Momentos inolvidables de Casablanca

Ya tocaba.

Casablanca reúne un sinfín de momentos inolvidables.

Ya tocaba escribir algo.

Parece que no se va a decir nada original sobre el café de Rick, La Bella Aurora o El loro azul.

Parece que no se va a decir nada original de un Sam que toca al piano As time goes by a unos amantes que habían perdido París pero lo recuperan de nuevo en Casablanca.

Parece que no se va a decir nada original de unos diálogos que vienen una y otra vez a la cabeza. Creo que éste es el comienzo de una bella amistad. Siempre nos quedará París. ¿Profesión? Borracho. Los alemanes iban de gris y tú ibas de azul. De todos los cafés de todas las ciudades del mundo, tuvo que venir justo al mío…

Parece que no se va a decir nada original de cada uno de los maravillosos personajes: de Rick, Ilsa, Víctor, capitán Renault, Sam, Ugarte, Ferrari, el ladrón de carteras, los abuelos que se van a las americas, el anciano y tierno tabernero, la novia despechada, esa pareja de jóvenes búlgaros que necesitan dinero para un visado…

Parece que no se va a decir nada original de esa escena que me emociona hasta las lágrimas cada vez que la veo: cuando está el mayor Strasser, con unos colegas cantando canciones nazis y llega Víctor y pide a la orquesta que toque La Marsellesa y todo el café de Rick se pone en pie a cantar hasta la novia despechada que había ligado con un oficial nazi y les hacen callar.

Sí, lo parece.

Pero es inevitable.

Cada vez que veo a Bogart con su cara cínica, su borrachera, desencantado pero absolutamente enamorado de Ilsa y de las causas perdidas.

Cada vez que veo el rostro bello de Bergman, esos ojos que brillan, o una lágrima que cae… que ama con locura a dos hombres.

Cada vez que veo a Víctor, el hombre de la Resistencia, pero ser humano que ama a su mujer y la necesita. Y lo dice.

Cada vez que veo a ese genial cínico que es el capitán Renault, que al final muestra quizá un mismo fondo que el de Rick… Pero él siempre tiene más morro.

Es inevitable. No me importa no ser original.

Y me dejo llevar por la lluvia en una estación de tren y una mujer que no llega y un hombre que espera con cara crispada. Y una nota que llega. Ella no irá…

Y me dejo llevar por ese cantante que con piano me dice al oído que un beso es sólo un beso.

Me envuelvo en el humo de los cigarrillos y las copas de alcohol que se sirven en el Rick’s Café.

Vuelo en un avión que me lleva a Lisboa y sé que siempre me quedará París.

Acompaño a un Rick borracho con el corazón roto y la cabeza llena de recuerdos. Y a una Ilsa que no puede olvidar y que descubre que ama a dos hombres y no tiene ni fuerzas para decidir. Y esos dos hombres la aman.

Me tomo un copa con el tabernero amable y con el de la barra, sí ese con bigotillo que se emociona ante las buenas acciones.

Desaparezco en la niebla con gabardina y sombrero, un cigarro, y al lado mío, un buen amigo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Forrest Gump (Forrest Gump, 1994) de Robert Zimeckis

Forrest Gump es una película que me genera sentimientos encontrados. Y voy a tratar de explicarme.

Me gusta cómo está contada la historia de este personaje llamado Forrest Gump con un coeficiente intelectual inferior a la media. Me gusta que se cuente desde su punto de vista. Desde su visión.

Me gustan las dosis de romanticismo de esa historia entre Forrest y su amiga de la infancia, Jenny.

Me gusta la ‘aparente’ inocencia que destila la película así como el ‘aparente’ idealismo latente.

Recuerdo con cariño una de las frases que se vierten en la película porque luego me ha inspirado más de una anécdota divertida y broma continua. Incluso he filosofado con ¡¡¡corre, Forrest, corre!!! y Forrest corre, no importa la dirección, corre y corre y no para.

Reconozco que cuando la veo me engancha. Y que además en ciertos momentos me conmueve o emociona.

Otro mérito de la película es la presencia de un actor que se prodiga poco en la pantalla (y no acierta mucho con sus elecciones) pero que a mí particularmente me gusta: Gary Sinise. Aquí me gusta él y su personaje el teniente Dan.

Me gusta una primera mirada superficial donde todos los personajes protagonistas son de alguna manera personajes al margen, excluidos de la sociedad por diferentes motivos.

Pero ¿entonces dónde están esos sentimientos encontrados? Cuando analizas un poco más profundamente el fondo de la historia de Forrest Gump. Cuando rascas y rascas…, entonces esta película-medicina plantea algunos peros… Porque Robert Zimeckis plantea su particular punto de vista sobre la historia de EEUU en los 50, 60, 70 y 80 y entonces ese punto de vista me parece coherente con el director pero a mí, particularmente me chirría…, y ahí surgen los sentimientos encontrados…, que no impiden que vuelva a verla con gusto porque me centro en lo que me conmueve o analizo los puntos que me chocan.

Centrémonos en las historias paralelas de Forrest y sobre todo en el amor de su vida, Jenny (con el rostro dulce y tranquilo de Robin Wright Penn). Jenny tiene una infancia marcada por abusos sexuales a partir de ahí va por su vida dando tumbos donde su única relación duradera es la que mantiene con su amigo de la infancia Forrest. Así Jenny va de mal en peor y con una simplificación risible se narra su paso por movimientos alternativos y pacifistas así como la liberación sexual que además la conducen no a la lucha por un mundo más justo o a adquirir una conciencia social y política sino a las drogas, los malos tratos y la prostitución. Así el movimiento pacifista que generó Vietnam viene a ser representado por un grupo de fantasmas y lunáticos y se presenta, en un momento determinado, una recreación ridícula y payasa de los Panteras Negras. Para Jenny el paso por estos movimientos no supone nada positivo sino más y más perdición hasta tal punto que es un personaje trágico que finalmente sufre todas las consecuencias de su ‘mala vida’ enfermando de SIDA. Lo único ‘puro y sano’ en su vida es su relación con Forrest.

