Momentos inolvidables de Encadenados (Notorious, 1946) de Alfred Hitchcock

Película imprescindible del maestro del suspense, maravillosa en cada visionado por la infinita sucesión de momentos inolvidables. Nunca deja indiferente tras uno y otro visionado a la presente que disfruta una y otra vez de momentos de buen cine. También hay que reconocer el guión original impecable del gran Ben Hetch.

Secundarios

Y sigo con mi homenaje particular a aquellos actores que el sistema de estudios empleaba en una y otra película como actores de carácter. Rara vez solían tener un papel protagonista pero, a veces, sus personajes secundarios eran lo más recordado… era una época en que se construía con mimo cada uno de los personajes y estos actores dejaban interpretaciones inolvidables más recordadas incluso que la de los actores protagonistas. Algunos de ellos suelen tener carreras cinematográficas inolvidables y llenas de buenos títulos. Muchas veces el público recuerda más que su nombre, su rostro, alguna característica especial o alguno de los personajes que interpretó. Otros tienen carreras breves, meteóricas, pero, sin embargo, debido al papel representado quedan en la memoria. Por ejemplo, eran actores de escenario, del mundo del teatro, que en un momento dado realizan un papel. En Encadenados tenemos tres actores secundarios que en esta película en concreto nos regalan momentos inolvidables. Cada uno tiene sus momentos y sus interpretaciones son difíciles de olvidar.

Claude Rains

Como un malo malísimo lleno de humanidad, inteligencia y miedos. Lleno de inseguridades y problemas psicológicos. Con complicadas relaciones con las mujeres. Él es Alexander Sebastian, un elegante y rico nazi que opera en planes funestos en la clandestinidad y que vive como millonario y caballero. Profundamente enamorado de la protagonista, se convierte en galán pero es dominado y conducido en todo momento por la figura de la madre. De taimado a hombre indefenso que mueve a la compasión. El amor y los celos serán su perdición. El personaje es estupendo durante toda la trama pero en la escena final su comportamiento y la interpretación de Rains se convierte en arte de transmitir sensaciones, temores, terrores y tensiones…, una escena con tal riqueza de matices interpretativos que hace que en todo momento el personaje remueva sentimientos contradictorios al público que ve la trama.

Claude Rains crea personaje imprescindible de la trama con elegancia en movimientos y gestos. Su cara provoca miedo y compasión. Rains es un secundario de oro en la historia del cine. El actor cuenta con una larga lista de personajes inolvidables en el celuloide: policía cínico en Casablanca, malvado Juan Sin Tierra en el  Robin Hood de Curtiz u otro ejemplo es el senador corrupto de Caballero sin espada.

Leopoldine Konstantin

Uno de los personajes más inolvidables de la trama, una de las malas de la historia del cine, una madre omnipresente y dominadora. Excelente el rostro y el porte de la actriz austriaca Madame Konstantin. Impresionante personaje. Inolvidable cuando toma las riendas de la acción. Sus apariciones ya han inquietado lo suficiente pero está insuperable cuando Alexander, su hijo, acude cual cordero a pedir ayuda a la madre. Entonces, el personaje se crece, está en la cama pero enseguida su porte muestra su frialdad y su capacidad cerebral para dominar las situaciones, se erige, se enciende un cigarrillo en la cama y empieza, tranquila, a construir un plan.

Este personaje la dio la inmortalidad en el celuloide. Curiosamente la actriz nunca volvió a trabajar en Hollywood. Y otro detalle curioso…tan sólo se llevaba tres años con el actor que representaba a su hijo en la ficción.

Louis Calhern

Otro de los secundarios de oro y más desconocido que otros compañeros. Su personaje como jefe de los protagonistas es el único que protagoniza escenas que dan tranquilidad y que no producen tensión. De apariencia atractiva, su personaje es testigo de la tormenta que intuye entre sus dos empleados.

Calhern protagonizó personajes que no caen en olvido. Sus roles más recordados es el mafioso, el famoso “tío” de una femme fatale con cara de Marilyn en una película de Huston fantástica, La jungla de asfalto, e inolvidable y trágico Julio Cesar en la magistral adaptación de Shakespeare de Mankiewicz.

Química

El cine es magia y a veces crea fenómenos inolvidables. En parte, el buen funcionamiento de Encadenados se debe a la química increíble que se produce entre sus dos personajes principales que regala infinitos momentos inolvidables. Él tiene el rostro de Cary Grant y ella es Ingrid Bergman. Uno, es el agente que introduce en el mundo del espionaje a la hermosa hija de un nazi ya condenado. La otra es la espía que emplea las técnicas de una Mata Hari para conseguir información. Ella es la hija del traidor que nunca había aprobado la ideología del padre.Y esa química ya es evidente desde el primer encuentro. Hitchcock es un rey en el lenguaje cinematográfico y ya desde este primer encuentro crea una corriente de atracción entre ambos personajes que no cesa en un solo momento de la trama. A Alice (Bergman) la vemos de frente desde la primera escena, mujer vulnerable que se deja llevar por los placeres de la vida para huir de sus problemas emocionales y sus contradictorias relaciones con el padre al que considera traidor. En una fiesta en la que ella bebe y bebe sin parar se siente desde el primer momento cautivada por un hombre que en todo momento vemos de espalda…, sin embargo, sentimos inmediatamente la atracción amorosa…, la espalda es de Grant en personaje complejo.

Amor

El mago del suspense era también el creador de hermosas y complicadas tramas amorosas. Y Encadenados es ante todo, por lo menos para la que escribe este post, una historia de amor. La tensión de la trama no sólo se mantiene por el suspense sino por la tensión amorosa entre dos personajes que se castigan continuamente. El personaje de Grant no sabe como enfrentarse a su enamoramiento por su compañera de trabajo y cuando ve que puede perjudicar el resultado de la investigación que se traen entre manos se distancia y emplea la crueldad en el lenguaje para mantenerse alejado de la mujer que ama. Y provoca con cada vocablo dolor en la mujer amada. Sin embargo, siempre somos conscientes de que a pesar de su actitud dura, cruel y repelente nos va dejando pistas que nos refleja la lucha interior del personaje. Y ésa es la excelencia y la magnífica aportación del Grant, actor.

