Diccionario cinematográfico (78)

Ninotchka: no me encierres nunca en un cajón, no podría respirar. Camaradas, mis queridos camaradas…, ese sombrero ridículo. Los recuerdos no pasan censura. ¿Sabes, Ninotchka? No terminará nada el jueves, porque arrancaremos el jueves del calendario. Otro beso más, dame otro beso más. ¿No te ríes nunca? No existe el amor sólo químicas que se atraen, su química y la mía nos acerca bastante. Ninotchka, Ninotchka…, ¿cuántas escaleras tiene la torre Eiffel? Señor noto que esa mujer le está transformando, he encontrado en su mesilla de noche El capital de Carlos Marx. Padrecillo, váyase a la cama, ¿qué hace trabajando? Es usted muy mayor. Por qué quiere llevar mis maletas, ¿no se da cuenta?, le están explotando. Depende de las propinas. Señor, tiene que entrar al aseo de las damas, la señora que le acompaña está dando un meeting y las está invitando a que se pongan en huelga. ¿Ahora puedo hablar? Mis camaradas, mis camaradas… Nunca he probado champaña. Qué difícil me lo estás poniendo, León.

Ninotchka, Ninotchka, Ninotchka…

Diccionario cinematográfico (77)

Prostitutas (2º parte): ayer por la noche disfruté con una comedia de los años setenta: La gatita y el buho (1970) de Hebert Ross, que llevaba al cine una obra de éxito en Broadway. La película cuenta el encuentro entre dos solitarios fracasados: una prostituta con aires de actriz y un dependiente que nunca logra ser el escritor de éxito que sueña. 

Así decidí volver a mi saga de prostitutas eternas en el mundo del cine. Barbra Straisand encarna a Doris, una prostituta “enervante” que sueña en convertirse en gran actriz y va dando bandazos por la vida hasta que se cruza en su vida Félix, un hombre que intenta convertirse en un intelectual y está igual de perdido y fracasado que ella. El choque es divertido, tierno y brutal.

Y entonces se me pone la cara triste cuando recuerdo a esa alucinada niña prostituta con cara de Jodie Foster que conoce a un extraño taxista que pretende sacarla de esa vida y se convierte de manera violenta y compleja en su salvador en la magnífica e inquietante Taxi Driver (1976). 

No puedo evitar regresar a las clásicas y modernas. Así que vuelvo a hablar de la increíble cortesana Satine con la cara hermosa de Nicole Kidman, que se prostituye para sobrevivir y a la vez poder ser una artista de éxito y se queda desarmada ante el amor que siente por un escritor joven e inocente y carcomida por la enfermedad del París bohemio, la tuberculosis. Y de la contemporánea Moulin Rouge me voy directa a otra célebre prostituta y tuberculosa con el rostro de Greta Garbo que en Las damas de las Camelias nos rompe el corazón como cortesana que cuando encuentra el amor, sabe que va camino a la muerte. 

Sigo la senda de prostitutas divinas y clásicas para que me vengan a la mente dos: la gran Holly en esa joya que es Desayuno con diamantes en su búsqueda incansable de millonario que la permita descanso de sus días rojos y que muy coqueta gana 50 dólares por cita para ir al tocador…, que divide a los hombres en canallas y supercanallas pero que siempre tiene una sonrisa para el escritor-gigoló Paul porque le recuerda a su hermano Fred. O esa otra Liz Taylor que va de mujer marcada en los sesenta y de paso consigue su primer oscar como prostituta de lujo en New York en melodrama de época. Todo muy escandaloso, sí señor.

Pero entonces regreso a la prostituta de barrio, la de siempre, la que sufre en el día a día y quien mejor que una increíble Anna Magnani dirigida por Pier Paolo Pasolini en una dolorosa historia de una madre coraje que quiere dejar la calle y prosperar para dar lo mejor a un chico que se le pierde por los barrios y pandillas, genial y brutal Mamma Roma.

O, de pronto, me viene a la cabeza otra prostituta memorable, cabaretera también, que pasea por la vida y si puede destruye hombres como la impagable Lola, Lola en el Ángel azul. Tremenda Marlene Dietrich que sabe cómo seducir y ganar…

La prostituta, la mujer sin caretas, sin doble moral, se pasea como mejor amiga del héroe. Belle, la puta más famosa de Lo que el viento se llevó muestra una honestidad sin dobleces que tranquiliza a Rhett de su tormentosa historia con Escarlatta.

