Juego de pijamas (The pajama games, 1957) de George Abbott, Stanley Donen

Con un número musical ya coloco esta película en una estantería especial. Pero Juego de pijamas es mucho más, es un festival de sorpresas continuas. El número musical es Steam Heat que lleva la firma de su coreógrafo, Bob Fosse (Bob Fosse que te amo sobre todas las teclas musicales y movimientos de cuerpo)… pero es que, además, todos los números musicales y canciones merecen la pena. Es un musical con mayúsculas… pero profundamente olvidado. Ahí sigue en el cajón del olvido continuo…

No sólo está Bob Fosse como  coreógrafo sino un rey del musical (y de muchos otros géneros), Stanley Donen, que junto a George Abbott (más conocido como autor y director teatral) rodó otro musical que desconozco, Malditos yanquis. De hecho los libretos de estos dos musicales son obra de George Abbott y  las dos obras las llevó a los escenarios de Broadway. Posteriormente escribió los guiones para el cine y co-dirigió con el experto Stanley Donen.

En Steam Heat, además de una buena coreografía de Fosse (dos hombres y una mujer vestidos con frac negro y sombrero), nos encontramos con una buenísima bailarina que ha sido todo un descubrimiento para servidora: Carol Haney, que tiene además un papel delicioso y que casi quita la función a la pareja protagonista.

En Juego de pijamas prácticamente todo el reparto es el que se subió al escenario de Broadway excepto la protagonista (el reclamo cinéfilo era necesario) que es Doris Day (cada vez me da más sorpresas…, su filmografía es algo más que las películas protagonizadas con Rock Hudson y fue algo más que la ‘nueva novia virgen de América’).

Juego de pijamas preludia otro camino en el musical. De pronto el musical descubre otros escenarios menos glamurosos, menos fantásticos, más cotidianos, más realistas… Con historias más apegadas al presente (y ahora es buen musical para revisitar…). Ya desde la primera escena engancha: el musical transcurre en una fábrica de pijamas donde sus trabajadores se unen y luchan por una mínima subida salarial. Los personajes son los hombres y mujeres obreros y obreras, que desempeñan distintas funciones en la fábrica: las costureras, los mozos de almacén, el supervisor, el jefe de sala, las secretarias, el empresario… Todos crean el microcosmos de Juego de pijamas. Las relaciones entre empleados, entre los empleados y el empresario opresor, los trabajadores unidos para reivindicar sus derechos, los días de fiesta en la fábrica, los días de trabajo, las reuniones de los trabajadores, los momentos de descanso, las protestas, la posibilidad de despido, la posibilidad de huelga… y todo entre canción y canción, entre baile y baile…

Juego de pijamas es un musical fresco, divertido y vital. Vivo muy vivo. En la lucha por la subida salarial surge una historia de amor entre el supervisor nuevo que acaba de entrar en la fábrica y una de las trabajadoras más reivindicativas. Ellos son Doris Day y John Raitt (varonil actor y cantante conocido sobre todo en los escenarios de Broadway).

Las coreografías y las canciones transcurren en la propia fábrica, en la sala de confección de pijamas, en los despachos, en la casa de la protagonista (una humilde casa al lado de la vía ferroviaria, su padre es un obrero del tren), en un día de picnic, o en el lugar donde los trabajadores van a pasar su tiempo de ocio, El escondite de Hernando (donde transcurre otro brillante número musical)… y son un espectáculo visual. Juego de pijamas es un musical muy bueno que no debe permanecer más en el cajón del olvido…, es absolutamente reivindicable.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Amigos apasionados (The passionate friends, 1949) de David Lean

… en un momento clave de la película Steven (Trevor Howard) le dice a Mary (Ann Todd) que se dirigen hacia las nubes. Y ésas son las palabras que definen su relación y el tono de esta magnífica película de David Lean desconocida por mí hasta ahora. Cuando Steven y Mary se encuentran, directamente entran en un estado de ensoñación que les hace estar en las nubes. Porque ése es el sentimiento que tiene Mary de su historia con Steven, nunca terminada. Amigos apasionados es un relato subjetivo desde el alma de una mujer. No es más que un precioso monólogo interior. No tenemos por qué entender a Mary pero sentimos con ella su historia con Steven (su amor de juventud) y Howard (su marido, un siempre venerado Claude Rains).

A David Lean se le suele relacionar con grandes epopeyas como El puente sobre el río Kwai, Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago, pero sin embargo también cultivó un cine intimista cuya obra más difundida es la maravillosa Breve encuentro. Amigos apasionados entraría en este segundo grupo. Cuenta de manera excepcional, empleando la narración cinematográfica (un uso de la imagen y la puesta en escena brillante y excelente) con delicadeza, una historia a tres bandas. La historia que une los destinos de Mary, Steven y Howard. La narración es preciosa y exquisita y en un principio piensas que los amigos apasionados a los que se refiere el título son Mary y Steven… pero en la impresionante secuencia final para mí queda claro que los amigos apasionados son sin duda Mary y Howard. David Lean toma como inspiración un relato, que desconozco, de H. G. Wells (sí, sí el autor de La guerra de los mundos).

Si nos quedamos en la superficie podemos decir que Amigos apasionados narra la historia de un adulterio. Pero es quedarse muy en la superficie porque lo hermoso de David Lean es cómo narra esta historia a tres bandas. Amigos apasionados empieza con un monólogo interior y encadena una serie de flash back para narrarnos la historia siempre inconclusa y los encuentros entre Mary y Steven. Ellos fueron jóvenes enamorados pero Mary decide no entregarse al amor fou, no pertenecer a nadie sino a sí misma, como ella explica a un confuso Steven… Mary opta por una vida práctica y sin riesgo alguno con un hombre más mayor que ella y bastante rico que solucionará su vida para siempre. Mary se casa con Howard, que tiene la misma perspectiva práctica del matrimonio. Con lo que no cuenta Mary es que cada vez que se encuentre a lo largo de los años con Steven se va a montar en una nube y le va a costar bajar de ella… Y lo que no se espera Mary es que en el encuentro crucial con Steven que desencadena la película, ese encuentro en un paisaje idílico de Suiza entre montañas y naturaleza… va a cambiar su vida de manera radical. De tal manera que la segura y fría Mary pierde las riendas de su existencia y su brújula perfectamente construida deja de funcionar. Y lo que menos se espera es quién la va a rescatar…

No hay mejor manera que mirar Amigos apasionados más que dejándose llevar en ese terreno de ensoñación en el que navega la película. David Lean nos la cuenta desde el corazón de la protagonista que no para de latir y reflexionar. También en este triángulo de infidelidades juega muy bien a la intriga y el suspense dejándonos escenas memorables como la de los prismáticos y la primera reunión de los tres en casa de Mary y Howard. Además los tres personajes están magníficamente perfilados y muy bien interpretados (¡bendito Claude Rains!).

