La mejor juventud (La meglio gioventú, 2003) de Marco Tullio Giordana

 

Sólo puedo decir que mi corazón durante 360 minutos no dejaba de latir, que mis ojos estaban en muchas ocasiones al borde de la lágrima, y que mis labios sonreían tenuemente en varias ocasiones. 

La mejor juventud (concebida como serie para la televisión italiana, por eso, su duración) es una emoción continua a través de la historia de la familia Carati desde 1965 hasta el 2003. 

Marco Tullio Giordana ofrece una crónica familiar en la que mima a cada uno de sus personajes que se ven además afectados por la historia de Italia a lo largo de casi cuatro décadas. 

Unos rostros que llegan por la mirada, por la sonrisa, por sus expresiones, por las vivencias…, hombres y mujeres, niños, ancianos, jóvenes…, épocas distintas. Sueños, ilusiones, ganas de cambio, sueños rotos, ilusiones rotas, y las ganas de cambio cansan. Esperanzas. Lágrimas…, pero al final, aunque cueste afirmarlo, todo es hermoso (como dice uno de los personajes). 

Momentos históricos de la historia italiana: las inundaciones de Florencia en 1966, las revueltas estudiantiles, las brigadas rojas, los mundiales, los éxitos musicales, la corrupción política y financiera, el paro, las crisis económicas, la lucha contra la mafia, el asesinato de Giovanni Falconi, la apertura y el cambio de tratamiento en las instituciones psiquiátricas, la educación, los hermosos paisajes… una generación que luchaba por el cambio hacia un mundo mejor. Sus intentos, sus caídas, sus fracasos, sus pequeños logros… 

La historia funciona no sólo por estar rodada con una sensibilidad máxima sino por un guión que resuelve situaciones, que construye personajes, que te arrastra…, los artífices junto al director son Steffano Rulli y Sandro Petraglia. Dos guionistas que trabajan en equipo y han construido historias con realizadores como Gianni Amelio (la sensible y realista Niños robados o Las llaves de casa), Daniele Luchetti (Mi hermano es hijo único) o el mismo Marco Tullio Giordana (Cuando naces… ya no puedes esconderte). 

Y es que La mejor juventud (fue distribuida en dos partes, la segunda en algunos sitios la llamaron Los años soñados) va enganchando según van pasando las horas hasta que al final no puedes apartar la mirada y ya, magia, ni miras el reloj. En su momento, me la perdí en pantalla grande y la he visto en dvd…, me he acostado a horas intempestivas entre semana porque no podía pararla. 

La historia se centra sobre todo en dos hermanos con personalidades diferentes que en un momento dado, un viaje, cambian el rumbo de sus vidas. Son Nicola y Matteo Carati. Los dos son descritos en un momento de la película de manera que se descubre su personalidad. A Nicola se lo dice un profesor en un examen. A Matteo le describe de manera hermosa, Nicola, su hermano. Uno, Nicola, tiene siempre un encanto especial, un plus de simpatía, que siempre transmite. Que a pesar de los golpes siempre cree en las personas a las que más quiere y que a pesar de que el mundo no es cómo el hubiera querido apuesta por ir cambiándolo en lo que puede. Se convierte en un psiquiatra que trata de mejorar el tratamiento a las personas con problemas de salud mental. Y, Matteo, el raro o distinto, tremendamente hermoso, que nunca llega a gustarse a él mismo y no soporta el mundo en el que le ha tocado vivir, es una especie de Aquiles (siempre triste, siempre guerrero, siempre duro, siempre autodestructivo…, pero con demasiado corazón). Matteo decide ante una vida horrible dejarse llevar por normas férreas para no perderse más de lo que está. Se vuelve policía y con lo único que se siente feliz es con la lectura de libros. Su único amor, una joven de Stromboli, pero con la que no se decide a dar el paso, no se decide a hacer una llamada de socorro de que se hunde del todo, fotografía su alma compleja. 

Todos los personajes nos envuelven y de todos queremos saber más. Una madre de mirada maravillosa, la profesora, que sufre y sonríe junto a los que más ama; un padre lleno de vida y comprensión hacia sus hijos incluso hacia el que no comprende; unas hermanas fuertes y luchadoras; unos amigos fieles en los momentos felices y complicados; unos hijos y nietos que son la fuerza de los adultos y la mirada limpia hacia un futuro quizá esperanzador; dos mujeres, la una autodestructiva porque no puede con un mundo que la aplasta (que entierra su pasión por el piano y la música clásica) y otra que es dulce y que decide descubrir el alma de las personas a través de su cámara. Y, por último, una joven con problemas de salud mental que será el punto de partida para el distinto rumbo que toman las vidas de los dos hermanos. Todo acompañado por unas canciones inolvidables que se convierten en la banda sonora de sus vidas. 

