… Un verano con cine en las venas

Verano con cine en las venas. Aunque no voy a mentir.  A la sala de cine no he ido mucho. Pero lo que he ido ha merecido la pena. Por una parte El hombre de al lado, película argentina de Mariano Cohn y Gastón Duprat. La metáfora de esta película sencilla y de personajes nos remite a una ventana. La construcción de la ventana es el nudo de un conflicto que va mucho más allá de lo que creemos. No se la pierdan.

Después he disfrutado ni se sabe, riendo y llorando a la vez, como la vida misma, con una película italiana a lo Scola, La prima cosa bella de Paolo Virzi. Una película sobre una familia que se desmorona y se construye. Con un personaje central fuerte, una madre vital. Y el gusto que da encontrarse con actrices del pasado en papeles geniales como la gran reina de los años setenta Stefania Sandrelli.

Me muero de nostalgia por entrar en sala de cine y ver Super 8, lo digo en serio. Y también que llegue septiembre y se estrenen todas esas películas que me quedé con ganas de ver según iba leyendo informaciones desde Cannes.

Pero os iré informando poco a poco de todo lo que he podido leer y ver en mi rincón cinéfilo en mi querido hogar, el viejo baúl de películas está que arde y repleto de sorpresas…, volviéndome a apasionar con el cine una y otra vez.

Os contaré por qué esta nueva apariencia…, casi me quedo sin blog pero tengo unos ángeles por hermanos que me han ayudado a recuperarlo prácticamente todo… y de nuevo aprovechar y cambiar un poco el look. Modernizarme poco a poco que bien que me cuesta. Así que aunque mantengo algunas secciones, deleitaré con algunas nuevas.

Y espero ir recuperandoos a todos mis queridos lectores… porque vengo guerrera y con muchas ganas de escribir, escribir y escribir apasionadamente de cine.

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Cóctel de tres películas desde la emoción

Tres películas he visto últimamente desde el rincón de la emoción. Dos actualmente en cartelera y una de las que debería haber visto en su momento y ahora he encontrado el tiempo. Y la emoción no ha estallado totalmente en ninguna de las tres. Son tres películas bien elaboradas, bien hechas pero con ese punto de cine-emoción, de cine de sentimientos, que a mí me fascina y que cuando se consigue me deja en un estado óptimo.

En esa escala, de la emoción que estalla a la emoción fría, pongo a su disposición pequeños comentarios. Desde la que más me hizo sentir a la que menos. Y todas tienen sus ingredientes interesantes y las tres comparten aquellos elementos que no las convierten en redondas o en obras para la eternidad.

¿Para qué sirve un oso? de Tom Fernández

Si algo ha dejado claro ¿Para qué sirve un oso? y lo digo con lamento es que las comedias de buenas intenciones protagonizadas por buena gente no están de moda. El espíritu de Frank Capra está de capa caída. El idealismo está en paro.

Tom Fernández regala comedia idealista y parece que pocos han querido empaparse de esta historia sencilla de buenos sentimientos (a algunos incluso les molesta) entre dos hermanos que viven su particular viaje interior en un paraíso natural, la bella Asturias.

Tampoco ha calado, que algunos han tildado de superficial, el mensaje ecologista de la película. Pero siento decir que disiento. Porque sí es un mensaje sencillo, muy sencillo y muy superficial… pero es que en materia ecológica estamos muy pero que muy poco concienciados (y somos muy superficiales) y nos puede parecer absurdo y simple que nos recuerden que hay que reciclar (casi como en un curso básico de Barrio Sésamo) pero es que desgraciadamente la gran mayoría no reciclamos correctamente. Y puede parecer muy simple el discurso que tienen esos hermanos, biólogo uno (y desesperanzado por el irremediable curso del cambio climático) o del zoólogo (que aún cree, y tiene fe, que se pueden salvar los paraísos aunque científicamente no esté muy adelantado), pero desgraciadamente el hombre sigue generando desastres ecológicos, sigue abusando de los recursos naturales y sigue destrozando el planeta sin una conciencia de que debemos cuidar lo que tenemos si queremos seguir viviendo en un planeta llamado Tierra…, así que no viene mal una bajada de humos y que nos presenten una película bonita de mensaje sencillo.

