Perseguido (Pursued, 1947) de Raoul Walsh

Raoul Walsh, ilustre director de la cuadrilla parche en el ojo (cuadrilla maravillosa con ilustres nombres como John Ford, Fritz Lang, Nicholas Ray o Samuel Fuller), me seduce una vez más con atípico western que no tenía el gusto de conocer. Walsh es cineasta con personalidad arrolladora como podemos comprobar en una de las conversaciones que mantuvo con Peter Bogdanovich (publicada en el primer volumen, imprescindible, de El director es la estrella en T&B Editores). Ahí Raoul se muestra como pionero en ese mundo que fue Hollywood pero también nos cuenta sus andanzas en diversas profesiones por mar y por tierra antes de convertirse en ilustre y actualmente olvidado director, por desgracia. En el cine silente además de director o guionista fue también actor antes de sufrir el accidente que le dejaría sin ojo.

Aunque no he visto todavía toda su obra (me queda muchísimo por descubrir), de lo conocido hasta ahora, lo que sí puedo afirmar es que hay un aspecto que me llama poderosamente la atención en su cine y su dominio de los géneros y es que pese a ser ese hombre duro y pionero poseía también un romanticismo extremo y poético que le permitía presentar unas historias de amor con un sentido trágico del destino y una plasmación romántica fuerte e inolvidable. Así tenía una sensibilidad especial para representar un romanticismo trágico y presentaba a unas heroínas apasionadas con una personalidad compleja. Sus héroes y heroínas así como sus historias se convertían en creíbles a la par que extremadamente poéticas.

Me viene a la cabeza el romanticismo trágico de Los violentos años veinte, El último refugio o Juntos hasta la muerte… y ahora añado Perseguido. Ese romanticismo mezclado con pasión, muerte y tragedia es lo que más me ha entusiasmado de este, vuelvo a repetir, peculiar western. Así creo que no olvidaré ese baile “a la fuerza” pero lleno de sensualidad entre Robert Mitchum y Teresa Wright. O toda la secuencia que nos narra “el cortejo obligado”, la boda y la noche de bodas entre dos personajes entre los que fluctúa un amor apasionado, un destino trágico y un odio incomprensible por todas las muertes que impiden su pasión. Esa novia seria, de blanco, con pistola en mano. Ese novio serio que sabe que no tiene que dejar escapar a la mujer que ama (aunque en esos momentos sabe que le odia), pero que un pasado y un destino que no puede dominar se empeña en no dejarle vivir tranquilo y enamorado. Así llega la escena culminante donde ella le apunta y él se va acercando hasta que se funden en un beso donde ella desesperadamente le pide finalmente que la abrace… cayendo al suelo la pistola.

Pero no sólo este aspecto es el que hace atípico este western. Son muchos otros matices que enriquecen su visionado. Una película del Oeste con toques psicológicos, tintes shakesperianos, pasiones desatadas y una venganza eterna con un malo malísimo manco que persigue al protagonista en la sombra desde que era niño. Todo envuelto en unos amplios paisajes rocosos que acentúan la soledad e indefensión del personaje principal, Robert Mitchum, que no entiende el reguero de desgracias que acompaña su vida.

Mitchum sólo guarda en su cabeza recuerdos discontinuos de un hecho escalofriante que cambió su vida cuando tan sólo contaba cuatro años de edad. Sólo recuerda fogonazos y unas botas con espuelas (imágenes que le acompañarán toda la vida y se convertirán en su pesadilla continúa) y que a partir de ese momento le acogió una mujer, su madre adoptiva, en su familia. Una mujer viuda y con dos hijos, un niño y una niña. Una mujer que trata de que Jeb, el protagonista, sea uno más y que entre sus dos hermanos adoptivos y él surja un lazo irrompible. No lo consigue… la tragedia y la culpa también la persiguen a ella. Tan sólo hay un momento que parece que fragilmente ha conseguido lo que quiere, ese lazo que los une a todos, y es cuando los cuatro integrantes rodean una caja de música y los dos hombres cantan la canción de la melodía bajo la mirada atenta de las dos mujeres. Momento mágico. Jeb mantiene una relación amor-odio y rivalidad con su hermano adoptivo Adam (que irá alimentando en la sombra el malo malísimo, un familiar de la mujer, el tío de los niños, un hombre de apariencia siniestra sin un brazo) que terminará de manera trágica. Pero a la vez alimenta una historia de amor con tintes trágicos con su hermana adoptiva, ambos son arrastrados por un destino que no entienden en plenitud.

También en la película está siempre presente la muerte que llega a su culminación en un fantasmagórico entierro que marca al protagonista porque es  el momento en que decide que no debe perder el amor de su hermana adoptiva a pesar de las dificultades. Y otro aspecto es la forma en la Walsh decide contarla. Nos remite a los personajes en punto en que esta historia va a terminar… y nos va narrando todo desde flash back al pasado para que el espectador pueda entender porque los protagonista se encuentran en esa situación… en un rancho abandonado como esperando la muerte…

Película que creo volveré a ver pronto… porque quedan muchas cosas por descubrir. Y que permite además disfrutar de la interpretación de una inolvidable actriz secundaria, Judith Anderson que quedó marcada y eternamente recordada en su papel de ama de llaves en Rebeca.

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Daisy Kenyon (Daisy Kenyon, 1947) de Otto Preminger

Sorpresas te sigue dando el cine. El cine de te da sorpresas. Y así con estas afirmaciones alegres analizo una de las obras de ese director por el que siento cariño y cierta predilección, Otto Preminger. A pesar de su fama de ogro y de ser complejo a la hora de trabajar con él por su carácter fuerte y sus gritos míticos. A pesar digo de todos sus defectos como persona (tenía un físico temible) logró sacar adelante una filmografía interesante y llena de extrañas joyas. A Otto no había que tocarle las narices y por eso también hizo funciones de productor. Otto quería contar historias y fue a uno de los que les molestaba terriblemente la existencia del Código Hays, ese código que impedía hablar directamente de temas que le interesaban para ofrecer historias que quería transmitir. Con toda su complejidad. Por eso toda su carrera en el cine cuenta otra intrahistoria, el salto de obstáculos y muros para poder contar lo que quería contar. Y sus transgresiones y burlas continúas a los que querían “decencia” que confundían con “hipocresía”.

Así Otto habló de homosexualidad, de drogodependencia, de corrupción en el poder (político o eclesiástico), de relaciones sexuales y otros asuntos turbios, de violaciones y virginidad, de relaciones interraciales, de enamoramientos más allá de la muerte… y tocó todos los géneros posibles algunos con mayor fortuna y otros con algo menor (pero siempre con apuntes interesantes).