La mejor juventud es un regalo de 360 minutos para ver sin prisas, solo o en compañía de personas queridas.

Diccionario cinematográfico (62)

Libertad de prensa: o la libertad de ejercer la profesión de periodismo, libremente. O la libertad de expresarse e informar de los hechos acaecidos en cualquier parte del mundo. O la libertad de poder contar, profesionalmente, unos hechos… sin que te cueste la vida o la supresión de libertad… El 3 de mayo fue el día de la libertad de prensa. Valga un pequeño homenaje para todos aquellos a los que callan a la fuerza. 

Al joven periodista idealista le cierran, de manera brutal, la boca en Chile durante dura dictadura. Demasiados intereses. ¿Qué importa una vida menos?¿Qué importa más brutalidad impune? Un viaje al horror. Missing sigue ahí. 

Nos vamos a situación política más reciente, en Un corazón invencible donde también tapan la boca para siempre del periodista Danny Pearl en Pakistán. 

O a tiempos algo más lejanos, pero recientes, en Camboya o Indochina… El año que vivimos peligrosamente o Los gritos del silencio o cómo mostrar a periodistas al límite. 

O retratos crudos en la guerra de Sarajevo con periodistas o fotógrafos a los que callan como Las Flores de Harrison o Antes de la lluvia.

La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint your Wagon, 1969) de Joshua Logan

No sé si será el cansancio o qué pero no dejo de dar vueltas a un asunto con esta película. Quizá sea algo delirante lo que voy a decir pero creo que esta especie de western, musical y comedia no hubiera sido lo mismo sin el mayo del 68. Sí, han leído bien y muy bien. 

El mayo del 68, es decir, lo que significó en muchos lugares del mundo este acontecimiento tuvo repercusiones en muchas expresiones artísticas y entre ellas como no, el cine. 

No hubo un triunfo político pero sí una pequeña apertura en el sistema imperante en algunas partes del planeta (en otras no). De pronto se pusieron en duda algunas instituciones inamovibles como el matrimonio, la familia, la educación, la religión, la sexualidad, las costumbres tradicionales…,¡¡¡pum!!! De golpe y porrazo podías cuestionarte todas estas cosas y más. 

Y así claro se entiende el nacimiento de este musical maravilloso a la par que irreverente sobre una ciudad sin nombre, sin ley, sin costumbres…, son unos buscadores de oro quienes van construyéndola a su antojo. Pero como buscadores de oro son errantes y pronto se hartarán de la propia “civilización” que van creando. Así que pintarán sus carretas y viajarán a otro lugar para seguir tras el oro que sólo es una excusa para estar libre de ataduras. 

Y en este musical que crea un barroco creador de historias de amor atípicas como Joshua Logan (Pic nic, Bus Stop, Sayonara, Camelot…) no podía faltar ese espíritu del tiempo. Del 68. Coge a un borrachín, que nació bajo una estrella errante, todo un vividor con cara de Lee Marvin con una de las peores voces de la historia del musical pero no por ello llena de encanto y personalidad. Agarra a un joven tranquilo, Socio, y ambos se crean su propio código de amistad inquebrantable, sin apenas conocerse, con el rostro de Clint Eastwood que abandona su papel de duro para convertirse en muchacho sensible que sólo pide una vida tranquila al lado de amada alguna. Y, por último, nos deja a la tercera en discordia, una bellísima Jean Seberg (diez años antes de su trágica muerte)…, símbolo de mujer moderna (no olvidemos su paso por Al final de la escapada) que nos muestra a una real hembra que ama a dos hombres y que no ve ningún problema en convivir y estar casada con los dos. Ella es quien lo decide. 

Lo demás: diversión, diálogos chispeantes rozando el surrealismo, buscadores de oro, secuestro de mujeres de vida alegre, joven granjero totalmente seducido por lo que sus padres consideran vicios, amor, alcohol, canciones bellas, predicador loco de remate, construcción, destrucción, túneles, celebraciones y entierros, hogar soñado, osos y toros, polvo de oro…, y viaje mucho viaje…, pinta tu caravana, y ven con nosotros.

Sean Penn

Ayer tuve la oportunidad de ver en dvd El asesinato de Richard Nixon y me quedé triste y cautivada a la vez con una historia dura. Un excelente Sean Penn recrea un viaje a la locura como un hombre, al que le van quitando a golpes cada uno de sus sueños y rasgos de personalidad, decide tomar una medida desesperada y suicida. Envía una carta al compositor Leonard Bernstein y le confiesa sus propósitos y por qué se comporta como se comporta. 

