Los actores detrás de la cámara (V)

Robert Redford 

Robert Redford conoce como funcionan las buenas historias y ha sido protagonista de varias de ellas desde que apareció en el mundo del cine en los años sesenta. Tuvo claro que no quería ser un rubio bonito más y supo con inteligencia, ambición y buen hacer dirigir su carrera hacia papeles que le han dado fama y prestigio. Su éxito llegó –había protagonizado ya varias películas importantes pero como secundario (recordemos su papel en La jauría humana)– con la comedia Descalzos en el parque (1966), adaptación de una famosa obra teatral.  

Sin duda el personaje que más fama le ha dado ha sido el de hombre aventurero y romántico. Y lo ha repetido innumerables veces y casi siempre muy bien. Aquí van unos ejemplos: Tal como éramos (1973), El gran Gatsby (1974), El mejor (1984), Memorias de África (1985), Íntimo y personal (1996)…Durante los años setenta no había película de prestigio que no lo tuviera como protagonista: Todos los hombres del presidente (1976), El carnaval de las águilas (1975) o Los tres días del cóndor (1975). 

Desde hace años es la cara que dirige el prestigioso festival de Sundance donde cada año se conoce lo mejor del cine independiente americano. Esta aventura la empezó en 1980 cuando creo el Instituto Sundance para apoyar la carrera de nuevos directores. 

Y justo ese año se puso tras las cámaras y se convirtió en un director revelación con una película intimista, Gente corriente. En ella contaba la historia de una familia rota por la muerte de uno de los hijos. Cada uno de los miembros interioriza la ausencia de una manera distinta y existe una gran incomunicación entre ellos que afecta sobre todo al otro hermano que sobrevivió al accidente, un jovencísimo Timothy Hutton. En la ceremonia de los Oscar, Robert Redford recogió su premio a mejor dirección. Fue la película revelación consiguiendo también a mejor actor secundario (Hutton), mejor película y mejor guión adaptado. 

Después, realizó una película que bebía sus fuentes en el realismo mágico y que era un homenaje a su amor en aquellos tiempos, la actriz brasileña Sonia Braga. Un lugar llamado milagro (1988) se convierte en una película curiosa y con momentos poéticos. 

Robert Redford continúa su exitosa carrera como director con películas que funcionan. Sabe contar y sobre todo elegir sus repartos. El río de la vida (1992) da a Brad Pitt un papel que podría haber protagonizado él de más joven. Pitt se convierte en un héroe con un halo romántico y atormentado como los que supo dar su imagen Redford como nadie durante los setenta y los ochenta. La historia funciona. La película muestra la intimista historia de dos hermanos que tienen una filosofía distinta de la vida y un hobby común: la pesca, inculcada por su padre, un pastor protestante. 

Redford vuelve a sorprender en el año 1994, con una película sobre la corrupción, el éxito y el prestigio en el mundo de la televisión. Se trata de Quiz Show, de nuevo, vuelve a elegir un reparto de oro con Ralph Fiennes y John Turturro. La película ambientada en los años cincuenta rescata una anécdota verídica sobre un concursante de éxito en un programa televisivo y muestra la otra cara, la oscura. 

Regresó al romanticismo en el año 1998 y además se dio un papel de los de su pasado. Un hombre solitario, amante de la naturaleza y que susurra a los caballos. Además, ayuda a cambiar la vida de las dos protagonistas. De nuevo, en El hombre que susurraba a los caballos muestra su olfato para los repartos y ahí está Scarlett Johansson en uno de sus primeros papeles importantes y la actriz de moda del momento, Kristtin Scott Thomas. 

El último trabajo que ha realizado, La leyenda de Bagger Vance (2000), vuelve a otra época, a los años treinta. Coge un deporte, el golf. Un héroe romántico y desencantado con la cara de Matt Dammon, un personaje-ángel con el rostro y las maneras de Will Smith y una bella mujer, Charlize Theron…, mezclas todo y surge de nuevo otra historia intimista y clásica que tan bien sabe rodar Redford. 

