Diccionario cinematográfico (161)

Parejas en blanco y negro (primera parte): en Una isla en el sol corría el año 1957 y todavía era de escandalo social ser una pareja en blanco y negro. Y esas parejas escandalosas se permitía que se amaran pero ninguna escena de beso apasionado. Herry Belafonte con Joan Fontaine. La Halle Berry del momento (Dorothy Dandridge) con un desconocido John Justin. Parejas resplandecientes en blanco y negro.

Después vendría el hermoso Sidney Poitier… todavía era tema polémico y tocado con delicadeza. Así lo hace Kramer en comedia familiar Adivina quién viene esta noche en 1967. Han pasado diez años y una joven pareja, él negro, ella blanca…, sorprenden a ambas familias con sus ganas de casarse.

Entre medias tienen problemas aquellos blancos con sangre negra en las venas y son desgraciados en amores y rechazados socialmente. Así surgen historias como Pinky de Elia Kazan, La esclava libre de Raoul Walsh o Imitación a la vida de Douglas Sirk.

La cantante Whitney Huston tuvo protagonismo en película romántico-cutre-caza lágrimas con su idilio de cantante famosísima que vive historia apasionada con su guardaespaldas cachas con cara de Kevin Costner. Fue todo un hito. Hablo claro de El guardaespaldas.

Halle Berry emociona en historia dura, Monster’s Ball, donde protagoniza una historia de amor entre un funcionario racista (Billy Bob Thornton) que trabaja en la prisión federal con los condenados a muerte, con muchísimos problemas y conflictos, y una mujer a la que acaban de ejecutar a su marido, también con muchísimos problemas y conflictos. Ambos unen sus soledades, sus problemas, conflictos y prejuicios y logran construir una historia en común.

También Halle Berry es una mujer felizmente casada con David Duchovny y madre de dos hijos. Lo de que sean negra y blanco es algo totalmente anecdótico y nada tiene que ver con la historia. Estoy hablando de Cosas que perdimos en el fuego.

Spike Lee presentó historias interraciales en Fiebre Salvaje. Las caras eran de Annabella Sciorra y Wesley Snipes. Infidelidades matrimoniales.Todd Haynes revisita y recrea los mundos melodramáticos de los años cincuenta a lo Sirk y exalta todo aquello que se intuía y ocultaba. Así, elegantemente, vivimos una historia de amor entre jardinero negro (Dennis Haysbert) y señora burguesa blanca e insatisfecha (Julianne Moore). Nos tenemos que ir Lejos del cielo. Mike Figgis nos presenta la historia de una infidelidad de una sola noche y de nuevo nos presenta el rostro de Wisley Snipes con una Nastassja Kinski en Después de una noche.

También para la comedia hay historias de amor en blanco y negro. Así tenemos la deliciosa película francesa Mamá, hay un hombre blanco en tu cama. Donde Daniel Auteuil y Firmine Richard protagonizan enredo encantador entre ejecutivo blanco y mujer de la limpieza negra.

Continuará. Segunda sesión de parejas en blanco y negro donde nos encontraremos con películas como Cadena perpetua o Nadie me quiere…

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El regreso de Hildy Johnson

Ay, cómo os he echado de menos a todos.

De verdad. De corazón.

Pero Hildy Johnson vuelve de nuevo.

La Johnson ya sabéis que es inmortal pero pava en las nuevas tecnologías…, así que donde estaba ubicado mi humilde blog de la noche a la mañana me lo dejaron fuera de juego.

Menos mal que hacía tiempo oliéndome que algo extraño podía ocurrir me recomendaron hacer una copia que milagrosamente pude realizar. Pero la hice en el mes de abril… Así que veréis que varios meses del 2011 no existen. No obstante todos los textos siempre los tengo bien salvados y guardaditos y espero poder ir restituyéndolos.

Así que con la ayuda de dos maravillosos hermanos de la Johnson, que por suerte les encanta esto de las tecnologías, he podido regresar de nuevo y sin perder todos estos años entre vosotros. Aunque por el camino sí que no se han podido salvar ni los comentarios ni el nombre de las secciones (categorías) en cada una de las entradas, que con paciencia iré restituyendo.