Si nos centramos en Forrest el va corriendo por la vida, corre, Forrest, corre, sin reflexión alguna ante los acontecimientos históricos y aprovechando las circunstancias que le ofrece la vida hasta tal punto que logra poner en pie el sueño americano del que no tiene nada y consigue todo por ser emprendedor a su manera, por su buena estrella y lo bien que le va con la libre empresa que le permite tanto a él como al teniente Dann volverse millonarios para toda la vida.

Destaco la velada crítica al ejército donde Forrest encaja como un guante como él dice porque sólo tiene que obedecer y seguir las órdenes tal y como se las plantean sin hacerse preguntas, reflexiones o cuestiones de algún tipo. Durante su entrenamiento un superior le dice que es un genio por la respuesta de Forrest: Obedecer, señor, obedecer. O a cómo las personas se unen a movimientos sin sentido para buscar significados a sus vidas, perseguir a un Forrest silencioso que corre sin rumbo fijo y sin ninguna razón aparente (aunque sí la hay, olvidar el daño emocional que le causa la ausencia de Jenny que es la única persona que le puede hacer reaccionar con violencia si alguien osa dañarla).

La trayectoria y transformación del teniente Dann también tiene puntos interesantes de análisis. Él es un militar por tradición familiar, un hombre pragmático, que prefiere morir en combate como un héroe… a sobrevivir sin piernas. De un hombre seguro de sí mismo se transforma en un hombre que se odia y se autodestruye. Sólo curiosamente Forrest, otro excluido como él, le hará de nuevo asumir su situación y tomar nuevos retos (se le da bien la libre empresa y los negocios…, ya se sabe, ‘hazte a ti mismo’), reconciliarse con él mismo, que Forrest lo interpreta como que se reconcilia con Dios. El teniente Dann de ex militar mutilado y alcohólico, se convierte en multimillonario que además se enamora de una vietnamita (superficial reconciliación y análisis de una guerra cruenta). Es curioso cómo mientras Dan está enfadado con el mundo en su silla de ruedas casa con la estética hippy (¿recuerdan a Jon Voigh en El regreso? Él sí realiza una reflexión y una conciencia de lo que ha sido la guerra de Vietnam) y cuando se reconcilia con el mundo y se vuelve millonario además de conseguir dos piernas de titanio, se corta el pelo, se afeita la barba y se pone traje y corbata, todo un yuppi.

Y así se podrían analizar un montón de escenas, situaciones históricas y personajes…, con su cara y su cruz. Pero por qué no, de esta manera su visionado se convierte en interesante y descubrir sus múltiples análisis en un juego apasionante.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Diccionario cinematográfico (128)

Léolo: porque sueño, yo no lo estoy.

Porque sueño, yo no estoy loco.

Y tomo nota en un cuaderno. Y escribo a la luz de una nevera.

Mi familia no está bien. Mi entorno no está bien.

Sólo mi madre, enorme, que me cobija en sus brazos y grasas me puede dar cierta tranquilidad. Pero no basta.

Yo sufro cada día.

Porque mi padre es un hombre desgraciado al que no puedo admirar. Porque mi abuelo es un hombre degradado. Porque mi hermano mayor, tierno, oculta sus miedos entre sus músculos. Porque mis hermanas se encierran en paraísos que no existen. No regresan.

Yo voy creciendo.

Trato de soñar, de creer que no pertenezco al mundo donde he nacido. Que vengo de otras tierras, de la lejana Italia. Que estoy enamorado de una bella Bianca. Que escucho canciones de amor.

Nadie, nadie resuelve mis dudas. Nadie, nadie calma mis miedos. Algunas veces me tranquiliza la mirada o sonrisa de mi madre, fuerte. Nadie me cuenta por qué podemos ser crueles. Nadie me motiva para que siga soñando, escribiendo o leyendo. Nadie me indica una puerta de salida a un puerco mundo que me ahoga.

Y sólo soy un niño.

No encuentro salida.

Porque sueño, no lo estoy.

Pero llegó el momento que hasta me costó soñar. Que la mierda me arrastró. Y preferí, como mis hermanas, perderme en paraísos donde difícilmente puede que vuelva. Ya no regreso.

Últimas hoja del cuaderno de Léolo recogidas por el ladrón de palabras.

El único que quizá pensó que Léolo sabía soñar y crear.

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Saraband (Saraband, 2003) de Ingmar Bergman

Parece ser que un saraband es una pieza musical en algunas composiciones de Bach y también hace alusión a una danza del siglo XVI y XVII entre un hombre y una mujer que fue prohibido en España porque pareció un baile demasiado sensual. Ése es el título que pone la guinda en la carrera del cineasta sueco Ingmar Bergman (que murió en el 2007), una obra rodada para televisión en vídeo de alta definición. Un joya cinematográfica…, hermosa como la música clásica. Y creo que no me paso con los adjetivos.

Bergman se rodea de alguno de los actores que le han acompañado a lo largo de su trayectoria: Liv Ullmann, Erland Josephson, Börje Ahlstedt y un rostro fresco, joven y rubio Julia Dufvenius (como alguna de sus heroínas). Y los cuatro interpretan, como en un movimiento de música clásica, con calma pero con fuerza y ritmo, 10 duetos inolvidables con un prólogo y un epílogo. Es el rostro de Liv Ullmann quien abre y cierra la película. Como un baile de palabras que nos arrastra a un torrente de sentimientos duros pero demasiado humanos. El realizador se desnuda y vierte reflexiones, entre otras, sobre la muerte (tenía ya ochenta y tantos cuando rodó esta obra) y sobre el poder de la ausencia.

