Liz Taylor

Liz Taylor fue la niña prodigio de Hollywood, la adolescente que llenaba las arcas; la joven más hermosa de ojos violetas que vivía con glamour, llenaba cines y llenaba arcas y de paso se convertía en actriz intuitiva y buena empresaria… Daba noticias para el mundo del corazón si parar, era musa de paparazzis, y apenas se distinguía entre vida ficticia y vida real, entre vida privada y vida pública. Liz Taylor es y fue un icono. Una mujer leyenda ya inmortal. Liz Taylor nunca supo lo que era vivir sin éxito por eso su caída, convertida en una has been cuando apenas tenía cuarenta años, tuvo que ser triste, triste, triste. Fue la reina de los excesos: en belleza, en el amor, en la amistad, en sus joyas, en su éxito, en las comilonas, en el alcohol, en las enfermedades que siempre minaron su salud pero nunca pudieron con ella… Su camino fue trazado desde que nació, poca elección tuvo. Su madre la llevó por estudios para que hiciera pequeños papeles (tenía claro cuál iba a ser el futuro de la pequeña de ojos violetas) desde niña hasta que se convirtió en estrella de estudio, mimada, porque llenaba las arcas. Y aún Liz es una superviviente. Y aún Liz dejó un buen puñado de películas donde no sólo hay que exaltar su belleza sino reconocer que la cámara la devoraba y desprendía una luz especial, y reconocer que bajo una buena dirección y un buen papel la Taylor era una actriz que podía crear un personaje.

Primero fue niña adorable que acompaña a la perra Lassie en sus aventuras. Después se convirtió en la inseparable de un caballo en National Velvet. Otra vez persiguió a Lassie y por fin se convirtió en niña mimada y cursi, a la que quitaron su flamante cabellera negra para teñirla de rubio, que se convierte en toda una damita en Mujercitas. Así inmortaliza a una de las hermanitas de la novela de Louise May Alcott.

Llegamos a los años cincuenta y ya es un linda adolescente que protagoniza a la niña bonita de una familia ya en edad casadera y Minnelli crea dos comedias familiares (que no han dejado de tener múltiples secuelas… que le pregunten a Ben Stiller), El padre de la novia y El padre es abuelo.

La niña mimada Liz está en esa edad peligrosa que pasa de niña a mujer que suele ser el descalabro de las niñas prodigios en el cine. Pero la Taylor no se descalabra y empieza a protagonizar películas de prestigio y películas taquilleras donde su especial tono de voz y su belleza son un reclamo… y ella sigue construyéndose como actriz con matices que sobre todo tiene un dominio espectacular del objetivo de la cámara. Así la primera película en la que es reconocida como actriz adulta y algo más que un rostro bonito la protagoniza con diecinueve años y se trata del maravilloso drama Un lugar en el sol de George Stevens donde le toca el papel de la niña rica enamorada de un Montgomery Clift enamorado pero marcado por querer adquirir un puesto en el escalafón social. Ella muestra más madurez que todo su entorno al demostrar que su enamoramiento es verdadero. Y la desgraciada pareja, aunque cae en destino trágico, muestra el daño de la lucha de clases. Ella, y las circunstancias sociales, destruye, sin darse cuenta con su amor hacia Clift, a una Shelley Winters que nos pega puñetazos de dolor a los espectadores.

Después la Taylor ‘adorna’ una película mítica de aventuras en la que sólo debe mostrarse bellísima. Y ser más bella que la fría Joan Fontaine (con otro tipo de belleza en el rostro) no es complicado en Ivanhoe. Sigue así su ascenso entre galanes de los cincuenta protagonizando películas de aventuras como La senda de los elefantes o melodramas tristes como La última vez que te vi en París hasta que George Stevens la da otro papel bombón en 1956 con el que vuelve a recibir críticas no sólo como mujer bella sino como actriz. Así en esa película río-familiar Gigante la Taylor construye un personaje, Leslie, una mujer con una historia a cuestas a la que vemos como una joven esposa ilusionada a un mujer madura y con experiencia con pelo canoso (… pero sin una sola arruga).

