Seis actrices que brillaron en los 80 y desaparecieron después…

En los años 80 hubo seis actrices que debutaron con fuerza e interpretaron papeles que las encumbraron a lo más alto en películas taquilleras o de prestigio. De la noche a la mañana se convirtieron en iconos…, después han seguido trabajando pero no han logrado volver al esplendor de antaño. Algunas han conseguido papeles importantes en series de televisión y en pantalla grande aparecen de vez en cuando como actrices secundarias de prestigio o con algún papel principal que nos recuerda que siguen activas y en movimiento.

Kelly McGillis

Encandiló como madre amish de un niño (Lukas Haas) que es testigo de un asesinato.  Película hermosa de un Peter Weir que crea una romántica historia de amor y misterio. McGillis brilló en su interpretación además de estar bellísima y mostrar toda su química con Harrison Ford (en papel de policía protector y después protegido por la comunidad amish) con escena inolvidable de baile con canción hermosa  (What a wonderful world this would be) bajo una luz tenue de un candil en un granero. Kelly McGillis encandiló a público y crítica en Único testigo (1985).

Después se convirtió en novia del chico que se convirtió en ídolo de todos los muchachos y que amaban todas las adolescentes de los 80. El fenómeno fue una mala película de idolatría al ejército repleto de niños chulos con gafas de sol que hacen virguerías con los aviones y conducen motos guays. El taquillazo se llamó Top Gun y la dirigió Tony Scott en 1986. La pareja de una guapa y sexy McGillis de profesora dura fue el alumno rebelde con cara de Tom Cruise.

La requirió Alan Rudolph para una de sus románticas y melancólicas historias de amor más allá de la muerte en Hecho en el cielo, nos llevó por el camino del misterio en La casa de Carroll Street de Peter Yates, y por último, se quedó en la sombra de una Jodie Foster que se llevó el oscar en Acusados de Jonathan Kaplan…, y la hermosa McGillis se esfumó y diluyó en películas desconocidas.

Geena Davis

De cara extraña y labios carnosos, alta muy alta y desgarbada, Geena Davis fue una agradable presencia en los 80. Los buscadores interesados pueden ver ya sus pinitos como actriz en papel muy secundario en la divertida Tootsie en 1982. Después estuvo presente en la película de Gronenberg que más gente se ha acercado a ver y más taquillera, La mosca, remake de película de terror clásico. Tim Burton que se iba construyendo como cuentacuentos cinematográfico contó con ella en esa locura que se llama Bitelchús.

El campanazo y su conversión en actriz enamorable es en 1988 cuando se convierte en la extravagante adiestradora de perros con niño alérgico y enfermo, sola y con problemas económicos pero con una alegría y una vitalidad envidiables. Ella nunca pierde la esperanza aunque la vida sea dura en El turista accidental de Lawrence Kasdan. Echa un cable y se enamora de un atormentado William Hurt roto en pedazos (por la muerte brutal de su pequeño) incapaz de expresar sentimientos y le hace reaccionar…, le provoca la sonrisa.

Después a principios de los 90 se convierte en Louise, una joven y maltratada ama de casa que se larga de fin de semana con una amiga. Un fin de semana revolucionario y radical. Y se convierte en icono junto a Thelma de un montón de mujeres. La película fue Thelma and Louise (1991) de Ridley Scott. Vuelve el espíritu Frank Capra en la interesante Héroe por accidente de Stephen Frears pero el público no acude a verla y se lleva enorme batacazo en la divertida La isla de las cabezas cortadas (1995), de aventuras y piratas que los espectadores abandonan. A partir de ahí Geena Davis cae en olvido.

Daryl Hannah

Todavía muy activa en pantalla y televisión, ahora es secundaria de prestigio. Con filmografía irregular esconde algunas joyas y más de un fracaso. Pero nadie la olvida como la actractiva replicante malabarista, el amor de Rutger Hauer. Ella fue una de las replicantes a eliminar en Blade Runner en 1982. Los espectadores se fijan en esa rubia espigada de rostro hermoso y tierno. Su especialidad en los 80 fui ir de mujer rara.

Sin embargo, la rubia va eligiendo y saliendo en papeles anodinos aunque alcanza cierto éxito con otro personaje extraño en comedia que funciona en taquilla. Hannah es una sirena en 123…splash  (1984) que desconcierta a un cómico cada vez más en alza por aquellos tiempos que todavía no le había dado por ser dramático, Tom Hanks. Tampoco funcionó mal como una rubia increíble pero sospechosa de pirómana y ladrona en una comedia de intriga que tampoco funcionó mal, Peligrosamente juntos (1986). En 1987 además de estar presenta en un mediocre producto con aires de Cyrano de Bergerac a la americana, la rubia espigada aparece en Wall Street, película amarga de yuppies sin y con escrúpulos. Termina los 80 como peluquera peculiar en localidad pequeña estadounidense con amigas del alma como Julia Roberts, nueva promesa, o una Dolly Parton en su salsa con la exitosa Magnolias de acero y Woody Allen le ofrece papel en película dramática coral maravillosa Delitos y faltas.

A principios de los noventa arrastra fracaso tras fracaso en películas que no funcionan en taquilla. Fernando Trueba la dirige en la agradable Two Much (1994), su aventura americana. Desde ese momento Hannah va transformandose en secundaria de prestigio en películas a tener en cuenta y también protagoniza mucho batacazo además también encuentra trabajo en la televisión. Trabaja con directores como Tom DiCillio (Una rubia auténtica), Robert Altman (Conflicto de intereses), John Sayles (La casa de los babys y Silver city)…

Quentin Tarantino la vuelve a poner de moda —aunque la mayor gloria es para Uma Thurman— como mala malísima espectacular con parche en el ojo en las dos partes de Kill Bill pero todo fue un espejismo. Ahora sigue apareciendo de vez en cuando en pantalla grande y no para en la televisión.

Sean Young

Es otra de las chicas Blade Runner. Es la replicante que enamora al protagonista. La replicante que no sabe que lo es y su descubrimiento la hunde en tristeza porque cada vez son máquinas más perfectas que tienen miedo a la muerte, que aman y padecen… Morena de cara fina, cara de muñeca de inmensos ojos, surgió con fuerza en esta década pero de pronto empezaron a aparecer noticias de actriz problemática y obsesiva con sus compañeros de reparto, especialmente los masculinos, y poco a poco fue cayendo en el olvido hasta diluirse totalmente y no volver a brillar como en sus inicios.

Aparece como personaje secundario en películas de prestigio y éxito de los 80 como Wall Street. Y como protagonista alcanza éxito de taquilla junto al actor del momento Kevin Costner en la película de intriga No hay salida. Está encantadora en también linda y olvidada comedia romántica, Un toque de infidelidad.

