Los limoneros (Etz Limon, 2007) de Eran Riklis

Hay películas de rostros, miradas y silencios. Películas que se sustentan bajo una sencilla historia y unos actores que la llevan a cabo. Películas sencillas pero de una profundidad y una universalidad que duelen de lo humanas que son. Y eso ocurre con Los limoneros.

Parte de una premisa simple: Una mujer árabe y viuda vive en su sencilla casa y sobrevive por sus limoneros, una herencia de su padre. Unos limoneros que guardan toda su vida y recuerdos, son más que un sustento. Su vida cambia cuando tiene como vecino al ministro de Defensa israelí junto con su esposa. Los agentes de seguridad de los nuevos vecinos deciden que los limoneros afectan a la seguridad del ministro y que lo mejor es talarlos y compensar económicamente a la vecina.

Los limoneros narra así, de manera sutil, el complejo conflicto palestino-israelí y te llega al alma. Habla de humillación, miedo, de lo absurdo de algunas situaciones en nombre de la seguridad, de la ignorancia y de la negación del otro pero también de sueños, de aferrarse a la lucha, de la posibilidad de caminos de encuentro y reconciliación…, todo con sutilidad y como símbolo unos limoneros.

Me entusiasmó esta película. Me entusiasmaron los rostros. Me entusiasmaron la trama principal y las tramas secundarias. Me entusiasmaron las relaciones humanas entre los distintos personajes. Me entusiasmaron los limoneros…

Me quedo con un montón de escenas. Con la preciosa historia intuida e imposible de esa palestina viuda y hermosa con rostro de la actriz Hiam Abbass (que también nos dejó papel tierno en El visitante como recordamos hace poco en un post anterior) y el joven letrado desesperanzado con cara agradable del actor Ali Suliman que recupera esperanza, fuerza y ganas de lucha de la mano de la silenciosa viuda y su lucha desesperada. Son los David que luchan contra muchos Goliats (no sólo contra el Estado de Israel sino también contra los prejuicios de su propio pueblo).

Me quedo con ese árabe maravilloso que lleva cincuenta años trabajando los limoneros, primero con el padre de la protagonista y ahora con ella. Una cara de buena persona que te echa para atrás. Una persona que cuando habla es porque tiene algo que decir. Y que tiene una mirada…

Me quedo con esa transformación de la mujer del ministro. Una mujer que sólo quiere llevar una relación normal y ser una buena vecina. Que se da cuenta de que la situación es injusta, que quiere acercarse a la vecina, conocerla, darla su apoyo, hablar con ella…, pero se encuentra con impedimentos. Sin embargo, las dos mujeres se encuentra, se entienden, se miran…

Los limoneros es emoción pura.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

Punto de mira (One of the Hollywood ten, 2000) de Karl Francis

Me gusta comentar esta película la cual he tardado bastante en atraparla y verla. El otro día paseaba por una sección de dvd en oferta y ahí estaba. No dudé un segundo. Punto de mira no es una película excelente, no es una obra de arte, es una obra correcta pero lleva a la pantalla una historia fascinante. Y es una de las películas más interesantes sobre el periodo de La Caza de Brujas. Su problema es que de correcta y clásica es excesivamente fría…, una historia que está llena de emoción. Sin embargo, es de esas películas que deben verse porque sí que sirven bien para atrapar un pedazo de la Historia del Cine.

Un pedazo de la Historia del Cine que aquí a Hildy Johnson le apasiona. Sin embargo, todavía no he visto la gran película sobre el tema. Ha habido varios intentos pero todas se han quedado en la categoría de interesantes. Excepto quizá Abajo el telón de Tim Robbins pero que más bien vaticina el futuro. La película recrea la riqueza cultural estadounidense en el periodo de entreguerras y cuenta, entre otras cosas, la puesta en escena de una obra teatral por Orson Welles, The Cradle Will Rock. En la película vemos la puesta en marcha de las citaciones del Comité de Actividades Antiamericanas en el mundo del teatro, que posteriormente (después de la II Guerra Mundial) se cebaría con Hollywood. Así vemos como Hallie Flanagan, la cara más conocida del Federal Theater Project acude a una citación. Otros intentos han sido La tapadera de Martin Ritt, Tal como éramos de Sydney Pollack, Caza de brujas de Irwin Winkler, The Majestic de Frank Darabont o Buenas noches, y buena suerte de George Clooney. No puedo dejar de mencionar una obra de teatro (también afectado por la Caza de Brujas) de Arthur Miller que refleja de manera maravillosa este periodo, Después de la caída.

