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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Uno de los temas estrella del cine y que ha recibido distintos tratamientos a lo largo de su historia ha sido sin duda la muerte. Y sobre todo tratando de responder una pregunta: ¿qué hay después de la muerte? O ¿qué ocurre con los seres queridos? La sesión doble parte de una obra de teatro de Harry Segall que saltó a la pantalla en los años cuarenta y luego ha tenido otros remakes, pero rescatamos el de Warren Beatty. Y de propina un melodrama especial y desconocido de Jean Negulesco. Las tres tienen en común el elemento fantástico. Y ese elemento es lo que une a un ciclo de películas maravillosas (muchas de ellas reseñadas en el blog) como Las tres luces (también conocida como La muerte cansada) o Liliom, ambas de Fritz Lang; La muerte de vacaciones, de Mitchell Leisen; A vida o muerte, de Michael Powell, Emeric Pressburger o Dos en el cielo, de Victor Fleming. Aportamos tres más a esta colección que merece la pena.

El difunto protesta (Here comes, mr. Jordan, 1941) de Alexander Hall

El difunto protesta

En la mirada de una persona está el secreto…

Nos encontramos con un personaje muy capriano, un boxeador al que le gusta tocar el saxo y también volar. Un hombre sencillo y bueno. Antes de un campeonato muy importante para él, tiene un accidente de avión, que termina con su vida… ¿o no? Vemos a nuestro protagonista Joe Pendleton (Robert Montgomery) acompañado por un hombre muy eficiente (Edward Everett Horton), en una especie de cielo, quejándose de que no le corresponde morir, que tiene que regresar para el combate. Niega su muerte. Pero el eficiente funcionario del cielo quiere que suba a un avión. Por fin se encuentran con el tranquilo mr. Jordan, del título original, con el rostro de Claude Rains, que es el jefe de todo el cotarro, de llevar a los destinatarios al cielo. Mr. Jordan descubre que el eficiente funcionario es nuevo y que no ha esperado a la muerte de Joe, sino que se lo ha llevado antes. Descubierto el error, cuando van a devolver a Joe a su cuerpo… se dan cuenta con horror de que ha sido incinerado. ¡No hay más remedio que buscar otro cuerpo del gusto de Joe!, que le permita además alcanzar sus sueños: ser el campeón de boxeo. Y en el camino de esa búsqueda, siempre en compañía de mr. Jordan y el eficiente funcionario, se topará con el cuerpo de un millonario, Bruce Farnsworth, que no ha sido muy buena persona y además va a morir asesinado por las dos personas más cercanas de su vida (su mujer y su secretario personal)… Joe quiere huir despavorido hasta que ve a miss Logan (Evelyn Keyes), que quiere entrevistarse con el millonario, porque por sus decisiones su padre se encuentra injustamente en la cárcel. Se enamora totalmente de ella y quiere ayudarla. Decide tomar ese cuerpo de manera provisional…

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Hay películas que son rarezas en el momento que se concibieron y siguen siendo rarezas con el paso del tiempo. Un buen ejemplo es César y Cleopatra de Gabriel Pascal. El mismo Pascal, un productor húngaro que se convirtió en director en dos ocasiones, es un tipo extraño y muy desconocido (su propia infancia y adolescencia están envueltas en leyenda que él mismo alimentaba…). Un encuentro casual durante su juventud con el dramaturgo irlandés: George Bernard Shaw marcó su futuro artístico. Pues en el mundo del cine sus obras más conocidas (tanto en la producción como en la dirección) serían las adaptaciones de las obras del dramaturgo.

Con Pygmalion (la versión de 1938) consiguió el éxito y César y Cleopatra supuso de alguna manera su descalabro. En la primera sólo actuó como productor, en la segunda también como director. Y convirtió a César y Cleopatra en una de las películas británicas más caras. La acogida sin embargo de crítica y público fue extremadamente fría.

Y como digo aún hoy César y Cleopatra es un extraño espectáculo cinematográfico. Me es difícil valorarla porque lo que es evidente es que es una película de riesgo, de riesgo continuo. Y el resultado es un híbrido raro. Desde el reparto elegido, cómo son representados los personajes históricos (y los acontecimientos), el propio texto teatral de Bernard Shaw, los decorados, el vestuario… e incluso el tono elegido de la película. Porque César y Cleopatra es como una fábula política ligera, una comedia elegante que habla y refleja temas muy serios. Una obra cinematográfica, que no esconde sus orígenes teatrales, y que muestra como el hombre es un animal político que apenas ha cambiado de la época de Julio César al panorama político de ese siglo XX que se enfrenta a una Segunda Guerra Mundial. Bernard Shaw emplea el cinismo y la ironía… y eso es trasladado a la pantalla grande. César y Cleopatra, película ligera pero a la vez fría y racional. En resumen, descoloca. Como su puesta en escena, notamos los decorados, que los actores ‘están disfrazados’, algunos rozan la caricatura y una expresividad en exceso teatral (sobre todo los figurantes) pero sin embargo regala escenas tremendamente cinematográficas, algunas hermosas (como la primera aparición de Cleopatra)…

Luego está ese reparto y esa representación de figuras históricas de otra manera absolutamente diferente hasta como en ese momento se habían representado y se seguirían representando. Bernard Shaw utiliza personajes históricos pero no para contar Historia sino para reflejar su propia trama. Así nos deleitamos con un Julio César y una Cleopatra imposibles… pero que no dejan de estar magníficos. Él es Claude Rains (uno de mis secundarios favoritos…, le quedaba un año para ser el Sebastian de Encadenados) y ella es una Vivien Leigh retirada del cine que volvía a la pantalla después de varios años sin rodar, años en los que se había dedicado totalmente a los escenarios teatrales. La relación de ambos en la película también es extraña. Julio César, un hombre que juega (y se apasiona) a ser político, guerrero y estratega, que no pierde la calma, y que su estrategia (su vida) es un gran tablero de ajedrez donde pierde o gana. Donde levanta y elimina piezas. Se encuentra en su campaña en Egipto y nunca deja de jugar pero conoce a una compañera de juegos digna, una Cleopatra infantil y chispeante… preparada para aprender a mover piezas y juguetear también. No hay amor, solo juego.

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Los más sorprendentes son los secundarios: Flora Robson como Ftatateeta (la mujer y sirvienta de confianza de una Cleopatra niña) y un Stewart Granger como el apuesto (y también juguetón), Apollodorus. Sus personajes son dignos de mención y cuando aparecen dan vida a una trama que en cada momento se vuelve más extravagante… Robson oscura y totalmente desconocida físicamente, logra dar a su papel el matiz más interesante y complejo… pues claramente va de la comedia a la tragedia (ningún romano es capaz de pronunciar nunca bien su nombre). Y Granger está bellísimo (sí, la primera vez que pienso eso de él), como un auténtico sex symbol, y lleno de vitalidad.

César y Cleopatra es un híbrido raro… y es lo que la hace especial, extraña y puede que incluso disfrutable. Por ahí van Cleopatra y Julio César por el desierto. Una mujer niña que todavía no es consciente de su poder y un anciano venerable que le divierte su despertar…, a pesar de que algunas consecuencias puedan ser trágicas. Ellos juegan a la guerra, lo que pase a su alrededor no importa… La partida tienen que ganarla.

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