Porque Saraband es una película de cuatro personajes y dos ausencias: Anne, la dulce Anne, a la que sólo vemos a través de una fotografía que sale repetidamente y en las palabras que vierte en una carta. Anne que murió de cáncer de manera dura dos años antes de empezar la historia de estos personajes. Y, otra ausencia, es un personaje vivo que nunca aparece pero que domina con fuerza: la señorita Nilson que cuida de uno de los protagonistas.

Los duetos se establecen entre cuatro personajes: Marianne y Johan (el matrimonio que se desgarró en Secretos de un matrimonio en 1973) que llevan 35 años sin verse y de pronto, como explica Marianne ante una mesa llena de fotografías siente la imperiosa necesidad de ir a visitarle. Entre Henrik y Karin, padre e hija envueltos en una dolorosa relación de dependencia emocional ante el dolor del padre por la ausencia de la madre muerta, Anne. Henrik a veces busca en Karin lo que perdió con Anne. Ambos son músicos, el padre es el maestro, la hija es la alumna brillante. Ambos se quieren, ambos se dañan. Henrik es uno de los hijos de Johan (no de Marianne) y Karin es su nieta. Entre Marianne y Karin, las dos se convierten en cómplices y confesoras. Entre Johan y Henrik, la relación entre padre e hijo dolorosa y brutal ambos se destrozan a base de palabras y humillaciones, sólo mantenía la calma el amor que ambos profesaban a Anne. Johan y Karin, abuelo y nieta, él la respeta, ella le respeta. Ambos se sienten unidos a través de Anne. El abuelo quiere que su nieta incline la balanza hacia a él y así hacer más daño a su hijo. Henrik y Marianne, conversación que empieza desde el respeto y la confesión en el seno de una pequeña iglesia y por el odio que reconcome a Henrik acaba en bofetada verbal.

Y todo para narrarnos una historia, con primeros planos, con almas desnudas que reflexionan, se quieren y se hieren y así golpean al espectador que es testigo de unos duetos íntimos muy íntimos. Donde los amores y los odios afloran y donde se quedan imágenes de una belleza que corta la respiración. La descripción de lo que piensa puede ser la muerte por parte de Henrik a Marianne, qué palabras más bellas. La lectura de una carta llena de amor y dolor. La despedida entre un padre y una hija que saben que se hacen demasiado daño. La escena de un anciano con una ataque de ansiedad, con miedo a la muerte cercana, que pide poder acostarse desnudo, su pijama está lleno de sudor, con la que fuera su esposa, ella accede y también se quita su camisón. Las fotografías en una mesa. El recuerdo de una madre que visita a una hija con un problema de salud mental y la toca y siente por primera vez conexión con su hija. Y se miran. Un rostro y una lágrima. Una joven que en medio de la naturaleza grita de impotencia…

Y en toda esta radiografía de almas de amores y dolores se cierne el espíritu de un cineasta anciano con sus reflexiones, divagaciones y miedos, con esa distancia que siempre le mostró Strindberg y que dedica esta última obra a Ingrid. Quizá sea la última esposa del realizador, Ingrid von Rosen que murió en 1995 de un doloroso cáncer…, quizá ella era la calma como Anne. La ausente.

Bella y dura, Saraband como una melodía de Bach con unas gotas de Brahms y una lágrima de Liv Ullmann.

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Cine y teatro (II)

Tennessee Williams y el cine

El universo de Williams es trágico, de amores desgarrados, hombres y mujeres de mentes frágiles, de relaciones que esconden secretos, de frustraciones, de explosiones de violencia, de un mundo lleno de opresiones, de una sensualidad que daña, de desgarros…, sus obras teatrales, sus relatos o alguna que otra novela presentan un mundo de daños y dolor donde pone encima de la mesa temas tabúes de los que es mejor no hablar pero destrozan el espíritu y el alma de los personajes. Sus historias de amor rompen, dañan pero a la vez descubren el alma de los personajes que sufren una catarsis que los lleva al drama más absoluto por vivir en un mundo opresivo y cruel que rompe.

Las adaptaciones cinematográficas surgen con fuerza en los años cincuenta en el cine norteamericano. Películas intensas que chocaron en una época contradictoria donde por una parte se quería mostrar a una nación inocente que creía en el sueño americano y se propagaba una burguesía adocenada, perfecta y aburrida donde primaba la corrección, una época de guerra fría y miedos ocultos, una etapa de tabúes…, ahí nacen las tragedias cinematográficas a lo Tennessee Williams que a pesar de que no pueden ser tan explícitas como sus representaciones teatrales captan su espíritu desgarrado.

La primera que golpea como un mazazo. El director Elia Kazan decide llevar a la pantalla de cine lo que ya ha llevado al escenario. Nace Un tranvía llamado deseo (1951), una película que duele y que atrae por la sensualidad que se respira en cada uno de los fotogramas. El guión lo realiza el propio Williams. Con un reparto excepcional que coloca a Marlon Brando en lugar mítico por su representación del brutal Stanley Kowalski. Un tranvía llamado deseo cuenta el descenso a los infiernos de la frágil mente de Blanche DuBois (prodigiosa Vivian Leigh). Los dos son acompañados por la esposa enamorada y la hermana preocupada (estupenda Kim Hunter) y el hombre trabajador que vive la ilusión del enamoramiento en el mundo etéreo que crea la frágil Blanche (un inmenso Kart Malden). Las relaciones entre los cuatro personajes van aflorando y duelen. En cada fotograma vivimos exasperados por el calor de Nueva Orleáns, la sensualidad del jazz y el ambiente opresivo en un humilde hogar.