A veces las prostitutas ocultan historias amargas. De frente, tenemos a una madame, toda una mujer de negocios que ha pasado de hermosa a ocultar sus manos y su rostro que se deforman y a regentar un negocio de mala muerte. La prostituta que envejece y de pronto se encuentra con un pasado que odia al ser encontrada por uno de los hijos a los que abandonó, un James Dean confundido. Al este del Edén muestra el rostro lleno de odio y rabia, de miedo a la vejez, de una tremenda Jo Van Fleet.

Muchas actrices se pusieron en la piel de la gran Sadie Thompson esa prostituta que en mitad de la selva es severamente juzgada por un pastor de la iglesia…, pero la venganza sabe dulce y ella nunca será mujer humillada. Me quedo con la recreación de Joan Crawford y su impecable Lluvia.

Otro camino es el de la prostituta salvadora, la prostituta que ama y se enamora del héroe destructivo. Y nunca hubo una mejor, más tierna y más triste, que una olvidada y desaparecida de la pantalla Elisabeth Shue que enamoró a todos en Leaving Las Vegas.

Puesto que empecé con comedia quiero continuar en ella y recuerdo el cuento de hadas de Julia Roberts en Pretty Woman o esa tierna prostituta con cara de Mira Sorvino en Poderosa Afrodita.

Forajidos (The killers, 1946) de Robert Siodmak / Código del hampa (The killers, 1964) de Don Siegel

Ernest Hemingway publicó en 1927 un relato corto titulado Los asesinos. Un cuento en el que básicamente se cuenta cómo dos tipos entran en un bar de un pueblo y se comportan de manera violenta con el dueño del bar, un cliente y el cocinero. Les informan de que están esperando a que llegue el Sueco a cenar para dispararle. Confiesan que no le conocen de nada, que es un asesinato por dinero. El Sueco no va esa noche a cenar. Cuando los asesinos se van, los tres testigos reaccionan de manera distinta ante el asunto. El dueño del bar opina que alguien debe avisar al Sueco, el cocinero afirma que él no quiere saber nada de esta historia y el cliente decide que va a ser él el que va a avisar al Sueco a la pensión donde vive. El cliente se acerca a la pensión y le cuenta todo al Sueco. Éste no reacciona, dice que no se va a mover de la habitación, que no va a escapar, no le sorprende la historia y dice que una vez cometió un error. Le da las gracias y se queda en el cuarto. Una de las mujeres que cuida la pensión informa al cliente de que el Sueco es un buen hombre, un hombre educado, que fue boxeador y que sin duda en ese momento no se encuentra bien porque en todo el día no ha salido del cuarto. El cliente vuelve al bar indignado porque no puede entender cómo el Sueco no ha huído de una muerte segura y se siente impotente por no poder impedir un asesinato a sangre fría, sugiere que quiere abandonar el pueblo. El dueño del bar considera que ha cumplido con su deber y ha hecho lo que está en su mano para impedirlo y el cocinero sigue sin querer saber nada.

Un relato simple, construido a través del diálogo, directo. Con final abierto. ¿Quiénes son los asesinos?¿Por qué van a matar al Sueco? ¿Quién es el Sueco?¿Fue boxeador? ¿Por qué no huye ante una muerte inminente? ¿Qué error cometió?

Y entonces entra en acción el cine y dos películas americanas para contarnos todo. Para cerrarnos ese final. La primera la dirige Robert Siodmak en los años cuarenta, con un guión de Anthony Veiller y la segunda la realiza Don Siegel, con un guión de Gene L. Coon.

Las dos cuentan con reparto impresionante. La de los años cuarenta con un maravilloso Burt Lancaster, una bella y mujer fatal Ava Gadner y con un siempre correcto Edmond O’Brien además de una galería de actores secundarios que realizan sus roles con precisión. La segunda no se queda corta con Lee Marvin, Angie Dickinson, John Cassavetes, Ronald Reagan y un siniestro matón con cara de Clu Gulager.

Si me tengo que quedar con una de los dos, sin duda, con la de Robert Siodmak. Código del Hampa es una buena película de violencia, acción y cine negro de los sesenta pero parte más que del relato de Hemingway, de otra interpretación, un remake encubierto de Forajidos. Pero también está llena de aciertos y da en el clavo en muchos asuntos.

