Las mariposas son libres

Jill y Don crean su propio universo nada más conocerse.

Hay películas pequeñas y olvidadas que de pronto las ves una tarde y te la alegran. Y eso es lo que me ha pasado con Las mariposas son libres. La película es una adaptación de una obra de teatro de Leonard Gershe, y este mismo escribió también el guion. De hecho parte del equipo repitió aventura en la pantalla blanca (el dramaturgo, el director de la obra de teatro y dos de sus actores). Del escenario de teatro a las salas de cine. Los protagonistas de la película son Goldie Hawn, que se estaba convirtiendo en toda una estrella; Edward Albert, que logró buenas críticas en su primer papel protagonista y que he descubierto que era el hijo de un actor al que tengo gran cariño, Eddie Albert, al que recordaréis como el amigo fotógrafo del personaje de Gregory Peck en Vacaciones en Roma; y Eileen Heckart, una secundaria de lujo, que ganó un oscar por su papel en esta película. Si hablo de los actores es porque en este tipo de películas son la clave, y las conversaciones y las relaciones que establecen entre sí son lo que hacen avanzar la trama. En este caso, los personajes nos conducen por una comedia romántica con alguna lágrima. Y los tres están maravillosos como Jill, una chica de 19 años, divertida y alocada, que en su día fue hippy y con un miedo atroz a atarse y al compromiso; como Don, un joven ciego de 21 años, que trata de vivir su vida e independizarse de su madre y que sueña con ser cantante; y la señora Baker, madre de Don, que no lleva bien el desapego de un hijo al que ha protegido y cuidado siempre y que no querría que sufriera por nada del mundo.

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