Denys George Finch Hatton: llévame contigo por tierras desconocidas. Yo te contaré historias al oído. Relatos que nunca imaginaste. El gramófono fue un regalo inolvidable…, la música rodeaba mi granja en África. Volaremos siempre muy alto en una avioneta que no aterriza. Bailemos ajenos a todo. En la noche, a la luz de las estrellas. En fiestas donde nadie nos importa. No me prives de tu sonrisa. No me prives de los silencios.Siempre sentada, brújula en mano y con la pluma llena de tinta, emborrono páginas recordando tu libertad. Lo entendí demasiado tarde…, sólo quería que compartieras un poco de esa libertad conmigo. Te dejé en las montañas, las leonas cuidan y velan tu tumba. A mí me dejaste los recuerdos: tus manos lavando mi pelo. No me olvides donde quiera que estés. Tu Karen (aunque sé que nunca te gustaron los posesivos).
Chester Himes, la cárcel y el cine
Llevo días inmersa entre las páginas de una novela fascinante: Por el pasado llorarás de Chester Himes. Este autor afroamericano alcanzó la inmortalidad por sus novelas de serie negra. En 1928 ingresó en prisión por robo a mano armada con una condena de 20 años. Durante su estancia, empezó a escribir relatos cortos y a publicarlos. Salió del centro penitenciario en 1935. Como dato curioso, Chester Himes vivió desde 1969 hasta su muerte en 1984 en Moraira, Alicante.
Esta experiencia carcelaria la vomita en Por el pasado llorarás. Una obra dónde plasma a la perfección el día a día encerrado entre cuatro paredes. Debido a mi trabajo como periodista, los que me conocen ya saben qué tipo de periodismo hace Hildy (y quienes no lo sepan les vuelvo a invitar a que vean Luna Nueva), he hablado con muchos hombres que han estado en la cárcel. Y muchas de sus anécdotas, sensaciones y vivencias se parecen a las que describe Himes (aunque hay que tener en cuenta los años treinta y el tipo de cárceles que había en esos momentos).
Tres aspectos destacaría de la novela (por no quedarme con todos). El poder de salvación que tiene la palabra, cómo el protagonista Jimmy Moore encuentra una salida a la brutalidad, deshumanización y monotonía a través de la escritura.La descripción que realiza Himes, llena de poesía y belleza, de las relaciones homosexuales del protagonista con otros presos, sobre todo la que establece con otro presidiario llamado Rico.Y, tercero, y la razón por la que hablo de este libro en este blog, la presencia del cine en el centro penitenciario. Y su efecto entre los presos. Una joya que me ha llegado muy hondo.
Y, leyendo las páginas que dedica al cine en el centro penitenciario, no puedo olvidar una película de Preston Sturges del año 1941, Los viajes de Sullivan, una joya de la comedia y del cine dentro del cine. La obra cuenta la historia de un famoso y millonario director de comedias, John Sullivan, que quiere realizar “algo épico sobre la miseria”. Ni corto ni perezoso, Sullivan decide viajar como un sin hogar para experimentar lo que quiere plasmar en la pantalla. El director, en su momento, explicó que “cuando empecé a escribir la película no tenía idea de lo que Sullivan iba a descubrir. Poco a poco le fui quitando todo –salud, fortuna, nombre orgullo y libertad–. Cuando llegué hasta allá encontré que todavía le quedaba una cosa: la capacidad de reír. Así que, siendo un proveedor de risas, recuperó la dignidad de su profesión y volvió a Hollywood a hacer reír”. En este viaje a la miseria, Sullivan termina en una cárcel brutal y deshumanizada. Un día llevan a todos los presos a disfrutar de una proyección cinematográfica en una parroquia protestante de población negra muy humilde. Todos juntos se convierten en espectadores de un corto de Walt Disney. Viven un momento mágico. Todos ríen ante las desventuras del perro Pluto. Los presos olvidan su situación y, por un momento, Sullivan se descubre llorando de la risa. Preston Sturges, en su idea inicial, hubiera querido para esta escena una parte de La quimera de oro de Charles Chaplin, pero hubo problemas con los derechos de autor entre los estudios y no pudo ser. Quizá hubiera tenido mucho más fuerza esta escena de la que ya tiene con los presos riendo a carcajadas ante las vicisitudes de un sin hogar de celuloide, Charlot. Cuando Sullivan logra asentarse de nuevo en Hollywood, se da cuenta de la importancia de hacer reír y vuelve a trabajar orgulloso en lo que sabe hacer: comedias.
