Historia del soldado de Ramuz y Stravinsky

Y en este puente he vuelto a tener una relación mágica con Stravinsky. Esta vez en el mundo del teatro (ya saben que Hildy también lo ama con locura). He tenido el gran privilegio de poder acudir a la última representación de Historia del soldado en esa pequeña sala mágica y con amor extremo al arte teatral que se llama Guindalera (recuerden en la calle Martinez Izquierdo, 20 en Madrid).

¡Y cómo lo he disfrutado! He podido olvidar agobios y otros pensamientos y he logrado meterme totalmente en esa breve pero profunda historia. Teatro con música de Stravinsky en directo (tal y como se pensó en un lejano 1918 pasado por un elegante toque de siglo xxi). Como nos tiene acostumbrados su director Juan Pastor realiza una adaptación exquisita con un grupo de actores y unos músicos de quitarse el sombrero.

Y sigo descubriendo a un Stravinsky innovador y moderno en pieza complicada pero hermosa y totalmente adecuada para lo que veía en escena con la absoluta complicidad entre los músicos y la historia que se narraba. Piano, violín, clarinete e instrumentos de percusión crean un ambiente donde no existen ni el tiempo ni las fronteras…, sólo fantasia, imaginación y mucha magia.

Y la historia nos la transmite un narrador que hace partícipe al público del espectáculo que está viendo y donde él también se implica con los protagonistas. Y nos va ofreciendo las claves. Un soldado humilde que regresa a casa, quince días de permiso, y se encuentra con el diablo, que engañado le quita la vida que le pertenece y su tiempo. Le quita el protagonismo de su vida. Hay dos elementos clave: un libro y un violín. En el escenario sólo necesitamos, aparte de los músicos y un atrezzo maravilloso, a un soldado,  una princesa bailarina, un narrador que parece salido de un cabaré y un diablo mago. Una historia hermosa sin final feliz o mejor dicho con final ambiguo…

La representación me ha encantado no sólo me ha recordado, por muchos motivos, al mundo del cabaré, al vaudeville o a los títeres sino que me ha transportado al cine mudo primitivo, a los tiempos de Méliès, cuando el cine era una puerta a la imaginación, a los trucos, a lo inesperado, al arte de la pantomima… sobre todo el rostro del diablo y su caracterización así como su forma de actuar (genial) me hacía pensar en una sala de cine mudo con música de acompañamiento. Y un público deslumbrado…

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¡Esto es ritmo! (Rhythm Is It!, 2004) de Thomas Grube y Enrique Sánchez Lansch

El documental ¡Esto es ritmo! plasma en imágenes un esperanzador y hermoso proyecto pedagógico. Una experiencia musical con doscientos cincuenta jóvenes, de distintos institutos de Berlín, algunos de ellos totalmente ajenos a la música clásica y a la danza. La Orquesta Filarmónica de Berlín, bajo la dirección de Simon Rattle, y el coreógrafo Royston Maldoom junto a su equipo de coreógrafos donde se encuentra, también, Susana Broughton prepararon a los músicos y a los jóvenes durante semanas para ofrecer La Consagración de la Primavera de Stravinsky (obra estrenada por primera vez en 1913 y que en su momento fue una obra innovadora y revolucionaria) en la sala Treptow-Arena de Berlín. Asistimos a las semanas de ensayos tanto de músicos como de los jóvenes. Escuchamos las sensaciones, los sentimientos y los miedos de alguno de los jóvenes participantes y de todos aquellos profesionales implicados en el proyecto. Y oímos el convencimiento de dos hombres (Rattle y Maldoom) de que tanto la música como la danza pueden transformar y contribuir al cambio social. Siempre está presente la función social del arte. Un arte para todos. 

Vemos cómo para algunos jóvenes este proyecto puede suponer un cambio o un avance en sus vidas, algunos de ellos tienen situaciones complejas, y cómo a otro tanto no les afectará mucho en el futuro… pero todos son partícipes de un proyecto común que culmina en un gran acto donde surge arte. Y todos son aclamados y ovacionados porque todos han puesto algo especial en La Consagración de la Primavera. Y esto es lo mágico del documental que somos testigos de este proyecto común que es posible por el esfuerzo de cada uno de los participantes. Y que algunos de ellos se transforman o empiezan a pensar de otra manera para el futuro. 

