Las melopeas es, en tono coloquial, como se nombran las borracheras o los estados de embriaguez… En el cine se han representado desde sus inicios las distintas borracheras de sus protagonistas. Y estas tienen una doble mirada: o desencadenan la tragedia o la comedia.

El millonario de borrachera con Charlot en Luces de la ciudad.

Melopeas de comedia. Charlot sabía muy bien hacer de borracho; de hecho uno de sus cortos, Charlot a la una de la madrugada, es una pantomima pura y dura sobre un hombre en plena melopea. El personaje de Chaplin regresa a casa después de una juerga nocturna con una borrachera considerable encima, y, claro, todos los objetos de la casa se le vuelven en contra. Pero en Luces de la ciudad parte de sus gags cómicos vienen de un personaje que no es Charlot, un millonario borracho (Harry Myers). Cuando está bebido, siente amor y amistad por el pequeño vagabundo, pero cuando está sereno no recuerda absolutamente nada y se convierte en un hombre de lo más estirado.

Muchas comedias basan algunos de sus gags en las melopeas de sus personajes principales. Por ejemplo, no hay borrachera más glamurosa y romántica que la que protagonizan James Stewart y Katharine Hepburn, dos personas no muy acostumbradas al alcohol, en Historias de Filadelfia. O Preston Sturges, que parte de una borrachera de su personaje principal para desarrollar la loca trama de El milagro de Morgan Creek, una comedia divertidísima. En ella una joven de un pueblo, después de una noche de juerga con varios soldados que se hospedan en la aldea, amanece sola sin acordarse de nada, con un anillo de casada, y poco después, embarazada.

De pronto, me viene a la cabeza las melopeas del personaje de Bogart en esa película de aventuras trepidante y divertida que es La Reina de África y que traen de cabeza a su estirada y enamorada Katharine Hepburn. Y tirando de aventura, ahí está el personaje de Ava Gadner emborrachándose en plena selva en Mogambo, todo para dar un poco de color a las aburridas noches que piensa que la esperan o para ahogar penas de amor.

No puedo olvidar tampoco al camarero bebido de El guateque, siempre que la veo sus escenas me hacen llorar de la risa. No hace mucho recuperé otra comedia de Blake Edward, una de los años ochenta, Cita a ciegas. La premisa también juega con las melopeas de su protagonista, Nadia. Un chica tímida y muy sensual que pone patas arriba la vida de Walter, un ejecutivo. Y todo porque este no hace caso a una advertencia: a Nadia no la sienta nada bien beber.

Despertar en el infierno, una película de terror de culto, donde su protagonista se hunde en su parte más oscura cuando empieza a beber sin freno.

Melopeas de tragedia. Sin embargo, el mismo Edward conocía también la parte oscura de las borracheras. Y realizó una dura película sobre el alcoholismo donde las melopeas de sus protagonistas, Jack Lemmon y Lee Remick, evidencian su problema. Se trata de Día de vino y rosas. Billy Wilder era otro que sabía lo que significaba el alcohol cuando se convertía en una pesadilla, a pesar de usarlo a veces en sus comedias para momentos estelares, y lo demostró en Días sin huella, las borracheras de un escritor fracasado (Ray Milland) terminan derivando en delirium tremens.

Si hay momentos tristes en El buscavidas tienen que ver con las melopeas de uno de los personajes más desoladores del cine: el de Piper Laurie, una mujer solitaria y con una cojera que muestra su inestabilidad emocional, profundamente herida y enamorada de un Paul Newman, que se vuelve en un momento en el más cruel de los hombres. Tampoco tienen consuelo las borracheras de una cada vez más desequilibrada Blanche Dubois (Vivien Leigh) en Un tranvía llamado deseo.

El alcoholismo y las melopeas solitarias de hombres y mujeres sin hogar son protagonistas de Tallo de hierro, La leyenda del Santo Bebedor o El espantapájaros. También son dolorosas las borracheras de Leaving Las Vegas, de una prostituta enamorada y un escritor que quiere beber hasta morir. O los estragos y traumas que causan las borracheras de los progenitores a sus hijos en películas como El príncipe de las mareas o Aflicción, las dos protagonizadas por Nick Nolte.

No hace mucho pude ver dos películas angustiosas que representan a hombres en una borrachera perpetua. Una, es una película de culto de terror australiana: Despertar en el infierno, sobre un profesor que camina hacia la autodestrucción durante los días que pasa en una sombría ciudad minera. El alcohol está continuamente presente y su estado de embriaguez le hace sentir la realidad de manera diferente. Y la otra, una reciente película gallega, que adapta una novela de Eduardo Blanco Amor, A esmorga. Y narra una sombría noche de borrachera continua de tres amigos y todo lo que esto arrastra.

Y estas son solo algunas de las melopeas que recuerdo en una pantalla de cine. ¿Cuáles se os quedaron grabadas a vosotros?

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