Bienvenidos a Zombieland (Zombieland, 2009) de Robert Fleischer

Nunca hubiera visto esta película. No me gusta el terror. No me gustan los zombies (me impresionó demasiado La noche de los muertos vivientes de George A. Romero). En fin tenía todos los ingredientes para no verla… pero me la recomendaron y regalaron… y, señores y señoras, disfruté mucho con Bienvenidos a Zombieland. Reí más. Y me pareció una película tierna muy tierna. En apenas 84 minutos muchas risas. Buenos personajes. Buena historia. Y una historia sencilla muy bien construida. Cuenta mucho más de lo que pensamos.

En un mundo que ha sufrido la invasión zombi, sin explicarnos cómo se ha llegado a esta situación, se unen cuatro personajes inadaptados: una especie de vaquero solitario con altas dosis de locura, un joven raro con problemas de comunicación, y dos hermanas supervivientes que se ganan la vida timando.

Al final Zombieland es una metáfora sobre la soledad, la incomunicación y como a pesar de los pesares necesitamos relacionarnos con el otro. Así estos cuatro personajes solitarios logran crear una especie de microsociedad que sobrevive a un mundo zombificado antes incluso de la invasión.

En el debut de Fleischer en el largometraje hay dosis de diversión con gotas de humor negro, metáfora y ternura. Mucha ternura. Fleischer ‘danza’ con buen ritmo y construye una obra cinematográfica redonda con una historia bien desarrollada y unos personajes carismáticos (cameo sorpresa incluido… amor a raudales al cine americano de los ochenta). Zombieland cuenta además con escenas visualmente atractivas…, ojo, a la de los cuatro personajes destrozando una tienda. Qué relax. O también la última secuencia que se desarrolla en un parque de atracciones…

En el reparto nos encontramos con Jesse Eisenberg, Emma Stone y Abigail Breslin… y sobre todo a un Woody Harrelson que se sale en ese papel de cowboy perdido entre zombies con espíritu de niño que esconde en realidad a un tipo triste. A mí fue el que me inspiró mayor ternura…

Zombieland se ha convertido en una agradable sorpresa para pasar una buena tarde veraniega…

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La delicadeza de David y Stéphane Foenkinos

La delicadeza tenía (y tiene) un variado surtido de puntos como para que me entusiasmara o saliera del cine absolutamente feliz. No ha sido así. No obstante aunque me quedé bastante fría ante la película, son varios los ‘boliches’ que me han hecho contemplarla como una propuesta interesante en la cartelera. Así punto por punto intentaré desgranar qué me mereció la pena y qué hizo que la emoción no me rodeara…

Un primer punto llamativo. El propio escritor de la novela que se traslada a la pantalla blanca (y que ha sido un éxito de ventas pero yo no la he leído) es el artífice, junto a su hermano, de esta obra cinematográfica. Luego es de esperar que ambos hayan elaborado lo más cercano a lo que querían contar. Según una sabia y querida amiga es una buena adaptación cinematográfica de la novela original. Así que se nota la mano del creador literario en su traspaso al lenguaje cinematográfico de su propia novela. Era un proyecto querido y que les apetecía a ambos hermanos… luego se presuponen dosis de cuidado y cariño hacia el material que tenían entre manos.

Un segundo punto llamativo. El tema tratado, últimamente, me interesa mucho. La superación del dolor tras la ausencia de alguien muy importante. En este caso es la historia de una joven que se casa con el hombre de su vida y éste fallece en un accidente. La protagonista se cierra en un largo periodo de dolor y cuando menos lo espera (y sobre todo con la persona más inesperada) encuentra de nuevo el amor.

Un tercer punto llamativo. La película pude verla con una sonrisa (y no resultó del todo fallida) gracias al descubrimiento de un actor que me entusiasmó: François Damiens. Y me gustó tanto como su personaje. No aparece al principio de esta historia y sin embargo cuando hace acto de presencia la película vuela. En él sí hay ternura y delicadeza. A Audrey Tautou quizá la pesa demasiado ese papel de mujer encantadora e ideal, ese prototipo de personaje que empezó a crear a partir de Amelie. Lo hace bien. Es delicada y frágil… pero me la creí menos…

Un cuarto punto llamativo. Me gustan las películas que mezclan la comedia y el drama. Las películas de romanticismo exacerbado pero sentí en algunos momentos (menos mal que estaba Damiens) un tono impostado que no hizo que me metiera en el dolor del personaje femenino ni en su lenta recuperación. No sentí que me la estuvieran contando desde el corazón. Que amaran con la misma pasión a todos los personajes. A pesar del cuidado de las localizaciones, los vestuarios, la importancia de las casas… y la oficina. El lugar de trabajo. A pesar del cuidado en la puesta en escena. De algunos diálogos logrados…

