Nunca en domingo (Pote tin Kyriaki, 1960) de Jules Dassin

¿Qué hace un artista intelectual y comprometido que en un momento de su vida y arte se toma un paréntesis y un respiro? Reírse un poco de sí mismo, dejarse llevar por los placeres de la vida y regalar película vital.

¿Qué hace Jules Dassin que lleva ya unos años por Europa y sin regresar al Hollywood que le relegó a maldito por la Caza de Brujas?

Dassin toma su pluma, se regala personaje que encarnar; crea personaje femenino, la mujer-símbolo, se va a país totalmente opuesto a los EEUU, a la Grecia lejana y, por último, se pone a dirigir película sobre la alegría de vivir. Y transmite vitalidad, dinamismo, placer, sensualidad… Nunca en domingo no es una película obra maestra pero te deja una sensación de la vida es bella difícil de conseguir. Además, es una película donde reina un personaje genial, una prostituta increíble de sensualidad desbordante, instintiva, independiente, inteligente y con una filosofía de vida desbordante. Illya, la trabajadora sexual protagonista, tiene el rostro de la actriz griega Melina Mercouri, futura esposa del realizador y musa.

Nunca en domingo es una delicia. Y durante toda la proyección, mantienes una sonrisa que no se borra de los labios. Dassin se aleja del realismo social de Brute force, del realismo documental de La ciudad desnuda o del cine negro más brillante y desencantado en esa maravilla que se titula Noche en la ciudad y nos regala filosofía de vida.

Illya vive en una localidad costera de una isla griega. Es una prostituta madura y sensual, absolutamente instintiva y vital que se recrea una vida feliz donde como mujer independiente ama a los hombres, ama su trabajo, ama el placer y las historias con final feliz donde todos terminan en la playa. No tiene vergüenza de nada, ni de su voluptuosidad, ni de sus exageradas maneras, ni de su voz ronca, su risa sonora y sus movimientos continuos. Ella es Illya y los hombres son sus amigos. A ella no le importa el dinero que la paguen, ella elige con quien quiere acostarse, donde vive, cuál es su horario y cuáles son sus clientes. Los domingos organiza fiestas con los hombres importantes, sus amigos, en su casa donde hay música y comida. El mar y el bar son sus lugares de reunión. Hay unos días sagrados en su calendario, el Festival de tragedia griega. Ella las vive y reinventa, y es lo que más le gusta: Medea es una buena mujer que hace todo lo posible por recuperar al hombre que ama y Edipo es un hombre noble que ama a su madre, un buen hijo. No hay una realidad fea y sucia que la rodee porque ella con su actitud la transforma.

De pronto, llega a la isla un filósofo amateur que quiere conocer la cuna de la Grecia clásica donde estuvieron hombres que se preguntaron sobre qué es la felicidad, hombres como Aristóteles, Platón, Seneca… y que quiere entender cuándo toda la sabiduría se echó a perder y cómo llegó la decadencia de la civilización. Y ve en Illyna un símbolo, cree que el puede ser el pigmalión que la haga saber la verdad sobre las miserias de su vida, sobre todo el horror que la rodea, darla el conocimiento suficiente para saber que esa no es la vida correcta y moral. Jules Dassin es ese hombre, ingenuo hasta la médula capaz de provocar la tristeza y de fomentar la injusticia para descubrir la verdad y la sabiduría (recibir el apoyo de un hombre que se aprovecha de todas las prostitutas del lugar poniéndolas unos alquileres muy altos). Un boy scout maduro que termina siempre con un ojo morado y que por suerte fracasa estrepitosamente en su labor de pigmalión y guardián de una moral simple. Dassin está genial (y no me gusta desvelar finales) cuando finalmente se deja llevar por la alegría de vivir, por la filosofía del placer sin hacer daño al otro, y reconoce en la cara de una Illyna desbocada y maravillosa que desde el primer momento que la vio lo único que deseó fue acostarse con ella.

Nunca en domingo es un relato maravilloso donde todos terminan en la playa. Donde es una delicia ver a la prostituta protagonista contar las tragedias griegas a su modo, donde es otra delicia ver a las otras compañeras de profesión siendo reivindicativas junto a la independiente Illyna…, donde Illyna está increíble cantando la famosa canción sobre el Pireo, donde los pescadores, trabajadores, camareros y músicos del bar son hombres sacados de un cuento, inocentes, trabajadores, respetuosos y naturales…

Jules Dassin se dio un buen respiro y nos hace disfrutar a todos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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