¿Para qué sirve un oso? se sustenta por una pareja de cómicos, los hermanos asturianos, que ofrecen su recital interpretativo y nos hacer reír (o a mí me provocaron la risa): Javier Cámara y Gonzalo de Castro. Dos hermanos separados que vuelven a encontrarse y a unirse a pesar de sus distintos enfoques de la vida. A su alrededor pululan una serie de personajes secundarios con encanto (pero éste es el único pero que no hizo que mi emoción se disparara del todo) pero no del todo bien construidos o mejor dicho no del todo bien aprovechados para el curso de una historia bonita. Así como el maestro Frank Capra era capaz de construir un personaje secundario con todos sus matices aunque sólo apareciera en pantalla unos segundos, la película de Tom Fernández nos deja una galería de personajes secundarios a medio construir (aunque todos con su momento tierno). Y contaba con buenos actores para ello, algunos veteranos y otros muy frescos (la institutriz de los hermanos, Geraldine Chaplin; la veterinaría de la localidad, Emma Suárez; la pareja de jóvenes que se enamora, el americano idealista y la lugareña pizpireta —Jesse Johnson y Oona Chaplin— o la niña que sufre la ausencia del padre, Sira García…

Sin embargo ¿Para qué sirve un oso? funciona y emociona para pasar una buena tarde de cine. Con momentos divertidos, otros emotivos y muchos hermosos. Deseas trasladarte a Asturias y disfrutar de una noche a la intemperie y a ser posible con un proyector de viejas películas mudas como la de los hermanos Wilson (precioso homenaje al cine mudo cómico y a la emoción que provocaba…) o estar en el jardín de una casa de piedra rodeada de montañas.

Oliver Twist de Roman Polanski

Una de mis pendientes. Polanski construye cinematográficamente la obra de Dickens, ciento un mil veces adaptada en cine y televisión, y recrea una película clásica tan perfectamente llevada a cabo que a mí, aunque me emocionó en varios momentos, me dejó un poso de frialdad y melancolía.

Recreación exquisita, reparto de niños impecable, banda sonora acorde con la historia, reflejo veraz de la miseria en Londres y de las desventuras de Oliver de forma lacerante, relato con aires oscuros y tristes, exclusión y desvalimiento de una infancia cruel, tono de un cuento triste y tenebroso, secundarios bien construido… Todos los elementos bien ejecutados en un ejercicio cinematográfico de visos perfectos. Una adaptación literaria del mundo de Dickens perfecta. Pero, ay la emoción del conjunto.

Eso sí reconozco que me fascinó, me emocionó y me hundió en la más triste melancolía sus minutos finales. La visita de Oliver a la prisión al otro gran personaje de la película, Fagin (caracterizado e increíble Ben Kingsley) pone los pelos de punta.

Chico y Rita de Fernando Trueba y Javier Mariscal

Disfruto mucho con el cine de animación. Y soy capaz de emocionarme muchísimo. Me gustan las distintas técnicas de animación (aunque no soy ninguna experta pero me gusta enterarme) que se emplean para contar una historia y los distintos trazos de los dibujantes. Me emociona Pesadilla antes de Navidad, Ratatouille, Bienvenidos a Belleville, Wall-i, Persépolis… Y esperaba esa misma sensación con Chico y Rita. Y sólo lo consiguió en pequeños momentos a pesar de que tenía todos los ingredientes para que me hundiese en un estallido de sentimientos y emociones. De nuevo, el conjunto no me llevo al éxtasis. Aunque como las anteriores películas me hizo pasar una linda tarde, y eso es para valorarlo mucho.

Chico y Rita tenía La Habana, la bella música y las hermosas canciones, la historia de amor imposible con múltiples referencias y amor al cine clásico y su romanticismo, aires de cine musical clásico a lo New York, New York, ecos de historias de amor míticas a lo Casablanca, influencias incluso de cine negro (esa muerte de ese músico cubano con sus influencias con los bajos fondos)… todo envuelto en un aire de nostalgia (que tan bien queda en las historias de amor), y un trazo original. Tenía esos personajes que triunfan y caen, a los que les duele el exilio aunque sea voluntario, a los que les duele la exclusión en un mundo que en esos momentos desprecia otras culturas o color de piel… Pero Chico y Rita no me hizo temblar tal y como hubiera esperado. Vibrar o echar unas lágrimas al escuchar un bolero o una canción de amor inacabada… ¿Sería mi estado de ánimo?¿Qué le falta a Chico y Rita para el éxtasis de emoción?¿Qué le falta para que el espectador estalle…

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Misterios de Lisboa de Raúl Ruiz