Y de pronto en 1947 nos encontramos con Daisy Kenyon. Un melodrama si melo, sin desmelene, sin emociones fuertes… la historia fuerte de pasiones y demás está ahí… pero con una visión civilizada y racional. Como si todos los seres humanos fuéramos capaces de dejar las emociones a un lado y arreglar los asuntos del corazón de manera civilizada. De una manera totalmente racional. Y eso es lo que hace a Daisy Kenyon una película atípica, interesante… y todavía moderna. Porque, señores y señoras, somos hijos e hijas del melodrama…historias fuertes, emociones desatadas y la lógica brillando por su ausencia…, y de pronto, Otto nos obsequía con un melodrama matemático y racional que finalmente nos deja escapar una sonrisa de los labios. Porque no hay drama. No, señor. Me quito el sombrero.

Contemos la historia. Daisy Kenyon (ella es la reina del melo, Joan Crawford) es una mujer moderna de finales de los años cuarenta. Acaba de terminar la Segunda Guerra Mundial y ella es una mujer trabajadora, diseñadora, independiente, con apartamento propio en Nueva York y muy dueña de sí misma. Ah, por supuesto mucho desencanto a cuestas. Su vida sentimental es un caos porque está atada emocionalmente a un abogado prestigioso pero que es hombre casado y con dos hijas a las que adora. El tipo en cuestión es un ejecutivo enamorado de sí mismo, de su éxito y encantado de poseer las emociones de Daisy. El rostro de esta joya de la corona es Dana Andrews que además consigue que sea un ser humano que encima no te caiga mal. Aparece el tercero en cuestión, un Henry Fonda, como soldado desencantado que ha vivido el horror de la guerra y ahora no sólo se siente desubicado sino que arrastra la ausencia de su mujer (que murió en un accidente de coche) y desde ese momento es un muerto en vida pero con ganas… de volver a intentarlo. Y ese volver a intentarlo es con Daisy Kenyon. Así que los dos, Daisy y él, unen sus cuerpos sin mentirse, él tiene que recuperar la ilusión por vivir y saber desprenderse de la ausencia de la esposa, y ella, sabiendo que no está con el hombre con quién realmente le gustaría estar, herida de corazón. Pero ambos deciden darse una oportunidad y construirse una vida juntos, desde cero… pero entonces ¿dónde está la historia? ¿Cuál es el impedimento? Por supuesto en Dana Andrews que no se retira tan fácilmente y en acontecimientos futuros que precipitan el divorcio de éste e implican a Daisy en un juicio (y así Preminger se va entrenando en cine judicial para luego posteriormente ofrecernos otros juicios que le elevarían a los altares…).

Andrews no puede romper ese lazo emocional que les une. Y Daisy tampoco. Es un lazo de recuerdos y dependencias. Él no sólo humilla de continuo a la esposa sino que además quiere también tener/poseer a la amante, mujer de espíritu independiente. Y de nuevo Otto, genial, nos ofrece a una esposa que no recibe el beneplácito del público (y eso que debe ser duro aguantar a tal personaje). Porque la esposa es la única que se deja arrastrar por las emociones, la única que se desata, la única que no emplea la lógica… y la única que aparece como una inestable mental incapaz de arreglar su vida o imponerse. La única que paga su debilidad con dos hijas que no hacen más que demostrar su amor al padre y su menosprecio a la madre que desata su furia sobre todo con la más pequeña.

Así de pronto la película nos ofrece un triángulo amoroso que se reúne varias veces alrededor de una mesa o una habitación para arreglar su situación. Todo de manera tan civilizada que no sólo provoca la sonrisa de los protagonistas sino la nuestra también. Henry Fonda en ningún momento es el marido engañado, Daisy no es la mujer que se rompe ante dos amores y Dana se va haciendo más humano y pierde con la dignidad del que de pronto lo tenía todo y se da cuenta lo fácil que es perderlo todo. Descubre que en su brillante carrera puede perder un caso importante, que su cómoda vida familiar puede derrumbarse y que la mujer a la que tenía atada emocionalmente se le escapa de las manos porque no vivían una relación real. No construían nada.

Así me parece interesante la cantidad de subtramas que ofrece la película. Y como Otto dirige a sus personajes de manera tan civilizada que no llegan a perder los estribos. Y todo va confluyendo hacia la calma. Y la sonrisa final. Como una broma. Quizá la única que sale perdiendo es la pobre mujer de Dana… que sólo sabe dejarse llevar por sus emociones y claro se desboca y no regresa a su ser…

Buen trabajo para recuperar a Joan y a Fonda. Pero aquí voy a pedir mi aplauso por aquel que nunca fue considerado una estrella, Dana Andrews y sin embargo trabajó siempre con buenos directores y creó personajes para el recuerdo cinéfilo difíciles de olvidar. Miremos la nómina de directores que contaron más de una vez con Dana: Otto Preminger, Fritz Lang, Jacques Tourneaur, Elia Kazan, William Wyler, Lewis Milestone… Y recreémonos en una de sus interpretaciones.

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Valor de ley de los hermanos Coen

Me ha gustado ver antes la película de Hathaway y después la de los hermanos Coen. Y si tengo que realizar una valoración diré que ambas se quedan en el terreno de westerns interesantes pero no piezas maestras. También expreso que hay elementos que me gustan más cómo están resueltos en la de Hathaway y otros en la de los Coen. Ambas tienen un halo especial y ambas se decantan por el desarrollo de las relaciones personales que es lo que acaba dando una identidad especial y extraña a esta historia. Así vemos como tres personajes que se salen de los cánones se unen para un objetivo común en una historia de venganza con ribetes de humor duro, como los tiempos que corrían en el lejano Oeste. Esos tres personajes son un fuera de ley con parche en el ojo, solitario y alcohólico, una niña tremendamente inteligente y que toma la iniciativa y la acción en tiempos inminentemente masculinos y un joven rangers de Texas, con mucha palabrería, ambiciones y algo inexperto en la aventura de la vida pero con fondo honesto y transparente.

Así la de los Coen, por citar las diferencias, hace hincapié en un tono elegíaco de tiempos pasados revistiendo a sus personajes de un destino fatal y dando toques de cuento triste sobre el bien y el mal. Recupera la primera persona (la novela de Portis está contada por la niña protagonista) y nos envuelve en un ambiente de leyenda. De pasado. Con este aire de historia fantástica me quedo con la escena, casi fantasmagórica y mágica, de la cabalgada final de Rooester Cogburn con la niña mortalmente herida en una noche estrellada…, esa carrera hacia la vida. 

