Aflicción (Affliction, 1997) de Paul Schrader

aflicción

Al guionista y director Paul Schrader nunca le podríamos imaginar en una comedia, es un creador-artista que refleja los ‘fantasmas’ y traumas de su vida y educación estricta en sus películas. Bajo la influencia de la religión (calvinismo) tiene un fuerte sentido de la trascendencia (que también analiza en un libro imprescindible sobre tres directores: Bresson, Ozu, Dreyer) pero nunca abandona los conceptos de culpa, pecado… Y claro difícilmente entra ahí la risa. No domino toda su obra como director (ni tampoco la de guionista) pero lo que he podido vislumbrar me ofrece ‘héroes’ atormentados que alcanzan la ‘redención’ de la manera más inesperada y donde la transgresión es la firma. Schrader encontró en el cine su medio para comunicarse (y curiosamente no pudo ver su primera película hasta que cumplió 18 años), para transmitir sus miedos y complejidades. Su obra como director, imperfecta y anómala, se mueve siempre entre lo inquietante y lo ambiguo… y no deja indiferente al espectador que se enfrenta a ella.

Aflicción es el reverso oscuro de Nebraska de Alexander Payne. A veces las películas hablan entre sí. Y yo creo que existe un diálogo oculto entre ambas. Diré que me gusta más la vida desde la mirada de Payne (que no toma, ni mucho menos, la vía fácil, ni más sencilla) y que me remueve, incomoda y deprime la mirada de Schrader… Creo que ambas ofrecen en un universo y paisaje similar las consecuencias que puede tener en nuestras vidas los padres que hayamos tenido, la infancia que hayamos vivido y cómo hemos sentido cada momento. Ambas películas hablan de lo que marca la genética y la inteligencia emocional. Arrastramos un pasado sobre nuestras espaldas… y a veces ese pasado ni siquiera lo vivimos pero su ‘carga’ se siente. Las familias de Nebraska y Aflicción son disfuncionales: una opta por el amor y la comprensión (a su manera) y otra por arrastrarse entre el odio, la violencia y la sumisión. En ambas el padre se encuentra en un momento donde su memoria ya es vulnerable y en ambas el alcohol ha supuesto un golpe continuo para cada uno de los miembros.

Pero ahora hablamos de Aflicción… que termina siendo el retrato y el tormento de un hombre a punto de estallar. Un perro rabioso que se contiene pero con unas ganas enormes de morder. Él mismo se lo explica a su hermano pequeño por teléfono. Lleva en sus genes los recuerdos de una infancia dura y el ADN de un padre violento que además es un alcohólico. Un hombre que aterroriza a sus dos hijos y a su mujer… A uno le da por huir y convertirse en profesor de historia (y contador de narraciones tristes…) y el otro se queda y va hundiéndose irremediablemente… Ella se queda a su lado, en silencio.

Y a ese otro (un Nick Nolte que sobrecoge) nos lo encontramos en un momento de su vida en que todo se derrumba y él (aunque no lo sabe) es más vulnerable que nunca. Profesionalmente no se siente realizado (es un ayudante de sheriff venido a menos), la relación con su hija cada vez se deteriora más y la relación con su exmujer ya hace tiempo que no puede ir peor… para colmo tiene un dolor continuo de muela que no le deja razonar tranquilo. En ese momento hay dos golpes que ponen patas arriba su vida ya errática: la muerte de un importante sindicalista durante una cacería donde éste iba acompañado por uno de sus compañeros de profesión y lo más parecido a un amigo. Y por otra el descubrimiento de que su madre ha fallecido (de manera tan triste y silenciosa como toda su vida) y por tanto el tenerse que hacer cargo de un padre (un temible James Coburn) que le marca con cada palabra y acto. Lo único que logra calmarle es el cariño de su novia, una vecina de toda la vida (una dulce Sissy Spacek).

De pronto no le sirve que lo que ha ocurrido con el sindicalista es un accidente sino que él mismo urde toda una trama conspirativa y destierra toda la corrupción latente en el sitio donde vive (en el que todo el mundo que conoce está implicado). Se vuelve una especie de ‘héroe’ solitario y justiciero al que nadie cree. Y todo sucede en un terreno ‘ambiguo’ entre realidad o ficción. ¿Es todo fruto de su imaginación o no es tan descabellado lo que piensa? Al estrés que le provoca este caso que le obsesiona, ve cómo su vida emocional se desmorona cuando su padre vuelve a hacerle salvajemente daño con palabras hirientes y más cuando siente que no puede huir de la violencia que genera éste a su alrededor. No puede controlar esta violencia que va poseyéndole rompiendo definitivamente la relación con su hija y con su novia que ven el monstruo que emerge (y que nada pueden hacer para calmarle)… Todo unido al maldito dolor de muela…

Es como si ese dolor de muela distorsionara todo. Ese hombre que arrastra dolor físico pero lo que le rompe es el dolor emocional… siente que la cabeza le estalla… y de pronto cree que lo único que puede tranquilizarle es arrancarse de cuajo lo que le provoca dolor. Una muela podrida. Y de pronto su cabeza le dicta que todo está podrido no sólo su muela. Y que tiene que arrancar todo lo que le hace infeliz… y desaparecer. Entonces toma determinaciones fatales, con la mente fría, sin dolor físico. El perro rabioso, ataca…

Y es que su vida siempre ha estado sumida en la aflicción: entre la tristeza y la angustia moral, siente sufrimiento físico y pesadumbre moral… No puede con su vida. No puede con él mismo. Ve a su padre, y sabe lo que le espera. De pronto la única salida que encuentra, es la única que ha aprendido, la violencia.

