La escafandra y la mariposa (Le scaphandre et le papillon, 2007) de Julian Schnabel

Imaginación, memoria y escritura. Son los ingredientes con los que Jean Dominique Bauby contó para poder salir de su escafandra y viajar y volar como mariposa. 

Bauby era un hombre de éxito, editor jefe de la revista francesa Elle, que sufrió una embolia en 1985 con consecuencias irremediables: queda aquejado de una extraña secuela, el síndrome de cautividad. Este síndrome le produjo la inmovilidad total y absoluta de todo su cuerpo excepto del parpadeo de uno de sus ojos. Bauby se aferra a la vida gracias a la escritura a través de un código que le diseña una profesional del hospital donde se encuentra. De esta manera escribe todo un éxito literario: La escafandra y la mariposa. 

El artista, pintor y director Julian Schnabel toma el reto de adaptar esta especie de memorias, reflexiones y literatura desde el interior de Bauby y crea una hermosa película a partir de un buen guión de Ronald Harwood. 

Y no lo cuenta a manera de biopic facilón sobre espíritu de superación y lágrimas para el espectador. Crea poesía cinematográfica. Schnabel, su guionista y director de fotografía (Janusz Kaminski) cuentan esta historia desde el punto de vista de Bauby, desde su ojo que parpadea (sobre todo la primera parte) y desde su cabeza pensante. E irremediablemente la película te atrapa desde el primer instante. Bauby invita a sus recuerdos, a sus fantasías y a sus sentimientos, que por suerte no se encuentran cautivos y le aferran de alguna manera a la vida. 

El editor reflexiona y, con la ayuda de su familia (ex mujer e hijos y su padre), sus amigos, el personal médico y la mujer que le ayuda a redactar el libro, logra crear una obra literaria que le permite volar de su cuerpo que lo mantiene cautivo. No olvidar, que a pesar de las circunstancias, el Bauby cinematográfico siempre conserva el sentido del humor, algo que también le aferra a la vida y le sirve para ver su situación desde otras perspectivas. 

Schnabel proporciona imágenes hermosísimas, oníricas, y otras más realistas. Unos personajes que cautivan y los actores ofrecen unas interpretaciones que emocionan. Desde su protagonista, el actor francés Mathieu Amalric, hasta un veterano y tremendamente emotivo (sus escenas dejan un nudo en la garganta) Max Von Sydow que hace de padre de Bauby. Max realiza una interpretación dolorosa e increíblemente tierna en los pocos minutos que aparece. 

La mayoría de los personajes que apuestan por que Bauby lleve a cabo su obra son mujeres. Mujeres interpretadas por actrices francesas como Emmanuelle Seigner, Marie-Josée Croze o Anne Consigny. Todas ellas le aportan un lazo y un motivo para seguir adelante (su ex mujer, las profesionales del hospital, la mujer que le ayuda a redactar el libro, su amante ausente…). Son mujeres oníricas, de ensueño. Mujeres desde su síndrome de cautividad. Tiernas, dulces y luchadoras que echan ese lazo o cuerda para que Bauby sea mariposa.

Mi nombre es Harvey Milk

Aquí estoy. Tratando de ver todas las películas que han sido nominadas a los oscar. Y voy a ver la última de mi adorado y defendido Gus Van Sant, Mi nombre es Harvey Milk. Y salgo contenta porque Gus me va. Me gusta su manera de narrar en imágenes. Sus películas me llegan (vayan por el camino independiente, vayan por el terreno comercial o una las dos tendencias como en esta película, Gus me va). 

¿Qué hace el bueno de Gus? Toma un personaje histórico, no muy conocido, y realiza un biopic con todos los ingredientes de un biopic pero además emplea su manera de narrar cinematográficamente. Y entonces crea una buena película que además habla sobre la lucha de la consecución de derechos civiles por parte del colectivo homosexual (y aquí en plena actualidad con todo el tema de familias y nuevas familias y matrimonios homosexuales y la defensa de la familia tradicional…, Milk es de los años setenta pero en pleno siglo xxi su activismo todavía habría sido activo). 