Un documental no sólo bien montado sino lleno de momentos y frases para retener y reflexionar. La radiografía de un buen proyecto social y cultural que logra un resultado final e implica muchas sensaciones y sentimientos. La pieza elegida es todo un símbolo y sostiene la esencia de esta gran locura (que gracias a que existe gente apasionada, valiente e imaginativa se muestra cómo se pueden llevar a cabo experiencias como la reflejada en el documental), La Consagración de la Primavera cuenta el rapto y sacrificio de una doncella al principio de la primavera y de cómo tiene que bailar hasta la muerte para que los dioses hagan llegar a la nueva estación.  

Descubrimos las interesantes personalidades y motivaciones de Rattle (que en cada frase muestra cómo le apasiona el mundo del cine…, no obstante, fue el encargado de llevar a cabo la banda sonora de El perfume) y de Maldoom (coreógrafo y gran pedagogo, persona que crea grandes proyectos de danza comunitaria, porque cree en que la danza puede cambiar la vida de algunas personas y cree en los beneficios sociales de la práctica de este arte. Uno de sus últimos proyectos lo ha realizado en Tenerife con jóvenes inmigrantes africanos). Nos empapamos de los pensamientos, sentimientos y transformaciones de tres de los jóvenes participantes. Y, finalmente, disfrutamos de Arte con mayúsculas en espectáculo que deseas ver entero (y se puede gracias a la magnífica edición DVD para coleccionistas). ¡Esto es ritmo! es de esos documentales que muestran que hay muchas cosas que se pueden hacer en el mundo a través de la cultura y que la cultura es necesaria para crear un mundo bueno. Porque la cultura, tiene el poder de transformar. De hacernos sentir. De creer en nosotros y en los otros y en el de más allá. Porque la cultura une y tira barreras.

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Diccionario cinematográfico (97)

Mar: rodeados de agua…, el mar como final del camino. El mar como aventura. El mar como mundo desconocido que esconde nuestros peores miedos, el mar como mundo tranquilo. El mar como escenario para el amor y la guerra. El mar como símbolo. Muchos metros de celuloide han transcurrido en mares y playas.Intrépidos marinos. Monstruos marinos. Retos y rebeliones.

Allá a lo lejos, mirando por mi catalejo, veo que se acerca la ballena blanca o el tiburón hambriento. Piratas con cara de Burt Lancaster o vikingo con hoyuelo a lo Kirk Douglas. Me veo aislada y anclada en isla desierta, que no es la del tesoro, o tampoco va del lago azul, a lo lejos veo un barco solitario a lo calma total. Sé que allí no está Jack Sparrow y en la isla tampoco. Ni el náufrago.  Sólo Dios lo sabe si encontraré a dos enamorados que no pueden amarse, ella lleva toca, él es soldado. Sigo andando y me choco con dos niños: los dos corren para sentirse libres, uno es francés y se me queda mirando combativo, el otro, americano, no se para tiene que correr sin parar porque siempre le siguen, quiere alcanzar su sueño en Alaska.

Me recoge un barco y no es el Reina de África. Tampoco el Bounty. A lo lejos veo a una Condesa de Hong Kong que se enamora sin remedio de un político cansado con cara de Brandon. Sigo mi paseo… ¡¡¡y ahí están varias parejas de enamorados!!! Los elegantes de Tú y yo. Dios, Charles Boyer e Irene Dunne y más allá Debora y Cary. No olvidemos que se enamoran en un barco. No, no éste no es un barco de locos ni de divertidos engaños con personajes excéntricos, no, no hablamos de las tres noches de Eva. Tampoco están esos soldados italianos que desembarcan, despistados, en isla griega donde viven en paz la guerra…, allá en el mediterráneo. Ni es un barco antiguo que descubre nuevas tierras después de duros días. Ni el Potemkin y su miseria. No, no, mi barco creo que pronto llegará a otra isla donde quizá encuentre la taberna del irlandés para el descanso.

Me paso a otro barco donde se viven otras realidades, aquellos que quieren llegar a la Otra América. Puede ser Charlot o un niño que pronto se convertirá en gánster o padrino pero antes no tiene recibimiento ni infancia fácil. La travesía es dura, demasiado dura sea en Lamerica o donde viaja un Pelle en busca de vida digna. A veces el barco se convierte en jaula, como aquellos que se encuentran Éxodo sin puerto donde poder desembarcar.

Voy por un túnel de tiempo… y mucho mar y me encuentro a Ben Hur con otros hombres aterrorizados cuyo futuro en galeras romanas se encuentra en el fondo de mar. O participo en las expediciones y luchas, siempre duras, pero llenas de descubrimientos increíbles del Surprise. El mar todo lo rodea.