Una de las maravillosas cualidades del cine es que se convierte en una manera visual de contar historias. Un medio de expresión rico en oportunidades. Historias que pasan a través de la pantalla blanca, sombras que cobran vida y narran peripecias de personajes que llevan al espectador a otros mundos. Misterios de Lisboa es un ‘milagro’ cinematográfico que engancha. El director chileno, que vive en Francia, adapta una novela con aires folletinescos escrita con el espíritu del Romanticismo por el escritor portugués Camilo Castelo Branco. Raúl Ruiz se permite el placer de contar proporcionando un folletín y un fresco histórico de un periodo pasado enganchando con una estructura de historias dentro de historias que atrapa al espectador al que le gusta que le narren…

Así Raúl Ruiz se toma su tiempo y su dedicación para contarnos una historia de cuatro horas y media (en su versión para televisión es más extensa) de manera exquisita y empleando recursos y lenguaje cinematográficos que conforman una obra 100 por 100 cine puro. La que esto suscribe sugiere que el espectador logre verla en sala grande con pantalla enorme y a ser posible en versión original… en un portugués bellísimo que canta en los oídos.

Desde la primera imagen atrapa. No sólo por los personajes y sus historias y pasiones sino por la forma de contarla. Y Raúl Ruiz en todo momento nos avisa de que nos va a transmitir una larga historia, de que él, el creador, se convierte en narrador omnisciente. Nos traslada a un periodo histórico y a muchos personajes unidos por el destino y las casualidades para contarnos sus desgarradas historias de amor. Todas las historias confluyen en un niño que vive sus días en un orfanato bajo la sombra alargada del padre Denis. Un niño cuyo origen es un misterio que se nos va desvelando junto a otros muchos que van recobrando fuerza como la del propio padre Denis. Un niño que arrastra su destino por las vidas de sus antecesores, un destino marcado.

De pronto el espectador se ve inmerso en un rompecabezas de historias de hijos bastardos, condesas con el corazón roto, otras ávidas de venganza, caballeros despechados, otros torturados por sentimientos que les rompen, duelos, bailes, guerras, muertes, destinos truncados, hombres con distintas identidades, mercenarios y piratas que se convierten en elegantes hombres de negocios, curas y frailes que tuvieron un pasado, nobles que terminan como mendigos… espolvoreadas con un espíritu tremenda y extremamente romántico. Exquisitez, amor al detalle de la época, cuidado en el lenguaje, cuidado en la ambientación, en los escenarios elegidos (de Lisboa a Venecia, Francia o Brasil)… Como si Raúl Ruiz, con salud delicada, pidiera a gritos que no quiere prisas sino contar bien una historia de sentimientos y emociones, con sentido del espectáculo empleando las técnicas narrativas del siglo XIX, un amor inusitado al teatro barroco y vomitando puro cine.

Así cada plano secuencia es un regalo. Nos deleita con maneras de contar cinematográficamente que atrapan al espectador que se siente totalmente hipnotizado por estas historias de pasiones humanas que piden un comportamiento de “solidaridad con los hombres” como dice el padre Denis. Que no es otra cosa que empatizar con los personajes y entender sus acciones o sus maneras de actuar porque todos tienen un pasado determinado y un motivo para ser como son.

Raúl Ruiz nos lleva a través de un teatrillo de cartón, que acompañará siempre al niño del orfanato, a un mundo de historias complejas pero hermosas. A un puzle de personajes que se encuentran y desencuentran pero que sus acciones terminan conformando el destino del personaje del niño, Pedro da Silva.

Se hace misión imposible describir la cantidad de imágenes de puro cine que pululan por Misterios de Lisboa. Sólo sabes que los recursos embellecen un folletín de sentimientos disparados. Los recursos de las puertas y ventanas, de los planos secuencia, de las habitaciones, las camas y las sillas, de los puntos de vista empleados, de los fuera de plano, la importancia de los matices y de la función de personajes secundarios (el papel de sirvientes, criadas y servicio… son una maravilla que deja imágenes inolvidables de testigos silenciosos), el recurso de los cuadros, del teatrillo de cartón, de los personajes secundarios que aparecen porque cuentan información importante del destino de los personajes que nos interesan… hacen de Misterios de Lisboa una obra de puro cine y deleite.