En la película que nos ocupa, coproducción británica y española, se centra en la historia de un rodaje La sal de la tierra (interesante película y muy recomendable) que rodó uno de los 10 de Hollywood en 1954, Herbert J. Biberman. La Caza de Brujas llegó a tales extremos que Biberman ingresó en prisión y encontró serías dificultades para volver a trabajar en el mundo del cine. Sin embargo, llevó adelante una película independiente con un tema político y social: la huelga de unos mineros latinoamericanos en Nuevo México. Todos los actores eran no profesionales, los propios mineros y sus esposas, excepto la protagonista la actriz mexicana Rosaura Revueltas que vio su carrera cinematográfica afectada por ser inmediatamente incorporada en la lista negra y boicoteada su participación en el film con su detención y deportación. Cuando el comité y los estudios se enteraron de su filmación realizaron todo tipo de acciones para que la película no pudiera terminarse ni fuera distribuida. Por eso, siempre se muestra como un canto a la libertad de expresión. La película es interesante porque no sólo muestra una huelga de la clase trabajadora, no sólo habla de sus derechos laborales, sino que también habla de la igualdad entre hombres y mujeres y también de temas raciales.

Punto de mira arranca con la gala de los oscar de 1937 cuando la esposa de Biberman, famosa actriz de teatro, se encuentra ante una prometedora carrera cinematográfica al recibir el oscar como mejor actriz secundaria por su participación en El caballero Adverse. En la ceremonia compite contra Alice Brady por Al servicio de las damas, Maria Ouspenskaya por Desengaño, Bonita Granville por Esos tres (con guión de Lilliam Hellman, otra mujer que sería señalada por el comité) y, por último, Beulah Bondi por The Gorgeous Hussy. Durante su discurso no sólo se lo dedica a su esposo sino que además habla sobre La liga anti nazi de Hollywood que avisa sobre los avances del fascismo en Europa.

Después pasan unos años, después de la Segunda Guerra Mundial, y se va viendo cómo se gesta la persecución a guionistas, directores, actores, actrices y otros profesionales del medio por parte del comité de actividades antiamericanas cuando la guerra fría y la lucha enfermiza contra el comunismo está en alza. Biberman y su mujer no sólo son acosados sino que van perdiendo relevancia y trabajo en Hollywood junto a otros compañeros de profesión. Biberman tras no dejarle realizar su declaración en su citación frente al comité de actividades antiamericanas en octubre de 1947, no querer firmar declaraciones anti-comunistas ni dar nombres, es acusado de desacato y encarcelado junto a otros compañeros (los conocidos como los 10 de Hollywood) como Edward Dmytryk. Éste posteriormente (también sale reflejado en la película) reconsideraría su postura pues temía, como muchos, la pérdida de trabajo, de propiedades y la imposibilidad de volver a filmar. Dmytryk firmaría y daría nombres entre ellos el de Biberman. Estaba ocurriendo lo que Biberman trató de denunciar durante su declaración: “Se hace muy evidente para mí que el verdadero propósito de esta investigación es abrir una brecha entre las partes componentes de la industria cinematográfica”. O como dijo Orson Welles en su famosa frase que ocurrió lo que ocurrió porque muchos trataron de salvar tan sólo sus piscinas.

En este clima donde el matrimonio trata de seguir adelante y de trabajar en lo que saben, surge el proyecto de La sal de la tierra cuyo rodaje y dificultades pero así como el ambiente mágico que se generó y el resultado final es otra apasionante historia que es la que trata de reflejar Punto de mira.

Como he dicho antes todo es correcto en la película hasta los intérpretes…, pero el clasicismo y la contención da como resultado una frialdad que no beneficia la película. Ahí vemos a Jeff Goldblum como Biberman, Greta Scacchi es Sondergaard, una apasionada Ángela Molina se mete en la piel de Rosaura Revueltas y Antonio Valero es Juan Chacón, el líder de la huelga y protagonista de La Sal de la Tierra.

Biberman (también sale reflejado en la película) no fue nunca uno de los grandes. Desempeñó varios trabajos en los estudios como director o guionista —antes se había dedicado plenamente al teatro—, de hecho era más un intelectual y activista político. Sin embargo, es recordado por esta atípica y única película, La sal de la tierra. No así su esposa que sí era una popular actriz en los años treinta y cuarenta que cayó en olvido.

¿Qué supuso la Caza de Brujas además de interrumpir la carrera de varios profesionales? Muy resumidamente, que aún hoy estas carreras y sus trabajos hayan caído en olvido y que ciertas películas y el tratamiento de ciertos temas fueran modificados de alguna manera ante los problemas con la censura o que las películas que mostraban otro tipo de mirada (tal y como se estaba dando en distintos países europeos) no salieran a la luz de la misma manera que otro tipo de producciones.