Los años cincuenta siguen prolíficos y regalando a Liz papeles para el recuerdo. Se apunta a revisitación de mujer sureña caprichosa y sufridora a la vez a lo Jezabel o lo Scarlett pero esta vez con enajenación mental incluida en la fallida El árbol de la vida. Pero también comienza su fructífera relación con las adaptaciones cinematográficas del dramaturgo Tennessee Williams y se convierte en la sensual Maggie, con combinación blanca, en La gata sobre el tejado de zinc. Liz Taylor ya no es sólo una muñeca bella también es ahora objeto del deseo, mujer sensual. Ya no es mujer virginal e inocente… es mujer marcada con historias tórridas. Al año siguiente continua su escalada como mito erótico y cambia la combinación blanca por un seductor bañador blanco en otra tragedia de Williams, De repente, el último verano. La Taylor sigue arrasando en su ascenso al estrellato. Está en la cima. Y el estudio la mima.

Los años sesenta empiezan con un Oscar, no merecido (hubo películas y papeles mejores para Liz)… pero ella era la mujer mimada y amada. Las malas lenguas dicen que se lo dieron por haber superado una fuerte neumonía que casi les deja sin la gallina de los huevos de oro. Estoy hablando de Una mujer marcada, por lo demás un entretenido dramón donde Liz muestra sus artes de mujer sensual como modelo y prostituta de lujo. Y continúa con una de las mayores pesadillas para el sistema de estudios, un super espectáculo que termina en descalabro, la mastodóntica Cleopatra. El súmun de la actriz y su poder. Retrasó con sus enfermedades (además de muchos otros asuntos que también perjudicaron el resultado final) el rodaje de esta película-pesadilla. Y encontró al amor de su vida, Richard Burton… que procuró una publicidad escandálosa para la producción (y por qué no beneficiosa para que el descalabro en taquilla no fuese máximo) porque ambos estaban casados en esos momentos en los que vivieron su idilio y se hizo público. Cleopatra supuso un momento importante en la historia del cine y que hasta algo más tarde no advirtió Liz: el sistema de estudios estaba acabado. Ahora surgía un nuevo Hollywood, con fuerza, y una nueva fauna que expulsaría sin mucha pena a una de las divas.

Aun así la Taylor continuó con su estela de reinado, con sus escandalosa y excesiva vida junto a Burton, y sacando ganancias de ello… El público adoraba el glamour de la pareja y todavía pagaba por ir a verlos juntos. Así la gloria de la Taylor continuó intacta en varias películas que además siguieron cimentando su trayectoria como actriz. Tres taquillazos con su ya señor esposo y luego varias que intentaron repetir la magia y el prestigio y sólo dejaron ver la decadencia de una actriz aún joven pero que no superó el descalabro del sistema de estudios y que ya no conocía a los nuevos ‘dueños’ de Hollywood ni los nuevos aires y temas que quería ver el público.

Sin embargo fue en esta etapa cuando dejaría una de sus interpretaciones más inolvidables (de nuevo ganaría un merecidísimo oscar), ella era Martha, el trágico personaje de la maravillosa obra de Albee, ¿Quién teme a Virginia Woolf?. Él, Burton, era George. Y sus peleas dialécticas, sus litros de alcohol y cigarrillos… te dejan atado a la pantalla. Las otras dos películas con Burton que merece la pena nombrar es un melodrama que nació ya desfasado pero intenso y elegante, Castillos en la arena, sobre todo llevó a la gente al cine. Y cuando ambos decidieron participar en una adaptación de una obra del mismísimo William Shakespeare. Para Richard era algo habitual, era un reconocido actor de teatro que ya había interpretado varias veces personajes del bardo con éxito pero para la Taylor era terreno inexplorado… y no les salió mal la jugada con La mujer indomable. Otro éxito.

A partir de este momento, 1966, el declive. Taylor brillaba más en las portadas de papel couché que en la pantalla de cine. Ya no era la mimada de nadie. Y abandonada a su suerte y con poco olfato (parece mentira) para adaptarse a los nuevos tiempos fue rodando fracaso tras fracaso. Cuando había llegado a su máximo potencial como actriz fue desaprovechada absolutamente. Aunque ella, mujer de negocios supo diversificar sus actividades y estar siempre de alguna manera en el candelero. Todavía en 1967 apareció en un interesante trabajo de John Huston, pero no comprendido, junto a Marlon Brando en Reflejos en un ojo dorado… pero ya no hubo más taquillazos o papeles increíbles para la Taylor.

Ahora ella ejerce como leyenda. Como una auténtica superviviente. Sus ojos violetas envuelven la sala oscura…

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Momentos inolvidables con pasos de baile

De pronto un Marcello Mastroianni pierde la cabeza y la razón con el movimiento de su cuerpo junto a una Maria Schell tímida y desatada en un salón de música jazz en la maravillosa Las noches blancas.