El uso de la narración cinematográfica por parte de David Lean es uno de los puntos que más he disfrutado y más me ha emocionado en Amigos apasionados. Podría elegir muchísimas escenas pero comparto una: y es el momento en el que Mary vuelve corriendo de su ‘breve encuentro’ en las montañas suizas con Steven a la habitación de su hotel para poder despedirse de él desde el balcón ya que Steven tiene que irse en lancha a continuar su viaje de trabajo. Toda esta escena la está viendo un Howard roto sentado en una silla. Ve cómo su esposa entra corriendo a la habitación, con un traje blanco bellísima, cómo se precipita al balcón, cómo se despide emocionada del amado, cómo se queda rota ante la despedida y cómo se da la vuelta con lágrimas en los ojos y entra a la habitación… y se encuentra con él mirándola desde la silla… Todo sin una sola palabra.

La cámara trata con sumo cuidado cada uno de los gestos de Ann Todd como Mary. Sus ojos en penumbra cuando va a realizar un viaje al pasado o va a protagonizar una ensoñación. Su sonrisa ante la alegría de una llamada o la esperanza de un encuentro. Los sentimientos pasean por el rostro de la actriz. Y es que Amigos apasionados es uno de esos ejemplos de un director de cine enamorado de su actriz… y que logra que eso trascienda más allá de la cámara. Terminó casándose con Ann Todd y realizó con ella dos películas más: Madeleine y La barrera del sonido. Llevaba un tiempo detrás de las películas de ambos. Y ésta ha sido mi primera y satisfactoria incursión. A Ann Todd sólo la tenía localizada como la esposa de Gregory Peck en El proceso Paradine, película de Hitchcock no muy bien valorada y que sin embargo, como ya escribí en un lejano post, a mí me gusta y fascina bastante.

Y ha sido también un descubrimiento de otro buen trabajo de dos actores que me gusta ir localizando su filmografía. Uno es Claude Rains, uno de esos actores que difícilmente decepcionan y que además son camaleónicos. Y el otro es Trevor Howard protagonista también de Breve encuentro.

… y mientras el calor sigue en estas tardes de verano, puede llegar a olvidarse subiéndonos en una nube para encontrarnos con la historia de unos amigos apasionados.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Dos tipos de cuidado, 1952, de Ismael Rodríguez

A mi querido cuñado Enrique. En su persona forma la ecuación perfecta: raíces burgalesas más raíces libanesas = George Clooney mexicano.

Sí, prometo un ciclo de golpeadores…

A través de Dos tipos de cuidado, comedia ranchera por antonomasia, podemos acercarnos a una cara del periodo conocido como la edad de oro del cine mexicano (de mediados de la década de los 30 hasta finales de la década de los 50). Esta película es tremendamente popular en México (de esas películas que se pasan continuamente por los canales de televisión) y en su época supuso todo un hito porque unía a los dos héroes mexicanos (con permiso de otros galanes de la época): Jorge Negrete y Pedro Infante. La escena culminante de esta rítmica comedia de enredo es cuando ambos divos llevan a cabo un duelo de sones. Los dos rancheros con sus trajes y enormes gorros, con toda su gallardía, antes de empuñar las pistolas empuñan sus voces…

Y es de esas películas que siguiendo sus créditos descubres un montón de sorpresas. Dos tipos de cuidado cuenta con un ritmo adecuado que enseguida te introduce en la sencilla trama: dos grandes amigos están enamorados de dos mujeres. Jorge Bueno (Jorge Negrete) de Rosario (Carmelita González), prima de Pedro Malo (Pedro Infante), y éste está enamorado de María (Yolanda Varela), hermana de Jorge. Durante un año de ausencia de Jorge, a su regreso descubre que su mejor amigo se ha casado con su novia y que además ésta acaba de tener un bebé… y así empieza toda una serie de enredos y malentendidos, de enfrentamientos entre ambos amigos… hasta llegar a la resolución de la verdad… y cada oveja con su pareja…

Los dos charros se desenvuelven en el mundo rural mexicano de los años cincuenta entre la tradición y la modernidad (Jorge Bueno aparece con un cochazo y no en caballo… aunque los caballos siguen realizando su labor). Representan el estereotipo del hombre mexicano en aquellos años: con aficiones como el juego, la fiesta y los amores con lindas muchachas pero a la vez respetuosos y serios con las novias formales y sus familiares, leales, buenos amigos, honrados… y machistas. Son digamos la representación del ‘macho’ mexicano. Y ellas se transforman en la representación de la mujer mexicana de los cincuenta (que nada tiene que ver con el estereotipo que creo La Doña, María Félix): honradas, dignas, floreros, obedientes, bellas, celosas, buenas esposas, hijas y madres, melodramáticas…

Y entre enredo y enredo aparecen míticos actores secundarios de la época dorada del cine mexicano. Destacaremos a dos. Mientras estaba viendo esta película el personaje secundario que más me divertía y el que me parecía mejor construido es el padre de Rosario, un libanés. El suegro es un personaje divertidísimo y sus apariciones siempre preludian una risa o sonrisa. Así descubro tras su rostro a Carlos Orellana. Pues bien Orellana no sólo es actor de reparto de esta comedia sino también uno de sus guionistas junto al director de la película. Así descubrimos uno de los talentos de la época dorada, Orellana hizo de todo en el cine mexicano… actuó, dirigió y escribió. Tenía especial cuidado en la construcción de argumentos. Otro de los personajes secundarios es la madre de Jorge Bueno, una señora anciana con el rostro de Mimí Derba. Detrás de este rostro descubro la historia (desconocida para mí) de una mujer apasionante y pionera. Mimí a lo largo de su azarosa vida hizo de todo: fue empresaria, vedette, cantante, actriz, escritora… y un largo etcétera. Pero lo apasionante también es que fue una de las pioneras del cine silente en México con labores de producción, dirección, escritura de historias… y actriz. Será una gozada investigar más sobre ella.

