Cara de ángel (Angel face, 1952) de Otto Preminger

A veces una película de encargo se puede convertir en una película de culto. Una obra cinematográfica realizada sin pretensión alguna…, más bien para culminar una venganza, se transforma en una obra con fuerza y a tener en cuenta.

Jamás olvidaré la primera vez que vi Cara de ángel hace bastantes años en un pase televisivo nocturno y mi rostro tras la última escena… Me impactó y se convirtió en película inolvidable. Ahora he vuelto a verla y el efecto, aun sabiendo su final, ha sido el mismo.

Parece ser que Cara de ángel fue fruto de una venganza del productor Howard Hughes con la estrella británica (que ya estaba construyéndose su porvenir en Hollywood) Jean Simmons. Guerra titánica que acabó en tribunales. Una de esas tantas guerras que emprendieron actores y actrices contra los contratos-esclavizadores de las grandes productoras (y por tanto productores al acecho de estrellas-objeto para emplear a su antojo). Así Hughes sólo podía contar con Simmons durante dieciocho días (después de otra de sus fuertes disputas) y él quería que rodara una película y que además ‘sufriera’ en el rodaje con uno de los directores que tenía más fama de temible, Otto Preminger. El problema es que Preminger trabajaba para otra productora… pero Hughes movió sus hilos e influencias. Y Preminger aceptó otro trabajo para realizar su labor como director. Así se vio con una historia que al no gustarle nada transformó junto a otros guionistas en Cara de ángel… y en unos pocos días surgió una obra-impacto.

Jean Simmons es la cara angelical del título, la niña rica Diane Tremayne, que vive en una mansión en la montaña junto a su adorado padre, un desencantado novelista y buen hombre… y una millonaria madrasta. Ella, Diane, es una extraña en un nuevo país (está desubicada y lo que es también peligroso… aburrida)… y arrastra unas complicadas relaciones familiares. Está a punto de cumplir 20 años y tras su bonito rostro oculta un alma atormentada, manipuladora y una compleja salud mental. Su tiempo lo ocupa en tratar de atar a su padre con sonrisas, juegos y dulzuras y en planear distintos juegos macabros contra el obstáculo que se inventa: su madrastra, que además la dejaría siendo una niña rica que controla un imperio económico.

En esta tela de araña de relaciones familiares entra un nuevo personaje… Frank, el chico duro de la función de espíritu manipulable. Un conductor de ambulancias (veterano de guerra con ambiciones de futuro y una guapa e inteligente novia que cala a Diane desde su primer encuentro y se sabe derrotada) que acude a la llamada de la mansión cuando la madrastra casi muere ahogada en su propia habitación por un ‘escape’ de gas. Frank sólo podía tener el rostro de Robert Mitchum.

Preminger logra plasmar un primer encuentro premonitorio. Cuando Frank va a abandonar ese hogar acude a la música de un piano. Se queda parado y ve de espaldas a una joven que toca. Se acerca. Sigue un impulso… Es el canto de la sirena (ya sabemos lo que pasaba cuando las sirenas atraían a través de su canto a los marineros…). La niña angelical es la mujer fatal. Y lo malo es que el protagonista masculino, el duro de la función es consciente desde el principio. Pero sin razón lógica cae atraído bajo el influjo de la sirena. Y sin explicación posible caerá bajo sus redes. Su encuentro es un choque fuerte. Ella llora desconsolada, histérica, y él la pega un bofetón para que se calme…, y la dulce niña rica… devuelve el tortazo, mucho más fuerte. Ya nos han representado quién será más destructor…

A partir de ahí se iniciará una relación peligrosa donde la niña rica atará, bien atado, al duro conductor de ambulancias y seguirá su cabecita tramando truculentas historias que desgraciadamente se harán reales. Y ahí es cuando nuestra aprendiz de mujer fatal es consciente de su poder mortal pero tampoco se ve capaz de controlar su oscura personalidad. La niña rica se mueve sólo a través de pasiones enfermizas. Se sabe posesiva extrema… y sabe que siempre andará sufriendo si no tiene bajo su tela de araña a aquel que más ama (su amantísimo padre, su hombre duro y amante).

Y Frank, aquel que parece seguro, el duro con las mujeres, el que va de que no se ata al amor… se ve irremediablemente atrapado y aunque varias veces sabe que la chica con cara angelical será su perdición (y no sospecha hasta que punto) no puede evitar ir tras su melodía. Ahí no funciona la razón… Y aunque trata de volver a su antigua e inteligente novia… ya es demasiado tarde. Y aunque se sabe atrapado también se da cuenta, con una especie de fatalismo mudo, de que nunca podrá escapar del influjo de Diane.

Así Preminger, con una película de encargo nos regala producción cinematográfica cuidada y sugerente con escenas que no caerán nunca en olvido… sobre todo ese final-impacto… Ayuda sin duda la banda sonora de Dimitri Tiomki, la química entre los intérpretes principales y el buen hacer de los secundarios (y las historias que se revelan entre el matrimonio Tremayne o entre la novia de Frank y su compañero de ambulancia…) con actores como Mona Freeman o el olvidado Herbert Marshall poseedor de una filmografía muy interesante.