Arrastraba ya fama de complicada y antipatica además de una denuncia de su compañero James Wood por no dejarle a él y a su esposa tranquilos desde que trabajaron juntos en Impulso sensual (1990). Así poco a poco en los noventa va participando en películas de peor calidad y se refugia en la televisión en la que tampoco logra grandes éxitos. Cada vez va perdiendo más oportunidades de buenos papeles frente a otras actrices. Además tristemente ha aparecido últimamente en los medios porque ha tenido que ingresar en una clínica para tratar su problema de alcoholismo.

Debra Winger

Su popularidad no tenía límites en los 80. Alcanzó cotas altísimas de éxito en su papel de chica deseada por Richard Gere en la machista Oficial y caballero en 1982. Al año siguiente hizo llorar a moco tendido a miles de espectadores en la comedia dramática La fuerza del cariño. Winger protagonizaba películas de éxito donde enamoraba a personajes y público en películas que funcionaban en taquilla como Peligrosamente juntos. Perfecta como actriz dramática trabaja junto a realizadores como Gavras (El sendero de la traición) o Bertolucci (El cielo protector).

A principios de los 90 sigue especializándose en aquellos papeles dramáticos en los que apunta directamente a la emoción y las lágrimas de los espectadores. Dama trágica de rostro agradable se rompe en pedazos ante la cámara en Tierras de penumbra (1993) y se convierte en comediante romántica en Olvídate de París (1995).

Cuentan que la actriz fue perdiendo interés en su carrera y que prefería cuidarse en su vida privada. La pérdida de interés fue debido a que no la ofrecían papeles adecuados o de calidad. De vez en cuando sigue en pantalla o televisión pero parece que no encuentra el papel que la muestre como la actriz seria que siempre quiso ser.

Isabella Rossellini

Hija de una pareja explosiva (Ingrid Bergman y Roberto Rossellini) llevaba el cine en sus venas además de un parecido físico a su madre increíble. Empezó su carrera con papeles fuertes que la fueron encumbrando alto pero pronto cayó en olvido. Trabaja también en la televisión. En los 80 además su cara era famosa por ser el rostro publicitario de conocidas marcas de maquillajes y productos de belleza. Actualmente triunfa en la Red como especialista en la conducta amorosa de pequeños seres de la naturaleza como insectos o moluscos con la serie de cortometrajes Green porno.

Su debú en las pantallas de Hollywood (ya había trabajado como actriz en producciones italianas) fue en una entretenida e interesante película que mezclaba con acierto la mejor tradición del musical y la danza con un drama político en tiempos de guerra fría: Noches de sol (1985). Era una dulce rusa enamorada de un bailarín de claqué norteamericano. Sin embargo, el prestigio y el escándalo por partes iguales le llegaron al año siguiente al protagonizar la película de un controvertido David Lynch que sorprendió a medio mundo con su salvaje Terciopelo azul. Encontró el éxito, el agobio y a su extraña pareja durante años, el propio director.

Fue la más dulce en la comedia Un toque de infidelidad y empezó la década con papel secundario en otra de Lynch, Corazón salvaje. Continuó apareciendo como hermosa secundaria en películas que eran fracaso o breve éxito como La muerte os sienta tan bien o Sin miedo a la vida. Alguna de sus apariciones es en película de culto como El funeral. Aparece en televisión o en extraños productos cinematográficos como La canción más triste del mundo. Sin embargo, es difícil que pase desapercibida pero nunca ha brillado tanto como en los 80.

Rossellini durante su juventud estuvo casada con otro monstruo del cine el gran Martin Scorsese aunque nunca la dirigió sí que ambos cuidaron, recuperaron y conservaron la ilustre filmografía de Ingrid Bergman. Además, Isabella tampoco ha descuidado la obra de su padre y también conserva y restaura las obras del director neorrealista.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

Diccionario cinematográfico (110)

Suicidio (2º parte): ella es la reina de Nueva York. El pueblo hipócrita hace campañas y despedidas de la mujer invadida por radio. Sólo ella sabe, y su doctor, que todo es mentira. Sólo quería viajar y conocer la gran manzana. El periodista que explota sus últimas horas, se enamora de ella y viceversa. A ella le nace la conciencia. Se siente tan mal a pesar de haber entrado en el juego sucio de periódico y lectores morbosos que la exhiben como mono de feria. Así que la divertida y bella Hazel decide simular suicidio y deja nota de despedida a toda una ciudad. Les dice que se tirará al río. (La reina de Nueva York, 1937, de William A. Wellman).

A Juan Nadie le convierten en ídolo de los que no tienen voz. De los que soportan día a día la gran depresión. Él es un sin hogar que por un trozo de pan decide convertirse en símbolo. Pero de pronto se cree, de verdad, su papel. Cree en los Juan Nadie y que algo se puede hacer para superar las soledades y depresiones. De pronto se da cuenta de las dañinas manipulaciones políticas y del cuarto poder.  También se enamora locamente de la mujer que le ha creado…, y ella que es su inventora empieza también a creer en él y en el movimiento de los Juan Nadie. Al símbolo le destruyen tan rápido como lo han creado, cuando empieza a ser peligroso, cuando ya no sirve para manipulaciones…, cuando empieza a decir verdades. Entonces él vuelve a la esencia de Juan Nadie, y se convierte en ese desempleado que escribió una primera carta diciendo que si antes de Navidad ningún político movía un dedo para ayudar y apoyar en tiempos difíciles a los Juan Nadie se tiraría desde la terraza del Ayuntamiento. Y, ahora, solo y apaleado, suber a la terraza del Ayuntamiento, para tirarse al vacío…, pero no todo está ni perdido ni destruido. (Juan Nadie, 1941,  de Frank Capra).

A Alex no le conocemos. Tan sólo sabemos que se ha suicidado en la casita del bosque de unos de sus mejores amigos. Asistimos a su entierro que sirve para que se reunan aquellos amigos universitarios que le quisieron y le recuerdan en un fin de semana que sirve para destapar sueños rotos y para mostrar que la vida sigue. No dejó una nota para explicar por qué se fue. Pero todos en el fondo entienden y saben. (Reencuentro, 1983, de Lawrence Kasdan)

Él es miembro del club de los poetas muertos. Alumno brillante, ama el teatro, y se siente cobarde ante la autoridad del padre que quiere otro futuro para él, le modela a su antojo y él se deja. Él es sensible, comprende al padre, no quiere hacer daño pero tiene claro que no quiere renunciar a sus sueños. Se rebela y cumple con sus sueños de actor. Su senbilidad sufre daño por el rechazo del padre que brutalmente corta sus aspiraciones. No encuentra salida. Comete la única rebeldía sin solución. Una rebeldía radical. Siente que no puede cumplir un sueño y que no puede rebelarse ante la autoridad paterna…, se pega un tiro. (El club de los poetas muertos, 1989, de Peter Weir).