Y no podía ser de otra manera Jeff Bridges de nuevo brillante en su retrato de un perdedor, un fuera de ley, con su código particular. Un Rooester que siempre ha sido hombre duro, demasiado duro, solitario, alcohólico y que va haciéndose viejo. Bridges crea su propio Rooester con un aire más trágico y triste que el de Wayne. 

Los Coen esta vez recrean un puro western del ocaso y realizan un trabajo formal impecable además de permanecer en el género y con el tono de la historia hasta el final. Así construyen una de sus películas menos coenianas y quizá los habituados a los giros de su particular cine y universo encuentren a los Coen en Valor de ley contenidos. Sin embargo sus señas de identidad están presentes y quizá los guiños más coenianos sean el encuentro de Rooester y la niña con un extraño doctor vestido de oso y ese ahorcado en lo alto de un árbol (quizá, no la he leído, sean personajes o situaciones que aparezcan en la novela de Portis)… 

Matt Damon también imprime carácter al personaje del rangers de Texas. Un personaje que se va transformando a lo largo de la película. De un guaperas con mucha labia a un hombre con cualidades de héroe del Oeste que absorbe su mitología y que queda como un cowboy mítico del que la niña protagonista no vuelve a saber nada. 

Otro punto que me gustaría destacar es que sin duda los Coen sí que beben de la película de Hathaway al concebir ciertas escenas prácticamente igual que el film original. Entre ellas, la escena del juicio que presenta totalmente al espectador al personaje de Rooester o cómo la niña con el caballo cruza un enorme lago, de esta manera, va haciéndose un hueco entre los dos hombres que valoran su determinación y valentía. Por último, la escena mítica de Hathaway de un Wayne con parche en el ojo cabalgando con sus pistolas frente a cuatro forajidos, en la de los Coen es prácticamente igual. 

De la antigua me quedo con la escena del ahorcamiento de los tres hombres que me parece más impresionante y efectiva que en el relato cinematográfico de los Coen, con la muerte de los dos forajidos en la cabaña (un punto a Dennis Hopper) y sin duda con el personaje del bandido Ned original con rostro de Robert Duvall mucho más construido y carismático en la de Hathaway…, y también me quedo con el final de la película original aunque sí que es cierto que el de los Coen imprime al film ese aire de cuento trágico, mítico y nostálgico que ahonda en el carácter de perdedor y fuera de ley de Rooester. 

Aun así me quedó un sabor bueno con Valor de ley de los Coen y ese western, cercano al cuento o la leyenda, con aires elegiacos.

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Valor de ley (True Grit, 1969) de Henry Hathaway

Buen momento para recuperar olvidado western que supuso un oscar en la carrera de John Wayne por su recreación de un antihéroe, Rooster Cogburn. Ahora vuelve a la memoria cinéfila porque los Coen han vuelto a retomar al personaje y la historia. Mientras Hathaway pasea por las claves del cine del oeste para ofrecer historia al servicio de la estrella del género, parece ser (creo que la veré el viernes y me muero de ganas) que los Coen parten en su adaptación a captar el espíritu de la novela de Charles Portis. El antihéroe del parche en el ojo, viejo, alcohólico y solitario tiene esta vez el rostro del carismático Jeff Bridges (al que ya sabéis que adoro).

Pero volvamos a la pieza original de Hathaway (director-artesano capaz de ofrecer en su carrera larga y variopinta puro cine negro como El beso de la muerte o Yo creo en ti, melodrama con tintes de thriller como Niágara o puro cine espectáculo como Tres lanceros bengalíes) que en su momento adquirió tal popularidad, sobre todo el personaje de Rooster, que en 1975 se realizó una secuela del personaje (con Wayne, claro) en El rifle y la Biblia  (pero fue dirigida por Stuart Millar).

Situémonos en los duros y salvajes tiempos del Oeste y sus duras gentes. Valor de ley presenta una historia de venganza con un fuera de ley con estrella de sheriff, parche en el ojo y mucho desencanto a cuestas; una niña de apenas 16 años obstinada, racional y fría con personalidad compleja (Kim Darby) y un joven tejano con ambiciones (Glen Campbell) pero muy verde en ciertas cuestiones de la vida. Tres seres muy distintos entre sí unidos para capturar a un mismo hombre por motivos muy diferentes. Así Hathaway ofrece la historia de una búsqueda y crea las relaciones transformadoras y cambiantes entre los tres personajes (lo que más disfruté de la película).

La historia arranca cuando el padre de la niña es asesinado y abandonado, podríamos decir que por accidente, por uno de sus hombres de confianza. Éste huye y se une a una banda de forajidos. Su hija paga a un hombre, al más duro, porque quiere a toda costa vengar la muerte de su padre. Sin piedad y estar ella presente. El joven tejano se les une porque el asesino es buscado en el estado de Tejas ya que también mató a un senador y se paga una cuantiosa recompensa por su captura. Ya está el nudo de la historia y comienza la aventura de la búsqueda.

En el camino encontrarán forajidos entre los que aparecerán los rostros del Dennis Hopper o Robert Duvall (con un buen personaje). Y ahondamos en la personalidad nada fácil de los tres protagonistas que sin embargo van tejiendo unos lazos fuertes.

Hathaway ofrece una historia de venganza y violencia repleta de escenas-detalle que conforman la personalidad de cada uno de los personajes. Impresionante, al principio, la secuencia de la ejecución de tres hombres en la horca en medio de una multitud donde se encuentra la niña protagonista. O también la escena casi final de un Wayne (que la niña ve con ojos de hombre valeroso y yo con ojos de hombre fuera de la ley a la que ya está de vuelta de todo y se muere… pues no pasa nada) que galopa en dirección a una banda de forajidos a disparo limpio. O el universo recreado para conocer la intimidad del hombre del parche que vive con un anciano japonés y un gato “con el que comparte habitación”.

Valor de ley es un western con un universo propio y con muchos matices que hacen que no sea una obra de mero entretenimiento. Y eso sin duda es lo que sintieron los Coen… en la novela (que confieso no he leído pero está publicada por Debolsillo). Pronto os contaré mis impresiones de la película de los Coen.

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Pa negre…

Acabo de terminar de ver la gala de los Goya y siento una alegria inmensa por Pa negre de Agustí Villaronga. Sólo sé que me fascinó…

Me quedo con una frase de Camus: «Un oficio al que quieras y respetes te puede ayudar a vivir». Y doy una pequeña vuelta a esa frase: «Una pasión a la que quieras y respetes te puede ayudar a vivir».