Cara de ángel, una vez vista, es difícil de olvidar. Como el canto de la sirena…

Jean Simmons fue una brillante mujer fatal… a la fuerza. No sé si sufriría mucho durante la dirección del Preminger temible…

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Secretos cinéfilos… Mandy Patinkin

A veces hay actores que se te quedan por su interpretación en una película para siempre en la retina… Y no vuelves a olvidarlos. Los ves y por A (te enamoras, cinéfilamente hablando) o por B (te atrae el personaje) vuelven alguna que otra vez a tu mente.

Pero a algunos no vuelves a verlos más… o no los reconoces o relacionas con aquel que te enamoró o te atrajo.

Así me ocurrió y ocurre con Mandy Patinkin.

La primera vez que lo vi… y me enamoré cinéfilamente, fue en Yentl.

Él es el colega judío vital…y cegadoramente hermoso, que se convierte en el mejor amigo de Yentl, esa mujer que se ha transformado en chico para poder estudiar en una escuela talmúdica (que está vedada al sexo femenino) de principios del siglo XX…La película es contada desde el punto de vista de una Yentl locamente enamorada pero que no puede expresar a su mejor amigo sus deseos hacia él… Así Mandy Patinkin es visto siempre desde una perspectiva idealizada que se transmite más allá de la pantalla. Cuando le vi en su momento, yo era adolescente, y me pareció bellísimo. Ahora he vuelto a verlo y me pasa lo mismo. Y te identificas con Yentl cuando pierde casi la cabeza al verle hermosamente desnudo para bañarse en un lago. (Inciso: puede ser un buen post hablar de hermosos desnudos masculinos y femeninos en distintas obras cinematográficas…, bueno, sigo contándoos…).

Ni siquiera sabía que este intérprete se llamaba Mandy Patinkin. Yo le tenía en mente como Avigdor, el de Yentl. Sólo como personaje.

Hace poco vi una película de Milos Forman que me apetecía muchísimo: Ragtime. Y ahí estaba el actor de Yentl en otro personaje totalmente distinto… pero el efecto era el mismo…

Así que me metí en la Red de las redes… y sorpresa mayúscula. Estas dos películas eran de las primeras de Mandy Patinkin a principios de los años ochenta… Pero mi rostro no daba crédito cuando lei que Patinkin fue el popular Iñigo Montoya… de La princesa prometida. Nunca identifiqué a Montoya con el bello Avigdor…

Pero Patinkin me tenía más sorpresas reservadas… en Yentl sólo da fe de sus cuerdas vocales Barbra Streisand. Sólo ella es la cantante…Y no aprovechó que Patinkin además de bello tenía voz y había conseguido su primer gran éxito en la representación musical de Broadway, Evita con el personaje del Che. Me emociona ver un vídeo donde Mandy Patinkin se emociona cantando, con extrema sensibilidad, Over the rainbow.

Y para los seguidores de series televisivas también fue el protagonista durante varias temporadas de Mentes criminales…, y de nuevo, ante un fotograma de la serie no identifico al Avigdor idealizado que me dejó sin palabras…

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Four lions de Christopher Morris

Sorprendente película británica que critica una situación del siglo XXI con inteligencia y un humor que termina con un espectador de sonrisa congelada.

Desternillante con fondo muy serio.

Y a partir de la brecha de la carcajada, reflexión profunda.

Sí, existe el humor inteligente.

Un humor negro que termina dando bofetadas a diestro y siniestro a Oriente y Occidente.

Cinco personajes tiernos y terribles que protagonizan una vuelta al slapstick más absurdo.

Que desarrollan sus acciones en un mundo caóticamente real, trágico, violento, que se mueve por estereotipos y verdades únicas que hacen saltar por los aires a los individuos.

Cinco personajes que ponen en evidencia lo absurdo y lo terrible (de nuevo esta palabra) de los fundamentalismos de uno y otro lado.

Cinco personajes que tienen el corazón en la cabeza y la cabeza en el corazón… Y que les rodean otros personajes con la misma cara confusa…

La historia de Four lions parte de una premisa: cuatro aspirantes a terroristas islámicos en Londres cuya aspiración máxima es saltar por los aires y llevarse lo que haga falta para defender el islam…

 Los cuatro luego serán cinco y de nuevo cuatro…

Los momentos de slapstick puro y salvaje llevan al espectador a una carcajada que se congela cuando eres consciente de lo que provoca la risa…

Y entonces quizá al final salte una lágrima…

De pena por esos cinco, digo cuatro, digo tres, digo dos… personajes absurdos y entrañables… terribles que se mueven en un mundo confuso… y terrible.

La carcajada se rasga y resbala una lágrima.

Es lo que tiene el absurdo.

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Raíces profundas (Shane, 1953) de George Stevens

Una tarde tranquila y reposada volví a encontrarme con Shane, ese pistolero que regresa de nuevo inevitablemente a su pasado… a matar y disparar, para devolver la paz a un grupo de buenas personas trabajadoras. Gran paradoja. Es él el que se mancha las manos y también el que abandona algo parecido a la felicidad. Así, de nuevo se convierte, en un ser solitario.

Por motivos personales siento un gran cariño y respeto por Raíces profundas pero además me parece una obra cinematográfica bien realizada, sutil, elegante, poética y con más de una lectura. Una obra sencilla pero con una profundidad que atrapa. George Stevens deja su buen hacer en obra redonda y detallada llena de matices.