Parece ser que ya ha rodado su siguiente trabajo –él también interpreta un papel importante–, donde se deja acompañar por Tom Cruise y Meryl Streep y como fondo está la Guerra de Afganistán. Todavía, que yo sepa, no tiene título en castellano. 

 

Milton’s Marilyn

Hay estrellas, sí estrellas, que fueron fotografiadas en todos los momentos de su vida. De algunas podría contarse su biografía a través de imágenes. Una de ellas fue Marilyn Monroe. El archivo fotográfico que circula de esta mujer es interminable. 

Recientemente, en Madrid, creo que hace dos años –a veces me cuesta cuantificar el paso del tiempo, es lo que pasa cuando una se convierte en inmortal–, se realizó una macro-exposición en el Centro Cultural de la Villa de Madrid sobre la artista. Allí se pudieron ver fotografías y obras plásticas que se habían inspirado en la Monroe –o en la mujer de carne y hueso, una solitaria y triste Norma Jean–. 

No sólo de ella, de muchos actores existe una extensa e interesante bibliografía de libros de fotografía que capta en imágenes la vida, historia y películas de sus protagonistas. Algunos fueron fotografiados, o siguen siendo fotografiados, por grandes creadores que cuentan con su cámara para expresar arte. Muchos de estos libros son de editoriales extranjeras. En España, todavía, es mínimo el número de libros de este tipo. Sin embargo, a veces, pueden encontrarse verdaderas joyas de este tipo de publicaciones en librerías especializadas o a veces cuentas con buenos amigos que se acuerdan de ti en los viajes por otros lares. 

Marilyn fue fotografiada por muchos y muchas profesionales de la cámara. Uno de ellos fue Milton Greene, amigo y fotógrafo, que captó como pocos los dos rostros de Monroe.Esta mujer se transformaba delante de una cámara. Se dice que es de las pocas personas que enamoraban al objetivo desde el primer instante. La Marilyn fotografiada era mágica. 

El precioso libro que tengo en mis manos contiene las colecciones de fotografías que realizó Milton Greene mientras estuvo a su lado. Hasta la ruptura tanto profesional como de amistad que les distanció en los últimos años de la actriz. 

Adentrarse en estas fotografías es un hermoso viaje al alma de una mujer bella pero de mirada triste –dicen que ahí reside parte de su secreto–.El encuentro entre ambos artistas se produjo en 1955 y fue un romance idílico entre actriz y fotógrafo. Ella se sintió de carne y hueso en las fotografías de Milton. Miraba sus imágenes, y se reconocía. 

Un libro muy bien editado con interesantes y breves textos que cuentan la relación profesional e historia de amistad entre modelo y fotógrafo. El libro es en inglés –si usted mi querido lector es de los que tienen una batalla interminable con el dominio de este idioma, no se preocupe, merece la pena sólo por las fotografías. Además, es poco texto y siempre puede haber alguien que nos eche una mano en la traducción–. 

Entre las fotografías encontramos la serie de fotografías de una Monroe sonriente y transformada en Cherie, su personaje inolvidable de Bus Stop. La rubia convertida en una patosa chica de saloon que sueña con llegar a Hollywood. A una Norma Jean que disfruta en una piscina o a una bella joven vestida de bailarina, entre sexy y melancólica, a la mujer provocativa y relajada vestida con un traje y pantalón azul sentada en un enorme sillón de mimbre. Una Norma Jean que muestra su sensualidad en una serie en la que se muestra con un sugerente traje rojo o unas fotografías en blanco y negro como si fuera una cabaretera con mucho que mostrar. Esto sólo es un apunte de lo que podemos encontrar.La vida de Marilyn se puede contar en imágenes. Su alma se desnudaba en el objetivo. Al igual que hay fotos que muestran sus buenos momentos, a veces, aflora la Norma Jean triste, angustiada y muy lejana. 