Aflicción no es ni mucho menos perfecta (me desconcierta el punto de vista -pero esta cuestión daría para otro post entero- porque según se interprete se podrían contar historias muy diferentes y por eso me desconcierta el personaje del hermano menor, Willem Dafoe), es irregular y anómala (y por eso tremendamente atractiva), pero el personaje de Nick Nolte… lleva la batuta y arrastra al espectador a una historia triste sobre la herencia genética y emocional que dejan los padres a sus hijos en un paisaje desolador y nevado…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Nebraska (Nebraska, 2013) de Alexander Payne

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Hacia tiempo que no tenía tantas ganas de llorar en una sala de cine. La persona que estaba a mi lado me dijo: ¿Estás llorando? Y yo le contesté que sí, llorando y riendo. Eso es lo que me pasó mientras miraba en una enorme pantalla blanca… una larga e interminable carretera en blanco y negro. Toda la película a punto hasta que las lágrimas cayeron. Sin remedio. Pero no eran lágrimas de tristeza, ni melodramáticas, ni de drama… eran de pura emoción contenida… por toda la historia que había vivido a través de los fotogramas.

Y es que tenía que ser en blanco y negro para reflejar esa vida en tonos grises de una familia de Montana. Para viajar por paisajes desolados por la crisis, por ciudades que se derrumban, por tabernas, karaokes, pequeñas empresas, granjas, hogares, tiendas, viejos despachos de periódicos locales… que se van deteriorando. Para reflejar unos rostros de supervivientes, con huellas, con arrugas o sin ellas.

Pero la película no va de perdedores sino de personas que se niegan a perder. De un padre y un hijo que emprenden un viaje de unos cuantos kilómetros. Una road movie… Una historia sencilla, muy sencilla. De un padre que quiere ir a recoger una cantidad de dinero que en una carta dice que le corresponde. Y de un hijo que alimenta la fantasía de un padre que va perdiendo la cabeza y la vida… Sabe que es un timo… pero se lanza a la carretera con un padre que siente de pronto, después de años, una especie de emoción, ganas de moverse, de seguir vivo aunque su mente le traicione. Tiene un objetivo y su desorientación continua encuentra un motivo que perseguir… Cobrar ese dinero.

El hijo le pregunta desde el principio que para qué quiere ese dinero y sólo consigue sacarle al padre que quiere una nueva camioneta y un compresor de pintura (porque el suyo lo prestó a un amigo hace años y todavía no se lo ha devuelto). Pero luego, casi al final, habrá una confesión… llana y simple. Humana. Que te parte el corazón en dos.

De Montana a Nebraska pasando por la localidad donde su padre tiene las raíces…, los recuerdos. Un pasado que se diluye, que se deteriora, como la casa vacía de su infancia. Entre buena gente y otros que siempre fueron mezquinos, padre e hijo van tras un botín imposible. Y en algunos puntos del camino se unen viejos vecinos, desagradables amigos,  algunos familiares con ganas de rascar viejas heridas, una antigua novia… También están presentes, a ratos, la esposa cascarrabias y el hermano desencantado. Pero a su manera los cuatro, cuando les vemos juntos en un coche (protagonizando una de las escenas más divertidas), sabemos que se quieren a pesar de los dolores, los sufrimientos y las frustraciones.

El padre y el hijo tienen el rostro de Bruce Dern y Will Forte y es una de las parejas más emotivas que últimamente han pisado la pantalla… Pero sin rastro de almíbar y sí con mucha humanidad. Con silencios y pocas palabras, las justas. Con miradas.

En Nebraska vemos nacer a un personaje de una manera maravillosa. El padre, Woody, un hombre enorme y muy anciano con la mente casi perdida… Lo primero que sabemos es que es una carga para su esposa, un agobio para el hermano mayor… y que su hijo pequeño trata de comprenderle… aunque nunca hayan hablado mucho. Parece que no les ha hecho muy felices sobre todo por sus problemas con el alcohol… pero a través del viaje conocemos, construimos, con las palabras de otros, y con los recuerdos sesgados de Woody, y con la mirada comprensiva e incondicional del hijo y con el cariño escondido de su esposa y su otro hijo… el retrato de un buen hombre. Y nos vamos sorprendiendo ante el descubrimiento como lo hace el hijo, que ya lo intuía.

Y ha sido maravilloso volver a reencontrarse con ese hombre enorme que es Bruce Dern, un hombre que se niega a perder, un hombre que no pierde su dignidad… aunque esta hace lo posible por huir. Un hombre que vemos grande, que fue fuerte, de pocas palabras… y que encontró en el alcohol una manera de alejar sus malos recuerdos de guerra, la monotonía de un paisaje en blanco y negro, de una vida con muchas puertas cerradas, que intentó ser buen padre, buen amigo, buen novio, buen esposo…

Mi primer recuerdo de Dern fue interpretando a otro hombre tremendamente fuerte en Danzad, danzad malditos. Ahí era un hombre joven enorme que trataba de ganar desesperadamente junto a su esposa embarazada una maratón inhumana de baile. Un hombre que no separaba ante nada con tal de ser un superviviente. Y fue una película que me marcó y en parte por su personaje.

Ahora veo que sigue siendo inmenso… y que me arrastra, con sencillez, a que llore en silencio.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.