El bueno de Gus no sólo emplea esa forma de hacer cine que parece que todavía carga él mismo y sus técnicos con una cámara 8mm. No sólo realiza un montaje con ritmo y genial para contar la historia de su protagonista o mezcla de manera coherente imágenes de archivo e imágenes de ficción sino que se rodea de un reparto de quitarse el sombrero. Y es que todos están geniales (bueno, todos menos un descolocado Diego Luna que para decir la verdad a lo mejor no está tan mal porque su personaje también está descolocado y siempre al margen). 

Milk es un Sean Penn arrebatador y carismático. Ni más ni menos. Genial como activista homosexual y como político pero también excelente como ser humano, como hombre en su intimidad. Y uno de los aspectos que más me fascinó de Mi nombre es Harvey Milk fue sin duda la historia de amor con Scott. Desde el primer encuentro en el metro hasta la última conversación telefónica que mantienen juntos. Y aquí viene uno de los descubrimientos para servidora en esta película, el otro, Scott es interpretado por un bellísimo (me dejó sin palabras) James Franco que borda su papel. 

Otro buen personaje, sin duda, es el joven adolescente que se une a la campaña y lucha de Milk. Un personaje con fuerza muy bien llevado por un jovencísimo Emile Hirsch (protagonista de la última película que dirigió Penn, Hacia rutas salvajes). También me encantó la relación que se establece entre Milk y otro compañero (y pieza vital del biopic) en política, un concejal que piensa totalmente de manera diferente, Dan White (un siempre acertado e inquietante Josh Broslin… ¡¡¡cómo me gustó y enamoró en No es país para viejos!!!). 

Mi nombre es Harvey Milk apunta al corazón del espectador, como es habitual en los biopic, es decir, presenta de manera atractiva al hombre que va a ser biografiado. Presenta su causa. Los acontecimientos que marcan su vida y plasma su lucha (con las dosis convenientes de emoción, mensaje y lágrimas en su tramo final —que probablemente es lo que más me chirrió y lo que menos me agradó—)…, pero todo bajo la siempre especial mirada y lente de Gus Van Sant que hace de un género no muy dado a obras maestras, una película interesante.

El día de la langosta de Nathanael West (Backlist, 2008)

El autor murió al día siguiente de su amigo Francis Scott Fitzgerald… en un accidente de coche, tenía 37 años. Durante su corta y azarosa vida conoció en sus últimos años las dos caras de Hollywood. La de las estrellas, grandes directores y estudios y la de los sueños rotos, de aquellos que no llegan, que viven al lado del éxito y no pueden ni rozarlo. 

Y son los sueños rotos los que moldea el escritor para vomitar una novela triste y desesperanzadora donde las haya con personajes con el corazón destrozado que nunca tocarán la gloria de un Gary Cooper sino que siempre serán una sombra de desgracias. 

El día de la langosta fue escrita en aquellos años treinta. Momentos de gloria y de películas inolvidables. Momentos de crisis. Es una novela de entreguerras con toda la melancolía posible derramada en cada una de sus páginas. 

Y capta a esa ciudad y esa zona que se llama Hollywood (Los Angeles) pero la otra cara, no la del glamour sino la del actor de variedades que muere poco a poco en el olvido, siempre actuando, aún estando enfermo o su hija, una joven con ambiciones de ser algo más que una extra, que juega y se rompe y se cae, cruel y locuela, frágil e indefensa con hombres-presa a su alrededor a los que ella trata de dominar, que siempre termina flotando. 