El director-productor y guionista de la película Ismael Rodríguez también es uno de los nombres claves de la etapa dorada del cine mexicano. Rodríguez creo un cine que arrastraba al pueblo mexicano a las salas (y su cine también saltó las fronteras). Sus géneros estrellas eran la comedia y el melodrama. Y trabajó con los mejores, entre ellos Pedro Infante o María Félix.

Pero las sorpresas no terminan. Mientras veía la película sí que es cierto que veía ciertas soluciones visuales que mostraban no sólo que Rodríguez dominaba el lenguaje cinematográfico sino que detrás estaba también un buen director de fotografía. Y al leer quién era el director de fotografía me encuentro con Gabriel Figueroa. Uno de los mejores y más famosos directores de fotografía de la época que además también trabajó fuera de las fronteras mexicanas. Yo le conocí por primera vez cuando vi la impresionante película de Buñuel Los olvidados. Pero también me topé con su nombre ante una de esas películas que me entusiasman de John Huston, adaptando un cuento de Tennessee Williams, La noche de la Iguana.

Así que os hago una nueva recomendación para tarde veraniega delante de un chupito de tequila… y dispuestos a disfrutar de una divertida ‘guerra’ entre charros…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Deliverance (Deliverance, 1972) de John Boorman

… Pesimismo hacia el ser humano o una óptica menos romántica y más unida a nuestros instintos más primitivos… Durante los primeros años de la década de los setenta no proliferaron en el cine norteamericano las películas medicina que te hacían o te hacen creer más en el ser humano sino que surgieron una ristra de películas que ponían al espectador frente a sus instintos más oscuros… y que planteaban, con humanidad descarnada, la dureza del ser humano dominado por los instintos de la naturaleza. Son películas que golpean al espectador de manera brutal. Y de ahí surge una reflexión oscura y cartártica.

Así Deliverance cobra más sentido todavía dentro de un contexto cinematográfico. Pongamos unos ejemplos: Elia Kazan prácticamente se despide del cine con una película oscura y dura, Los visitantes (1972), que muestra una generación de jóvenes destruidos por la violencia y el horror. Sam Peckinpah realiza un impresionante estudio de la violencia en Perros de paja (1971). Scorsese empieza su viaje por los bajos fondos y la violencia en Malas calles (1973…

Deliverance toma la forma de un viaje iniciático salvaje, brutal, terrorífico y misterioso. El viaje por el curso de un río que está destinado a su desaparición por la construcción de una presa. Un río que depara sorpresas desagradables; lo que al principio parece una aventura y una superación de obstáculos (rápidos, rocas…) feliz se convierte en una pesadilla eterna.

Este viaje lo llevan a cabo cuatro hombres de la ciudad: Lew (Burt Reynolds), Ed (Jon Voight), Bobby (Ned Beatty) y Drew (Ronny Cox). El nexo de unión de los cuatro personajes es Ed, que es el único que conoce a todos. Su objetivo: el descenso del río en canoas. Cada uno tiene un ánimo diferente frente a este reto que ‘dibuja’ sus personalidades. Ed y Drew son dos urbanitas que creen en el sistema, y cómodos como padres de familia; Drew además es un ferviente creyente en la democracia y la justicia. En Ed se intuye que dentro de su aparente ‘comodidad’ busca algo más… Bobby parece el más frágil y vulnerable, es el graciosillo del grupo, y el que parece menos apto para la aventura. Y Lew es el rebelde, el que despotrica contra el sistema social, el que quiere fundirse con la naturaleza salvaje y tomarse la vida como aventura y juego. Uno de los aspectos más interesantes que ofrece Deliverance a lo largo de este duro viaje iniciático es como cada uno de los personajes va cambiando de rol cuando entra en juego el instinto de supervivencia.

… En lo idílico del paisaje y la propuesta de aventura empiezan a aparecer notas disonantes e inquietantes que preludian que el viaje en canoa no va a ser sencillo. Así como empiezan a establecerse distintas alianzas entre los cuatro personajes. La nota disonante en el paisaje idílico es la miseria, la pobreza y la brutalidad de los hombres de la montaña. Lo extraño y lo inquietante empieza a sembrar sus frutos a lo largo del metraje. Así ocurre al principio con el bello y a la vez inquitetante duelo de banjos entre Drew y un muchacho que parece presenta una discapacidad intelectual severa. Aquí de manera magistral Boorman presenta la atmósfera extraña en la que se va a mover Deliverance.

Deliverance muestra todas sus cartas cuando estos cuatro personajes urbanitas tienen que enfrentarse a un viaje donde el instinto de supervivencia les domina por completo. El viaje ya no es una aventura sino una cuestión de vida o muerte. Los cuatros viven en sus carnes la violencia y tienen que optar entre emplearla para llegar al otro lado del río… o rehusar a ella y morir en el intento… Los cuatro tienen que llegar a distintos pactos pensando cuál de ellos les hará ‘vivir’ mejor en el futuro… en un viaje que les ha cambiado la vida a todos.

Boorman además de contar con un buen reparto protagonista donde los cuatro ‘aventureros’ se muestran desnudos al espectador y muestran sus escalofriantes transformaciones tras el viaje iniciático… plantea una puesta en escena arriesgada que regala escenas estupedanmente construidas y efectivas.

La manera de presentar a los personajes con sus voces en off mientras se dirigen en los todoterrenos al río que va a ser destruido para convertirse en una presa. Las voces son acompañadas por imágenes de la naturaleza misteriosa y salvaje que va a ser una segunda protagonista de Deliverance. Cómo plantea el duelo de banjos y la presentación de los personajes del entorno rural… Un entorno cubierto de pobreza, miseria y enfermedad donde sólo hay sitio para el instinto de supervivencia y la brutalidad. Un entorno sin caretas pero donde se muestra lo más oscuro del ser humano… que quitará de manera brutal las caretas de los personajes protagonistas. La escena de la agresión a dos de los protagonistas y la resolución de una secuencia brutal. El continúo descenso de las canoas en un viaje cada vez más complejo. El ascenso de Ed a una montaña. El protagonismo que adquiere el arco con flechas y como pasa de Lew a Ed… y su significado… Nada sobra en una película dura y sin concesiones y sin embargo plagada de momentos bellos, otros inquietantes y los de más allá definitivamente entre el horror y la violencia.