Dos mujeres y un destino. Una, ama de casa joven y frustrada siempre anulada por un gilipollas que dice ser su esposo. Otra mujer que ha sufrido lo suyo y se niega la posibilidad de creer y ser feliz, termina ahogándose en la amargura porque no quiere que nadie vuelva a coartar su libertad. No quiere volver a creer y que después la duela hasta no aguantarlo más. Ambas descubren la libertad, ninguna quiere sumión alguna a un sistema que las ha hecho para siempre infelices. No creen en las manos tendidas y ambas prefieren eligir una muerte que las haga volar, juntas y libres. (Thelma y Louise, 1991, de Ridley Scott).

Los niños amargos. Los niños a los que la vida castiga duramente. Son niños y no comprenden o comprenden demasiado. No encuentran salida a una infacia robada. No saben a quién acudir. Son niños y su sufrimiento es tal que no ven más salida que el suicidio. Uno llega a la culminación, el otro en último momento no se consuma. A uno le puede el horror de la guerra que no comprende y que le envuelve con una telaraña difícil de romper. El otro está atrapado en casa familiar donde siente tan sólo rechazo y odio. Uno es rubio, el otro pelirrojo. Y ambos no encuentran otra salida que acabar con sus vidas. (Alemania, año cero, 1948, de Roberto Rossellini/ Siembra de dolor, 1927, de Julien Duvivier).

Algunos toda su vida es un suicidio continuo. Una autodestrucción consciente. Hasta que en un momento dado el corazón se para. Y el sufrimiento termina. No se dan oportunidad alguna. Uno se mata a base de alcohol, beber hasta morir, ni se deja redimir por el amor. La otra nunca descansa, consume drogas, alcohol y nunca duerme. Cuando sube a un escenario parece que todo se reconstruye…, pero después viene la vida. Ella se excede para aguantar el dolor. Un día de excesos, su corazón se para…, sólo así puede descansar. (Leaving las Vegas, 1995, de Mike Figgis/La Rosa, 1979, de Mark Rydell).

Algunas historias nos cuentan suicidios del pasado. Historias-leyenda del lejano Oeste donde duros hombres cansados se dejan la vida conscientemente y permiten que otros les maten… porque ya no pueden más. (El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Frost, 2007, de Andrew Dominik).

A otros les lleva la calumnia. Las presiones que sienten encima por la comunidad que les rodea que les fastidian la vida. Ella es maestra. Una niña lanza un bulo. Contra ella y contra su otra compañera, también maestra. Eso será su destrucción. Aparentemente fuerte, esta maestra se derrumba ante la presión y sobre todo cuando siente que toda su vida ha ocultado su inclinación sexual por miedo al rechazo. La calumnia pone en evidencia que no iba desencaminada. No soporta la presión y el rechazo. Decide dejar de luchar. (La calumnia, 1962, William Wyler).

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

La vida íntima de Julia Norris (To each his own, 1946) de Mitchell Leisen

Me encantan cuando aparecen novedades en dvd de grandes clásicos que hasta ahora eran difíciles de conseguir como La vida íntima de Julia Norris. Son varios los elementos que convierten a esta película en un perfecto artefacto de relojería cinematográfica. Es puro melodrama con emoción contenida que estalla.

Hay una ecuación mágica que hace que funcione positivamente: el director Mitchell Leisen, el guionista Charles Brackett, la actriz Olivia de Havilland y el compositor Victor Young. Esta ecuación ya había dado resultado cinco años atrás en otro espléndido drama siempre en el recuerdo, Si no amaneciera.

Esta vez todo empezó cuando el guionista Brackett creó una historia y quería llevarla a la pantalla. Ahí empezó la rueda del engranaje que empezó a girar y a mover con cuidado las demás piezas. Y no fue proceso de rosas sobre todo porque Leisen tomó decisiones en la manera de expresar esa historia en pantalla que chocó en ciertas ocasiones con Brackett pero finalmente surgió el equilibrio y una historia excelente. Cuando a Olivia le llegó el guión —en un momento de su carrera profesional en la que ya se encontraba libre del contrato leonino con la Warner y disponía de más libertad de elección— no tuvo ninguna duda de quién debía llevarlo a la pantalla, Leisen. El papel de Jody Norris supuso un paso de gigante en su carrera que le permitió a acceder al primer oscar de su carrera como actriz principal.

La trayectoria de Leisen es brillante tanto en la comedia más alocada como en el drama más apasionado. Y este trabajo no fue la excepción. Leisen es bueno en películas que provocan risa como Una chica afortunada o Medianoche y emociona con elegancia en dramas como las películas que antes he nombrado. En La vida íntima de Julia Norris dirige con suma elegancia y dando pasos maestros en una obra sensible pero no tópica que hurga con inteligencia en los sentimientos íntimos no sólo de sus protagonistas sino también de los espectadores.

El argumento es melodrama puro de madre coraje que por circunstancias no puede tener al hijo amado a su lado. En este caso, ella es madre soltera que para impedir habladurías en la pequeña localidad donde vive realiza una jugada que no la sale como esperaba perdiendo al pequeño que queda en manos de una pareja amiga que acaba de perder a su bebé. Estas historias pueden caer no sólo en desgarro sino en argumento ridículo y lleno de tópicos. Sin embargo, ahí están las ruedas del engranaje perfecto para que esta historia funcione y emocione según va transcurriendo el metraje. Su personaje principal no es plano y va evolucionando de manera mágica y humana a lo largo de la película dando la oportunidad a Olivia de Havilland de demostrar la cantidad de matices  y registros que es capaz de transmitir.

Por supuesto, Olivia es secundada por otros personajes que van dando sentido al pasado, al presente y al futuro de la señorita Norris. La vida íntima de Julia Norris es la radiografía de una mujer y como historia clásica está dividida claramente en tres partes perfectas. El presente de la señorita Norris, la presentación exacta del personaje. Un largo flash back que nos traslada a su pasado y nos explicá por qué es esta mujer como es y cuál es su conflicto. Y, por último, el desenlace y futuro de la señorita Norris. Con un clímax tan sencillo como emocionante.