No me gustaría terminar este post sin recomendar varios libros que he disfrutado sobre el tema y que me han permitido descubrir gran cantidad de películas y profesionales. Dos de ellos son de Javier Coma, La Brigada de Hollywood (Flor del Viento, Barcelona, 2002) que se centra sobre todo en la repercusión de la guerra civil española en Hollywood y habla de la liga anti nazi entre otros asuntos; y Las películas de la Caza de Brujas (Notorius Ediciones, 2007), libro interesantísimo donde expone películas que se hicieron antes y durante este periodo y que sirvieron para que el comité realizara sus acusaciones. Este mismo autor también realizó Diccionario de la Caza de Brujas (Inédita, Barcelona, 2005). También el teórico e historiador de cine Roman Gubert ha publicado dos libros sobre el tema: McCarthy contra Hollywood: la caza de brujas (Anagrama) y La caza de brujas en Hollywood (Anagrama).

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

Diccionario cinematográfico (123)

Niños (II): pero que transforman, que cambian la vida de los seres adultos que les rodean.

Y la primera que viene a la cabeza es Julia de Erick Zonca porque tuve el otro día la oportunidad de verla. No es el trabajo que más me ha gustado del director a pesar de que Tilda Swinton está espectacular. En esta historia de mujer alcohólica nos asomamos a una transformación. Y es que de alguna manera hace un parón en su caótica e irracional vida cuando se siente atrapada por un enorme sentido maternal y tierno por el niño que secuestra.

Entonces regreso a Gloria de John Cassavetes y el remake de Lumen con Sharon Stone.  La genuina es la de una Rowlands que debe proteger a un niño cuyos padres han sido asesinados y la relación que nace entre ellos.

A lo largo de la historia del cine muchos son los niños que han transformado, cambiado o redimido a sus mayores. Si nos vamos lejos, lejos de nuevo nos topamos con Charlot, ese sin hogar solitario que un día se encuentra a un bebé abandonado y se encuentra en padre improvisado. Y los dos crean una relación en la que uno depende del otro y viceversa. Una oportunidad para volver de nuevo a El chico.

Pero sigamos la estela en el cine contemporáneo. En dos películas un bebé cambia la existencia de jóvenes al margen. Historias duras y con mucho corazón. Una es la sudafricana Tsotsi como un jovencísimo delincuente y asesino que sólo es una víctima más de un sistema injusto, un joven que se quita de golpe los sentimientos para poder sobrevivir ve cómo su vida cambia y cómo la careta fría y asesina se le cae en pedazos al cuidar a un bebé que encuentra en uno de los coches que roba después de agredir brutalmente a la madre.

La otra película es argentina y tremendamente triste. Es Cielito, un joven sin hogar que deambula por un mundo marginal y decide sacar de la miseria como sea a un niñito, el Chango, al que conoce en una de las casas donde trabaja. Un niño rodeado de pobreza y violencia y un joven que decide que no hay derecho y trata de evitarlo.

Si nos vamos al terreno de la comedia, Bogdanovich nos regaló en los setenta Luna de papel donde un estafador de poca monta y una niña espabilada engañan a todo el que su cruza en sus caminos. Peron a ambos la relación les transforma… sobre todo al padre, claro.

Hay historias tristes y melodramáticas donde el niño a pesar de su influencia no puede evitar una historia triste para el progenitor. Así nos vamos al melodrama por excelencia con mil versiones, Campeón. Las más recordadas son la de los años 30, la primera, y la de los setenta, con un Voigh como padre. Historia de alcoholismo, ring, paso del tiempo y niño que sigue admirando al padre.

Si nos vamos a una versión española tenemos una pequeña y tierna película de las que protagonizó el niño Pablo Calvo.  Hablo ni más ni menos que de Mi tío Jacinto. Esta vez es tío y sobrino en un Madrid de neorrealismo puro. Un tío alcohólico, casi sin hogar, pero que vive día a día al lado de su sobrino, un niño que le quiere y admira con locura.

Y así sigue una estela inacabada de niños que transforman o cambian a sus mayores…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

Modelos que se convirtieron en musas de la pantalla

Algunas modelos de la pasarela contaban, además de una especial belleza, con una cierta capacidad de enamorar a una cámara y algunas incluso llegaron a interpretar papeles interesantes y no ser tan sólo un reclamo como atrezzo bello. Otras su carrera como modelos fue tan sólo un trampolín hacia el mundo del cine. Unas quedaron sólo para el recuerdo por unas pocas interpretaciones, otras alcanzaron el estrellato. Y otras siguen construyendo sus carreras.

Si recordamos y recordamos podemos dejarnos engatusar por los ojos de gata y la elegancia de Capucine que triunfó en los años 60 en el cine cuando ya era una famosísima modelo y la podemos rastrear en La pantera rosa (1964), en la alocada comedia ¿Qué tal Pussycat? o en Mujeres de Venecia.

Famosa modelo de ropa interior, Raquel Welch fue durante los 60 y 70 El  Cuerpo en películas de poca calidad artística aunque algunas se recuerdan con cariño como Viaje alucinante o Hace un millón de años.