Sean Penn deja un retrato de un buen hombre que sólo quiere ser honesto y no mentir, que quiere participar como dice del sueño americano, y sólo se ve humillado una y otra vez por todo aquel que le rodea. Nadie entiende su desesperación, ni las personas más cercanas, su gran amigo, su hermano, su ex-mujer…, el protagonista vive cómo sólo el que mejor miente, el menos honesto y el menos honrado, el que más humilla, es el que alcanza mejor posición, el más respetado y seguido. Y, todo esto lo representa, en ese momento de desesperación, el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon. 

Y después de su visionado (una visita más al empleado-esclavo que toma las riendas y se rebela con violencia contra un sistema que le destroza: otros ejemplos, Taxi Driver o Un día de furia) me vinieron ganas de escribir sobre Sean Penn en mil rostros en la oscuridad. 

Sean empezó su carrera en los años ochenta, fue cuidando la elección de papeles en los noventa y el siglo XXI ha sido su consagración definitiva como actor. Con rostro peculiar, y camaleónico, le van los grandes caracteres variados. Se levanta de los tropezones, con películas que nos hacen recordar que el niño rebelde, progresista e impertinente, ya maduro, de Hollywood, es además un actor de carácter. 

El joven Penn empieza a despuntar con películas –que ya muestran su personalidad y esos papeles de antihéroes contra sistema que aplasta– en Taps, más allá del honor, en 1981 junto a Timothy Hutton y Tom Cruise o esa melancólica fábula, Adiós a la inocencia junto a Nicolas Cage en 1984. Sin embargo, va yendo de un papel a otro donde se va curtiendo como actor pero en películas poco redondas y, va construyendo su fama de joven intratable y rebelde de vida loca (fueron sus años de relación con Madonna). Por ahí, sin pena ni gloria, aparece en Colors, Shanghai Surprise, Corazones de hierro o Nunca fuimos ángeles. 

La década de los noventa es la década de su consagración gracias también a un mayor cuidado en la elección de papeles, siempre variado (es la década en la que conoce a Robin Wright Penn tras su reciente ruptura parece que hay rumores de reconciliación) y que le convierten en actor camaleónico. De El clan de los irlandeses (1990) salta a esa maravilla (nunca me canso de decirlo) que se llama Atrapado por su pasado en papel de abogado que va cayendo en la violencia, locura, poder y drogodependencias. En 1995 llega el papel que le consagra definitivamente en el Olimpo de los grandes, Pena de muerte le permite la recreación de un asesino al que se le aplica la pena capital y le acompañamos en sus últimos momentos en el corredor de la muerte. Penn muestra un retrato de un hombre complejo pero humano muy humano y a través de su retrato denuncia la pena de muerte. La película trata de ponerse en la piel de todos: el resentimiento y el odio de los familiares de las víctimas, la crispación de un asesino que nunca ha tenido oportunidades en el sistema que vende sueños, el dolor de su propia familia y sobre todo el reflejo de que la pena de muerte no soluciona ni arregla un montón de vidas ya destrozadas. La película trata de mostrar que matar es un acto igual de horrible lo haga un ser humano o el Estado y trata de hacer ver que sólo puede verse un poco de luz a través de la comprensión y mirada del otro, que es lo que más cuesta. Comprender por qué se ha hecho o cometido ese mal por cada una de las partes y, quizá, así encontrar un camino. 

Después, Penn pasa a una de las obras más sorprendentes y barrocas de un Stone pirado que descubre a una Jennifer López en el esplendor de su belleza en una historia paranoica donde Sean sorprende hasta sin dientes: Giro al infierno. Demoledora. 

Ese mismo año junto a su mujer Robin y un Travolta desconocido protagoniza puro cine independiente de la mano del hijo de Cassavettes y ofrece Atrapada entre dos hombres, una historia delicada y bella visualmente que se estrenó el mismo año que esa maravilla llamada La buena estrella.  Fue algo coincidente y mágico: ambas partían de una premisa de argumento similar. 

Después, sigue construyendo papeles para películas comerciales o del más puro cine independiente en The Game, La delgada línea roja o Hurlyburly. Hasta que le llega otro papel de oro en 1999 en película ni más ni menos que de Woody Allen: Acuerdos y desacuerdos. Un canto al jazz donde Sean es un buen músico pero mediocre en su vida diaria. Película delicada y hermosa donde se narra una triste historia de amor entre muchacha tímida y muda y músico con melodía en las venas pero con poca sensibilidad ante la vida hasta que alguien se la despierta. 