Dispónganse a sentarse en su butaca del salón y disfrutar de un clásico de mecanismo perfecto. No falta el empleo inteligente de la música del prolífico compositor Victor Young (por cierto, de vida apasionante sobre todo en sus comienzos). Un guión perfecto, cuidado y lleno de matices. Y unos actores secundarios que cumplen perfectamente con su papel: el galán John Lund (en su doble papel de padre —ideal amoroso efímero de la señorita Norris— e hijo adulto), Mary Anderson como compleja madre adoptiva (conocemos y comprendemos perfectamente cómo se comporta a lo largo de la narración), Roland Culver en su papel de lord solitario y desencantado que busca otra oportunidad en la vida junto a la señorita Norris y digamos que actúa como hada madrina dentro de esta historia o Bill Goodwin como pretendiente, amigo fiel y perfecto de la señorita Norris que le rechaza como pareja en varias ocasiones no como amigo.

Tan sólo le pondría un pero que hace chirriar la película y es la elección del actor infantil que da vida al hijo de la señorita Norris cuando tiene unos cuatro años. A mí en ciertas escenas me resta emoción…, ¡¡¡y juro que me encantan los niños!!!

 Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

Al otro lado, Patrick Swayze

Adiós a Patrick Swayze. Se fue al otro lado. Con 57 años nos dejó el bailarín que se convirtió en galán y hortera de los años 80 y 90. Todos los que fuimos adolescentes y jóvenes por aquella época seguro que tenemos algún recuerdo cinéfilo con Swayze y por eso me despido de él. Aunque siempre fue dando tumbos en su carrera en películas de mal en peor protagonizó algunos grandes éxitos. Y, sí, confieso, el duro hortera me enternecía y enternece en pantalla y en televisión (es el rey de las emisiones penosas cinematográficas, algunas de sus películas son de las más repetidas en sobremesas). No me pregunten el porqué pero le tenía cierto cariño y eso que la mayoría de sus películas engrosan las filas de no recomendadas o no vistas. También será recordado por su protagonismo y aparición en algunas series televisivas. No sólo bailó o encarnó a galanes muy duros sino que de vez en cuando hizo pinitos en el mundo de la canción.

Empezó a despuntar como joven actor de generación en los ochenta donde Coppola reunió a futuras estrellas del panorama cinematográfico en su poética Rebeldes en 1983 cuando empezó a adaptar dos de las novelas más conocidas de S.E. Hinton (la otra sería La ley de la calle). Ahí Swayze ejercía de hermano mayor responsable de sus hermanos más jóvenes y rey de pandilla. Después de patinar y patinar en producciones sin importancia, se convirtió en estrella televisiva protagonizando la popular serie Norte y Sur.

En 1987 se convirtió en el hombre de moda y se convirtió en icono sexual en uno de los mayores éxitos de la época. Swayze empleó sus conocimientos de baile, mostró sus cachas y fue el hortera duro de buen corazón más querido en Dirty Dancing. Ese hortera que trabaja en un horrible lugar de vacaciones familiares como bailarín y gigoló y que enamora a una pija, inteligente y adolescente jovencita que tiene que aprender a bailar en un tiempo récord se convirtió en el hombre objeto del deseo y muchas suspiraban por bailar en sus brazos. ¡¡¡Ah, se me olvidaba, también dentro de la banda sonora de esta película hay una canción con su voz que engrosó listas de éxitos!!! Y, con rubor y colorete, confieso que esta película mil veces emitida suele ser una de las sobremesas que si la pillo, no me la pierdo.

Así nuestro Swayze sigue paseando por producciones casi de serie B hasta que llega el bombazo en 1990 (en una película que ha envejecido fatal con unos efectos especiales que sacan los colores a cualquiera). Taquillazo a la vista con película romántica fantasmal donde Swayze es el enamorado de una Demi Moore bellísima hasta más allá de la muerte, al otro lado. Estoy hablando de Ghost. Ambos protagonizan escena erótica más repetida y también parodiada entre barro de arcilla. Volvemos a suspirar ante este muerto enamorado que trata de comunicarse con su mujer y salvarla de todos los males de la tierra antes de irse lejos con Unchained melody a todo volumen.

A Swayze le va la acción y pocas veces la abandona. Así que al año siguiente aborda uno de sus personajes más carismáticos teñido de rubio platino y con sus musculos y cuerpo al 100 %, esta vez como surfista atracador con filosofía de vida particular, en la entretenida y curiosa Le llamaban Bodhi. Continua con sus esfuerzos de convertirse en actor serio y patina en drama que podría haber merecido la pena como doctor comprometido en La ciudad de la alegría (adaptación de novela de Dominique Lapierre). Y también se muestra bello ¡¡¡y por fin menos hortera!!!

Sin embargo, vuelve a las andadas de hombre duro en comedia repetida mil veces en televisón en la anodina pero a la vez entretenida El enemigo público número 1… mi padre sobre ladrón de poca monta que se va encariñando de dos hijos suyos que han huido de un internado donde les tratan muy mal. En 1995 se traviste para protagonizar un claro remake que no llega al esplendor de Priscilla reina del desierto por su guión pésimo, sin embargo, él no está nada mal en su encarnación del personaje que en aquélla hizo Terence Stamp. Se trata de A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar.

Y así pasan los años sin conseguir ninguna campanada de éxito similar a Dirty Dancing o Ghost entre películas de acción, películas de baile y películas románticas que le hacen no caer en el más absoluto olvido. Lo último que se sabía de él es que estaba obteniendo ciertas buenas críticas por su interpretación de policía en serie de TV, The beast.

Así, yo me despido, enternecida, de Swayze, que ya está en el otro lado quizá vestido de negro, con toda su musculatura, su rictus de chulo pero con buen corazón y bailando sin cesar.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

El enemigo público número 1 (Manhattan Melodrama, 1934) de W. S. Van Dyke

Como su título original indica El enemigo público número 1 no es más que una triste historia de Manhattan, un melodrama de los buenos. Otra curiosidad es que dicen que es la última película (como recuerda Mann en su último trabajo) que vio Dillinger antes de su muerte. Otro aliciente de esta historia no es sólo su magnífico guión (entre los que trabajaron en él ya andaba por ahí un joven con mucha proyección de futuro Joseph L. Mankiewicz) cubierto de frases geniales o los actores protagonistas sino, por supuesto, que se convierte en un documento sociológico perfecto de la reciente disolución de la Ley Seca (1920-1933) y lo que supuso para varios gánsters a los que se les terminó su época dorada.

La historia es atractiva así como su trío de protagonistas: Clark Gable, William Powell y Myrna Loy. El público ya se iba habituando a la buena química entre Powell y Loy que triunfarían ambos en la serie de películas sobre el hombre delgado (adaptaciones de las novelas de Hammett) y serían pareja cinematográfica en varias ocasiones. Clark Gable iba de camino en convertirse en una leyenda y ya cautivaba a las plateas. Para los que coleccionan curiosidades cinéfilas recordar que tanto Powell como Gable se enamoraron y casaron con Carole Lombard (primero, Powell y después Gable —que se quedó como desconsolado viudo tras el accidente de avión que sufrió Lombard en 1942—). Además Powell trabajó junto a Carole en alguna que otra ocasión siendo ambos muy recordados en la divertidísima Al servicio de las damas (1936).