Deliverance provoca una reflexión dura sobre el ser humano… muestra la faceta más oscura.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Regreso a Peyton Place (Return to Peyton Place, 1961) de José Ferrer

Grace Metalious fue la autora de un fenómeno editorial, Peyton Place. Metalious murió ahogada en su propio éxito. Muy joven, a los 39 años, y por cirrosis… Grace Metalious desapareció… Ella se convirtió en personaje de ficción que reflejó sus vivencias y la Metalious real no superó el cambio de vida que supuso la publicación de la novela… Grace Metalious podría ser protagonista de un estupendo melodrama.

Peyton Place es una localidad ficticia de Nueva Inglaterra donde transcurre la vida de sus habitantes durante los años cincuenta. La protagonista es una adolescente que aspira a ser escritora y por lo tanto cuenta con un espíritu observador. Peyton Place es una localidad ‘idílica’, parece a lo lejos prácticamente un paraíso… hasta que se empieza a hurgar y escarbar y se encuentra el mundo oscuro de la localidad. Peyton Place, de paraíso a infierno donde sus habitantes tratan de mantener una pátina de pureza y calma que oculte las bajas pasiones, la doble moral y la hipocresía que va minando a cada uno de los jóvenes protagonistas que ven cómo les daña un mundo adulto cada vez más opresor.

El fenómeno Peyton Place fue tal que enseguida fue llevada a la pantalla de cine con un reparto estelar y convirtiéndose también en un gran éxito de taquilla (el fantástico melodrama de Mark Robson, Vidas borrascosas. Siempre que lo veo mi vena melodramática queda colmada). Después pasó a la televisión como serie que ató a los espectadores a la pequeña pantalla.

La escritora trató de repetir el mismo éxito con la segunda parte Regreso a Peyton Place… y la Fox trató de repetir fortuna en la pantalla blanca (con el mismo productor Jerry Wald —especializado en grandes melodramas como Mildred Pierce o Belinda—, la Fox se encontraba en un momento de máxima vulnerabilidad y estaba ávida de éxitos… Hollywood estaba sufriendo una importante transformación), los resultados en taquilla no fueron malos del todo (ya que Peyton Place tenía una saga de seguidores y fans) pero no se parecieron al impacto que se provocó con la primera aparición de la novela.

La secuela de la Fox trata de repetir los mismos ingredientes de la primera parte: un gran reparto, color de melodrama (a lo Douglas Sirk), una banda sonora que lleve al paroxismo al igual que las situaciones que viven sus personajes, recuperación de personajes que funcionaron en la primera parte y exaltación de nuevos… Así Wald sigue apostando en la elección de estrellas por nuevos rostros juveniles y otros ya consagrados y además acostumbrados al melodrama. No dirige Robson sino su amigo el actor puertorriqueño José Ferrer (uno de los aspectos curiosos de esta película, otro actor detrás de las cámaras. Ferrer además de ser recordado por su Cyrano o su Toulouse Lautrec, también se construyó una pequeña filmografía como director) que ofrece una dirección correcta. Regreso a Peyton Place es melodrama muy entretenido con aspectos interesantes pero no redondo, no del todo resuelto. Sin embargo cuenta con personajes poderosos y otros demasiado mal desarrollados. Las situaciones melodramáticas se quedan en medias tintas… y no se atreve a llegar al extasis. En el trailer del dvd se ve cómo cortaron unas escenas de un incendio —conato de asesinato de uno de los personajes más interesantes— y cómo esto deja sin sentido alguna que otra escena así como hace desaparecer a uno de los personajes secundarios sin terminar bien esa trama. Lo supuestamente escandaloso se queda en pequeños conatos que no llegan a escandalizar realmente: un medio adulterio mal resuelto (no se entiende muy bien qué siente el super editor por su nueva pupila), un intento de aborto fallido o una regresión a una violación pasada…

Uno de los aspectos de la trama más interesante es cómo la protagonista, adolescente en la primera parte, y ahora una joven, se introduce en el panorama editorial. La descripción de la profesión de editor, cómo se crea a través de la prensa, el marketing y la publicidad a un futuro escritor, cómo se crean expectativas ante una novela todavía no publicada (algo que sin duda conocía muy bien la autora del best seller)… Otro punto de interés es la defensa a la libertad de expresión. Y de nuevo el reflejo acertado de la doble moral y la hipocresía de una localidad absolutamente idílica (Peyton Place es un antecedente claro de los pueblos idílicos que esconden barro del creador David Lynch tanto en Terciopelo azul como la serie Twin Peaks).

Así José Ferrer deja de nuevo imágenes de una idílica Peyton Place, esta vez predomina el invierno, pues parte del argumento transcurre en una estación de esquí, que sucumbe ante una sociedad opresiva y castradora. La protagonista encuentra un poso de libertad cuando sale de su localidad y se encuentra con un Nueva York en continuo movimiento.

El mejor personaje es el de una magnífica y mítica Mary Astor como representante del Peyton Place castrador, amargo, hipócrita, dominador y salvarguador de una doble moral que destruye… Entre las jóvenes promesas la protagonista tiene el rostro de Carol Lynley (en la primera parte fue Diane Varsi) que nunca llegó a convertirse en estrella y su mejor amiga es representada por Tuesday Weld (en la primera parte una magnífica Hope Lange). Y como veteranos del melodrama o el romanticismo exacerbado una bella (pero un poco florero) Eleanor Parker (en el papel que representó en Vidas borrascosas una fantástica Lana Turner) y como atractivo editor el bello del pelo cano, Jeff Chandler.

Así el regresar a Peyton Place ha sido una buena opción para una tarde de verano. Una tarde donde me encontré de nuevo entretenida con las pasiones exacerbadas en una pequeña localidad aparentemente idílica…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El séptimo amanecer (The 7th Dawn, 1964) de Lewis Gilbert

El séptimo amanecer es de esas películas que te ofrecen muchos ingredientes para el análisis. Para el estudio. La acabo de descubrir y me ha parecido muy interesante por muchos aspectos. Entre ellos el periodo histórico que retrata y el momento en el que fue hecha esta película británica. Lewis Gilbert es un realizador que sabe dotar de ritmo sus películas y sus trabajos más conocidos son con el espía 007 (con el rostro de Sean Connery y de Roger Moore) o con ese ligón perdedor con rostro de Michael Caine, Alfie. También le recordamos como el director de Shirley Valentine o Educando a Rita.