La italiana Anna Magnani interpretaría dos de las obras más olvidadas de Williams en dos películas extrañas pero interesantes e intensas. En ambas Williams estaría implicado en la escritura del guión. La primera sería La rosa tatuada de Daniel Mann en 1955 y la segunda la desgarradora Piel de serpiente de Sidney Lumet en 1959. Las dos dignas de verse. La primera es una especie de tragicomedia donde la Magnani se come a todos con patatas fritas como esa atormentada viuda que crea un mundo donde no hay cabida para otro hombre, que oprime a su hija para que no se deje engatusar por el deseo y la sexualidad, mujer siempre doliente y exasperada…, hasta que aparece un bruto y sencillo camionero (bendito Burt Lancaster) que hace que la filosofía de la dama se caiga en pedazos ante la belleza y la dulzura de un Lancaster que se pone a su altura. La segunda tiene todo el espíritu sureño-desgarrado-tragedia continua que despedaza a todos los personajes de una pequeña localidad donde hace mucho pero que mucho calor. Una pequeña localidad cercana a Mississippi: la llegada de un vagamundos con botas de piel de serpiente y una guitarra descoloca a los habitantes de la opresiva localidad. No podía ser otro que un bellísimo y erótico Marlon Brando. El joven encuentra trabajo y acomodo en casa de una madura italiana casada con un hombre cruel y enfermo. Se cruzan en su camino entre otros una joven alcohólica pero que se permite decir verdades a gritos…, la tragedia está servida.

De nuevo Kazan vuelve a Williams que también se encarga de la escritura del guión y regala ese esperpento tragicómico que es Baby Dolls donde el imaginario colectivo recuerda a una Carroll Baker tumbada en una especie de cuna con el dedo gordo en la boca cual bebé. Espíritu sureño, sensualidad y sexualidad, calor opresivo y personajes esperpénticos en una localidad del Mississippi. Baker es una joven a punto de cumplir los 20 años casada con un hombre primitivo y brutal (un Kart Malden inolvidable) que prometió al padre que no la tocaría hasta que cumpliera dicha edad…, de pronto en el escenario, aparece un esperpéntico terrateniente, rival del esposo, que llena de atenciones a la joven y virgen esposa (increíble Eli Wallach). Este trío estalla…

En 1958 Richard Brooks realiza quizá la obra cinematográfica más recordada de un drama de Williams (aquí no participa en el guión), La gata sobre el tejado de zinc, una calorosa noche de una familia sureña desestructurada que grita sus secretos y relaciones tormentosas. Todo comienza por una celebración familiar, el cumpleaños del patriarca (que se encuentra gravemente enfermo), donde se reunen los dos hijos y demás familia. Es una noche intensa en la que salen a relucir todos los trapos sucios y todo el pasado oscuro de cada uno de ellos. No falta una sensualidad opresiva y unos diálogos que desgarran. También ha quedado en la memoria colectiva una sensual Liz Taylor en combinación blanca, o un joven Paul Newman, hermoso, con bata y pierna escayolada realizando un joven atormentado y airado. Por supuesto, en la versión cinematográfica se disimula y mucho la homosexualidad del protagonista.

Entre Williams y Gore Vidal realizan el guión para una oscura y opresiva película de Joseph L. Mankiewicz, De repente, el último verano. Una película que indaga en la mente del ser humano y en unas enfermizas relaciones entre hijo ausente y muerto y madre hermosa y decadente que emplean a una frágil joven, la prima del hijo, para sus argucias. En el momento que empieza la tragedia, la joven prima ha sucumbido a su fragilidad mental y su tía está empeñada en que la practiquen una lobotomía que permita la paz a su perturbada familiar. Pero el joven doctor antes quiere investigar el porqué de la locura de la joven…, entonces descubre mil y un tremendos secretos familiares y la personalidad del joven muerto así como de su venerable madre. Intensa Katherine Hepburn, Liz Taylor y Monty Clift en un oscuro drama psicológico. Imagen para el recuerdo: una Liz Taylor en bañador blanco.

En los sesenta, las adaptaciones cinematográficas de Williams siguen funcionando. Así de nuevo Richard Brooks (también escribe el guión) vuelve a revisitar al dramaturgo en otro melodrama trágico-opresivo familiar en Dulce pájaro de juventud en 1962. El joven gigoló esconde a una decadente actriz que huye de un posible fracaso en la localidad donde vive su antiguo amor, la hija del cacique local. Una historia de sueños frustrados, mucho dolor, opresión y violencia contenida. De nuevo, caemos en los brazos de un airado Paul Newman, una fantástica y decadente Geraldine Page y un cacique exasperado con el duro rostro de Ed Begley.

John Huston adapta un relato de Williams y crea en 1964 una maravillosa tragicomedia esperpento La noche de la iguana donde en un alejado y exótico hotel se reúnen varios personajes que establecen extrañas relaciones en un ambiente opresivo, caluroso donde sexualidad, sensualidad, moralidad y alcohol forman unos ingredientes explosivos. Ahí están un antiguo pastor protestante y alcohólico (brillante Richard Burton), un grupo de solteronas hirientes, una pintora bohemia (melancólica y divertida a la vez Deborah Kerr), una jovencita muy segura de sus encantos sexuales (Sue Lyon) y la sensual y triste dueña del hotel (una excepcional Ava Gadner).

En 1966 un joven Sydney Pollack con un guionista prometedor Coppola revisitan el universo opresivo de Williams en Propiedad condenada donde narran los tristes amores de una joven y sensual sureña que vive en una localidad de Mississippi donde se acerca un joven encargado del despido de varios trabajadores del ferrocarril del pequeño pueblo. Robert Redford es el elemento extraño que se enamora de la joven y trágica Natalie Wood donde su amor se verá interrumpido por la brutalidad y las complicadas relaciones de los habitantes de la localidad.

