Valor de ley (True Grit, 1969) de Henry Hathaway

Buen momento para recuperar olvidado western que supuso un oscar en la carrera de John Wayne por su recreación de un antihéroe, Rooster Cogburn. Ahora vuelve a la memoria cinéfila porque los Coen han vuelto a retomar al personaje y la historia. Mientras Hathaway pasea por las claves del cine del oeste para ofrecer historia al servicio de la estrella del género, parece ser (creo que la veré el viernes y me muero de ganas) que los Coen parten en su adaptación a captar el espíritu de la novela de Charles Portis. El antihéroe del parche en el ojo, viejo, alcohólico y solitario tiene esta vez el rostro del carismático Jeff Bridges (al que ya sabéis que adoro).

Pero volvamos a la pieza original de Hathaway (director-artesano capaz de ofrecer en su carrera larga y variopinta puro cine negro como El beso de la muerte o Yo creo en ti, melodrama con tintes de thriller como Niágara o puro cine espectáculo como Tres lanceros bengalíes) que en su momento adquirió tal popularidad, sobre todo el personaje de Rooster, que en 1975 se realizó una secuela del personaje (con Wayne, claro) en El rifle y la Biblia  (pero fue dirigida por Stuart Millar).

Situémonos en los duros y salvajes tiempos del Oeste y sus duras gentes. Valor de ley presenta una historia de venganza con un fuera de ley con estrella de sheriff, parche en el ojo y mucho desencanto a cuestas; una niña de apenas 16 años obstinada, racional y fría con personalidad compleja (Kim Darby) y un joven tejano con ambiciones (Glen Campbell) pero muy verde en ciertas cuestiones de la vida. Tres seres muy distintos entre sí unidos para capturar a un mismo hombre por motivos muy diferentes. Así Hathaway ofrece la historia de una búsqueda y crea las relaciones transformadoras y cambiantes entre los tres personajes (lo que más disfruté de la película).

La historia arranca cuando el padre de la niña es asesinado y abandonado, podríamos decir que por accidente, por uno de sus hombres de confianza. Éste huye y se une a una banda de forajidos. Su hija paga a un hombre, al más duro, porque quiere a toda costa vengar la muerte de su padre. Sin piedad y estar ella presente. El joven tejano se les une porque el asesino es buscado en el estado de Tejas ya que también mató a un senador y se paga una cuantiosa recompensa por su captura. Ya está el nudo de la historia y comienza la aventura de la búsqueda.

En el camino encontrarán forajidos entre los que aparecerán los rostros del Dennis Hopper o Robert Duvall (con un buen personaje). Y ahondamos en la personalidad nada fácil de los tres protagonistas que sin embargo van tejiendo unos lazos fuertes.

Hathaway ofrece una historia de venganza y violencia repleta de escenas-detalle que conforman la personalidad de cada uno de los personajes. Impresionante, al principio, la secuencia de la ejecución de tres hombres en la horca en medio de una multitud donde se encuentra la niña protagonista. O también la escena casi final de un Wayne (que la niña ve con ojos de hombre valeroso y yo con ojos de hombre fuera de la ley a la que ya está de vuelta de todo y se muere… pues no pasa nada) que galopa en dirección a una banda de forajidos a disparo limpio. O el universo recreado para conocer la intimidad del hombre del parche que vive con un anciano japonés y un gato “con el que comparte habitación”.

Valor de ley es un western con un universo propio y con muchos matices que hacen que no sea una obra de mero entretenimiento. Y eso sin duda es lo que sintieron los Coen… en la novela (que confieso no he leído pero está publicada por Debolsillo). Pronto os contaré mis impresiones de la película de los Coen.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

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