Regresando, de nuevo, a la novela Por el pasado llorarás. Los presos pueden huir de la realidad a través de las películas sonoras del momento. Viven las historias de celuloide y se dejan llevar por los rostros de sus actrices y actores favoritos. También, tienen oportunidad de recuperar las canciones y la música. Y se emocionan ante las imágenes de la pantalla.
En uno de los capítulos, Chester Himes nos habla de la fascinación de los presos ante películas como El gran desfile, Cabalgata, El virginiano, Vampiresas de 1933 o Adiós a las armas. Y cómo los condenados suspiran por Nancy Carrol, Clara Bow, Helen Kane, Helen Hayes o Joan Crawford. O, cómo se sienten identificados con Will Rogers, Fredric March, Richard Arlen, Maurice Chevalier, Louis Wolheim, George Raft o Clive Brook.También, narra el entusiasmo que despertaban las canciones de Bing Crosby o las risas que producían Laurel y Hardy.
Al protagonista del libro, Jimmy, las películas le alejan de su realidad brutal. Lo humanizan. Le hacen sentir y emocionarse…, pero también le resulta duro cuando se encienden las luces y tiene que regresar a la celda. El telón vuelve a subirse, la realidad monótona y cruel, regresa… como un puñetazo.
(Por el pasado llorarás, colección Zona Negra, Punto de Lectura, Madrid 2005)
Preguntas de cine
¿No creéis que las personas que forman el equipo que hace una película son los nuevos trovadores?
¿No os sentís hipnotizados ante las imágenes de cine?¿No es como asistir a una sesión de cuentacuentos individual con la posibilidad de transportarte al túnel del tiempo y el espacio?
¿No creéis que una buena historia cinematográfica, enriquece las horas del día?¿No os ayuda a salir de la monotonía y el aburrimiento?
¿Los guionistas no son los carpinteros de la palabra, los constructores de catedrales de sueños y rostros?
¿No son los actores, los dueños de la palabra y el gesto, aquéllos que trasportan las vidas de otros, los señores de los personajes…?
¿No es la sala de cine o el salón de tu hogar el mausoleo de la ficción, de la otra cara del mundo?
Diccionario cinematográfico (24)
Terror: un cuchillo traspasa la cortina de una ducha o destroza una puerta. Un grito rasga la noche. ¿Será Norman Bates?¿O es la locura que ya ha visitado a Jacky Torrance? Un aullido surge de la nada y envuelve la luna llena. El hombre lobo camina perdido. Una mujer duerme, tranquila, en su cama blanca. Con el cuello descubierto. No sabe que pronto, tal vez sólo en unos segundos, unos seductores colmillos succionarán su yugular…y será una muerta en vida. Una niña, inocente, deshoja una margarita, y mira con ternura a un Frankenstein tierno y perdido… un monstruo atemorizado con la fuerza y la muerte en las manos. La momia no sabe qué hacer con una maldición que la hace inmortal. Ya ha perdido la cuenta de los siglos y las fechorías. Carrie se cansó de ser una adolescente buena y virginal…, ya no quiere que la hagan daño, y sale toda su furia y mala leche, en poderes telequinéticos. Pero más asusta una canción de cuna lejana, tal vez el diablo se encaprichó de una joven neoyorquina y en ella quiere plantar una semilla. El terror persigue en forma de llamada insistente de teléfono, en oscuridad con visitante, en fantasma del pasado o en asesino en serie que no se rinde a la hora de matar. El pánico se apodera de una víctima, y mientras, el asesino disfruta con una fotografía de un cuerpo inerte. Un niño o niña adorable pueden transformarse en el mal…, y destrozar lo que pase por su lado. Da igual que tengan que exterminar a un padre, a una madre o a un hermano.No, prefiero el terror en los brazos de King Kong, me asusta por gigante pero le quiero por tierno. Con sus manos grandes sé que trataría de no hacerme daño…, sino de crearme una casa.
