Criadas y señoras de Tate Taylor

A una le entra la tarde melodramática y busca en cartelera la película que calme su ansia. Esta vez tuve suerte y pude calmar mi sed. Me metí con mi señora madre en la sala donde proyectaban Criadas y señoras y las dos reímos y lloramos a moco tendido durante dos horas y media.

Es una película narra-historias.

Es una película que forma parte de un género que yo llamo mujeres del sur.

Es una película que sigue la estela de las women pictures… películas con unos repartos femeninos de excepción y una historia melodramática bien narrada.

Criadas y señoras no es película vacía. Genera reflexiones. La primera y más interesante: la representación en la pantalla cinematográfica de un estereotipo que a la vez cuenta una parte de la historia de EEUU. La Mammy. La gran Mammy que llegó a nuestras vidas con toda su fuerza con el rostro de Hattie McDaniel en un melodrama de mujeres de sur, una película narra-historias… la mítica Lo que el viento se llevó. De ahí podemos viajar al primer melodrama de Spielberg donde nos encontramos con Celie (Whoopie Goldberg) y Sofia (Oprah Winfrey. Este papel claramente inspira a la Minny de Criadas y señoras) en El color púrpura. Nos vamos a los años de la depresión en otra melodramática y maravillosa película narra-historias con mujeres del sur, Tomates verdes fritos, donde el problema racial tiene el rostro de Cicely Tyson, que no le falta papel entrañable en Criadas y señoras. Para la Mammy de los años cincuenta nos vamos precisamente a esta época y con el rey del melodrama, Douglas Sirk. El rostro de la nueva Mammy será Juanita Moore en la maravillosa Imitación a la vida.Y llegamos ya a la película que nos ocupa en los años sesenta, los años de la lucha por los derechos civiles, los años reivindicativos donde las ‘Mammies’ ya hartas de explotaciones exponen su punto de vista. Como dice el personaje de Emma Stone, ella quiere escribir un libro que se enfoque desde la perspectiva de la Mammy de Lo que el viento se llevó. Se cierra el círculo. Y estas Mammies reivindicativas cuentan con el rostro de Viola Davis y Octavia Spencer.

Como siempre ha sido en míticas women pictures los repartos femeninos hay que tenerlos en cuenta. Cada una tiene su momento de gloria y cada uno de los papeles es magníficamente interpretado. Ya hemos hablado de dos de sus actrices que se entregan a su papel. Pero tenemos también los estereotipos de las mujeres blancas sureñas excelentemente interpretados por tres pesos pesados (y que también narran otra historia)… Emma Stone que sube y sube puestos al estrellato como la joven escritora que pone patas arriba la comunidad en la que vive. Una sorprendente y maravillosa en su papel de hija de puta falsa Bryce Dallas Howard y una ascendente Jessica Chastain con papel bombón. Como acostumbran este tipo de películas hay distintas generaciones de mujeres, las más mayores tienen el rostro de la mítica Sissy Spacek y la secundaria de lujo Allison Janney.

Objetivo de la tarde cumplido: calmar mi sed melodramática y colmar mis ganas de que me contaran una historia… érase una vez, al otro lado del océano…

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… De contrabandistas, iconoclastas y otras danzas. Dos documentales

Esta semana he tenido la suerte de visionar dos documentales que merecen la pena por distintos motivos.

Si eres una de esas personas que considera que tiene cine en las venas, puedes recrearte con el documental Un viaje personal con Martin Scorsese a través del cine americano tal y como lo ha hecho Hildy. Martin Scorsese en este macro documental (tres episodios) ofrece su mirada cinéfila y apasionada para contar de manera certera su particular historia del cine americano.