Miradas

Encadenados es una película de miradas. Las miradas dicen más que los diálogos y las palabras. Las miradas nos cuentan muchísimo de la trama. Con las miradas nos cuenta miles de historias subterráneas que fluyen al igual que los pensamientos y sentimientos de los personajes. Encadenados es una serie de miradas que funcionan como perfecto mecanismo de relojería, ninguna sobra, ninguna falta. Las miradas narran la trama. Y eso es complicadísimo. Encadenados es una colección de miradas que se quedan grabadas en la mente del espectador. Miradas de terror, miradas de comprensión, miradas de amor, miradas de reflexión, miradas que descubren, miradas que esconden…

El beso

Algunos de los besos más cinematográficamente hermosos son obra del maestro del suspense. Encadenados cuenta con uno de los besos más sensuales, míticos y más largos de la historia del cine. Ya es historia cómo el maestro consiguió burlar a la censura presentando un beso entrecortado… pero tan sensual, tan hermoso, tan real… Protagonizado por los protagonistas Grant y Bergman que dan rienda suelta a su pasión en una habitación de Río de Janeiro. El maestro hace uso maestro (valga la redundancia) de un teléfono para justificar un beso que se interrumpe una y otra vez.

La botella y la bodega

Para algo era el maestro de la tensión y el suspense. Encadenados cuenta con una secuencia tensa que siempre tiene en vilo al espectador que pasa la misma tensión de los protagonistas en la secuencia clímax de la trama de intriga de esta película. Para ello el maestro crea una gran fiesta en la mansión de Alexander Sebastian. La protagonista ya es honesta esposa. Hitchcock va poniendo los pelos de punta al público con varios elementos: una llave, los celos del reciente esposo ante el amigo de la esposa (que no es otro que el agente con cara de Grant), una celebración en los que todos beben champán y un mayordomo que ve que de un momento a otro va a tener que pedir al caballero malvado que baje a la bodega a por más bebida, los agentes tratando de descubrir en la bodega qué es lo que tienen que encontrar para su investigación y que saben que tiene que ver con las botellas que ahí se guardan pero sabiendo que apenas tienen tiempo, una botella que va a caerse…, uff una obra maestra de tensión narrativa… No respiras…

Envenenamiento

La bella Mata Hari es descubierta por los malos malísimos y traman una venganza perfecta. La irán envenenando poco a poco. Irá enfermando y madre e hijo la irán aislando del exterior…

La escena en que una indefensa Bergman descubre la verdad. Descubre que la están envenenando es otro momento inolvidable donde cobra toda la importancia el juego de miradas que se van cruzando los personajes de la trama.

Finales abiertos

No podía ser de otra manera. Finales abiertos donde, sin embargo, nos queda claro cuál será el futuro próximo de cada uno de los personajes. La tensión no cesa.Por fin, el agente con cara de Grant decide quitarse la careta e ir en busca de la mujer amada. Él, obviamente, está preocupado por la ausencia de la bella espía.

Toda la secuencia final es un alarde de buena dirección y cierra la película de manera perfecta. No nos muestra el final de Alexander Sebastian pero su cara de terror y, por último, su subida por las escaleras del porche sabiendo el final que le espera es broche genial. El maestro del suspense tampoco nos priva de la caída de la mascara del duro agente que, por fin, reconoce ante una amante envenenada que la ama desde el primer instante, la logra sacar con vida de la casa y meterse ambos en el coche que supondrá la salvación de la heroína y quizá el inicio de una vida en común.

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Papá piernas largas (Daddy long legs, 1955) de Jean Negulesco

Jean Negulesco director de dramas como Humoresque o Belinda en los años cuarenta, también fue el realizador de populares películas de los cincuenta como Cómo casarse con un millonario o Creemos en el amor. Y, también, fue el director de este musical en una época que no daba miedo contar cuentos y desarrollarlos como tal. Películas de una inocencia increíble pero que curiosamente lograban no sobrepasar la barrera de la cursilería. Así esta adaptación de una famosa novela juvenil se convierte en un espectáculo de danza con linda historia de fondo.

Mucho tiene que ver la elegancia de la ejecución, los intérpretes, la calidad de los números musicales, el uso del color y la puesta en escena. Fred Astaire y Leslie Caron cumplen con creces. Ella era una buena bailarina de clásico, francesa, que conquistó muy joven Hollywood con su aparición en Un americano en París a principios de los cincuenta de la mano de su descubridor, Gene Kelly, otro de los grandes bailarines de Hollywood. Él, Fred Astaire, era el maestro del baile que empezó a danzar en los años treinta y no paró hasta los sesenta. Es curioso cómo este hombre de apariencia física poco atractiva lograba conquistar a toda la platea femenina y masculina en cuanto se ponía a bailar. Y todos nos creíamos que era hombre elegante, de mundo, conquistador de mujeres y capaz de llevarse a la cama y a la pista de baile a grandes damas como Ginger Rogers, Cyd Charisse, Rita Hayworth, Audrey Hepburn… o a la chica francesa más chic, una Leslie Caron virginal que se convirtió luego en enamorada de uno de los rebeldes de la industria, Warren Beatty. Caron pegó fuerte en el cine musical pero cuando ya estaba decayendo el género y el sistema de estudios. Fue protagonista de importantes musicales —que ahora algunos son difíciles de ver— como Lili, La zapatilla de cristal o Gigi. Después se mantuvo y se mantiene en el mundo del cine en roles dramáticos, románticos o cómicos.