Todo esto me ha permitido dar un nuevo look, igual de sencillo que el anterior, pero un poquillo más bonito. ¡¡¡Atención!!!, además funcionan todas las cosas en este nuevo look. Sin duda alguno de vosotros os acordaréis que de la anterior plantilla no me funcionaba prácticamente nada de nada. Y durante este breve paréntesis (para mí ha sido largo, lo reconozco), he tenido la posibilidad de seguir devorando mucho cine. Mantengo algunas secciones que son imprescindibles (para mí, sí, ya lo sé), otras van a desaparecer… y alguna nueva está a punto de asomarse.

Ja, ja, ja… también he puesto el contador de visitas a cero… me hará ilusión ver correr los números…, si es que corren. Pero bueno yo devorando cine, sintiéndoos ahí de alguna manera y escribiendo… absolutamente feliz. Imprescindible para mantenerme en forma.

Besos a todos

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El anfitrión perfecto de Nick Tomnay

Película con ingenio que te atrapa. Ingenio que, sin embargo, si rascas un poco en el guión y su estructura (giros y giros y más giros) ves sus trucos y fallos. Pero lo que es cierto es que esto no estropea su disfrute, que te muestres en todo momento atento… y que sigas como espectador embelesado la interpretación de sus dos protagonistas masculinos un veterano y televisivo David Hyde Pierce como ese anfitrión perfecto que señala el título y Clayne Crawford como el delincuente común que pasa en unos segundos de verdugo a víctima.

Podríamos decir que el enfrentamiento entre estos dos hombres oscila entre género thriller, suspense, humor negro y película de psycho killer con unas gotas de la gran (esa sí que entiende de giros de guión) La huella de Joseph L. Mankiewicz. Así el debut de su director en el largometraje (también como guionista) es una agradable sorpresa. Nick Tomnay toma la idea de un cortometraje propio, The host.

Así El anfitrión perfecto es la historia del enfrentamiento entre dos hombres de clases sociales diferentes y que proceden de distintos mundos así como de concepciones opuestas de la vida. Ambos se van intercambiando el papel de víctima y verdugo en una lucha donde cada cual es rival del otro y el que mueve la última pieza es el que realizará el jaque mate definitivo. Ambos son, no obstante, jugadores de ajedrez, el juego de rivalidad más interesante.

Además la historia va adornada, además de sorpresas varias, de historia de amores tristes y ceremonias macabras. Juega al ilusionismo, al distanciamiento y a las situaciones surreales.

David Hyde Pierce es perfecto (y valga la redundancia) como ese anfitrión exquisito con cara oculta llena de matices que le permite al actor un recital interpretativo entre la sonrisa y el patetismo y el joven y actractivo Clayne Crawford le da perfectamente replica con su papel del ladrón violento que se transforma en ser humano sensible con toques de inteligencia de la vida y mucha picaresca a cuestas.

Un buen estreno veraniego para tarde de entrenimiento con toques de humor negro.

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Pasos en la niebla (Footsteps in the fog, 1955) de Arthur Lubin

 

El cine me encanta porque nunca para de sorprenderte. Por eso sigo siendo una apasionada incansable. Siempre sé que me queda mucho por ver y mucho por descubrir y eso me supone un gran placer. Así de pronto aparecen pequeñas joyitas cinematográficas ocultas. Pequeñas joyas que no han gozado de la distribución y la popularidad de otras producciones. Así he llegado a Pasos en la niebla de Arthur Lubin (con este director tengo un recuerdo de la infancia cuando en el programa de películas de terror de Chicho Ibáñez Serrador, unas Navidades dijeron que iban a proyectar una película terrorífica y pusieron ante la mirada de toda la familia Agárrame ese fantasma, una película que recuerdo divertidísima de Abbot y Costello). Nos vamos a Gran Bretaña, a un Londres victoriano, y a una historia que mezcla lo misterioso, en un ambiente gótico con tintes de película de terror, con una relación enfermiza (lo mejor de la película). La relación enfermiza es la que se establece entre un noble venido a menos con dotes de galán oscuro y una sirvienta con muchas ganas de acabar con las humillaciones de su clase y subir en la escala social, y de paso, establecer una relación de dependencia con su señor… (podemos ver reminiscencias a una futura película de prestigio, El sirviente de Joseph Losey).