Sigo en un mundo de catástrofe y pesadilla donde vivo aterrorizada el hundimiento del Titanic o estoy atrapada en el Poseidon, un barco al revés. Ahora me encuentro en lugar de guerras y desembarcos. De las profundidades marinas también puede surgir un submarino, que no será ni el de Nemo ni será amarillo. No sé si amigo o enemigo.

Por fin, respiro, tranquila. Estoy en tierra. En una playa donde corren aquellos que son tal como éramos o donde habita el príncipe de las mareas. A lo lejos veo a un Fitzgerald alcoholizado acompañado por una Sheilah que vivirá sus últimos días. Norman Maine decide terminar sus días, metiéndose poco a poco en el mar, y le acompaña un veterano de Vietnam que ha regresado y no sabe encontrarse.

Las playas, las aguas, las profundidades marinas —lleno de abismos y seres vivos, amigos y enemigos—, la pesca pueblan metros y metros de películas. Os espero en el mar… porque siempre pase lo que pase es bello.

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Primeras apariciones en cine de grandes estrellas del pasado y el presente (I parte)

Melvyn Douglas apareció en pantalla por primera vez en una comedieta romántica junto a la diva Gloria Swanson en 1931 donde toda la película se jugaba con que él era un gigoló (Esta noche o nunca). Todavía no funcionaba el código de censura.

La primera interpretación como protagonista y joven promesa de William Holden ocurrió en 1939 en la interesante Sueño dorado donde Holden es un boxeador que cuida especialmente sus manos: es un gran violinista.

Carole Lombard empezó como actriz en el cine mudo y formó parte del equipo de Mack Sennett especializado en cine cómico.También, Joan Crawford empezó como chica it y bailarina en el cine mudo, su matrimonio con Douglas Fairbanks Junior hizo que su fama fuera subiendo hasta que empezó su prolífica carrera como dama del drama y melodrama en los años treinta.

Greta Garbo comenzó su carrera en su país de origen, Suecia. Alcanzó la fama de la mano del director sueco Stiller. Al igual que ella, Hedy Lamarr, actriz austriaca y de gran belleza, también empezó su carrera de éxito fuera de Hollywood. Su fama internacional se debió a su protagonismo en la película checoslovaca Éxtasis en el año 1933. Durante varios minutos aparecía totalmente desnuda.

Ava Gardner empezó en pequeños y malos papeles en películas sin importancia donde ya destacaba como una mujer bellísima. Un ejemplo puede ser su pequeño papel en aburrida película de terror a principios de los años cuarenta, La casa encantada, donde actuaba junto a unos populares actores-adolescentes en decadencia (los que empezaron llamándose Dead End Kids). No sería hasta la maravillosa Forajidos cuando empezara a ser tomada en serio.

Robert Mitchum empezó a destacar en películas bélicas de los cuarenta que hablaban del horror de la guerra, de la otra cara de la batalla, del soldado raso y su día a día. Sus duros problemas durante la contienda y en el momento del regreso: Tambíén somos seres humanos y la melancólica Hasta el fin del tiempo.

Kirk Douglas debutó en una película de cine negro maravillosa y agobiante donde ya hacía un papel de personaje complejo: El extraño amor de Martha Ivers. Y su compañero de generación Burt Lancaster nos rompía el alma en cine negro y en cine social con dos personajes que marcan la memoria cinéfila: de nuevo Forajidos y el drama carcelario Brute Force.

Liza Minnelli impactó con su tercera aparición en pantalla en la brillante Cabaret y su recreación magistral de Sally Bowles. Fue tan increíble que la eclipsó para siempre. No le pasó lo mismo a su madre, que ya destacaba como niña prodigio junto a Mickey Rooney, siendo niños de la farándula, pero que brilló con luz propia en 1939 en la maravillosa El Mago de Oz… y seguiría siendo reina de la canción y el musical.

Tambiénl, Barbra Streisand tuvo debú prometedor y continuó brillando. Su aparición tuvo lugar en el musical Funny Girl a finales de los sesenta y se convirtió así en reina de los setenta.

Isabella Rossellini debutó en la interesante película Noches de sol (1985) donde era la dulce esposa rusa de un bailarín norteamericano que vive en Rusia. Película musical ambientada en el periodo de la Guerra Fría. Aunque su carrera tiene títulos recomendables nunca ha sido regular en sus apariciones. No ocurre así con su madre Ingrid Bergman que enamoró a Hollywood con su interpretación en la película sueca Intermezzo en 1936. Tanto gustó que la reclamaron para hacer remake en Hollywood y ahí se quedó (excepto su interesante paréntesis europeo junto a Roberto Rossellini).