O la historia de un escenógrafo que se va abriendo camino  en Hollywood, ya desencantado pero que va como si la dolce vita se le escapara a cada minuto. Y conoce a un guionista de éxito, y se enamora o mejor dicho desea a la hija del actor de variedades, y conoce a todo un grupo variopinto de personas. Y deambula por escenarios de cine y grandes melodramas o por escenarios reales que le hacen analizar, así de pasada, el mundo en el que vive. De vez en cuando se muestra cuerdo y sensible. Un día va a una casa de citas de lujo con película pornográfica incluida –donde van a parar muchas extras que de momento no alcanzan sueños o pequeño papel con frase de estrella— y otra va a un garaje con un cowboy venido a menos, un mexicano que organiza peleas de gallos o un enano que refunfuña cabreado con la vida. 

El día de la langosta te rompe el corazón, te lo desgarra, con un personaje monótono, gris, buena persona, que se encuentra en su camino (él tan sólo abandona su mecánica vida de contable en un hotel en otra ciudad por razones de salud) a todos los personajes antes descritos. Y si antes había sido insensible a los sentimientos, ahora el contable se los mete en vena y no sabe manejarlos. Y no son sentimientos todos ellos bondadosos son sentimientos que le resquebrajan. Te rompe el corazón porque es un personaje que trata de abrirse, de dejar de ser gris, pero cuando sale, le destrozan sin ninguna compasión. Como en las peleas de gallos. ¡¡¡Pasen y pisoteen!!! Pasen y pisoteen, ¿quién saldrá a flote? El enano cabrón, el cowboy estúpido, el escenógrafo filósofo o el contable gris… 

Sumergirse en El día de la langosta es sumergirse en otros años 30, en otro Hollywood que no es el dorado. Y es un viaje triste pero merece la pena.

La comedia de la vida (Die Dreigroschenoper, 1931) de Georg Wilhelm Pabst

Sorpresas te da la vida. Sorpresas te da el cine. Voy a hablar en calidad de espectadora. Aviso sin ser experta del cine de Pabst (aunque hace tiempo me encantó una de sus películas con Louise Brooks), ni del teatro de Bertolt Brecht, ni de la época que cinematográficamente fue riquísima durante la Alemania de la República de Weimar, y tampoco del marxismo…, ha sido todo un descubrimiento La comedia de la vida que es una adaptación de la famosa Ópera de cuatro cuartos de Brecht.

Una sorpresa de las buenas. La comedia de la vida es una película de escenografía, ambientes, rostros y canciones increíble. De imágenes que se te graban en la retina.La boda en un almacén abandonado, la novia cantando una canción picante ante una banda de maleantes, el bar donde se conocen los novios, las calles en penumbra, el músico ambulante que hace de narrador, la casa de putas, el local donde el padre de la novia organiza y explota a los más pobres entre los pobres, los vagabundos y mendigos de la ciudad (los divide por categorías)…, no hay respiro.

La película además muestra un mundo en el que los probres van a seguir explotados y en la oscuridad y el nacimiento del capital es a manos de un policía corrupto, un explotador de seres humanos y una banda de mafiosos y ladronzuelos… ¡¡¡Guau!!!

Además, la película cuenta con la interpretación de la mítica cantante y actriz Lotte Lenya en el papel de la prostituta Jenny que fue famosísima por la manera que tenía de cantar y que fue musa del compositor Kurt Weill (autor de las canciones de la obra y la película).

Por otra parte, me vino a la cabeza con todas las escenas de los sin hogar, los delincuentes y las prostitutas (los rostros y los ambientes) otra película maravillosa del mismo año que me encanta: M, el vampiro de Düsseldorf de Lang.

Lo del marxismo va porque Brecht según fueron pasando los años y con la adaptación cinematográfica fue metiéndose más en la ideología comunista. Y a lo largo de los años fue modificando la obra original. Y no se mostró de acuerdo con Pabst en ciertos puntos. Se terminó desligando. Sin embargo, el montaje y adaptación de la película, que quedó en manos del director cinematográfico da una coherencia a la obra muy acertada y una crítica radical genial al capitalismo. Fue una de las películas prohibidas en la Alemania nazi. No se pudo proyectar con normalidad hasta los años cincuenta.