Un quinto punto llamativo. Lo que menos me llenó del todo fueron los personajes secundarios (los padres, la amiga querida, los compañeros de trabajo, el esposo difunto…). Soy amante de los personajes secundarios sobre todo de esos que en dos pinceladas te cuentan toda una historia. Entiendes cómo son. Te imaginas su historia. En La delicadeza me faltó eso… y podrían haber sido buenos personajes, perfilados. La que más me chirrió en el puzle fue la querida mejor amiga… la reacción que tiene al conocer al chico no tan ‘ideal’ para la protagonista no pega con la forma en la que nos la han presentado a lo largo de toda la película… No es precisamente delicada.

Y no hay algo peor que le pueda ocurrir a un personaje secundario que es no ver exactamente cuál es su función, tener la sensación de que si falta no pasaría nada en el devenir de la película…

Un sexto punto llamativo. Aunque entiendo la ‘peculiaridad’ del amor entre ambos protagonistas no logré captar esa extrañeza que tendría que traspasar la pantalla y preguntarnos qué hace una chica como la protagonista con un chico como ése. Quizá mi problema es que desde que aparece Damiens me resulta increíblemente encantador y enamorable… y claro no entiendo la percepción que tienen los ‘otros’. O desde el principio veo lo que ve la abuela (en una lograda y tierna escena final), el personaje de Damiens tiene un buen corazón y lo transmite desde el primer momento. Sabemos que ese hombre jamás hará daño a la protagonista…

No ‘volé’ con La delicadeza pero sí puede esbozar unas cuantas sonrisas. Aunque creo que en el futuro me costará recordarla…

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Los Trueba… y el cine

Un dúo, dos hermanos… y un tercero: hijo de uno, sobrino del otro. Son Fernando, David y Jonás. Los tres amando el cine. Pueden gustarte o no sus narraciones cinematográficas pero no se puede negar que apuestan y arriesgan por crear obras cinematográficas que supongan una nueva piedra en el camino. Un paso más.

Ahora los tres están en marcha. David apenas hace unos meses apostó por Madrid, 1987  que incluía en un historia intimista y desnuda una pieza de cine imaginaria con los elementos más sencillos, una pared blanca con un marco, dos espectadores, y una voz dispuesta a narrar, con algo que contar (escena maravillosa de esta propuesta cinematográfica que me llegó hondo). Esta escena unía de alguna manera esta obra con su ópera prima: La buena vida. Y este momento define de alguna manera algo que corre por las venas de Fernando, David y Jonás… quieren y tienen algo que contar. Y buscan caminos de libertad creativa. Y cada uno aporta su mirada y propuesta especial.

Acabo de terminar un precioso artículo de Carlos F. Heredero (El arte de ganar el tiempo) de la revista Caimán. Cuadernos de cine (número julio/agosto 2012) sobre el último trabajo del más pequeño de los tres, Jonás Trueba. Jonás estrenó en 2010 su ópera prima Todas las canciones hablan de mí (que todavía no he podido ver… y pronto trataré de solventar esta falta) como director, y como su tío y su padre también participa de la creación de guiones… y también ama ‘contar historias’. Así que ha decido ‘plasmar’ el tiempo de espera, una metáfora en cierta medida sobre la vida, pues son muchos los periodos en tiempo de espera de algo… En este caso concreto entre un proyecto cinematográfico y otro. Ahora en ese tiempo de espera Jonás y un equipo de profesionales han decidido en sus tiempos libres, con el material que han conseguido, filmar Los ilusos. Y así se mueven por las calles de Madrid, en blanco y negro, con una vieja cámara, libres. Y tratará de transmitirnos ese tiempo de espera. Del resultado de este ejercicio de creación y de cuándo podrá tener espectadores nada se sabe… forma parte del proceso.

Y ahora el más veterano Fernando Trueba, que lo último que propuso fue animación y música (Chico y Rita) está a punto de mostrarnos su más reciente obra cinematográfica. Nos cuenta una historia intimista de posguerra… y yo que ya he disfrutado en sala de cine del tráiler ya deseo inmiscuirme en la propuesta. Se trata de El artista y la modelo… y habla precisamente del proceso de creación y de la historia. Un escultor anciano retirado y desencantado de la vida en la Francia de 1943 que encuentra una musa y una inspiración en una joven española. A mí las imágenes del tráiler ya me hacen desear que llegue septiembre…

 Los Trueba siguen apostando por contarnos historias y ofrecer su mirada cinematográfica personal. Aquí hay unos espectadores que esperan y desean que les cuenten historias…