Y empieza el siglo XXI y empieza con papeles secundarios (Antes de que anochezca), melodrama de corte televisivo (Yo soy Sam), película mediocre (El peso del agua) o remake fracasado (Todos los hombres del rey) para volver a sorprender con papeles fuertes: desde su caracterización de profesor de matemáticas al borde de la muerte pero que descubre el amor a través del sufrimiento en 21 gramos o ese personaje que sólo conoce el lenguaje de la venganza para poder redimirse del dolor que siente en Mystic river pasando por el papel de un solitario del FBI en una bella y poco valorada cinta de Pollack, La intérprete. Y nos deja con la boca abierta con ese descenso a la locura que es El asesinato de Richard Nixon. 

Al rebelde, sensible y malhumorado Sean Penn le queda mucho que expresar a través de la pantalla blanca. Espero.

Elegy

Me gusta el mundo visual y de imágenes que ofrece siempre Isabel Coixet en cada una de sus películas. Me gustan sus historias extremadamente románticas. Y, Elegy, personalmente, no me ha decepcionado en absoluto. 

Isabel Coixet consigue que en ciertas escenas me emocione. Lo de Coixet es extraño. Es cierto que a veces sus guiones son demasiado etéreos y poco realistas…, pero me llegan. Que sus imágenes, a veces, son imagen sobre imagen y sólo imagen, pero me llega. Sus personajes, también entre irreales y etéreos, pero me llegan… 

Así que no puedo convertirme en detractora de su obra porque de alguna manera, y no sé explicar por qué exactamente, el cine de la Coixet me llega y conecta conmigo. Luego, la veo en sus apariciones públicas, en sus entrevistas u otros menesteres y no puedo creer que sea la misma persona que me emociona a través de la imagen. Isabel Coixet se convierte en alguien dual. Y no es que me parezca negativo pero me extraña. ¿La Coixet pública, una especie de showman extraño, es la misma que me conmueve en pantalla? Sí. Sólo hubo una aparición suya que me dejó intuir su amor al cine. Que me acercó más a ella. Y fue durante su programa en Carta Blanca de La 2. 

En Elegy la Coixet se introduce a su manera en el mundo literario de Philip Roth. Y que quede claro que es a su manera. Así construye una, para mí, preciosa historia de amor…, que me llega. No he leído El animal moribundo pero no creo que se acerque a la sensibilidad de la Coixet, sin embargo, ella lo lleva a su terreno. Algunos achacan, que claro, que como era una película de encargo, y el guión no era de Isabel, que esta película no es de las suyas. Pues yo pienso que es película Coixet 100 por 100 para amarla u odiarla. Elegy es para seguir amándola, su cine, sólo su cine. 

Quizá, no sólo sea gracias a su peculiar mirada y cuidado visual. Esas escenas en la playa, las escenas románticas (más que erótico festivas o sexuales), la recreación en los rostros, en una lágrima, en una sonrisa, la soledad de los personajes en las calles llenas de gente, unas manos tocando un piano, esa música siempre cuidadosamente elegida…, sino a la interpretación de cuatro actores que se sumergen en el universo de la directora y logran emocionar en cada transformación o en cada anécdota. 

Dennis Hopper, el amigo poeta vital que se va apagando sin darse cuenta y va dejando besos, besos que muestran lo que le gusta amar y reír bajo su cinismo siempre aparente. Patricia Clarkson, la amante madura y sexy, que es consciente de que su libertad no le ha dado la felicidad absoluta, y que siente cómo envejece y quizá, puede, que termine en soledad. Benditas sus lágrimas. O un Ben Kingsley grande, ese profesor universitario inmaduro, siempre, que se aleja del compromiso o de lo que pueda ser una atadura, que disfruta de la belleza y del sexo, pero que no se ata ni quiere amar a nadie pero, de pronto, indefenso se siente solo y viejo…, y con ganas de amar y ser amado aunque le cueste reconocerlo. Y, por último, otra de las sorpresas, una Penélope Cruz que juega con las lágrimas y la mirada, con un rostro limpio y bello, que hace de joven alumna cubana que trata de despertar al viejo profesor con algo llamado amor. Que quita la careta del cínico, duro y libre señor. 

Quizá también me llame la atención esa reflexión velada de temas de esta creadora como es el paso del tiempo, el dolor, la belleza, la vejez, el miedo, la soledad, la enfermedad y el amor, siempre, el amor. 

No sé explicar muy bien por qué pero el cine de Isabel Coixet…, me llega. 

Sueño dorado (Golden boy, 1939) de Rouben Mamoulian

A veces hay películas que sirven para encontrarnos con historias interesantes de sus creadores y sobre todo para entender la creación cinematográfica y teatral de un periodo histórico. 

