En mitad de la noche (Middle of the Night, 1959) de Delbert Mann

Fredric March y Kim Novak, brillan en sus personajes tan humanamente imperfectos en En mitad de la noche.

Escribir sobre En mitad de la noche es detenerse, sobre todo, en cuatro nombres. En Hollywood, durante los años cincuenta, surgió una generación de directores que se formaron en televisión y que luego en su salto al cine apostaron por el realismo a la hora de plasmar sus historias. Uno de ellos fue Delbert Mann. Pero también hubo un guionista y dramaturgo que llevó primero sus realistas guiones a la televisión y a los escenarios para dar después un buen salto al cine: Paddy Chayefsky. Lo cierto es que no es la primera vez que visita este blog.

Paddy trabajó varias veces con Delbert Mann y consiguieron una primera película realista y recordada, Marty (1955), que trasladaba a la pantalla de cine una trama que ya habían trabajado en un mediometraje en la televisión. Después siguieron sorprendiendo por el tratamiento de los temas que iban eligiendo y las anécdotas de personajes que nunca habían sido protagonistas de una película en La noche de los maridos (1957). Su tercera colaboración en la pantalla de cine fue la película que hoy comento, En mitad de la noche (Middle of the Night, 1959), una amarga y triste historia de amor, que tiene como baza la autenticidad y sinceridad de lo que acontece.

No es una película cómoda y su realismo tiene un tratamiento duro. De tal manera, que sus personajes son patéticamente imperfectos en su búsqueda de la felicidad y su intento de huir de la soledad y la decrepitud. Paddy Chayefsky adapta para el cine una de sus obras de teatro: el encuentro entre dos almas solitarias que intentarán contra viento y marea quererse, comprendiéndose el uno al otro. Y no lo tendrán fácil.

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Deseo bajo los olmos (Desire under the elms, 1958) de Delbert Mann

Deseo bajo los olmos

Una de las parejas más improbables del cine…, pero con mucha química

Un cuento oscuro sobre un padre vital y brutal que va enterrando físicamente a sus mujeres y espiritualmente a sus hijos en una granja-cárcel. O una gran tragedia griega de pasiones desatadas donde un dios colérico va sembrando la desgracia. Promesas, venganzas, huidas, odios, regresos, pasiones desatadas, soledades y el asesinato más cruel que pueda jamás concebirse… para demostrar con fatalidad un amor infinito y entregado. Todo está encerrado en Deseo bajo los olmos, extraña y olvidada película de Delbert Mann, que cuenta además con una de las parejas cinematográficas más improbables, Sophia Loren y Anthony Perkins, pero no solo creíble, sino con un erotismo y una sensualidad que hace más especial todavía toda la ambientación de la historia. Su fuente de inspiración es una obra de teatro, con el mismo título, del dramaturgo Eugene O’Neill. No faltan, por tanto, los ecos de esas familias trágicas y desgarradas que O’Neill creaba para los escenarios.

Delbert Mann es uno de los directores de la generación de la televisión y desde su debut en los cines con Marty su carrera iba ascendiendo. Continuó de la mano del guionista Paddy Chayefsky, pero en 1958 adaptó dos obras teatrales para llevarlas a la pantalla, y detrás de ellas no estaba la mano original de Chayefsky. Por una parte, la tragedia de O’Neill (que lo convertiría en guión el escritor Irwin Shaw), y por otra una obra teatral coral del británico Terence Rattigan, que dio como resultado una película redonda y delicada, Mesas separadas.

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