El enemigo público número 1 ya empieza como tragedia con dos niños de personalidades muy diferentes pero que son amigos para siempre y que ven sus vidas unidas en un trágico accidente (rodado con todo realismo) en un barco donde se encuentran con sus familias. Es principios del siglo XX (1907) y son años convulsos y de cambios sociales. Los años pasan y mientras uno se ha convertido en un gánster de prestigio con sus negocios en casa de juegos y apuestas,  el otro ha estudiado hasta convertirse en fiscal del estado camino de tener una prestigiosa carrera como político. Ambos, sin embargo, han conservado su amistad intacta. El malo malote no puede ser otro que un chuleta y magnífico Gable y el bueno buenísimo tiene el rostro de Powell.

Y como es inevitable en este tipo de películas…, el efecto que quiere causar es contrario a sus intenciones (creo que entre comillas). Nos enamoramos irremediablemente del malo malísimo que tiene un fuerte carisma que se desborda en cada fotograma y que a pesar de sus fechorías (no sólo es timador y regenta locales y negocios ilegales sino que durante dos veces nos lo muestra como un sanguinario asesino) es adorable y divertido, alguien vivo y vital. Y no ocurre lo mismo con el bueno buenísimo que no se gana todas nuestras simpatías (por lo menos la mía) por mucho que se intenta dejarle siempre en buena posición y con unas convicciones morales muy fuertes (es un hombre absolutamente coherente) pero representa a un hombre mucho más aburrido.

Nada les separa ni siquiera la mujer que ambos aman: Myrna Loy. Genial y complejo personaje que primero se nos presenta como la chica del gánster pero cansada de seguir las tropelías del hombre que ama y con ganas de asentar cabeza…, entonces conoce a su amigo del alma, al fiscal, y a ella le cambia la percepción de la vida. Decide abandonar al gánster porque nunca le va aportar los sueños a los que aspira (aunque nunca dejará de quererle y de considerarle un buen amigo), una vida tranquila de mujer casada con un hombre al que ama y un hogar. Un personaje que nos cae bien desde el primer momento en que aparece y que se debate entre los dos hombres a los que quiere. Porque sólo ella sabe ponerse en el lugar de los dos. Sólo ella les conoce a ambos. Sólo ella sabe que no es la típica mujer florero del gánster ni del gobernador de turno. De ella y su sinceridad inteligente salen frases irónicas al primer hombre que ama (Gable) como: “Yo no estoy enamorada de Cartier”, cuando éste le habla de todas las cosas que la regala. U otra joya cuando trata de explicarle las ideas a las que aspira, que quiere casarse y formar un hogar (porque ya está cansada y además vive siempre preocupada por si le pasa algo o le detienen), que quiere dejar de ser una chica de vida alegre: “Quizá no me guste estar a la moda. Prefiero un gorro del año pasado”. Y sólo a ella le parece totalmente injusta la decisión del esposo de terminar de manera cruda con la vida de una persona a la que ambos quieren.

Otro aspecto que me gusta es cómo está reflejada la amistad entre los dos protagonistas tan diferentes pero complementarios (sin duda referente de otra popular película posterior, Ángeles con caras sucias). Ni en los momentos más difíciles se separan. Y  éste es el intríngulis de la cuestión, el gran melodrama que nos anuncian desde el principio, es que el fiscal del Estado (que demuestra varias veces que ama al amigo díscolo y viceversa) que ya es Gobernador tiene que dictar, según su deber, pena de muerte para su mejor amigo, gánster y asesino. Y curiosamente Gable se siente superorgulloso de tener un amigo tan recto y siempre al servicio de la ley y del deber. Nunca se interpondrá en su camino ni le pondrá las cosas difíciles. Digamos que se entrega por el amigo y acepta su muerte sin rechistar, mientras que Powell tiene continuamente mala conciencia por la decisión que ha tenido que tomar.

Quizá el personaje de Powell sale perdiendo por una cuestión (lo mismo me ocurre con Ángeles con caras sucias) y es que no tiene duda en que la pena de muerte debe aplicarse. Sólo tiene dudas de conmutar la pena, no porque le parezca una ley brutal sino porque al que condena es su mejor amigo. Sin embargo, hay una respuesta de Gable que le deja con la conciencia relativamente tranquila, cuando acude para decirle al amigo que quiere conmutarle la pena de muerte por cadena perpetua, Gable le dice: “Si no voy a poder vivir como yo quiero, al menos déjame morir cuando quiera”.A Gable no le asusta la muerte ni cumplir su condena. Le dice a uno de sus compañeros de celda cuando llega su hora: “Levanta la frente. No te desesperes. Hay que ser un hombre. Muere como has vivido, alegremente. Ése es el camino. Sé realista. A veces, unos ganan y otros pierden”. Y se va sin que le tiemblen las piernas. Se sabe desde el principio, perdedor. Aunque siempre con una sonrisa cínica y sin reproche alguno al amigo de la infancia.

¿No les pega totalmente que fuera la última película que viera Dillinger?¿Se sentiría identificado con Gable?

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

Tres momentos inolvidables

Últimamente he visto tres películas que me han dejado tres momentos inolvidables.

Cometas en el cielo (2007)

Mac Foster adapta una novela de Khaled Hosseini donde nos narra una triste historia en Afganistán. Sus protagonistas son dos niños de dos grupos étnicos diferentes unidos por una tierna amistad que se resquebraja entre otros asuntos por la difícil situación social y política del país. No me preguntéis por qué pero se me fijó una de las escenas en que el protagonista, futuro escritor, le cuenta el argumento de un cuento que ha escrito a su amigo analfabeto. El niño le cuenta que a un hombre le dicen que todas las lágrimas que lloré se convertirán en joya preciosa y le harán rico. El hombre llora desconsolado, rico, pero para producir tantas lágrimas ha matado a la mujer que ama. El niño se queda escuchándole e incrédulo le pregunta: ¿pero por qué tuvo que matar a su mujer? Podría haberse acercado una cebolla a los ojos y llorar. ¿No es genial?

Agnes de Dios (1985)

Irregular película de Norman Jewison, adaptación de un obra teatral, se me hizo interesante cierto ambiente en ese convento misterioso pero no me enganchó la trama así como que no pude superar la atracción que sienten los personajes principales por una insoportable monja entre mística y loca con cara de Meg Tilly que me resultó bastante desagradable. Sí reconozco que me gustaron algunas conversaciones entre la psiquiatra (Jane Fonda) y la madre superiora (Anne Bancroft) que en un momento determinado se relajan ambas fumando un cigarrillo y entre risas repasan la historia de santos y santas y qué tipo de fumadores serían.