La poesía viene del punto de vista. De la mirada dominante. Vemos todo bajo la mirada de un niño. Por eso todo son pinceladas, emociones, sentimientos… lo que capta la atención de un muchacho observador que está descubriendo lo que es la vida. La película muestra intuiciones que van construyendo una historia. El mundo se va revelando a través de la mirada del niño con cara de Brando de Wilde.

De esta manera el halo que rodea a los personajes principales y el tono de la historia tiene que ver con la forma en la que ese niño protagonista ‘ve y capta’ el mundo que le rodea. Todos imaginamos la apariencia que tendría un pistolero solitario que llega a la casa de la familia Starretts, un sin hogar sin rumbo. Sin embargo, el niño lo ‘siente’ como alguien muy especial y así no los transmite. Así Shane se convierte en el personaje por el que será más recordado el actor Alan Ladd que nos deja un vaquero alejado de la dureza y la rudeza de otros fuera de ley. Más bien parece un hombre elegante y refinado que oculta un pasado… alguien casi inmaculado y sin mancha… como lo ve el niño… al que poco a poco le va dando rasgos humanos: el forajido se despeina, lucha, suda, tiene heridas, se enfrenta a su padre… y así poco a poco le va admirando y después queriendo…

El otro pistolero de esta historia adquiere la fuerza de una sombra amenazante. Todo de negro. Con una sonrisa torva. El silencio es su fuerte. Mientras Shane es un ‘ser’ luminoso y puro, el pistolero con el rostro de mi amado Jack Palance es la oscuridad, la amenaza, lo que hay que temer… Shane es el hombre que ha llegado para echar una mano a una comunidad de campesinos que tratan de establecerse, de formar una comunidad unida, trabajadora, colaboradora y respetuosa con la ley. El pistolero de negro está para destruir esa esperanza de establecimiento en una tierra. Está al lado de los ganaderos que piensan que por haber llegado antes y luchado por establecerse también tienen todo el derecho y el poder. No están dispuestos a compartir la tierra. Y ese derecho y poder lo ejercen a través del miedo y la violencia.

Esa poesía también se encuentra en la forma de vida de los campesinos que viven en familia y tratan de colaborar unos vecinos con otros para así hacer fuerza. Los momentos que viven en ‘comunidad’ son tratados con gran emoción y detalle. Como  momentos excepcionales, así los vive el niño protagonista. La reunión de los granjeros en la casa paterna para decidir qué hacer, la fiesta del cuatro de julio (aniversario también de boda de los padres del niño), el entierro de uno de los campesinos asesinados…

También los otros, los ganaderos, son la amenaza. Rostros desagradables. Cuando llegan a caballo nunca son portadores de buenas noticias. El bar, que está al lado de la tienda de víveres, también es un territorio peligroso. Allí pasan el tiempo los ganaderos, siempre rudos y oscuros. Ahí vive una humillación un Shane acicalado de campesino, que no quiere dejar al descubierto su pasado, pero también se convierte en el espacio donde demuestra que puede enfrentarse a esos ganaderos con el lenguaje que conocen. Así emplea el puño y la fuerza, esa violencia que rechazan los campesinos y durante un largo tiempo le dejan solo ante el peligro con un montón de ganaderos matones. Finalmente sólo Starretts, que ya es amigo, ofrece su colaboración a Shane.

Pero el patriarca Starretts tiene claro que ése no es el camino. El patriarca es el líder de los campesinos. Cree en la reunión, en el consenso, en la fuerza de la comunidad, en quedarse ahí porque tienen el mismo derecho que los ganaderos… Lucha porque todos permanezcan unidos ante el enemigo y derrotarlos a través del diálogo y de hacerles entrar en razón… Vemos claramente las dos posturas (la de los campesinos y la de los ganaderos) cuando el ganadero líder, Ryker, le expone los motivos por los que él cree que se merece tener el poder y las tierras. Pero he aquí la paradoja terrible y tremenda, la buena fe de Starretts no es suficiente. Es un hombre valiente y fuerte… pero hay un momento de la película que sabemos que su valentía y pacifismo le va a llevar a una muerte anunciada… (como la del compañero campesino del Sur). En ese instante interviene Shane que impide en una pelea cuerpo a cuerpo con su amigo que éste vaya al encuentro de la muerte. En ese instante sabe que vuelve a ser un pistolero asesino y que con la sangre que derrame logrará que llegue la paz a esa familia que ahora es la suya (aunque tenga que marcharse). El patriarca tiene el rostro de un actor (que últimamente me está dando maravillosas sorpresas), Van Heflin.

Y también a partir de intuiciones y emociones de un niño vamos descubriendo los lazos que se van formando entre los protagonistas principales. Siendo la más sútil y hermosa la que se establece entre el fuera de ley y la esposa del patriarca. La esposa, una mujer vital, que ama al esposo, al hijo… y que se siente una mujer ante el forajido que la trata cual dama de la Edad Media. Así se recrea uno de esos amores platónicos que tanto juego dan. Ella es Jean Arthur en un papel tierno que borda. Y es curioso ver a una de las cómicas por excelencia de las screwball comedy convertida en una mujer fuerte del Oeste. Y ésta fue su última película. Una hermosa despedida. A partir de esta película Arthur se retiró del mundo del cine.

