
Fredric March y Kim Novak, brillan en sus personajes tan humanamente imperfectos en En mitad de la noche.
Escribir sobre En mitad de la noche es detenerse, sobre todo, en cuatro nombres. En Hollywood, durante los años cincuenta, surgió una generación de directores que se formaron en televisión y que luego en su salto al cine apostaron por el realismo a la hora de plasmar sus historias. Uno de ellos fue Delbert Mann. Pero también hubo un guionista y dramaturgo que llevó primero sus realistas guiones a la televisión y a los escenarios para dar después un buen salto al cine: Paddy Chayefsky. Lo cierto es que no es la primera vez que visita este blog.
Paddy trabajó varias veces con Delbert Mann y consiguieron una primera película realista y recordada, Marty (1955), que trasladaba a la pantalla de cine una trama que ya habían trabajado en un mediometraje en la televisión. Después siguieron sorprendiendo por el tratamiento de los temas que iban eligiendo y las anécdotas de personajes que nunca habían sido protagonistas de una película en La noche de los maridos (1957). Su tercera colaboración en la pantalla de cine fue la película que hoy comento, En mitad de la noche (Middle of the Night, 1959), una amarga y triste historia de amor, que tiene como baza la autenticidad y sinceridad de lo que acontece.
No es una película cómoda y su realismo tiene un tratamiento duro. De tal manera, que sus personajes son patéticamente imperfectos en su búsqueda de la felicidad y su intento de huir de la soledad y la decrepitud. Paddy Chayefsky adapta para el cine una de sus obras de teatro: el encuentro entre dos almas solitarias que intentarán contra viento y marea quererse, comprendiéndose el uno al otro. Y no lo tendrán fácil.
