Papá piernas largas (Daddy long legs, 1955) de Jean Negulesco

Jean Negulesco director de dramas como Humoresque o Belinda en los años cuarenta, también fue el realizador de populares películas de los cincuenta como Cómo casarse con un millonario o Creemos en el amor. Y, también, fue el director de este musical en una época que no daba miedo contar cuentos y desarrollarlos como tal. Películas de una inocencia increíble pero que curiosamente lograban no sobrepasar la barrera de la cursilería. Así esta adaptación de una famosa novela juvenil se convierte en un espectáculo de danza con linda historia de fondo.

Mucho tiene que ver la elegancia de la ejecución, los intérpretes, la calidad de los números musicales, el uso del color y la puesta en escena. Fred Astaire y Leslie Caron cumplen con creces. Ella era una buena bailarina de clásico, francesa, que conquistó muy joven Hollywood con su aparición en Un americano en París a principios de los cincuenta de la mano de su descubridor, Gene Kelly, otro de los grandes bailarines de Hollywood. Él, Fred Astaire, era el maestro del baile que empezó a danzar en los años treinta y no paró hasta los sesenta. Es curioso cómo este hombre de apariencia física poco atractiva lograba conquistar a toda la platea femenina y masculina en cuanto se ponía a bailar. Y todos nos creíamos que era hombre elegante, de mundo, conquistador de mujeres y capaz de llevarse a la cama y a la pista de baile a grandes damas como Ginger Rogers, Cyd Charisse, Rita Hayworth, Audrey Hepburn… o a la chica francesa más chic, una Leslie Caron virginal que se convirtió luego en enamorada de uno de los rebeldes de la industria, Warren Beatty. Caron pegó fuerte en el cine musical pero cuando ya estaba decayendo el género y el sistema de estudios. Fue protagonista de importantes musicales —que ahora algunos son difíciles de ver— como Lili, La zapatilla de cristal o Gigi. Después se mantuvo y se mantiene en el mundo del cine en roles dramáticos, románticos o cómicos.

Papá piernas largas es de esas películas para ver sin prejuicios y soñar. Dejarse llevar por un cuento con final feliz. Y disfrutar con los bailes de Leslie Caron y un siempre maestro Fred Astaire (que no vivió sus mejores momentos porque durante la realización de esta película falleció su mujer).

Soñar con un orfanato francés donde va a parar un millonario americano al que le atrae la vitalidad y ganas de enseñar de una huerfana de 18 años. Así que, anónimamente, para que nadie piense mal porque todo el mundo conoce su fama de mujeriego (corren los años cincuenta…, y ya saben la moral que se gastaba) apadrina a la huerfana y costea sus estudios en una buena universidad femenina americana. Sólo hay una petición y es que le escriba cartas contándole sus progresos. Una vez en el colegio universitario ella crea en su imaginación su imagen del protector, papaíto piernas largas, y le cuenta todas sus fantasías, temores, pensamientos en cartas que nunca reciben respuesta. El millonario mientras a lo suyo, a su vida entre negocios y bohemia, hasta que sus secretarios que le sacan continuamente de todos los apuros y a menudo toman decisiones vitales, le recuerdan que lleva dos años protegiendo a una chica que ya tiene 20 años y que pide una respuesta a sus interminables cartas. Y entonces el millonario se interesa y decide jugar a las apariencias. Y no se presenta como protector sino como el tío verdadero de una de las compañeras de cuarto.Y ese hombre, ya maduro, revive al lado de joven francesa que le ama, sin saberlo todavía, en sus cartas. Y juegan uno y otro a la conquista. Y no podía ocurrir de otra manera, se enamoran. Ella sigue escribiendo a Papaíto. Y pasan obstáculos que impiden el clímax de esta enrevesada historia de amor. Pero es un cuento y todos sabemos lo que pasa.

La película cuenta con escenas musicales —donde se interpretan las imaginaciones y fantasías de la protagonista— que no quitan la sonrisa de los labios. Es de esos musicales que te transporta a un mundo de decorados y mentiras pero terminas creyéndotelos y metiéndote en la historia. Y es que es ver bailar a Fred Astaire y Leslie Caron y por arte de magia se convierte en la mejor pareja de enamorados… aunque no peguen ni con cola. Ésa es la magia de los buenos intérpretes. Ah, ya saben mi amor por los secundarios, ahí tenemos a nuestra homenajeada en post del pasado, Thelma Ritter, en otro divertido papel, poco desarrollado, pero que como acostumbra siempre llama la atención y roba escenas a los grandes.

Soñemos y seamos inocentes con Papá piernas largas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

3 comentarios en “Papá piernas largas (Daddy long legs, 1955) de Jean Negulesco

  1. Todavía no terminé de ver esta película (que se estaba pasando mi hora de dormir y si no la cumplo, a la mañana no me levanta nadie, jeje), vi hasta la escena del baile en la escuela. Hasta ahora me está encantando y es tal cual decís, parece que esta pareja no pega ni con cola pero cuando se ponen a bailar, cada uno en su estilo pero en diálogo perfecto, te crees cualquier cosa. Me falta ver aún el desarrollo del romance que por ahora no apareció. Me reportaré nuevamente cuando haya visto la peli completa.-
    Un besote, Bet.-

  2. ¡Mi querida Bet, ya me contarás! A mí se me hizo deliciosa.
    Disfruto con Astaire y a Leslie Caron siempre la he tenido un cariño especial.
    Beso
    Hildy

  3. ¡Me ha encantado! La tuve durante meses en mi estante de musicales sin atreverme a tocarla porque tenía el prejuicio de que no me gustaría y ahora resulta que estoy fascinada. Todavía estoy procesando algunas ideas, con suerte lograré hilvanar un par para escribir algo bajo mi parasol blanco.-
    Un beso grande, Bet.-

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