(Milton’s Marilyn, textos de James Kotsilibas-Davis y edición de Joshua Greene, editorial Schirmer Art Books, Munich, 2001)

Los actores detrás de la cámara (IV)

Paul Newman 

Su nombre empezó a sonar en los años cincuenta. Fue uno de los jóvenes airados de Hollywood de la época siguiendo el rastro de Marlon Brando. Sin embargo, pronto consiguió su espacio y protagonizar personajes inolvidables. Dos héroes de Tennessee Williams: el atormentado Brick de La gata sobre el tejado de zinc (1958) o el gigoló de Dulce pájaro de juventud (1962). El boxeador Rocky Graciano en Marcado por el odio (1956) o el joven que altera la vida de una familia del Sur en la adaptación de una novela de Faulkner, El largo y cálido verano (1958). El maravilloso buscavidas de la película que realizó Robert Rossen en 1961 o los entrañables personajes que encarnó en dos películas junto a Robert Redford (Dos hombres y un destino –1969– y El golpe –1973–). Parece ser que pronto volveremos a ver a la mítica pareja, Redford-Newman, en una película.

Paul Newman empezó a dirigir en el año 1968 donde dio el papel protagonista a su esposa Joanne Woodward en Raquel, Raquel. Se puede entender que uno de los principales motivos por los que se puso tras la cámara fue por impulsar y dar buenos papeles a Joanne. Una buena actriz que ha sido muy desaprovechada por la industria. 

Raquel, Raquel tuvo en su momento un buen recibimiento y buenas críticas. Supuso un éxito profesional para la pareja que consiguieron el premio de la crítica de Nueva York a la mejor dirección y mejor actriz por esta película. Joanne consiguió una nominación a los oscar como mejor actriz. La película cuenta la historia de una maestra soltera que vive con su madre y que decide tomar las riendas de su vida. Es una película que está alejada de los circuitos de distribución. De momento, que yo sepa,  no se ha editado en dvd ni ha sido emitida desde hace tiempo en televisión. 

En el año 1972 rueda, de nuevo con su esposa como protagonista, El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas, drama teatral sobre una mujer madura y sus dos hijas. Se trataba de una adaptación de un Premio Pullizer en 1971, Paul Zindel. También, como la anterior, es difícil su visionado. Un año antes había rodado una película que durante los años 80 programaron alguna vez en televisión española, Casta invencible, sobre una familia de leñadores, sus problemáticas relaciones entre ellos y con un entorno social complicado. Sus compañeros de profesión están sufriendo una fuerte crisis económica. El sindicato quiere que todos dejen de trabajar pero esta familia se niega. La película era una adaptación de una novela de Ken Kesey –autor de Alguien voló sobre el nido del cuco– y también trataba el tema de la libertad del individuo. Entre los intérpretes se encontraba el propio Paul Newman, Henry Fonda o Michael Sarrazin. Recuerdo que esta historia me entretuvo y logró emocionarme pero no he vuelto a verla. 

No regresó a la dirección hasta los años ochenta en una película para televisión –que nunca he visto– La caja oscura. De nuevo, su mujer es una de las protagonistas. La historia trata de tres familias que tienen un punto en común: uno de sus miembros se encuentra en una fase terminal de una enfermedad. No puedo dar una opinión porque nunca la he visto. Paul Newman sufre un duro golpe en 1979 cuando uno de sus hijos, Scott (28 años), –de su primer matrimonio– se suicida en un Hotel de Los Ángeles tras ingerir alcohol y barbitúricos. Este hecho parece que es uno de los motivos que le hacen dirigir una película en el año 1984 sobre el enfrentamiento generacional entre padres e hijos, Harry e hijo. 

La última película que dirigió fue en 1987 y fue una adaptación del dramaturgo Tennessee Williams, El zoo de cristal. Yo la recuerdo como correcta y que me sorprendió la interpretación de Karen Allen (la morena protagonista de En busca del arca perdida) como la delicada Laura y de un joven, John Malkovich. De nuevo, su esposa realizaba el papel protagonista, Amanda, la madre. Paul Newman realizaba una dirección correcta y poco arriesgada, centrándose en el trabajo de los actores. 