Me asomo a un bareto de toda la vida, en Francia, y me encuentro a tres jóvenes que responden a los nombres de Odile, Arthur y Frantz… que bailan de manera rítmica y de igual manera los tres. Mientras Jean Luc Godard juega con sus personajes y nos dice lo que piensan y cómo son. Sólo hay que viajar a Banda aparte.

Harold y Maude, Maude y Harold… reunidos los dos cantan y bailan en la casa de esa abuela que se come la vida a bocados que se une a un joven que sólo busca la muerte. Y entonces la abuela le dice que cante, que toque, y le regala un instrumento de cuerdas… y le invita a vivir. Esta película es muy especial.

Tarantino nos regala también escenas de baile inolvidable pero yo no puedo resistirme a Uma Thurman y John Travolta en Pulp Fiction… ¿Sabéis a qué escena me refiero verdad? ¿Quién no les ha imitado en alguna fiesta?

Y nos vamos a El último tango en París. Y a dos seres desencantados en sala de baile gris… Marlon Brando y Maria Scheneider absolutamente borrachos pasan a la sala de baile donde parejas bailan con corrección y sin falla un tango. Ellos dos se saltan las reglas y la corrección y bailan con la desesperación…

Seguimos con los tangos y Al Pacino hombre ciego y a la vez cansado trata de mostrar a un jovenzuelo asustado lo que es la seducción, la belleza y el baile. Y se marca en un elegante bar un pedazo tango con una mujer desconocida y muy hermosa. Remake de película italia, Esencia de mujer.

Burt Lancaster ama a una mujer que le destroza. Le rompe. El reencuentro es en una sala hasta arriba de humanidad… Él se asoma y ella al fondo baila sensual y enloquecida junto a un jovencísimo y desconocido Tony Curtis en El abrazo de la muerte. Ella es Yvonne de Carlo.

Francesca y Robert en Los puentes de Madison nos muestran el enamoramiento de un hombre y una mujer y por supuesto no falta la escena de baile lento en la cocina, al anochecer, después de una buena charla y una buena cena.

Ya la he nombrado alguna vez pero no importa. Vuelvo hacerlo. En un garaje, un amor imposible entre una amish y un policía. Él pone una canción y juegan juntos, bailan entre risas y diversiones, pero cuando se miran, ambos se ponen serios… Sólo da play en Único testigo.

Hace poco vimos Verano del 42 y la analizamos. Y ya hablamos de una joven que sufre por una ausencia tanto que necesita sentirse viva amando y que la amen, deseen. En ese momento, en el momento terrible que se le confirma la ausencia del ser amado tiene a un joven adolescente al que saca a bailar en silencio, al que se abraza… con el que no habla. Sólo quiere sentirse tocada y deseada mientras bailan en silencio. Juntos.

Y cerramos el círculo de nuevo con Maria Schell como la pasional Gruschenka en Los hermanos Karamazov en sensual baile, que no sabemos qué estilo es, aunque diremos que parece ser entre ruso y cíngaro (es algo parecido a lo que le pasa a Ava en La condesa Descalza que también tiene su baile sensual y debemos pensar que es algo parecido al flamenco), donde seduce a un Yul Brynner embelesado con la belleza y la sonrisa de la amante de su padre.

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Diccionario cinematográfico (153)

Pescadores: seguimos con profesiones y ahora nos centramos en los pescadores. De mar o de río. Hombres curtidos, mujeres curtidas, niños curtidos, abuelos curtidos… por la brisa marina y por la vida dura.

El cine y los pescadores… unidos por una mar de fotogramas. La pesca como duro trabajo o la pesca como afición. Dos mundos muy distintos.

Si nos centramos en la dura vida del pescador podemos irnos a dos trabajos cinematográficos de dos épocas diferentes. Una es obra del británico documentalista Robert J. Flaherty que en Hombres de Aran nos relata la supervivencia de los isleños de Aran y su relación cuerpo a cuerpo con el mar.

Si viajamos un poco más allá. En los principios del neorrealismo italiano, el aristócrata Luchino Visconti nos dejó Terra Trema que no sólo refleja la dura vida del pescador sino también su supervivencia y la explotación injusta de su trabajo.