El séptimo amanecer es una película bélica rodada en el periodo de la Guerra Fría (y es importante tener esto en cuenta a la hora de analizar la trama  y el desarrollo de los personajes). También es una película sobre una Gran Bretaña colonial. Muestra otro aspecto de las consecuencias históricas de la Segunda Guerra Mundial. En este caso esta compleja trama transcurre en Malasia.

Los protagonistas son tres amigos que durante la guerra han unido unos lazos fuertes pero que los acontecimientos históricos posteriores y sus ideologías distintas (y sus planteamientos distintos de lucha) resquebrajarán su amistad, sus creencias y su felicidad. Por un lado nos encontramos con un militar estadounidense (William Holden) que se ha aliado con los malayos contra los japoneses. Después de la guerra decide quedarse en Malasia y convertirse en un empresario rico de caucho. A una hermosa malaya (Capucine) que cuando termina la guerra deja las armas y cree en construir su país desde la educación y la paz. Y por último un soldado malayo (Tetsuro Tamba) que cuando acaba la guerra decide irse a estudiar a Rusia y cuando regresa forma parte de las guerrillas comunistas malayas que luchan por la independencia y por la expulsión violenta de los británicos.

Hay un cuarto personaje que pulula en este drama bélico que es la joven británica (Susannah York), hija de un alto cargo británico que trata de realizar la transición de la independencia en Malasia (de colonia a país independiente) como le han dicho que lo haga, intentando evitar los actos de terrorismo (y comportándose como todo un colono ‘bueno’ y condescendiente que trata de dejar las mejores condiciones al país que deja Gran Bretaña…). La joven ‘crea’ una historia de enamoramiento con William Holden pero complica aún más el conflicto principal.

Hay varias escenas que sorprenden en esta película así como una buena banda sonora de Riz Ortolani. La primera secuencia es impactante y nos presenta a los personajes de una manera poco amable. Desde un helicóptero se está avisando del fin de la Segunda Guerra Mundial, mientras en plena selva se están realizando unas matanzas masivas se supone que a soldados japoneses… en cuanto se oyen estas palabras desde el aire las matanzas se paran… los tres protagonistas están presentes de manera activa en esta impresionante secuencia. Pronto en una despedida de tren vemos sus lazos amistosos y sentimentales (ambos hombres están enamorados de la mujer y ella ama a William Holden) y sus distintas formas y visiones de la vida.

La escena de la manifestación en bicicleta del pueblo malayo siendo cabecilla Capucine para exigir derechos a los británicos también está muy bien rodada. Así como el atentado en el edificio británico, la quema de un poblado por parte de los británicos o la primera aparición de Susannah York. La conversión del personaje de Capucine, con su belleza serena, en un personaje mártir y heróico con una secuencia delicada ante el séptimo amanecer del título… Sobre todo el ritmo de la película nunca decae… y tampoco un romanticismo trágico que empapa la película.

A un nivel extracinematográfico la película me interesaba por William Holden un actor que cada vez me gusta y me sorprende más. William Holden durante años realizó un tipo de papel que era el americano descreído y desencantado (pero profundamente romántico) en un exilio voluntario (y otras veces no). El hombre que se acerca a otras culturas y que busca sobre todo desarrollar su libertad pero que siempre encuentra diferentes obstáculos (o causas) que harán que las cosas en su vida se transformen. Este tipo de héroe en el exilio o trotamundos puede reseñarse en la película que hoy analizamos pero también en Traidor en el infierno, La colina del adiós, El puente sobre el río Kwai, El mundo de Suzie Wong o Espía por mandato. Otra cosa que me llamaba la atención (dentro de mi vena frívola) era ver a William Holden junto a uno de los amores de su vida la modelo del rostro bello y triste, Capucine. Ambos trabajaron en dos películas El León (1962) y ésta. Y dos años fue lo que duró el romance. Y creo que hacían una bonita pareja.

El séptimo amanecer es una película que ha caído en olvido pero ofrece muchos aspectos interesantes para analizar y disfrutar…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Incidente en Ox-Bow (The Ox-Bow Incident, 1943) de William A. Wellman

Setenta y dos minutos con el corazón en un puño y con la tensión como acompañante. Incidente en Ox-Bow era una asignatura pendiente. Una de esas películas de las que se leen un montón de artículos, estudios, análisis… y que siempre estás al acecho de poder verla. El momento ha llegado esta semana. Y sigo en estado de shock. Incidente en Ox-Bow es una muy buena película con alma, conciencia y corazón. Una de esas películas que ves una vez y ya no se olvidan (aunque ahora sé que la volveré a ver muchas veces).

Incidente en Ox-Bow es una película redonda. Muestra, por ejemplo, la fuerza de esos directores pioneros que crearon filmografías maestras, como William A. Welllman. Directores que probaron todos los géneros y que dominaban el lenguaje cinematográfico a la vez que lo inventaban. Wellman esta vez muestra el otro Oeste, no el épico, sino uno realista y oscuro. Un mundo duro y sin concesiones. Y para ello toma como base el material literario de Walter Van Tilburg Clark con el cual quedó subyugado. Luchó como un titán para que en un sistema de estudios le dejaran realizar un western de autor, y junto a Henry Fonda (uno de los actores de esta película coral), ambos lo lograron. Aunque tuvieron que sacrificarse y realizar otras películas sin rechistar. Cuando les preguntaban a ambos de qué películas de sus carreras cinematográficas se sentían orgullos: en sus listas se encontraba siempre Incidente en Ox-Bow.

El estudio, y Zanuck el productor que dio luz verde al proyecto, tuvo razón. La película no dio beneficio alguno. Eran tiempos oscuros. Segunda Guerra Mundial. Y los espectadores querían más evasión que realismo. No había especial deseo por ver la parte oscura de los seres humanos. Sólo el paso del tiempo ha velado por esta obra cinematográfica porque el impacto sigue intacto… Aunque sigue siendo de esos tesoros ocultos para que sea descubierto con deleite por nuevos espectadores.