Diccionario cinematográfico (4)

Censura: Hay censuras ideológicas, económicas, de estados, de políticas, de religiones, de sistemas, de autocensuras, de políticamente correctos… e incorrectos. Hay censuras que impedían e impiden besos y sexo, otras formas de vida, problemas sociales, reflejar realidades u otras realidades, pensamientos, religiones o ideologías… los buenos cineastas, guionistas, actores, productores… los cientos de protagonistas que son capaces de llevar a cabo una película… son aquellos que con mil y un ingenios traspasan cualquier tipo de censura, logran alzar el vuelo con mucha imaginación y ofrecer imágenes inolvidables. 

Sally Bowles: Personaje de novela, después de musical y finalmente cinematográfico… Yo quiero a la Sally-Minelli de ojos enormes, voz potente, uñas verdes, pelo corto, sensible hasta la médula, alocada, creativa, mentirosa compulsiva de buen corazón, amiga de sus amigos, hecha siempre un lío, impulsiva, cabaretera, amante triste, amiga alegre, hija desesperada, creadora de otras realidades, jugadora de la imaginación y de la magia, reina del Cabaret… 

Estrella: Metro Goldwyn Mayer decía  que contaba con más estrellas que en el cielo. Y las estrellas eran las actrices y los actores que de pronto se convertían en iconos culturales, sociales y coloniales… Hoy en día se siguen dando estrellas –aunque el término ha evolucionado–. No son actores, no son personas humanas… son estrellas inalcanzables que protagonizan las historias que atrapan en sus redes a los espectadores. Son los modelos de belleza que rigen moda y modelos de vida y cuya opinión para bien o para mal cuenta. Las estrellas son protagonistas de una vida que nos llama e interesa. Los medios de comunicación nos tienen debidamente informados de la maquinaria y alrededores que mueve la estrella. A veces, la estrella, se estrella o nunca muere. Las hay eternas y efímeras. Aunque siempre estrellas. Las hay divas y sencillas. Las hay inteligentes y tontas. Algunas ganan enteros según más excentricidades vivan y a otras un error no se les perdona. La estrella es imagen. A veces, surge de pronto, pegando un grito, la persona. El actor o actriz que se convirtió en estrella y a veces trata de bajar a la tierra pero no se le comprende. Otras están siempre encantadas con su papel. Hay categorías. La joven promesa… estrella en ciernes, la superestrella actual imprescindible en cualquier película o promoción, y las has been, la estrella de ayer, que a veces brilla y otras se apaga lentamente en el olvido. 

Los actores detrás de la cámara (III)

Kevin Costner Despacito y con buena letra, Kevin Costner estaba conquistando su reputación como actor y sex symbol en los años 80. De pronto, cambia la década y sorprende cuando decide ponerse tras las cámaras. Revive el género del western y ofrece un blockbuster llamado Bailando con lobos (1990).

De sus trabajos como actor, yo me quedo con el Kevin Costner de Un mundo perfecto (1993) pero el papel de Butch Haynes no le dio el éxito. Haynes es un peligroso e inteligente asesino que toma como rehén a un niño de seis años, Philip, entre los dos se establece una relación de admiración, cariño, amor y ayuda mutua. Ahí, Kevin Costner me cautivó. La única vez. Supo mezclar como nadie el papel de asesino duro y peligroso, sin piedad, y el hombre que nunca tuvo cariño ni suerte, dulce y comprensivo con un niño de seis años con mucho miedo a la vida y al mundo adulto.

Sus papeles más populares fueron El guardaespaldas (1992), JFK (1991) y Robin Hood (1991). Se le empezó a considerar estrella durante su interpretación en Los intocables de Eliot Ness (1987). Actualmente, anda de capa caída, sigue estrenando películas que funcionan más o menos…

Sin embargo, volvamos a 1990 y a Bailando con lobos. Retomando la estela que dejó en 1970 Pequeño gran hombre de Arthur Penn, Kevin Costner dirigió una historia donde se daba otra imagen de los indios. Aquí no son los malvados y los colonizadores los buenos que tienen que enfrentarse a ellos. Cambian los papeles. Da la vuelta a la Historia. Y se acerca, de una manera más clásica, al sufrimiento del pueblo indio que sucumbió al exterminio y al ataque a su forma de vida.