Y va de curiosidades cinéfilas

Y hoy va de curiosidades cinéfilas.

Si un día paseais despacio por el centro de Madrid, buscad la calle Carrera de San Jerónimo a la altura del número 32, junto a la famosa Casa Mira (por sus turrones). Ahí vereis una placa que pone: “En conmemoración de los cien años de la primera sesión de cine pública celebrada en este mismo lugar el 14 de mayo de 1896. Asociación Cien años de cine. Ayuntamiento de Madrid. 14 de mayo de 1996”.

¿Sabéis que sin duda estaba predestinada a mi pasión cinematográfica? El cumpleaños de Hildy es el 14 de mayo y no os digo el año (que al ser inmortal me da vergüenza que sepáis mi edad real).

También, si vivís en Madrid o por casualidad os encontrais por sus calles os recomiendo encarecidamente la visita a una exposición increíble en el Teatro Fernán Gómez (lo que era el Centro Cultural de la Villa en la Plaza Colón) sobre el escenógrafo checo Josef Svoboda, uno de los impulsores del proyecto Linterna Mágica de Praga. Un escenógrafo que jugaba con los espacios, las luces, las sombras y las proyecciones cinematográficas creando unas ambientaciones increíbles para obras de teatro u Óperas.

El montaje de la exposición es absolutamente impecable, hermoso… y como amante del teatro y el cine para mí Svoboda ha sido todo un descubrimiento (murió en el año 2002). Me encanta porque realmente pone sobre la mesa un tema interesante y para estudiar intensamente y es esa relación maravillosa entre teatro y cine o cine y teatro. Se puede visitar hasta el mes de febrero. ¡¡¡Merece la pena!!!

La dedicatoria de Groucho Marx

La editorial Edhasa realizó una serie de libros preciosos (colección diamante) para celebrar su 60 aniversario y entre ellos estaba Memorias de un amante sarnoso de Groucho Marx que adquirí hace unos poquitos días. La dedicatoria ya es un tesoro del humor siempre cínico y peculiar de Groucho:

«Este libro fue escrito durante las prolongadas horas que pasé aguardando a que mi esposa acabara de vestirse para salir. En este sentido, si nunca se hubiera puesto nada encima, jamás se habría escrito este libro.»

¿A que ya apetece leerlo? 

Diccionario cinematográfico (88)

Abuelos: guardo recuerdos entrañables de mis abuelos. Guardo sus olores, sus manos, la forma de sus caras, sus palabras…

Sus historias.

Sus vivencias.

No es ninguna tontería, ni tópico alguno, cuando se dice que los abuelos tienen un tesoro: sus experiencias.

El cine también ha creado abuelos inolvidables.

Umberto D, solitario con su pequeño perro.

Dos abuelos en un estanque dorado.

Una abuela con muchas historias que contar… y con ganas de dar su receta de tomates verdes fritos.

En Novecento, la primera parte es rica en matices gracias a dos abuelos muy distintos. Lo que no se puede negar es que ambos tienen una relación especial con sus nietos.

El padrino con cara de Marlon Brando también es abuelo y su final es tranquilo, nada que ver con su vida de mafia…, vuelve a ser niño con su nieto. Y su vida termina, jugando.

Nos desarman esos abuelos tiernos a los que los momentos duros les afectan más…,  ¿recuerdan los rostros y la muerte de los abuelos de la familia Joad en esa maravilla de Ford, Las uvas de la ira?

O que me dicen esos abuelos maravillosos, con o sin memoria, de El hijo de la novia. Los recuerdos, siempre los recuerdos.

Tampoco, puedo dejar de nombrar al abuelo ilustre que aparece en La familia, del que conocemos toda su vida. O esas tres tías abuelas solteronas que nos hacen reír y llorar.