En estos tiempos oscuros permanece el deseo de seguir mirando pese a las trabas que siempre existirán…Porque para el ser humano es necesario el que nos cuenten historias, el contemplar creaciones, escuchar narraciones…

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Ausencias cinéfilas recientes…

1.- Ernest Borgnine. Desapareció un actor que nos recuerda la casta de intérpretes secundarios y de carácter. Actores secundarios que construyen personajes tan inolvidables que a veces logran ser más recordados que los propios protagonistas. Borgnine tuvo papel protagonista en contadas ocasiones y cuando lo logró fue igual de grande que en sus ‘recreaciones’ secundarias. En más ocasiones fue el antagonista. Ahora que se nos ha ido es buen momento para rescatar su filmografía… y tener ocasión de encontrárnoslo de nuevo. De aquí a la eternidad, Johnny Guitar, Marty, Doce del patíbulo, Grupo salvaje, La aventura del Poseidón… son sólo algunos de los títulos que llevan su rostro.

2.- Nora Ephron. También ha sido reciente la desaparición de la directora y guionista Ephron. Durante los noventa fue la ‘reina’ de la comedia romántica. A Ephron yo la recuerdo y recordaré con cariño.

Como guionista-estrella creó el esqueleto de una comedia romántica de 1989 que reavivó el género y le hizo avanzar. Cuando Harry encontró a Sally se ha convertido en un clásico.

Antes ya había mostrado su oficio en la construcción de historias en dos interesantes películas de los ochenta (con Meryl Streep de protagonista. La última película que dirigió Julie y Julia también contó con la presencia de la actriz). Silkwood, un drama con industria nuclear de fondo, y Se acabó el pastel, una disección irónica sobre el interior de un pareja con gotas autobiográficas.

Dirigió Algo para recordar que convirtió en fenómeno la química entre Meg Ryan y Tom Hanks y realizó su personal relectura de uno de los grandes clásicos de la comedia romántica, Tú y yo (del segundo remake de Leo McCarey con Grant y Kerr). Y de nuevo con ambos ‘revisitó’ la comedia romántica clásica, la maravillosa El bazar de las sorpresas, con Tienes un e-mail. Por cierto yo veneró los clásicos en los que se inspiró… si estas películas de Ephron logran que nuevos espectadores rescaten las películas originales… entonces podemos valorar de otra manera estas obras cinematográficas, como guardianas de memoria cinéfila.

3.- Andrew Sarris. Una de las profesiones más bonitas para la que esto escribe es ejercer la crítica cinematográfica. El crítico o la crítica de cine que analiza, disecciona y muestra formas de ‘mirar’ una obra cinematográfica. Recientemente se ha ido un crítico norteamericano, Andrew Sarris. Sarris nos ha dejado sus textos (hay la oportunidad de leer algunos en castellano en un libro reciente que estoy deseando adquirir La mirada americana. 50 años de ‘Film Comment’). Durante el ejercicio de su profesión fue un amante del cine europeo de autor y lo dio a conocer en EEUU. También tenía su particular mirada al cine americano. Andrew Sarris también fue famoso por sus batallas dialécticas y choques durante los años setenta con la crítica cinematográfica Pauline Kael.

4.- Anne Rutherford. En 1939 se estrena Lo que el viento se llevó. Durante años y décadas se han hecho incontables homenajes a uno de los más populares melodramas sureños cinematográficos. Y hasta hace poco en esos homenajes se podía contar con el rostro de Rutherford. Actriz que ha pasado a la eternidad por un papel mínimo: una de las dos hermanas de Scarlata O’Hara. Antes de salir en esta mítica película, Rutherford ya tenía cierta popularidad al convertirse en la novia de ficción de Mickey Rooney en la serie de películas sobre Andy Harvey. Anne Rutherford trató de no caer en olvidó y protagonizó roles secundarios durante la década de los cuarenta pero al no lograr prosprerar se retiró de las pantallas cinematográficas. Todavía queda entre los intérpretes de Lo que el viento se llevó la figura de Olivia de Havilland.

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El séptimo amanecer (The 7th Dawn, 1964) de Lewis Gilbert

El séptimo amanecer es de esas películas que te ofrecen muchos ingredientes para el análisis. Para el estudio. La acabo de descubrir y me ha parecido muy interesante por muchos aspectos. Entre ellos el periodo histórico que retrata y el momento en el que fue hecha esta película británica. Lewis Gilbert es un realizador que sabe dotar de ritmo sus películas y sus trabajos más conocidos son con el espía 007 (con el rostro de Sean Connery y de Roger Moore) o con ese ligón perdedor con rostro de Michael Caine, Alfie. También le recordamos como el director de Shirley Valentine o Educando a Rita.