Los dos protagonistas de esta atrayente y enfermiza relación son los actores (también pareja y matrimonio en la vida real) Stewart Granger y Jean Simmons. A pesar de que Granger poseé una filmografía a la que tengo gran cariño, no es actor santo de mi devoción, aunque ahora estoy volviendo a visitar parte de su filmografía y me está sorprendiendo gratamente. Aquí reconozco que da el pego como noble con una cara oscura. Pero creo que quien muestra el personaje con más matices, más complejo y con más sorpresas es la gran Jean Simmons. La Simmons vuelve a destacar por ese físico dulce que la caracteriza y su lado oscuro (como ya dejó ver en esa maravillosa Cara de Ángel). Las escenas que protagonizan ambos son atrayentes y consiguen un componente de morbo y terror. La lucha de clases queda reflejada de manera especial.

La historia desde la primera escena atrapa al espectador: un noble personaje asiste al entierro de su esposa y parece hombre destrozado. Cuando llega a casa vemos, en privacidad, una actitud muy diferente ante la muerte de la mujer. El noble se regocija y sonríe. Pero hay alguien que sospecha del señor…, y es una sirvienta que cada vez reúne más pruebas que pueden inculparle. Desde ahí se establecerá una relación atracción-odio que sustenta la película.

Por otra parte la ambientación arropa esta película puesto que sabe jugar con el espacio de la casa del noble (las escaleras, las puertas, las habitaciones…) y en el exterior nos descubre un Londres cubierto la mayoría de las veces por una espesa niebla…

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Pienso en clave de cine

Pienso en clave de cine

Luego sueño.

Mi pentagrama es la pantalla blanca.

Ahí surgen corcheas y semicorcheas de celuloide

a un ritmo en luna creciente.

Y son las notas cinéfilas

las que me salvan cada día

de no caer en el hastío oscuro.

Y son las melodías de historias maravillosas

las que me salvan cada día

del problema oculto.

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Ricas y famosas (Rich and famous, 1981) de George Cukor

Cukor, director todopoderoso, se ganó la fama de hombre extremadamente sensible que dirigía estupendamente a las damas tanto en comedia como en melodrama. Y si juntaba las dos cosas ya hacía milagros. Así bajo su batuta grandes actrices consiguieron papeles inolvidables como Katharine Hepburn o Judy Holliday.

Cukor, director clásico, se marcó a principios de los años ochenta una película extremadamente sensible en que mezclaba comedia y melodrama con dos damas, ahora cada vez más olvidadas pero en esos momentos prestigiosas actrices norteamericanas. Fue su testamento cinematográfico, el hombre sensible rondaba ya unas ochenta primaveras. Una película extremadamente sencilla, de personajes. La historia de una amistad.

No olvidó su elegancia a la hora de rodar… Cukor no desentonó con escenas impensables durante el periodo de cine clásico norteamericano donde fue uno de los reyes prestigiosos de Hollywood… Escenas claro está relacionadas con el sexo. Así nos deleita con un polvo en un baño de un avión y con encuentro entre mujer madura y joven gigoló… sin que nos salgan los colores (como sí consiguen sacarme los colores varias producciones actuales… que nos ofrecen ridículas escenas de polvos que nada ocultan… pero que dan pena, dios mío).

Cukor parte de un material de comedia melodramática clásica, de una pieza teatral ya adaptada al cine en los años cuarenta por mujeres de carácter como Bette Davis y Miriam Hopkins. La película se llamó Vieja amistad (Old Acquaintance) y la dirigió Vicent Sherman (la cual os confieso apenas recuerdo). Cukor revisita el material. El tema de fondo: la historia de amistad entre dos damas a lo largo de varios años. Una amistad conflictiva, con mucho amor y grandes dosis de rivalidad y envidias.