Y es emocionante realizar este viaje con Scorsese. Disfrutar de su original visión. Te cuenta la Historia del cine americano de varias maneras y todas interesantes. A partir de los géneros cinematográficos más relacionados con el cine americano: el western, el cine negro (primero de gánsters y después su evolución al film noir) y después el musical. O también un recorrido apasionante por los adelantos tecnológicos, aquellos que enriquecían y enriquecen el lenguaje cinematográfico, que plantean nuevas posibilidades de contar en imágenes. Y por último un camino mágico y muy interesante por aquellos directores que supusieron un paso más en el arte del cine. Directores que contaban con su mirada peculiar para contar aquello que no se podía o que se saltaron directamente las normas. Scorsese los llama los directores contrabandistas (y la importancia del cine de bajo presupuesto para moverse en márgenes de libertad) o los iconoclastas (aquellos que se saltaron las reglas como Stroheim, Welles, Preminger…). Scorsese, apasionado, se queda en los años setenta, ya que como explica en esa década él y sus colegas empezaron a hacer películas… y ya esa mirada corresponde a otros, que puedan observar desde fuera.

También fui a sala de cine para poder disfrutar en 3D el documental Pina. Un documental que fusiona danza y cine (un matrimonio normalmente bastante bien avenido). Es un documental realizado desde las entrañas. Desde el corazón. Desde el corazón de un buen amigo y de un grupo de bailarines que quiere expresar qué supuso la manera de entender la danza de la coreógrafa Pina Bausch en la vida de cada uno de ellos. Un documental que trata de mostrar el corazón de la danza, de la danza según Pina.

Danzad, danzad porque si no estamos perdidos.

Es un grito de pasión.

Y eso es lo que refleja un 3D que te mete en el centro del corazón de la danza de una coreógrafa por la que sus bailarines sienten un montón de cosas… porque les ha dado un lenguaje, una forma de expresión, unas emociones, unos recuerdos, unos sentimientos… Y ahí está el amigo Wim Wenders para dar forma a este canto de amor a la danza. Con rostros, voces, coreografías-homenaje, imágenes del pasado de la amiga ausente…

Puedes no haber visto nunca una coreografía de Pina. No conocerla. No importa. El documental te abre puertas a su forma de entender la danza. Un documental que late, que siente, que te hace latir y sentir…

Hasta ahora nunca había disfrutado tanto con el 3D. No soy muy amante de este avance tecnológico, lo reconozco. Sin embargo en este documental logré meterme en esa tercera dimensión que hizo bailar a mi mirada y a mi corazón.

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Boleto al paraíso de Gerardo Chijona

Desde Cuba, Boleto al paraíso.

Eunice (Muriel Cejas) inicia un viaje. Exterior e interior. Y su rostro nos cuenta todo. Su rostro, narra.

Y en todo viaje iniciático hay transformaciones.

Y en todo viaje iniciático hay encuentros y desencuentros. Obstáculos y más obstáculos. Decisiones que cambian la vida.

Y como todo viaje iniciático puede reflejar una metáfora.

Eunice se encuentra con unos acompañantes de su misma edad. Otros jóvenes.

La protagonista trata de alcanzar el paraíso en 1993… pero no está marcado en los mapas. El paraíso no se encuentra en esa isla que se ahoga y se llama Cuba. No hay salida. Para ninguno.

Boleto al paraíso es película que exuda verdad…

Gerardo Chijona se empapa de una situación que quiere contar. Así con cuerda de equilibrista pasea por el melodrama, el realismo social, el love story, el viaje iniciático, la película de grupo de adolescentes, el nihilismo y la metáfora de una Cuba amordazada y sin salida (recordemos que sitúa la acción en un año clave para Cuba, justo cuando la URSS deja de existir definitivamente -1991- y Cuba se queda cada vez más solitaria en el mapa).

En un principio la película del veterano Chijona sigue esa corriente de jóvenes nihilistas que no encuentran salida a sus vidas, que no pueden salir de sus barrios, esos jóvenes que entonces inician un viaje desesperanzado a la caída. Así se nos quedaron en la retina aquel cine quinqui de finales de los setenta principios de los ochenta en esta península nuestra… con historias como la de Deprisa, deprisa de Carlos Saura o Colegas de Eloy de la Iglesia, historias que se prolongaron con Fernando León y Barrio.

Chijona parte de una situación real. Atrapa testimonios verdaderos. Y dentro de esa verdad necesita unos intérpretes que la representen. No quiere estrellas, quiere miradas. Y casi como un neorrealista, en casting laborioso, encuentra esos rostros jóvenes y espontáneos que tratan de encontrar ese boleto al paraíso. Actores que están empezando y se entregan…Y ese grupo de jóvenes… que no encuentra salida, funciona.