Crítica Bajo las estrellas
Alberto San Juan es Benito Lacuza… un soñador en el tobogán del vacío. Vive en Madrid, mejor dicho, sobrevive entre chapuza y chapuza, pasa los días entre gotas de alcohol en un estado semi inconsciente, trabaja como camarero mientras sueña en ser un gran trompetista de jazz. Un día regresa al pasado. Su padre se muere y tiene que regresar a Estella, a su Navarra natal. Reencontrarse con el paisaje, con el pasado, con su hermano Lalo (Julián Villagrán), el Hierros, con la cuadrilla…, con la Nines (Emma Suárez), aquella con la que vivió locuras adolescentes. Los dos heridos y tocados pero sobrevivientes. Ahora, la Nines sale con su hermano, una buena persona que vive en el mundo de sus esculturas al aire libre… que se cayó una y otra vez entre litros de alcohol por pensar demasiado, por querer demasiado, por no herir… pero él, no puede evitarlo, se rompe cada día.
Benito conoce a Ainara, la hija de Nines, y la necesita. Necesita a esa niña, que es su ‘puerquita’, la niña es una salida a su vida sin rumbo. De pronto, encuentra un sentido a la existencia. Puerquita le espera.
Y, de pronto, encuentra otra oportunidad… ve que bajo las estrellas quizá pueda aferrarse a otro rumbo. Quizá, la trompeta y la música le sirvan porque ya tiene quien le escuche.
Benito ama a Lalo, Lalo ama a Benito. Y los dos se rompen un poco más por la culpa. Lalo, el Hierros, se derrumba. Las buenas personas cometen errores y tienen que enmendarlos cueste lo que cueste. Lalo quiere a un hermano feliz, Lalo necesita sentirse tranquilo consigo mismo. El Hierros se da cuenta que hay ciertos errores que tienen difícil solución. Y busca el camino para sentirse bien, para que la conciencia no le venza, sabe que el alcohol le deja momentos de lucidez y que él no puede ser feliz… decide echarse a un lado y dejar caminar a Benito, a Nines –la mujer amada– y a la niña Ainara.
Félix Viscarret se estrena como director de largometrajes con una adaptación poética de El trompetista del Utopía de Fernando Aramburu. Y, nos deja, a un Alberto San Juan, bello y roto, que deambula bajo las estrellas con la notas de Stella by starlight y la voz desgarrada de Enrique Morente.
Cine y participación social
Mis queridos y desconocidos lectores (los que me visitéis alguna vez) os anuncio un ciclo que empezará los lunes y jueves del mes de julio en La Casa Encendida que espero os interese. Aquí, Hildy, ha participado mucho durante este año para que este sueño salga adelante. El ciclo se ha llevado a cabo gracias a la Fundación RAIS (organización que trabaja desde 1998 con personas en riesgo o situación de exclusión social) junto a La Casa Encendida. Servidora ha tratado de seleccionar películas y ponentes de interés para dar vida a los coloquios que habrá después de las proyecciones. Ya sabéis que el cine abre puertas, puntos de vista, otros mundos, otras perspectivas y espacios de reflexión y debate. Os espero.
De momento, os facilito la programación con las películas, los ponentes, y los horarios. Cada día os recordaré la película que se proyecta al día siguiente. (La Casa Encendida. Sala audiovisual. Ronda de Valencia, 2. 28012 Madrid. Las entradas -porque hay muy poco aforo y así se puede reservar un sitio- son 2 euros)
El educador y la exclusión social
Lunes 2 de julio
19.00 h.
Presentación ciclo: José Manuel Caballol (Director General de la Fundación RAIS)
Con la participación de: Pedro Cabrera (profesor de Sociología en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid) e Isabel Allende (Directora de Comunicación, Relaciones Externas y Voluntariado de la Fundación RAIS).
Hoy empieza todo, de Bertrand Tavernier. Francia, 1998. 117 min.
Daniel es director de un centro de educación infantil en una región que sufre una alta tasa desempleo. Frente a la rigidez del sistema educativo y a la burocracia de las administraciones públicas, Daniel, las profesoras y una trabajadora social luchan por desarrollar su labor y porque los niños reciban una educación adecuada. Muchos de los problemas con los que se encuentran están fuera de la escuela.