Las damas de Cukor tienen los rostros de Jacqueline Bisset y Candice Bergen y las dos están estupendas, bellas y sensibles como amigas que se aman y se odian, se complementan y son a la vez tremendamente distintas. Una, intelectual, novelista que cuida la literatura, que opta por la libertad en las relaciones emocionales y sexuales… pero con carencias emocionales. Le cuesta escribir, le cuesta enamorarse, le cuesta relacionarse. Mujer inteligente pero insegura. La otra mujer típicamente sureña, extrovertida y emocional, amante de la familia tradicional que se casa con su novio (que también había amado a su amiga anteriormente), tiene una hija, vive en Malibú, y empieza a escribir (para asombro y cabreo de su amiga) best seller a punta pala convirtiéndose en una rica autora además de mujer divorciada. Al cabo de los años consiguen el éxito pero también las frustraciones y una gran soledad sólo paliada por su amistad conflictiva pero necesaria… son el único pedazo de carne que siempre van a tener cerca pase lo que pase. Ambas van a conocer sus mejores virtudes y sus mayores ruindades y a pesar de eso, su lealtad las hace quererse siempre. Así aunque discutan casi siempre también se entienden la mayoría de las veces. Y no están solas totalmente porque se tienen la una a la otra.

Me gusta esta sencilla película (en cuanto historia y manera de rodar) de dos mujeres antagónicas porque a ninguna le sale la vida tal y como quiere pero tampoco son desgraciadas, son ricas y famosas, pero insatisfechas. Las dos opciones de vida, como la vida misma, tiene sus pro y sus contras. Ni la que opta por la vida conservadora y tradicional ni la que opta por ser más liberal consigue la plena felicidad, sino que como la vida misma, ambas viven momentos felices, momentos inolvidables. Ambas se equivocan en sus caminos y vuelven a errar o se levantan de nuevo.

Como curiosidad cinéfila, en Ricas y famosas debutó una jovencísima Meg Ryan. Los actores son totalmente anodinos…, los hombres, tan anodinos como sus personajes.

Cukor nos dejó un tranquilo testamento de momentos bellos y sensibles de dos damas que ríen y lloran a lo largo de la vida pero que pueden finalmente tomar una copa de champaña sin burbujas frente a una chimenea esperando un año más en el que se van marchitando… pero juntas y unidas. Chapó, Cukor. Bonita despedida. No obra grande o maestra sino obra sencilla e íntima.

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… Un verano con cine en las venas

Verano con cine en las venas. Aunque no voy a mentir.  A la sala de cine no he ido mucho. Pero lo que he ido ha merecido la pena. Por una parte El hombre de al lado, película argentina de Mariano Cohn y Gastón Duprat. La metáfora de esta película sencilla y de personajes nos remite a una ventana. La construcción de la ventana es el nudo de un conflicto que va mucho más allá de lo que creemos. No se la pierdan.

Después he disfrutado ni se sabe, riendo y llorando a la vez, como la vida misma, con una película italiana a lo Scola, La prima cosa bella de Paolo Virzi. Una película sobre una familia que se desmorona y se construye. Con un personaje central fuerte, una madre vital. Y el gusto que da encontrarse con actrices del pasado en papeles geniales como la gran reina de los años setenta Stefania Sandrelli.

Me muero de nostalgia por entrar en sala de cine y ver Super 8, lo digo en serio. Y también que llegue septiembre y se estrenen todas esas películas que me quedé con ganas de ver según iba leyendo informaciones desde Cannes.

Pero os iré informando poco a poco de todo lo que he podido leer y ver en mi rincón cinéfilo en mi querido hogar, el viejo baúl de películas está que arde y repleto de sorpresas…, volviéndome a apasionar con el cine una y otra vez.