Y de paso en este pequeño texto invito ya que mañana es 14 de febrero, no a incitar al consumismo de San Valentín, sino a recordar todas aquellas escenas de amor que nos hayan emocionado a lo largo de nuestra vida como espectadores de cine. Os aseguro que es reconfortante. Y de paso si realmente estamos enamorados (o que realmente amemos alguien con muchísima fuerza sin necesidad de que sea una pareja) que mañana nos levantemos con la mejor de las sonrisas, un beso y una palabra amable.

Me voy a la cama a soñar con mi pasión… y a pensar en las miles de declaraciones de amor cinéfilas que me hacen mirar la vida con ojos alegres.

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Concursante (2006) de Rodrigo Cortés

Me quedo con la transformación de Martín Circo (grande, Leonardo Sbaraglia).

Y con una frase:

«Vivimos en el paraíso de la usura legal».

Película para verla despacio, te entren sudores y unos toques de angustia.

Película-aviso. Estamos mucho más adormecidos de lo que pensamos.

Mucho más esclavizados de lo que pensamos.

Pero esta ínfima parte del planeta tierra donde vivimos unos cuantos, adormecidos pero privilegiados -en comparación con otros ciudadanos del mundo-, ¿será el mejor de los mundos?

¿Es ese conformismo o ese estado de no entender dónde vivimos la mejor opción?

¿Es mejor mostrar cara de incredulidad ante los acontecimientos que estamos viviendo, sí, crisis y demás… y dejar que todo siga funcionando igual? Sin una queja, sin un cambio. Mientras algo se va derrumbando sin saber muy bien cómo ponerlo en pie.

¿No es mejor aunque acabe mal el asunto, despertar, comprender, reaccionar, tratar de cambiar y transformar lo que nos rodea… a algo más justo y humano…? Con sentido común, con conocimientos, con humanidad, con espíritu de cooperación, con mucho esfuerzo y grandes dosis de cariño…

En fin, Rodrigo Cortés en su debú construye una película-ficción, llena de nervio y de hallazgos interesantes, de una reflexión sobre el momento actual que vivimos con el sistema económico, político y social que hemos ido construyendo poco a poco… la humanidad. Sí, la humanidad. Ese grupo humano capaz de las mejores y peores cosas. ¿No podríamos concursar con lo mejor de cada uno en este mundo?

Besos y buenas noches

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Momentos inolvidables de James Dean

El otro día me entero de que James Dean hubiera cumplido ya 80 años. Pero se fue con 24. Dean se convirtió pronto en mito. Tan sólo dejó tres películas y sin embargo su icono permanece en textos, en fotografías, en biografías… Es un filón que nunca se acaba. Algo parecido a su compañera Marilyn que desapareció con 36 años y sigue siendo una leyenda viva.

Nunca se termina de hablar sobre él. Siempre hay alguien que le revisita (aunque últimamente está un poco dormido). Una filmografía mínima pero que se conserva por los siglos de los siglos y le ha hecho inmortal. Ni siquiera se sabe qué hubiera pasado con su carrera si no hubiera tenido un accidente de coche.

El fenómeno James Dean crece. O por lo menos no desaparece. Se puede analizar de mil y una maneras. Es curioso es el único personaje que tuve durante años, durante aquello que llamamos adolescencia, en el techo de mi habitación en póster gigante en el techo. Algunos ven sus interpretaciones como una repetición de tics interminables. Otros le consideran fresco y que en su momento volvió a todos locos con el arte de la improvisación ante las cámaras… Eran los tiempos en que se imponía el Actor Studio. Un método que ponía al actor en el centro de la película. El actor dejaba de ser un receptor de órdenes, y se convertía en creador. Aportaba a la creación del personaje e imponía su rebeldía a la figura del director.

Otra visión de su figura es que Dean demostró que los tiempos estaban cambiando y ya no se pedía a jóvenes sanos, hermosos, sin problemas y defensores de la american way of life. Se quedaban fuera de juego las mujercitas y sus galanes, Sandra Dee y su pandilla… Ahora llegaba un nuevo adolescente complejo y con problemas que era un volcán de sentimientos. El adolescente huraño que se enfrenta a la autoridad y a la familia porque le acorralan y no logra ser feliz. El joven que tiene amores que le rompen el corazón… Y aún seguimos en esa etapa… El joven rebelde sigue deleitando. Y James Dean pudo ser el pionero más famoso.

Tres películas, tres momentos

Los únicos que pudieron dirigirle fueron Elia Kazan, Nicholas Ray y George Stevens. Y las tres historias: Al este del Edén, Rebelde sin causa y Gigante han dejado cientos de momentos inolvidables donde el icono Dean surge con fuerza.

Al este del Edén, adaptación (tan sólo de una parte) de novela de Steinbeck, nos presenta a Dean en el papel de Cal, un Caín que se enfrenta a todo lo que le rodea. A su padre, duro predicador, a su hermano (el que todo lo hace bien), a su madre (que siempre creyeron desaparecida y sin embargo es madame de un burdel)… y además todo aderezado con amor desgraciado e imposible, está enamorado de la novia del hermano… y ella corresponde. Es un Caín que continuamente quiere redimirse pero una y otra vez es golpeado y una y otra vez no puede contener su ira. Porque odia y ama con la misma intensidad. Si elijo escena me quedo con una de las últimas. Cuando Cal prepara ilusionado una fiesta a su padre en la que además quiere regalarle un dinero que ha ganado (no mirando muy bien los métodos de su negocio, capitalismo puro y duro en tiempos de guerra)… Pero su hermano Abel —que también compite— estropea su sorpresa cuando se adelanta anunciando a su padre su casamiento con la mujer amada por ambos. Sin embargo Cal sigue adelante con la sorpresa… pero su padre rechaza el dinero cuando se entera cómo lo ha ganado. El dolor de Cal, y el resentimiento, se hace evidente de manera dramática. Toma el dinero y se lo ofrece, y el padre no lo quiere. Cal trata de abrazarle llorando, mientras el padre quiere que se aleje de él y grita su nombre. Pero él no escucha sólo le abraza con el dinero y llora. Mientras el dinero va cayendo… y cuando ya no le queda nada deja de abrazar a su padre se gira y sale corriendo del cuarto.