También en los años 60 empezó a brillar en la pantalla la modelo Sharon Tate que además junto a su marido Roman Polanski se convirtieron en la pareja de moda. Tate poco pudo demostrar en la pantalla debido a su violento y triste final pero prometía futuro. Fue protagonista de culto de El baile de los vampiros o El valle de las muñecas.

Sigamos avanzando en el tiempo y el icono sexual de los años 80 fue primero exitosa modelo de alta costura, me refiero a Kim Basinger. La rubia sigue con carrera cinematográfica con menores o mayores aciertos. Por supuesto, su trampolín fue convertirse en chica Bond. Después Basinger dejó atrás su papel de Nueve semanas y media para ser más que una cara bonita en LA Confidencial, Relaciones confidenciales o Una mujer difícil.

En los 90 dos modelos empezaron a forjarse una carrera como actrices y aún siguen protagonizando películas en los que han dejado de ser tan sólo una cara bonita o un cuerpo espectacular. En 1994 fue espectacular la presencia y el éxito que tuvo una rubia en una comedia de Jim Carrey. La película se llamaba La máscara y la chica era Cameron Diaz. Diaz había recorrido mundo como modelo de grandes firmas pero a partir de su aparición en pantalla se convirtió en estrella. Primero como nueva reina de la comedia romántica en películas como La boda de mi mejor amigo, Una historia diferente o Algo pasa con Mary. Actualmente está indagando en papeles más dramáticos con igual fortuna desde Cosas que diría con solo mirarla, Gangs of New York, pasando por The box o La decisión de Anne. La otra empezó poquito a poco en pequeños papeles secundarios o como paternaire hasta que en 1999 llegó su oportunidad en papel dramática, Las normas de la casa de la sidra. Desde ese momento Charlize Theron no ha parado ni en la pantalla ni en su carrera de modelo. Theron ha ido más hacia los papeles dramáticos o a películas de acción dejando interpretaciones en Monster, En tierra de hombres o En el valle de Elah.

También hay otra modelo que va poco a poco haciéndose un hueco en el universo cinematográfico y va dejando su estela internacional. La fría belleza alemana de Diane Kruger llamó la atención en Troya en el año 2004 aunque ya llevaba dos años entre el cine francés y americano. Kruger sigue su carrera en películas dispares construyendose una interesante y variada carrera: Feliz Navidad, Copying Beethoven, La edad de la ignorancia o Malditos Bastardos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

El rostro de Helmut Berger

El otro día pude ver por primera vez Confidencias (1974) de Luchino Visconti y no me entusiasmó pero no deja de ser interesante. Me provocó inquietud, me agobió pero no me hipnotizó como me ocurre con otras películas de Visconti. Sólo algunas imágenes me cautivaron. Respecto la trama tiene varios puntos para el análisis y es una película con argumento absolutamente contemporánea a la época en que se rodó. No me decepcionó Burt Lancaster —me quedo con su personaje— como ese triste y solitario Profesor del que intuimos todo su pasado. Lancaster sí me llenó y por eso la película merece la pena. Personaje viscontiano, el profesor —ya anciano en una vieja y preciosa casa que se cae a pedazos como él— vive rodeado de cuadros del pasado y sumido en su propia rutina de soledad, se siente muerto en vida hasta que padece una atracción especial por un ser humano que forma parte de una trouppe de incómodos inquilinos. El joven Konrad, una especie de gigoló y jugador que campea entre las decadentes clases altas. El joven tiene el rostro enigmático de Helmut Berger.

Y ésa es la fuerza de Berger, su rostro perfecto, bello que esconde algo complejo y oscuro. Sin duda ésa fue la intuición de Visconti, la fuerte atracción que emanaba una cara que además enamoraba a la cámara.

Berger fue pareja de Visconti durante sus últimos años. Su muerte le provocó una depresión y pronto cayó en olvido. Más tarde continuó trabajando como actor pero nunca volvió a recuperar el halo y el éxito que alcanzó en los 70 (se le puede ver en El padrino III). Visconti estaba ya muy enfermo cuando rodó Confidencias por eso la película también recoge una cierta atmósfera de nostalgia-elegia y sobre todo se intuye una bonita relación paterno-filial y de atracción intelectual y sexual entre El Profesor y Konrad que fue lo que más me gustó de la historia.

Y sí Berger muestra un rostro y un cuerpo perfecto, bello y lleno de ambigüedad… Yo sólo le he visto en La caída de los Dioses en papel escalofriante, en la tristísima El jardín de los Finzi Contini (de Vittoria de Sica) y en Confidencias. Tengo muchas ganas de ver su rostro en Ludwig. Algunos achacan un rostro hierático… pero esa cara transmite. La caida de los Dioses, una película brutal sobre la decadencia del ser humano, Berger aparece con un personaje escandaloso por su dureza y amoralidad con serios problemas de salud mental. Impresionante. En Confidencias logras odiarle, compadecerle y comprenderle, sentirte atraido hacia él…, tal y como le ocurre al Profesor.