La vida en rosa (2007)

La triste historia de Edith Piaf transcurre entre los pensamientos, recuerdos desordenados y sentimientos en su lecho de muerte. Siempre que la veo me arrebata la escena en que una Piaf enamorada se entera de la muerte del amor de su vida (en la película), el boxeador Marcel. Me encanta. Cómo se levanta, feliz, como en un sueño, esperando al amado que de pronto la despierta y la besa. Y ella feliz se levanta para prepararle el desayuno o para buscar un reloj que le guarda. Va de habitación en habitación encontrándose a todos sus amigos con unas caras largas mirándola con infinita tristeza y ella cada vez más nerviosa porque no entiende esas caras ni encuentra el reloj. Hasta que ella desesperada les grita que qué pasa y ellos le informan de que Marcel ha muerto en un accidente de avión…, y entonces ella se da cuenta de la realidad y grita mil veces su nombre, vomitando dolor, hasta que finalmente sale por una puerta que es un escenario para cantar lo que la desgarra.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

Stephen Boyd, actores en olvido

Ya he comentado en algunos post la existencia de actores y actrices que nunca alcanzaron el estatus de estrella. Que protagonizaron, a veces, alguna película que les hace no caer absolutamente en olvido. Que están presentes en películas de difícil visión. Sus carreras no lograron el empujón de otros compañeros de profesión y se quedaron a medio camino y muchas veces cuesta entender el porqué.

Uno de ellos es Stephen Boyd, actor con hoyuelo en barbilla, con voz atractiva al igual que su físico. Actor de origen irlandés que empezó en teatro y trató varias veces de probar suerte en pantalla de cine…, pero nunca consiguió la película que catapultase de manera definitiva su carrera. Y estuvo muy cerca.

Este actor de presencia poderosa siempre estará presente entre generaciones de cinéfilos por un papel que clavó. A mi gusto el más atractivo antagonista de una película-espectáculo que pierde parte de su interés con la desaparición del personaje. Stephen Boyd fue un estupendo Mesala en Ben-Hur, la mítica versión dirigida por William Wyler en el año 1959.

Ya he contado en alguna ocasión la anécdota mil veces repetida en libros y reportajes sobre esta producción cinematográfica. Para entender realmente la profundidad de Mesala y su relación con Judá hay que escuchar a su guionista Gore Vidal, que cuenta cómo hablaron con Stephen Boyd y le explicaron en secreto (no debía enterarse de nada de esta historia su protagonista Charlton Heston, que seguro no le hubiera hecho mucha gracia esta dimensión de su personaje y del de Mesala) que debía interpretar a un hombre absolutamente enamorado de Judá, por eso se alegra tanto de la vuelta del amigo de la infancia, y luego se comporta de manera extrema al sentirse amante rechazado. Y Boyd participó encantado en esta visión de su personaje y le dio una dimensión muy interesante.

Sin embargo, Boyd —que murió muy joven, a los 45 años de edad— también fue protagonista de otras películas que en su momento tuvieron cierto renombre y en otras que pintan interesantes pero que son muy difíciles de ver. Parece inexplicable que tras el éxito de Ben Hur no lograra ofertas cinematográficas más interesantes.

Algunos pensaron que le sentaba bien ser hombre de época, así le ofrecieron varios papeles en películas históricas. Uno de sus papeles iba a ser de Marco Antonio en el espectacular y sonoro fracaso, Cleopatra con Liz Taylor, las numerosas dificultades para comenzar su rodaje hicieron que finalmente perdiera el papel que cayó en manos de Richard Burton. Donde sí apareció junto a Sophia Loren fue en la obra de Mann, La caída del Imperio Romano, de esas películas colosales que se rodaron en España durante los años 60 bajo el imperio de Samuel Bronston. Otra histórica que tuvo su presencia fue la olvidable Genghis Khan junto a Omar Shariff.

El actor trató varias veces de probar también suerte en películas europeas. Uno de los aspectos que me han llamado la atención de su filmografía ha sido su vinculación con España (varias películas en las que trabajó se rodaron aquí). Curiosamente alguna de sus últimas películas en los años setenta fueron españolas y rodadas por el director de Surcos, José Antonio Nieves Conde, Historia de una traición y Casa Manchada u otra por Pedro Lazaga, Mil millones para una rubia. No he visto ninguna de las tres.

Trabajó en película mítica de ciencia ficción y de la mitología erótica por la presencia de Raquel Welch, Un viaje alucinante (1966) donde sus protagonistas viajan a través del cuerpo humano. O también estuvo presente en desconocido y olvidado musical ambientado en el mundo del cine enamorándose ni más ni menos que de Doris Day, en Jumbo (1962). También actuó en películas del oeste como El vengador sin piedad, La mujer obsesionada junto a la sufrida Susan Hayward o Shalako (junto a Brigitte Bardot con la que ya trabajó en producción francesa de su descubrido Vadim). Antes de Ben-Hur su rostro iba figurando en melodramas de los años 50 como Mujeres frente al amor (1959) o, por ejemplo, Una isla en el sol (1957). Por otra parte, hay dos películas de su filmografía que me resultan interesantes y me gustaría algún día poder verlas, la británica El hombre que nunca existió (1956) y El tercer secreto (1964), una de intriga y misterio.

Stephen Boyd pronto cayó en olvido. Sólo su Mesala perdura y perdura. ¿Injusto? 

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

George Sanders

Caballero de altura, con rostro de otros tiempos, inteligente y cínico, fue un actor con gusto. De secundario brillante, igual de mágico interpretando a rival malvado en películas de aventuras de todos los tiempos o devorando a los otros como protagonista o secundario en películas de calidad caidas en olvido. También fue rey de dos series de películas con personaje mítico: por una parte interpretó varias veces a El Santo y también a El Halcón. Cuando trabajaba con un director de prestigio, éste normalmente, repetía con él. A sus 65 años este hombre dio por terminada su vida, por hastío y aburrimiento, así decía en su nota de suicidio en un hotel de Castelldefells en el año 1972. De vida amorosa intensa se enamoró de dos de las hermanas húngaras Gabor (Zsa Zsa y Magda, se casó con ambas) pero no fueron las únicas mujeres de su vida, hubo más matrimonios y amantes. Escribió su propia autobiografía a la que tituló Memorias de un sinvergüenza profesional.