Papá piernas largas es de esas películas para ver sin prejuicios y soñar. Dejarse llevar por un cuento con final feliz. Y disfrutar con los bailes de Leslie Caron y un siempre maestro Fred Astaire (que no vivió sus mejores momentos porque durante la realización de esta película falleció su mujer).

Soñar con un orfanato francés donde va a parar un millonario americano al que le atrae la vitalidad y ganas de enseñar de una huerfana de 18 años. Así que, anónimamente, para que nadie piense mal porque todo el mundo conoce su fama de mujeriego (corren los años cincuenta…, y ya saben la moral que se gastaba) apadrina a la huerfana y costea sus estudios en una buena universidad femenina americana. Sólo hay una petición y es que le escriba cartas contándole sus progresos. Una vez en el colegio universitario ella crea en su imaginación su imagen del protector, papaíto piernas largas, y le cuenta todas sus fantasías, temores, pensamientos en cartas que nunca reciben respuesta. El millonario mientras a lo suyo, a su vida entre negocios y bohemia, hasta que sus secretarios que le sacan continuamente de todos los apuros y a menudo toman decisiones vitales, le recuerdan que lleva dos años protegiendo a una chica que ya tiene 20 años y que pide una respuesta a sus interminables cartas. Y entonces el millonario se interesa y decide jugar a las apariencias. Y no se presenta como protector sino como el tío verdadero de una de las compañeras de cuarto.Y ese hombre, ya maduro, revive al lado de joven francesa que le ama, sin saberlo todavía, en sus cartas. Y juegan uno y otro a la conquista. Y no podía ocurrir de otra manera, se enamoran. Ella sigue escribiendo a Papaíto. Y pasan obstáculos que impiden el clímax de esta enrevesada historia de amor. Pero es un cuento y todos sabemos lo que pasa.

La película cuenta con escenas musicales —donde se interpretan las imaginaciones y fantasías de la protagonista— que no quitan la sonrisa de los labios. Es de esos musicales que te transporta a un mundo de decorados y mentiras pero terminas creyéndotelos y metiéndote en la historia. Y es que es ver bailar a Fred Astaire y Leslie Caron y por arte de magia se convierte en la mejor pareja de enamorados… aunque no peguen ni con cola. Ésa es la magia de los buenos intérpretes. Ah, ya saben mi amor por los secundarios, ahí tenemos a nuestra homenajeada en post del pasado, Thelma Ritter, en otro divertido papel, poco desarrollado, pero que como acostumbra siempre llama la atención y roba escenas a los grandes.

Soñemos y seamos inocentes con Papá piernas largas.

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Ritual

No importa qué día haya tenido.

Lo que más me relaja es ponerme frente a una pantalla y que me cuente una historia.

Me gustan silentes.

En blanco y negro.

En color.

Me cuentan una buena historia…

Entro de lleno en lo que me están contando las imágenes.

Río, sufro, lloro, me enfado, grito, sufro, me enamoro, quiero, odio, me rebelo, pienso, reflexiono, viajo, aprendo…

Me enamoro de las sombras.

Sí se que son sombras pero me enamoro de sus historias.

A veces, me gustan tanto las historias de las sombras, que repito una y otra vez y siempre descubro algo nuevo.

Es mi ritual.

Lo necesito.

Me apasiona.

Soy feliz.

Ponme delante de una pantalla y cuéntame una buena historia.

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Nunca en domingo (Pote tin Kyriaki, 1960) de Jules Dassin

¿Qué hace un artista intelectual y comprometido que en un momento de su vida y arte se toma un paréntesis y un respiro? Reírse un poco de sí mismo, dejarse llevar por los placeres de la vida y regalar película vital.

¿Qué hace Jules Dassin que lleva ya unos años por Europa y sin regresar al Hollywood que le relegó a maldito por la Caza de Brujas?

Dassin toma su pluma, se regala personaje que encarnar; crea personaje femenino, la mujer-símbolo, se va a país totalmente opuesto a los EEUU, a la Grecia lejana y, por último, se pone a dirigir película sobre la alegría de vivir. Y transmite vitalidad, dinamismo, placer, sensualidad… Nunca en domingo no es una película obra maestra pero te deja una sensación de la vida es bella difícil de conseguir. Además, es una película donde reina un personaje genial, una prostituta increíble de sensualidad desbordante, instintiva, independiente, inteligente y con una filosofía de vida desbordante. Illya, la trabajadora sexual protagonista, tiene el rostro de la actriz griega Melina Mercouri, futura esposa del realizador y musa.

Nunca en domingo es una delicia. Y durante toda la proyección, mantienes una sonrisa que no se borra de los labios. Dassin se aleja del realismo social de Brute force, del realismo documental de La ciudad desnuda o del cine negro más brillante y desencantado en esa maravilla que se titula Noche en la ciudad y nos regala filosofía de vida.

Illya vive en una localidad costera de una isla griega. Es una prostituta madura y sensual, absolutamente instintiva y vital que se recrea una vida feliz donde como mujer independiente ama a los hombres, ama su trabajo, ama el placer y las historias con final feliz donde todos terminan en la playa. No tiene vergüenza de nada, ni de su voluptuosidad, ni de sus exageradas maneras, ni de su voz ronca, su risa sonora y sus movimientos continuos. Ella es Illya y los hombres son sus amigos. A ella no le importa el dinero que la paguen, ella elige con quien quiere acostarse, donde vive, cuál es su horario y cuáles son sus clientes. Los domingos organiza fiestas con los hombres importantes, sus amigos, en su casa donde hay música y comida. El mar y el bar son sus lugares de reunión. Hay unos días sagrados en su calendario, el Festival de tragedia griega. Ella las vive y reinventa, y es lo que más le gusta: Medea es una buena mujer que hace todo lo posible por recuperar al hombre que ama y Edipo es un hombre noble que ama a su madre, un buen hijo. No hay una realidad fea y sucia que la rodee porque ella con su actitud la transforma.