Por último, Paul Newman en uno de sus trabajos tras la cámara recreó con sensibilidad el mundo familiar y opresivo de una tragedia de Williams, El zoo de cristal en 1987 superando la versión de 1950 donde Joanne Woodward, John Malkovich y Karen Allen son los principales protagonistas.

A lo largo de los años se han realizado otras adaptaciones cinematográficas de algunas de las obras de Williams que no han superado los originales. También se realizaron otras películas que adaptaron su universo (situadas en los años 60): La primavera romana de la señora Stone, Reajuste matrimonial, Verano y humo o La mujer maldita pero que no alcanzaron la popularidad de algunas de las obras analizadas. Y también sabemos que Williams fue uno de los guionistas de ese melodrama trágico italiano de Luchino Visconti, Senso, recientemente analizado en un post.

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Diccionario cinematográfico (127)

John Merrick: No cayó en olvido. Merrick era el hombre elefante. Pero ya se lo dice una actriz de teatro: Tú no eres el hombre elefante, tú eres un Romeo. Porque Merrick es un hombre bueno incapaz de guardar un solo gramo de odio o rencor. Sólo quiere ser feliz. Leer tranquilo. Tener su propio cuarto. Construir e imaginar una catedral. Reunirse con amigos, educadamente. Tener su propio neceser. Poner, con el cuidado y respeto debido, fotografías de sus conocidos. Guardar con gran cariño el retrato de su madre. Vestir con elegancia. Ir al teatro y soñar. Ser agradecido con los que son amables y cariñosos. Charlar amigablemente. Y ansía poder dormir como todos los seres humanos: tumbado horizontalmente. No quiere mirarse en un espejo.

Y a pesar de la crueldad de los seres humanos ante lo desconocido y monstruoso. A pesar de la frialdad de otros. A pesar de la ignorancia de muchos. A pesar del dolor que le infringen los otros, los que le ven distinto, los que le ven monstruo. A pesar de que le explotan y maltratan… John Merrick es un hombre digno, un ser humano digno, un hombre sin un ápice de odio. Educado, inteligente y de sensibilidad extrema. Un hombre que cree en la bondad del otro. Que vuelve a creer en los hombres…

Así que que quieren que les diga, a mí John Merrick y su historia me hace llorar en noche estrellada. Me conmueve.

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Cine y teatro (I)

El otro día en el post sobre el Día Internacional del Teatro ya os comenté que las relaciones entre cine y teatro presentan caminos infinitos y muy interesantes para indagar.

No olvidemos que en los inicios del cine se buscaron como actores de las pantallas cinematográficas a los actores que pisaban los escenarios y a veces en las incipientes críticas se hablaba de teatro filmado. En un principio cuando el lenguaje cinematográfico se encontraba en pañales, la cámara era un ente estático que filmaba a actores en un escenario.

Empezó entonces un debate eterno que era si el cine sólo consistía en un hermano menor y rudimentario del gran arte del teatro. De hecho creadores y actores de este mundo menospreciaban en un principio un arte que estaba empezando a crecer. Después poco a poco empezó a verse como el cine tenía su propio lenguaje y su propia evolución y cómo el teatro seguía siendo un arte en sí mismo que nunca iba a ser sustituido por el cine… porque eran dos maneras de  expresión diferente.

Entonces comenzaron las relaciones fructíferas entre ambas artes que tantas alegrías han dejado a ambas artes y las influencias de ambos modos de expresión. Es decir, el teatro influyó en el cine (sólo hay que ver cómo sirvió de fuente de inspiración y de historias) y el cine ha influido en el teatro y ha abierto nuevos caminos en el planteamiento de historias y en las escenografías. Además de otros caminos maravillosos como cientos de películas que hablan sobre el teatro o como guiones de cine que se han pasado a teatro, han inspirado obras dramáticas. O cómo dramaturgos se convirtieron en guionistas y directores de cine en directores de teatro. O cómo actores de teatro se enamoraron también de la interpretación cinematográfica o viceversa.

Para empezar esta serie comenzaré a escribir sobre dos dramaturgos que han sido importantes en el mundo del cine. Uno de siglos pasados que, sin embargo, sus argumentos universales han sido interpretados, revisitados y replanteados una y otra vez no sólo en los escenarios sino en las pantallas de cine…, donde directores del séptimo arte y actores se han visto obsesionados por su obra. Sobre las relaciones de Shakespeare y el cine se han escrito ríos y ríos de tinta así que mi aportación será mínima, tan sólo un mero recordatorio.

El otro fue un dramaturgo norteamericano de nombre Tennessee Williams que dio argumentos para un montón de tragedias cinematográficas que además tenían el sello ‘universo Williams’ a pesar de que la censura obligó a cambios importantes en los argumentos crudos de sus obras. Además el dramaturgo se implicó en el mundo del cine y estaba presente en el proceso de creación de las obras adaptadas a pantalla grande. Williams intervino en la escritura de guiones o en la elección de actores.

William Shakespeare y el cine

El universo shakesperiano en el cine es prácticamente infinito. Pero sin duda podemos mostrar cómo influyó e influye en las carreras cinematográficas de varios directores y actores de cine que se vieron absorbidos por su visión de la vida así como hipnotizados por la fuerza de alguno de sus personajes. Otros han pasado de puntillas por su obra pero con algún que otro acierto y después está la figura de Shakespeare como personaje cinematográfico, las lagunas de su biografía permiten libertad creativa a la hora de plasmar momentos de su carrera en el cine… También son importantes todas esas películas que han tomado como inspiración el ‘mundo’ recreado por Shakespeare pero revestido de modernidad (películas que han tomado ideas de argumentos o algún tipo de personaje).

