Crítica Venus

La Venus del espejo de Velázquez es la única obra del autor donde pinta a una mujer desnuda. Un hermoso cuadro del siglo XVII donde realiza un canto hermoso al cuerpo femenino, a lo prohibido, al deseo…

Maurice (Peter O’Toole) y Jessie (Jodie Whitakker) visitan el National Gallery de Londres para admirar el cuadro. Para Maurice, la adolescente maleducada y pueblerina se convierte en su Venus particular. En la mujer inalcanzable.

Venus de Roger Michell y del guionista Hanif Kureishi es un canto a la melancolía (ambos ya trabajaron juntos en The Mother. Y el director logró un éxito de taquilla con la comedia romántica Notting Hill en 1999). Una película incómoda por lo triste.El protagonista es un decadente y anciano Peter O’Toole al que el tiempo le ha pasado factura. Un actor de ayer que ahora pasea su vejez por pequeñas producciones o teleseries para seguir sobreviviendo. Un seductor nato que siente como el primer día. Conoce todas las fórmulas para seducir y amar a una mujer pero el cuerpo ya no le responde…y vuelve a sentirse vivo, a desear, a enamorarse de un cuerpo joven.

Y es triste porque Maurice es Peter O’Toole, aquel que en sus años mozos fue bello y joven. El actor irlandés rubio y de ojos azules que hacía suspirar como Lawrence de Arabia o reír en Qué tal, Pussycat. Maurice es Peter o Peter es Maurice. Y duele. Además, ambos son grandes actores.

Jessie no ve al seductor. Tan sólo a un anciano que suspira por seducirla. Que la hace sentirse una mujer hermosa, una Venus. Pero Jessie es brusca, ignorante e inexperta y aunque le hace sentirse segura, mujer deseada, para ella no deja de ser un hombre demasiado mayor como para amarle como hombre… Y por eso muchas veces es cruel. Aunque, al final, se arrepienta o mejor dicho, comprenda.Venus es una radiografía dura sobre la vejez con momentos hermosos pero demasiado humanos. Maurice siente como la vida se le va de las manos. Y no quiere. Se aferra a la belleza, a la seducción, a las palabras hermosas, a cultivar la amistad con sus viejos amigos –un encantador y dulce Leslie Phillips–, a cuidar y dejarse cuidar por la mujer que le amó en el pasado sabiendo de infidelidades –una superlativa Vanesa Redgrave–… Maurice se niega a dejar los placeres de la vida pero su cuerpo no responde y eso le produce dolor.

Se encienden las luces y sales de la sala de cine con ojos tristes porque la vida pasa y cuando ya no te das cuenta te descubres mayor. 

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