Diane Keaton consiguió su primer papel importante con El padrino en 1972. Luego, ya se sabe fue una de las musas de Woody Allen además de sorprender con una carrera repleta de títulos interesantes y algún que otro trastazo.Su compañero en El padrino, Al Pacino, ya había actuado en una joya de cine social e independiente americano donde Al sorprende como joven drogodependiente. Una película que destila realismo por los cuatro costados: Pánico en Needle Park en 1971.

Jack Nicholson empezó su escuela como actor de las milcaras en las producciones de terror de Roger Corman. Una película independiente como Easy Rider en 1969 cambió su destino.

El bueno de Dusttin Hoffman no pudo empezar mejor como joven confundido y rebelde en la divertida y nostálgica El graduado.

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El ídolo de barro ( Champion, 1949) de Mark Robson

De nuevo Hildy vuelve a disfrutar de lo lindo con una película que tiene como telón de fondo el boxeo y es que son muchas las joyas cinematográficas de los años dorados del cine negro que tienen como protagonista a un hombre que se dedica al boxeo.

Hace poco me dejé hipnotizar por Cuerpo y alma, magnífica película de 1947 con John Garfield como protagonista. La nombro porque ambas películas cuentan con similitudes en sus estructuras aunque sus resoluciones son diferentes.

El ídolo de barro cuenta con otro actor carismático, que se iba abriendo camino como estrella y luchaba por protagonizar los proyectos que deseaba: Kirk Douglas, otro actor con hoyuelo en la barbilla. Su interpretación del boxeador Midge Kelly le daría su primera nominación a los oscar.

También, esta película en su concepción y guión contaría con dos profesionales que pronto serían condenados a la lista negra (y ya estaban siendo señalados) por el Comité de Actividades Antiamericanas (en el periodo de la Caza de Brujas): el guionista Carl Foreman, que adaptaba un relato corto de Ring Lardner Jr.

El ídolo de barro cuenta la historia de Midge, un joven que siempre ha vivido en la pobreza y ha interiorizado el rechazo de la sociedad que una y otra vez le relega al margen. Midge adquiere una filosofía de vida: saldrá del fango cueste lo que cueste. Ya se lo dice a la mujer con la que se casará: “El hombre lucha contra el hombre. En esta vida, si no tienes dinero, no eres nadie”. En cada golpe y cada victoria quiere resarcirse de todas las humillaciones, rechazos y odios que ha ido amontonando a lo largo de su vida. Es un hombre vital que se va autodestruyendo porque el poder y la gloria —que quiere conseguir cueste lo que cueste— le hace sacrificar sus relaciones con todas las personas a las que quiere o que le han ayudado en el camino. No quiere que nada ni nadie le permita frenar su ascenso que él vive de dos maneras: ascenso económico y ascenso social (no ser rechazado sino rechazar él si es posible). Sin embargo, muchas veces vienen luces y sombras a su cabeza, retazos de sentido común, y echa de menos a personas que le conocen en profundidad (su primer manager, su hermano, su madre, su primera esposa…).

El ídolo de barro es la triste historia de un perdedor que luchará hasta el final para demostrar que es un campeón y que nadie le aplastará o le hará humillarse o arrastrarse. Es un ídolo de barro, frágil, un ser humano… pero él arrampla con toda su fuerza para no renunciar al sueño de ser alguien y ser siempre aclamado.

La película cuenta con el buen trabajo y realización del cineasta Mark Robson (con variada y curiosa filmografía… él es el responsable de uno de los más famosos melodramas —y de mis favoritos— de los años 50, Vidas borrascosas) que juega con las luces y las sombras y que tiene un muy buen sentido del ritmo cinematográfico (se notan sus conocimientos del cine de terror de Jacques Tourneur o su habilidad en el montaje —en sus primeros años fue ayudante de montaje en las películas de Orson Welles—).

No sólo, por el carácter social de la obra, se nota que está detrás Kramer como productor, sino por el cuidado y la calidad de todos los profesionales que participan en la obra cinematográfica. Otro punto a favor de esta obra es el realismo con el que están rodadas las peleas (hay una recreación de una de las importantes luchas de Kelly que está en cámara lenta que no puedo evitar comparar con la manera que tuvo años más tarde de plasmar el ring el gran Scorsese en esa maravilla que se titula Toro Salvaje).