Y para abuelos inolvidables, para comérselos, se puede acudir a esa mujer que canta, que ya es pasado, esa tía abuela de Los muertos.

O esos cuatro abuelos postrados en la cama, con sus camisones y gorrillos, a lo Tim Burton, que los quieres para tu habitación, que desean que su Charlie consiga su papel dorado para entrar en la fábrica de chocolate.

¿O qué me dicen de esa danza bajo la nieve y la noche que realizan abuelos austeros después del festín de Babette?

Yo, Fatty de Jerry Stahl (Anagrama. Panorama de narrativas, 2008)

No saben lo que he disfrutado con la lectura de la novela de Jerry Stahl. Yo, Fatty recrea y documenta uno de los casos que llenaron páginas y páginas de los periódicos de los años 20. El escándalo de Fatty, acusado de violar y asesinar en una fiesta orgiástica en un hotel de San Francisco a la aspirante a starlet, Virginia Rappe que alcanzó la popularidad con su muerte. 

La primera vez que leí el caso Fatty fue en uno de los volúmenes de Hollywood Babilonia de Keneth Anger. Roscoe Arbuckle, Fatty, era un popular cómico de cine mudo que empezó en la factoría de Mack Sennett. Se convirtió en uno de los actores más famosos antes que Charlie Chaplin o que su gran amigo (hasta el final de su calvario), Buster Keaton —que empezó a hacer cine de la mano y como pareja cómica de Fatty—. 

Tras el escándalo, a pesar de salir inocente en el juicio de todos los cargos, Fatty cayó en el olvido más absoluto. Trabajó más tras las cámaras en mediocres comedias y tuvo varios intentos de volver a las pantallas pero jamás volvió a brillar como en el cine mudo. Siguió una vida de adicciones y murió a los 46 años (1933) en el más absoluto de los olvidos. 

Así como los cortos de Charlie Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd son continuamente reeditados, los trabajos de Fatty son muy difíciles de ver. Aparece en los libros mucho más por el escándalo y por lo que supuso para la implantación del Código Hays que por su trabajo. Sin embargo, un día encontré un pack de dvds en oferta donde había cortos cómicos de cine mudo de distintos actores y entre ellos, curiosamente, varios trabajos de Fatty con Buster Keaton. 

Stahl documenta toda su vida desde una infancia desgraciada y marcada por su físico hasta su subida a la fama y el éxito entre sus complejos físicos y sexuales (era impotente) y su adicción al alcohol, la heroína y la morfina. Básicamente, Stahl le presenta como cabeza de turco en un momento en que las grandes productoras cinematográficas veían peligrar el negocio por la imagen de vida disoluta de sus estrellas y los distintos escándalos que protagonizaban, de fiscales que buscaban el poder, de compañeros metidos en asuntos turbios y que aprovechando el caso Fatty quisieron tapar sus trapos sucios, de la hipocresía y el interés por guardar la moral de distintos grupos y de medios de comunicación que vendían noticias con titulares escandalosos (véase Hearts). 

El narrador es el mismo Fatty que en diferentes secuencias, como de cine mudo, va contando las anécdotas de su vida pasando por su dura infancia, su andadura como actor de varietes o teatro popular y su llegada a las pantallas cinematográficas y el éxito. Y va tejiendo toda la trama hasta llegar al episodio de la fiesta en el hotel de San Francisco, sus juicios, y su conversión del inocente y divertido gordo del que todo el mundo se reía y quería a ser el máximo pervertido sexual de la historia. 

Stahl trata de acercarse —supongo, porque eso parece, que documentándose al máximo— a lo que realmente ocurrió en el hotel y también trata de acercarse y entender la figura trágica de Fatty. Lo que es cierto es que nunca se reunieron las suficientes pruebas que le inculpasen, se vieron distintas tramas, intereses y confusos relatos de los testigos. Y él, Fatty, nunca se declaró culpable.  