Todo encaja. Nada sobra. Y te quedas totalmente hecho polvo porque su argumento es demoledor. El ‘incidente’ es un linchamiento a tres hombres. Y la tensión dramática no deja de crecer. Wellman es un maestro tal que hace que el espectador se desespere, junto a los reos, hasta que llega el momento culminante… el momento del linchamiento, que lo ‘ejecuta’ fuera de cámara. No hace falta… la intensidad dramática ha llegado a tal nivel que vivimos el ‘incidente’ de manera dura y terrible. Las tres sogas, el árbol, los caballos… su presencia nos ha ido horrorizando y enloqueciendo durante la espera. Nos damos cuenta de ese oscuro Oeste sin ley con la injusticia por compañera.

Todo se une para realizar la obra perfecta. Un buen guion. Una historia muy potente. Y una galeria de actores que merece una parada en el camino. Unas localizaciones sobrias: un pueblo de mala muerte y el propio lugar del linchamiento, Ox-Bow. La fuerza de una carta como elemento dramático. Las historias que se esconden, las subtramas. Un blanco y negro implecable… La lista de logros se hace extensa.

La increíble nómina de actores que están espectaculares es alargada. Muchos de ellos ya presentes en otros western, otros con extensas y variadas carreras o actores de carácter de los que se nos quedan más las caras que sus nombres. Y otros figurantes con rostros que no se olvidan que forman el grupo de linchamiento que tiene personalidad propia y que hace que dos escenas sean poderosas: cuando se mueven los únicos siete hombres que abogan por esperar al sheriff para que los tres reos tengan un juicio justo y la secuencia-magistral final de los hombres bebiendo en la barra del bar mientras escuchan la carta de uno de los reos que lee Henry Fonda.

Los tres reos tienen el rostro de Dana Andrews, Anthony Quinn y Francis Ford (sí, hermano de John Ford). Los tres se encuentran con una acusación popular de robo de ganado y asesinato. Andrews compone a un granjero sensible y trabajador que no puede creer lo que le está ocurriendo, la injusticia que está padeciendo. Nos deja las escenas más conmovedoras y es el que escribe la carta. Anthony Quinn deja ver su arrolladora personalidad como un mexicano con mucho vivido y Francis Ford es el abuelo al que ya se le va la cabeza pero que trata de sobrevivir, desesperado, hasta el final.

Del grupo de linchamiento: los siete justos y los demás. Hay varios rostros que sobresalen. Los dos vaqueros que llegan al pueblo de mala muerte en sus papeles de héroes ambiguos que terminan uniéndose a la partida pero en parte para no ser sospechosos ellos mismos… Los dos van evolucionando sobre todo el que tiene el rostro de Henry Fonda (no necesita presentación), porque son conscientes de que lo que va ocurrir es absolutamente una locura. El compañero de Fonda es Harry Morgan, actor de larguísima trayectoria profesional, que logró ser un rostro popular a partir de la película y la serie de MASH.  La única mujer del grupo es Jane Darwell, dura como la piedra y con muchas ganas de muerte… una instigadora nata. Darwell clava su papel quedando muy lejos su caracterización de Mamá Joad (Las uvas de la ira). Por ahí nos encontramos también al comerciante justo (que trata durante toda la película que el grupo no pierda la cabeza) con el rostro de Harry Davenport (¿alguien le olvidó como el doctor en Lo que el viento se llevó).

Y otros muchos rostros y cada uno de ellos arrastra su historia. Como el mayor Tetley (Frank Conroy), un antiguo confederado, mezquino y sanguinario, obsesionado en hacer duro a su sensible hijo (William Eythe). O el alcohólico del pueblo que sólo se siente parte del grupo en estos momentos sanguinarios. Ese juez pusilánime o ese hombre que vive traumatizado porque vio el linchamiento de su hermano y encuentra consuelo en la religión. O esa chica de saloon que era la chica de los sueños de uno de los vaqueros… que no espera al héroe sino que prefiere abandonar ese pueblo y marcharse bien situada a la ciudad. O el vaquero que quiere vengar al amigo muerto de manera ciega con una insaciable sed de venganza… porque quizá no tenga otra cosa que hacer…

Cuando termina Incidente en Ox-Bow te das cuenta de que apenas has podido respirar. Que te encuentras absolutamente crispado. Cuesta relajarse… Es una joya que no hay que perderse. Nunca olvidaremos Ox-Bow.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Centauros del desierto (The searches, 1956) de John Ford

El otro día frente a una pantalla grande (qué gozada pensar que volvemos a ver en cines y no sólo en salas especializadas películas de otros tiempos) caminé junto a los Centauros del desierto…

Y muchas impresiones regresaron a mis ojos…

Centauros del desierto es una película compleja en la que llueven matices y reflexiones.

Ojos azules

Una copia que me devolvió los colores. Me emocioné ante los atardeceres, los crepúsculos y amaneceres… los centauros atravesando un paisaje recurrente en la memoria cinéfila. No pude resistir la curiosidad de disfrutar de cada detalle nítido en los interiores…Pero sobre todo viví el esplendor de unos ojos azules… Cuando entra por primera vez en escena Martin Pawley, ese muchacho adoptado por la familia de Ethan con sangre cherokee en sus venas.

Las puertas

Un relato circular. Una puerta que se abre, una mujer se asoma y se anuncia el regreso de Ethan. Una puerta que se cierra en la que entran hombres y mujeres con una vida por la que seguir luchando, todo continúa, y deja a un solitario Ethan que se marcha, se aleja… Una puerta que se cierra tras su estela. Y entre medias, el relato de una epopeya, de una odisea. De una búsqueda. De una transformación. Del paso lento del tiempo. Del cambio de las estaciones y los ciclos de la vida.

La muerte

Siempre presente. A lo largo de todo el metraje. La muerte de los seres queridos. El dolor de la ausencia y de las palabras nunca dichas. No mostrar la crudeza de la muerte. El odio que genera la muerte provocada, no esperada. El deseo de venganza y la inutilidad de ese sentimiento… que puede conducir a otra muerte. El continúo encuentro con ella.

No vemos la muerte de Martha ni la de los miembros de su familia. Pero intuimos el horror. Ethan entra en una parte de la casa quemada tras el ataque y sale desencajado, no permite que Martin entre a mirar lo que le ha pasado a Martha. Asistimos primero al entierro de Martha, su esposo (hermano de Ethan) y su hijo. Ethan no quiere oraciones, quiere venganza y encontrar con vida a sus dos sobrinas.