El séptimo amanecer es una película bélica rodada en el periodo de la Guerra Fría (y es importante tener esto en cuenta a la hora de analizar la trama  y el desarrollo de los personajes). También es una película sobre una Gran Bretaña colonial. Muestra otro aspecto de las consecuencias históricas de la Segunda Guerra Mundial. En este caso esta compleja trama transcurre en Malasia.

Los protagonistas son tres amigos que durante la guerra han unido unos lazos fuertes pero que los acontecimientos históricos posteriores y sus ideologías distintas (y sus planteamientos distintos de lucha) resquebrajarán su amistad, sus creencias y su felicidad. Por un lado nos encontramos con un militar estadounidense (William Holden) que se ha aliado con los malayos contra los japoneses. Después de la guerra decide quedarse en Malasia y convertirse en un empresario rico de caucho. A una hermosa malaya (Capucine) que cuando termina la guerra deja las armas y cree en construir su país desde la educación y la paz. Y por último un soldado malayo (Tetsuro Tamba) que cuando acaba la guerra decide irse a estudiar a Rusia y cuando regresa forma parte de las guerrillas comunistas malayas que luchan por la independencia y por la expulsión violenta de los británicos.

Hay un cuarto personaje que pulula en este drama bélico que es la joven británica (Susannah York), hija de un alto cargo británico que trata de realizar la transición de la independencia en Malasia (de colonia a país independiente) como le han dicho que lo haga, intentando evitar los actos de terrorismo (y comportándose como todo un colono ‘bueno’ y condescendiente que trata de dejar las mejores condiciones al país que deja Gran Bretaña…). La joven ‘crea’ una historia de enamoramiento con William Holden pero complica aún más el conflicto principal.

Hay varias escenas que sorprenden en esta película así como una buena banda sonora de Riz Ortolani. La primera secuencia es impactante y nos presenta a los personajes de una manera poco amable. Desde un helicóptero se está avisando del fin de la Segunda Guerra Mundial, mientras en plena selva se están realizando unas matanzas masivas se supone que a soldados japoneses… en cuanto se oyen estas palabras desde el aire las matanzas se paran… los tres protagonistas están presentes de manera activa en esta impresionante secuencia. Pronto en una despedida de tren vemos sus lazos amistosos y sentimentales (ambos hombres están enamorados de la mujer y ella ama a William Holden) y sus distintas formas y visiones de la vida.

La escena de la manifestación en bicicleta del pueblo malayo siendo cabecilla Capucine para exigir derechos a los británicos también está muy bien rodada. Así como el atentado en el edificio británico, la quema de un poblado por parte de los británicos o la primera aparición de Susannah York. La conversión del personaje de Capucine, con su belleza serena, en un personaje mártir y heróico con una secuencia delicada ante el séptimo amanecer del título… Sobre todo el ritmo de la película nunca decae… y tampoco un romanticismo trágico que empapa la película.

A un nivel extracinematográfico la película me interesaba por William Holden un actor que cada vez me gusta y me sorprende más. William Holden durante años realizó un tipo de papel que era el americano descreído y desencantado (pero profundamente romántico) en un exilio voluntario (y otras veces no). El hombre que se acerca a otras culturas y que busca sobre todo desarrollar su libertad pero que siempre encuentra diferentes obstáculos (o causas) que harán que las cosas en su vida se transformen. Este tipo de héroe en el exilio o trotamundos puede reseñarse en la película que hoy analizamos pero también en Traidor en el infierno, La colina del adiós, El puente sobre el río Kwai, El mundo de Suzie Wong o Espía por mandato. Otra cosa que me llamaba la atención (dentro de mi vena frívola) era ver a William Holden junto a uno de los amores de su vida la modelo del rostro bello y triste, Capucine. Ambos trabajaron en dos películas El León (1962) y ésta. Y dos años fue lo que duró el romance. Y creo que hacían una bonita pareja.

El séptimo amanecer es una película que ha caído en olvido pero ofrece muchos aspectos interesantes para analizar y disfrutar…

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Las lágrimas de Termeh

Te regalo un fotograma…

de una película iraní.

El cine de Irán no deja de darme buenas sorpresas.

… Nader y Simin, una separación me atrapó desde la primera escena.

Este año está siendo un ‘descubrimiento’ particular que sólo me está dando buenos momentos cinematográficos.

Primero fue Jafar Panahi y ahora Asghar Farhadi.

 

Cada uno de los personajes me aportó algo…

en esta historia con gotas de melodrama y cine de suspense,

en esta red de mentiras, incomunicación y opresión.