El clásico de Forajidos relata en la primera secuencia todo el relato de Hemingway y a partir de ahí desarrolla en maravillosos flash back toda la historia del Sueco y por qué se deja matar, sin huir de su destino. No se me puede ocurrir otro Sueco que no sea un maravilloso Burt Lancaster que se transforma en un boxeador fracasado que cae rendido y cegado por amor a una mujer que es la mantenida de un gángster. Por ella, delinque. Ella le mata en vida en ese quiero y no quiero. En ese te amo ahora, me salvas, y mientras te pudres en la cárcel te olvido, y cuando sales vuelvo a amarte. Y te ayudo y te aviso de que te traicionan pero yo también te traiciono y te dejo tirado. Y al Sueco se le rompe el corazón y la vida en pedazos. Se cansa de huir.

Forajidos nos cuenta todo sobre el Sueco a través de la investigación que lleva a cabo un agente de seguros y un policía amigo. Burt Lancaster consigue que el espectador empatice con él y entienda su conducta. El Sueco es víctima del mundo que le rodea, de un destino que él, finalmente, se niega a modificar. Los asesinos sólo aparecen en la primera secuencia y cumplen con su trabajo.

En Código del hampa, los asesinos son los grandes protagonistas, Lee Marvin y Clu Galager cumplen con su cometido. Asesinan a un hombre por encargo. Pero el asesino curtido, un Marvin en estado de gracia, quiere entender por qué un hombre no hace nada para evitar su muerte. E investiga. Interroga a los que le conocieron y a través de ellos conoce todo lo que quiere saber sobre su víctima. Ese muerto en vida. Éste es uno de los grandes aciertos de esta película. Sin embargo, el cambio de profesión del Sueco y de nombre no son en absoluto acertados. Sí que es cierto que está más en consonancia con la época en la que se rodó la película. El Sueco se transforma en un corredor de coches (¡¡¡Ay esas transparencias de los sesenta!!!) con cara de John Cassavetes (y lo siento por John pero no me convence ni me enternece hasta los extremos que lo logra Lancaster).

El tratamiento como se permitía en los años sesenta es más violento. Y la mujer fatal llega a todo su esplendor con una Angie Dickinson bellísima y compleja. Pero Código del Hampa no es del Sueco, se lo comen con patatas los asesinos. Al final también es un acierto el ver cómo todos se ven abocados a un destino escrito en sus caras desde el principio de la trama. La violencia genera más violencia. La ambición desbordada y el culto al dinero sólo puede llevar a una calle sin salida. No hay puerta abierta ni para el asesino que se las sabe todas.

Como curiosidad última, también existe un corto del ruso Andrei Tarkovsky que adapta literalmente el cuento de Hemingway, lo realizó en 1958 como un ejercicio de clase mientras se preparaba para ser director.

Diccionario cinematográfico (76)

Ellen Berent: consumida por los celos arrasa y destruye a todos los que quiere. Como mantis religiosa con gafas de sol, no duda en mostrarse impasible ante la muerte ajena…, porque eso la vuelve más imprescindible para la persona amada. Ellen Berent es tan hermosa, tan etérea, tan distinta como mala malísima. Su mente siempre en desequilibrio. Primero, el padre, después, el marido. Ella no ama, absorbe y consume amor. Irradia energía negativa. Sólo quiere poseer al otro. Sus actos son tan viles y a la vez tan inconscientes… que el cielo la juzgue. Ella siembra el mal incluso después de muerta. Siempre quiere estar presente. Y echa sus garras venenosas con la mirada más dulce… o más helada. Ellen siempre elegante, altiva, lejana… enamora. Pero cuidado…es la más peligrosa. Te hechiza con una mirada y luego sólo te quiere en soledad. Y si alguien se lo impide, lo elimina. Sin concesión. Da igual que sea madre, hermano, amigo, hermanastra, prima o hijo de sus entrañas. Ella quiere a su escritor con tal locura que todo el mundo que les rodea le molesta. Sólo tiene que pensar y ponerse unas gafas de sol, impasible, y si alguien se ahoga, no gritar, no salvar, no ayudar…, quieta. Y si siente que el hijo de sus entrañas le separa de su amor, no importa, con la mayor frialdad quizá pueda caerse accidentalmente por las escaleras. Ellen nunca pierde, nunca la abandonan, y si su prima enamorada y confidente le arrebata al escritor débil y anulado por el amor absorbente de la esposa… no importa. Si puede se mata ella misma y lo deja todo preparado para destrozarles la vida. No importa. Ella ama sobre todas las cosas y exige el mismo trato.