Y eso ocurre con la película de la que hoy quiero hablar, Sueño dorado, una película de finales de los años treinta. Ésta es una película rescatada en una interesante colección de dvd sobre producciones de la productora Columbia (interesante por las películas elegidas y por el precio al que se puede adquirir cada dvd). 

Son varios los motivos que hacen interesante esta película, un melodrama de la época. Primero, rescatar la interesante obra de un director de cine olvidado pero en su época artesano creativo y capaz. Creativo en cuanto a técnicas cinematográficas. El director Rouben Mamoulian (director de origen ruso, Georgia) inició su capacidad creativa en el teatro y en la ópera pero también sintió la llamada del cine. Al principio de la década de los treinta innovó en los sistemas de sonido haciendo posible el milagro del cine sonoro. Estuvo delante de una de las primeras obras sonoras de calidad como Aplauso (1929). Consiguió un drama histórico de prestigio con una gran Greta Garbo, en La reina Cristina de Suecia (1933). Deslumbró con una cinta del mejor terror de los treinta, El hombre y el monstruo (1931). Convirtió en grandes éxitos obras ya olvidadas del cine mundo como El signo del zorro (1940) o Sangre y arena (1941). Mucho antes de Lo que el viento se llevó (1939) fue el primero que se atrevió con el Technicolor en La feria de la vanidad (1935). Y, así, podríamos enumerar mucho más aunque su producción cinematográfica no fue del todo extensa. Sobre todo porque su defensa de libertad creativa le hizo chocar con productores y estudios no pudiendo terminar o realizar las producciones que deseaba. 

Otro motivo que la hace interesante es saber que Golden boy es la traslación a la pantalla de un éxito teatral del dramaturgo Clifford Odets. Y aquí nos encontramos con personaje para detenernos, despacio. Odets tiene una importante, aunque vuelvo a repetir adjetivo, y olvidada obra teatral (yo aquí no he leído ninguna traducción al castellano de su producción teatral, teniendo en cuenta que cada vez es más complicado encontrar editoriales que se atrevan a editar y volver a publicar obras de teatro…, y hay un público lector que disfruta leyendo obras de teatro cuando a veces es la única manera de acercarse al teatro). Lo poco que conozco de su producción es, por supuesto, debido al cine. Odets también se acercó al mundo del cine no sólo escribiendo guiones (o incluso dirigiendo, su obra más recordada, todavía no la he visto, en la cuál dirigió y escribió el guión fue Un corazón en peligro de 1944 con Cary Grant y Ethel Barrymore) sino que sus obras teatrales fueron adaptadas a la pantalla, como el caso que nos ocupa. 

De Odets tuve noticia consciente cuando vi por primera vez en televisión hace muchos años la película de Jessica Lange, Frances. La película contaba la historia de la malograda actriz Frances Farmer, uno de los hombres que la rompió el corazón fue el dramaturgo Clifford Odets con el que mantuvo una relación mientras él continuaba casado con la también actriz Louise Rainer. 

Luego, cuando ya empecé a interesarme con adicción al cine (y esa otra pasión que tengo algo más abandonada pero que perdura que es el teatro) descubrí que durante los años treinta fue uno de los máximos representantes de un teatro comprometido y de ideología de izquierdas. Fue el creador en 1931 del mítico Group Theatre donde se encontraban Elia Kazan, Lee Strasberg o Stella Adler. El grupo se basaba en el modelo Stanislavski y en el Teatro del Arte de Moscú. Después del crack de 29, formó parte del Federal Theatre, el impulso que quiso dar Roosevelt para reavivar la vida teatral desde lo popular (magníficamente reflejada en esa película maravillosa de Tim Robbins, Abajo el telón). Navegando por la red descubro que Golden Boy fue llevada a los escenarios en 1937 y que el papel de Lorna (que en la película realiza bien, como siempre, Barbara Stanwyck) lo representó Frances Farmer. Y, no quiero acabar sin hablar de otras adaptaciones cinematográficas de las obras del dramaturgo como Clash by night de Lang o The big knife de Aldrich.  

Por supuesto, Clifford Odets tuvo que declarar, como muchos otros artistas, durante la Caza de Brujas ante la Comisión de Actividades Antiamericanas. El dramaturgo dijo que perteneció al Partido Comunista durante ocho meses en 1934 y que lo dejó porque limitaban su libertad creativa. Sin embargo, siempre sus obras mantuvieron un discurso comprometido, progresista y de izquierdas. 