Nader y Simin radiografía el alma y la situación opresiva de un país.

Aunque como espectadora de un país lejano ignore muchas cosas de Irán siento y presiento muchas cosas…

 

Pero hubo una mirada que me sobrecogió en cada instante.

Un personaje que me subyugó.

Termeh.

La niña de Nader y Simin.

Una niña de mirada adulta.

Una niña que comprende.

Que ama.

Que sufre.

… y que tiene que tomar una compleja elección final… Farhadi tiene la delicadeza de dejarnos fuera de plano.

De dejar a Termeh sin testigos… ante un momento doloroso.

Termeh tiene un duro aprendizaje hacia la madurez.

Pero a pesar de la dureza y tristeza de la película…,

el futuro que se proyecta a través de Termeh es hermoso.

Es un personaje cinematográfico precioso.

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Diccionario cinematográfico (182)

Pianos y pianistas: pianos y pianistas han poblado la pantalla blanca… Han sido parte fundamental de la trama o secundarios de lujo. Han protagonizado momentos musicales inolvidables.

… Y esta vez esta entrada de este querido diccionario ha sido motivada por dos razones. El otro día disfruté en televisión de la emisión de una antigua película que no había visto donde Dana Andrews (actor que me encanta) protagonizaba un melodrama donde se convertía en un atormentado pianista ciego… acudía en su rescate una bella Merle Oberon. Se trataba de Mi corazón te guía de John Cromwell. Y porque también hace poco emitieron de nuevo Matrimonio de conveniencia de Peter Weir y donde una de sus escenas brillantes es la interpretación primero ‘experimental’ y luego poética de Gerard Depardieu ante un piano (como bien recordaba hace poco el gran Alfredo del blog 39 escalones).

Así la cabeza de Hildy se ha llenado estos días de pianos y pianistas de celuloide. El otro día volví a escuchar el piano de Sam… en Casablanca. O de nuevo me empapé de las melodías de esos hermanos que van de hotel en hotel con su espectáculo de pianos arrastrando fracasos y frustraciones. Y como esos hermanos encuentran a un cantante que les da nuevos éxitos pero también sirve de catarsis para un cambio y una transformación en la vida de ambos, en la melancólica Los fabulosos Baker Boys… la memoria cinéfila todavía recuerda a una mujer de rojo sobre un piano negro.

Me zambullí en el cine noir y corrí tras esos pianos que denotan el fracaso y el sinsentido. Detour de Ulmer, su protagonista es un pianista de un garito que vivía entregado a su música hasta que un funesto viaje le transforma la vida y le aleja de las teclas de su piano. ¿Cómo conoce El sueco a la mujer fatal que le llevará a la perdición? Con un traje negro, junto a un piano, y susurrando una canción… No podía ser de otra manera.

Corrí por los distintos escenarios donde puede estar situado un piano. Y en dos en concreto me paré cautiva… un piano en medio de un mar extenso. Una niña corre, una mujer sordomuda toca (El piano de Jane Campion). Una noche fría, una casa donde en el tejado pastan las vacas, en un peculiar paisaje del Oeste, al aire libre, en la noche, una mujer mayor junto a sus hijos toca el piano (Los que no perdonan de John Huston). Unos grandes almacenes un teclado gigante y un niño grande y un hombre de negocios saltando por las teclas (Big de Penny Marshall).

… Los pianistas ilustres y otros más desconocidos también protagonizan películas y tienen sus escenas de virtuosismo frente al piano. Ahí está Jerry Lee Lewis con cara de Dennis Quaid que quema pianos en los escenarios y ‘enciende’ al público con su música (Gran bola de fuego de Jim McBride). El gran pianista y cantante ciego Ray Charles (con cara de Jamie Foxx) tiene sus momentos de éxtasis al piano en Ray. Y Polanski nos dejó la impactante historia de Wladyslaw Szpilman, un pianista judío que trata de sobrevivir durante el nazismo.

El piano y los pianistas se pasean por películas románticas, trágicas y psicológicas o cómicas. Ahí estoy en los conciertos a piano, con sus dedos bailarines, de Chico Marx. Me muero de risa con el vecino pianista y enamoradizo con su Mi fiel Amanda siempre en el teclado y en la boca en La costilla de Adán. O me quedo aterrorizada ante la compleja y turbia personalidad de La Pianista de Michael Haneke. O arrebatada por el romanticismo de las dos versiones de Intermezzo donde la pianista con rostro de Ingrid Bergman sufre por el amor de un violinista.