Os contaré por qué esta nueva apariencia…, casi me quedo sin blog pero tengo unos ángeles por hermanos que me han ayudado a recuperarlo prácticamente todo… y de nuevo aprovechar y cambiar un poco el look. Modernizarme poco a poco que bien que me cuesta. Así que aunque mantengo algunas secciones, deleitaré con algunas nuevas.

Y espero ir recuperandoos a todos mis queridos lectores… porque vengo guerrera y con muchas ganas de escribir, escribir y escribir apasionadamente de cine.

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Rubias tras la pantalla blanca

La melena rubia platino de Jean Harlow con su sensualidad que se apagó joven se cruza con los ojos tristes y enormes de la rubia, diosa sexo sin quererlo, Marilyn Monroe.

En la Fontana de Trevi grita Anita Ekberg con su melena que cae como cascada, grita a Marcelo para que vaya con ella a disfrutar de la noche romana. Para disfrutar de un momento. Y como mujer exuberante se cruza con otra rubia triste que sólo hizo comedias, con cintura de avispa, y con el sambenito de la imitación absurda, siempre buscó su hueco…, ahí se desliza Jayne Mansfield.

Las rubias hielo que son volcanes y que desnudaba el maestro del suspense en la pantalla…, hubo un trío esencial (aunque fueron muchas las rubias que pisaron sus películas). La musa, Grace Kelly. La antimusa pero protagonista de obra maestra, Kim Novak. Y la rubia ideal que quiso crear el maestro, él solito, Tippi Hedren, a la que dejó exhausta. Las dos primeras tuvieron más vida antes y después del maestro…, la Hedren, no.

Las niñas rubias que provocan sueños sexuales y son protagonistas pasivas de relaciones enfermizas con hombres de mentes oscuras… Carrol Baker, la baby doll tiene la corona… se convirtió más tarde en Harlow. La sigue Sue Lyon que hizo de las suyas cual Lolita y se sumergió en la noche de la iguana.

Las rubias virginales también tuvieron su hueco en la pantalla blanca y el símbolo máximo de la rubia pacata fue primero Doris Day y después Sandra Dee. La Day demostraría que podía hacer algo más que confidencias a medianoche…, Dee, ay, la Dee si no hubiera sido por sus adolescentes de melodramas maestros.

En el cine negro la rubia por excelencia fue la mujer de la melena en mitad del rostro Veronica Lake…, y también la aparición peligrosa de la Cora-Lana Turner con turbante incorporado.

Las rubias también desmostraron que cuando querían ser graciosas eran lo más. Y también podían dar sus pasos de baile. Otro trío de oro con melena platino al viento, Carole Lombard se muere de la risa con Jean Arthur que le hace confidencias divertidas a Ginger Rogers mientras se marca un claqué.

Y ahí tenemos a la rubia entrañable. A la mujer con la que soñaban los muchachos en la guerra, la vecinita alcanzable con hermosas piernas. La actriz que nunca se lo creyó y que cedió su cetro con elegancia a la Monroe, la pin up por excelencia, Betty Grable.

La hermosa Lara con rostro de Julie Christie fue la rubia bella que renunciaba al estrellato. En Francia Dios creo a la mujer con cara de Brigitte Bardot y allí estaba también la belleza rubia que tenía pesadillas sexuales y enloquecía con Repulsión, cantaba tristes canciones de desamor con un paraguas o era belle de jour, Catherine Deneuve. De tierras frías llegaba Ingrid Thulin, una de las musas de Bergman, que con el silencio de su rostro contaba historias. O también de Suiza llegaría la cabellera rubia de la sensual Lisolotte Pulver que lograría su lugar como secretaria erótica y divertida contando uno, dos, tres o se transformaba en triste enamorada cuando es tiempo de amar, tiempo de morir.

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Cóctel de tres películas desde la emoción

Tres películas he visto últimamente desde el rincón de la emoción. Dos actualmente en cartelera y una de las que debería haber visto en su momento y ahora he encontrado el tiempo. Y la emoción no ha estallado totalmente en ninguna de las tres. Son tres películas bien elaboradas, bien hechas pero con ese punto de cine-emoción, de cine de sentimientos, que a mí me fascina y que cuando se consigue me deja en un estado óptimo.