Sí, sin duda, es difícil que el rostro de Berger te deje indiferente.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

Diccionario cinematográfico (122)

Niños: con infancias robadas. Ése es el duro matiz. Y el universo cinematográfico está lleno.

Desde los niños limpiabotas que sueñan con un caballo y la vida a golpes les lleva tras las rejas. En aquella Alemania cero donde un niño rubio trata de sobrevivir al horror y no puede. En esa Italia triste hay un niño que ve cómo su padre sufre por el robo de una bicicleta y él siempre le mira y quiere que coja su mano. No hay trabajo. Hay hambre. La infancia de Iván transcurre en una guerra cruel, ya no tiene miedo, vio el horror en el rostro de la madre, ahora él se ha vuelto temerario. No teme. Y se queda sin crecer… corriendo por el agua. Por ahí corren los niños de las uvas de la ira, viendo como sus mayores van de un campamento a otro, y no hay trabajo, y no hay comida y no hay juego. Y sí una ristra de cadáveres en el camino. Que se lo digan a Doinel que recibe cuatrocientos golpes y corre y huye de un centro de menores. Y nos reta a todos cuando escapa al mar. Nos mira.

Las tortugas también vuelan. Los niños también sufren las consecuencias del odio y de la guerra. La muerte. Persépolis no entiende la intolerancia…, no entiende por qué no puede razonar, al final tiene que salir de su propio país y ser ajena en otro. Los niños también viven en el cuarto mundo y padecen en los bajos fondos de una sociedad enferma, que se lo pregunten a Lilya for ever y a su amigo, el que duerme en las calles. Que se lo pregunten a los guerreros de antaño que cuentan cuentos y duermen bajo los puentes y terminan esnifando pegamento, o pegándose con quien se encuentren o se cuelgan de un árbol. Que se lo cuenten a la vendedora de rosas que tiene por techo a las estrellas o a los niños de la favela que nacen con una pistola. Que se lo digan a aquel que va a cumplir los dulces dieciséis y quiere que su madre, que sale de la cárcel, tenga la mejor de las vueltas, y él y su hermana la mejor de las vidas. Y él, Liam, se mete en un lío, en otro, y en el de más allá. Y la espiral no acaba. Y Liam grita.

Alguno de esos niños se vuelve mayor y desgraciado. Y tiene la sensación de que no puede dejar de correr y correr y correr…, quizá si llega a Alaska. Y es que Jack nunca pudo dejar de correr y ahora ve cómo su hijo Nick puede repetir su historia, y ser otro corazón roto. A otros la miseria o la locura, la desgracia en la familia les hace padecer cada día de su vida. Los convierte en lo que no quisieron ser porque tuvieron que defenderse. Así camina, con una pistola, el hermano de Jamal, el otro niño de Slumdog Millonaire, el que no vive el cuento de hadas pero que con su caída permite la supervivencia de Jamal. El que se pervierte para poder sobrevivir. Se convierten en los enfermos que no quisieron ser pero la depresión familiar les puede y así Rachel y Rory son adolescentes, que todo o nada, enormes, introspectivos, violentos, tristes…, que padecen la tristeza diaria de sus padres, que temen su mañana.

Sí, son las infancias robadas. Lo malo es que no es ficción. No sólo ocurre en la pantalla blanca…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

Nine

¡Tenía tantas ganas de ver esta película! El resultado: ni fu ni fa. Se deja ver, estuve entretenida en la sala que no es poco (ya lo digo muchas veces), tiene imágenes para recordar así como algún número musical destacable pero…, los híbridos es difícil que salgan bien. Así es un imposible remake de una película tan personal como 8 ½ donde se rescata el argumento pero, claro, no se ‘caza’ el espíritu felliniliano (aunque sí es homenajeado) ni tampoco ese buen rollo que te deja Nino Rota cuando crea melodías increíbles o no deslumbra la belleza de ese blanco y negro que recubre el mundo de Guido Contini con un Marcello inolvidable. Ni es tampoco ese cine musical deslumbrante, no quita que tenga escenografías alucinantes y algún número y canción destacable pero no inolvidable (supongo que sí será fiel al musical de Broadway en el que se inspira que fue un éxito para Antonio Banderas como Guido Contini). Ni es lo uno ni es lo otro…, ¿entonces? ¿Qué es? Sales como vacía de la sala de cine. ¿Me gustó? ¿No me gustó? ¿Sentí, no sentí? Reconoces la fuerza de ciertas imágenes, el buen elenco que acompaña a la película, los ecos lejanísimos de Fellini, la grandiosidad de algunos números…, pero me afirmo, ni fu ni fa. No salí deslumbrada y con ganas de cantar y bailar. Salí con sonrisa suave, con esa sonrisa que desvela que has pasado una tarde entretenida, sin más.