El libro además es una maravillosa fuente de información sobre aquellos años del cine mudo que van de 1908 hasta 1921 (fecha en que ocurrió el escándalo) y años posteriores (los años del declive). Y radiografía a personajes de la época como la famosa cómica Mabel Normand (gran personalidad y también muy amiga de Fatty), Mack Sennett, Zukor, el director Henry Lehrman, Charlie Chaplin, Buster Keaton, Joseph Schenk…, y también aporta informaciones también sobre la trágica figura de Virginia Rappe (a la que Stahl a través de Fatty describe con crudeza y dureza pero que refleja una triste historia de una joven que desde pequeña, como Fatty, sufrió toda una vida de vejaciones). 

También son retratadas de manera magistral sus tres esposas, sobre todo la primera, Minta Durfee, un personaje inolvidable. Leyendo la novela me han entrado unas ganas enormes de una adaptación cinematográfica por parte de Tim Burton (¿recuerdan lo que hizo con Ed Wood y ese increíble Bela Lugosi?). 

Gracias a la contraportada del libro he descubierto otra novela sobre Hollywood que me interesa muchísimo y que por supuesto me he comprado y ya estoy devorando para poder hablaros de ella, El día de la langosta de Nathanael West (gran amigo de Fitzgerald). Os cuento pronto. 

Si os interesa la época de cine mudo y saber mil y un secretos de ese Hollywood antes de la censura y adentraros en otra época de la mano de uno de los cómicos más trágicos, éste es el libro.

Momentos inolvidables de Puerta de las Lilas (Porte des Lilas,1957) de René Clair

Y sigo sorprendiéndome la obra francesa de René Clair. Esta vez le ha tocado el turno a un cuento maravilloso, en un barrio de una localidad francesa. Un cuento romántico y tierno con gotas de intriga, comedia, poesía y dramatismo.La película nos cuenta la historia de dos grandes amigos, dos hombres excluidos y marginales, pero llenos de ternura. Son Juju y Artista, un cantante que siempre va con su guitarra. Juju tiene problemas con el alcohol, es un buenazo con cara inocente que de vez en cuando le da al alcohol. Todos, incluida su madre y su hermana, le ven como un vago y un inútil. Hasta él tiene la autoestima por los suelos y se esconde en el alcohol…, pero un día se siente útil. Siente que está haciendo algo por otra persona.

Esa otra persona es un fugitivo, un joven gangster que huye de la policía y termina escondiéndose en el sótano de la casa del Artista. Y allí este hombre encuentra a Juju y Artista. Sobre todo el primero le protege y le mima porque le admira.Todo cambia cuando el joven asesino descubre a María, la hija del dueño del bar donde habitualmente van Artista y Juju. Juju quiere a María, podría decirse que la ama. Ella siempre le trata con cariño. Y juntos lo pasan bien. Cuando Juju descubre que el joven gangster va a romperle el corazón…, se da cuenta de que no quiere por nada del mundo que la hagan daño.

Y la comedia pasa al drama porque es igual que la vida.

En su momento, esta olvidada película estuvo nominada al oscar a mejor película extranjera. El haber tenido la oportunidad de verla ha sido un descubrimiento hermoso. Artista tiene el rostro del cantautor francés Georges Brassens, lleno de encanto, que regala escenas poéticas con su guitarra y voz. Y Juju cuenta con la interpretación llena de matices y ternura del actor Pierre Brasseur. El elegante, superviviente y egoísta (siempre con matices tiernos y humanos, no es más que un hombre solo y asustado) gangster tiene la apostura del galán francés Henry Vidal. Y Maria tiene el precioso y sensual rostro de Dany Carrel.