Por otra parte, cuenta con un gran compositor en la parte musical, el prolífico Dimitri Tiomkin, y un reparto de secundarios que recrean unos personajes muy bien apuntados. El hermano de Mike, que siempre ha sido protegido por él ante su discapacidad (cojera) y él siempre brinda al protagonista fidelidad, compañía y confianza incluso se convierte en una especie de voz de su conciencia, cuenta con el rostro de Arthur Kennedy. Su primer manager, el primer hombre que cree en él, y que le enseña todos los trucos de la profesión, cuenta con la cara del solvente Paul Stewart. Stewart hace creíble su papel de entrenador apasionado por el boxeo pero desencantado con todo lo que rodea a este deporte (apuestas, mafias, corrupción…). En cuanto al reparto femenino, tres son las mujeres clave del protagonista que son interpretadas por tres actrices hoy en día olvidadas: su primera mujer (Ruth Roman), la femme fatale (Marilyn Maxwell) y la amante que esculpe su cuerpo en barro (Lola Albright). Una es el amor, la otra representa a la mujer que nunca tendría sin dinero ni fama y la tercera, la esposa de su jefe que cae en sus brazos pero que él rechaza sólo por dinero…

El ídolo de barro merece además totalmente la pena por un final magnífico y emocionante que plasma toda la personalidad de Kelly y su manera de comportarse así como las luces y las sombras del boxeo profesional. De la lucha del hombre contra el hombre. Del negocio. De la corrupción. De los deseos de fama y éxito, de llegar a la cumbre y no parar. Del amor. De la soledad. Del fracaso y el abandono. De la compasión y el perdón…

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Nunca es tarde para enamorarse

Un título poco afortunado para película sencilla. Last Chance Harvey no es obra maestra. Ni será recordada por los siglos de los siglos. Es una pequeña historia que se sostiene por el reencuentro con dos actores que hacen bien su trabajo: actuar. Nunca es tarde para enamorarse es una película para ver en una tranquila y soleada tarde en la que apetezca historia humana, divertida y melancólica. Nunca es tarde para enamorarse es otra historia de amor, llena de escenas que los cinéfilos habremos visto millones de veces pero que con los intérpretes adecuados siempre, siempre funcionan.

 Confieso, que Hildy Johnson, ayer en sala de cine, se emocionó ante algunas escenas. Totalmente clásica, con una fotografía agradable, una banda sonora con melodías identificables que acompañan, como no, toda buena historia de amor…al borde siempre de lo cursi pero salvada siempre por dos grandes: Dustin Hoffman y Emma Thompson. Disfruté de lo lindo con un Londres hermoso y atractivo, con un americano y una británica que cruzan sus solitarias vidas en una cafetería del aeropuerto de Heathrow.

La dirección y el guión correctos corren a cargo de una misma persona, el novel Joel Hopkins. La pantalla se llena siempre con Hoffman y Thompson. Los dos en papeles de personas desencantadas y cansadas que arrastran la vida, y que avanzan, con esfuerzo hacia el final. Con desilusiones y desencantos continuos pero siempre atrapando la vida por sus distintas pasiones. A él, le engancha a la vida, su pasión por la música, a ella, le engancha a la vida, su pasión por la lectura y la escritura. Ambos no han tenido suerte en sus vidas familiares y relaciones de parejas. Ambos tienen ángel y encanto a pesar de la melancolía. Ambos tienen ganas de sonreír, de ser agradables, de ser queridos…, y ambos por casualidades de la vida se encuentran un fin de semana. Y ambos con temor pero mucha alegría descubre que quizá hayan encontrado una última oportunidad para encontrar una media naranja que permita una vida lo más feliz posible. 

Nunca es tarde para enamorarse no innova sino que está repleta de escenas que hemos podido vivir una y otra vez en otras películas. ¡¡¡Pero que más da si siguen siendo efectivas con los agradables rostros y las buenas interpretaciones de Hoffman y Thompson!!! Repasemos: ¿cuántas veces hemos vivido escenas de boda, discursos emotivos en dichas ceremonias, bailes felices…? ¿Quién no es capaz de decir películas donde los dos enamorados estén frente al piano. Casi siempre él tocando y curiosamente ella escuchando (¿no tocamos las mujeres el piano? Ese recurso de manera contraria sólo lo recuerdo en El piano de Jane Campion)? ¿Qué película romántica el protagonista o la protagonista cuenta con un par de amigos/as incondicionales? Sigan repasando su lista de películas románticas para el recuerdo, ¿a qué recuerdan a muchas madres y padres peculiares que de alguna manera siempre están al lado del personaje protagonista?¿Cuántas veces no han ido los amantes en momento de necesidad a comprar un vestido para la enamorada y se lo han pasado increíblemente probándose un modelo y otro, y otro y otro… hasta encontrar el adecuado?… Su homenaje más evidente al cine romántico, mil veces repetido, es la mítica escena de Tú y yo. Dos amantes que quedan en sitio determinado para continuar su amor por los siglos de los siglos y uno de ellos, por circunstancia accidentales o de salud, no puede acudir a la cita, dejando al otro con cara de melancolía.