Raíces profundas está llena de pequeños detalles que la hacen especial. Ese perro que quiere tirarse a la tumba del dueño muerto. Esas miradas a través de una ventana con lluvia de fondo. Esa tienda de víveres con todo lo indispensable. Ese pistolero que apenas habla y sólo gasta las palabras suficientes. Y sobre todo cuenta con una de las despedidas más inolvidables… Un Brando de Wilde que grita el nombre de Shane… pidiéndole que regrese (porque él encuentra muchos motivos) y un forajido que se aleja en caballo sin volverse ni una sola vez… hacia un destino incierto y llevándose su pasado a cuestas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Películas que no quiero perderme…

No sé lo mismo soy una exagerada… porque llevo unos días sintiendo que tengo una lista enorme de películas para ir a ver a las salas de cine. Y que hay varias pendientes todavía de estreno que sé seguro que no me quiero perder.

El abanico de propuestas es amplio y diverso. Y eso me alegra bastante.

Empieza el espectáculo…

Hay varias propuestas que me llaman a gritos… ayer sacié una de ellas, Mientras duermes de Balagueró…, y lo que propone lo hace bien. Así logras agobiarte e inquietarte en esa comunidad de vecinos donde el conserje infeliz hace de las suyas para borrar la sonrisa de los inquilinos…

Entro en vértigo pero sé que tengo que ver esta semana, por el miedo a que la eliminen pronto de cartelera, Four Lions, una propuesta de humor negro y provocativo. Sé que puedo salir espantada o muerta de la risa… pero me gusta el desafío.

También me llama el documental de Pina. Es una propuesta en 3D donde se unen dos mundos que me gusta ver unidos, el cine y la danza…

Ya he oido voces tremendamente negativas (y voces en las que confío mucho) pero me llamaba la propuesta apocalíptica y fría a la vez de Contagio. Aunque quizá me eche atrás y dé prioridad a otros asuntos cinéfilos.

Por supuesto hay dos películas que me seducen y me piden a gritos que acuda ya a alguna sala. Una es Another year de Mike Leigh. Ya deseo envolverme de la atmósfera de ese matrimonio protector y sus desesperanzados amigos y familiares… Y la otra es One day de la directora Lone Scherfig… que su propuesta de historia de amor y desamor creo que me atrae bastante. A Scherfig la he disfrutado muchísimo en Italiano para principiantes y Wilbur se quiere suicidar.

Y siguiendo con directoras, a pesar también de haber escuchado voces de horror e incluso de cabreo colectivo, no quiero perderme Somewhere de Sofia Coppola. Quizá caiga en el hastío de ese actor hollywoodiense que no sabe adónde ir… y quizá ni le importe.

También quiero acudir a La voz dormida. A Zambrano le tengo cariño… y me provocó ternura en Solas y Habana blues. Creo que la novela de Chacón es muy cinematográfica. Según la leía, veía una película, así que Zambrano sin duda también la vio.

A la Emma Bovary mexicana y desgarrada a lo Ripstein en Las razones del corazón (qué pedazo cartel) con un blanco y negro que seduce… no me gustaría perdérmela. Viajo a Cuba y creo que puede ser una propuesta interesante Boleto al paraíso. Y otro viaje por Argentina propone Las acacias… con el poder curativo y esperanzador de un bebé. Esta opción casi se ha convertido en género cinematográfico, recuerdo otra argentina El cielito o la sudafricana Tsotsi.

La película iraní Nader y Simin, una separación es la que el boca a boca está diciendo que merece la pena no dejarla pasar.

Y también, como siempre, seguiré yendo a pesar de mi relación amor-odio a la Melancolía de Lars von Trier porque su apocalipsis a través de dos hermanas seguro que nos regala imágenes de gran belleza visual.

Luego tengo mis cinco esperas favoritas:

Polanski y Un dios salvaje. Ayer vi el trailer… y ¡quiero verla ya! Yo fui una de las que no acudió al estreno teatral con lo cual poco sé todavía de la historia. Pero lo que sé… Y ¡Dios!, qué reparto.

Cronengerg y Un método peligroso. El director vuelve a hundirnos en los recovecos oscuros de la mente humana en compañía de Jung y Freud… y algunos de sus pacientes.

Gus Van Sant y Restless. O jóvenes adolescentes frente la enfermedad y la muerte… ¿sabíais que el actor principal es el hijo de Dennis Hopper? ¿Conocerá Van Sant, Harold y Maude?

Los hermanos Dardenne y El niño de la bicicleta. Parece ser que los Dardenne dejan un resquicio a la esperanza y la luminosidad… ¿será cierto? O que cuentan una especie de cuento con tintes sociales donde su sufrido personaje encuentra una especie de hada protectora…, ¿no es sorprendente en el mundo desesperanzado de los Dardenne?