Besos robados (Baisers volés, 1968) de François Truffaut

François Truffaut (el director francés que amaba la vida, el amor, las mujeres y sobre todas las cosas el cine) quiso de veras a su personaje de Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) así que quiso que crecieramos con él y nos permitió seguir su vida en cinco películas. Todo un lujo.

Imaginaros que todos los personajes a los que amásemos cobraran vida y pudieramos seguir sus existencias…, eso es lo que consigue Truffaut. A Antonie Doinel le vimos por primera vez en 1959 y nos golpeó a todos 400 veces y nos miró de frente junto al mar. Pero el director le amaba demasiado y no quiso golpearnos más y le dio una adolescencia, juventud y madurez con momentos tiernos. Así podemos continuar sabiendo de Doinel hasta 1978.Doinel es un álter ego del director. Es decir ese otro yo que Truffaut lleva a la ficción. En las películas de Doinel existen elementos autobiográficos (sobre todo en Los 400 golpes y mucho de la personalidad François).

El director puso un anuncio en un periódico para encontrar a un chico de 13 años que fuera el protagonista de Los 400 golpes. Se presentaron unos sesenta niños y les hizo pruebas a todos. Él quería encontrar un niño que pudiera identificar como el niño que el propio director había sido. Y ahí estaba un espabilado de 14 años, que respondía al nombre de Jean-Pierre Léaud, que dejó una prueba llena de frescura, rebeldía y ternura donde el niño se presenta porque Truffaut busca un chaval bromista y él lo es. Durante la prueba dice que él es feliz, no una persona triste. El director lo tiene claro ha encontrado a su álter ego. Y desde el primer momento conectaron de tal manera que tuvieron unos lazos fuertes. Léaud quiso a Truffaut y Truffaut a Léaud, y el niño se identificó plenamente con Doinel. En las biografías del director francés siempre aparecen unas fotografías en las que se aprecia la simbiosis entre ambos. Yo, ya lo escribí, adoro una fotografía durante el rodaje de Las dos inglesas y el amor donde se ven al actor y director riéndose y mirando ambos al objetivo.

La vida de Antoine Doinel, después de los golpes, continúa con el amor platónico que siente hacia Colette un adolescente bohemio en el episodio de El amor a los veinte años en 1962 y regresa como lindo protagonista en la película que hoy comentamos Besos robados en 1968 donde Doinel ama a las mujeres pero busca la ternura de su primera novia, Christine Darbon (Claude Jade). Le seguimos en su matrimonio como treintañero anárquico en Domicilio conyugal en 1970 y por último repasamos vida y amores en El amor en fuga en el año 1978, donde Doinel confiesa su alma de Peter Pan y su negación a madurar.

Cuando en 1984 Truffaut desapareció de nuestra vista, pero se fue al Olimpo del cine, a Léaud se le cayó el mundo a los pies. Y en una noticia de El País del año 1986 que recoge una información sobre una crisis nerviosa del actor, un compañero de rodaje de una de sus películas afirma que “Jean Pierre es algo más que el actor favorito de Truffaut. Es su doble, el auténtico Antoine Doinel. Con la muerte del director, ha perdido un punto de referencia que le permitía mantener el equilibrio de su personalidad”. Y en este mismo artículo se recoge que cuando el actor acudió al entierro de su director y amigo expresó que “una parte de mí mismo ha desaparecido hecha trizas”.