El realizador Bertrand Tavernier mostró con su especial mirada la realidad social francesa y algunos episodios de la historia del país durante los años noventa. La exclusión en L 627 (1992), el pesimismo en la juventud en La carnaza (1995) o las consecuencias de la guerra en La vida y nada más (1989) o Capitán Conan (1996).
El trabajador social y la salud mental
Jueves 5 de julio
19.00 h
Con la participación de: Beatriz Vera Poseck (psicóloga y autora de Imágenes de la locura. La psicopatología en el cine) y José Manuel Caballol (psicólogo de Fundación RAIS)
Elling, de Peter Naess. Noruega, 2001. 90 min.
Tras pasar dos años en un hospital psiquiátrico, Elling y su compañero de habitación, Kjell Bjarne, van a volver al mundo aparentemente «normal». Los dos se mudan a vivir a un apartamento del Estado. Gracias al seguimiento de un trabajador social, a una mujer embarazada, a un anciano poeta y a su miedo de que les envíen de nuevo al hospital, los dos compañeros y amigos irán superando sus fobias y miedos. Elling y Kjell luchan día a día por vivir como todos, en su hogar.
Elling es la segunda película como director de Peter Naess. El director primero realizó una adaptación al teatro de una novela de éxito en Noruega y después la trasladó al cine. Así nació Elling, una historia sobre dos personas con problemas de salud mental que a través de la amistad y el apoyo de otras personas logran sobrevivir en el día a día.
El psicólogo y la exclusión social
Lunes 9 de julio
19.00 h
Con la participación de: Javier Urra (psicólogo forense de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y coautor de Jauría Humana: cine y psicología) y Teresa Gómez Moraleda (vicedecana del Colegio de Trabajadores Sociales de Madrid y trabajadora social en un equipo de orientación psicopedagógica de atención temprana)
El indomable Will Hunting, de Gus Van Sant. EEUU, 1997. 126 min.
Will Hunting es un joven que cuenta con una capacidad intelectual elevada y una facilidad innata para las matemáticas. Will vive solo en un barrio marginal. Como la mayoría de sus amigos, realiza trabajos mal pagados, pasa tiempo en los bares y tiene problemas con la Ley. Mientras trabaja en la limpieza de una prestigiosa Universidad, resuelve un difícil problema de matemáticas. Un catedrático descubre su genio y cuando Will es detenido y encarcelado tras una pelea, el profesor lo toma bajo su tutela. Una de las condiciones que le ponen desde instituciones penitenciarias, es que Will debe seguir un tratamiento psicológico. El catedrático acude a un terapeuta y profesor de psicología, Sean, que ha vivido en el mismo barrio de Will.
El interesante realizador norteamericano siempre ha sorprendido con retratos de la juventud en notables películas como Drugstore cowboys (1989), Mi Idaho Privado (1991), Descubriendo a Forrester (2000) o Elephant (2003).
Ante las dependencias
Jueves 12 de julio
19.00 h
Con la participación de: Gerardo Herrero (productor y director de cine) y Eusebio Megías (director técnico de la FAD)
Mi nombre es Joe, de Ken Loach. Francia / Alemania / Italia / España / Gran Bretaña, 1998. 105 min.
Joe, un parado que ha sido alcohólico durante años, ha dejado de beber. Desbordante de energía dedica buena parte de su tiempo a entrenar al peor equipo de fútbol de Glasgow con jóvenes con distintos problemas sociales. Cuando surge el amor por Sarah, una terapeuta que vive fundamentalmente para su trabajo en un centro de planificación familiar, deberán aprender a proteger su amor en un mundo en el que las opciones vitales nunca son fáciles.
Ken Loach y su guionista habitual Paul Laverty miran la realidad social y ofrecen retratos complejos como La canción de Carla (1995), Pan y rosas (2000), Dulces dieciséis (2003) o Sólo un beso (2005).
Activistas, ONG y África
Lunes 16 de julio
19.00 h
Con la participación de: Ignacio del Moral (guionista y dramaturgo) y Carlos Ballesteros (profesor de Comportamiento del Consumidor en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y militante de iniciativas sociales y economía solidaria. Fundador de Amigos de Nyumbani)
El jardinero fiel, de Fernando Meirelles. Reino Unido, 2005. 129 min.
