Adiós, Adolfo Aristarain

El universo de Adolfo Aristarain con sus personajes Dante, Alicia y Martín padre. Los tres son guías especiales para un joven perdido.

Con tristeza leí el lunes, nada más levantarme, que había fallecido Adolfo Aristarain. Y esta noticia me hizo retroceder a los años noventa. Recuerdo durante esos años que Aristarain era cita obligada en los cines españoles. Todo empezó con Un lugar en el mundo (1992). Esa película se convirtió en la favorita de muchos y es de esas películas a las que apetece volver siempre. Es una historia de idealismos en forma de western con unas gotas de Raíces profundas.

Después, recuerdo con gran cariño, pero no he vuelto a verla, La ley de la frontera (1995), una película puramente de aventuras con pillos, bandoleros y fotógrafa que atrapa instantes. Más tarde, tocó Martín (Hache) (1997). Y la última película que vi del argentino en cines fue Lugares comunes (2002), que la disfruté en el propio festival de San Sebastián, sobre ilusiones perdidas y recuperadas. Se me quedó en el tintero la última película que rodó dos años más tarde, Roma, que sin duda veré algún día.

El martes en la segunda cadena de la televisión pública española emitieron, como despedida, Martín (Hache), y pude volver a verla. Reconozco que regresando a ella en este siglo XXI y cuando ya soy mucho más mayor, la he entendido mucho mejor que en su momento y me ha llegado más. Sí, en ciertas secuencias, me emocioné mucho y en otras me enfadé bastante (todas las relacionadas con el personaje de Alicia, su final y la reacción de los demás personajes, sobre todo de Martín adulto).

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De despedidas, legados y muerte

David Lynch como Gordon Cole en Twin Peaks. Fuego camina conmigo.

Amor, muerte y misterio. En Twin Peaks: Fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walk with Me, 1992), un alto cargo del FBI, Gordon Cole, destaca en el abanico de extraños personajes que pueblan el universo especial alrededor de esta localidad. Cole tiene el rostro del director y creador de dicho mundo, David Lynch, que otorga un carácter extraño y entrañable a un hombre que no oye bien y habla a gritos en todo momento; sin embargo, todos los demás personajes asumen con naturalidad su discapacidad, como si no existiera. Como todo el mundo asume la grandeza creativa de David Lynch y esa filmografía especial que ha seducido a un montón de apasionados del cine desde que irrumpió a finales de los setenta con Cabeza borradora.

Ayer tuve la oportunidad de ver en pantalla grande la única pieza del puzle que me faltaba para completar ese paisaje de Twin Peaks. Y lo disfruté a lo grande, porque fui una de esas muchas espectadoras seducidas y marcadas por la muerte de Laura Palmer. David Lynch nos dejó el 16 de enero de 2025 y pensé que esa localidad imaginaria seguía más viva que nunca. Lynch se ha ido, pero ha dejado detrás de él todo un legado cinematográfico que seguirá siendo descubierto por generaciones de espectadores.

Entonces, una vez me subí a las tantas de la noche al búho, pues la proyección fue bastante tardía, me di cuenta de que durante este año hemos tenido varias pérdidas de rostros que han formado parte de mi educación cinéfila. Algunos de ellos se me hace extraño darme cuenta de que no volveré a una sala de cine para disfrutar de alguno de sus estrenos. Y con otros he ido descubriendo y amando el cine sin remedio. De cada uno tengo uno o varios recuerdos.

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