Dustin, ya de hombre maduro, demuestra que sigue siendo hombre encantador, divertido y enamorable (como en los viejos tiempos de El graduado o Tootsie). Impagables los matices de su rostro cuando está desesperado, ilusionado, triste, cínico, cansado, hundido, esperanzado… y le sigue con este abanico de sensaciones y llena de encanto una linda Emma que recrea un personaje real y hermoso. Sencillo como la vida misma. Nunca es tarde para enamorarse es de esas películas que se disfrutan gracias a los intérpretes que tiene. Dos personajes con química que encuentran una última oportunidad, y nosotros, los espectadores somos testigos de su cercana y sencilla historia. Sólo hace falta un fin de semana en Londres.

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La conversación (The conversation, 1974) de Francis Ford Coppola

Coppola, de aquella generación de los setenta donde el cine americano vivió su segunda época dorada. Director que ya subía peldaños de gloria con El padrino e iba camino de Apocalipsis Now, despunta con un thriller que no es más que un retrato pausado sobre la soledad y la obsesión con rostro de detective, especialista en escuchas, con el nombre de Harry Caul. Un hombre con la cara de Gene Hackman nos invita a un triste viaje a los infiernos a través de los sonidos, a través de una anodina conversación entre lo que parecen dos jóvenes amantes.

Gene Hackman, gris, con su gabardina transparente, y mucho sentimiento de culpa. Católico, tímido, incapaz de abrirse a los demás, de parecer un hombre relajado, de amar a otro, desconfiado…, nos lleva de la mano a su obsesivo mundo. Una investigación, en principio intrascendente, le hace descender a sus miedos más profundos.

Coppola ya se muestra rey en la creación de poderosas imágenes cinematográficas y en su exploración hacia el lenguaje cinematográfico. Película de ritmo pausado e inquietante deja un poso de melancolía y disecciona un alma solitaria.

El director no sólo cuenta con Hackman, poderoso icono de los setenta, sino que deja al descubierto jóvenes promesas que se hundirían en esos años por distintos motivos o que se convertirían en las estrellas de los ochenta. Sorprende un inquietante y joven Harrison Ford, en papel ambiguo, casi fantasma que aparece y desaparece, en papel de intermediario. Todos sabemos cómo brillaría en los ochenta. También, nos encontramos con dos intérpretes en roles secundarios, habituales en los setenta pero que caerían en olvido, y además serían los protagonistas de uno de los mayores fracasos del director (Corazonada): Teri Garr y Frederic Forrest. Otro papel para una de las promesas truncadas de los setenta que moriría joven antes del estreno de El cazador, John Cazale. Y, por último, una aparición fugaz de otro habitual en rodajes de Coppola y otras películas míticas de la década, el veterano Robert Duvall.

La conversación cuenta con una interesante banda sonora —Harry Caul nos deja indagar en su personalidad haciéndonos saber que es un amante del jazz y del saxo)— y cuida todo lo relacionado con los sonidos —no olvidemos que es un experto en escuchas y la parte central de la trama es su investigación sobre una conversación intrascendente que vuelve a poner de manifiesto que nada es tan sencillo como parece ni todo significa lo que creemos—.

Coppola sabe y ama el cine. En esta película parte de una trama similar a Blow Up de Antonioni (película que siento por sus amantes a mí me resulta bastante antipática y difícil de aguantar aunque la premisa principal me gusta). En vez de que todo el misterio sea a través de una imagen intrascendente, en La conversación es un diálogo entre dos personas al principio de la película. Y si nos vamos a la actualidad encontramos reminiscencias en esa maravilla alemana que se llama La vida de los otros.

Otro aspecto que cuida Coppola son los ambientes en los que se mueve el protagonista. Su estudio, la gran empresa (su cliente), la convención de sistemas de escuchas, la casa del detective, la casa de su amante, la habitación de hotel…, todo en su sitio para contar una historia.

La obsesión y soledad de Harry Caul, duele. Su sentimiento de culpa y su miedo a que alguien haga con él lo que él hace todos los días para sobrevivir, ser espiado. La conversación es película extraña e inquietante, de ritmo pausado y bellas imágenes dentro de su sordidez.