¿Con qué me quedo? Con el canto de amor al cine. Con las escenas de cine dentro del cine. Con los decorados, los vestuarios, las pruebas de cámara, las reuniones, las ruedas de prensa, el miedo a no crear, el espectáculo debe continuar, las estrellas, los actores, los productores, el guión, los nervios, los miedos, los éxitos, los fracasos, el público entregado…¡ACCIÓN!

Me quedo con ese Daniel Day Lewis (con carisma y elegancia suficiente. Siendo frívola, cómo le sienta el traje negro, la camisa blanca, las gafas de sol, ese pelo…) que explica al principio la esencia del cine y los sueños o que al final se eleva en una cámara, cual creador, con el niño de su infancia en su regazo y grita ¡ACCIÓN! Porque ésa es su pasión, el cine.

Me quedo con la galería de estrellas femeninas que representan las distintas facetas del creador cinematográfico en crisis. Lo carnal en Pe, el despertar sexual con Stacy Fergunson, lo glamuroso y aparente con la Hudson; lo estable, la compañera y amiga en la Cotillard; lo inalcanzable, la diva, en la Kidman; la realidad, la que te hace tener los pies en la tierra y te dice verdades como Pepito Grillo, la venerable y maravillosa Judi Dench y, por último, lo simbólico; la mamma italiana por antonomasia, una mítica Sophia Loren que asoma y no asoma.

Y están maravillosas, permítanme que señale a mis favoritas, la Cotillard y la Dench. Y sí, sí reconozco que está muy bien la canción de la Ferguson, Be italian y que la Kidman siempre se la da bien esa imagen de diva inalcanzable pero que es cercana y frágil, lo borda. O qué me dicen de esa Penélope Cruz cada vez más madonna italiana exuberante, elegante, sexy y bella.

Pero de pronto vienen a la cabeza aquellas que Fellini empleó para plasmar sus sueños, obsesiones, complejos y demás así como las escenas que protagonizaron junto al perdido creador con cara de Marcello, y claro se te encoge el corazón un poquillo porque…, ¿qué fue de los personajes de Claudia Cardinale, de Anouk Aimée, de Sandra Milo…, y por Dios, del rostro de La Seraghina alejada totalmente de una contundente y bella prostituta?

Sí ya sé que para meter los números musicales, se acude a los sueños de los personajes, a las creaciones delirantes de Guido, a los discursos o monólogos de algunos personajes pero… ¡es tan brutal la separación entre canciones e historia narrada! Los números, sí, algunos muy bonitos pero cierre los ojos, construya la película, ¿a que puede quitar mucho de los números y no pasa absolutamente nada? ¿Los echaríamos de menos? Sé que está haciendo lo mismo con otros musicales y que me dirá que también se pueden quitar los números musicales y no pasa nada…, pero ¿imaginan Cabaret sin alguna de las canciones de Liza Minnelli, que además describen el estado de ánimo del personaje? Hagan lo mismo con Nine y quiten la canción, muy chula sí y muy movida, de Kate Hudson, ¿la echarían de menos? ¿Modifica algo la historia? ¿Nos explica algo más de los sentimientos de los personajes? Sí, por ejemplo, están bien puestas o tienen algún sentido las canciones de la Cotillard o incluso la de Nicole Kidman (que por otra parte no son las canciones que más popularidad han adquirido). Be Italian es muy buena sí y el número musical está estupendamente planteado pero ¿qué aporta a la historia o a los personajes?

Lo dicho me quedo con el amor al cine que se destila en cada fotograma y en ese volver a querer retomar la historia del creador Guido Contini (que no Fellini, ésa es una importante diferencia). Lo demás, ni fu ni fa.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

Jean Simmons, una cara con ángel vuela para siempre

Ayer entre un montón de noticias se coló la muerte de una actriz del pasado. La británica Jean Simmons con 80 años cerró los ojos. Y como siempre cientos de imágenes revolotearon por mi cabeza.

La Simmons dejó un reguero de celuloide mágico para la memoria de los amantes de la sala oscura con pantalla enorme blanca.

Un rostro angelical que ocultaba una caja de pandora.

Ya desde pequeña mostró su dulce rostro y tras él compleja personalidad. Ella fue la Estella dickensiana de Cadenas rotas o la niña sensual y de otras fronteras exóticas en la extraña Narciso negro. Se convirtió en la rubia Ofelia que pierde la cabeza porque no entiende ni comprende en el Hamlet de Olivier.

En Hollywood, en un principio, sólo la vieron como dama para películas de época. Pero la Simmons mostró sus dotes de actriz y versatilidad. Y de grandes super producciones históricas escapó con su cara de ángel de la mano de Preminger que la transformó en un abrir y cerrar de ojos en mujer fatal junto a un confundido Robert Mitchum…, y ambos nos regalan final impactante en Cara de Ángel. Con Mitchum volvería a trabajar en comedia floja donde ellos son lo mejor de la función en la elegante pero por ello fría Página en blanco. Ellos ofrecen calor.