Si realizamos un repaso —y que sin duda habrá omisiones— podemos decir que los cineastas (algunos de ellos también actores) más obsesionados por el universo shakesperiano han sido: Laurence Olivier, Orson Welles, Akira Kurosawa, Franco Zeffirelli, Kenneth Branagh y pongamos también en un apartado especial a Al Pacino y Roman Polanski.

Durante un tiempo Olivier ostentó el sello de prestigio en sus recreaciones de Shakespeare así como de hombre purista en la traslación del dramaturgo a pantalla cinematográfica. Y es cierto sus tres obras cinematográficas contienen ingredientes de interés y aportaciones al universo shakesperiano: Enrique V (que es un canto de amor también a la representación teatral), Hamlet y Ricardo III. Quizá la más recordada sea Hamlet pero la originalidad del planteamiento de Enrique V y la recreación de Ricardo III las hace también obras de interesante análisis.

Welles es menos purista pero absolutamente valiente en su captación del espíritu shakesperiano, en su interpretación de las obras y en su enamoramiento total por ciertos personajes. Digamos que Welles convierte a puro cine el mundo shakesperiano. Además Welles, cineasta independiente por necesidad, jugó con el lenguaje cinematográfico para recrear obras magníficas con personajes que conviritió todavía más en inmortales. Con escasez de medios y años de por medio fue capaz de elevar a Shakespeare a los altares cinematográficos. Él se enamora de un personaje como Falstaff y recrea toda una película alrededor el personaje sin faltar a Shakespeare, desde el absoluto respeto y admiración. Con Welles podemos viajar a un Macbeth trágico y oscuro, regodearnos con los celos de Otelo e imbuirnos con el orondo Falstaff que ama el placer y la vida pero que es capaz de apagarse cuando siente el rechazo de un amigo fiel…, en Campanadas a medianoche.

Viajamos a Japón y Akira Kurosawa es capaz de recrear las tragedias shakesperianas con el espíritu trágico oriental creando un singular universo de violencia, drama y destino que permite vislumbrar al dramaturgo como universal. El Kurosawa shakesperiano muestra una fuerza visual en sus obras inspiradísimas y embauca en la reinterpretación del mundo de Shakespeare siendo, de nuevo, fiel al espíritu del dramaturgo. Así Ran es su particular Rey Lear y Trono de sangre nos devuelve al más amargo Macbeth. Menos conocida (yo no la he visto) es su película Los canallas duermen en paz de 1960 que traslada el universo de Hamlet al Japón más actual y al mundo empresarial más brutal.

Franco Zeffirelli recrea, de manera clásica y respetando al máximo la obra teatral, varias obras de Shakespeare. Zeffirelli bebe del teatro, de la ambientación, de las escenografías y trata de mostrar un reflejo fiel y estético de un Shakespeare de época. Así recrea una de las comedias del dramaturgo británico (que han sido menos llevadas al cine y más olvidadas) con el encanto de ver a la Taylor y al Burton juntos en pantalla de cine llevando un clásico sobre la lucha de sexos: La fierecilla domada. Después, con actores muy jóvenes (si señalo esto es porque a veces Romeo y Julieta han sido cuarentones, recuérdese la versión de George Cukor con Leslie Howard y Norma Shearer), y una representación clásica y fiel a la obra lleva a pantalla la trágica historia de amor truncado de los amantes de Verona. Amante de la ópera une canto y Shakespeare trasladando al cine la versión de Otelo de Giuseppe Verdi con nuestro Plácido Domingo como hombre arrastrado por los celos. Después fue capaz de llevar a cabo una correcta adaptación de Hamlet con un sorprendente Mel Gibson (nada más alejado a un actor shakesperiano) de protagonista.

Otro cineasta y actor británico se lanzó a la recreación del mundo shakesperiano dotándolo de múltiples visiones. Kenneth Branagh adaptó tanto sus obras más dramáticas como sus comedias más olvidadas creando deliciosos productos cinematográficos y cada una de sus adaptaciones dignas de análisis interesantes. En algunas obras fue purista, en otras indagó en su propia y moderna adaptación pero devolvió el interés hacia la obra dramática del dramaturgo británico por excelencia. El interés por su obra comenzó por su correcta y sobria adaptación de Enrique V. Después recreó la frescura de la comedia Mucho ruido y pocas nueces. Traslada un Hamlet enorme a pleno siglo XIX y periodos de cambio. Convierte en comedia musical clásica en tiempos de II Guerra Mundial la obra Trabajos de amor perdidos y vuelve a la frescura de la comedia shakesperiana con la adaptación de Como gusteis.

El actor norteamericano Al Pacino también se ha visto seducido por Shakespeare así realizó un interesante documental-ficción sobre su interpretación de la obra dramática shakesperiana Ricardo III en Looking for Richard. Y también se deleitó en su recreación de Shylock en El mercader de Venecia. Y el director polaco Roman Polanski también se vio atrapado por la psicología y la violencia tras los personajes del dramaturgo realizando su particular visión de Macbeth. Su primera película después del terrible asesinato de su esposa Sharon Tate y varios amigos de la pareja.

Sin embargo, otros cineastas también han hecho incursiones en el mundo de Shakespeare dejando obras de referencia u obras a tener en cuenta. El cine clásico no sólo ha representado varias veces la tragedia de Romeo y Julieta sino que el cine sigue inspirándose en los amantes de Verona para realizar historias trágicas de amor adolescente. Así continuan en el imaginario colectivo obras inspiradas en este amor de juventud como el musical West side story, el barroco y contemporáneo montaje de Baz Luhrmann con Leonardo DiCaprio y Clarie Danes, la versión a la española con familias gitanas rivales Montoyas y Tarantos o hasta el cine de artes marciales creo Romeo debe morir.