El piano está unido al cine. Nunca falta el pianista del cine del Oeste, ni el del cine negro con aires de jazz, ni el del cine romántico, ni el cine cómico… hasta en la recreación del cine dentro del cine nunca faltará el pianista que ‘tocaba’ sensaciones en la sala de cine en el periodo silente… Y fijense en los decorados de enormes casas de época o en fiestas intimistas, siempre hay un piano… y alguien que sabe tocarlo. ¿Qué piano cinematográfico os viene a la cabeza?

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Incidente en Ox-Bow (The Ox-Bow Incident, 1943) de William A. Wellman

Setenta y dos minutos con el corazón en un puño y con la tensión como acompañante. Incidente en Ox-Bow era una asignatura pendiente. Una de esas películas de las que se leen un montón de artículos, estudios, análisis… y que siempre estás al acecho de poder verla. El momento ha llegado esta semana. Y sigo en estado de shock. Incidente en Ox-Bow es una muy buena película con alma, conciencia y corazón. Una de esas películas que ves una vez y ya no se olvidan (aunque ahora sé que la volveré a ver muchas veces).

Incidente en Ox-Bow es una película redonda. Muestra, por ejemplo, la fuerza de esos directores pioneros que crearon filmografías maestras, como William A. Welllman. Directores que probaron todos los géneros y que dominaban el lenguaje cinematográfico a la vez que lo inventaban. Wellman esta vez muestra el otro Oeste, no el épico, sino uno realista y oscuro. Un mundo duro y sin concesiones. Y para ello toma como base el material literario de Walter Van Tilburg Clark con el cual quedó subyugado. Luchó como un titán para que en un sistema de estudios le dejaran realizar un western de autor, y junto a Henry Fonda (uno de los actores de esta película coral), ambos lo lograron. Aunque tuvieron que sacrificarse y realizar otras películas sin rechistar. Cuando les preguntaban a ambos de qué películas de sus carreras cinematográficas se sentían orgullos: en sus listas se encontraba siempre Incidente en Ox-Bow.

El estudio, y Zanuck el productor que dio luz verde al proyecto, tuvo razón. La película no dio beneficio alguno. Eran tiempos oscuros. Segunda Guerra Mundial. Y los espectadores querían más evasión que realismo. No había especial deseo por ver la parte oscura de los seres humanos. Sólo el paso del tiempo ha velado por esta obra cinematográfica porque el impacto sigue intacto… Aunque sigue siendo de esos tesoros ocultos para que sea descubierto con deleite por nuevos espectadores.

Todo encaja. Nada sobra. Y te quedas totalmente hecho polvo porque su argumento es demoledor. El ‘incidente’ es un linchamiento a tres hombres. Y la tensión dramática no deja de crecer. Wellman es un maestro tal que hace que el espectador se desespere, junto a los reos, hasta que llega el momento culminante… el momento del linchamiento, que lo ‘ejecuta’ fuera de cámara. No hace falta… la intensidad dramática ha llegado a tal nivel que vivimos el ‘incidente’ de manera dura y terrible. Las tres sogas, el árbol, los caballos… su presencia nos ha ido horrorizando y enloqueciendo durante la espera. Nos damos cuenta de ese oscuro Oeste sin ley con la injusticia por compañera.

Todo se une para realizar la obra perfecta. Un buen guion. Una historia muy potente. Y una galeria de actores que merece una parada en el camino. Unas localizaciones sobrias: un pueblo de mala muerte y el propio lugar del linchamiento, Ox-Bow. La fuerza de una carta como elemento dramático. Las historias que se esconden, las subtramas. Un blanco y negro implecable… La lista de logros se hace extensa.

La increíble nómina de actores que están espectaculares es alargada. Muchos de ellos ya presentes en otros western, otros con extensas y variadas carreras o actores de carácter de los que se nos quedan más las caras que sus nombres. Y otros figurantes con rostros que no se olvidan que forman el grupo de linchamiento que tiene personalidad propia y que hace que dos escenas sean poderosas: cuando se mueven los únicos siete hombres que abogan por esperar al sheriff para que los tres reos tengan un juicio justo y la secuencia-magistral final de los hombres bebiendo en la barra del bar mientras escuchan la carta de uno de los reos que lee Henry Fonda.

Los tres reos tienen el rostro de Dana Andrews, Anthony Quinn y Francis Ford (sí, hermano de John Ford). Los tres se encuentran con una acusación popular de robo de ganado y asesinato. Andrews compone a un granjero sensible y trabajador que no puede creer lo que le está ocurriendo, la injusticia que está padeciendo. Nos deja las escenas más conmovedoras y es el que escribe la carta. Anthony Quinn deja ver su arrolladora personalidad como un mexicano con mucho vivido y Francis Ford es el abuelo al que ya se le va la cabeza pero que trata de sobrevivir, desesperado, hasta el final.

