos los países, entre ellos el nuestro, cuenta con ‘rescatadores de la memoria’ y con muchas personas que luchan por ser escuchados y porque la memoria de los suyos no caiga en olvido… Patricio Guzmán nos deja una metáfora de Chile (o de otros muchos países) a través de un matrimonio anciano y testigo de la historia: él es la memoria; ella, aquejada de alzheimer, es el olvido.

Aunque parezca mentira… este documental no lo ha tenido fácil para su distribución en salas y la historia de cómo va estrenándose forma parte de otro relato increíble. Sólo un dato: el otro día no había un solo hueco libre en la sala Iberia.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La casa Emak Bakia (Emak Bakia Baita, 2012) de Oskar Alegria

lacasaemakbakia

A veces topas con obras cinematográficas que te sorprenden y emocionan por partes iguales. Así ocurre con La casa Emak Bakia que te lleva hacia un viaje fascinante donde el azar y las casualidades construyen un camino creativo libre lleno de historias increíbles que rozan la magia y recorren una memoria especial donde se recuperan palabras, recuerdos y lugares.

La ópera prima de Oskar Alegria es gozosa porque el espectador se embarca en un itinerario extraño pero rico en sensaciones, emociones y sorpresas. Todo parte de una investigación concreta: en 1926 el artista dadaísta y surrealista Man Ray realizó un cine-poema (que es una gozada verlo, cine experimental puro) con el título Emak Bakia.

Emak Bakia es una expresión en euskera que quiere decir: “Déjame en paz”. El realizador empieza a indagar el origen de dicho título. La pista inicial es que el cine-poema se rodó cerca de la costa de Biarritz. Man Ray veraneaba allí. Así que Alegria parte de dos teorías: la expresión la encontró el artista en un epitafio de un cementerio cercano o daba nombre a una de las casas de la zona.

A partir de estas premisas empieza una ruta donde la lógica no tiene sitio (donde los límites no existen y el horizonte puede invertirse… y el mar ser cielo y la tierra mar) y sí el detalle fugaz, el azar o la casualidad. Así el realizador nos hace testigos de un viaje artístico que crea un mapa singular donde a través de descubrimientos e itinerarios donde lo que prima es la libertad nos conduce a la resolución de un misterio (pasando antes por varios misterios más).

Y ante nuestros ojos Oskar Alegria crea un docu-poema lleno de posibilidades de la mano del legado artístico de Man Ray (sobre todo de su cine-poema Emak Bakia). Así en un cementerio la primera pista la dará una lápida de un payaso. Después los nombres en euskera de un conjunto de casas, al azar, formarán un poema. Así el asombro del espectador cada vez es mayor pues escuchará la canción de las palabras perdidas (o la memoria) o una filosofía de vida que encierra Emak Bakia a través de dos creadores vascos. Viajará hasta Italia donde Emak Bakia da nombre a una tienda de ropa vitange y refleja la filosofía de vida de su dueño. Se asombrará ante un casting de párpados que cuando se abren aletean como mariposas. Asistirá al cortejo de un guante y una servilleta. Buscará el significado de una frase escrita en el reverso de una postal. Será testigo de la pesadilla de los cerdos. Bailará de contento ante los descubrimientos inesperados y brindará con el mismo Man Ray. Acudirá a su tumba donde su rostro llorará. Atrapará los sonidos para componer una banda sonora. Se mostrará fascinado por la vuelta al pasado de una princesa rumana que colecciona sellos de elefantes y escribe tesis sobre el olfato de las hormigas… y quizá se dé cuenta de que la muerte puede ser vencida si uno se asoma a una ventana para contar pájaros o si recupera aquellas palabras que se perdieron…

Emak Bakia… estoy creando. Soy libre.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.