La pesca también sugiere alegorías. Es el hombre frente a la fuerza de la naturaleza. Así recordaremos dos obras cinematográficas, que son a su vez adaptaciones literarias de dos clásicos de la literatura norteamericana. Por una parte El viejo y el mar con un Spencer Tracy de pescador anciano que su suerte ha sido arrebatada y ya los peces no quieren ser pescados por él… hasta que pasa unos días a la intemperie… O nos quedamos con el Moby Dick de John Huston y la obsesión del capitán Ahab por la caza de la ballena blanca.

Y también el mar va unido al terror. Nos quedaremos con un clásico de los años setenta, Tiburón donde un grupo de hombres donde se encuentra un veterano cazador de tiburones se enfrentan a la captura de un animal maldito que siembra el horror en las costas por su hambre voraz de carne humana…

Pero la pesca también es afición y filosofía de vida. Así podemos señalar tres películas muy diferentes. La primera pura comedia screwball comedy. Nos encontramos con un Rock Hudson que es un experto vendedor de productos para pesca… Ha escrito libros como erudito en pesca pero… no tiene ni idea de pescar (sin que nadie lo sepa, claro). Así que una chica alocada le arrastra a un fin de semana donde se celebra un campeonato de pesca (y donde el jefe del pobre Rock tiene muchas expectativas para la promoción de utensilios de su tienda…). Me refieron a la hilarante Su juego favorito.

También citaremos ese drama familiar que es El río de la vida que nos cuenta la relación entre un padre y dos hermanos. Tres hombres muy diferentes, y que se toman la vida de distintas maneras y que tan sólo les une una afición común: la pesca.

Y, por último, nos detendremos en la magnífica Anatomía de un asesinato. Donde James Stewart es un abogado tranquilo y casi retirado que decide defender a un teniente acusado de asesinato. El abogado tranquilo pero perro viejo que sabe cómo ejercer su trabajo y cómo interpretar las leyes… se relaja en los momentos tormentosos con la pesca…, con su viejo amigo alcoholizado.

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Mal día para pescar (2009) de Álvaro Brechner

No conozco o no recuerdo el relato de Onetti que sirve de base para Mal día para pescar. Pero sí se nota la melancolía y los personajes atrapados por el desencanto y el pasado del autor uruguayo.

Y fue esa melancolía de dos perdedores lo que me atrapó de esta película. Y fue la tremenda tristeza y dulzura que destila el luchador con rostro de Jouko Ahola lo que me tuvo atada a la pantalla.

En más de una ocasión he escrito que sin gustarme nada ni el boxeo ni la lucha libre, sin embargo, las películas que giran alrededor de estos mundos casi siempre me encantan. El uruguayo Álvaro Brechner me ha traído a la memoria Más dura será la caída y el luchador Toro Moreno.

Así tanto Jouko Ahola, “el hombre más fuerte del mundo”, y su pícaro y cansado manager Príncipe Orsini (fantástico Gary Piquer) van arrastrando su desesperanza por distintas poblaciones de América Latina. Y ofreciendo un espectáculo que aprovecha los malos tiempos enfrentando al luchador con lugareños por cifra económica. El gran Orsini, con su labia, amaña estos combates para que les reporte ganancias y mientras el enorme luchador se deja arrastrar mientras sueña entre la enfermedad y el alcohol que volverá a recuperar el título de campeón del mundo.

Y cuando llegan a un pequeño pueblito para hacer lo de siempre… se cruza en su camino una mujer joven y desesperada que ve en el dinero que proporciona la lucha una salida a sus problemas y desencanto. Así deja al descubierto el frágil mundo de sueños de ambos…

Así el realizador Álvaro Brechner en su primer largometraje con tintes crepusculares, unos pequeños apuntes de humor y mucha tristeza nos deja deambular por un mundo de causas perdidas.

Y el corazón se te encoge cuando ves que lo único que logra calmar la nostalgia del gigante musculoso que se va haciendo viejo es cuando su pícaro y complejo manager tararea una canción de los viejos tiempos, Lili Marlene.

El gigante que vivió sus momentos de gloria en Europa… pasea su decadencia por escenarios de pequeñas poblaciones donde la gente ve una salida a sus complejas vidas y a sus miserias diarias con el espectáculo del hombre más fuerte del mundo luchando cuerpo a cuerpo con un conocido local. Y mientras el manager trata de poner toda la guinda necesaria para dar una apariencia épica e importante al encuentro casposo.