De pronto, llega a la isla un filósofo amateur que quiere conocer la cuna de la Grecia clásica donde estuvieron hombres que se preguntaron sobre qué es la felicidad, hombres como Aristóteles, Platón, Seneca… y que quiere entender cuándo toda la sabiduría se echó a perder y cómo llegó la decadencia de la civilización. Y ve en Illyna un símbolo, cree que el puede ser el pigmalión que la haga saber la verdad sobre las miserias de su vida, sobre todo el horror que la rodea, darla el conocimiento suficiente para saber que esa no es la vida correcta y moral. Jules Dassin es ese hombre, ingenuo hasta la médula capaz de provocar la tristeza y de fomentar la injusticia para descubrir la verdad y la sabiduría (recibir el apoyo de un hombre que se aprovecha de todas las prostitutas del lugar poniéndolas unos alquileres muy altos). Un boy scout maduro que termina siempre con un ojo morado y que por suerte fracasa estrepitosamente en su labor de pigmalión y guardián de una moral simple. Dassin está genial (y no me gusta desvelar finales) cuando finalmente se deja llevar por la alegría de vivir, por la filosofía del placer sin hacer daño al otro, y reconoce en la cara de una Illyna desbocada y maravillosa que desde el primer momento que la vio lo único que deseó fue acostarse con ella.

Nunca en domingo es un relato maravilloso donde todos terminan en la playa. Donde es una delicia ver a la prostituta protagonista contar las tragedias griegas a su modo, donde es otra delicia ver a las otras compañeras de profesión siendo reivindicativas junto a la independiente Illyna…, donde Illyna está increíble cantando la famosa canción sobre el Pireo, donde los pescadores, trabajadores, camareros y músicos del bar son hombres sacados de un cuento, inocentes, trabajadores, respetuosos y naturales…

Jules Dassin se dio un buen respiro y nos hace disfrutar a todos.

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Cary Grant

Nunca hubo actor que claramente fuera él mismo siempre, Cary Grant, y sin embargo regalaba diversidad de roles y buenas películas. Cary era Cary. Nunca tuvo transformación camaleónica, ni falta que le hizo, su presencia era mágica e imponente. Elegante, alto, atractivo, galán, mismo peinado, misma cara que conservó años y años. Trabajos siempre impecables y una buenísima filmografía que permite estudiarla desde distintos puntos de vista siempre interesantes.

Grant era un gran oponente masculino. Repitió con varias damas y dejó legado inolvidable junto a Katharine Hepburn, Irene Dunne, Jean Arthur, Ingrid Bergman, Ginger Rogers, Deborah Kerr…

Grant fue rey en comedia romántica y comedia pura y dura. No tuvo rival. Pero, sin embargo, no fue el único género en el que cosechó éxito. Ahí está su contribución al cine de aventuras, bélico y de suspense.

La óptica por la que yo optaré en este post será la de convertirse en actor fetiche de varios de los directores más importantes de Hollywood. Una vez que probaban con él…, siempre repetían. Es como si Grant les diera seguridad y éxito. Él siempre estaba a la altura y los directores encantados.

El primer director que apostó por este galán —que fue construyendo su imagen elegante…, al principio sorprende sus roles de galán caradura que sabe mucho de la vida y la calle— fue un también principiante George Cukor que además le emparejó con una de sus parejas más populares en la pantalla (ahora, en aquella época no obtuvieron tanto éxito…, sus comedias eran demasiado locas e incomprendidas), Katherine Hepburn.

Con Cukor

Nos sorprende como hombre caradura y de la calle que trae por la calle de la amargura a heroína moderna que viste de hombre y se enamora perdidamente de Grant en esa interesante película que cae en vaivenes de drama, melodrama, comedia pura y dura… La gran aventura de Silvia (1935).

Después, tres años más tarde, viene esa comedia maravillosa de vive la vida y que transmite vitalidad y ganas de vida loca en Vivir para gozar, de nuevo con la Hepburn. Ella pertenece a familia millonaria estrafalaria y él es el prometido de la hermana que no quiere adaptarse a lo que todo el mundo cree que es un hombre de provecho. No tiene desperdicio.

Y, por fin, en 1940, comedia romántica cumbre, Historias de Filadelfia. De nuevo, la Hepburn es millonaria de familia estrafalaria, la perfeccionista diosa que descubre que quiere ser mujer de carne y hueso y poder equivocarse como todo el mundo… Y Grant es el maravilloso ex, cínico y enteramente humano, con sus virtudes y flaquezas siempre al descubierto.

Otro rey de la comedia en su camino

Leo McCarey le hizo protagonizar una de las películas románticas más queridas de todos los tiempos y una de las interpretaciones más recordadas de Grant: Tú y yo (1957), junto a una de sus parejas más populares, la británica Deborah Kerr. ¿Alguien olvida travesía en barco y fallida cita en torre alta?¿Quién no llora todavía? De hecho es una de las películas románticas que se siguen homenajeando una y otra vez en el cine cotemporáneo.

Sin embargo, McCarey ya había trabajado otras dos veces con Grant. Le hizo protagonizar, con una de sus parejas cinematográficas, la divertida La pícara puritana (1937) donde Grant tuvo química con la gran y olvidada Irene Dunne. Y también realizó comedia de propaganda bélica y no por ello deja de ser interesante Hubo una luna de miel en 1942 donde se uniría con otra de sus parejas de cine, Ginger Rogers.