En esa escala, de la emoción que estalla a la emoción fría, pongo a su disposición pequeños comentarios. Desde la que más me hizo sentir a la que menos. Y todas tienen sus ingredientes interesantes y las tres comparten aquellos elementos que no las convierten en redondas o en obras para la eternidad.

¿Para qué sirve un oso? de Tom Fernández

Si algo ha dejado claro ¿Para qué sirve un oso? y lo digo con lamento es que las comedias de buenas intenciones protagonizadas por buena gente no están de moda. El espíritu de Frank Capra está de capa caída. El idealismo está en paro.

Tom Fernández regala comedia idealista y parece que pocos han querido empaparse de esta historia sencilla de buenos sentimientos (a algunos incluso les molesta) entre dos hermanos que viven su particular viaje interior en un paraíso natural, la bella Asturias.

Tampoco ha calado, que algunos han tildado de superficial, el mensaje ecologista de la película. Pero siento decir que disiento. Porque sí es un mensaje sencillo, muy sencillo y muy superficial… pero es que en materia ecológica estamos muy pero que muy poco concienciados (y somos muy superficiales) y nos puede parecer absurdo y simple que nos recuerden que hay que reciclar (casi como en un curso básico de Barrio Sésamo) pero es que desgraciadamente la gran mayoría no reciclamos correctamente. Y puede parecer muy simple el discurso que tienen esos hermanos, biólogo uno (y desesperanzado por el irremediable curso del cambio climático) o del zoólogo (que aún cree, y tiene fe, que se pueden salvar los paraísos aunque científicamente no esté muy adelantado), pero desgraciadamente el hombre sigue generando desastres ecológicos, sigue abusando de los recursos naturales y sigue destrozando el planeta sin una conciencia de que debemos cuidar lo que tenemos si queremos seguir viviendo en un planeta llamado Tierra…, así que no viene mal una bajada de humos y que nos presenten una película bonita de mensaje sencillo.

¿Para qué sirve un oso? se sustenta por una pareja de cómicos, los hermanos asturianos, que ofrecen su recital interpretativo y nos hacer reír (o a mí me provocaron la risa): Javier Cámara y Gonzalo de Castro. Dos hermanos separados que vuelven a encontrarse y a unirse a pesar de sus distintos enfoques de la vida. A su alrededor pululan una serie de personajes secundarios con encanto (pero éste es el único pero que no hizo que mi emoción se disparara del todo) pero no del todo bien construidos o mejor dicho no del todo bien aprovechados para el curso de una historia bonita. Así como el maestro Frank Capra era capaz de construir un personaje secundario con todos sus matices aunque sólo apareciera en pantalla unos segundos, la película de Tom Fernández nos deja una galería de personajes secundarios a medio construir (aunque todos con su momento tierno). Y contaba con buenos actores para ello, algunos veteranos y otros muy frescos (la institutriz de los hermanos, Geraldine Chaplin; la veterinaría de la localidad, Emma Suárez; la pareja de jóvenes que se enamora, el americano idealista y la lugareña pizpireta —Jesse Johnson y Oona Chaplin— o la niña que sufre la ausencia del padre, Sira García…

Sin embargo ¿Para qué sirve un oso? funciona y emociona para pasar una buena tarde de cine. Con momentos divertidos, otros emotivos y muchos hermosos. Deseas trasladarte a Asturias y disfrutar de una noche a la intemperie y a ser posible con un proyector de viejas películas mudas como la de los hermanos Wilson (precioso homenaje al cine mudo cómico y a la emoción que provocaba…) o estar en el jardín de una casa de piedra rodeada de montañas.

Oliver Twist de Roman Polanski

Una de mis pendientes. Polanski construye cinematográficamente la obra de Dickens, ciento un mil veces adaptada en cine y televisión, y recrea una película clásica tan perfectamente llevada a cabo que a mí, aunque me emocionó en varios momentos, me dejó un poso de frialdad y melancolía.