Pero volvamos a Besos robados, esa secuencia de momentos y trozos de vida de Antonie Doinel, como un joven que deserta del ejército –donde se enrola de voluntario— como le ocurrió al director y cómo trata de reconstruir su vida con esa sonrisa pícara, ese rostro de niño travieso, anarquico, rebelde y perdido y esa mirada que te deja siempre con ganas de acunarle (aquí a Hildy le sale ese instinto maternal que ella tiene). Un personaje que va con despiste por la vida de un trabajo a otro y enamoradizo hasta la médula pero que busca la seguridad sentimental en la joven Christine. Un argumento desordenado como la vida misma, llena de momentos mágicos, nostálgicos y divertidos que nos hacen enamorarnos en cada plano de ese personaje dulce y caótico que es Doinel. Besos robados se ve siempre con una sonrisa en la boca. Y deseas que a Doinel le vaya bien, deseas su sonrisa, y que se cumpla su afirmación de que él es feliz, no una persona triste. Doinel lleva el caos pero también la alegría de sentirse vivo, de amar y ser amado. Por supuesto, no abandona su afición a la lectura y a su queridísimo Balzac.

Y Truffaut nos envuelve desde los títulos de crédito con esa hermosa canción francesa, tierna y nostálgica, con la voz susurrante y a la vez alegre y fresca de Charles Trenet, Que reste t’il de nous amours. Si te encuentras en una tarde de esas que te apetece una risa, algo vivo, caótico, inocente, tierno, libre y mucho encanto, no es mala opción encender el dvd y disfrutar de Besos robados y así acompañar a un Doinel de sonrisa pícara y mirada risueña.

Vicky Cristina Barcelona

Comentarios cercanos a la salida de la proyección de Vicky Cristina Barcelona: a mí me ha encantado la película, todos nos podemos sentir identificados con alguno de los personajes a la hora de concebir el amor y las relaciones de pareja.

A mucha gente no le ha gustado la película, no lo entiendo. A mí me ha encantado.

De las últimas de Woody Allen es de las que más he disfrutado.

¡Qué bonito es Barcelona!

María Elena está como un cabra, qué fuerte.

Todos los personajes están perdidísimos.

¡Qué bello Juan Antonio! Vaya camisas que llevaba, cómo le sentaban.

Joder, qué bien viven todos, ¿has visto que casas?

Recuerda lo que te digo, Penélope Cruz se lleva el oscar a la mejor actriz secundaria.

No entiendo porque últimamente todas las interpretaciones de Scarlett Johansson son criticadas. Aquí está muy bien.

¿No te parece que la película es como antigua? Como si no fuera del 2008.

A mí la película me ha gustado mucho pero ya comentaremos cuando la veas. Lo único que la falla es algo relacionado con el tiempo en la película. Demasiadas cosas en el poco espacio temporal en el que transcurre.

No entiendo porque cuando estaban juntas las parejas, las desenfocaban. ¿Por qué?

Pe, genial como musa.

Pobre Vicky, qué aburrimiento de vida la que va a llevar…

¿Conoces a Eric Rohmer? Es un absoluto homenaje. 

Mis comentarios: Así es Woody Allen. No es la película que más me ha gustado de él pero sí la he disfrutado. Sus diálogos, sus personajes, sus actores, sus reflexiones, sus golpes de humor, su desencanto, su Barcelona particular, sus ambientes, su música… Porque Allen es natural. Porque a Allen a pesar de los pesares le gusta el pulso de la vida. Porque a Allen le gustan las relaciones entre los seres humanos y le gusta trata de entenderlas. Porque con Penélope Cruz te ríes. Con Javier Bardem quieres vivir y él es sensualidad pura y dura. Pero perdido como todos. Porque Rebeca Hall tiene cara linda y personaje lindo que ve una vida abocada al aburrimiento con el Doug de turno con breve paréntesis en Barcelona. Al final su vida ordenada sigue su curso. Porque Scarlett Johasson es digna mujer woodilliana y su Cristina representa aquellas personas que están habitualmente insatisfechas y nunca encuentran su sitio. Porque ambas, Vicky y Cristina vuelven a su caos particular con parada en Barcelona. Porque María Elena y Juan Antonio no pueden vivir juntos pero tampoco separados. Les falta la sal, que quizá por breve periodo es Cristina. Porque Woody Allen sabe, como siempre, transmitir, como si nada ocurriese. Porque hay un poeta que no publica su obra. Su venganza particular porque no le gusta el mundo que habita… Porque Allen, guste o no, siempre da que hablar.

Porque Allen ama el cine y cada año tiene algo que contar.