Jean Simmons tuvo otra pareja cinematográfica en dos ocasiones. Y en las dos ocasiones estuvo magnífica. Él fue Marlon Brando. En una de ellas ambos protagonizan uno de los musicales más atípicos de todos los tiempos…, y ambos consiguen momentos mágicos. Su química destila de los fotogramas de Ellos y ellas…, él es un jugador de poca monta y ella pertenece al ejército de la Salvación que va por el mundo salvando almas perdidas. En la otra se fueron a cine de época y super producción. Napoleón vuelve a la pantalla pero lo que todo el mundo recuerda fue a su amante Desirée.

Pero quizá cara de ángel tiene dos papeles por los que es eternamente recordada: la esclava Lavinia en el Espartaco de Kubrick con momentos íntimos y tristes inolvidables y el complejo papel de la falsa predicadora que se cree su propio personaje en el Fuego y la palabra dirigida por el que pronto sería su segundo marido, Richard Brooks.

Jean Simmons te seguiremos viendo siempre.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

El visitante (The visitor, 2007) de Thomas McCarthy

Una de las películas que más ternura me produjo a principios del siglo XXI (¿suena futurista, eh?) fue Vías cruzadas (The station agent), la ópera prima del realizador Thomas McCarthy. Me gustó tanto que la fui a ver varias veces y por supuesto ahora ocupa un puesto en una de mis estanterías. McCarthy hizo que me enamorara de una historia sencilla y de tres personajes. Una película que habla de soledad, de las personas que son diferentes, de lo importante que es sentirse acompañado, querido, aceptado… y otros asuntos. Una película sobre relaciones humanas y personales. Donde ninguno de los protagonisas es bueno o malo sino que son personas con sus alegrías, sus penas, sus complejos, sus dolores, sus soledades…

Cuatro años después McCarthy regresó a la dirección. Y de nuevo deleita con película profundamente sencilla, profundamente humana. De nuevo, muestra a sus personajes con una ternura que desarma. El visitante plantea otro mundo de relaciones desnudas y en ese mundo de relaciones desnudas denuncia que el mundo que nos rodea crea situaciones injustas. Que las normas establecidas, las fronteras, las leyes de inmigración están más basadas en tratar al inmigrante como amenaza y como delincuente que como oportunidad de un mundo multicultural basado en otras normas y leyes que no se sustenten en la violencia, el rechazo y el miedo sino en el conocimiento del otro, en la solidaridad y el encuentro.

Y esta denuncia McCarthy consigue hacerla de manera absolutamente sencilla y desnuda. Lo primero que hace es presentarnos a un hombre maduro que se llama Walter Vale (emocionante y contenido hasta que estalla de manera maravillosa Richard Jenkins). Vale tiene una posición económica acomodada. Nuestro protagonista es profesor universitario y se da a entender que es especialista en economía liberal y países en vías de desarrollo, y que este hombre está bastante lejos de esos países en vías de desarrollo y sus problemas y sin embargo es hombre teórico y autor de libros desde la lejanía de realidades.

Nuestro Vale es un hombre viudo que echa de menos a la esposa y trata de perpetuarla aprendiendo, aunque sin talento natural, a tocar el piano. La música es lo único que le hace parecer un hombre vivo. Walter anda sonámbulo, como muerto en vida, sin ilusión alguna, siempre fingiendo que está muy ocupado, siempre evitando la relación profunda con los otros, tratando de que nadie invada su mundo, siempre con un “preferiría no hacerlo” en la boca… Hasta que no puede eludir un congreso de trabajo y tiene que dejar su casa-cueva de Connecticut e irse a su apartamento de New York.

Una vez en su apartamento Walter, sorprendido, ve cómo ha sido ocupado (mediante el engaño de un tercero) por una joven pareja de sin papeles. Tarek (Haaz Sleiman con una sonrisa que desarma), un músico sirio de djembé y  Zainab (Danai Gurira y su mirada), artesana que vende sus pulseras y collares en un mercadillo. Y de forma natural porque la pareja en plena noche se dispone a abandonar la casa, Walter finalmente les permite quedarse hasta que encuentren otro hogar. A Walter le ha llamado la atención el djembé de Tarek. Walter va por la calle y se siente cautivado por el sonido de las percusiones. Tarek, un joven vitalista, se da cuenta y empieza a enseñarle una música que dice tiene que sentir con el corazón. Y Walter se relaja, sonríe y empieza a tocar con su nuevo amigo. Zainab es más desconfiada —se siente más dolor en su mirada— pero poco a poco también va aceptando a ese ‘extraño inquilino’ que ha entrado en sus vidas.