Aki Kaurismäki y Le Havre. Otra película con su mundo peculiar y colorido de excluidos regado de momentos de silencio y encanto. Pero esta vez sin fecha de estreno…

Y voy a parar porque me está entrando hasta vértigo… pero un plácido vértigo…

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Doce monos (Twelve monkeys, 1995) de Terry Gilliam

Les propongo una sesión doble llena de posibilidades y lecturas: Doce monos de Gilliam y el mítico mediometraje La Jetée (1962) de Chris Marker. Les aseguro un viaje a través del tiempo entre angustioso y locamente romántico rozando las reglas del género de la ciencia ficción con el catastrofista de contagios que amenazan la integridad mundial (a la espera de la película de Soderbergh, Contagio) y espolvoreado con la ruptura de los límites del tiempo donde ya no sabemos cuando es presente, pasado o futuro.

El ex miembro de los Monty Python, Gilliam, poseedor de una filmografía con muchísima personalidad (en la cual te puedes sumergir o puedes salir espantado… yo suelo sumergirme en sus mundos…) no tiene reparo en reconocer en los créditos de Doce monos que la idea original de su fantástica historia es La Jetée de Marker (recuerden que el visionado de este mediotraje no deja de ser algo con un toque mágico y distinto, pues Marker nos cuenta una historia inolvidable a través de una voz en off, banda sonora y una sucesión de fotografías fijas). La Jetée parte de tres supuestos maravillosos, una imagen obsesiva infantil y siempre recurrente donde un hombre siempre le viene a su cerebro cuando en un muelle, siendo niño, presenció la muerte de otro hombre y se quedó con el rostro de una mujer. Un mundo futuro donde ese niño hecho hombre vive en una sociedad subterránea tras una terrible guerra nuclear, sin libertad, y donde como salida a su muerte en vida, se convierte en ‘voluntario’ para un experimento a través del sueño que le hace viajar al pasado para encontrar una solución al presente. Y en ese pasado contacta con la mujer que le obsesiona desde que era niño… prefiriendo finalmente vivir en el mundo de los sueños y recuerdos que en la realidad donde sólo es un muerto en vida…, se atreve a soñar con huir…

Por supuesto todo este material es reciclado por Terry Gilliam creando un mundo de ciencia ficción absolutamente hipnótico. Cambia la guerra nuclear por el contagio, por la plaga…, y plantea cómo su protagonista James Cole lo que persigue es una pista que tiene que ver con un ejército clandestino, los doce monos. Y en esa persecución en ‘su’ pasado, Cole denota para los que le conocen serios problemas de salud mental. Y nuestro protagonista es encerrado en una institución mental donde uno de sus médicos es una atractiva doctora, psiquiatra, muy parecida a la mujer que recuerda desde su infancia y que siempre acude a su recurrente sueño. Así Gilliam crea un mundo onírico entre la locura y la alucinación donde el espectador no sabe si lo que está viendo es producto de la locura o de la ciencia ficción. Y mientras dilucidamos cuánta cuota de realidad tiene lo que estamos observando (mientras averiguamos si realmente estamos viviendo saltos en el tiempo o si nos encontramos dentro de la mente de un hombre con serios problemas mentales), somos testigos de cómo se va construyendo una esperanzadora y hermosa historia de amor con ecos evidentes de Vértigo, del orondo maestro del suspense, con homenaje incluido en el mundo Gilliam. Así en la propia película hay una secuencia en una sala de cine a la que acuden los protagonistas donde se está proyectando una maratón de cine de Alfred Hitchcock.

La película te envuelve desde el principio en un mundo onírico especial, que si realmente te seduce, ya no sales de él. Un mundo apocalíptico bajo tierra… y un mundo a punto de la catástrofe en ese lejano 1996… año de la propagación del virus, y donde Cole realiza sus investigaciones en sus viajes a través del tiempo. Yo todavía me recuerdo en la hoy cerradísima sala Bogart (por cierto un cine maravilloso que antes había sido teatro y que recordaba a la sala 1 del cine Doré, hoy Filmoteca Española), sola, con casi nadie en la sala, y yo totalmente abstraída en esta historia de amor, sueños, locuras y futuro… y cómo me envolvía la excelente e hipnótica banda sonora con el añadido de piezas musicales ya existentes como una especie de tango premonitorio de Astor Piazzolla (que su melodía te persigue a lo largo de los años… o por lo menos a mí me ha pasado) o ese maravilloso momento donde Cole se emociona al escuchar a Louis Amstrong y su versión de What a wonderful world…

También puedo decir que es la película donde Bruce Willis más me ha conmovido, donde su triste antihéroe se me quedó en las entrañas. Ese James Cole que se mueve entre lo onírico, la locura, el desencanto, y el amor sin esperanzas hacia una imagen de mujer soñada que materializa en el rostro de su psiquiatra… Así le acompañan una hermosa Madeleine Stowe totalmente convincente como científica de la mente humana, escéptica frente a su paciente, pero que poco a poco va viendo evidencias que derrumban su ‘ciencia’ y le hacen entrar en otra lectura y enamorarse perdidamente del antihéroe… También nos encontramos con un Brad Pitt, fuera de sus roles de galán de los noventa, que se esconde tras los tics nerviosos de un mesianico enfermo mental que no sólo tiene una relación importante con Cole sino también con la pista que persigue, los Doce monos. Pitt, un joven apocalíptico y totalmente loco con una relación amor-odio con su padre, un científico de prestigio. En un papel secundario nos encontramos con Christopher Plummer (mítico actor clásico que sigue al pie del cañón… hace poco estaba espectacular tanto en La última estación como en Beginners), como científico prestigioso o a un irreconocible y amenazante David Morse…