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Detour (Detour, 1945) de Edgar G. Ulmer

Hace poco analicé otra película de este director (La extraña mujer), especializado en películas de bajo presupuesto y olvidadísimo en el baúl de las viejas películas. Ahora, le toca turno a Detour, otra película sin medios pero no carente de atractivos.Lo que nunca se le puede negar a Ulmer es su recreación de atmosferas extrañas y claustrofóbicas. Esta vez ni siquiera en el reparto juega con estrellas pero apenas se las echa de menos en esta historia sobre el destino. Cuenta una historia de cine negro con la mayoría de sus ingredientes e inquieta.

Detour cuenta la historia de un pianista que hace auto stop. La razón es que quiere ir a Los Ángeles a reunirse con la mujer que ama y no tiene medios económicos para realizar el viaje, y se ve inmerso en una pesadilla. Toda la película está contada desde su punto de vista a través de flash backs. Y es inquietante tal vez por lo subjetivo. Porque quizá estemos en la mente de un asesino que trata de justificar por todos los medios por qué ha matado. La película ni explica ni saca conclusiones. Sólo expone. El espectador es quien saca conclusiones.

Cine de luces y sombras donde el destino juega con el personaje principal al que trata como mero títere para hacerle sucumbir en un futuro fatal, no buscado por el protagonista. De pianista de mala muerte a prófugo asesino. Un hombre con mala estrella que no reacciona frente al fatalismo y poco a poco se va hundiendo en una pesadilla sin fin.

En un viaje que va en busca del amor pérdido pierde el rumbo y se va hundiendo en las tinieblas de la mala suerte. Primero, le recoge un tipo, una especie de farsante-desagradable, que muere durante el trayecto. El protagonista ante el miedo de ser señalado como culpable y asesino suplanta su personalidad y roba coche, ropa, documentación y dinero. Después, recoge a inquietante mujer fatal y otra vez un golpe de destino. Esa mujer también había sido recogida por el muerto anteriormente y le señala como culpable…, y le retiene. Una mujer fatal que sólo piensa en su propio beneficio económico, una mujer desagradable que le atrapa en sus redes, le encarcela, y el pianista apenas reacciona ya atrapado en el laberinto de un destino fatal que le llevará a cometer otra muerte involuntaria…

Y las caras llevan a la crispación y a la perturbación, y los ambientes también, al igual que los personajes, el blanco y negro, la lluvia, el bar donde va a parar el pianista y sus recuerdos, la banda sonora, la travesía en coche, el hotel donde acaban encerrados-atrapados el protagonista (Tom Neal que tuvo vida oscura como en Detour) y la mujer fatal (una desconocida Ann Savage), sus rostros anónimos e inquietantes…

Detour es una cinta de bajo presupuesto con una historia extraña de destino fatal…, nunca hacer auto stops fue tan peligroso…

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The end

En la sala oscura,

una pantalla blanca,

un rostro,

una lágrima,

o, quizá, una risa.

Un pájaro se posa en la ventana.

Un papel va cayendo poco a poco al suelo.

Una melodía.

En la butaca,

un espectador o espectadora.

En su cabeza,

todo un mundo de neuronas viajeras.

Y una historia.

En sus ojos, miradas.

A veces, una lágrima,

o mejor una carcajada.

Otra película que pasa…

The end.

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La sombra del poder

La sombra del poder es una película espectáculo y muy entretenida. Y además entrelíneas es una película para la reflexión.  Se le agradecen varios ingredientes que no la harán pasar a la Historia del Cine pero sí se agradecen en una tarde que te apetezca pasar un buen rato. Estructura clásica, en forma de thriller político, guión amarrado con golpes de efectos bien repartidos así como una galería de actores que cumplen con su cometido. La sombra del poder es una adaptación cinematográfica de una serie de televisión de la BBC así consigue trasladar varios puntos fuertes: un comienzo que atrapa, un ritmo que no frena el interés del espectador y, como he dicho unos golpes de efectos que te mantienen sentado en la butaca. 

Además, de fondo varios planteamientos muy interesantes que después sirven de reflexión. Política, periodismo, corrupción, privatización —con todas sus consecuencias negativas— de la seguridad del estado, corrupción, el mundo manejado por unos hilos que el ciudadano medio es incapaz de vislumbrar o lo que es más tremendo de cambiar, la muerte progresiva de la prensa escrita y la carrera imparable de las nuevas tecnologías y los bloggers, lo efímero de las informaciones por muy fuerte que sean (pero por lo menos la existencia de profesionales que siguen creyendo en un periodismo verídico y no espectáculo o amarillista…), las víctimas inocentes de unas tramas de poder imposibles de imaginar y desgraciadamente de combatir pero que ahí están y que atentan cada día contra una democracia debilitada…  Todos estos ingredientes se unen para ofrecer una película bien hecha, que se deja ver y disfrutar (que no es poco): todos los ingredientes dirigidos por  documentalista y ahora director (¿os acordáis de su buen trabajo en El último rey de Escocia) Kevin Macdonald y por un grupo de guionistas (Matthew Michael Carnahan, Tony Gilroy y Peter Morgan)  que ya han dejado su firma en Leones por corderos, la saga Bourne, Michael Clayton, El último rey de Escocia, El desafío. Frost contra Nixon…, películas donde se desarrollan mucho de los temas tratados en este film. 