En Kenya, asesinan brutalmente a la activista Tessa Quayle. Un médico local que la acompañaba ha huido y todo parece apuntar hacia un crimen pasional. Sandy Woodrow, Sir Bernard Pellegrin y los demás miembros del Alto Comisionado Británico están convencidos de que el viudo de Tessa, el tranquilo diplomático Justin Quayle, dejará el asunto en sus manos, pero están muy equivocados. Los recuerdos de su unión con Tessa empujan a Justin a tomar una decisión: decide investigar la razón de la muerte de su esposa y descubre a marchas forzadas cómo funciona la industria farmacéutica y lo que hace en África. Segunda película del realizador brasileño, que sorprendió hace cinco años al panorama cinematográfico con Ciudad de Dios, adapta esta vez una novela de John Le Carré.
Voluntariado y el final de la vida
Jueves 19 de julio
19.00 h
Con la participación de: Agustín de la Herrán (profesor titular de Didáctica. Facultad de Formación de Profesorado. Universidad Autónoma de Madrid. Experto en Pedagogía de la Muerte) y Maria José Meniz (responsable de voluntariado de la AECC-Junta de Madrid)
La vida, de Jean Pierre Améris. Francia, 2001. 113 min.
Dimitri llega a La Maison, un centro de cuidados paliativos donde son acogidos los enfermos terminales por los que la medicina ya no puede hacer nada. Allí colabora Suzanne, una voluntaria dedicada a ayudar a las personas que están en los últimos días de su vida. Dimitri y Suzanne se conocerán, se querrán y se ayudarán mutuamente.
Jean Pierre Améris se sirve del libro La muerte íntima de la psicóloga Marie Hennezel para la realización de La vida, película sincera sobre un tema silenciado en el siglo XXI: el final de la vida.
Líderes sociales. Transformar la realidad
Lunes 23 de julio
19.00 h
Con la participación de: Patricia María Nogueira Marchesini (Ingeniera sanitaria y uno de los testimonios de El milagro de Candeal) y Luis Guitarra (cantautor y responsable de la organización Como tú, Como yo)
El milagro de Candeal, de Fernando Trueba. España, 2004. 125 min.
Bebo Valdés, el pianista cubano de 85 años, viaja hasta Salvador de Bahía (Brasil), donde las músicas y las religiones de África se han conservado de la forma más pura. Allí encuentra a Mateus, un músico bahiano que le introduce en la vida de la comunidad afro-bahiana y le conduce al Candeal, una favela que, gracias a la iniciativa de Carlinhos Brown y al esfuerzo de sus moradores, se ha convertido en una comunidad especial. En Candeal no hay armas ni drogas. Lo que se puede ver es un conservatorio de música, un centro de salud, una plaza para todos, un estudio donde vienen a grabar artistas de todos los continentes…. Utilizando la música como motor para todo tipo de iniciativas, las gentes de Candeal han recuperado la esperanza de que la realidad puede ser transformada.
Convivencia y participación
Jueves 26 de julio
19.00 h.
Con la participación de: Benito Zambrano (director de cine) y Luis Enrique Alonso (catedrático de sociología de la UAM)
Vías cruzadas, de Tom McCarthy. EEUU, 2003. 90 min.
Finbar McBride quiere estar solo y que le dejen tranquilo, pero para él, nacido con enanismo (acondroplasia), pasar inadvertido es una tarea casi imposible. La forma en que Fin se ha defendido siempre de la curiosidad que despierta es llevar una vida aislada presidida por una única pasión: los trenes. Tras la muerte de su único amigo y compañero de trabajo, Fin se instala en una estación de tren abandonada en el campo, en Nueva Jersey, para vivir como un ermitaño. No puede, en su vida se cruza Olivia Harris, una artista con depresión; Joe Oramas, un cubano con una sed insaciable de conversación y una niña que se siente distinta… Todos descubren que el aislamiento es mejor compartido. Vías cruzadas fue la primera película del director norteamericano (también actor y guionista) Tom McCarthy.