Doce monos, dentro de este mundo onírico y de ciencia ficción, tiene imágenes de una fuerza visual que se quedan en la retina… como le ocurre a Cole con su sueño de la infancia. Un mundo apocalíptico donde hay sitio para el romanticismo más exacerbado donde una mujer bella, con el cabello rubio, y totalmente desolada por la pérdida de la esperanza y el amor, es capaz de sonreír dulcemente a un niño que la observa…

Lo que siento es que la única copia que se puede conseguir en DVD (además de no contar con subtítulos en castellanos) no hace justicia a una obra para mí absolutamente reivindicable. Espero una futura edición hecha con cariño… Y lo dicho, no se pierdan si tienen oportunidad la sesión doble que les propongo porque La Jetée también puede ser una sorpresa para quien nunca la ha visto… o la posibilidad de recuperar un agradable recuerdo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

E.T., el extraterrestre (E. T., the extra-terrestial, 1982) de Steven Spielberg

Reconozco que desde que vi este verano Super 8 me apeteció visitar películas de la infancia que me recordaban a ella y que de alguna manera pienso que me hicieron sentir algo más (aunque como dije en su momento me divirtió y entretuvo este homenaje a aquel cine de los ochenta…). Así que hace poco tuve la oportunidad de poder ver de nuevo en televisión Cuenta conmigo (donde los lazos de amistad entre un grupo de niños está muy trabajado… no ocurre así para mi gusto con Super 8) y hace menos todavía contemplé el dvd por el 20 aniversario de E.T., el extraterrestre. Y ahora, a mis treinta y muchos, he de decir que volví a caer en las redes de esta fábula-cuento.

Y es que Spielberg se deja embaucar por el espíritu Méliés y nos deja una obra del cine como espectáculo y magia. Donde cualquier fantasía es posible y creíble. Así los espectadores nos dejamos llevar por esa historia de un solitario y abandonado ser de otros cielos que encuentra la amistad de otro sensible y solitario niño de 10 años, Elliot.

La estructura de la historia es sencilla pero contada con lenguaje cinematográfico y homenajeando Spielberg su amor por el séptimo arte. El más evidente es cuando ‘nuestro’ extraterrestre se queda frente al televisor viendo una escena maravillosa de El hombre tranquilo de Ford y mientras Elliot realiza una réplica de esta escena en el colegio…

También es evidente su inspiración en el mundo de los cuentos de toda la vida. Y así como en Inteligencia Artificial nos enredaba en el mundo de Pinocho. Aquí en E.T. deja en evidencia que quiere que la platea de butacas se traslade al mundo de Nunca Jamás y que los espectadores seamos peter panes y wendies en busca de la aventura continúa tengamos la edad que tengamos.

El director no sólo sabe contar sino que también apela directamente a la emoción y a los sentimientos del espectador de tal modo que siempre nos encontramos al borde de la risa o de la lágrima. Por supuesto, como la historia es sencilla, el extraterrestre llega a la familia de Elliot en un momento de desestructuración, cuando la figura del padre está ausente  es algo que sienten tanto la madre como los tres hermanos de esta historia. En un momento que todos los protagonistas están más sensibles y receptivos. En ese instante llega un ser de otra galaxia que conecta con los humanos a través de los sentimientos y sensaciones… y no por su mente privilegiada. Así Spielberg sortea el peligroso mundo de las emociones y bordea los límites de lo meloso… un tono al que nunca llega.

Spielberg sabe que como toca siempre lo sentimental (que no lo sentimentaloide) no hay nada más importante que una banda sonora que acompañe. Y así lo consigue la partitura de John Williams. Y también que como nos llega un ser de otra galaxia puede contar con unos efectos especiales mágicos que nos creemos en cada secuencia. Así queda en el imaginario colectivo aquella famosa escena de un grupo de niños en bicicleta, con un ser de las estrellas en un cesto, elevándose a los cielos y cruzando la luna… Un milagro que como espectadores creemos y nos traslada a otra época lejana en que vimos a todos los sin hogar de Milán volar por los aires con sus escobas (Milagro en Milán de Vittorio de Sica).

Pero gran parte de mérito de esta historia es la empatía que sentimos al ver al extraterrestre pacífico y desválido que se comunica a través de los sentimientos… y ya muy ecologista. E. T. es una criatura de ojos enormes y movimientos de puro mimo que enseguida conecta no sólo con la familia protagonista sino con todo aquel que lo ve… que desea con toda su alma ser su amigo y echarle una mano para que regrese a casa o para que no se ponga enfermo. Su manera de moverse llega a la total ternura como cuando para poder sacarle de casa en el día de Halloween le disfrazan de fantasma. Así el diseño de este muñeco de corazón brillante, cuello largo, pequeño cuerpo, enormes manos, y una expresión con mil matices… hace un gran favor a una sencilla historia de amistad.