La secuencia: a René Clair le descubro como gran narrador cinematográfico y poeta de las imágenes. Y no exagero. De verdad.En Puerta de las Lilas nos regala varias secuencias inolvidables pero sobre todo me quedo con una que curiosamente no protagoniza ninguno de los actores principales sino un grupo de niños. Nos encontramos en el bar de reunión y están todos escuchando la lectura que está haciendo el dueño del bar sobre las andanzas y la manera que ha tenido de escapar el joven gangster de la policía. De pronto, Clair con un movimiento de cámara hace que mientras oimos el relato veamos a través de los cristales del bar cómo en la calle los niños del barrio escenifican en sus juegos las hazañas y la escapatoria del joven criminal. ¡¡¡Es una maravilla!!!

Novecento (Novecento, 1976) de Bernardo Bertolucci

Después del éxito sin precedentes de El último tango en París, Bertolucci decide realizar una película épica que narra la historia italiana, desde su perspectiva y pensamiento, del año 1900 al 1945. Película inmensa de cinco horas de duración dividida en dos partes que te va involucrando en una historia que llega a altas cotas de calidad, sobre todo en su segunda parte (sin menospreciar momentos cinematográficos de la primera).

Novecento tiene diversos aspectos a tener en cuenta que hacen su visionado muy rico. Una película que expone perfectamente la lucha de clases (Bertolucci plantea la historia desde una perspectiva y filosofía marxista), la situación del campesinado italiano, y sobre todo, la rica visión de una familia de patronos y una familia de campesinos. También, expone a la perfección la subida del fascismo al poder y el nacimiento del movimiento comunista italiano. Así Novecento se convierte en una interesante película histórica.

Toda la historia comienza el día en que muere Giuseppe Verdi, 27 de enero de 1901, día en el que nacen dos niños: el nieto del patrón, Alfredo, y el hijo de la familia campesina, Olmo. Sus vidas transcurren paralelas pero llenas de encuentros —ambos se profesan cariño y amistad—, pero su distinta posición social, postura ante el poder e ideología política, separa a estos dos hombres, que, sin embargo, siempre se encontrarán frente a frente.

El reparto es increíble y su ficha técnica impecable, de manera, que es difícil no dejarse llevar por imágenes absolutamente bellas o sufrir con la violencia reflejada. Por otra parte, también se convierte en interesante documento sociológico donde Bertolucci muestra la vida en una Hacienda de principios del siglo xx donde muestra los modos de vida y las costumbres. En ese sentido la ambientación, a mi gusto, es excepcional. Cada detalle está muy cuidado.Volviendo al reparto es toda una sorpresa. Junto a grandes actores y actrices tanto italianos, como americanos y también el francés Gerard Depardieu, nos encontramos con una película de rostros increíbles sobre todo entre los campesinos, Bertolucci contó en su reparto con verdaderos hombres y mujeres de la tierra con rostros trabajados con el paso de los años y expresiones impresionantes.

Pero la estela de grandes actores y la recuperación de estrellas del pasado es increíble. Mención aparte se merecen los intérpretes más mayores por unos papeles en los que se comen la pantalla a bocados o dentelladas en escenas inolvidables.

Magistral, Burt Lancaster como un patrón de la vieja guardia, del patrón del xix que ve como su mundo desaparece y no comprende lo que está surgiendo. En contraposición, ‘su’ campesino más emblemático, el ‘abuelo’ de Olmo tiene el rostro de un superlativo Sterling Hayden que entró en la mitología cinematográfica como Johnny Guitar, un hombre luchador, con muchísimo orgullo, y con conciencia de clase y que cuida y da importancia a la comunidad a la que pertenece. Después, mágicas son las breves apariciones de dos grandes divas italianas: Francesca Bertini (diva de los grandes dramas del cine mudo italiano), aquí como divertida hermana monja del personaje representado por Burt Lancaster y Alida Valli (la inolvidable intérprete del Tercer hombre) en dramático papel que adquiere relevancia en la segunda parte.

Por otra parte, se encuentra todo un plantel de grandes actores que estaban haciendo suyos los años setenta. Ellos, dos americanos y un francés. Ellas, tres italianas de armas tomar.