… Ethan nos evita también el encuentro con el cadáver de su sobrina mayor. Lucy. Pero intuimos lo horrible de su muerte en la forma de comportarse de Ethan… en ese abrigo que ha ‘perdido’. Cuando realiza la confesión a Martin y a Brad, el novio de Lucy, el joven enamorado no puede evitar la ira y cabalga tras una muerte segura…

Venganzas más allá de la muerte. Ethan dispara a los ojos del cadáver de un indio… porque según sus creeencias necesitan los ojos para no vagar su alma para siempre en la tierra…

Encuentran el cuerpo inerte y muerto de una india que ha acompañado a Ethan y Martin en un momento de su búsqueda… Y ambos lamentan la muerte de una persona que no había hecho daño a nadie…

… más muertes siembran el metraje…

El amor

Una Martha que acaricia el abrigo de su cuñado, sin saber que hay un testigo.

Un Ethan siempre suave con su cuñada.

Una historia de miradas.

Un amor imposible.

Un amor de un outsider que nunca está en el mismo sitio. Una mujer que espera pero que finalmente renuncia al amor de su vida… Un outsider que ama pero su naturaleza (no echar raíces) hace que deje constantemente al amor de su vida (pero también le deja con la certeza que tiene un sitio donde regresar).

Una historia que puede repetirse, de manera paralela, con el joven Martin y la joven Laurie…

Quizá el amor es lo que le hace en un instante replantearse el destino de su sobrina Debbie… El odio feroz se transfigura. Y decide apostar por seguir teniendo un sitio donde regresar aunque siempre se marche… En dejar viva una huella de Martha…

El humor

En la vida hay tragedia. Pero también hay humor. Situaciones divertidas. Personajes que provocan siempre una sonrisa. El humor es un arma de supervivencia.

Momentos vividos junto al padre Samuel Clayton o Mose Harper, un hombre con la locura por compañera (correcaminos de profesión) que sólo quiere una mecedora junto a una hoguera, un hogar.

Peleas, celos y confusiones que llenan la historia de guiños y complicidades. Que nos hacen descansar de la tensión acumulada… A veces la relación entre Ethan y Martin se convierte en comedia… sin estos momentos sería difícil para los dos soportarse en mutua compañía. El paso de un Martin que se va convirtiendo en hombre hecho y derecho a base de bofetadas… se relaja y provoca sonrisa y ternura cuando asistimos a su tímida historia de amor con Laurie.

Ethan

En el último número de la revista Caimán. Cuadernos de cine hay un artículo de Santos Zunzunegui (titulado Palimpsesto Ford) donde da con la clave del personaje: “la sociedad crece sobre el ‘trabajo sucio’ que algunos outsiders llevan a cabo sin que esa misma sociedad quiera saber nada de ello”. Una frase compleja, una reflexión difícil… pero que resume la radiografía de Ethan.

Un hombre complejo con todos los ingredientes para que el espectador no empatice en absoluto con él y sin embargo dolorosamente humano… Un hombre que no echa raíces en ninguna parte pero que no se rinde en la lucha contra mundo hostil (aunque a veces él sea el más hostil de todos). Un personaje contradictorio, odia a los indios y sin embargo sabe todo sobre ellos. Mataría a su sobrina porque considera que ya no es una mujer blanca y sin embargo sabe que es lo único que puede asegurarle una puerta donde llamar. Desprecia a Martin y sin embargo sabe que es la única persona que le es leal… y así un largo etcétera de contradicciones.

Ethan es un personaje fordiano absolutamente rico en matices y muy difícil de analizar. Nos pone sobre la mesa muchas reflexiones incómodas.

Rituales

Centauros del desierto planea por la vida cotidiana de sus personajes en un periodo histórico difícil. Cena en familia. Desayuno con vecinos. Entierro. Ayudar al herido. Echar una mano al vecino. Una comunidad que trata de solucionar los conflictos que surgen. El baile. La boda. La pelea entre hombres. El cortejo. La lectura de una carta. Tocar la guitarra. Una familia que acoge al que se queda sin familia. Una hamaca junto a la hoguera. Un plato caliente. La puerta abierta para el que llega de fuera…

Las cartas

Familias que viven aisladas. Y saben de los ausentes a través de las epistolas. Las cartas. Hojas de papel que aportan información, captan vida, explican hechos. La escritura. El relato de lo vivido. La lectura alrededor de unos oyentes que esperan avidos noticias. La escucha. El ritual. El paso de los días, de los años. El encabezamiento y la despedida. La espera. La explicación de la realidad vivida.

Los indios

Los indios, los otros. Scar y los suyos… enemigos. El conflicto. La lucha entre dos pueblos que viven en el mismo terreno. La lucha. Unos ya estaban; los que llegan arrasan, conquistan sin tregua. Cómo se generan los odios. Y las muertes. Gotas de posibilidad de un diálogo. De posibilidad de acercamiento. Muchas frustraciones. Los otros, los indios, reflejados como colectivo. Sin apenas individualidades (tan sólo el jefe indio Scar y la mujer india que convive unos días con Ethan y Martin).

La clave: enfrentamiento Ethan y Martin

Y aquí está el meollo. Lo doloroso de Centauros del desierto. Cómo el ‘trabajo sucio’ de outsiders como Ethan, de hombres solitarios que pueden generar odio por su manera de pensar y actuar fueron los artífices y pioneros de la conquista del Oeste… una conquista llena de sombras y oscuridades. De injusticias y terrores. No sólo Ethan es contradictorio o complejo (asustados podemos quedarnos ante la dureza que muestra Laurie en una conversación con Martin hacia una Debbie todavía no rescatada). Centauros del desierto presenta dos maneras de enfrentarse a esa conquista: la dureza de pioneros como Ethan o la mezcla, el diálogo y el acercamiento de tipos como Martin.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La mujer pirata (Anne of de Indies, 1951) de Jacques Tourneur

… parece ser que existió una mujer pirata llamada Anne Bonny… pero esta Anne la que tiene cara de Jean Peters es la mujer pirata del universo Tourneur. Nada que ver con la Historia. Una Anne que pese a los colores que la rodean esconde una historia de desamor. Una mujer transparente, dura y salvaje que pierde los estribos por amor… y los recupera porque es mujer libre, enamorada y trágica. Y es que Tourneur en sus películas de terror junto a Val Lewton… ya reflejaba lo trágico que podía suponer el ser mujer enamorada. Y en el cine negro reflejó las sombras de una historia de desamor y rechazo… pero también lo divertido que podía ser el cine de aventuras.