Y, por último, Sueño dorado, con todos los ingredientes del melodrama cinematográfico de época, merece la pena por sus intérpretes. Barbara Stanwyck como Lorna, como siempre en su línea. Excelente intérprete y que representa como nadie los papeles de mujer dura pero en el fondo vulnerables y románticas. También, esta película fue el debut de un joven de 21 años, que después en los cincuenta se convertiría en grande y en todo un sex symbol, el maravilloso y ya hermoso William Holden. También, la oportunidad de ver en un rol muy distinto a un actor al que nunca dejaron ser joven, el gran actor de carácter, Lee J. Cobb (¿alguien le olvida en La ley del silencio o en 12 hombres sin piedad?). Lee aquí representa al padre de Holden, con una sensibilidad extrema. Lee también nació en el mundo del teatro y en concreto en el Group Theatre, por supuesto, también fue uno de los perjudicados en los interrogatorios de la caza de brujas. Y, también, fue uno de los actores que cedió al miedo y dio nombres de compañeros que habían militado en el partido comunista en 1953. La película cuenta con otros actores secundarios el conservador Adolphe Menjou u otro de los malos por excelencia del cine, Joseph Calleia. 

Sueño dorado presenta la historia de una joven que se debate, en tiempos de depresión, entre la riqueza y el éxito que le puede aportar el boxeo, o si abandonar para siempre su verdadera pasión y fuente de felicidad, ser un violinista de prestigio. En su camino se cruza Lorna, la chica de su desagradable manager; un padre que lucha porque alcance su sueño y una familia sencilla o un gangster que le abre las puertas a un mundo de corrupción, dinero y fama. La película habla de asuntos como ceder a la riqueza y el capitalismo más salvaje o dejarse llevar por el corazón, aunque se sea más pobre, y alimentar una pasión. O también deja ver la lucha de clases y sobre todo la situación de los afroamericanos en uno de los contrincantes del joven violinista, Chocolate Brown, que se convierte en la verdadera víctima de la película. Tampoco, debe obviarse el reflejo del mundo del boxeo, un tema siempre mimado en el séptimo arte. Siempre ha habido grandes películas que han reflejado este mundo y sus héroes o antihéroes (recuerdo Marcado por el odio, Luces de la ciudad, Toro Salvaje, Campeón, Rocky…)

¿Ha nacido un intérprete?

Por primera vez me fijé en él en Expiación. Se llama James McAvoy y tiene una fuerza y una expresividad en la pantalla que le depara un futuro grande. Lo creo. En Expiación era un héroe romántico y trágico perfecto. Ya lo dije en el post sobre esta película.

Ayer, le vi en El último rey de Escocia. Mucho se habló de la interpretación (buenísima) de Forest Whitaker pero ahí estaba él con un personaje complejo que evoluciona a lo largo de la película y que está igual de grande junto a Forest. Lo mejor de esta historia son ellos dos. El último rey es una película complicada, muy complicada de ver y analizar. Si la tomas como una película histórica y como documento del genocidio en Uganda bajo el dictador Amin, la película se queda en la superficie. No ahonda en lo que este periodo supuso para este país siempre castigado. Si la ves como un thriller político, está bien hecha y altera. Si quieres ver el retrato de dos hombres muy complicados, lo consigue… McAvoy cuenta además con una sonrisa de múltiples significados.

Investigo un poco sobre sus comienzos y ya estoy deseando encontrar el dvd (no sé si ha salido aquí en España) Bailo por dentro (del director de Oriente es Oriente) donde McAvoy es uno de los protagonistas de una película sobre discapacitados físicos. O ¿por qué no? Quizá sea lo mejor de La joven Jane Austen.

¿Ha nacido un intérprete? Seguro. Sólo tiene que saber elegir proyectos. Y hasta ahora no le ha ido mal. Lo próximo, una adaptación de un cómic Wanted (Se busca) junto a Angelina Jolie y Morgan Freeman, ¿taquillazo?

Diccionario cinematográfico (61)

Biblia: el cine, como uno de los inventos que se adjudica occidente (a pesar de antecedentes de Oriente y esas sombras chinas), tiene como una de sus fuentes la Biblia, un libro sagrado. Y, esa Biblia ha inspirado guiones. Del antiguo al nuevo testamento. 

Y es que la Biblia seas creyente o no es un gran libro de cuentos, de simbolismos, de historias, de mitos, de grandes personajes, de metáforas hermosas… 

Siempre se me quedó grabada una anecdota de un hombre que me fascinó cuando Hildy era más joven. Ese hombre era poeta, cuando le conocí y cultivé una linda amistad, al poco tiempo le asoló una triste enfermedad, por eso, ahora, aquí en la tierra ya no está con nosotros. El hombre poeta, sabio y lector no era creyente pero siempre fue hombre comprometido y consecuente. Siempre se quedó al lado de aquellos que un sistema injusto les daba la espalda. Pues, una tarde tranquila, el hombre poeta, el indio que volaba en caballo de sueños, nos dijo que su libro de cabecera en esos momentos era la Biblia porque le parecía lleno de historias maravillosas. 