Rebelde sin causa tiene varias escenas inolvidables. Con James Dean de protagonista. Mi escena favorita la he dicho varias veces. Es la de la piscina. Pero hoy en este post cambiaré de momento inolvidable. Y me voy a la impotencia del hijo que siente a su padre siempre vencido y humillado. Que nunca se rebela o pierde las formas. Es un hombre bueno y vencido. Y eso al protagonista le puede. Así sus escenas en las que se enfrenta al padre, en las benditas escaleras, siempre tienen un buen efecto dramático. Entendemos al padre y entendemos al hijo. No nos quedemos sólo en que Dean no soporta que su padre ceda siempre a los mandatos de una madre con carácter. Es algo mucho más hondo. El hijo rebelde quiere que su padre reaccione, vibre, y por eso en una escena de tensión dramática, le golpea.

Y por último Gigante en que su personaje va envejeciendo de joven huraño a multimillonario alcohólico, solitario e infeliz que siempre estará enamorado de mujer inalcanzable, esposa de su rival. Jimmy en papel más adulto. Seduce con su camisa vaquera, su pantalón y su rifle al hombro… en sus años de juventud. Resulta patético en su escena de tejano hortera alcohólico llorando por no ser amado. Fíjense siempre en las escenas en las que mira a la mujer de su vida con rostro de Liz Taylor.

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Instrucciones de uso de una lista de películas del 2010

1.- Téngase en cuenta que no se ha ido al cine todo lo que se debería durante este año. Así que esta lista es incompleta y puede ser modificada si en el futuro se ven producciones que se estrenaron este año. Las películas que se presentan algunas tienen como año de producción 2009, sin embargo, fueron estrenadas en las salas de exhibición en 2010.

2.-El orden es desordenado (valga la redundancia) ni la primera es la que más ha gustado ni la última es la que más desmerece.

3.- Cada una de las películas que están presentes en esta lista tienen que ver con las sensaciones, experiencias, emociones, provocaciones y sentimientos que se experimentaron como espectadora en sala cine.

4.- Se ha intentado mezclar países y continentes. Algunas están presentes por un personaje. Otras fue suficiente una escena para ganar la partida. Otras por el metraje completo. Y la de más allá por una frase o una manera de rodar.

5.- Incluye un cajón de sastre donde se valoran películas que no entran en la lista por algún descubrimiento personal de la espectadora y cajón de modificaciones, aquellas películas que se han quedado sin ver y probablemente modificasen dicha lista.

LA CINTA BLANCA de Michael Haneke

Porque hacía tiempo que no me quedaba tan hipnotizada frente a una pantalla. Porque Haneke cuenta una historia en blanco y negro impecable que envuelve, atrapa, y como si se tratara de una narración de cine de terror con gotas de Dreyer nos traslada a principios del siglo xx y nos sobrecoge con unas imágenes de gran belleza que ocultan la podredumbre de una sociedad enferma. Los niños son rubios y angelicales de ojos claros pero aplastados por un mundo de opresión y de sentimiento de culpa, de castigo y de silencios y secretos que los convertirá en los opresores de un futuro próximo… Los mayores, sin nombre, se destrozan a dentelladas con lenguaje que rompe, con actos que rajan…

PAN NEGRO de Agustí Villaronga

Brutal pero maravillosa Pan negro es un relato de posguerra a través de los ojos de un niño que se da cuenta de que los monstruos no están en las leyendas y cuentos sino que vive rodeado de ellos en el pueblo donde vive en un ambiente opresivo que rompe y desgarra. Un retrato impresionante de una familia que ya eran vencidos antes de la guerra, derrotados por una miseria injusta, y siguen siendo perdedores después de la contienda con sufrimiento y dolor. Porque en Pan negro lo escalofriante es lo que dice el maestro del pueblo los vencedores sólo tienen mérito porque han sabido ganar. Y ese niño, tras los golpes, descubre que quizá la única manera de salir de la asfixia es aprender a saber ganar… aunque alimente a un monstruo interior y pierda una mirada limpia.

CANINO de Giorgos Lanthimos

Porque me inquietó y me sorprendió esa familia aislada que inventa un mundo y un lenguaje. Que crea un código de comportamiento nuevo frente a una sociedad de la que huyen. Porque tanto horror me provocó risa y luego una reflexión sobre por qué me había reído. Porque Padre, Madre, La Mayor, La Pequeña y el Hijo me acompañaron y me acompañan en mil y un pensamientos. Porque me pareció brutal esa advertencia de que sólo se podrá salir del jardín, al mundo exterior, cuando se caiga el canino derecho o izquierdo. Porque las cintas de vídeo abren los ojos a un mundo más amplio a la Mayor. Porque me atraparon esos coños que se encienden y se apagan, ese teléfono que da más sabor a mi comida o esos pequeños zombies olorosos y amarillos que crecen en mi jardín. El abuelo canta en las noches frías, y Padre nos traduce lo que nos quiere decir.

BRIGHT STAR de Jane Campion

Jane Campion construye una película-poema y capta en imágenes el espíritu del romanticismo y la cadencia y rima de John Keats. La directora crea un poema con un aspecto formal y estético que roza la belleza que tanto alababa Keats. Bright star es tan hermosa y tan formalmente perfecta que lo único que a veces se le escapa es la espontaneidad y naturalidad de lo hermoso. Es decir, su emoción es contenida y no se derrama por demasiado formal, perfecta y bella. Capta de manera hermosa la relación entre Keats y su vecina Fanny Brawne… a base de versos-imágenes que reconstruyen el sentimiento, la emoción y la esencia de una relación. El descubrimiento de un nuevo rostro Abbie Cornish como Fanny que te rompe cuando expresa su dolor por la pérdida de Keats, el hombre al que ama.

SHUTTER ISLAND de Martin Scorsese

Porque Scorsese poderoso con una fuerza visual que impacta se introduce de manera brutal en la locura. En la mente de un hombre enfermo que crea continuamente un mundo propio para huir de la realidad que le duele. Porque Leonardo DiCaprio crea a un héroe atormentado atrapado en su mente y en sus sueños, héroe roto y enamorado que a pesar de su lucha desesperada choca siempre contra él mismo y su continuo fracaso. Un héroe que vuelve a plasmar y a atrapar en Origen de Christopher Nolan.