La mujer pirata es un cóctel de desamor, corazones rotos, aventura, tesoros, abordajes, sacrificio, redención, pasión, tristeza, amistad, espadas, botines, venganzas, enfrentamientos, cañonazos y muerte… a todo color. Grandes barcos, piratas míticos como Barbinegra, doctores fieles, bellas esposas… y el hombre amado, el francés, hermoso y herido. Seductor. Hombre. Apuesto y romántico. Traidor. Encantador. Rompe el corazón de la mujer pirata que siempre había caminado con mil y una corazas. El francés la vuelve vulnerable. Y le hace descubrir una faceta suya que no conocía o que no había dejado aflorar. Por eso, cuando se de cuenta de que todo es mentira… Anne se convierte en leona despechada que quiere la venganza. Quiere hacer daño a lo que más ama su amante… su auténtica esposa. Pero llega la mala conciencia… descubre que no puede odiar a aquel a quien ama. Y llega su redención en el sitio que sí que ama, el mar…

La mujer pirata de Tourneur tiene el aire de las viejas películas de aventuras, el encanto de las de piratas y el romanticismo de un cine casi negro o tenebroso… Entre abordajes, borracheras, mares e islas paradisiacas o desiertas se cuenta la historia de una mujer que se quita corazas y aprende que puede amar aunque duela.

La mujer pirata es una Jean Peters, morena y guerrera. Luchadora con espada y garras. Siempre con pantalones y pañuelos en la cabeza… que cuando se enamora siente deseo de ser coqueta aunque se ría de ello. Su rival será una hermosa Debra Paget, toda una dama seductora que se sabe amada… y en su enfrentamiento con la pirata sabrá echárselo en cara.

El ‘objeto’ de disputa de ambas damas es un hermoso francés Louis Jourdan que luce hermoso en cada escena y ‘objeto del deseo’. Louis Jourdan supo reflejar como nadie el hombre que enamora y rompe corazones (que a veces oculta una parte oscura).

Y la voz de la conciencia de Anne es el escéptico doctor. Y crea personaje maravilloso el veterano Herbert Marshall… que será testigo de la transformación de la salvaje mujer pirata en mujer enamorada. De mujer enamorada a mujer despechada. De despechada a mujer vengativa y desesperada. Y después en mujer libre y de nuevo redimida y enamorada…

Así Tourneur logra que el espectador se vaya a un mundo de piratas, surque los mares, vaya a cantinas y visite preciosas playas. Sea protagonista de pasiones y traiciones. Sea testigo de amistades rotas y también de lealtades. Logra que nos subamos a un barco con un pañuelo en la cabeza y una espada en la mano y que divisemos la inmensidad de los mares…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El capitán Newman (Captain Newman, 1963) de David Miller

Hay películas que no son redondas pero sí muy interesantes de analizar. Por ejemplo El capitán Newman, una olvidada película de los años sesenta que sin embargo llama sobre todo su atención por el tema tratado. No son muchas las películas que se centran en las psecuelas psíquicas que arrastran los hombres que participan en una guerra. Secuelas que a veces tienen que llevar sobre sus hombros para siempre…

El capitán Newman transcurre en una unidad de psiquiatría de un hospital militar americano durante el final de la Segunda Guerra Mundial. Y el capitán del título es su entregado director interpretado por Gregory Peck. Su capitán Newman rezuma humanidad y entrega por los enfermos psíquicos de su unidad. Es un papel al que Peck saca todo su jugo y una interpretación muy adecuada después de su abogado en Matar un ruiseñor…

El capitán Newman es la adaptación cinematográfica de una novela de Leo Rosten y cuenta con un buen reparto de actores. David Miller, un director de trayectoria irregular, apuesta por escenas de un intimismo doloroso (cuando se centra en la realidad de los enfermos psíquicos) y otras de una cotidianeidad donde refleja el día a día de los doctores, enfermeros y enfermos donde se entremezcla lo cómico y lo dramático. A veces esta mezcla resiente el resultado de la película y otras veces es un acierto. Es una película coral donde hay personajes magníficamente trazados y otros que se quedan en el intento.

Así además del tema tratado de una manera delicada dando muchísima importancia a los enfermos de salud mental que genera una guerra y a su tratamiento (aunque se den licencias cinematográficas… que puede que entre profesionales de salud mental generen un interesante debate), El capitán Newman expone esta problemática de una manera intimista. Y expone temas duros como el dilema del capitán que sufre por aquellos que no puede curar y duda por aquellos a los que logra fortalecer de nuevo mentalmente para  volver a enviarlos a la guerra… y que fallezcan.

En el reparto se encuentran dos grupos claramente diferenciados: el cuerpo médico (y los altos mandos que obtaculizan su trabajo) del pabellón 7 y los militares con problemas de salud mental más extremos. En el cuerpo médico destacan los rostros de Gregory Peck, de Angie Dickinson (como enfermera jefe y contrapunto amoroso que se convierte en compañera perfecta de Newman) y Tony Curtis como un asistente lleno de vitalidad (aunque se hace siempre mención de una tristeza presente… pero no se ahonda en ese aspecto) que empatiza con todo el mundo (médicos y enfermos) y sería el que tiene a su cargo las escenas cómicas de la película (que a mi parecer a veces no funcionan).

La sorpresa sobre todo llega con el reparto de los enfermos de salud mental. Los casos extremos son el del coronel Bliss, el cabo Tompkins y el capitán Winston. Son los que hacen que la película merezca la pena. Los momentos en los que ellos aparecen la película gana. El coronel Bliss es interpretado por Eddie Albert quien construye un personaje durísimo y lleno de matices… Su desconexión de la realidad es escalofriante. Eddie Albert es recordado sobre todo por ser el amigo fotógrafo de Peck en Vacaciones en Roma.

Al cabo Tompkins lo interpreta el cantante Bobby Darin y sale bien del empeño en un papel complejo. En la escena de la regresión hace que el espectador se angustie de la trágica historia que cuenta…Y por último el capitán Winston cuenta siempre con un magnífico Robert Duvall. Su personaje está en estado catatónico y desde que entra por la puerta capta nuestra atención.

El capitán Newman es de esas películas que se ven con gusto por la riqueza de su propuesta temática.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.