En el cine, la Biblia ha tenido mayor o menor fortuna pero ha inspirado a creyentes y no creyentes. Ha sido protagonista de cine reflexivo e ideológico o de puro cine espectáculo. El protagonista del Nuevo Testamento, Jesucristo, ha sido todo un personaje en distintas obras cinematográficas y con muchas caras. También, hay otro cine interesante que describe la institución de la Iglesia desde todos los puntos de vista imaginables, complacientes y muy críticas. La Biblia habla de milagros, en el cine muchas veces también. 

Me vienen a la cabeza una lista enorme de películas: El manantial de la doncella, La palabra, El evangelio según San Mateo, Jesucristo Superstar, Amén, El cardenal, Historia de una monja, La Strada, La mujer del obispo, Qué bello es vivir, Los diez mandamientos, Ben Hur, Sansón y Dalila, La historia más grande jamás contada, Los lirios del valle, Narciso negro, El festín de Babette, Yo te saludo María, La última tentación de Cristo, Rompiendo las olas, Las hermanas de la Magdalena… 

La última película de este tipo que he visto ha sido la de Mel Gibson, La pasión de Cristo. En su conjunto, no me gustó. Lo único que salvo es la relación entre Maria y Jesús. El rostro y sufrimiento de la actriz Maïa Morgenstern hace que sus escenas sean las más valoradas por esta espectadora. La recreación de la pasión es tan llena de violencia, tan extrema y barroca, que efectivamente estás deseando que acabe la película porque sientes que no hay ser humano que aguante tal calvario. Y, lo que menos me gustó, lo que a mi parecer, Gibson, en ese relato extremo de sufrimiento y dolor (es una película poblado de rostros desagradables y con mucho odio en la expresión) podía haber evitado son esas alucinaciones desagradables de la muerte o del diablo o esos niños de rostros monstruosos. 

La Biblia tiene relatos e imágenes literarias de extrema belleza, y para terminar esta acepción, recuerdo otra vez esa escena magistral de la obra maestra de Sergio Leone, Érase una vez en América, donde una niña hermosa lee a adolescente enamorado, El cantar de los cantares.

Sensaciones sobre Leonard Cohen: I’m your man (Lian Lunson, 2006) y No direction home: Bob Dylan (Martin Scorsese, 2005)

-Dos poetas u obreros de canciones.

-Dos hombres complicados, muy complicados…

-Dos hombres con canciones que son la banda sonora de muchos momentos.

-Dos hombres con los que no me gustaría cruzarme pero sí escucharles cantar canciones al oído.

-Bob Dylan entra en el mundo de la música a través del folk. Y, luego, como genio quiere evolucionar. No ser etiquetado. No ser líder de nada. Él quiere seguir con la canción y la música los caminos que le surgen. ¿Traidor, manipulador o genio independiente?

-A Leonard Cohen le puede la depresión, se pierde en caminos tristes, buscando quizá la belleza. Está perdido y trata de encontrarse. Mientras crea letras complicadas pero con una poesía…se considera más poeta que cantante (¿pero no estamos de acuerdo que sus canciones no serían lo mismo sin su voz?)

-¡Qué paciencia tuvo Joan Baez!, ¿o no?

-Ambos cuentan con admiradores forever. Les siguen a todas partes. Traicionen o no, ¿o nunca traicionan, son ellos mismos? ¿O nunca manipularon, son ellos mismos?

-Reconozco la paciencia de Dylan en su gira por Gran Bretaña, sólo mostró que para él la música y la canción tenía espectros más amplios. Que le apetecía cambiar y experimentar. No era un judas, un traidor…, debe ser difícil concierto tras concierto, abucheo tras abucheo… ¿Cuántos jóvenes de los que abuchearon siguieron firmes en sus convicciones de por vida?

-Los dos atraen (aunque vuelvo a repetir no sé si me hubiera agradado cruzármeles por el camino). Ninguno de los dos es bello, pero son tremendamente carismáticos…, distintos.

-Leonard Cohen me cautiva con Chelsea Hotel…, y una Janis Joplin que nace de una canción. “Somos los dos feos, pero tenemos la música”. Ella no se andaba con chorradas de te necesito, no te necesito. Y, él dice que tampoco es que la amara mucho, ni siquiera piensa mucho en ella, pero la tiene grabada en Chelsea Hotel. ¡Una sinceridad que desarma!

-Dylan me emociona en sus primeros pasos –ya se veía que tenía su futuro claro–. Me encanta su devoción, creo que sincera, a Woody Guthrie. Y, siento un gran cariño a la aparición en el documental de Peter Seeger.