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Cisne negro de Darren Aronofsky

Metamos en una coctelera relaciones complejas entre madre e hija que se balanceen entre Esplendor en la hierba de Elia Kazan, La pianista de Michael Haneke y Carrie de Brian de Palma. Agitemos. Echemos una pizca del mundo onírico de Michael Powell y Emeric Pressburger en Las zapatillas rojas donde también una bailarina tiene que entregarse con pasión desbordada a la perfección de la danza y elegir entre el arte o el amor…, y el sacrificio que esto supone. Cambiemos el argumento de la pieza maestra por El lago de los cisnes. Volvamos a agitar. Mezclemos todo con una cucharada de grand guignol a lo Baby Jane o sweet Charlotte donde grandes damas de la pantalla comparten sus frustraciones, soledades, fracasos, pizcas de locura, odios y enfrentamientos y se despedazan ante el ojo voyeur del espectador que acude a la sala oscura.

Agitemos y bebamos Cisne negro de Darren Aronofsky que con su efectismo visual (plenamente justificado en esta obra cinematográfica y que te hunde de lleno en el universo frágil e irracional de Nina) arrastra al espectador a un mundo inquietante que incomoda desde la emoción más instintiva y te lleva de la mano a los miedos y terrores irracionales y por ello no controlables.

Darren Aronofsky involucra al espectador en la mente compleja de la joven bailarina Nina que ofrece su realidad distorsionada dejando ver un mundo deformado y terrible a través del espejo fracturado de su mente.

Las marionetas feroces cuentan con los rostros una Natalie Portman que trata de rozar la perfección de su obsesión-pasión (la danza) para alcanzar el extasis en su interpretación de El lago de los cisnes. Con su doble papel de cisne blanco y cisne negro explora los miedos interiores de la bailarina. Blanco y negro. Su lucha bascula entre la perfección de la técnica y la belleza de lo natural, de lo que surge de las entrañas. Entre la pureza virginal y la fuerza de lo sexual. Entre la contención y el huracán de los instintos naturales… Y esa exploración dirige a la frágil Nina a un camino de autodestrucción. A una mujer que se descompone en fragmentos incapaz de reconstruirse.

Barbara Hershey es la reina madre que trata de savalguardar la pureza virginal de una hija frágil. Barbara es la represión de los instintos, de las emociones profundas. Encierra a su niña en palacio de cristal y se convierte en guardiana-bruja que vela por la perfección pura de su dulce niña que lucha por descontrolarse. Sus apariciones causan horror y a veces es tan fantasmagórica como la señorita Danvers.

Winona Ryder es la princesa destronada. La figura en decadencia del cuerpo de ballet. La solista que cae de su pedestal para ceder a la fuerza el puesto. Y que muestra a Nina que a pesar de que logre plasmar al cisne blanco y al cisne negro, aunque logre desatarse el final, haga lo que haga, recorra el camino que recorra no va a ser feliz. Tome un camino u otro… el sacrificio lleva a la autodestrucción.

Por último Mila Kunis es la bailarina desatada y natural. La que trabaja desde las entrañas. La sensualidad bruta, lo tiene por naturaleza. El alter ego de una Nina que busca desesperadamente sus instintos naturales, el placer del arte, el extasis… y ve como la Kunis apenas realiza un esfuerzo para ser pasión bruta que desborda. Mila Kunis es la amenaza y el deseo de Nina.

Y todo este huracán de mujeres-marionetas que danzan en la pantalla blanca se desata por la figura del coreógrafo-creador. El hombre que corteja y desnuda a las damas para que ofrezcan lo más íntimo a su nueva creación de coreógrafo. El que exige que surja el cisne negro-cisne blanco y que no depara en el camino de autodestrucción de las damas sino al que le interesa el resultado final de la obra de arte. Que maneja los hilos aunque no sepa controlarlos para ofrecer al público la obra desnuda y perpleja que cause la catarsis. Vicent Cassel descoloca a sus damas como el creador Aronofsky con su universo visual descoloca al espectador.

Así como a veces el efectismo y barroco universo de Aronofsky hacía mella en el resultado final de su obra (como era visible en Réquiem por un sueño o La fuente de la vida) en Cisne negro compone y conforma la mente fracturada de Nina dejando un viaje inquietante, de miedos y frustraciones, al interior de un espíritu atormentado. Así el espectador siente el terror y la angustia del personaje porque viaja a su mundo más interior y oculto. Entonces sentimos la fragilidad del cuerpo y la carne: esos pies que crujen, ese sarpullido que invade, esa piel que se desgarra. El horror del desdoblamiento, de la fractura, esos juegos terroríficos de espejos. O ese desequilibrio entre la pureza virginal y la frigidez por miedo y el terror por el volcán de sensualidad y sexo que lleva a un terreno desconocido al que no se sabe cómo echar el freno. Y explotando así su viaje interior Nina logra la perfección en la creación de una obra artística en la que sacrifica su estabilidad mental. No hay vuelta atrás.