Por otro lado funciona el casting infantil que interacciona con el extraterrestre haciéndonos creíbles esos niños de clase media americana todavía en edad para no tener prejuicios marcados y dejarse sorprender por otros mundos. Que todavía poseen una cierta inocencia y muchas sensaciones y sentimientos que experimentar. Así nos acompañan los rostros de los tres hermanos que se unen para ‘salvar’ al extraterrestre e impedir que el ‘frío progreso’ le convierta en un ser con miedo que no pueda regresar jamás a su hogar… Contamos con Henry Thomas (que ha seguido haciendo cine de manera discreta) como Elliot y con Robert MacNaughton, como hermano adolescente, y Drew Barrymore (siguiendo la estela de su mítica familia de actores) como la pequeña hermana (que es la que ha tenido más larga trayectoria cinematográfica).

Así Spielberg sabe contarnos a través de la cámara la aventura del pequeño alienígena y su regreso al hogar y que todos los espectadores nos la creamos paso por paso… Hasta ese científico bueno y sensible con cara de Peter Coyote.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Robert Redford

Icono cinematográfico que empezó a ascender en los años sesenta y aún sigue su reinado porque ha diversificado. Actor que en sus primeros tiempos le caracterizaba su sonrisa profident y melena rubia supo moverse en el mundo del celuloide porque sin duda lo amaba. Así se fue creando una imagen: un héroe romántico que ha ido evolucionando todas estas décadas. Después, como ya hemos contado alguna vez en este blog, se puso detrás de la cámara como director con películas muy interesantes (ahora espero con ganas su último trabajo, La conspiración), también se encuentra al frente de una iniciativa de cine independiente, el festival de Sundance… El rubio mostró que era más que un bello rostro y mucho más que un galán. Durante estas décadas se ha mostrado como rubio reflexivo, con ideas claras, abogando por el ecologismo, el pacifismo y otras ideas que le colocan el corazón a la izquierda. Y así su héroe romántico se iba revistiendo de progresismo. Fue rostro imprescindible durante tres décadas y aún sigue presente. Además ha sabido crearse relaciones profesionales interesantes como convertirse en el actor fetiche del director, ya fallecido, Sydney Pollack o ser pareja con química del también desaparecido Paul Newman. Es un fenómeno cinematográfico similar a un Clint Eastwood que comenzó su carrera en los cincuenta y aún no la ha terminado…

Sus prometedores comienzos en los años sesenta le presentaban ya como galán romántico con final desgraciado (su romanticismo le lleva casi siempre a la muerte) en películas que analizaban y criticaban algún aspecto de la sociedad norteamericana. También alcanzó cierto éxito como galán cómico y complemento de una fogosa y divertida Jane Fonda (una de sus parejas cinematográficas con química) en un género que apenas ha visitado, la comedia. Así vemos su sonrisa pero también su héroe atormentado en la impactante La jauría humana. Le vemos protagonizando trágica historia de amor con aires de Tennessee Williams en la interesante (que no redonda) Propiedad condenada donde comienza su idilio como actor fetiche de un joven director del momento, Pollack. Y logra hacernos reír en Descalzos en el parque… que muestra que la vieja comedia nunca muere. Culmina los sesenta con western nostálgico y con compañero de aventuras con una química chispeante: Dos hombres y un destino. Paul Newman es el personaje encantador, Redford el rudo con buen fondo, ambos entrañables.

La década de los setenta construye su perfil de hombre romántico con corazón a la izquierda. Así, de nuevo junto a Pollack, protagoniza película ecologista de héroe romántico, libre y solitario, Las aventuras de Jeremias Johnson. O muestra los peligros de la política y el poder con la impactante El candidato. Vuelve con Newman a reconstruir una película nostálgica pero además tremendamente divertida e ingeniosa, El golpe. Y su héroe romántico con historia de amor triste o final desgraciado sigue construyéndose bien en la interesante (por su mensaje político y su reflejo de la caza de brujas… no desarrollado del todo pero latente en todo el metraje) Tal como eramos, de nuevo con Pollack. O me conmueve en la elegante y fría adaptación de El gran Gatsby (qué novela, dios, qué novela). Como no, se convierte en el mejor héroe de thriller político o puro cine documental sobre investigación periodística y consigue tenernos en vilo, actor al servicio de una buena historia tanto en Los tres días del cóndor como en Todos los hombres del presidente. Termina la década con héroe romántico, mensaje ecologista, película nostálgica, cowboy rebelde anclado en unos ideales y por supuesto hombre enamorado en El jinete eléctrico. De nuevo con Pollack y con Jane Fonda como paternaire.

Continúa carrera fulgurante en los ochenta. No sólo sigue mostrando las fallas de la sociedad norteamericana en Brubaker (esta vez la crítica se dirige al sistema penitenciario) o a la filosofía del american way life con El mejor sino que construye el mito definitivo de su héroe romántico por excelenia con final trágico. Y de nuevo de la mano de Pollack. Robert Redford da vida al cazador Denys Finch Hatton. Así quedan para la posteridad imágenes románticas con Karen Blixen (Meryl Streep) imposibles ya de borrar del imaginario colectivo. El vuelo en avioneta, el baile, cómo escucha al oír los cuentos de la amada, cómo la lava el pelo… y sobre todo el amor libre e incondicional sin ataduras ni posesivos y por supuesto ese halo de final fatal y trágico. Hablo claro está de Memorias de África.