Diccionario cinematográfico (23)
Terry Malone: me quita un guante y juguetea con él. Terry tiene el rostro castigado…, pudo llegar a ser un gran boxeador. Ahora, está a punto de cumplir los treinta y no sabe qué hacer con su vida. A Malone le gusta hacerse el duro con los adolescentes del barrio pero por las tardes sube a la azotea y cuida, con mucho cuidado, a sus palomas. A él le compraron cuando era pequeño, el mafioso de turno. En las peleas de boxeo era un trozo de carne por el que apostar… pero él quería sobrevivir y golpeaba y volvía a golpear. Terry Malone me dice al oído que nadie va a hacer nada por él. Que nadie hace nada por nadie. Que nunca ofrezca mi ojo izquierdo porque también me lo golpearán.
Terry dice que no hay que confiar en nadie pero por dentro se siente solo, muy solo. Él quiere a su hermano mayor aunque tiene mucho que reprocharle…, pero los dos tenían que salir adelante…, a su hermano que no le toquen. Ambos se quieren, a su manera. Terry se hace el duro pero siempre me mira y me pide que le mire con cariño, que no le juzgue, que no le reproche, que está cansado…, no sabe cómo ayudarme. Juguetea con mi guante, me hace probar un poco de cerveza, me saca a bailar, me sonríe…, y yo no puedo más que estar a su lado. Yo sí que sé lo que tengo que hacer. Sé que nadie nunca le trató con cariño. Siempre recibió dureza. Porque sé que él sólo es un chico asustado con mucho miedo a la vida y a que le hagan daño.
Diccionario cinematográfico (22)
Sala de cine: … En Madrid están cerrando cada vez más salas…, Peñalver, Tívoli, Duplex, Carlos III, Bogart, Benlliure…, y una larga lista y algunas salas que están esperando el repentino momento del cierre. Se habla de que están cambiando los soportes para ver cine, se comenta que se está sufriendo una especie de cambio y evolución que está afectando a las maneras de distribución y exhibición. El cine siempre ha vivido y sobrevivido a los cambios…, del cine mudo al sonoro, los tipos de película, los métodos de sonido, la evolución de las cámaras…, esto permitía nuevos caminos de experimentación, nuevas calidades de imagen y sonido, y nuevos instrumentos para poder contar historias. La aparición de la televisión se vivió como amenaza después ambos lenguajes audiovisuales sobrevivieron e incluso se complementaron…,¿conocen alguna cadena que no programe alguna vez una película?, ¿han visto como hay televisiones que se convierten en productoras de películas?…, pero, ahora, ¿están en peligro las salas de cine?¿O tienen que sufrir una transformación para poder seguir viendo historias en la sala oscura de cine en una pantalla blanca?
Para mí el cine significa muchas cosas. Pero, también, sigue un ritual, que me cuesta pensar que vaya a desaparecer. No lo creo porque es una parte importante para entender y sentir el cine. Las películas merecen un sitio específico donde ser proyectadas…, donde disfrutarlas en todo su ser. Desde que nació el séptimo arte, se creaban espacios para que el público pudiera disfrutar de las distintas obras cinematográficas. Una sala, grande o pequeña, un patio de butacas, la oscuridad, la pantalla blanca…, y el disfrute durante una hora y media, dos e incluso tres de las imágenes en movimiento.
El teatro –otra manera de contar historias y expresarse que a mí me fascina– siempre ha contado con sus salas y la cercanía del público. La música –a pesar también de su evolución y tecnologías– cuenta también con espacios donde deleitarse con conciertos. ¿Y, el cine, por qué va a perder su espacio? No le veo sentido. La sala de cine es un ritual artístico y cultural maravilloso. Y, no entiendo el problema, (tan sólo la transformación de las salas a otros soportes, que supongo, ahí me pierdo, tendrá un coste considerable), para mantenerlo. Vería una triste pérdida su desaparición. Las salas de cine, para los que quieren seguir viendo cine en la intimidad de un habitáculo oscuro, con una pantalla en blanco, en compañía de más espectadores, son una riqueza. El cine en el cine.
Con esto no estoy diciendo que no se empleen otras vías como los ¡¡¡benditos dvd!!! que permiten ver una y otra vez la película amada. O que la televisión digital siga siendo una ventana para el séptimo arte. O que haya personas que empleen otros soportes como ordenadores, ipod o incluso (para mí incomprensible) los móviles. Pero el cine merece, por mérito propio, que siga existiendo un espacio específico para su exhibición: la sala de cine. No veo ni entiendo la amenaza para que no sigan adelante.