Hasta aquí todo parece fluir de manera sencilla, plácida, hasta que un hecho inesperado cambia el rumbo de la historia. Tarek es injustamente detenido en el metro mientras va con Walter y es encerrado en un centro hasta decidir su situación en el país y si se lleva a cabo la deportación. Un centro gris y oculto que encierra a personas indocumentadas como si fueran prisioneros. En este momento ya nos hemos encariñado con los personajes.

Y en ese momento el despertar de Walter, que por primera vez deja sus teorías y se da cuenta de la realidad injusta, es un proceso tremendamente humano que se acelera con la aparición de una mujer entrañable y humana que arrastra dolor en sus espaldas, la madre de Tarek (increíble Hiam Abbass). Y entonces el corazón de Walter vuelve a latir hasta tal punto que llega a estallar impotente denunciando una situación injusta, con rabia. Porque el corazón le duele y con razón. Las escenas entre Walter y la madre de Tarek son sencillas pero de una ternura difícil de soportar entre dos seres solitarios unidos por dificultades adversas que aprenden a encontrarse, comunicarse, comprenderse y quererse.

El visitante es como la vida misma dulce pero también con la imposibilidad de un final feliz por una situación de injusticia. A Walter le queda la furia de la música, de la percusión, la música que sale del djembé desde un corazón vivo.

De verdad, merece la pena por lo humano.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.  

Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll

He vuelto a leerme Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas y de nuevo me he dejado llevar por ese viaje delirante de esa niña que se llama Alicia y decide seguir a un Conejo Blanco que va con mucha prisa siempre mirando el reloj.

Y es que Alicia no sólo nos habla de cómo son los sueños, de absurdos, sino que nos mete en terrenos de una lógica que se vuelve loca o de cómo el lenguaje es capaz de volar y jugar o de cómo a través de una inocente fábula y de unos personajes chalados e ilógicos que ‘lógicamente’ pueden hablar maravillosamente con una niña y conectar con su universo infantil nos devuelve un País de las Maravillas sustentado en una maravillosa locura.

Entonces como Alicia vuelvo a toparme con Sombrerero y la Liebre del Marzo o ese Lirón que anda siempre quedándose dormido por los rincones. Atravieso puertas y me transformo en grande o pequeña o mi cuello adquiere la agilidad de una serpiente. En brazos un dulce bebé se me convierte en un cerdo que huye por el busque. Paso la tarde con un Ratón que siente terror por los gatos o me cuenta un cuento con cola y entonces se me aparece un gato con sonrisa, de Cheshire. Y me entra hambre y me como una seta mientras veo a una oruga azul de voz envolvente fumando un narguile. Y allá está la Reina de Corazones que juega al críquet con un flamenco y la pelota es un erizo que huye y claro se enfada y sin ninguna duda grita fuerte: qué le corten la cabeza.

Y, sí, soy de esas que quieren ver lo que hace Tim Burton con esta historia empleando las nuevas tecnologías a lo Avatar y ponerme las gafas psicodélicas de 3D y ver si me creo inmersa en un país de maravillas. Todavía queda, esperaremos a marzo. De momento llama la atención el arranque y me hace unirlo al final del libro de Lewis Carroll. El escritor termina el cuento cuando la niña Alicia regresa de ese país ilógico o mejor dicho con otra lógica distinta, donde abunda el ingenio y los juegos de palabras no tan absurdos llenos de poemas delirantes que critican un tipo de educación determinada, y esa misma niña cuenta su viaje a su hermana mayor. Carroll nos abandona con la reflexión de esa hermana mayor que recuerda las aventuras de su hermana pequeña Alicia y se pregunta qué será de ella años después y si recordará su infancia y su viaje al País de las Maravillas.

Ahí retoma el relato Burton, cuando esa Alicia ya no es niña sino adolescente en edad casadera en una rígida sociedad victoriana. Y como esa mujer-niña vuelve a visitar un país que ha olvidado. Alicia vuelve a encontrarse con los personajes ilógicos de su niñez…, ahí está Sombrerero recordándola o mejor dicho reconociéndola (por eso Depp tiene personaje protagonista).

Y que quieren que les diga vuelvo al clásico de Disney en su momento fríamente recibido pero que cuando tuve oportunidad de verla cuando todavía se hacían reposiciones de clásicos en salas de exhibición grande llenó mi cabeza de imágenes inolvidables. Y sobre todo se me quedó una escena y una frase que no aparece en el libro original. La Alicia del clásico de Disney vive también la loca merienda con Sombrerero, Liebre de Marzo y Lirón pero terminan celebrando y cantando Feliz, feliz no cumpleaños. Ahora, me sigue genial celebrar siempre el feliz, feliz no cumpleaños todos los meses del año.

Lo genial de toda esta absurda reflexión es que siempre Alicia está ahí junto a Dorothy y el mundo de Oz, al lado de Peter Pan y el País de Nunca Jamás o saltando junto al Principito en los más variados planetas. Y por mucho que pasen los años siempre hay tiempo para volver a ellos o recordarles.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.