Cuando todo se derrumba alrededor de ambos. Cuando son conscientes de su relación de dependencia… entonces descubren que al fin y al cabo se tienen en sus soledades. Que no es gran consuelo. Y cada uno trata de nuevo de encontrar su dignidad perdida en duro aprendizaje que además hará (y eso es lo duro) que otros seres humanos frágiles caigan…

Mal día para pescar ha sido agradable sorpresa con dosis de melancolía.

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Dos películas que pudieron ser… y no fueron

Dos películas que pudieron ser grandes… y no lo fueron. Sin embargo no dejan de tener un interés y unas secuencias que merecen la pena. Dos películas que por lo menos, y no es poco, no te dejan indiferentes y sí con muchas ganas de comentar.

Lovely bones (2009) de Peter Jackson

Todas sus posibilidades quedan ahogadas por unos personajes mal desarrollados y una estructura mal armada. Así la película que tiene secuencias visualmente potentes queda absolutamente desinflada.

Parte de un buen material, unos buenos matices de historia y con unos personajes que podrían haber sido atractivos.

El melodrama queda dinamitado por una estructura absurda y por un desarrollo también absurdo de los personajes principales. De paso ponen ahí a una abuela que no pinta nada (con el rostro magnífico de Susan Sarandon), una niña médium que es la rarita y un niño mono… que poco hacen para salvar la trama.

La mezcla entre el mundo onírico y real podría haber sido una solución genial para el desarrollo de la historia y sin embargo no hay un ensamblaje creíble para presentar los dos mundos y darles todo su sentido.

Y es una pena. Porque tiene escenas hermosas. Lo de que la narradora, la niña asesinada, sea una muerta (no se asusten se sabe desde el principio) podría haber sido todo un puntazo… ¿recuerdan El crepúsculo de los dioses? También nos la narraba un hombre asesinado. El final con frase irónica que funciona perfectamente en la maravillosa Mi Idaho Privado que te deja hecha polvo, aquí te da más bien lo mismo. Así ante la frase “Espero que viváis mucho y seáis felices para siempre” te quedas en estado fuera de onda.

El destino final del asesino en serie con cara de Stanley Tucci…,no convence. La justicia divina como que aquí no te la crees. Y eso que Tucci no está mal como retorcido asesino. Pero es tan flojo cómo descubre o intuye el padre que es el culpable… tan poco verosímil… una estructura tan compleja para una revelación tan pobre.

Jackson tampoco aprovecha el potencial que podría haber sacado a las distintas maneras a que se enfrentan cada uno de los miembros de la familia a la terrible desaparición de la hija, hermana y nieta. A la ausencia del ser querido. Así madre (Rachel Weisz), padre (Mark Wahlberg), hijos y abuela son absolutamente desaprovechados y sus transformaciones y evoluciones absurdas.

La niña protagonista, Saoirse Ronan, una pasada aunque se pase la mayoría del metraje en el mundo orínico, entre el cielo y la tierra, y su personaje tampoco esté bien desarrollado.

No le niego a Peter Jackson una fuerza visual y una belleza increíble en alguna de sus secuencias así como soluciones cinematográficas muy buenas. La casa del asesino, alguna de las escenas familiares sobre todo al principio, la fascinación de la protagonista por la fotografía, la captación del instante, los momentos previos al asesinato, alguno de los momentos oníricos que vive la protagonista…

Pero es de esas películas que podrían haber sido una pasada y se quedaron en algo muy pequeñito…

El edén al oeste (Eden à l’Ouest, 2009) de Constantin Costa-Gavras

Si se quiere hablar de un representante de un cine político enseguida viene a la cabeza Constantin Costa-Gavras. En su carrera hay títulos como Z, Estado de Sitio, La caja de música o Amén. Su última película El edén al oeste es una fábula sobre la inmigración. Es como si Costa-Gavras cansado de tanta dura realidad, de tanto horror…, estuviera harto y ya no pudiera más y sólo se siente capaz de representar una especie de viaje fantástico de un inmigrante que se encuentra en su camino las situaciones más surrealistas que pudiéramos pensar.

Así Costa-Gavras renuncia al horror de lo que nos cuenta y prefiere meter caña a través de un cuento triste que sólo puede terminar de manera fantástica porque sabemos que el futuro del protagonista va a ser negro. Negrísimo. Pesimista. Es como si Costa-Gavras dijera me he pasado la vida denunciando y presentando la cruda realidad. Quiero cambiar de táctica y a ver si los espectadores les entra de una vez el mundo injusto en el que vivimos. Voy a contar la historia de un joven y bello inmigrante ilegal que protagonizará toda una Odisea hasta llegar a París para cumplir un sueño o una esperanza de encontrar una vida mejor.