Del grupo de linchamiento: los siete justos y los demás. Hay varios rostros que sobresalen. Los dos vaqueros que llegan al pueblo de mala muerte en sus papeles de héroes ambiguos que terminan uniéndose a la partida pero en parte para no ser sospechosos ellos mismos… Los dos van evolucionando sobre todo el que tiene el rostro de Henry Fonda (no necesita presentación), porque son conscientes de que lo que va ocurrir es absolutamente una locura. El compañero de Fonda es Harry Morgan, actor de larguísima trayectoria profesional, que logró ser un rostro popular a partir de la película y la serie de MASH.  La única mujer del grupo es Jane Darwell, dura como la piedra y con muchas ganas de muerte… una instigadora nata. Darwell clava su papel quedando muy lejos su caracterización de Mamá Joad (Las uvas de la ira). Por ahí nos encontramos también al comerciante justo (que trata durante toda la película que el grupo no pierda la cabeza) con el rostro de Harry Davenport (¿alguien le olvidó como el doctor en Lo que el viento se llevó).

Y otros muchos rostros y cada uno de ellos arrastra su historia. Como el mayor Tetley (Frank Conroy), un antiguo confederado, mezquino y sanguinario, obsesionado en hacer duro a su sensible hijo (William Eythe). O el alcohólico del pueblo que sólo se siente parte del grupo en estos momentos sanguinarios. Ese juez pusilánime o ese hombre que vive traumatizado porque vio el linchamiento de su hermano y encuentra consuelo en la religión. O esa chica de saloon que era la chica de los sueños de uno de los vaqueros… que no espera al héroe sino que prefiere abandonar ese pueblo y marcharse bien situada a la ciudad. O el vaquero que quiere vengar al amigo muerto de manera ciega con una insaciable sed de venganza… porque quizá no tenga otra cosa que hacer…

Cuando termina Incidente en Ox-Bow te das cuenta de que apenas has podido respirar. Que te encuentras absolutamente crispado. Cuesta relajarse… Es una joya que no hay que perderse. Nunca olvidaremos Ox-Bow.

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Dos estrenos con alma. Una de ficción y un documental

¿Y si vivimos todos juntos? de Stéphane Robelin ofrece una radiografía sobre la vejez en Europa. Con un final maravilloso y duro a la vez, Robelin ha conseguido que nos encariñemos con cada uno de los miembros de un grupo de amigos que rozan los 75 años y que deciden en un momento dado vivir todos juntos. Recupera además a Jane Fonda para el cine francés magníficamente acompañada por unos actores con química. A través de la relación que establecen los ‘abuelos terribles’ (todos enamorables) con un estudiante (correcto Daniel Brühl), que precisamente realiza su tesis sobre la vejez, se deparan momentos en los que no puedes contener la risa o la lágrima. Siempre recuerdas a tus abuelos o a los propios padres en el duro proceso que es la vejez lleno de luces, sombras y dependencias… pero también un proceso en el que contagian las ganas de vivir con pasión (e ilusionarse por las cosas) y también las ganas de la lucha. Y también se muestra cómo aceptar con valentía momentos tan duros como la propia muerte.

La cueva de los sueños olvidados de Werner Herzog es un original documental en 3D donde el director alemán muestra el universo de la cueva francesa de Chauvet. El director sigue en ese camino de comunión con la naturaleza y la espiritualidad del ser humano… y nos lleva a través de unas pinturas rupestres con más de 32.000 años de antigüedad. De su complejo y quijotesco discurso muchas son las ideas rescatables (y otras rozan el surrealismo)… la belleza de las pinturas nos muestra ya una especie de intento de captar el movimiento y e contar una historia, de orígenes del pre-cine, realmente emocionantes. Herzog también capta el universo peculiar de un grupo de científicos, que cada cual se merece un documental, que se entregan a la investigación de esta cueva de los sueños, intentando recrear o atrapar el pasado y comprender la creación artística y simbólica de hace miles de años.