COPIA CERTIFICADA de Abbis Kiarostami

Copia certificada te atrapa no sólo con la belleza de sus imágenes y su continua sensación de realismo —acompañamos parece prácticamente en tiempo real a una pareja y somos testigos de sus diálogos y cada uno de sus gestos— sino por la manera especial de su narración aparentemente lógica. Así se lanzan varias miradas racionales a la película pero es tan importante lo que vemos como lo que oímos. El libro que escribe el protagonista nos habla sobre si hay una diferencia racional en la manera que contemplamos una copia o un original. En los diálogos escuchamos cómo los objetos, las acciones, las personas varían según la manera que tenga el otro de mirarlos o percibirlos. Así Kiarostami nos va introduciendo en un juego cinematográfico donde el espectador juega las cartas que desea porque la película tiene un significado u otro según la mirada que posemos sobre ella. Y en tan sólo un día con una pareja se viven todas las estaciones de una historia en común.

LA ÚLTIMA ESTACIÓN de Michael Hoffman

Quizá sea la decisión más extraña. Es la película más clásica pero me emocionó mucho. Viví ese momento mágico en el que una película te absorbe y te hace olvidar que estás en una sala de cine. No sé si influyó que en aquel momento estaba leyendo la última novela de Tolstoi, Resurrección, donde el príncipe Nejliudov, un noble rico y ocioso, al encontrarse con un antiguo amor de juventud con quien no se portó bien, empieza a dejar de lado su actual y vacía vida para crearse otra moral. Tenía muchísimas ganas de verla y disfrutarla y no me decepcionó en absoluto. La última estación es película-emoción y así estuve con muchísima emoción según iban pasando por la enorme pantalla cada uno de sus fotogramas. Al borde de la risa y de la lágrima. Puro deleite. Salí absolutamente entusiasmada y eso que no tenía muy buenas referencias sobre ella. A mí, sin embargo, me llegó muy, muy hondo. El realizador Michael Hoffman (con películas tan distintas e irregulares como Escándalo en el plató, Restauración o Un día inolvidable) de pronto ofrece una obra cinematográfica cuidada y clásica en su forma pero con un hermoso guión, unos actores maravillosos, una buenísima ambientación que cuida el detalle y logra que estalles (o por lo menos conmigo lo consiguió) de emoción.

BURIED de Rodrigo Cortés

El cine como puro entretenimiento que además se permite unas gotas de juego, de reflexión sobre el mundo en el que vivimos (con mucha más sinceridad que otros productos ‘serios’) y con habilidad técnica. O como Rodrigo Cortés demostró que con un guión hábil, un sólo actor, una tumba, una linterna y un móvil puede mantener hora y media de tensión… y desarrollar una historia más profunda de lo que aparenta.

EXIT THROUGH THE GIFT SHOP de Bansky

Documental (¿o falso documental? De nuevo película que permite jugar al espectador) que parece ser está dirigido por el artista callejero Bansky (¿realmente quién es Bansky?) y parece que va a ser una reflexión sobre el arte en la calle… pero de pronto todo se centra en la figura de un tío surrealista, hiperactivo y desternillante que se llama Therry Guetta. Todo aderezado con mucho humor y mala baba. Y la verdad es que es un documental genial para hacerte a la salida un montón de preguntas sobre qué es arte o cómo funciona el ‘mercado’ del arte. Qué es provocación y qué es creatividad. ¿El arte en la calle, la provocación, la protesta y la subversión terminan su forma de expresión y su fuerza cuando son absorbidos por el mercado y el marketing y vendidas sus obras y artistas a precios desorbitantes? Te ríes y además reflexionas muy seriamente. Una mezcla explosiva.

AIR DOLL de Hirokazu Koreeda

Única película que he visto del realizador japonés Hirokazu Koreeda que me hizo sentir un montón de cosas. Lo primero que me entusiasmo fue esa sencillez de introducir un cine fantástico en un mundo cotidiano y real. Lo segundo su fuerza visual: no olvido esa sencilla y hermosa escena de cómo vemos la transformación de la muñeca hinchable en joven de carne y hueso. Y tercero y último me fascinó ese giro brutal de cuento de hadas (como si la muñeca fuera una especie de Pinocho en busca de corazón o de hombre de hojalata en busca de ese preciado órgano vital) a cuento oscuro y macabro donde la muñeca descubre que es duro tener corazón… y ya la vida no le parece tan hermosa.

CAJÓN DE SASTRE

Los tres personajes de Cyrus (Mark y Jay Duplass) me conmovieron en cada una de sus escenas así como esa manera de los Duplass de mostrar una comedia triste. No pude evitar (y eso me cuesta) llorar en la última escena de El concierto (Radu Mihaileanu). Woody Allen me inquietó con el personaje de Josh Brolin en Conocerás al hombre de tus sueños. Me metí de lleno en el imaginario de Jaco Van Dormael en Las vidas posibles de Mr Nobody. Me ganó únicamente Jeff Bridges en su ya mítica manera de representar al héroe caído y perdedor en Corazón rebelde. También me atraparon los personajes de La isla interior y la manera seca y cortante de narrar una historia intensa, desgarra. Me metí de lleno en el viaje de un padre y un hijo en La carretera. Me quedo con el rostro de Sotigui Kouyate en London River, película sencilla que llega. Stephen Frears siempre regala escenas que merecen la pena incluso en sus películas más malas, a mí me ganó Chéri con toda la escena final de una cortesana con cara de Michelle Pfeiffer mirándose al espejo viendo como se le escapa su belleza efímera y una voz en off que nos narra el final de cada uno de los personajes… De Un hombre soltero me quedo con toda la secuencia de la cena entre Colin Firth y Julianne Moore. Y también salvo algunos destellos en I’m not there y ese esfuerzo por cazar la esencia de un hombre con varios rostros. Me metí en el relato duro y el ascenso en los infiernos de  un joven árabe en prisión (y en la caída de un anciano y duro hombre de la mafia corsa) en Un profeta. De La red social me atrapó el virtuosismo de una película construida a la perfección, sin dejar engranajes o piezas fuera. Puro divertimento fue para mí The Town. Ciudad de ladrones con todos los ingredientes y tópicos pero bien mezclados y ejecutados. Igual me pasó con Avatar, historia del 3D y demás elementos técnicos aparte, fue puro entretenimiento y espectáculo. Para película intimista y experimental me quedo este año con 18 comidas y sobre todo con la historia de Luis Tosar y Esperanza Pedreño. Sin embargo todas las historias sencillas, alrededor de las comidas, merecen la pena, y se siente que los actores, que se convierten en reyes de la improvisación, disfrutan del desarrollo de sus historias. Y esta improvisación, plagada de momentos cómicos y trágicos, como la vida misma, da a la película toda su autenticidad.

Mis grandes decepciones han sido Nine, Two lovers, Origen, Madres e Hijas, The lovely bones, Biutiful e Invictus. Porque esperaba mucho de ellas (o me cree grandes expectativas) y me dejaron con las ganas aunque de todas salvaría un montón de cosas y todas provocan diálogo posterior. Sí que recomendaría ir a verlas.

