10 razones para amar En el estanque dorado (On Golden Pond, 1981) de Mark Rydell

En el estanque dorado, la película que reunió por primera y única vez a dos estrellas del Hollywood clásico: Katharine Hepburn y Henry Fonda.

Razón número 1: Forma parte de mi memoria cinéfila

En el estanque dorado es una de esas películas de los ochenta que se me quedaron grabadas en la infancia y conectaron con mi sensibilidad y memoria. Sé que fue una de esas películas que vi en el cine cuando se estrenaron y que me atrapó del todo. Después no sé contar la de veces que la he visto. Es una de esas películas que irremediablemente te acompaña siempre a lo largo de los años. Refleja una historia muy sencilla, contada de una manera clásica, sin grandes hallazgos cinematográficos, pero respira verdad, mucha verdad.

Y además es de esos largometrajes que al atrapar cuestiones cotidianas de la vida, la mirada va también transformándose en cada visionado. La primera vez que la vi estaba más cerca de Billy, el nieto; luego según vas creciendo entiendes más a Chelsea, hasta que como dice el personaje de Norman, en un suspiro, estarás más cerca de la muerte de lo que nunca uno quiso pensar y la película tendrá otro sentido cuando se tenga la edad de Ethel y Norman.

Razón número 2: Una historia detrás

Jane Fonda compró los derechos de la obra de teatro de Ernest Thompson para llevarla a la pantalla de cine. Y supo desde el primer momento que tenía que protagonizarla su padre Henry Fonda. Él tenía que ser Norman Thayer Jr. También sabía que ella interpretaría a Chelsea, la hija de Norman. Uno de los conflictos de fondo de En el estanque dorado es la difícil relación entre Norman y su hija. Y cómo justo ese largo verano, cuando todo tiene un halo de despedida y de efímero, padre e hija tratan de conectar y reconciliarse.

La película supuso también una cura para Henry Fonda y Jane Fonda, pues su relación nunca fue fácil. Jane hizo todo lo que estuvo de su mano para que la película saliese adelante. Henry siempre había sido un hombre frío y distante con sus hijos, pues le costaba expresar sus emociones o estar presente en los momentos importantes de Peter y Jane.

La familia tampoco gestionó bien el trágico suicidio de Frances Ford Seymour, la madre de Jane y Peter y segunda esposa de Henry Fonda. Jane, como el personaje de la película, siempre trató de llamar la atención de su padre de mil maneras diferentes y esa tragedia familiar marcó su personalidad. El actor solo se sentía bien trabajando delante de una cámara o subido a un escenario, pero en las relaciones cercanas con sus hijos no supo manejarse.

Henry y Jane tuvieron una relación tan distante como los protagonista de En el estanque dorado, pero el trabajar juntos e interpretar a estos personajes también les sirvió de catarsis y sobre todo para que la actriz se aproximara a su padre durante el rodaje y estableciera una relación más cercana a partir de entonces.

La tensión entre los personajes en la película, pero también el gran cariño que se profesan, traspasa la pantalla. Y hay verdad en los ojos llorosos de Jane y en esa emoción contenida final de Henry cuando su hija le pide que sean amigos también.

Razón número 3: Norman y Ethel

Esta pareja de ancianos que van a pasar una larga temporada veraniega en su casa de campo, Norman y Ethel, tienen los rostros de dos grandes actores como Henry Fonda y Katharine Hepburn, dos gigantes del Hollywood clásico con unas filmografías increíbles desde los años 30.

Norman va a cumplir 80 años y ella es algo más joven, pero ya saben los dos que no solo están en sus últimos años, sino que la visita de la muerte es muy difícil de obviarla. Por su parte, Henry Fonda y Katharine Hepburn también eran ya viejas glorias en el crepúsculo de sus carreras.

Y esta película no solo fue un regalo para ambos, sino también para que nuevas generaciones descubriesen a dos titanes de la interpretación que en sus papeles de Norman y Ethel no pudieron transmitir más naturalidad y verdad. Son auténticos. Los vemos en la pantalla y estamos seguros de que son una venerable pareja que se han pasado toda la vida juntos. Y cómo le dice ella a Norman, él siempre ha sido su caballero. Y, sin embargo, Henry y Kate nunca habían compartido créditos en ninguna película, pero lo que es la magia del cine y la interpretación: la complicidad entre ambos está ahí, intacta.

En el estanque dorado, la película que fue catártica para que Jane Fonda pudiera acercarse a su padre Henry Fonda, los dos no tuvieron una relación fácil.

Razón número 4: Los colimbos, la trucha Walter y alguna sorpresa más

El visionado de En el estanque dorado provoca siempre mucha paz, desde las secuencias del principio, donde vemos el paisaje en el que va a transcurrir la película en ese gran lago, que efectivamente, cuando los rayos del sol se reflejan en el agua al atardecer parece dorado. Y vemos cómo en un paraje privilegiado un coche se acerca a una casa. Ahí van Henry y Ethel dispuestos a pasar su verano en la vieja casa de campo.

Lo primero que llama la atención y que estarán presentes durante toda la película serán los colimbos. No solo los veremos, sino que también los estaremos escuchando. Ethel es una enamorada, los saluda, los observa, imita sus ruidos, se comunica con ellos y no hace más que pedirle a Norman que se muestre tan contenta como ella con su presencia.

También en un momento crítico de la película, Billy, el muchacho que estará todo un mes con ellos, pescará un colimbo muerto, que inquietará a Norman, quien sabe que la presencia de la muerte le acecha. Y preferirá no comentar nada con el crío, simplemente cortar el hilo de la caña y dejar que se hunda el colimbo, en silencio.