Como Alfredo, un joven dinámico, curioso, vigoroso, abierto a nuevos caminos y sensaciones (con su esposa y su tío vivirá plenamente los locos años 20, la bohemia con cocaína, alcohol y sexo incluido) pero finalmente conformista y cobarde que por su comodidad y supervivencia como patrón permite injusticias contra sus trabajadores, un estupendo Robert de Niro. Como siempre camaleónico, como siempre duro, como siempre tierno, como siempre complejo…

Como Olmo, joven campesino, orgulloso de serlo, orgulloso de su familia, de su trabajo, de sus compañeros de faena, que pronto adquiere conciencia y pronto se convierte en líder, que ama la vida y a los que le rodean —entre ellos a Alfredo, ser humano, pero choca y odia al Alfredo, patrón—, que es fuerte, que trata de hacer las cosas con cabeza aunque muchas veces su impulso y corazón le pueden…, tiene el rostro de un jovencísimo y lleno de personalidad Gerard Depardieu.

Para representar al camisa negra, al fascista por excelencia, al mal absoluto, al sadismo irracional, al oscuro Attila, contamos con el terrible rostro de un Donald Shuterland en estado de gracia que protagoniza las escenas más fuertes y violentas del film (estremecedora escena de un gato para explicar el odio que siente hacia el comunismo, sin respiración la escena del asesinato y muerte de un pequeño y tremenda y cruel la escena en la que va castigando, de manera brutal, a los campesinos que previamente se han burlado de su persona…, son tan sólo algunas de sus terribles apariciones).

Ellas dominan con sus papeles las escenas en las que aparecen. En primer lugar, una bohemia y alocada Ada (Dominique Sanda) que ante el horror que siente por el fascismo, la violencia, la injusticia y el ambiente opresor cae en tristeza, depresión y alcoholismo…, pero toma una determinación mucho más inteligente y honesta que Alfredo. Dominique Sanda, bella actriz, se come la pantalla con un rostro tan hermoso que no parece real…, caída hoy en olvido, en los setenta fue musa de Bertolucci y trabajó con maestros del cine italiano.

Como compañera de Olmo, en todo, sentimental y políticamente, Ana con rostro de Stefania Sandrelli que fue todo un icono sexual en el cine italiano de aquellos años. Otra actriz imprescindible que apareció como protagonista en distintas cintas italianas con directores de prestigio.

Por último, el inquietante rostro de la prima de Alfredo, Regina, que en su ambicioso ascenso al poder unirá para siempre su vida con Attila y capaz también de lo peor, contará con el rostro de Laura Betti, actriz que trabajó más veces con Bertolucci, además de con otros directores italianos, y gran amiga de Pasolini.

Novecento, además, envuelve por su música del genio Ennio Morricone. De la banda sonora la parte que más me conmueve es la melodía que siempre acompaña a las apariciones del personaje de Ada. Y también es increíble la belleza en la fotografía con un Vittorio Storaro en estado de gracia.

Por último, como curiosidad me gustaría resaltar la obsesión de Bertolucci por el pene masculino. Todos los actores, incluidos los niños, tienen una escena en la que muestran y emplean el pene (no es que Hildy, de repente, se ponga burra es que es cierto) y para mí algunas son muy justificadas y otras, la verdad, no tanto. Quizá en el aspecto sexual es donde más se ve el paso del tiempo, no porque estén desfachadas (algunas escenas son muy hermosas) sino por esa necesidad de mostrar y mostrar en esos momentos en que las censuras cinematográficas caían y sobre todo como un sello del director después del éxito conseguido por El último tango en París. Algo queda claro de Bertolucci y es que le gusta mostrar los cuerpos de sus actores y actrices.

Novecento es un fresco histórico, con sus grandes aciertos y también sus fallos (pero que ante la grandeza del proyecto no destacan mucho), que merece un visionado porque ofrece cinco horas de buen cine.