CAJÓN DE MODIFICACIONES

Sin duda mi lista principal puede variar en cuanto vea las siguientes películas que se me quedaron en el cajón de las esperas: El escritor, Io sono l’amore, El silencio de Lorna, Vincere  y Poesía. Todas ellas en mi lista de pendientes.

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127 horas de Danny Boyle

Una crítica en 10 pasos

1.- Salvo la sonrisa de James Franco, que hasta en momentos desesperados la tiene bonita. También pienso que son muy espectaculares los paisajes que se nos presenta de Blue John Canyon en Utha a vuelo de pájaro.

2.- Dios mío, ¿cuánto ha financiado la marca Gatorade? ¿Alguien recuerda secuencia más poco efectiva?

3.- Eché de menos a Paul Conroy y su ataúd.

4.- Como es un tío al que se le va la olla (con bastante encanto) pues no importa continuamente caer en excesos. Y como tiene fiebre y está enfermo pues a llenar la película de escenas psicodélicas, apariciones extrañas y recuerdos pasados y futuros (por eso de la esperanza es lo último que se pierde). Ah, ayuda mucho la música estridente a todas horas y también poner risas grabadas y otro tipo de alucinaciones auditivas. Provocar emociones, emociones, emociones… Un subidón para el espectador.

5.- Arropada por mi plumas hasta la cabeza, desesperada, cerrando y abriendo los ojos, quería que el pobre brazo de Aron Ralston se desprendiese ya de una vez de su amo sufridor y arrepentido. Y es que el ir siempre a su bolita… le hace perder un brazo. Y de paso recrearse la cámara en cómo se disecciona un brazo en las peores condiciones inimaginables.

6.- El público no puede aburrirse. Nuestra vida se ha vuelto acelerada. Pues ofrezcamos un montaje acelerado tipo video clip moderno o informativo actual. Mucho ruido y pocas nueces. Ofrezcamos muchas sensaciones visuales y auditivas que mantengan atento al espectador. Busquemos historia de superación con dosis de morbo en su presentación… y ofrezcamos una inolvidable tarde de sábado de lo más entretenida. Ah, y que no se alargue demasiado la aventura…

7.- A raíz de los problemas de Aron con la navaja multiusos de pésima calidad que se mete en su mochila… me vino a la cabeza una lección que trata de inculcarme siempre mi hermano pequeño: lo barato al final sale caro, lo barato al final sale caro, lo barato al final sale caro… Y que a mí, a veces, mirando mi monedero me cuesta aprender. También me hizo darme cuenta de lo bien que viene un curso acelerado de Primeros Auxilios.

8.- Reconozco cómo los aparatos y nuevas tecnologías están permitiendo un nuevo elemento cinematográfico imprescindible. Si en Buried era fundamental el super móvil que facilitan a Paul (y cómo angustia la falta de batería) a Boyle le sirve mucho la afición al vídeo digital y a la cámara digital de Aron… para grabar y comunicarse en las horas de angustia y soledad.

9.- También veo un interés resuelto de diferentes maneras en el cine moderno de meter a un hombre o mujer en espacio inesperado y que se las arragle como pueda en situaciones angustiosas. Y si el espacio es mínimo mejor. Y si el personaje o personajes están en soledad absoluta mejor, también. Ya empezó con este tipo de tramas el maestro del suspense que metió a todos en una pequeña barca a la deriva en Náufragos o rodó una historia angustiosa en un único cuarto en La soga y tampoco olvidemos La ventana indiscreta donde nuestro investigador de pierna escayolada no sale de su cuarto para investigar todo un asesinato. ¿Alguien ha olvidado el mediometraje de La cabina? Continuan las variantes (traten de imaginar y verán cómo les salen un montón de títulos). Ahora parece ser que nos viene una historia de un grupo de personas atrapadas en un ascensor…

10.- Extraña carrera cinematográfica la de Boyle. No sé que pensar. Desde Tumba abierta y Trainspotting a 127 horas… Boyle traslada su mundo visual siempre al impacto (sin profundidades de ningún tipo, y eso que defendí Slumdog Millionaire a pesar de sus trampas y me gusta bastante Trainspotting). Juega a que la imagen se quede, de manera vertiginosa, en la retina del espectador. Y quizá eso define el cine de Boyle: el uso de la trampa visual… que atrapa pero… rascas y ¿qué queda?

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Liz Taylor

Liz Taylor fue la niña prodigio de Hollywood, la adolescente que llenaba las arcas; la joven más hermosa de ojos violetas que vivía con glamour, llenaba cines y llenaba arcas y de paso se convertía en actriz intuitiva y buena empresaria… Daba noticias para el mundo del corazón si parar, era musa de paparazzis, y apenas se distinguía entre vida ficticia y vida real, entre vida privada y vida pública. Liz Taylor es y fue un icono. Una mujer leyenda ya inmortal. Liz Taylor nunca supo lo que era vivir sin éxito por eso su caída, convertida en una has been cuando apenas tenía cuarenta años, tuvo que ser triste, triste, triste. Fue la reina de los excesos: en belleza, en el amor, en la amistad, en sus joyas, en su éxito, en las comilonas, en el alcohol, en las enfermedades que siempre minaron su salud pero nunca pudieron con ella… Su camino fue trazado desde que nació, poca elección tuvo. Su madre la llevó por estudios para que hiciera pequeños papeles (tenía claro cuál iba a ser el futuro de la pequeña de ojos violetas) desde niña hasta que se convirtió en estrella de estudio, mimada, porque llenaba las arcas. Y aún Liz es una superviviente. Y aún Liz dejó un buen puñado de películas donde no sólo hay que exaltar su belleza sino reconocer que la cámara la devoraba y desprendía una luz especial, y reconocer que bajo una buena dirección y un buen papel la Taylor era una actriz que podía crear un personaje.

Primero fue niña adorable que acompaña a la perra Lassie en sus aventuras. Después se convirtió en la inseparable de un caballo en National Velvet. Otra vez persiguió a Lassie y por fin se convirtió en niña mimada y cursi, a la que quitaron su flamante cabellera negra para teñirla de rubio, que se convierte en toda una damita en Mujercitas. Así inmortaliza a una de las hermanitas de la novela de Louise May Alcott.

Llegamos a los años cincuenta y ya es un linda adolescente que protagoniza a la niña bonita de una familia ya en edad casadera y Minnelli crea dos comedias familiares (que no han dejado de tener múltiples secuelas… que le pregunten a Ben Stiller), El padre de la novia y El padre es abuelo.