Y se cruza con situaciones surrealistas, personajes mezquinos como ogros y brujas, personajes dulces como hadas y almas protectoras…, y su situación va de mal en peor pero todo sea por la consecución de un sueño. Por creer que la magia es posible. Y cada encuentro es una advertencia o una actitud frente al otro, al que viene de fuera.

Pero no se engañen Costa-Gavras no nos deja un final feliz. Sino mucha amargura y sólo una salida a través del escapismo y la fantasía. Costa-Gavras huye de lo real… pero nos dice muchas cosas.

Es para analizarla con mucho cuidado y dejarse enredar en los ojos claros del protagonista y enredarse en sus rizos y miedos. Obviamente es tal el carácter de fábula que el director político aleja al espectador que puede optar por hacer como que no entiende lo que le están contando. Y bajo la fábula amable nos está contando una historia amarga, muy amarga…

Y por eso en esta película Costa-Gavras nos ha desconcertado… nunca pensamos que optaría por la fábula y la magia para contarnos una historia fuerte. Muy fuerte.

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Gigante (Gigante, 2009) de Adrián Biniez

Pequeña y sencilla película uruguaya.

Ingredientes:

Un hombre gigante con actitudes de niño y mirada y sonrisa dulce. Que trabaje de vigilante en un supermercado y los fines de semana en un garito.

Una mujer dulce que se llame Julia y que trabaje como mujer de la limpieza en el supermercado.

Una cámara de vigilancia.

Unos compañeros de trabajo.

Una rutina diaria del gigante que se vea alterada cuando divise en una cámara de vigilancia a Julia.

Una playa.

Modo de preparación: se agita siempre con mucha dulzura y amor hacia los personajes. Se trata siempre de cuidar el punto de vista del gigante solitario que juega como un niño con su sobrino. Vigila y nos muestra en distintas actitudes que su corazón es un corazón con nobleza. Se le ve en su rutina diaria en su hogar, en su habitáculo de vigilancia o en el comedor del trabajo. La sonrisa de Julia, cómo se pinta los labios, sus meteduras de pata en el trabajo… hacen que cambie su rutina diaria y la cambie por una visita a la sala de cine, por un paseo por la playa, por un rato en un local de Internet u otro rato en un bar con televisión…

El gigante silencioso es apreciado por sus compañeros, tiene unas manos mágicas y actúa por impulsos. El gigante protege. El gigante es tímido. El gigante estalla cuando ve que puede perder aquello que ha hecho su vida más dulce, aquello que ha sido el atisbo de un cambio en la rutina. El gigante cuida desde la distancia a Julia. Sólo busca una manera de acercarse a ella.

Adrián Biniez soluciona esta comedia romántica y sencilla que transmite emoción con una escena bella… en la tranquilidad de una playa. La barrera de la distancia se rompe de manera sencilla. El paso de ser sujeto observador a sujeto de acción es simple y hermosa.

Enternece el rostro de un hombre grande con cara de Horacio Camandulle. Tanto que todos deseamos que no le ocurra nada malo y que dentro de su rutinaria vida algo hermoso le pueda ocurrir.

Pequeña y sencilla película uruguaya.

No se la pierdan.

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Capturing the Friedmans (2003) de Andrew Jarecki

Éste es un documental que definiría en una palabra: impactante. Impactante e incómodo. Vaya, ya han salido dos palabras. Jarecki, además, no toma partido, expone. Es el público el que saca conclusiones y eso se agradece pero lo hace más complicado. Y ya va la tercera palabra. 

Un montaje excepcional y una batería de imágenes absolutamente privadas con una serie de entrevistas a gente implicada en el caso. Los Friedmans aportan los vídeos caseros de toda una vida. La diferencia es que esta familia no sólo grababa en 8 mm los momentos felices o en cintas de vídeos (como es habitual) sino que también filman momentos desgarradores y su propia destrucción como familia. Y ver esas imágenes tan personales (aunque las hayan cedido) no deja de crearte una sensación incómoda (y sí la vi entera de pe a pa). 