La película narra la historia de un oficial de la Armada americana que se convierte en un héroe durante la guerra civil. Al final de la contienda se le envía a un puesto fronterizo en el oeste. Un espacio desértico pero pronto descubre que no está solo. Cerca vive una tribu de indios sioux, poco a poco, el protagonista al que sus nuevos vecinos bautizan como Bailando con lobos, se va acercando a su forma de vida. Los indios y el oficial se respetan. Pronto, conoce a una mujer blanca, que fue raptada cuando era una niña, y vive entre los sioux. El protagonista verá como llega, a las tierras de los sioux, su ejército y deberá tomar la decisión de si sigue al lado de los indios, sus vecinos, o de si recoge las intenciones de destrucción de sus compañeros.Costner realizó un western majestuoso y espectacular donde plasma todos los ingredientes de una película del oeste: batallas, cacerías, historia de amor, paisajes y llanuras inolvidables, una música adecuada… La película obtuvo siete oscars y su director llegó a lo más alto.

Después, Kevin Costner dirigió dos superproducciones de ciencia ficción que fracasaron estrepitosamente y le condujeron prácticamente a la ruina. Su estrella se desinflaba. Los despropósitos fueron Waterworld (1995) y Mensajero del futuro (1997) que servidora ha sido incapaz de ver por el sopor y el aburrimiento que la abrumaban en cada pase televisivo.

Sin embargo, Costner en 2003 volvió a apostar por un western crepuscular y acertó. Sin duda es su género. Open Range no le devolvió el éxito pero sí le situó de nuevo como un buen narrador clásico con una historia del oeste de las de siempre. Kevin Costner es el solitario Charley Waite. Vive con un grupo de hombres que como él tratan de dejar atrás el pasado. Se dedican a andar libres por las praderas guiando al ganado. Sin embargo, en una visita a una ciudad de la frontera donde la corrupción y la tiranía son las principales protagonistas, nuestros héroes tienen que cambiar sus vidas y pasar a la acción. No falta la chica del Oeste, la vital y alegre Sue Barlow. Los personajes son clásicos: el desencantado y solitario, el maduro experimentado, el joven impulsivo, el buen compañero pero algo torpe… mucha acción, violencia en la frontera y una buena historia de amor. ¿Alguien da más? 

Dos en la carretera (1967) de Stanley Donen

Hoy estoy exageradamente romántica. De pronto, me ha venido a la cabeza una melodía. Y mi cabeza ha recordado Dos en la carretera. Una película atípica de un director plenamente relacionado con el cine musical, Stanley Donen, pero que a partir del definitivo desmantelamiento del sistema de estudios en los años sesenta realizó sus películas más personales y se alejó del género del que era buen artesano y creador.  

Dos en la carreta no es superproducción, no es ni made in Hollywood ni made in nuevas corrientes europeas. Dos en la carretera se detiene en el tiempo. Es atemporal. Algunos dicen que narra la desintegración de un matrimonio burgués, yo, sin embargo, siempre la he vivido como una gran historia de amor. Amor y el paso del tiempo. Unos ingredientes indispensables en esta bella road movie por carreteras francesas. 

Los espectadores nos volvemos testigos de la relación privada a lo largo de los años de Joanna (Audrey Hepburn, en una interpretación llena de matices, superlativa) y Mark (un Albert Finney que nos recuerda lo divertido que es estar al lado de alguien vital con una sonrisa hermosa y comportamientos de Peter Pan). 

Pasión, diversión, aburrimiento, egoísmos, desencantos, infidelidades, regreso, conversaciones, discusiones, anécdotas, aventuras, momentos bellos, momentos tristes, desengaños, perdones, regresos, idas y venidas… ¿quién no vive todas estas cosas al lado de las personas que más quiere? Para al final darnos cuenta de que a veces estamos inexplicablemente unidos a una persona a la que queremos tal y como es, con sus virtudes y defectos. Y aunque a veces querríamos estar lejos o dejarlas, sin mirar atrás, de pronto, siempre nos damos cuenta de que sería más insoportable una vida sin ella, sin esa persona a la que amamos. 