Todavía me queda mucho por descubrir de su extensa filmografía así también como volver a recordar su intervención en películas míticas de aventuras. Sin duda el papel que le inmortalizó por los siglos de los siglos como caballero cínico de la sala oscura es el viperino crítico teatral Addison de Witt en esa joya sobre los entresijos del mundo teatral: Eva al desnudo (1950) de Joseph L. Mankiewicz. Pero Sanders tiene muchas más interpretaciones y sorpresas en una filmografía donde grandes maestros como Douglas Sirk, Robert Siodmak, Otto Preminger o Fritz Lang lo tuvieron en cuenta varias veces.

Por ejemplo, Sanders es un secundario mítico en películas de aventuras donde solía ser el rival malvado. Así siempre destaca en obras tan inolvidables y entretenidas como El hijo de la furia, El cisne negro, Sanson y Dalila, Ivanhoe, Moonflet o Salomón y la reina de Saba.

Ya hizo papel inquietante/malvado/ambiguo y empezó a llamar la atención al público en el famosísimo estreno del maestro del suspense británico en Hollywood con la adaptación de la novela de Daphe du Maurier, Rebeca (1940). Y Hitchcock volvió a contar con él en la película de espionaje Enviado especial en ese mismo año. En 1941 destacaré dos películas que no he visionado pero por dos aspecto de interés por primera vez trabaja con Fritz Lang (El hombre atrapado) y también interpreta al lado de la joven promesa sueca del momento, Ingrid Bergman (Alma en la sombra), actriz con la que trabajaría años más tarde.

Sanders no dice que no a proyectos cinematográficos más independientes o alejados de los circuitos comerciales de directores europeos que van enriqueciendo su filmografía. Con los franceses Duvivier y Renoir realiza papeles secundarios en las interesantes Seis destinos y Esta tierra es mía. También comienza en la década de los  40 a ser el actor fetiche de un director alemán, que se convertiría posteriormente en el rey del melodrama, en sus primeros trabajos norteamericanos: Douglas Sirk. Con él trabajaría en Extraña confesión, Escándalo en París y El asesino poeta.

Como digo, Sanders es protagonista de curiosos productos cinematográficos. Películas que son difíciles de localizar pero que se convierten en sorpresa cuando se puede disfrutar de ellas. Por mencionar, dos: La extraña mujer (1946), una película romántica en extremo donde Sanders es el amor de una muchacha compleja con cara de Hedy Lamarr del director marginal (por desconocido y por salir pocas veces del circuito de películas de bajo presupuesto) Edgar G. Ulmer. Y la segunda una de las obras más curiosas y psicológicas de Robert Siodmak, Pesadilla (1945), donde Sanders se transforma en un hombre soltero que vive agobiado y atrapado en una casa junto a sus hermanas.

También en los años cuarenta participa en famosas adaptaciones literarias como El retrato de Dorian Gray del director Albert Lewin. Y también en esta misma década trabajó por primera vez con dos directores que seguirían contando con él, Otto Preminger (Ambiciosa y El abanico de Lady Windermere) y el gran Mankiewicz (en esa película de amor fantasmal y fantástico El fantasma y la señora Muir).

En la década de los 50 alcanza su momento máximo con el Oscar que recibe por su papel en Eva al desnudo. Y sigue trabajando con directores europeos, esta vez le toca el turno a Rossellini con una crónica del hastío de un matrimonio norteamericano que viaja por Italia, Te querré siempre. Él, elegante, es el marido, ella, triste, aburrida y hermosa, es de nuevo, Ingrid Bergman. Sigue además siendo el rival más temido en películas de aventuras y Lang vuelve a trabaja con él en la magnífica Mientras Nueva York duerme.

Poco a poco, en la siguiente década va siendo actor que cae en olvido o has been que aparece en adaptaciones de los libros de Julio Verne o en aquellas películas de terror con carácter de culto como El pueblo de los malditos.

George Sanders va cayendo en aburrimiento y se convierte en triste y solitario personaje hasta que se quita la vida en un hotel de Castelldefells, lejos del glamour y con nota cínica. Sin embargo, los amantes de la sala de cine oscura seguimos descubriéndole año tras año sin que nos aburra en absoluto y deseando ampliar más los conocimientos sobre la carrera cinematográfica de uno de los secundarios de oro.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

300 (300, 2007) de Zack Snyder

¡¡¡Dios, qué película!!!¡¡¡Qué poca gracia!!!¡¡¡Qué poca emoción!!! ¡¡¡Qué historia más mala!!!¡¡¡Qué simpleza!!!¡¡¡Qué poco entretenimiento!!!…, no se me acaban las exclamaciones de horror y sonrío feliz de no haber acudido a los cines para verla en su momento.

Aghhh, luchaba por no quedarme dormida. Ya he defendido en varias ocasiones ver cine también como puro entretenimiento pero ¿300, entretiene? Y hablando de este tipo de películas yo me he emocionado y entretenido una y mil veces viendo Gladiator y Troya que también dan patadas a la mitología y a la historia, también tienen excesos de cine digital y, sin embargo, las he disfrutado y he saltado en la butaca de emoción y he reído, llorado, y me he asustado y he brincado…, pero con 300 nada de esa magia surgió. ¡¡¡Menos mal que era corta!!!

No conozco el cómic de Frank Miller (que dicen que una de sus fuentes de inspiración fue la película de 1962, El rey de Esparta, la cuál no he visto pero seguro que es más entretenida) y quizá creo que se debía haber quedado en viñetas y que tal vez así funcione. Pero me molestaron considerablemente un montón de cosas de esta película con un guión estúpido y pocos personajes atractivos.

Quizá estéticamente logre una factura correcta y punto. Lo único bueno que puedo decir. Es película sin corazón. Y empecemos con los porqués de este rechazo mío visceral a esta producción. La voz en off para contar relato épico no da resultado alguno, no envuelve la historia con la emoción y el espíritu necesario para crear leyenda, no es una especie de buen cuentacuentos sino un orador muy, muy aburrido.

Las deformaciones de la historia son en extremo absurdas en esta batalla en el desfiladero de las Termópilas. Mientras que en otras producciones de este tipo son igual de absurdas pero de alguna manera las entiendes como licencias cinematográficas y tienen una función determinada dentro del contexto de la película, son verosímiles (ojo, sólo dentro de película-espectáculo), aquí te dejan tal cual, quieren espectáculo y es tontería. ¿Qué son esos monstruos ridículos, ese ejército persa absurdo lleno de seres deformes y bestias?¿Quién es ese Jerjes que destroza la belleza de mi Rodrigo Santoro y le convierte en fantoche con pendientes con cara continua de niño enfadado y enrabietado?¿Y por qué presenta como jorobado de notre dame y además sin el encanto de este personaje mítico al traidor de los 300 espartanos y aliados, Efialtes? ¿Y esa historia paralela y absurda de la reina, a cuento de qué?