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Valor de ley de los hermanos Coen

Me ha gustado ver antes la película de Hathaway y después la de los hermanos Coen. Y si tengo que realizar una valoración diré que ambas se quedan en el terreno de westerns interesantes pero no piezas maestras. También expreso que hay elementos que me gustan más cómo están resueltos en la de Hathaway y otros en la de los Coen. Ambas tienen un halo especial y ambas se decantan por el desarrollo de las relaciones personales que es lo que acaba dando una identidad especial y extraña a esta historia. Así vemos como tres personajes que se salen de los cánones se unen para un objetivo común en una historia de venganza con ribetes de humor duro, como los tiempos que corrían en el lejano Oeste. Esos tres personajes son un fuera de ley con parche en el ojo, solitario y alcohólico, una niña tremendamente inteligente y que toma la iniciativa y la acción en tiempos inminentemente masculinos y un joven rangers de Texas, con mucha palabrería, ambiciones y algo inexperto en la aventura de la vida pero con fondo honesto y transparente.

Así la de los Coen, por citar las diferencias, hace hincapié en un tono elegíaco de tiempos pasados revistiendo a sus personajes de un destino fatal y dando toques de cuento triste sobre el bien y el mal. Recupera la primera persona (la novela de Portis está contada por la niña protagonista) y nos envuelve en un ambiente de leyenda. De pasado. Con este aire de historia fantástica me quedo con la escena, casi fantasmagórica y mágica, de la cabalgada final de Rooester Cogburn con la niña mortalmente herida en una noche estrellada…, esa carrera hacia la vida. 

Y no podía ser de otra manera Jeff Bridges de nuevo brillante en su retrato de un perdedor, un fuera de ley, con su código particular. Un Rooester que siempre ha sido hombre duro, demasiado duro, solitario, alcohólico y que va haciéndose viejo. Bridges crea su propio Rooester con un aire más trágico y triste que el de Wayne. 

Los Coen esta vez recrean un puro western del ocaso y realizan un trabajo formal impecable además de permanecer en el género y con el tono de la historia hasta el final. Así construyen una de sus películas menos coenianas y quizá los habituados a los giros de su particular cine y universo encuentren a los Coen en Valor de ley contenidos. Sin embargo sus señas de identidad están presentes y quizá los guiños más coenianos sean el encuentro de Rooester y la niña con un extraño doctor vestido de oso y ese ahorcado en lo alto de un árbol (quizá, no la he leído, sean personajes o situaciones que aparezcan en la novela de Portis)… 

Matt Damon también imprime carácter al personaje del rangers de Texas. Un personaje que se va transformando a lo largo de la película. De un guaperas con mucha labia a un hombre con cualidades de héroe del Oeste que absorbe su mitología y que queda como un cowboy mítico del que la niña protagonista no vuelve a saber nada. 

Otro punto que me gustaría destacar es que sin duda los Coen sí que beben de la película de Hathaway al concebir ciertas escenas prácticamente igual que el film original. Entre ellas, la escena del juicio que presenta totalmente al espectador al personaje de Rooester o cómo la niña con el caballo cruza un enorme lago, de esta manera, va haciéndose un hueco entre los dos hombres que valoran su determinación y valentía. Por último, la escena mítica de Hathaway de un Wayne con parche en el ojo cabalgando con sus pistolas frente a cuatro forajidos, en la de los Coen es prácticamente igual. 

De la antigua me quedo con la escena del ahorcamiento de los tres hombres que me parece más impresionante y efectiva que en el relato cinematográfico de los Coen, con la muerte de los dos forajidos en la cabaña (un punto a Dennis Hopper) y sin duda con el personaje del bandido Ned original con rostro de Robert Duvall mucho más construido y carismático en la de Hathaway…, y también me quedo con el final de la película original aunque sí que es cierto que el de los Coen imprime al film ese aire de cuento trágico, mítico y nostálgico que ahonda en el carácter de perdedor y fuera de ley de Rooester. 

Aun así me quedó un sabor bueno con Valor de ley de los Coen y ese western, cercano al cuento o la leyenda, con aires elegiacos.

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Pa negre…

Acabo de terminar de ver la gala de los Goya y siento una alegria inmensa por Pa negre de Agustí Villaronga. Sólo sé que me fascinó…

Me quedo con una frase de Camus: «Un oficio al que quieras y respetes te puede ayudar a vivir». Y doy una pequeña vuelta a esa frase: «Una pasión a la que quieras y respetes te puede ayudar a vivir».