Cada vez diversifica más sus actividades en el mundo del séptimo arte y va espaciando sus apariciones cinematográficas. Pero en los noventa sigue recordándonos que ahí está. Así vuelve a enseñar su romanticismo y sigue mostrándonos que está en activo, que su sonrisa continúa, que enamora a las damas, que las lleva al éxtasis y que puede llegar a desaparecer de manera trágica. Su héroe, hombre ya maduro, funciona. Así tras el resbalón de la Habana (que aún no he visto pero le daré pronto una oportunidad), dos éxitos taquilleros, la entretenida sin más Los fisgones y la ‘polémica’, Una proposición indecente, pongo las comillas porque vale es por dinero el sexo con el millonario con cara de Redford pero creo que hubiera sido más efectiva la propuesta con un rostro más siniestro, con alguien ‘más desagradable’. Este Gatsby envejecido que quiere devolver una cara oculta se nos queda en un galán maduro y atractivo e incluso con mucho encanto… La Moore tiene que hacer esfuerzos para no enamorarse y mandar a paseo al pobre Harrelson.

Después Redford vuelve a cuidar su prototipo de héroe romántico libre y trágico con el corazón a la izquierda y comprometido con causas imposibles. Así de nuevo suspiramos con sus escenas en películas correctas y entretenidas como Íntimo y personal (qué bien le sienta ser periodista de causas perdidas) y El hombre que susurraba a los caballos (cómo le sienta ser hombre amante de la naturaleza…).

Y en el siglo veintiuno Robert Redford sigue alimentándonos de cine con conciencia delante y detrás de las cámaras. Nos deja en el asiento con el interesante thriller La sombra de un secuestro, nos deja pensar en su propuesta delante y detrás de la cámara de la incomprendida Leones por corderos… y le espero detrás de la cámara en el interesante drama histórico (eso espero) La conspiración.

Así sigo acudiendo a la sala tras su rastro… ese Gatsby eterno.

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Diccionario cinematográfico (166)

Cicatrices: … Scarface tiene una cicatriz que le cruza la cara. Es un rasgo de su personalidad. Todo el horror o todo un pasado temible puede descubrirse a partir de una cicatriz…, que se lo pregunten a Frankie cuando le confiesa su secreto a Johnny. Igualmente le pasa a Hanna en La vida secreta de las palabras. Cuando Josef descubre todos sus miedos y sufrimientos a través de sus cicatrices por una guerra horrible. Sin duda le quedó una cicatriz increíble al detective J.J. Gittes cuando en una ‘desafortunada’ pelea le rajan su nariz. También un pasado triste oculta Sophie… tras ser una muerta en vida después de una decisión que cambió su existencia. Unas cicatrices en sus muñecas la delatan.

Hay personajes que son pura cicatriz, como Frankenstein o su novia. Seres creados y cosidos. El más tierno Eduardo Manostijeras y los más sórdidos y morbosos los de Crash de Cronenberg.

Cicatrices cerca de la yugular. En concreto dos pequeñas incisiones anunciaban que ya Drácula había hecho de las suyas…y ‘bautizado’ a nuevos acólitos para el reino de los muertos.

En el Oeste también existían cicatrices que no se borraban jamás. Como la de uno de los personajes de Valor de ley. ¿O cuántas veces un asesino es reconocido por una cicatriz especial…?

… no hay duda la cicatriz es muy cinematográfica…

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Con más nervios que otra cosa os anuncio…

Con  más nervios que otra cosa os anuncio que estaré unos días (yo creo que van a ser pocos) fuera de este espacio que tanto quiero.

Aunque Hildy Johnson es personaje inmortal, una no puede evitar los achaques. Así que me tengo que someter a una intervención quirúrgica. Por suerte no es algo que no se pueda solucionar… por eso me ‘meten’ en un quirófano. A pesar de los nervios y miedos que esto me supone (con sus dosis de hipocondría a lo Woody Allen). Pero no es más que una pequeña operación… De hecho apenas estaré ingresada… Ay, qué ganas tengo de que pase todo esto…

Procuraré pensar, mientras espero los efectos de la anestesia, en bonitas escenas de cine. Espero soñar con bellas secuencias… y despertar tranquila.

De momento sueño con que el cirujano sea tan delicado y dedicado como el doctor Bob Merrick (que antes tenía un pasado de playboy hasta que se encontró a la mujer amada) de Obsesión de Douglas Sirk. Y un equipo menos alocado que el de MASH… aunque sí puede ser un poco divertido o cariñoso.

Espero la entrega y la pasión de un doctor Brooks en Un rayo de luz que a pesar de estar acosado por los problemas se vuelca cada día en su profesión. Espero enfermeros y enfermeras apasionados por su trabajo y compresivos con los miedos que verán una y mil veces, aunque sea en intervenciones quirúrgicas rutinarias. Me parto (prefiero reír a llorar), aquí me voy a las series de Hospital Central, Urgencias, Anatomía de Grey, House (por dios, que no me toque un doctor House que me da algo…, una bordería suya y estallo en lágrimas…). 

Con muchísimas ganas espero que a finales de la semana, el viernes, me pueda comunicar de nuevo con todos vosotros. Y esto sea tan sólo una experiencia más de la vida. Por favor, suplicad que no se cruce en mi camino un mad doctor…, ay, ay, ay. Siempre me dieron un miedo atroz esas películas… Mejor me quedo con médico amable de bata blanca a lo producción Disney, prefiero en estos momentos, lo light y ligero.

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