Los personajes secundarios de obras de Shakespeare tienen también sus propias películas e interpretaciones de la historia narrada. Ya hablamos de Campanadas a medianoche o su reinterpretación de la mano de Gus Van Sant en Mi Idaho privado. También podemos seguir la trayectoria de dos personajes secundarios de Hamlet en Rosencrantz y Guildenstern han muerto que el propio Tom Stoppard (creador del texto dramático) llevó al cine.

Tampoco olvidamos las obras aisladas de William Dieterle y Max Reinhardt que llevaron en los años 30 la obra El sueño de una noche de verano, versión que aún no ha sido superada (o yo no he visto todavía la versión cinematográfica que lo haya hecho). O el Julio Cesar correctísimo y absolutamente fiel de Joseph L. Mankiewicz con un Marco Antonio con rostro de Marlon Brando y una recreación fantástica como personaje atormentado de un Bruto con cara de James Mason. O esa extraña y fallida recreación con un gran reparto en los años ochenta de una de las obras más complicadas de Shakespeare, La Tempestad de Paul Mazursky. Se ha jugado con la juventud del pobre Shakespeare (porque hay varias lagunas en sus biografías y esto permite fantasear algunas veces con menor fortuna) uniéndole incluso con Cervantes en Miguel y William o fantaseando sobre cómo se inspiró para escribir Romeo y Julieta en una recreación exquisita del mundo teatral en el siglo XVI, Shakespeare in love.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Aviso y disculpas

Definitivamente y a pesar de que ya llevo algo más de tres años con el blog, las nuevas tecnologías se resisten a Hildy Johnson. Ya os avisé que yo era de máquina de escribir, ya lo visteis en Luna nueva. Ayer me avisó un lector cercano que se podía comunicar conmigo vía telefónica (¡ay, los teléfonos, benditos!) que llevaba dos días intentando mandar un comentario y que le era absolutamente imposible. Hoy he hecho la prueba yo misma y efectivamente, no funciona el área de comentarios.

Pero ¡¡¡mis queridos lectores, la pobre Hildy en este campo es una completa inútil y no sé cómo hacer que vuelva a funcionar el enlace de comentarios!!! No sé si será algo ajeno a mí y se pondrá a funcionar en breve…, si en dos días más no funciona pediré a algún experto comprensivo que solucione el problema a esta Hildy inmortal pero absolutamente ignorante para paliar estos problemas tecnológicos.

Mil disculpas a todos

Besos

Hildy

El reloj asesino (The big clock, 1948) de John Farrow

¿Qué es una película entretenida?¿Qué es una película entretenida y bien hecha?¿Qué es una película con ritmo?¿Qué es una película con ritmo que no pierde fuelle? Sí, se puede realizar una película que sea correcta en su historia, en su planteamiento, en las interpretaciones, que no tenga pretensión de obra maestra sino de entretener al espectador con un producto cinematográfico de calidad sin ser necesario moralina final o mensaje oculto. Sí, ahí tenemos El reloj asesino, un thriller bien hecho, bien interpretado, bien filmado…, que además consigue ser entretenido.

John Farrow entraría dentro de la categoría de directores que quizá no se les reconoce como autores (es decir, que su obra cinematográfica sigue unas pautas que le hacen reconocible) pero sí como artesanos, es decir, capaces de realizar correctamente una película con el material adecuado y capaces por tanto a veces de sorprender.

El reloj asesino cuenta con ritmo trepidante la historia de un falso culpable que hace una carrera a contrarreloj para poder demostrar su inocencia. Él es Ray Milland, actor que tan pronto puede hacer Días sin huella como ser recordado con cariño por películas de bajo presupuesto con Roger Corman. En El reloj asesino es un periodista estrella de una cadena de medios de comunicación llevada inflexiblemente por un jefe (Charles Laughton) que quiere la perfección y que lleva su vida y la de sus empleados cronometrada, es un hombre obsesionado por los relojes y el tiempo exacto. Nuestro protagonista además de periodista estrella, saca adelante con éxito una revista sobre crímenes con lo cual está habituado a la investigación de casos. Está casado, con un hijo, y se puede decir más o menos que es un triunfador. Pero nuestro protagonista también está en un momento crítico. Está cansado. Muy cansado. Su trabajo absorbe prácticamente todo su tiempo de tal manera que su esposa ya está también cansada. En el momento que empieza la película, el protagonista está dispuesto a realizar un parón en su trabajo tenga las consecuencias que tenga y realizar un siempre soñado viaje de novios con su mujer y su hijo. Y es en ese momento crítico, no podía ser de otra manera, cuando arranca la historia.

Nuestro hombre se ve implicado en un asesinato que no ha cometido pero el espectador sabe desde el principio (y también lo sabrá nuestro protagonista) quién es el verdadero culpable. Un hombre poderoso que va a hacer todo lo posible por no reconocer su culpa y quien va a poner —sin saberlo— a nuestro protagonista en más de un aprieto. Y el planteamiento es genial porque Ray, el pobre, empieza a poner a todos sus hombres a investigar pistas para dar con el ‘presunto culpable’ siendo el ‘presunto culpable’ él mismo. Con lo cual esto genera más ritmo y más tensión.

Y qué mejor antagonista que un magnífico Charles Laughton que tiene que recrear a un peculiar malo malísimo y, como no, lo consigue. Ese director de medios de comunicación poderoso, pusilámine, que despide a sus empleados, que siempre tiene que estar presente, que los exprime, que vive con la exactitud del reloj, frío y despiadado y a la vez cobarde y lleno de complejos.