Yo seguiré yendo a la sala de cine, a los festivales, a los centros culturales, a las filmotecas…, a ver películas, a que me cuenten historias, a sentir, a llorar, a reír, a revolverme en la butaca, a sentir pánico, miedo, pasión… Porque el cine, como todas las artes, tiene que contar con su espacio para poder disfrutarse.
Vania en la calle 42 (1994) de Louis Malle
El director francés Louis Malle dejó como obra póstuma puro cine que canta al teatro. Malle se quedó fascinado con la representación de un montaje teatral de Tío Vania en un local semiabandonado de New York en el año 1991.
El realizador galo decide transportar esa representación magistral a la pantalla del cine y realiza un homenaje de celuloide al director de teatro André Gregory y sus ocho actores. Somos testigos de un ensayo general de la obra ante muy pocos espectadores. Y, entre ellos, nosotros, como público privilegiado.
Para la adaptación a guión cinematográfico confía en otro dramaturgo que reparte su trabajo entre los escenarios y el séptimo arte: David Mamet, que con acierto capta el espíritu de André Chejov y la pretensión de Louis Malle.
Los actores, con sus ropas contemporáneas, en un momento mágico se transforman sin que casi nos demos cuenta en Tío Vania, Sonia, Elena, doctor Astrov, el Profesor, Nani, Carapicada y la madre de Vania…, y muestran como 100 años después las palabras vertidas por el dramaturgo ruso siguen teniendo el mismo efecto.
El testamento de Malle deja una obra serena con una fotografía excepcional y una música envolvente. El reparto desarma por su desnudez e introspección en los personajes que representan. La más conocida es, sin duda, la ahora famosa Julianne Moore que actúa como la bella, misteriosa y fría Elena. De todos los demás, reconocemos sus rostros y cada uno ofrece lo máximo de sí: Wallace Shawn, Brooke Smith, Larry Pine, George Gaynes, Phoebe Brand, Jerry Mayer y Lynn Cohen.
Es tal la fuerza de la película que hace que no nos demos cuenta de cuándo empieza el ensayo general y cuándo termina la vida de unos personajes en busca de la felicidad y el amor en la Rusia de finales del siglo XIX.
Y como colofón, parte de las bellas palabras finales de Sonia a su tío Vania…, descansaremos.“¿Qué se le va a hacer? Tendremos que vivir. Y nosotros viviremos Tío Vania. Viviremos una larga sucesión de días y de largas veladas; soportaremos pacientemente las pruebas que nos depare el destino; trabajaremos para los demás, ahora y también en la vejez, y cuando nos llegue nuestra hora moriremos resignados. Luego, más allá de la tumba, diremos que hemos sufrido, que hemos llorado, que hemos tenido penas, y Dios se comparecerá de nosotros, y tú y yo, querido tío, veremos una vida radiante, espléndida, hermosa, nos sentiremos gozosos y contemplaremos nuestros sufrimientos de ahora con indulgencia, con una sonrisa…, y descansaremos”.
Diccionario cinematográfico (21)
James Dean: Jimmy corrió tanto aquel año de 1955 que traspasó la vida sin darse cuenta. Con 24 años. Después cómo iba a imaginar que en el otro lado del océano por los años ochenta, alguna adolescente se pasaría durmiendo durante años con una fotografía suya gigantesca en el techo…, de tejano. Mirándola, siempre. A mí, a Hildy, siempre me cuentan estas historias.
Sólo protagonizó tres películas con dos genios y un gran artesano… ¿Cómo olvidar sus recreaciones atormentadas de Cal Trask, Jim Stark o Jett Rink? Elia Kazan, Nicholas Ray y George Stevens extrajeron de su rostro al eterno rebelde. Al que no se entiende, al que quiere ser querido, al que no quiere ser malo pero no puede remediarlo, siempre con unas dosis de ternura… Su rostro fue y es una incógnita. Dejó montones de fotografías y tres historias para que generaciones y generaciones se pregunten que había tras la mirada huraña, la sonrisa tímida y el pelo revuelto.