Mi poca sabiduría en aves me hace recordar algo curioso. Las primeras veces que vi esta película, en la traducción decían que dichas aves eran somormujos, pero, sin embargo, últimamente las veces que la he visto se habla de colimbos. Creo viendo las imágenes de estas aves por internet, que los de la película son estos últimos. Pero yo me quedé para siempre con esa palabra sonora que es somormujo.

Si hay algo que unirá a Norman con Billy será la pesca y sobre todo el intentar localizar a un trucha gigante que el anciano nunca ha podido atrapar, Walter. En el momento más inesperado, lograrán pescarla, pero Norman tomará una decisión y Billy estará de acuerdo: Walter es un superviviente y volverán a echarle al lago. Precisamente, la pesca les hará pasar las aventuras más peligrosas y emocionantes.

La película juega con un humor elegante y fino. Y este se eleva cuando aparece el prometido de Chelsea, un dentista de Nueva York, muy pero que muy urbano. Para Bill (Dabney Coleman), el futuro yerno de los ancianos, todos los ruidos, las sombras y formas que ve por la noche, justo cuando llegan, tienen que ver con un inexistente oso pardo. Chelsea había bromeado con padre e hijo poco más o menos que vivían en una selva rodeados de incomodidades y animales salvajes… Chelsea tiene también el espíritu bromista y el humor negro de su padre.

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Irene Dunne y Charles Boyer, una química especial. Otra vez juntos (Together Again, 1944) de Charles Vidor

Otra vez juntos dos estrellas con química, Irene Dunne y Charles Boyer.

Irene Dunne y Charles Boyer, una de las grandes parejas cinematográficas del cine clásico hollywoodiense ha caído totalmente en olvido, y es una verdadera pena. Hicieron tres películas juntos, se llevaron bien delante y detrás de las cámaras y al público les gustaba verles en pantalla. De sus tres películas me faltaba por ver Otra vez juntos, una agradable sorpresa. Es una comedia simpática sin más, pero rodada con elegancia y profesionalidad por Charles Vidor.

El año clave de esta pareja fue 1939, Leo McCarey les unió en Tú y yo, esa historia inolvidable entre el playboy francés y la cantante famosa a bordo de un trasatlántico… y la quedada más famosa y fallida del mundo mundial en el Empire State Building. Esta última cita ha inspirado a toda una hilera de comedias románticas. Sin embargo, esta versión de 1939 ha sido mucho menos vista que el remake que hizo el mismo director en 1957 con Debora Kerr y Cary Grant. Pero ¡no hay sesión doble más bonita que esta para recomendar en una de esas tardes tontas que una le apetece ver algo bonito! Sí, ver a la vez la de 1937 y la 1957, es un buen plan.

Y ese mismo año protagonizaron también un maravilloso y olvidado melodrama de John M. Stahl, Huracán (When Tomorrow Comes). Esta vez la historia de amor giraba alrededor de una camarera sindicalista y un pianista famoso, de por medio un huracán y una iglesia donde se refugian los dos enamorados sin saber qué va a ser de ellos el día siguiente. De nuevo, la química entre los dos actores fue evidente. Te crees que esas dos personas se conozcan y se enamoren. Y, claro, ¡existe el remake de Douglas Sirk, Interludio de amor (Interlude, 1957)!

Así que cuando cinco años más tarde les surgió la posibilidad de trabajar juntos, ambos actores aceptaron encantados y esta vez fue para protagonizar una comedia romántica y ligera, sin demasiadas pretensiones, simplemente para pasarlo bien. Y se les nota a ambos que se divierten. Otra vez juntos no es una gran película, ni siquiera es inolvidable, pero se ve con agrado, y eso es un lujo en ciertas ocasiones.

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Un cumpleaños más… y mucho cine

Un 14 de mayo, fecha de mi cumpleaños, se hizo la primera proyección pública de cine en Madrid. Sus espectadores pudieron ver entre otras cosas imágenes en movimiento en la Puerta del Sol.

Pues sí, he cumplido un año más. ¡Y menos mal! El otro día un amigo me decía que cada vez que era su cumpleaños le entraba angustia, pues se planteaba que cada vez le quedaba menos tiempo para leer, ver películas, exposiciones, obras de teatro, escuchar canciones…, que había tanto que disfrutar y nos faltaban horas. Y yo le doy un pequeño giro, un cumpleaños es un año más que tenemos para, por suerte, poder hacer todas esas cosas.

De pronto, por el algoritmo de mi móvil me entró ayer una noticia, justo el día de mi cumpleaños, el 14 de mayo, que me hizo recordar algo maravilloso. Y que os cuento con orgullo. Este día estaba destinado para mí. ¡Fue el día donde se realizó la primera proyección pública de cine en Madrid! Qué emoción me produjo leerlo justo el día de mi cumpleaños.

Sí, en un lejano 14 de mayo de 1896, uno de los pioneros operadores de cámara de los hermanos Lumière, Alexandre Promio, se vino a Madrid a presentar el invento. Y para esa exhibición que mejor que grabar una ciudad viva en su día a día: la salida de unas alumnas de un colegio, la actividad en la Puerta del Sol, que si la plaza de toros, que si las maniobras de artillería en Vicálvaro y mucho más… El lugar elegido para dicho evento fue el salón del ya desaparecido Hotel Rusia, que según dicha información, actualmente es el Centro de Salud Las Cortes.

Pensé que no me hubiese importado mirar por un agujerito y presenciar cómo fue esa exhibición y qué supuso para los que estuvieron presentes. Si algunos lo olvidaron nada más salir y si a otros dicha proyección les marcó o les dejó hambre de más…

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