Con el genio Howard Hawks

Con el director, que quizá más trabajó, y que le ofreció papeles jugosos y también recordados en la memoria cinéfila, fue con uno de los grandes entre los grandes, el virtuoso Hawks, tan bueno en cine bélico, como en cine negro o en pura comedia… y Grant fue uno de sus favoritos, sobre todo para la comedia, aunque también le hizo protagonizar un drama sobre aviación.

Su colaboración empezó con obra de arte de la comedia screwball, en su momento incomprendida: La fiera de mi niña en 1938 y de nuevo con la Hepburn. Ambos en estado de gracia ofrecen la risa por la risa en una comedia donde todo el mundo está loco de atar. Todavía recuerdo la primera vez que la vi en televisión junto a toda mi familia en la que todos lloramos de la risa.

Al año siguiente ofrece trabajo dramático sobre la dura vida de unos aviadores que transportan correo a través de las montañas. Emotiva y dura. Le empareja con otra gran figura femenina como fue Jean Arthur —que trabajaría más veces con él— y supondría también el primer papel importante de Rita Hayworth. Hablo de Sólo los ángeles tienen alas.

¿Qué no les he contado de Luna nueva (1940), Grant grande, ya saben mi ex, caradura, divertido, inteligente, cínico, vital…?

En 1949 película, algo olvidada, pero divertida, ¿se imaginan a un Grant con peluca, todo serio? La fórmula es fantástica y está repleta de momentos hilarantes. Me refiero a La novia era él.

Por último, otro clásico del absurdo, que a mí me divierte totalmente, Me siento rejuvenecer (1952) de nuevo junto a la Rogers. Por ahí tiene también papel de secretaria despampanante una primeriza en alza, Marilyn Monroe. El elixir de la juventud, creada por un mono, provoca comportamientos extraños en un matrimonio.

Con el artesano George Stevens

Aventuras a lo Kipling fue lo que ofreción Stevens en Gunga Din (1939), popular film donde Grant era uno de los tres amigos y sargentos del ejército británico que pasean sus historias por una India colonial.

Romanticismo puro y duro de la mano de Irene Dunne en historia nostálgica entre drama, melodrama y comedia en Serenata nostálgica (1941), la vida de un matrimonio llena de alegrias y penas.

Y curiosa incursión en olvidada comedia con suspense donde Grant repite con la gran Jean Arthur en una historia a tres bandas en El asunto del día (1942). Se imaginan historia entre pirómano, juez y chica con la que ambos conviven, por diferentes circunstancia…, el tercero de esta historia era Ronald Colman.

El maestro del suspense

Sin duda sus trabajos más populares, mejor distribuidos y, como siempre bien interpretados, son los que realizó con el mago del suspense, Alfred Hitchcock. De las cuatro que protagonizó: dos, para la que esto suscribe, entran en la categoría de películas favoritas y que no se cansa de ver una y otra vez. Y las otras dos me dejan más bien fría e indiferente aunque algunas secuencias son inolvidables.

Primero llegó Sospecha (1941) donde junto a Joan Fontaine en una de las modalidades que mejor sabía interpretar (joven tímida y soltera) se casa con caradura (nunca se le dieron mal estos papeles) y sospecha de que quizá quiera quitarla cuanto antes del medio. Todo el mundo recuerda escena con escaleras y vaso de leche y todos pensamos que no hubiera pasado nada porque Grant hubiera ejercido hasta el final de cazafortunas hasta sus últimas consecuencias.

Después joya entre las joyas de cine de suspense y romanticismo sin fin. Película maravillosa de espías y agentes dobles. Nunca fue tan romántico un beso como el que protagonizan Grant y Bergman. Siempre me sorprende, una y otra vez, visitar Encadenados (1946). Recomiendo no perdérsela, es buena historia, buen suspense, maravillosa historia de amor y personajes secundarios que dejan huella.

En los cincuenta, primero comedia elegante de ladrones de guante blanco junto a bella Grace Kelly pero que a mí no me entusiasma en exceso, Atrapa a un ladrón. Y después la maravillosa, entretenida y encantadora Con la muerte en los talones (1959), otra vuelta de tuerca sobre el inocente hombre de vida normal que sin comerlo ni beberlo se ve envuelto en historia de suspense y agentes dobles donde continuamente su vida corre peligro. Absolutamente magistral y plagada de escenas inolvidables con personajes secundarios fantásticos. La química entre Grant y Eva Marie Saint es genial.

El director con ritmo en las venas

Grant también se convirtió en actor fetiche de Stanley Donen pero para la que esto escribe sólo dejó una película memorable y tres con elementos interesantes.La memorable es una de suspense con una Audrey Hepburn adorable. Película de buen ritmo, entretenida y con historia de amor atractiva… siempre es una delicia volver a ver Charada (1963).

Con Donen ejerció su papel de galán romántico y elegante y de esta guisa regala irregular historia de amor otoñal junto a una frágil Ingrid Bergman en Indiscreta, película de 1958, y comedia brithis, siempre correcta con toda su frialdad latente, Página en blanco (1960). Su primer encuentro lo tuvieron tres años antes con Bésalas por mí, historia de evasión y fiesta, donde también estaba la despampanante Jayne Mansfield.

Excepciones

Como ven quedan muchos grandes éxitos de este actor sin reseñar. No quería sin embargo terminar este post sin hablar de dos directores con los que sólo trabajó una vez pero me parece interesante comentarlos. Curiosamente con ambos trabajó el mismo año, 1944. Con Capra hizo la única película en la que el director idealista crea una comedia negra hilarante pero totalmente distinta a las obras cinematográficas a las que nos tenía acostumbrados. Ahí Grant luce genial como el sobrino apesadumbrado ante el descubrimiento sobre las labores de caridad de sus dos ancianas tías. Me refiero a la genial Arsénico por compasión.

La otra es la primera vez que el dramaturgo y guionista de renombre, Clifford Odets, rodó una película. Un corazón en peligro donde Grant deja su caracterización de galán elegante y se mete de lleno en ambientes marginales y película social.