Recreación exquisita, reparto de niños impecable, banda sonora acorde con la historia, reflejo veraz de la miseria en Londres y de las desventuras de Oliver de forma lacerante, relato con aires oscuros y tristes, exclusión y desvalimiento de una infancia cruel, tono de un cuento triste y tenebroso, secundarios bien construido… Todos los elementos bien ejecutados en un ejercicio cinematográfico de visos perfectos. Una adaptación literaria del mundo de Dickens perfecta. Pero, ay la emoción del conjunto.

Eso sí reconozco que me fascinó, me emocionó y me hundió en la más triste melancolía sus minutos finales. La visita de Oliver a la prisión al otro gran personaje de la película, Fagin (caracterizado e increíble Ben Kingsley) pone los pelos de punta.

Chico y Rita de Fernando Trueba y Javier Mariscal

Disfruto mucho con el cine de animación. Y soy capaz de emocionarme muchísimo. Me gustan las distintas técnicas de animación (aunque no soy ninguna experta pero me gusta enterarme) que se emplean para contar una historia y los distintos trazos de los dibujantes. Me emociona Pesadilla antes de Navidad, Ratatouille, Bienvenidos a Belleville, Wall-i, Persépolis… Y esperaba esa misma sensación con Chico y Rita. Y sólo lo consiguió en pequeños momentos a pesar de que tenía todos los ingredientes para que me hundiese en un estallido de sentimientos y emociones. De nuevo, el conjunto no me llevo al éxtasis. Aunque como las anteriores películas me hizo pasar una linda tarde, y eso es para valorarlo mucho.

Chico y Rita tenía La Habana, la bella música y las hermosas canciones, la historia de amor imposible con múltiples referencias y amor al cine clásico y su romanticismo, aires de cine musical clásico a lo New York, New York, ecos de historias de amor míticas a lo Casablanca, influencias incluso de cine negro (esa muerte de ese músico cubano con sus influencias con los bajos fondos)… todo envuelto en un aire de nostalgia (que tan bien queda en las historias de amor), y un trazo original. Tenía esos personajes que triunfan y caen, a los que les duele el exilio aunque sea voluntario, a los que les duele la exclusión en un mundo que en esos momentos desprecia otras culturas o color de piel… Pero Chico y Rita no me hizo temblar tal y como hubiera esperado. Vibrar o echar unas lágrimas al escuchar un bolero o una canción de amor inacabada… ¿Sería mi estado de ánimo?¿Qué le falta a Chico y Rita para el éxtasis de emoción?¿Qué le falta para que el espectador estalle…

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La terra trema (La terra trema, 1948) de Luchino Visconti

Visconti, un aristócrata con una ideología social cercana y simpatizante al Partido Comunista Italiano, empezó su trayectoria cinematográfica bajo los postulados del neorrealismo, un cine de posguerra que trataba de reflejar a una Italia que intentaba resurgir de sus cenizas y que quería ponerse al lado de un pueblo que vería cómo era retratado en la gran pantalla blanca. El neorrealismo además era una corriente cinematográfica europea que permitía nuevos caminos del modelo cinematográfico imperante y pionero en las nuevas olas europeas que preludiaban un cine nuevo, un arte que avanzaba. Con el neorrealismo empieza también una querencia por querer ver en el director a un autor, a un creador.

El aristócrata, virtuoso en la puesta en escena, ya se había acercado de manera original a la clase obrera italiana con su peculiar adaptación de la novela El cartero siempre llama dos veces en la película Ossesione. Ahora toma como referente una novela italiana cercana al naturalismo I Malavoglia de Giovanni Verga para llevar a cabo su segunda obra cinematográfica, La terra trema, el episodio del mar. El proyecto era una trilogía. Primero iba a reflejar la historia de los pescadores, después de los mineros y por último de los campesinos. Era un proyecto financiado en parte por el Partido Comunista Italiano pero dificultades, entre ellas las económicas, impidieron que el proyecto pudiera ser concluido. No obstante Visconti logra que una obra que podría haberse convertido en simple cine propagandístico sobrepase su fin y se convierta en una obra que a mí personalmente me ha deslumbrado. Una obra artística que permite una serie de lecturas interesantes.