Mark y Joanna, con sus coches distintos y sus viajes en distintas épocas, en esta película puzzle –pero tan bien construida gracias al guión de Frederic Raphael– y siempre acompañados por la melodía de Henry Mancini, nos devuelven la radiografía de dos personas –en este caso, un hombre y una mujer– que se unen por lazos inexplicables.

Noodles besa a Deborah

Hoy viajamos hasta el año 1984, año de estreno de una de las películas más bellas de esa década –y que logra un puesto importante entre las maravillas cinematográficas de la historia del séptimo arte. Sí, me voy a poner en plan exagerada porque la cinta lo merece–: Érase una vez en América de Sergio Leone. 

Una película que narra los recuerdos de un hombre complejo, Noodles, desde su adolescencia en los años de la prohibición del alcohol en Nueva York hasta su presente. Un recorrido nostálgico a través de una banda de gángsteres. Niños y adolescentes que empiezan a trabajar para la mafia para después convertirse ellos mismos en mafiosos en un mundo de violencia y corrupción donde se mueven como pez en el agua. Porque todos son supervivientes. Érase una vez en América representa los años 20, 30 y 60 donde el paso del tiempo es evidente en los protagonistas y en los ambientes. 

La película está narrada a través de flash back y las transiciones entre presente y pasado son un alarde del director romano –rey del spaghetti-western– que dejó una excelente obra póstuma. Ayuda un excelente casting de actores, la sobrecogedora música de Ennio Morricone, la fotografía de Tonino Delli Colli  y el guión perfecto de más de seis guionistas incluido Sergio Leone. 

Érase una vez en América es un canto y un homenaje al cine americano de gángsteres, al paso del tiempo, a la nostalgia, a la amistad, a la ambición, al culto al poder, a la traición, a los amores imposibles…  

La secuencia: me quedaría con muchísimas secuencias de esta película pero sobre todo con todas las escenas que narran la adolescencia e infancia de los protagonistas. Si tengo que elegir una me traslado a esos años 20 cuando un Noodles, adolescente, besa al amor de su vida, Deborah (primer papel cinematográfico de Jennifer Connelly). 

Noodles ama a la hermana de su amigo Moe. Cuando tiene oportunidad se esconde en el retrete del bar familiar de Moe y Deborah y observa como la niña baila al son de un viejo disco donde suena Amapola. Ella se sabe observada. Coquetea, baila y se desnuda porque se sabe deseada. 

Entonces ocurre el momento mágico. Ella le reclama, le llama, Noodles acude y se sienta a su lado. En la soledad de la sala, ella le hace una hermosa y particular lectura del Cantar de los Cantares. Deborah le habla de su ambición, ser artista, y que lo que quiere es un hombre triunfador. Le mira y le da la clave –con malicia y ternura– para alcanzarla. Finalmente, los dos niños se besan. El momento mágico lo rompe, el amigo, Max. Silba a Noodles, tienen que repartirse el dinero de un trabajo. Y ahí reside el error del protagonista, elige acudir tras el silbido de Max. Deborah sabe que aunque Noodles podría ser el hombre de su vida, no va a ser aquél que la siga en sus sueños y ambiciones.  

 

Crítica Venus

La Venus del espejo de Velázquez es la única obra del autor donde pinta a una mujer desnuda. Un hermoso cuadro del siglo XVII donde realiza un canto hermoso al cuerpo femenino, a lo prohibido, al deseo…

Maurice (Peter O’Toole) y Jessie (Jodie Whitakker) visitan el National Gallery de Londres para admirar el cuadro. Para Maurice, la adolescente maleducada y pueblerina se convierte en su Venus particular. En la mujer inalcanzable.

Venus de Roger Michell y del guionista Hanif Kureishi es un canto a la melancolía (ambos ya trabajaron juntos en The Mother. Y el director logró un éxito de taquilla con la comedia romántica Notting Hill en 1999). Una película incómoda por lo triste.El protagonista es un decadente y anciano Peter O’Toole al que el tiempo le ha pasado factura. Un actor de ayer que ahora pasea su vejez por pequeñas producciones o teleseries para seguir sobreviviendo. Un seductor nato que siente como el primer día. Conoce todas las fórmulas para seducir y amar a una mujer pero el cuerpo ya no le responde…y vuelve a sentirse vivo, a desear, a enamorarse de un cuerpo joven.