Los personajes están bien construidos para crear este thriller sobre el poder (político, el cuarto poder: la prensa, Defensa…) y emplea fórmulas que ya han funcionado muy bien en otras películas maestras. Podemos decir que La sombra del poder es una mezcla de Todos los hombres del presidente con estructura de Sospechoso (1987, Peter Yates) con unas gotas de Leones por corderos. La pantalla se la come a bocados un orondo, enorme, atractivo (a pesar de su descuido, de sus melenas, de ser fagocitador de litros de alcohol y comida basura) y duro como él solo pero a la vez amante de su profesión y tierno —esa ternura que a mí me enamora y siempre la encuentro en sus personajes—: Russell Crowe. Sólo él podía ser Cal McCaffrey, el periodista artesano, de oficio, de los de toda la vida, con fuentes, comprometido cuando la noticia promete y con dosis de desencanto, cansancio y cinismo… pero siempre, al final, apasionado por la profesión que realiza. A pesar de que hubo otros nombres como Pitt o Norton, él da la personalidad a un Cal que sigue encerrado en su rincón de la redacción, que se sabe todos los trucos para conseguir la fuente, que sabe de enfoques y de dar vueltas a las noticias pero que es honesto con la finalidad del periodismo de investigación que es desvelar la verdad y mantener informados a los ciudadanos. 

Le siguen una novata del periodismo inmersa en la inmediatez de los blogs pero con muchas ganas de realizar bien un oficio que le encanta pero que se adapta a nuevos soportes. Ella es el futuro y promesa. Sin embargo, se convierte en fiel y buena compañera del periodista artesano, de ese periodista de prensa escrita que ve como su mundo va desapareciendo. Él la cede el cetro y la va adentrando en profesión apasionante. Su rostro es de joven promesa cinematográfica: Rachel McAdams. El político atrapado en trama de asesinato es un hombre con pinta de honesto y luchador que trata de alertar sobre los tejemanejes de una empresa privada de Defensa. Un político joven y prometedor, con carisma, que proyecta moral inquebrantable, pero como todos tiene sus luces y sus sombras. Él es el amigo del periodista artesano al que acude en busca de mano amiga cuando su ayudante en la investigación de la comisión que preside para destapar el juego sucio de la empresa privada muere de manera, en un principio accidental. Y cuando deja al descubierto ante el mundo que no sólo era ayudante sino también amante. Y acude a él cuando la prensa busca y rebusca en esta historia de joven amante y político atrapado entre sus faldas. El político tiene cara de hombre correcto y gris: Ben Affleck cumple con creces. 

El periodista artesano toma su mano y empieza a indagar, para dar la vuelta a la noticia, y empieza a desvelar una trama que alcanza altas esferas de poder. Y huele a podrido. El contrapunto romántico lo pone una cada vez más bella y con una de las miradas más tristes y desencantadas Robin Wright Penn. Ella es la mujer del político, atrapada entre dos hombres amigos. Entre su esposo y el periodista artesano. La más solitaria mujer a la que ambos aman pero a la que ambos rompen una y otra vez su corazón. 

Después listado de actores secundarios que dan personalidad a sus breves personajes: Jeff Daniels, Jason Bateman o Helen Mirren. La sombra del poder es de esas películas en las que se habla en todo momento de la persona asesinada, que se convierte en personaje como Rebeca o Laura, y del que se va descubriendo un pasado que va tirando piezas de un puzzle oscuro y negro repleto de injusticias y muertes que poco a poco se va reconstruyendo. Siempre tenemos presente la melena pelirroja, las fotografías y mensajes de la ayudante del político… Los títulos finales nos describe el proceso, siempre emocionante, de cómo se imprime un periódico de prensa escrita…un hermoso canto de cisne. Con una noticia jugosa y bien hecha… pero como dice el protagonista en dos días caerá en olvido y el mundo seguirá su marcha. Sin embargo, ahí quedará para que alguien en el futuro lea informaciones bien hechas que ayuden a reconstruir una historia real.

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