Momentos inolvidables de James Dean

El otro día me entero de que James Dean hubiera cumplido ya 80 años. Pero se fue con 24. Dean se convirtió pronto en mito. Tan sólo dejó tres películas y sin embargo su icono permanece en textos, en fotografías, en biografías… Es un filón que nunca se acaba. Algo parecido a su compañera Marilyn que desapareció con 36 años y sigue siendo una leyenda viva.

Nunca se termina de hablar sobre él. Siempre hay alguien que le revisita (aunque últimamente está un poco dormido). Una filmografía mínima pero que se conserva por los siglos de los siglos y le ha hecho inmortal. Ni siquiera se sabe qué hubiera pasado con su carrera si no hubiera tenido un accidente de coche.

El fenómeno James Dean crece. O por lo menos no desaparece. Se puede analizar de mil y una maneras. Es curioso es el único personaje que tuve durante años, durante aquello que llamamos adolescencia, en el techo de mi habitación en póster gigante en el techo. Algunos ven sus interpretaciones como una repetición de tics interminables. Otros le consideran fresco y que en su momento volvió a todos locos con el arte de la improvisación ante las cámaras… Eran los tiempos en que se imponía el Actor Studio. Un método que ponía al actor en el centro de la película. El actor dejaba de ser un receptor de órdenes, y se convertía en creador. Aportaba a la creación del personaje e imponía su rebeldía a la figura del director.

Otra visión de su figura es que Dean demostró que los tiempos estaban cambiando y ya no se pedía a jóvenes sanos, hermosos, sin problemas y defensores de la american way of life. Se quedaban fuera de juego las mujercitas y sus galanes, Sandra Dee y su pandilla… Ahora llegaba un nuevo adolescente complejo y con problemas que era un volcán de sentimientos. El adolescente huraño que se enfrenta a la autoridad y a la familia porque le acorralan y no logra ser feliz. El joven que tiene amores que le rompen el corazón… Y aún seguimos en esa etapa… El joven rebelde sigue deleitando. Y James Dean pudo ser el pionero más famoso.

Tres películas, tres momentos

Los únicos que pudieron dirigirle fueron Elia Kazan, Nicholas Ray y George Stevens. Y las tres historias: Al este del Edén, Rebelde sin causa y Gigante han dejado cientos de momentos inolvidables donde el icono Dean surge con fuerza.

Al este del Edén, adaptación (tan sólo de una parte) de novela de Steinbeck, nos presenta a Dean en el papel de Cal, un Caín que se enfrenta a todo lo que le rodea. A su padre, duro predicador, a su hermano (el que todo lo hace bien), a su madre (que siempre creyeron desaparecida y sin embargo es madame de un burdel)… y además todo aderezado con amor desgraciado e imposible, está enamorado de la novia del hermano… y ella corresponde. Es un Caín que continuamente quiere redimirse pero una y otra vez es golpeado y una y otra vez no puede contener su ira. Porque odia y ama con la misma intensidad. Si elijo escena me quedo con una de las últimas. Cuando Cal prepara ilusionado una fiesta a su padre en la que además quiere regalarle un dinero que ha ganado (no mirando muy bien los métodos de su negocio, capitalismo puro y duro en tiempos de guerra)… Pero su hermano Abel —que también compite— estropea su sorpresa cuando se adelanta anunciando a su padre su casamiento con la mujer amada por ambos. Sin embargo Cal sigue adelante con la sorpresa… pero su padre rechaza el dinero cuando se entera cómo lo ha ganado. El dolor de Cal, y el resentimiento, se hace evidente de manera dramática. Toma el dinero y se lo ofrece, y el padre no lo quiere. Cal trata de abrazarle llorando, mientras el padre quiere que se aleje de él y grita su nombre. Pero él no escucha sólo le abraza con el dinero y llora. Mientras el dinero va cayendo… y cuando ya no le queda nada deja de abrazar a su padre se gira y sale corriendo del cuarto.

Rebelde sin causa tiene varias escenas inolvidables. Con James Dean de protagonista. Mi escena favorita la he dicho varias veces. Es la de la piscina. Pero hoy en este post cambiaré de momento inolvidable. Y me voy a la impotencia del hijo que siente a su padre siempre vencido y humillado. Que nunca se rebela o pierde las formas. Es un hombre bueno y vencido. Y eso al protagonista le puede. Así sus escenas en las que se enfrenta al padre, en las benditas escaleras, siempre tienen un buen efecto dramático. Entendemos al padre y entendemos al hijo. No nos quedemos sólo en que Dean no soporta que su padre ceda siempre a los mandatos de una madre con carácter. Es algo mucho más hondo. El hijo rebelde quiere que su padre reaccione, vibre, y por eso en una escena de tensión dramática, le golpea.

Y por último Gigante en que su personaje va envejeciendo de joven huraño a multimillonario alcohólico, solitario e infeliz que siempre estará enamorado de mujer inalcanzable, esposa de su rival. Jimmy en papel más adulto. Seduce con su camisa vaquera, su pantalón y su rifle al hombro… en sus años de juventud. Resulta patético en su escena de tejano hortera alcohólico llorando por no ser amado. Fíjense siempre en las escenas en las que mira a la mujer de su vida con rostro de Liz Taylor.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

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