Y es triste porque Maurice es Peter O’Toole, aquel que en sus años mozos fue bello y joven. El actor irlandés rubio y de ojos azules que hacía suspirar como Lawrence de Arabia o reír en Qué tal, Pussycat. Maurice es Peter o Peter es Maurice. Y duele. Además, ambos son grandes actores.

Jessie no ve al seductor. Tan sólo a un anciano que suspira por seducirla. Que la hace sentirse una mujer hermosa, una Venus. Pero Jessie es brusca, ignorante e inexperta y aunque le hace sentirse segura, mujer deseada, para ella no deja de ser un hombre demasiado mayor como para amarle como hombre… Y por eso muchas veces es cruel. Aunque, al final, se arrepienta o mejor dicho, comprenda.Venus es una radiografía dura sobre la vejez con momentos hermosos pero demasiado humanos. Maurice siente como la vida se le va de las manos. Y no quiere. Se aferra a la belleza, a la seducción, a las palabras hermosas, a cultivar la amistad con sus viejos amigos –un encantador y dulce Leslie Phillips–, a cuidar y dejarse cuidar por la mujer que le amó en el pasado sabiendo de infidelidades –una superlativa Vanesa Redgrave–… Maurice se niega a dejar los placeres de la vida pero su cuerpo no responde y eso le produce dolor.

Se encienden las luces y sales de la sala de cine con ojos tristes porque la vida pasa y cuando ya no te das cuenta te descubres mayor. 

Los actores detrás de la cámara (II)

Kenneth Branagh

Henry V (1989) supuso una sorpresa del cine británico y el descubrimiento de un nuevo fanático shakespeariano: Kenneth Branagh. No sólo ofrecía su interpretación sino que se ponía tras las cámaras y además descubría para todos a su pareja de ese momento: Emma Thompson.  Enrique V era un personaje querido por el entonces joven Branagh. Ya en teatro fue muy celebrada su interpretación cuando tan sólo contaba 23 años y trabajaba en la Royal Shakespeare. También, conocía perfectamente otras fuentes cinematográficas sobre este personaje shakesperiano: Enrique V (1944) de Laurence Olivier y Campanadas a medianoche (1965) de Orson Welles. El director británico moldea sus conocimientos y fuentes y realiza una intuitiva e inspirada interpretación de este personaje. 

Después, se decanta por un extraño thriller, Morir todavía (1991), que no es muy recordado y no he tenido la oportunidad de ver. Leyendo críticas y análisis de este film, se intuye que fue un divertimento del autor en el cual homenajeaba a Hitchcock y de nuevo a Welles, al cine de los años 40 y dejaba ver una tímida influencia de la comedia de oro (screwball comedy).  Al año siguiente dirige una comedia por la que siento especial cariño: Los amigos de Peter (1992). Trata sobre la amistad, sobre reencuentros, sobre el paso del tiempo, sobre las distintas generaciones, sobre los años ochenta, sobre los miedos y los sentimientos, sobre la enfermedad plaga del siglo XX, el Sida… sobre…Quizá no sea un argumento original ni se muestre que Branagh sea un mago de la dirección o de la originalidad pero sabe llegar al público. Los actores –donde se encuentra el propio director– saben escenificar la amistad. Y a lo largo de la historia, vas comprendiendo y conociendo a cada uno de los personajes. Al final, les quieres. Conozco a un montón de personas que se sienten identificados con este grupo de amigos, especial. 

Kenneth Branagh regresa al universo de Shakespeare y rescata una de sus comedias: Mucho ruido y pocas nueces (1993). De su inteligente y divertida adaptación destaca la alegría y las ganas de vivir que logra transmitir. En su estreno me llamó la atención la luminosidad de sus imágenes, lo divertido de las situaciones, la buena construcción y caracterización de cada uno de los personajes… Además, nos regala un duelo interpretativo con su compañera Emma Thompson, los dos protagonizan los diálogos más divertidos como Benedicto y Beatriz. El director británico continúa con las adaptaciones y esta vez se mete en la mente de Mary Shelley y su Frankenstein. No fue muy bien recibida esta nueva incursión a un mundo literario diferente. Frankenstein (1994) pasó sin pena ni gloria. A mí me aburrió y no me llegué a meter en la historia. 