Y de paso en este pequeño texto invito ya que mañana es 14 de febrero, no a incitar al consumismo de San Valentín, sino a recordar todas aquellas escenas de amor que nos hayan emocionado a lo largo de nuestra vida como espectadores de cine. Os aseguro que es reconfortante. Y de paso si realmente estamos enamorados (o que realmente amemos alguien con muchísima fuerza sin necesidad de que sea una pareja) que mañana nos levantemos con la mejor de las sonrisas, un beso y una palabra amable.

Me voy a la cama a soñar con mi pasión… y a pensar en las miles de declaraciones de amor cinéfilas que me hacen mirar la vida con ojos alegres.

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127 horas de Danny Boyle

Una crítica en 10 pasos

1.- Salvo la sonrisa de James Franco, que hasta en momentos desesperados la tiene bonita. También pienso que son muy espectaculares los paisajes que se nos presenta de Blue John Canyon en Utha a vuelo de pájaro.

2.- Dios mío, ¿cuánto ha financiado la marca Gatorade? ¿Alguien recuerda secuencia más poco efectiva?

3.- Eché de menos a Paul Conroy y su ataúd.

4.- Como es un tío al que se le va la olla (con bastante encanto) pues no importa continuamente caer en excesos. Y como tiene fiebre y está enfermo pues a llenar la película de escenas psicodélicas, apariciones extrañas y recuerdos pasados y futuros (por eso de la esperanza es lo último que se pierde). Ah, ayuda mucho la música estridente a todas horas y también poner risas grabadas y otro tipo de alucinaciones auditivas. Provocar emociones, emociones, emociones… Un subidón para el espectador.

5.- Arropada por mi plumas hasta la cabeza, desesperada, cerrando y abriendo los ojos, quería que el pobre brazo de Aron Ralston se desprendiese ya de una vez de su amo sufridor y arrepentido. Y es que el ir siempre a su bolita… le hace perder un brazo. Y de paso recrearse la cámara en cómo se disecciona un brazo en las peores condiciones inimaginables.

6.- El público no puede aburrirse. Nuestra vida se ha vuelto acelerada. Pues ofrezcamos un montaje acelerado tipo video clip moderno o informativo actual. Mucho ruido y pocas nueces. Ofrezcamos muchas sensaciones visuales y auditivas que mantengan atento al espectador. Busquemos historia de superación con dosis de morbo en su presentación… y ofrezcamos una inolvidable tarde de sábado de lo más entretenida. Ah, y que no se alargue demasiado la aventura…

7.- A raíz de los problemas de Aron con la navaja multiusos de pésima calidad que se mete en su mochila… me vino a la cabeza una lección que trata de inculcarme siempre mi hermano pequeño: lo barato al final sale caro, lo barato al final sale caro, lo barato al final sale caro… Y que a mí, a veces, mirando mi monedero me cuesta aprender. También me hizo darme cuenta de lo bien que viene un curso acelerado de Primeros Auxilios.

8.- Reconozco cómo los aparatos y nuevas tecnologías están permitiendo un nuevo elemento cinematográfico imprescindible. Si en Buried era fundamental el super móvil que facilitan a Paul (y cómo angustia la falta de batería) a Boyle le sirve mucho la afición al vídeo digital y a la cámara digital de Aron… para grabar y comunicarse en las horas de angustia y soledad.

9.- También veo un interés resuelto de diferentes maneras en el cine moderno de meter a un hombre o mujer en espacio inesperado y que se las arragle como pueda en situaciones angustiosas. Y si el espacio es mínimo mejor. Y si el personaje o personajes están en soledad absoluta mejor, también. Ya empezó con este tipo de tramas el maestro del suspense que metió a todos en una pequeña barca a la deriva en Náufragos o rodó una historia angustiosa en un único cuarto en La soga y tampoco olvidemos La ventana indiscreta donde nuestro investigador de pierna escayolada no sale de su cuarto para investigar todo un asesinato. ¿Alguien ha olvidado el mediometraje de La cabina? Continuan las variantes (traten de imaginar y verán cómo les salen un montón de títulos). Ahora parece ser que nos viene una historia de un grupo de personas atrapadas en un ascensor…

10.- Extraña carrera cinematográfica la de Boyle. No sé que pensar. Desde Tumba abierta y Trainspotting a 127 horas… Boyle traslada su mundo visual siempre al impacto (sin profundidades de ningún tipo, y eso que defendí Slumdog Millionaire a pesar de sus trampas y me gusta bastante Trainspotting). Juega a que la imagen se quede, de manera vertiginosa, en la retina del espectador. Y quizá eso define el cine de Boyle: el uso de la trampa visual… que atrapa pero… rascas y ¿qué queda?