-Y, los dos documentales hacen que tenga el corazón en un puño de emociones cuando oigo… sus canciones. A veces me entran ganas de llorar.  

La ley de la calle (Rumble Fish, 1983) de Francis Ford Coppola

El chico de la moto ve la vida como un televisor en blanco y negro, a veces, no oye bien y se aísla aún más. Un Mickey Rourke (nunca volvió a estar igual) carismático es leyenda en el barrio. Fue el duro entre los duros en los buenos momentos de las bandas de barrio. Ahora, la heroína ha acabado con tiempos pasado, ¿sólo la heroína? 

El chico de la moto sale del barrio que atrapa. Y, un buen día vuelve. El chico de la moto ama a su hermano pequeño, un Rusty James (Matt Dillon, macarra y hermoso) lleno de energía que vive día a día la autodestrucción porque no sabe que hacer con tanta vitalidad, se ahoga, y no lo sabe. Él sólo desea volver a tiempos mejores, o pasados, cuando el chico de la moto era el rey. Rusty se imagina más libre entre un mundo feo que le ha tocado vivir. Vive en rebeldía permanente y no puede canalizarlo. 

Y el tiempo avanza, sin vuelta atrás, y esos tiempos no volverán. Y a Rusty James se le acaba el tiempo y no despierta. A pesar de que hay relojes que continuamente se lo recuerdan. No tiene miedo a la muerte, no tiene miedo a nada, la vida le consume. Pero Rusty es un niño, que sólo quiere ser caballero andante y libre, con dama a quien respetar hasta el fin de los tiempos (y su Patty –una jovencísima Diane Lane– no entiende su manera de ver la vida). Sólo quiere ser una leyenda como su hermano mayor, el chico de la moto. Y su hermano cuando regresa al mundo, del que se evade cuando puede, le dice que es cansado y aburrido ser el Flautista de Hamelin o el Robin Hood de turno. Muy cansado. El chico de la moto le advierte que para guiar a los demás, para ser líder, tienes que saber adónde vas. Tener una meta. Y ellos se pierden. 

Rusty adora a su hermano, y a su padre alcohólico (Dios, Dennis Hopper, siempre rebelde sin causa) y a su amigo Steve (Vicent Spano) tan distinto a él pero ambos leales a un amistad de por vida. A Rusty le asusta la soledad. Ya se lo dice su padre, el chico de la moto ha nacido en la época y en la orilla equivocada. Es un héroe en el exilio, comenta otro. El chico de la moto es una especie de ángel fugaz para el hermano pequeño. Le salva siempre y le pregunta que por qué siempre está amargado o enfadado con la vida. 

El chico de la moto, en un acto de romanticismo sin igual, trata de que su hermano comprenda lo que quiere decirle. Le muestra los peces de colores, los peces de Siam, en pecera pequeña, sin frontera alguna. Ahí, estalla la violencia entre los peces y se les pones frente a un espejo, se autodestruyen. El chico de la moto piensa que si salen de la pecera y del río llegan al mar, ya no tendrán necesidad de matarse entre ellos, ya no se autodestruirán, recorrerán el viaje. Serán libres. Rusty James tiene que entenderlo. Le dice que le prometa una cosa, porque va a liberar a los peces, que cuando él ya no esté coja su moto y llegue al mar. 

Y Rusty llora, y el hermano pequeño oye disparo lejano, y el chico de la moto yace en el suelo…, y Rusty comprende. Y coge su moto…, hasta llegar al mar. 

Francis Ford Coppola no sólo descubre talentos sino que hace una de sus películas más simbólicas, metafóricas y hermosas. En impecable blanco y negro llena la pantalla de futuras promesas u otras ya afianzadas y pone en imagen otra novela de S. E. Hinton (ya había llevado a pantalla, Rebeldes) sobre ambientes marginales, jóvenes adolescentes y reflexiona sobre el tiempo con ayuda de imágenes hipnóticas y diálogos geniales de un dueño de bar (el músico Tom Waits) u hombre alcoholizado (qué grande Dennis). Ante todo refleja una historia de amor entre hermanos con escenas emocionantes entre Dillon y Rourke. Una oportunidad para ver los primeros paso de Nicolas Cage, Chris Penn, Diane Lane o una pequeña Sofia Coppola. 

Como curiosidad, La ley de la calle se la dedicó el director a su hermano mayor. Con Rebeldes y La ley de la calle, Coppola pretendía salir del bache financiero que supuso Corazonada. 

El chico de la moto reina…, y Rusty James no vacila en buscar esa libertad aunque tenga que viajar solo.