La niña mimada Liz está en esa edad peligrosa que pasa de niña a mujer que suele ser el descalabro de las niñas prodigios en el cine. Pero la Taylor no se descalabra y empieza a protagonizar películas de prestigio y películas taquilleras donde su especial tono de voz y su belleza son un reclamo… y ella sigue construyéndose como actriz con matices que sobre todo tiene un dominio espectacular del objetivo de la cámara. Así la primera película en la que es reconocida como actriz adulta y algo más que un rostro bonito la protagoniza con diecinueve años y se trata del maravilloso drama Un lugar en el sol de George Stevens donde le toca el papel de la niña rica enamorada de un Montgomery Clift enamorado pero marcado por querer adquirir un puesto en el escalafón social. Ella muestra más madurez que todo su entorno al demostrar que su enamoramiento es verdadero. Y la desgraciada pareja, aunque cae en destino trágico, muestra el daño de la lucha de clases. Ella, y las circunstancias sociales, destruye, sin darse cuenta con su amor hacia Clift, a una Shelley Winters que nos pega puñetazos de dolor a los espectadores.

Después la Taylor ‘adorna’ una película mítica de aventuras en la que sólo debe mostrarse bellísima. Y ser más bella que la fría Joan Fontaine (con otro tipo de belleza en el rostro) no es complicado en Ivanhoe. Sigue así su ascenso entre galanes de los cincuenta protagonizando películas de aventuras como La senda de los elefantes o melodramas tristes como La última vez que te vi en París hasta que George Stevens la da otro papel bombón en 1956 con el que vuelve a recibir críticas no sólo como mujer bella sino como actriz. Así en esa película río-familiar Gigante la Taylor construye un personaje, Leslie, una mujer con una historia a cuestas a la que vemos como una joven esposa ilusionada a un mujer madura y con experiencia con pelo canoso (… pero sin una sola arruga).

Los años cincuenta siguen prolíficos y regalando a Liz papeles para el recuerdo. Se apunta a revisitación de mujer sureña caprichosa y sufridora a la vez a lo Jezabel o lo Scarlett pero esta vez con enajenación mental incluida en la fallida El árbol de la vida. Pero también comienza su fructífera relación con las adaptaciones cinematográficas del dramaturgo Tennessee Williams y se convierte en la sensual Maggie, con combinación blanca, en La gata sobre el tejado de zinc. Liz Taylor ya no es sólo una muñeca bella también es ahora objeto del deseo, mujer sensual. Ya no es mujer virginal e inocente… es mujer marcada con historias tórridas. Al año siguiente continua su escalada como mito erótico y cambia la combinación blanca por un seductor bañador blanco en otra tragedia de Williams, De repente, el último verano. La Taylor sigue arrasando en su ascenso al estrellato. Está en la cima. Y el estudio la mima.

Los años sesenta empiezan con un Oscar, no merecido (hubo películas y papeles mejores para Liz)… pero ella era la mujer mimada y amada. Las malas lenguas dicen que se lo dieron por haber superado una fuerte neumonía que casi les deja sin la gallina de los huevos de oro. Estoy hablando de Una mujer marcada, por lo demás un entretenido dramón donde Liz muestra sus artes de mujer sensual como modelo y prostituta de lujo. Y continúa con una de las mayores pesadillas para el sistema de estudios, un super espectáculo que termina en descalabro, la mastodóntica Cleopatra. El súmun de la actriz y su poder. Retrasó con sus enfermedades (además de muchos otros asuntos que también perjudicaron el resultado final) el rodaje de esta película-pesadilla. Y encontró al amor de su vida, Richard Burton… que procuró una publicidad escandálosa para la producción (y por qué no beneficiosa para que el descalabro en taquilla no fuese máximo) porque ambos estaban casados en esos momentos en los que vivieron su idilio y se hizo público. Cleopatra supuso un momento importante en la historia del cine y que hasta algo más tarde no advirtió Liz: el sistema de estudios estaba acabado. Ahora surgía un nuevo Hollywood, con fuerza, y una nueva fauna que expulsaría sin mucha pena a una de las divas.

Aun así la Taylor continuó con su estela de reinado, con sus escandalosa y excesiva vida junto a Burton, y sacando ganancias de ello… El público adoraba el glamour de la pareja y todavía pagaba por ir a verlos juntos. Así la gloria de la Taylor continuó intacta en varias películas que además siguieron cimentando su trayectoria como actriz. Tres taquillazos con su ya señor esposo y luego varias que intentaron repetir la magia y el prestigio y sólo dejaron ver la decadencia de una actriz aún joven pero que no superó el descalabro del sistema de estudios y que ya no conocía a los nuevos ‘dueños’ de Hollywood ni los nuevos aires y temas que quería ver el público.

Sin embargo fue en esta etapa cuando dejaría una de sus interpretaciones más inolvidables (de nuevo ganaría un merecidísimo oscar), ella era Martha, el trágico personaje de la maravillosa obra de Albee, ¿Quién teme a Virginia Woolf?. Él, Burton, era George. Y sus peleas dialécticas, sus litros de alcohol y cigarrillos… te dejan atado a la pantalla. Las otras dos películas con Burton que merece la pena nombrar es un melodrama que nació ya desfasado pero intenso y elegante, Castillos en la arena, sobre todo llevó a la gente al cine. Y cuando ambos decidieron participar en una adaptación de una obra del mismísimo William Shakespeare. Para Richard era algo habitual, era un reconocido actor de teatro que ya había interpretado varias veces personajes del bardo con éxito pero para la Taylor era terreno inexplorado… y no les salió mal la jugada con La mujer indomable. Otro éxito.

A partir de este momento, 1966, el declive. Taylor brillaba más en las portadas de papel couché que en la pantalla de cine. Ya no era la mimada de nadie. Y abandonada a su suerte y con poco olfato (parece mentira) para adaptarse a los nuevos tiempos fue rodando fracaso tras fracaso. Cuando había llegado a su máximo potencial como actriz fue desaprovechada absolutamente. Aunque ella, mujer de negocios supo diversificar sus actividades y estar siempre de alguna manera en el candelero. Todavía en 1967 apareció en un interesante trabajo de John Huston, pero no comprendido, junto a Marlon Brando en Reflejos en un ojo dorado… pero ya no hubo más taquillazos o papeles increíbles para la Taylor.

Ahora ella ejerce como leyenda. Como una auténtica superviviente. Sus ojos violetas envuelven la sala oscura…

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