El documental expone el caso de la familia Friedmans, una familia de clase media alta norteamericana que se descompone y destruye cuando en 1987 el padre y el hijo menor son detenidos por la policía acusados de pederastia. Todo empezó por una investigación policial en la que se detecta que el padre recibe por correo material de pornografía infantil desde Holanda. De ahí pasa a ser acusado por actos de abuso sexual a sus alumnos de informática durante años junto a su hijo pequeño. 

En el interior de la familia, en la que ya había problemas (como en todas las familias), el acontecimiento descompone aún más el núcleo familiar. La madre es apartada definitivamente de la fuerte unión que existe entre los tres hijos varones y el padre. La madre, duda, y el padre y los tres hijos luchan por demostrar su inocencia. Pero si algo es positivo en la exposición de esta historia cruda y verdadera es que no se toma partido por ninguno de los miembros. Y si hay algo tremendamente humano, es que nos presenta lo peor y lo mejor de cada uno de ellos. Eso da miedo. Porque nadie diría en las idílicas imágenes de familia feliz de 8 mm la compleja y disfuncional personalidad del padre. Porque vemos también la difícil personalidad de la madre y sobre todo vemos como influye en la personalidad de cada uno de los hijos (el mayor y el menor. El mediano no quiso participar en el documental lo que afirma como a cada uno le afectan los acontecimientos de distinta manera). También, da miedo porque son tan humanos que por supuesto no vemos los monstruos en los que se convirtieron padre e hijo en los medios de comunicación de la época. 

Y da miedo, porque yo personalmente, uno de los actos que más rechazo me causa y repugnancia es la pederastia. Y las personas que lo practican sin duda hay algo que no les funciona bien en la cabeza. Cuando salen casos en medios de comunicación mi rechazo es pleno hacia las personas que han cometido abusos sexuales con menores. También soy consciente de que son temas tan sumamente delicados que hay que estar totalmente seguro y atar todos los cabos antes de dar un veredicto de culpabilidad.  

Sin embargo, mis sentimientos hacia el padre de los Friedman han sido ambiguos. Por una parte su reconocimiento de pederasta y algunos comportamientos me causaban un rechazo profundo pero por otra parte, había momentos en los que me parecía un pobre hombre con un tremendo problema y que se ve abocado a un juicio que se dispara y le convierten en un monstruo. Por otra parte, él declara que consume productos de pornografía infantil (revistas y fotografías), que ha abusado sexualmente de dos jóvenes durante vacaciones familiares (por esto que confiesa no se le acusaba) y que efectivamente se excita (comportamiento del que no está orgulloso) con menores…, pero tanto él como su hijo se declararon inocentes sobre todos los abusos sexuales de los que se les culparon con los alumnos de las clases de informática.   

Es una clara situación en la que los Friedmans ven atacada su intimidad como familia y se convierten en un centro de atención para un país que los juzga de mil cosas antes de tiempo. Se convierten en una imagen del horror y de degradación y no son tratados como personas. Desde el primer momento se les condena y la opinión pública no oye, escucha ni ve las posibles contradicciones en algunas de las acusaciones o la debilidad de algunas pruebas. Entre los vecinos se forma una especie de histeria colectiva llena de juicios y declaraciones contradictorias. Llama la atención la declaración de un alumno que opina que jamás, jamás vivió ni un asomo de abuso sexual y cómo nunca vio nada y otro (con la cara oculta) que cuenta aberraciones en esas mismas clases. Una investigación policial con grandes fallas y una actuación judicial sin asomo de la presunción de inocencia que se vuelve absolutamente cruda para el menor de los Friedmans que es llevado a la cárcel con 18 años, y que en ningún momento contó con una presunción de inocencia, y que no vio la luz hasta el año 2001. 

¿Qué ocurrió realmente?¿Cuál es la verdad? No, el documental no lo revela pero sí expone todos los elementos que hicieron que fuera más difícil entrever esa verdad o realidad. ¿Existieron realmente esos tremendos abusos sexuales con los alumnos de las clases de informática? Y también el peligro de un juicio popular antes de un juicio legal. Está claro que es documental que hace pensar y reflexionar mucho. Y nunca viene mal. 

Jarecki tardó tres años en completarlo y cuenta que en un principio la idea original del documental era contar la historia de los payasos de cumpleaños de Nueva York…, entonces se cruzó en su camino uno de los payasos más populares, David Friedman (el hermano mayor), que tenía una historia que contar…, y así nació Capturing the Friedmans. 