La violencia extrema, que es la misma del cómic, con tanto efecto especial y lucha a lo Matrix, me dejó absolutamente fría. Es tanta la violencia que en el minuto dos quedas inmunizada. Todo es mentirijilla. Esa sangre que sale disparada, esas cabezas, brazos, y ojos mutilados. Es tan bestia pero tan de diseño que te deja sin adrenalina alguna.

300 es un desfile de modelos espartanos, 300 modelos con capa roja, cuerpos de infarto, dos dedos de frente, algún que otro destello de sentimiento, son guerreros pero han de ser hermosos con cuerpos serranos que exhiben a cada momento, con pechos y torsos de tableta de chocolate. Los demás los malos, son todos, deformes, la fealdad es sinónimo de traición, maldad y cobardía. Los 300 cantan su sumisión al rey todo poderoso y mueren orgullosos por la patria libre. ¡¡¡Oh, es la pera!!!

De paso también nos salen los colores con alguna escena de amor y sexo a cámara lenta que del ridículo provoca risa. Sólo hay un malo malísimo que no está mal (físicamente me refiero) pero que se vende a los persas y es tan malo tan malo que sufrirá el deshonor de ser matado por una mujer, por una reina espartana que tiene muchos ovarios y está orgullosísima de su señor esposo y de su hijo (de que tengan tantos huevos, sean tan hermosos y valientes. Claro que ella también tiene mcuhos ovarios), y no en el campo de batalla como Leónidas y compañía.

En fin, tiene su gracia de lo mala y ridícula que es. Pero me dejó tan fría y con tantas ganas de que acabase… 

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

Brigada 21 (Detective Story, 1951) de William Wyler

Hace poco en la sección Diccionario cinematográfico le tocó el turno a la palabra Policía. No nombre esta joya de William Wyler que hacía siglos que no veía y que apenas me acordaba y que ayer me llenó de alegría y pasión por el buen cine. Y es que digan lo que digan para mí Wyler es grande y tiene una filmografía con muy pocas decepciones. Particularmente, me encanta este director.

Toda la trama transcurre en una tarde-noche en una comisaria. Brigada 21 es la adaptación de una obra de teatro del dramaturgo Sidney Kingsley. Un dramaturgo del que Wyler, años atrás, ya había adaptado otra obra para crear Callejón sin salida (Dead end), otra perla de su filmografía y obra cinematográfica a la que tengo gran cariño.

Brigada 21 es una película de interiores —casi toda la trama transcurre en distintas dependencias de la comisaria, tan sólo hay dos escenas de exteriores— y, sin embargo, está contada con un buen ritmo y con un uso de los espacios que vuelven la película dinámica y cada vez más intensa e interesante. Wyler encontró un cómplice en el director de fotografía Lee Garmes que aportaba buenas soluciones para el rodaje de interiores (algo que también le había pasado al director en otras de sus obras cinematográficas con otro gran técnico: Gregg Toland).

El trabajo del reparto es excepcional y emocionante, porque eso es Brigada 21, una película emocional, intensa e intimista (como habitualmente acostumbraba Wyler). Brigada 21 es una historia coral donde se cuenta las vicisitudes de muchos personajes en una comisaria (policías, delincuentes comunes, testigos, abogados, periodistas…). Sin embargo, hay un claro protagonista, un personaje complejo y duro, un policía de personalidad tremenda y con una psicología complicada, que está interpretado por un Kirk Douglas inmenso. Personaje que odias pero que según avanza la historia va moviéndote hacia la compasión por ser un hombre con un sufrimiento que duele.

Película interesante no sólo por las emociones que mueve sino también por toda su historia detrás de las cámaras. El guión brillante fue realizado por Philip Yordan y el hermano del director, Robert Wyler. Sin embargo, en un principio el director se lo había encargado al escritor Dashiell Hammett, compañero de su gran amiga Liliam Hellman (dramaturga y guionista que trabajó muchas veces con Wyler), acuciado por la Caza de Brujas, sin embargo, tenía tal agobio que no pudo escribir ni una línea (tal y como nos cuenta en su interesante libro sobre el director, Ángel Comas). Wyler además se las tuvo que ver con el Código de Censura porque trataba, entre otros, uno de los temas intocables, el aborto ilegal. Wyler y los guionistas tuvieron que realizar malabarismos porque aunque la trama principal de la película tenía como tema principal, el aborto ilegal, en el guión no podía aparecer en ningún momento la palabra aborto y tampoco se podía mencionar directamente que uno de los detenidos realizaba como práctica habitual los abortos ilegales.

Como ya he adelantado los actores son todo un lujo: desde una Eleanor Parker dramática con dos buenas compañeras de reparto: una Lee Grant conmovedora como ratera y una dulce Cathy O’Donnell (por cierto esta joven actriz que para mí tiene la inmortalidad junto a Farley Granger en Los amantes de la noche se convirtió en la esposa de Robert Wyler) de joven enamorada. En el reparto masculino los policías se mezclan con los delincuentes y testigos en una memorable lista de secundarios de oro: William Bendix, Horace McMahon, George Macready o Joseph Wiseman, por sólo nombrar a algunos.

La película no es sólo intensa por la trama que se desarrolla sino también por la psicología de cada uno de los personajes. También es un documento interesante porque, creo, que desarrolla con veracidad la vida en una comisaria de aquellos años 40 y 50 con todo tipo de personajes como el reportero tras la historia, el abogado que defiende a su cliente, los testigos y víctimas de robos que pasean por las dependencias, los delincuentes y sus distintos motivos para delinquir, los distintos tipos de policías y detectives con métodos distintos, visitas inesperadas como la de una mujer con problemas de salud mental que exige ser vigilada porque está siendo continuamente espiada…

Las historias te enganchan de tal modo que quieres acompañar a cada uno de sus protagonistas en la resolución final: el policía de triste y violenta infancia —que le marca de por vida— que sólo ve las cosas como blanco y negro y que no es nada transigente ni concibe el perdón ante el delito ni el dar una segunda oportunidad a las personas enamorado de su mujer que esconde un pasado que le golpea y le hace tambalearse toda su fachada y careta. El joven héroe de guerra que tiene problemas de integración a su regreso y la hermana de la novia que hace todo lo posible por sacarle de comisaria. La raterilla asustadiza, los dos delincuentes comunes, el doctor que practica abortos ilegales, el detective que recuerda en el joven héroe de guerra a su hijo muerto…

Brigada 21 me tuvo sobrecogida en el sillón durante toda su proyección. Con mil y una emociones me alegré de poder disfrutar de buen cine…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.