Por supuesto, la película cuenta con más personajes secundarios que enriquecen la trama de testigos y de oportunidades para que el protagonista pruebe su inocencia. Y esos testigos son los que además dan el toque cómico a la película destacando Elsa Lanchester como alocada pintora bohemia. U otro malo malísimo que siempre está al lado de Laughton, digamos que es el cerebro de la empresa, con el inquietante rostro de George Macready. Además también está la esposa-florero que aún hoy abunda en los thrillers con la cara de Maureen O’Sullivan (la esposa del director y nuestra Jane en el recuerdo… y la mamá de Mia Farrow) y la víctima que es una actriz llamada Rita Johnson que estaba construyendo una prometedora carrera cuando un accidente truncó su carrera.

Así Farrow con todos estos ingredientes logra un thriller entretenido y bien hecho con un ritmo adecuado que hace vibrar al espectador y le hace seguir una historia que le atrapa. El propio edificio donde trabaja el protagonista (y donde transcurre gran parte de la trama) se convierte en una trampa agobiante que atrapa a todos los protagonistas implicados.

Si quieren entretenerse una tarde, quizá disfruten de El reloj asesino, perfecta y redonda como el mecanismo de un reloj.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Atormentada (Under Capricorn, 1949) de Alfred Hitchcock

Sí, todavía queda filmografía del maestro del suspense que no he visto. Una de las obras más enterradas o menos recordada es Atormentada. Una buena historia y con elementos identificativos del cineasta aunque es una de sus obras menos nombradas para algunos fallida…, para mí llena de elementos interesantes que le confirman como maestro no sólo del suspense y terror sino como director que refleja complejas relaciones humanas y capaz de crear bellas historias de amor fou.

Atormentada entra dentro de esos melodramas gótico-terrorífico-de romanticismo exacerbado de siglos pasados que han creado una mitología cinematográfica interesante. Además tampoco descuida el director su virtuismo técnico a la hora de contar o narrar una historia. Así de pronto me vienen tres referentes: la adaptación cinematográfica de la novela de Emily Brönte por William Wyler, Cumbres borrascosas (1939), la primera obra norteamericana de Hitchcock para el productor David O’Selznick, Rebeca (1940), que era una adaptación de novela de ambientación gótica de Dahne Du Maurier y una de las obras más recordadas de George Cukor, Luz que agoniza (1944) que era adaptación de una obra de teatro. Atormentada también tiene su origen literario.

Elementos reconocibles de estos referentes se encuentran en la construcción y en el ambiente de Atormentada. Casa con personalidad propia, ama de llaves posesiva y un amor complejo más allá de las clases sociales y las apariencias. Todo envuelto en un halo de misterio. Hithcock toma como protagonistas a una de sus musas, Ingrid Bergman como mujer de clase alta irlandesa, ahora en Australia, atormentada por la culpa y aquejada de alucinaciones provocadas por el alcoholismo (interpretación exquisita que tiene algunos elementos similares a su recreación de mujer aterrorizada y enloquecida en Luz que agoniza) y un Joseph Cotten fantástico en papel de héroe romántico complejo y atormentado (que ya había trabajado con el maestro del suspense en La sombra de una duda en 1943 y había tenido a la Bergman en sus brazos en Luz que agoniza). Entre los secundarios señalar al actor británico Michael Wilding en un papel de aristócrata ocioso y testigo de los hechos que admira tanto a su perjudicada prima lejana como al hombre que la arrastró a Australia…y la actriz británica Margaret Leighton en papel de perversa, torturada y enamorada ama de llaves.

Hitchcock emplea, como quiere, largos planos secuencia que hacen viajar la cámara por una casa hermosa a la vez que siniestra o por un baile de sociedad y nos cuenta una historia de tormento y pasiones desatadas suavizadas por un happy end que quizá no pedía esta historia.

Cotten y Bergman funcionan como pareja romántica llena de complejidades. Y Cotten da con ese equilibrio entre hombre sospechoso y hombre enamorado de una mujer de clase social superior. El planteamiento es similar al de Cumbres borrascosas: mujer aristocrática, amante de los caballos, se enamora del chico de las caballerizas. La diferencia es que la mujer aristocrática sí que transgrede las normas sociales y sigue al amado a otros mundos y prescinde de los privilegios de su clase. Ambos además esconden un secreto que dificulta todavía más su historia de amor, están juntos pero les separa un abismo no sólo por las diferencias de clase —él a pesar de que ha prosperado como hombre de negocios en Australia es señalado siempre por su pasado como reo rehabilitado y arrastra un sentimiento de inferioridad que le impide relacionarse con su esposa—.

El personaje-curioso-investigador también asombra por su complejidad bajo una pátina de frivolidad y superficialidad y de hombre ocioso y privilegiado por su clase social, se esconde un Michael Wilding que incluso llega un momento que decide enamorarse y recuperar a su prima sin tener en cuenta sus sentimientos y la historia de amor que mantiene con Cotten, al que también admira por su olfato para los negocios y su carácter de hombre trabajador. Wilding crea un personaje ambiguo porque tampoco recibe todas las simpatías del espectador al presentar a un hombre totalmente aferrado a su clase social y se le presenta con todos sus defectos y virtudes. Por último, la ama de llaves no es tan absolutamente intrigante como la señorita Danvers porque más que un personaje de terror es un personaje tremendamente humano que actúa, en sus tejemanejes y maldades, bajo el dictado del amor. Vive enamorada de Joseph Cotten y deseando convertirse un día en señora de la casa…, se siente unida a él por clase social y quiere ser en todo momento imprescindible… y claro le estorba en sus planes de futuro la señora de la casa.

Así Atormentada es un efectivo melodrama gótico con dosis de misterio y almas en tormento con imágenes bellas e inteligentes y unos interpretaciones que merecen la pena. Una ambientación exquisita, una casa con personalidad propia, un collar de brillantes no entregado, unas escaleras importantes para la narración, unas puertas que se abren y se cierran, unas copas y botellas desafiantes, un baile de sociedad con tensión, confesiones de enamorados…

No hay que dejar escapar esta obra olvidada del maestro del suspense.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.