Escalofriante documental (y va la cuarta palabra) donde se desnuda y disecciona totalmente una familia.

Star system femenino de cine silente en Hollywood

La primera persona con la que se creo el star system fue una mujer. Los productores pronto se dieron cuenta que el público quería saber sobre aquellos rostros que traspasaban la pantalla. Querían saber el nombre y apellido de esa actriz que sufría tanto o de aquella que les hacía reír. Todo empezó con Florence Lawrence.

Pero el star system silente nos dejó rostros que aún impactan en pantalla. Y nombres. Muchos nombres.

En el mundo de la risa la reina era Mabel Normand. También la enorme Marie Dressler. Y no olvidemos que era realmente divertida (pero sus trabajos han quedado sepultados bajo su historia con el millonario Hearts) Marion Davies. Y nunca hay que olvidar que Edna Purviance no sólo era tierna y dulce sino que tiene escenas junto a Charlot muy pero que muy graciosas.

El cine silente creo divas. Auténticas reinas que tomaron las riendas y adquirieron poder, mucho poder. Que les fue arrebatado en cuanto llegó el sonido. Y esas primeras reinas fueron: Mary Pickford, Lillian Gish y Gloria Swanson. Una era la reina, directamente. Su éxito y fama la convirtieron en la aristocracia de Hollywood y también en muñeca que llenaba los escaparates. La segunda fue la indiscutible virginal dama. Y Gloria era el glamour.

Después estaban las chicas modernas. Que aún hoy cautivan con sus rostros. Una Louise Brooks atractiva o la chica it, signo de modernidad y liberación de los años veinte, años de locura y jazz: Clara Bow.

Sin embargo fue de Suecia donde llegó la diva de las divas, la mujer delirio, que hipnotizó en sus dramas con su rostro extraño y bello. Daba igual la película o su calidad. Se convirtió en mujer fenómeno: Greta Garbo.

Otro rostro que brilló y encandiló por el romanticismo exacerbado de sus películas fue Janet Gaynor.

Y es una gozada lograr ver los trabajos silentes de actrices como Joan Crawford o Carole Lombard.

La lista es muy larga. Esto es sólo un aperitivo.

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Un fantasma del siglo XX (Fantasmas de Joe Hill, Punto de lectura, 2009)

Joe Hill demuestra su amor al cine en un relato de su libro de cuentos Fantasmas. Un fantasma del siglo XX es una pequeña narración con mucho encanto que habla del ritual que supone ir a una sala de cine y ver una película. Habla de la importancia de las salas como sitios donde puedes disfrutar de películas y vivir distintas sensaciones. Habla del amor al cine. De ir al cine. Habla de una joven fantasma que pasa sus horas, sus años, su eternidad sentada en una butaca de una vieja sala de cine que vivió sus momentos de gloria, el cine Rosebud. Y que se manifiesta cuando le gusta una película y le apetece compartir ese amor por la película al espectador que esté a su lado.

Y estas apariciones cambian la vida del espectador que inevitablemente se ve obsesionado por la aparición y se acrecienta su amor por el cine… y en concreto nunca olvidan el cine Rosebud. A pesar de haber vivido el susto de sus vidas. Pero los años pasan, y las salas de cine van dejando de ser sagradas, y el dueño del cine —que vivió su propia aparición de la joven fantasma mientras veía Fantasía de Walt Disney cuando era un niño… y desde entonces vuelca su vida en la sala— ya es un hombre mayor acuciado por las deudas y preocupado porque ya apenas puede mantener la sala abierta. Y preocupado por el futuro de la joven fantasma.

Pero de pronto todos aquellos que vivieron la aparición de la joven fantasma se dan cuenta de que la sala de cine está en peligro. Y, por tanto, la joven fantasma también. Ella sólo quiere permanecer sentada en la butaca viendo buenas películas. Ella sólo quiere ser espectadora. Ella que falleció sin poder ver terminar El mago de oz…, esa Dorothy con zapatos rojos que pisa el camino de baldosas amarillas… y que sólo desea regresar al hogar. Ese hogar que puede ser arrebatado a la joven fantasma espectadora…

Y no os escribo ni os destripo más del relato del hijo de Stephen King que regala un relato tierno (y eso es lo que hace al cuento especial) lleno de referencias cinematográficas y que es un canto a las grandes salas de cine, al paso del tiempo a través de las películas y al disfrute de un ritual hermoso…

Ahora sólo queda leerlo.

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