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Espías (Spione, 1928) de Fritz Lang

El sábado viví un precioso e inolvidable acontecimiento. Y felicito a los organizadores del 11º Festival de cine alemán por ofrecer este tipo de iniciativas. Una iniciativa que tiene su público pues la sala 1 del mítico Palafox, una sala enorme de cine, estaba hasta arriba de gente. Animo a más festivales y salas de exhibición a ofrecer cine del pasado. En este caso disfrutamos de una de las obras de cine silente del genial Fritz Lang. Una obra de 1928 (a las puertas ya y en plena convivencia con el cine sonoro), Spione, una película de acción, aventuras, suspense, amor y espías. 

Desde el primer fotograma me metí de lleno en la historia de dos espías enamorados, nº 326 (lo prefiero camuflado de sin hogar que como agente elegante… No sólo 007 posee su número de agente secreto) y Sonja (la bella mata hari rusa). Es una película en la que Lang muestra sus artes en el ritmo cinematográfico y donde ya está plenamente desarrollada la narración o lenguaje cinematográfico a través de un buen montaje. Además claro está de una fuerza visual que regala unas imágenes únicas. 

Lo maravilloso de esta proyección (que vuelvo a repetir disfruté de lo lindo porque estuvo llena de momentos mágicos) es que ese ritmo y buen cine contaba con acompañamiento musical en vivo que te metía de cabeza en esta historia de espionaje. Aljoscha Zimmermann (composición —que me pareció fantástica— y piano), Sabrina Asuman (violín) y Markus Steiner (percusión) lograron dar más vida y aportaron a la narración más suspense, dinamismo… consiguiendo que se convirtiera, para mí, en proyección inolvidable. La composición de Aljoscha Zimmermann, todo un experto en crear música para grandes filmes mudos (especializado sobre todo en la etapa silente de Ernst Lubitsch), convirtió el evento en puro arte. 

Y que decir de Lang, que a pesar de su personalidad complicada, su cine me sigue deparando sorpresas increíbles. Spione cuenta con elementos que han sido mil veces repetidos en el cine posterior de espías y de suspense: las nuevas tecnologías y comunicaciones, los siempre seductores y característicos malos malísimos (impagable ese banquero en silla de ruedas siempre acompañado de enfermera enigmática y temible), los agentes dobles, el espía espiado, las persecuciones y atentados —magnífica la secuencia del tren—, las historias de amor entre espías de distintos bandos, verdugos y víctimas, los errores que se pagan caros (el agente japonés, me encantó esta historia secundaria), las dobles apariencias, los chantajes, la violencia… 

Por supuesto, una siempre cuidada puesta en escena con elementos que ayudan a contar la historia: el centro de operaciones del malo malísimo con esas escaleras interminables, esos magistrales primeros planos (a mí me emocionó porque me pareció fantástico la primera aparición de Sonja en la luna del coche), el uso de las calles, los trenes, las casas y hoteles… 

En ese año, 1928, la censura sobre ciertos temas todavía no era fuerte ni en el cine europeo ni en el americano, por eso, Lang no escatima en el uso de la violencia y de la sensualidad o de tratar ciertos temas que pronto quedarían enterrados ante la dureza de las censuras nacionales (por ejemplo, el consumo de drogas). 

Disparos, suicidios, harakiris, en primer plano. Un accidente-atentado de tren con toda su virulencia. Las espías femeninas siempre combinando la inteligencia en sus acciones pero empleando también argucias femeninas, sobre todo el sexo, para lograr resultados. Como he repetido antes es interesante la historia paralela entre el emisario japonés (que debe hacer llegar a su país un documento de un importante acuerdo secreto) y una de las espías que trabaja para el malvado banquero. El hombre responsable cae seducido ante la sensualidad de la joven espía —que se muestra desnuda bajo un kimono—. La protagonista, Sonja, sabe de hombres y como utilizarlos para sus intereses además es la amante del malo malísimo, sin embargo, su encuentro con el agente 326 cambiará el rumbo de su trayectoria. Uno de los chantajes del banquero perverso es con una mujer a la que chantajea para obtener información diciéndola que si no colabora dirá a su esposo su dependencia a los salones de opio. O también llama la atención el uso de la figura del payaso como personaje siniestro y trágico y el juego, siempre efectivo, de realidad-ficción encima de un escenario. 

Spione es cine espectáculo, cine entretenimiento que no aburre… no fui consciente de que entré a las 22.00 y salí a las 00.45. Merece la pena arriesgarse con este tipo de propuestas y hay un público que lo agradece. Por ejemplo, yo, Hildy, fui con una gran amiga que me dijo que no había visto nunca cine mudo pero quería vivir esta experiencia nueva…, salió absolutamente entusiasmada de la sala de cine. Seguro que repetiría de nuevo. 

En cuanto los actores, Rudolf Klein-Rogge tiene el papel del banquero malísimo que mueve a sus víctimas cual marionetas. Lleva una triple vida…, no olviden mis palabras, el espectáculo debe continuar. Malvado excéntrico en esta película, fue uno de los actores de la etapa silente de Lang y además también estuvo casado con la guionista Thea von Harbou (que también fue esposa del director hasta que éste huyó de Alemania por no compartir la ideología nazi). La bella Sonja es Gerda Maurus en su primer papel cinematográfico. Se convirtió en amante de Lang y tuvo popularidad como actriz alemana durante el periodo nazi. Y, por último, Willy Fritsch, el agente 326, que también se convirtió en popular actor alemán. Gerda y Willy serían también protagonistas de la siguiente película silente del director, La mujer en la luna. Fritsch sería uno de los protagonistas de uno de los primeros musicales sonoros de éxito en Alemania: El congreso se divierte. Llama la atención en sus interpretaciones la mezcla de contención gestual con ráfagas exageradas de gestos y expresiones, sobre todo en las escenas de tensión amorosa y sexual o donde tienen que expresar un sentimiento determinado (de violencia, enfado o éxtasis amoroso). 