Visconti traslada su equipo, su cámara y su mirada a una localidad pesquera Acci Trezza en Sicilia y convierte la historia de una familia pesquera (interpretada por habitantes de la localidad), la familia Valastro, en una tragedia de ecos clásicos y universales. Así la historia de opresores y oprimidos adquiere una belleza que duele. La premisa de partida es sencilla pero adquiere elementos épicos. Ntoni, el joven líder de la familia, harto del yugo que sufre generación tras generación su familia bajo el ‘imperio’ cada vez más feroz de los comerciantes que se aprovechan de su trabajo y lo pagan mal perpetuando su pobreza y la de su pueblo, decide rebelarse. Pero los compañeros aunque le escuchan no se atreven a apoyarlo (aunque se protagoniza una pequeña revolución en el mercado que acaba con varios de ellos en la cárcel), así Ntoni decide volverse autónomo, ser dueño de su barca y su pesca e hipoteca la casa familiar (con apoyo de todos los integrantes). Sin embargo aunque empiezan con buen pie y con una buena pesca de boquerones…un día de tempestad pierden la barca y todos sus instrumentos hundiéndose la familia Valastro en la miseria y en la ruina agobiados por las deudas bancarias.

Ntoni y familia se convierten de familia emprendedora y envidiada a apestados. El pueblo no les perdona el haber roto con la tradición de siglos y además haber fallado y los patronos quieren que vuelvan a arrastrarse a sus pies. Así Visconti y su cámara narra con desgarro y dolor la desestructuración de la familia de Ntoni y su caída en la miseria más absoluta así como la caída del héroe y su resurgimiento doloroso pero con la lección aprendida. Sus ideas no son malas, su pensamiento de injusticia es verdadero pero solos en el camino no pueden contra el sistema… el despertar tiene que ser colectivo.

Visconti logra un ‘milagro cinematográfico’ pues muestra la cotidianidad de un pueblo pesquero, refleja el trabajo del pescador, los momentos cotidianos, desarrolla y apunta historias secundarias con una puesta en escena sobrecogedora. Consigue realismo pero empapado de un lirismo especial y arranca unas interpretaciones naturales con unos diálogos hermosísimos de los pescadores. Envuelve al espectador con unos rostros que atrapan así nos dejamos arrastrar por el abuelo, la madre, las hermanas Julia y Mara, cada uno de los hermanos desde los más mayores hasta los niños…, cada uno de los habitantes del pueblo (desde los que tienen el rol de ‘poderosos’, los comerciantes, hasta los vecinos –los otros pescadores, el sargento de policía, las abuelas, los niños, los jóvenes, el albañil…– o la estrambótica aristócrata que permite la compra de unos barcos hacia el final de la historia).

Varias escenas se quedan en la retina como la salida de los barcos al atardecer y su llegada al amanecer o esa maravillosa espera de las cuatro mujeres de la familia vestidas de negro asomadas a las rocas para ver si el salvaje mar les deja vislumbrar la barca de los pescadores. No tiene desperdicio la escena alegre y emotiva de los habitantes salando los boquerones en un ambiente esperanzador y festivo. Las conversaciones entre los hermanos mayores o entre Mara y su enamorado, el albañil…, son infinitas las escenas que construyen un relato desgarrador que culmina con una escena dolorosísima que es la de Ntoni con sus hermanos regresando a pedir de nuevo trabajo a sus patronos. Ante la crueldad de los comerciantes y patronos, Ntoni con dolor no cede a su dignidad y la mirada lo dice todo.

Tan sólo pondría un pero y es sin duda al uso de la voz en off que no aporta a la narración sino que señala repetitivamente lo que ya nos están poniendo en imágenes. Sin duda tiene que ver con el espíritu inicial del proyecto y con la idea de transmitir determinado discurso ideológico sin que el espectador interprete otras miradas mientras está viendo La terra trema.

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