Otro comentario de Tropic Thunder

Se me olvidó ayer en mi brevedad decir una de las frases más divertidas de la película y en boca del adorado Downey Jr como ese actor del método con crisis de identidad:

«Yo no leo el guión, el guión me lee a mí”

Dios, qué frase más grande. Ahí el guión está acertadísimo. Es un golpe genial. ¡¡¡Ya lo dije ayer, Stiller y amigos se mueren de la risa con el mundo Hollywood!!! Como se nota que lo conocen de sobra…

Tropic Thunder

Seré breve. Quería reír y no pensar. Me he reído.

Quería ver al adorado Robert Downey Jr… y le he visto. Da igual que se ponga de Iron man, de periodista pasado de rosca, de hombre romántico o de un tío que quiere pasar por un tío que no es el tío que todos creemos que es.

La cara de Ben Stiller, lo que son los misterios de la vida, me hace gracia. No puedo evitarlo le veo y me enternezco.

No es una crítica inteligente a la guerra tipo MASH, El gran dictador o Trampa 22 o una película políticamente incorrecta…, pero tiene sus puntos divertidos. No es la gamberrada inteligente del siglo —¡¡¡ay esos guiones!!!— pero tal y como esas sagas tipo Hot Shots o Top Secrets, hace buenas parodias de películas con prestigio… Genial, las escenas tipo Platoon.

No es una crítica a las guerras (ya lo he dicho) pero sí me divierte su crítica a Hollywood y al capitalismo salvaje (sorprende un Tom Cruise al que le importa una mierda sus pintas).

Jack Black tiene sus fans pero no me llega a hacer gracia. Protagoniza algún momento divertido.

Los cuatro trailers del principio tienen su aquel y algunas cosas más aunque termina desinflándose del todo. Es una secuencia de momentos graciosos, con unos te ríes y con otros no.

Ben Stiller se lo ha debido pasar de maravilla con su grupo de amigos, algunos le han regalado cameos, y ha realizado gamberrada tipo peter pan. Como esas tardes con amigos en las que empiezas a decir todo tipo de tonterias o reflexiones surrealistas y te mueres de la risa…, él una de esas tardes la ha convertido en película.

El actor de apellido impronunciable, Matthew McConaughey, muestra de nuevo que tiene un pelo precioso y una sonrisa encantadora.

¡Ah!, por ahí, se ha perdido un maduro con cara de Nick Nolte.

¡Bravo! por el cameo de Tobey Maguire.

Sin más comentarios.

Actrices en el olvido

En todas las épocas hay actrices que vivieron su momento de gloria y pronto cayeron en el olvido o nunca se las llegó a considerar entre las reinas del Olimpo de los actores. Sin embargo, su presencia en películas ya en rol protagonista o secundario las deja un espacio para el recuerdo cinéfilo y algunos expertos las elevan a la cumbre del Olimpo. Descubriendo filmografías de directores o actores, de pronto, rescatas las caras de estas actrices que interpretaron roles inolvidables. La sección El viejo baúl de las películas nos da muchas veces la oportunidad de descubrirlas. 

Como sabéis desde hace tiempo estoy tratando de rescatar toda la filmografía de Burt Lancaster. En mis dos últimas adquisiciones (Brute Force y Desert Fury, ambas de los años cuarenta) aparecen tres de esas actrices. 

En la primera, un drama carcelario del gran Dassin, cada uno de los protagonistas tiene un fragmento en que recuerda a una mujer. En uno de estos flash back aparece, hermosa y fugaz, Ella Raines. Actriz de indudable atractivo que no logró el estrellato. Mi descubrimiento viene de más atrás cuando me dispuse a atrapar todo lo que caía en mis manos del realizador Robert Siodmack que durante unos años la eligió como protagonista de sus películas así Raines realiza roles interesantes en La dama desconocida, El sospechoso y Pesadilla.

En Desert Fury, un melodrama a todo color con tintes de cine negro de Lewis Allen, aparece hermosa y llena de promesas Lizabeth Scott. Rubia de voz profunda se especializó en cine negro pero no llegó a la cima, sin embargo, sus apariciones son inolvidables en esta película de sentimientos en erupción, El extraño amor de Martha Ivers o en Callejón sin salida.

En esta película surge con fuerza otra gran dama olvidada del cine que se especializó en roles secundarios pero cuando le dieron la oportunidad brilló con luz propia como protagonista. Me refiero a Mary Astor que se mete en el Olimpo por película mítica, El halcón maltés, donde encarna a una femme fatale inolvidable. Sin embargo, también destaca su presencia en películas tan dispares como Mujercitas o Canción de cuna para un cadáver.