Como digo, la proyección de Spione fue todo un regalo para guardar en la memoria durante mucho tiempo. Esto me hace esperar con ilusión la sorpresa que nos deparará el año que viene este cada vez más consolidado festival. 

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Diccionario cinematográfico (100)

Frenchy Fairmont: Odio, asesinato y venganza.

Una vieja canción del Oeste narra una triste leyenda de odio, asesinato y venganza.

Un triángulo.

Un pistolero maduro, que ve cómo los años pasan por él, pero que siempre ha amado a una única mujer. Un pistolero que es un romántico. Frenchy Fairmont. Capaz de todo por la mujer amada. Le detienen por conseguir un buen perfume para ella el día de su cumpleaños. Fiel hasta la médula. Alto, hermoso, elegante, duro… y romántico. No le importa que la mujer a la que ama cumpla años. No se aferra al pasado. Lo tiene claro, Altar Keane, es la mujer amada. Y tiene una sonrisa que desarma.

Vern, un joven ganadero a punto de casarse con la bella Beth que ve truncada su vida tranquila cuando un ladrón de mala muerte acaba con violencia con su amada. Desde ese momento, sólo hay un único objetivo en su vida: la venganza a toda costa. No importa nada más.

Altar Keane, la mujer de saloon por excelencia. La joven hermosa que revoluciona todos los sitios a los que va. La mujer que se hace mayor y no lo lleva nada bien pero que sigue poseyendo un encanto que nada apaga. La que ama a Frenchy pero que siente nostalgia por ese pasado en el que era joven y el punto de deseo de todos los hombres. La que se vuelve a sentir atractiva delante de un Vern que sólo la seduce como parte de su plan para obtener el nombre del malvado que le quitó, de golpe, a la mujer amada.

Ojalá pudieras marcharte y volver hace diez años. Declaración de amor hermosa. De Altar a un joven e impulsivo Vern… pero que sabe que su hombre y al que nunca traicionaría es Frenchy… Pero el joven Vern le recuerda tanto al joven Frenchy…

Frenchy, el pistolero, ve en el amigo, su adversario. Y, observa, con tristeza, como puede perder a la única mujer que ha amado nunca.

Sin embargo, Altar deja claro a quién ama, por quien se sacrifica.

Yo que he escuchado la leyenda, sin ninguna duda, me iría con el pistolero romántico y fiel. Creo que jamás se me hubiera pasado por la cabeza acercarme, abofetear o sentir algún tipo de tentación por Vern… pero así no habría triángulo… Y es que quien vea el porte y la sonrisa de Frenchy no puede tener dudas.

Altar viaja al pasado y casi, ese aferrarse a cuando era joven y hermosa, la hace alejarse del hombre que nunca la traicionaría…

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Iconos

En una camiseta o bolso, ahí está Audrey con su traje negro y cigarrillo largo.

En un poster o cuaderno o cubilete para meter bolígrafos, el pequeño vagabundo, Charlot. A veces, acompañado del chico.

A Marilyn no se la encuentra ya tan sólo en enormes murales también adorna complementos de ropa. Como Audrey.

A Bogart le vemos en más de un cartel. Gana su cara desencantada y cigarro en la boca. En Casablanca como héroe romántico o como detective con gabardina.

Los ojos azules de Paul, los vaqueros de James Dean, la pose de motero salvaje de Marlon Brando son imágenes que nos persiguen allí donde vayamos.

Identificables en cualquier parte del mundo.

Una Greta Garbo con su pelo peinado hacia atrás. Misteriosa y bella y su frase mítica… Quiero estar sola.

A los ojos de Bette Davis le cantan canciones.

A Marilyn, también, y títulos de novela. Y le dedican personajes trágicos en obras de teatro.

¿Quién no ha visto alguna vez en su vida fotograma de Vivien y Clark o mejor dicho Rhett y Scarlata?

La publicidad del presente recuerda a imágenes del pasado. Ahí está todavía Steve Mcqueen.

Todos son sombras del celuloide, de vida eterna.

Todavía siguen enamorando…aunque ya no estén.

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11º Festival de cine alemán

En un cine de los de siempre, con todo el encanto de los grandes cines de barrio, en el Palafox (Madrid) arrancó ayer el 11º Festival de cine alemán. Este tipo de festivales son todo un regalo, en los que se nota el cariño puesto, para conocer la cinematografía de otros lugares, en este caso de Alemania.

Las propuestas este año son atractivas: por una parte está la sección oficial y por otra un miniciclo Veinte años sin muro. También durante toda esta semana (2 al 6 de junio) se podrá disfrutar de una serie de cortometrajes de una nueva generación de directores alemanes. No os perdais la programación en www.cine-aleman.com.

Lo primero que hice ayer al llegar al acto inaugural fue acercarme a la taquilla para comprar mi entrada a una sesión del sábado (que también ya es tradición en este festival) en la que proyectarán Espías, 1928, película de cine silente del gran Fritz Lang con acompañamiento musical en vivo y directo. Todo un lujo. Además, esta obra silente nunca la he visto con lo cual voy con más ilusión, ya que el periodo mudo del director es el que menos conozco (y lo que he visto me ha entusiasmado: Las tres luces y Metrópolis).

La película inaugural fue Hilde de Kai Wessel, biopic centrado en la historia de la actriz y cantante Hildegard Knef. De la película me quedo con la actriz principal (Heike Makatsch) que me resultó camaleónica y con todo lo que refleja sobre el mundo del cine. Tengo que decir que para mí Hildegard Knef era una absoluta desconocida (¡¡¡Ay, esas lagunas culturales, cuántas personas nos perdemos… pero menos mal que siempre están ahí para descubrirlas!!!). También, me llevé la canción y melodía principal… lluvia de rosas rojas… de la mejor cantante sin voz.