A partir de ese momento, Branagh se ha movido en el mundo del cine a través de Shakespeare. Lo conoce y lo demuestra una y otra vez. Su popularidad se ha deshinchado pero no ha dejado de ofrecer un universo shakesperiano muy interesante. En lo más crudo del crudo invierno (1995) recrea el amor que siente por el teatro y por los actores. Cuenta, en clave de comedia, los esfuerzos de un grupo de actores para poner en marcha Hamlet. El casting de ficción no puede ser peor pero entre seis actores levantarán una obra de veinticuatro personajes en una vieja iglesia. Todos aprenderán de sí mismos, del teatro y de la importancia de amar y de apasionarse con lo que se hace. Después emprende un proyecto ambicioso. Una adaptación muy personal de Hamlet (1996). El director se rodea de un elenco de estrellas y monta una superproducción donde interpreta un Hamlet muy especial. Acerca al espectador de hoy, el Hamlet clásico. En la adaptación, respeta el texto original pero no el fondo histórico ni la puesta en escena. Trasporta al espectador del medievo al siglo XX y crea a personajes con los que nos podemos identificar y entender. Branagh entiende a Shakespeare que hacía un teatro para que llegara a todo el mundo. Él sigue universalizando los textos del gran dramaturgo a un lenguaje cinematográfico y al siglo XX porque para el realizador, Hamlet: “Es una historia de fantasmas y también una película de suspense, pero, sobre todo, una tragedia de fuerte contenido emotivo. Tiene también sus cargas de maldad y, espero que, finalmente, constituya un gran entretenimiento”. 

Otra película, a la que tengo gran cariño, es Trabajos de amor perdidos (2000). De nuevo el realizador acerca el universo de Shakespeare con una fórmula especial. Adapta una de las obras más desconocidas del dramaturgo y se empapa del cine musical y de las canciones más hermosas de Cole Porter y George Gershwin. De nuevo, crea una obra vital y un canto a los años 40 con una obra de Shakespeare. Hacía tiempo que no sabíamos nada del realizador –salvo algunas apariciones en producciones como actor–, las últimas noticias fueron sus paseos a distintos festivales con su cortometraje Listening (2003), otra adaptación cinematográfica de la obra shakesperiana Como gustéis (2006) y un espectáculo musical que lleva a las pantallas La flauta mágica de Mozart. Ninguna de ellas se ha estrenado en las salas comerciales de nuestro país o por lo menos yo no me he enterado. La flauta mágica inauguró el Festival de cine europeo de Sevilla 2006.  

Diccionario cinematográfico (3)

Fotogenia: Don misterioso que poseen sólo unos pocos rostros elegidos al ponerse frente a cualquier tipo de cámara. ¿Cómo entender el brutal encanto de Marlon Brando, el rostro de diosa de Greta Garbo, los mil sentimientos de Michelle Pfeiffer o los ojos atormentados de Jeff Bridges? 

Musical: De pronto, Gene Kelly se pone a cantar bajo la lluvia, Cyd Charisse se convierte en la habitante más encantadora de Brigadoon, los siete hermanos secuestran a base de danza a siete hermanas, María y Tony se enamoran en el West de New York en un baile de gimnasio, Satine canta la canción secreta de un amor para siempre a su escritor bohemio… Siempre podemos aprender claqué con el elegante entre los elegantes, ¡quiero a Fred Astaire!; Judy Garland me cuenta los secretos del arcoiris, el profesor Higgins me enseña a hablar un correcto inglés mientras Marlon Brando me lleva a Cuba para cantar nuestro amor, Sally Bowles me dice al oído el secreto de sus uñas verdes y John Travolta me aburre con su baile chulesco para conquistar a Sandy, aprendo lo que es sudar a salto de Fama y entiendo que el espectáculo debe continuar aunque no me pueda quitar mis zapatillas rojas…