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Dos películas que pudieron ser… y no fueron

Dos películas que pudieron ser grandes… y no lo fueron. Sin embargo no dejan de tener un interés y unas secuencias que merecen la pena. Dos películas que por lo menos, y no es poco, no te dejan indiferentes y sí con muchas ganas de comentar.

Lovely bones (2009) de Peter Jackson

Todas sus posibilidades quedan ahogadas por unos personajes mal desarrollados y una estructura mal armada. Así la película que tiene secuencias visualmente potentes queda absolutamente desinflada.

Parte de un buen material, unos buenos matices de historia y con unos personajes que podrían haber sido atractivos.

El melodrama queda dinamitado por una estructura absurda y por un desarrollo también absurdo de los personajes principales. De paso ponen ahí a una abuela que no pinta nada (con el rostro magnífico de Susan Sarandon), una niña médium que es la rarita y un niño mono… que poco hacen para salvar la trama.

La mezcla entre el mundo onírico y real podría haber sido una solución genial para el desarrollo de la historia y sin embargo no hay un ensamblaje creíble para presentar los dos mundos y darles todo su sentido.

Y es una pena. Porque tiene escenas hermosas. Lo de que la narradora, la niña asesinada, sea una muerta (no se asusten se sabe desde el principio) podría haber sido todo un puntazo… ¿recuerdan El crepúsculo de los dioses? También nos la narraba un hombre asesinado. El final con frase irónica que funciona perfectamente en la maravillosa Mi Idaho Privado que te deja hecha polvo, aquí te da más bien lo mismo. Así ante la frase “Espero que viváis mucho y seáis felices para siempre” te quedas en estado fuera de onda.

El destino final del asesino en serie con cara de Stanley Tucci…,no convence. La justicia divina como que aquí no te la crees. Y eso que Tucci no está mal como retorcido asesino. Pero es tan flojo cómo descubre o intuye el padre que es el culpable… tan poco verosímil… una estructura tan compleja para una revelación tan pobre.

Jackson tampoco aprovecha el potencial que podría haber sacado a las distintas maneras a que se enfrentan cada uno de los miembros de la familia a la terrible desaparición de la hija, hermana y nieta. A la ausencia del ser querido. Así madre (Rachel Weisz), padre (Mark Wahlberg), hijos y abuela son absolutamente desaprovechados y sus transformaciones y evoluciones absurdas.

La niña protagonista, Saoirse Ronan, una pasada aunque se pase la mayoría del metraje en el mundo orínico, entre el cielo y la tierra, y su personaje tampoco esté bien desarrollado.

No le niego a Peter Jackson una fuerza visual y una belleza increíble en alguna de sus secuencias así como soluciones cinematográficas muy buenas. La casa del asesino, alguna de las escenas familiares sobre todo al principio, la fascinación de la protagonista por la fotografía, la captación del instante, los momentos previos al asesinato, alguno de los momentos oníricos que vive la protagonista…

Pero es de esas películas que podrían haber sido una pasada y se quedaron en algo muy pequeñito…

El edén al oeste (Eden à l’Ouest, 2009) de Constantin Costa-Gavras

Si se quiere hablar de un representante de un cine político enseguida viene a la cabeza Constantin Costa-Gavras. En su carrera hay títulos como Z, Estado de Sitio, La caja de música o Amén. Su última película El edén al oeste es una fábula sobre la inmigración. Es como si Costa-Gavras cansado de tanta dura realidad, de tanto horror…, estuviera harto y ya no pudiera más y sólo se siente capaz de representar una especie de viaje fantástico de un inmigrante que se encuentra en su camino las situaciones más surrealistas que pudiéramos pensar.

Así Costa-Gavras renuncia al horror de lo que nos cuenta y prefiere meter caña a través de un cuento triste que sólo puede terminar de manera fantástica porque sabemos que el futuro del protagonista va a ser negro. Negrísimo. Pesimista. Es como si Costa-Gavras dijera me he pasado la vida denunciando y presentando la cruda realidad. Quiero cambiar de táctica y a ver si los espectadores les entra de una vez el mundo injusto en el que vivimos. Voy a contar la historia de un joven y bello inmigrante ilegal que protagonizará toda una Odisea hasta llegar a París para cumplir un sueño o una esperanza de encontrar una vida mejor.