La película refleja el interés que sentía por el cine el régimen nazi como propaganda política y de entretenimiento (siempre que reflejara sus planteamientos ideológicos). Siempre se cuentan anécdotas sobre las relaciones que tenía Goebbels con el séptimo arte o sobre los gustos cinéfilos de Hitler. Así como actrices, actores, directores, guionistas que trabajaron durante el periodo del nazismo en el poder (los casos siempre reseñados de Leni Riefenstahl, la guionista y esposa de Fritz Lang, Thea von Harbou —imprescincible su contribución al periodo silente del director—, los trabajos del actor Emil Jannings —algunos estudiosos aseguran que su afinidad al régimen era una estrategia para seguir rodando, haciendo lo que quería hacer—…). Era una industria fuerte que iba creando su particular star system…, y ahí, cuando ya estaba coleando, cuando el resultado de la guerra era inminente, ahí entró la joven promesa Hilde que se convirtió en estrella en ciernes sin película de estreno y en amante joven de un hombre influyente en el mundo del cine.

La huída por otra parte de varios realizadores, actores y actrices permitió a la industria de Hollywood contar con una colonia alemana que realizó un cine que explica en parte la etapa dorada de la industria americana (léase Lang, Marlene Dietrich, Ernst Lubitsch, Otto Preminger, Billy Wilder, Douglas Sirk…)Hilde también vive el férreo sistema de estudios estadounidense que tenía a personas en nómina con contratos imposibles pero si el estudio pensaba que no era el momento del lanzamiento, ahí los tenían con sueldo pero sin que llegara la buena película, tan sólo, malgastando talentos en malas películas o en actos de promoción. Hilde no lo aguantó. Me ha sorprendido el retrato que realiza la película del productor David O. Selznick. De lo que he leído de él nunca me lo hubiera imaginado así, el personaje de la película da un contrapunto cómico. Aunque Hilde terminaría trabajando en películas norteamericanas para recordar (Las nieves del Kilimanjaro o Fédora de Wilder).

Otro tema interesante fue que protagonizó una película alemana que se convirtió en un escándalo (ya se sabe tanto en Europa como en EEUU a partir de principios de los años treinta se instauraron las censuras, Códigos Hays y cada país con el suyo), La pecadora en 1951. ¡¡¡Hilde salía unos segundos desnuda!!! Y se armó gorda. Triste. Sobre todo sabiendo que antes de las censuras hubo otras actrices que enseñaron sus cuerpos (todo el mundo recuerda a Hedy Lamarr en Éxtasis en 1933 o recordemos otro menos conocido del mismo año, Claudette Colbert —que en alguna que otra película enseñaba pezón— totalmente desnuda en una playa en olvidada película, A la sombra de los muelles).

Y, por último, recalcar otra figura del mundo del cine importante además en la vida de Hilde, y bonito personaje en el biopic, el productor alemán Erich Pommer que lanzó a directores como Lang o Murnau, que logró dar prestigio a la UFA produciendo grandes clásicos de cine alemán. Y que tras su abandono de Alemania al subir al poder el nazismo, siguió trabajando en Hollywood, Francia o Reino Unido.

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Diccionario cinematográfico (99)

Rockeros y rockeras: La Rosa se sube borracha en el escenario y canta apasionada y rota. Le hace compañía un John Norman (Kristofferson) en el declive de su carrera con mucha droga en las venas. Los chicos de la moto, los Easy Rider van de festival en festival siempre con buena banda sonora en sus vidas, son libres, y a poco gente le gusta…, ya se sabe, por el tema del miedo. El ídolo del rock antes de hincharse y demostrar que seguía siendo grande a pesar de sus pantalones de campana, seguía con voz especial y movimientos de cadera, se subió a la cima del celuloide, yo le recuerdo rebelde en buena película, triste, El rock de la cárcel. Elvis vestido de cine regalaba voz. El maldito Iggy Pop, de rockero trasnochado, daba la nota en Cry baby, donde ya Depp nos demostraba sus gustos musicales. Juntos, cantando a dúo, uno con su guitarra y otro con su piano, ritmo en las venas y algo de pena en el alma, ahí nos deleitan Johny Cash (con cara de Phoenix) o el vital Jerry Lee Lewis (ahí está el loco de Quaid). El anárquico y acelerado Jim Morrison (ahí se quedó Val Kilmer) nos recuerda una vida de sexo, drogas, ira y alcohol en biopic mediocre, The doors. Y ahí va un rockero tierno, del pasado, con sus aires de divo acabado, pero todavía con ganas de humor y de comerse la vida, ¿recuerdan las entrevistas al personaje con cara Bill Nighy y su versión rock-navideña? Ayer fui a escuchar a un grupo, con soul en las venas y un poco de rock, sus miembros están rotos antes de formarse y viven en Dublín, The Commitments. A Alan Parker ya le había gustado atrapar la esencia rockera con Pink Floyd contra un muro. Ahora me apetece reírme un rato y sigo a esos filandeses con enorme tupe, los leningrad cowboys, o me apetece llorar cuando escucho en marginal karaoke, Try a little tenderness o Free as a bird, con las voces de Paul Giamatti y André Braugher en esa película menor pero tierna, A dúo.

Letras, músicas y rock and roll han servido de bandas sonoras de nuestras vidas y celuloide. Aún lloro o me emociono escuchando… Me apetece un recuerdo para ese ser extraño que se llamaba Freddie Mercury, que venía de otro planeta, y demostró una y otra vez que era un enamorado de Metrópolis de Fritz Lang. Todavía espero película que me emocione con su interpretación de Bohemian Rhapsody.

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