Till We Meet Again (1944) de Frank Borzage

La novicia y el aviador, una historia de amor imposible que toca el cielo del director Frank Borzage.

Frank Borzage es capaz de emocionar con tan poco… Tan solo con una cámara que enfoca una mano que desfallece y se abre dejando a la vista un crucifijo. Cada vez estoy más enamorada de su filmografía. Y Till We Meet Again se ha puesto en mi camino para siempre. Hacía tiempo que iba detrás de esta película y todas mis expectativas se han cumplido con creces. Ochenta y ocho minutos de puro cine. Una historia en tiempos de guerra que Borzage sabe contar con una sensibilidad muy especial.

Nos deja una de esas relaciones de amor imposible que tocan el cielo y que pueblan muchas de sus obras. La protagonista es una joven novicia que vive aislada del mundo desde los ocho años. Su hogar es un convento de clausura al lado de un pequeño pueblo francés. Allí entró herida del alma y con miedo. Es más, Clothilde (Barbara Britton), que así se llama la protagonista, no quiere saber nada del mundo exterior, un mundo que en ese instante arde y que está en guerra. Solo quiere proteger a las niñas a las que cuidan en la congregación, como la acogieron a ella cuando solo era una cría asustada, y dedicarse a la contemplación de Dios. El convento es su hogar, su refugio.

Nada tiene que ver su actitud con la de la madre superiora (Lucile Watson), una mujer anciana y creyente, pero que presta toda su ayuda a la Resistencia francesa, permitiendo que varios fugitivos se escondan allí e impidiendo siempre el paso al oficial nazi (Konstantin Shayne) de la zona. Quien organiza toda la logística de la Resistencia francesa y con quien la superiora colabora es el jardinero del lugar.

Y aquí surge el conflicto: un día llega un aviador estadounidense (Ray Milland) que debe escapar a Inglaterra y que lleva una documentación valiosa para los aliados. A la primera que se encuentra es a una asustadiza Clothilde que da aviso a la madre superiora, no quiere implicarse en absoluto. Al aviador le han dicho que los de la Resistencia le ayudarán. Y así será.

Cuando tienen todo preparado para que este huya con una mujer del pueblo, una imprudencia de Clothilde, ante una visita inesperada del oficial nazi con el alcalde colaboracionista (Walter Slezak), hace que la vida de varios personajes pegue un vuelco.

Sigue leyendo →

Diccionario cinematográfico (234). Melopeas

Las melopeas es, en tono coloquial, como se nombran las borracheras o los estados de embriaguez… En el cine se han representado desde sus inicios las distintas borracheras de sus protagonistas. Y estas tienen una doble mirada: o desencadenan la tragedia o la comedia.

El millonario de borrachera con Charlot en Luces de la ciudad.

Melopeas de comedia. Charlot sabía muy bien hacer de borracho; de hecho uno de sus cortos, Charlot a la una de la madrugada, es una pantomima pura y dura sobre un hombre en plena melopea. El personaje de Chaplin regresa a casa después de una juerga nocturna con una borrachera considerable encima, y, claro, todos los objetos de la casa se le vuelven en contra. Pero en Luces de la ciudad parte de sus gags cómicos vienen de un personaje que no es Charlot, un millonario borracho (Harry Myers). Cuando está bebido, siente amor y amistad por el pequeño vagabundo, pero cuando está sereno no recuerda absolutamente nada y se convierte en un hombre de lo más estirado.

Muchas comedias basan algunos de sus gags en las melopeas de sus personajes principales. Por ejemplo, no hay borrachera más glamurosa y romántica que la que protagonizan James Stewart y Katharine Hepburn, dos personas no muy acostumbradas al alcohol, en Historias de Filadelfia. O Preston Sturges, que parte de una borrachera de su personaje principal para desarrollar la loca trama de El milagro de Morgan Creek, una comedia divertidísima. En ella una joven de un pueblo, después de una noche de juerga con varios soldados que se hospedan en la aldea, amanece sola sin acordarse de nada, con un anillo de casada, y poco después, embarazada.

Sigue leyendo →

Tiempo de comedia (1). El doctor se casa (The doctor takes a wife, 1940) de Alexander Hall

Loretta Young y Ray Milland, pareja sorpresa para un buen screwball comedy, El doctor se casa.

Los años treinta y cuarenta fueron las décadas doradas de la screwball comedy o comedia alocada. Y precisamente el año 1940 cosechó grandes películas de este género. Por ejemplo, Luna nueva, Historias de Filadelfia, Mi mujer favorita o El bazar de las sorpresas. Las screwball se convirtieron en un buen antídoto contra la Depresión. Y además de provocar la risa, hacían pensar. Normalmente, siempre solía haber un personaje que ponía patas arriba el mundo ordenado o en un mundo loco entraba alguien cuerdo. El choque y el roce eran siempre motivo de malentendidos, risas y amor, mucho amor. En las mejores screwball había una lectura de clases sociales y una crítica al sistema. También solían ser protagonizadas por fuertes e independientes personajes femeninos, y a menudo estas eran también la “pieza” del desorden. La guerra entre sexos siempre estaba servida. Entre tanta joya alguna ha quedado sepultada, y su descubrimiento es todo un deleite.

Así ocurre con El doctor se casa, también de 1940, una deliciosa y divertida screwball comedy muy olvidada. Su director es Alexander Hall, y no hace mucho dediqué una entrada a una de sus películas más recordadas: El difunto protesta (Here comes, mr. Jordan, 1941). La pareja protagonista son Loretta Young y Ray Milland (él ya había protagonizado una comedia alocada inolvidable: Una chica afortunada, de Mitchell Leisen), seguidos por unos secundarios de oro, algunos asiduos a este tipo de comedias: Reginald Gardiner, Gail Patrick y Edmund Gwenn, entre otros. Young y Milland están deliciosamente divertidos y con una química muy especial. Ella es June Cameron, una escritora feminista de éxito. Él es el doctor Timothy Sterling, que ambiciona una cátedra en la Universidad que le permita seguir investigando sobre las migrañas, además de tener en su cabeza ideas retrógradas sobre las mujeres. Uno de los guionistas es George Seaton, que también dirigiría películas posteriormente. Es más, es recordado sobre todo por una película navideña de culto: De ilusión también se vive. Pero en su filmografía puede encontrarse una interesante película de espías (Espía por mandato) u otra que inauguró el cine de catástrofes (Aeropuerto).

Sigue leyendo →