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Diccionario cinematográfico (181)

Espías: … y los espías se apoderan de la pantalla blanca y nos dejan historias apasionantes. Inolvidables. Es todo un género que ha dejado una ristra de historias inabarcable… El espía es un personaje que sigue en acción. Espías bélicos, políticos, de sistemas totalitarios, espías de la guerra fría, espías entre grandes multinacionales, de los gánsteres, de la policía, de la seguridad de los estados… Espías comprometidos, espías traidores, espías que ya no saben cuál es su papel en la tierra o en qué lado están, espías dobles, espías que quieren dejarlo y no pueden, espías que no conocen otro modo de vida, espías enamorados, otros desengañados, espías de destino trágico, espías aventureros, tristes espías…

La figura del espía me ha venido a la cabeza esta semana por dos motivos. He visto por primera vez, y siguiendo mi búsqueda de filmografías completas de actores que me gustan (una de esa filmografías es la de William Holden), Espía por mandato (1962) de George Seaton. Holden es un espía primero por mandato como indica el título y después comprometido con la causa. Así en un principio estamos delante de una película que parece desenfadada y de aventuras hasta que se va convirtiendo en un relato oscuro y trágico donde todos los personajes se van transformando. Transcurre durante la segunda guerra mundial. Es interesante el papel de la espía interpretada por Lili Palmer, de fuertes convicciones religiosas pero que también alberga un fuerte sentimiento de culpa que acaba con su cuidadoso trabajo… y es el personaje contrapunto que hace cambiar la perspectiva como espía del personaje de Holden. Ambos protagonizan una trágica historia de amor.

Y el segundo motivo es que por enésima vez me han recomendado el visionado de El topo de Thomas Alfredson. Una de mis películas pendientes del año pasado. Espías durante la guerra fría. Pronto cumpliré dicho cometido… verla.

Así que viajemos por el apasionante e inabarcable mundo de los espías.

William Holden ya había vivido el tema de los espías en Traidor en el infierno. Espías en barracones de prisioneros americanos durante la Segunda Guerra Mundial. Informadores de los nazis sobre planes, fugas y otros pensamientos. Esta vez era falsamente culpado de espía traidor en su barracón… y es su lucha por la supervivencia. Por demostrar que es cínico pero no traidor de sus compañeros.

Alfred Hitchcock es un maestro del cine de espías. En su etapa británica nos deja ejemplos emocionantes como 39 escalones, Alarma en el expreso o Agente secreto. Pero después nos deja también, sólo por hacer un mero recorrido, dos grandes joyas del cine de espías… que jamás me canso de visionar una y otra vez. La maravillosa y entretenida Con la muerte en los talones y una obra cumbre Encadenados, de dobles espías y nazis. Damas y caballeros que se pasean por el mundo con su profesión de doble filo, espías.

Un mundo de espías y romanticismo a raudales recorren las películas clásicas como Casablanca, El expreso de Shangai o Mata Hari. Y ese romanticismo sigue vigente en la actualidad, un romanticismo trágico que se desarrolla en escenarios distintos: en la Segunda Guerra Mundial o en los conflictos entre las multinacionales farmacéuticas y países africanos. Me refiero a El paciente inglés de Anthony Minghella o El jardinero fiel de Fernando Meirelles. Y siguiendo ese halo trágico entre medias nos encontramos con El americano impasible (y sus distintas versiones), espías trágicos. Uno por comprometido y otro por desencantado y traidor… los dos como hombres enamorados. El universo del novelista Graham Greene en el cine.

También nos encontramos al espía como icono. El espía con más vida en el séptimo arte. El espía que ha ‘vivido’ distintos rostros y con esos rostros distintas evoluciones del personaje. Sus andanzas comenzaron en los años 60 y aún no han terminado… es el agente 007, con licencia para matar y que trabaja para el servicio secreto británico. El agente 007 ha pasado por rostros que han ido añadiendo piezas a su personalidad: Sean Connery, George Lazenby, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan, Daniel Craig… Y en consecuencia también tenemos sus correspondientes parodias: como Casino Royale en 1967 o más recientemente las parodias del agente con cara de Jean Dujardin como OSS 117 (protagonista de dos aventuras cinematográficas).

En los años setenta en el nuevo cine americano se dio un cine de espías complejo y crítico con el reflejo del mundo. Así surgieron varias joyas del género como La conversación, Los tres días del Cóndor, Marathon man o la más desconocida pero impactante El último testigo… donde el mundo de los espías era algo oculto, oscuro y manipulador del destino del mundo y los ciudadanos o eran héroes que sufrían las complejidades de un mundo conflictivo.

… en el cine actual los espías y topos siguen dando un cine que estremece y que muestra distintas realidades. Así nos perdemos en dependencias policiales y de gánsteres en Infiltrados o Donnie Brasco. O conocemos a fondo a un espía de la República Democrática Alemana en la impresionante La vida de los otros. O entramos de lleno en la interesante y sarcástica burla que realizan los hermanos Coen del espionaje en Quemar después de leer…

Los espías se esconden por todas las esquinas de las pantallas de cine… para saltar en nuestros ojos en cuanto les miremos…

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