También, en mi recorrido por la filmografía de Douglas Sirk, rescato a otra rubia de bandera, gran actriz y que construye personajes para el melodrama difíciles de olvidar. Su sensualidad y su calidad como intérprete la dejan entrar en nuestro Olimpo particular de actores. Hablo de Dorothy Malone. Desde su fugaz aparición, como librera llena de sorpresas, en  El sueño eterno, a Malone se la tuvo en cuenta. Sus papeles más recordados son los que realizó junto a Sirk en Escrito sobre el viento y Ángeles sin brillo. También, puede ser recordada por los amantes del cine del Oeste, género que visitó bastantes veces.

Al estudiar las filmografías de aquellos directores que vieron sus carreras afectadas o modificas por el periodo de la Caza de Brujas, hay una actriz que aparece como protagonista o secundaria en varias producciones y que ha caído totalmente en el olvido. Esta actriz recrea personajes muy diferentes demostrando su versatilidad…, ha caído en el más absoluto olvido y, sin embargo, su carrera está plagada de películas que en su momento fueron polémicas. Estoy hablando de Dorothy McGuire. Inolvidable madre de origen irlandés que vive con angustia la pobreza en pleno Brooklyn, en Lazos humanos de Elia Kazan. Con este mismo director, trabajó en la polémica La barrera invisible como mujer rica pero progresista en sus pensamientos que descubre que no es tan liberal como pensaba sobre todo en lo relacionado con el antisemitismo. También, deja un retrato de mujer apaleada por la guerra y con miedo a enamorarse que vuelve a darse una oportunidad con un joven soldado que ha regresado de la guerra y no se encuentra precisamente el recibimiento que esperaba. La película, y muy interesante, es Hasta el fin del tiempo de Edward Dmytryck. Inolvidable también en películas míticas que la meten de lleno en ese Olimpo mítico de actores: una película de terror psicológico, La escalera de caracol de Robert Siodmak; un western de William Wyler que cuenta las penurias de una familia de cuaqueros en La gran prueba o como heroína romántica en Creemos en el amor.

Otra aspirante en el olvido es Celeste Holm que sale brevemente en Nido de Víboras. Esta rubia vivaracha destacó en importantes papeles secundarios y nunca será olvidada por ser la mejor amiga de Margo Channing en Eva al desnudo. Realiza una original contribución en Carta a tres esposas donde sólo se oye su voz  pero su presencia es vital para la película y un personaje lleno de encanto en la ya citada La barrera invisible. Una de sus nominaciones vino dada por una comedia en la que se convertía en encantadora monja, Hablan las campanas.

Por último, y por supuesto sin terminar esta lista interminable, cerramos post con el bello rostro olvidado de la actriz Donna Reed con un puesto innegable en el Olimpo por su participación en dos películas míticas: la mujer ideal y soñada en el clásico de Frank Capra, ¡Qué bello es vivir!, y su encarnación de una triste y enamorada prostituta en De aquí a la eternidad. Sin embargo, en su carrera hubo más papeles en El retrato de Dorian Grey o La última vez que vi París. También fue la heroína de diferentes películas del Oeste.

Ellas también están tras las sombras, son rostros en la oscuridad y cuando las dieron oportunidad fueron únicas.

¿Te acuerdas?

¿Te acuerdas cuando me dijiste al oído vente conmigo a la kasbah?

¿Te acuerdas cuando me susurraste sólo nos quedará París?

¿Te acuerdas cuando me dijiste que eramos iguales y por eso acabaríamos juntos?

¿Te acuerdas cuando me pediste que montara en tu bicicleta y gotas de lluvia caían sobre mi cabeza?

¿Te acuerdas cuando me susurraste que era una encantadora de abejas?

¿Te acuerdas cuando me contabas tu infancia de duro -por la que ahora eres boxeador- y que cómo te hubiera tratado y te quedaste con cara de alucinado, cuando te contesté que con cariño?

¿Te acuerdas cuando me mirabas, escondido, cada vez que bailaba amapola y la cara de niño asustado cuando te leía el Cantar de los Cantares?

¿Te acuerdas?