Y se cruza con situaciones surrealistas, personajes mezquinos como ogros y brujas, personajes dulces como hadas y almas protectoras…, y su situación va de mal en peor pero todo sea por la consecución de un sueño. Por creer que la magia es posible. Y cada encuentro es una advertencia o una actitud frente al otro, al que viene de fuera.

Pero no se engañen Costa-Gavras no nos deja un final feliz. Sino mucha amargura y sólo una salida a través del escapismo y la fantasía. Costa-Gavras huye de lo real… pero nos dice muchas cosas.

Es para analizarla con mucho cuidado y dejarse enredar en los ojos claros del protagonista y enredarse en sus rizos y miedos. Obviamente es tal el carácter de fábula que el director político aleja al espectador que puede optar por hacer como que no entiende lo que le están contando. Y bajo la fábula amable nos está contando una historia amarga, muy amarga…

Y por eso en esta película Costa-Gavras nos ha desconcertado… nunca pensamos que optaría por la fábula y la magia para contarnos una historia fuerte. Muy fuerte.

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El discurso del rey de Tom Hooper

Voy a ser breve. Muy breve. El discurso del rey de Tom Hooper me ha parecido tan sólo una película correcta sustentada, eso sí, por una buena recreación de un personaje histórico y su interpretación por parte de Colin Firth (al que tengo gran cariño). Y punto. No se busque más.

No me he dejado llevar por la emoción como por otras películas de corte clásico que tan sólo pretenden contar bien una historia y lo consiguen (recuerdo sin más este año la emocionante La última estación).

Sí me resulta una película interesante para poder charlar de varios asuntos. Primero lo que supone para el personaje su problema: el tartamudeo. Y los logros que pueden conseguirse a través de un logopeda que no sólo se ocupa de ese problema supuestamente físico sino también vinculado a lo emocional.

Lo segundo a través de este problema que tiene el personaje y sus distintos esfuerzos para solucionarlos cómo se va contando un periodo de la historia de Gran Bretaña y cómo el clímax es el discurso final que tiene proyectar el rey ante un micrófono para que sea oído por radio por los ciudadanos británicos ante la inminente entrada del país a la segunda guerra mundial y su posicionmamiento como país alidado contra el avance de Hitler.

Lo tercero la narración de una amistad especial entre dos hombres diferentes en todos los aspectos. Entre el logopeda y el rey. Entre el ciudadano corriente y ese hombre que fue rey a su pesar…, y como esa amistad pasa por todos los momentos que cimentan una relación (encuentro, desarrollo, ruptura y desilusión, confirmación de esa relación, y entrega incondicional del uno con el otro y el otro con el uno).

Y estos tres puntos siempre correctamente llevados a pantalla, con una ambientación correcta y un guión bien construido por David Seidler. No deja de ser un biopic bien armado (con su propia interpretación y variaciones de la realidad histórica).

Lo que hace agradable su visionado es la presencia de un Colin Firth que se empapa de su personaje y lo dota de personalidad, ese Jorge VI que sí provoca en numerosas ocasiones un sentimiento de cariño, empatía y entendimiento con el espectador que ve su historia.

Y no está mal acompañado (aunque sus personajes no están tan bien construidos) por su logopeda Lionel Logue, interpretado por el estrafalario Geoffrey Rush, y por su señora esposa por una correctísima Helena Bonham Carter que recrea su personaje con cariño y simpatía. También en el papel de su hermano, el rey Eduardo VIII, que abdicó para casarse con una mujer divorciada y con evidentes simpatías hacia Hitler, nos encontramos con Guy Pearce (un actor que van construyéndose una carrera interesante… y le pedimos un protagonista ya…).

Por supuesto sabemos que hay varias fórmulas que siempre van a funcionar y que si están bien armadas (como es el caso pero con un acceso de corrección) van a llevar a los espectadores a disfrutar de una historia en la pantalla grande. Y son esas historias de superación, esas historias de pobre hombre rico y poderoso que en el fondo es infeliz y que ha tenido muchos problemas en su vida y que se muestra como personaje humano y vulnerable y frágil y esas historias donde hay un pigmalión que logra sacar a la luz todas las virtudes ocultas de una persona.

El discurso del rey es una película para pasar una tarde agradable.

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