Para actores secundarios se apoya en pesos pesados de la cinematografía cubana que dejan su rostro testimonial (y los personajes menos dibujados…, lástima porque sí podían aportar mucho a la historia) para una obra cinematográfica que sale adelante a base de empeño y porque todos creen en el proyecto. Así nos encontramos con el rostro de Jorge Perugorría o Luis Alberto García.

Y de esa verdad se sirve para plantearnos el clímax de la película que pasa de melodrama con grupo de jóvenes a película nihilista y existencialista que parte el alma. El giro, la decisión del joven protagonista (Hector Medina Valdés), supone un bucle en la historia y en la película. La decisión rasga en dos la historia.

Sólo hay un momento en que sentimos que quizá han encontrado ese boleto al paraíso… y es cuando Eunice y compañía danzan libres en un concierto de rock. Si hay algo liberador es la música… En la isla (y en otras partes, no olvidemos… mientras no dance la industria y el marketing) la canción protesta ha pasado relevo a lo que ahora es música clandestina. Y en esa música hay grito y protesta.

Película que presenta una Cuba triste, una Cuba que se cae a pedazos, una Cuba donde las jóvenes generaciones no vislumbran un futuro. O donde el futuro es todavía una incógnita. Así Eunice, al final de su viaje, nos mira, interroga e incómoda. Del ojo una lágrima. Es un plano fijo que reta al espectador a reflexionar… algo que ya hizo Truffaut con ese Antoine Doinel que nos mira, retador, y al fondo el mar. Eunice también nos mira, encerrada entre cuatro muros…

Sólo por ponerle un pero… no eran necesarios los incisos temporales. Los carteles de tres meses después, unos años después (que siempre recuerdan a película basada en hechos reales…). Las imágenes en sí y la historia ya nos da el tiempo… no hace falta señalarlo.

Boleto al paraíso continúa su viaje por diversos países, festivales y certámenes. Ahora representará a Cuba en los Goya… y sigue su camino. Ahí está una Cuba triste con mirada de un director que siempre se decantó por la comedia. Ya se dice que un espíritu cómico siempre puede contar la historia más triste…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Four lions de Christopher Morris

Sorprendente película británica que critica una situación del siglo XXI con inteligencia y un humor que termina con un espectador de sonrisa congelada.

Desternillante con fondo muy serio.

Y a partir de la brecha de la carcajada, reflexión profunda.

Sí, existe el humor inteligente.

Un humor negro que termina dando bofetadas a diestro y siniestro a Oriente y Occidente.

Cinco personajes tiernos y terribles que protagonizan una vuelta al slapstick más absurdo.

Que desarrollan sus acciones en un mundo caóticamente real, trágico, violento, que se mueve por estereotipos y verdades únicas que hacen saltar por los aires a los individuos.

Cinco personajes que ponen en evidencia lo absurdo y lo terrible (de nuevo esta palabra) de los fundamentalismos de uno y otro lado.

Cinco personajes que tienen el corazón en la cabeza y la cabeza en el corazón… Y que les rodean otros personajes con la misma cara confusa…

La historia de Four lions parte de una premisa: cuatro aspirantes a terroristas islámicos en Londres cuya aspiración máxima es saltar por los aires y llevarse lo que haga falta para defender el islam…

 Los cuatro luego serán cinco y de nuevo cuatro…

Los momentos de slapstick puro y salvaje llevan al espectador a una carcajada que se congela cuando eres consciente de lo que provoca la risa…

Y entonces quizá al final salte una lágrima…

De pena por esos cinco, digo cuatro, digo tres, digo dos… personajes absurdos y entrañables… terribles que se mueven en un mundo confuso… y terrible.

La carcajada se rasga y resbala una lágrima.

Es lo que tiene el absurdo.

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Dos minicríticas de cine

No habrá paz para los malvados de Enrique Urbizu

Santos Trinidad es la película.

Película-personaje.

Antihéroe, que como en las buenas películas negras, corre y corre. Huye. Y el espectador va notando su cansancio y desgaste. Antihéroe oscuro, complejo, un loser, un perdedor… Un policía autodestructivo y alcohólico. Un hombre que todos sabemos tiene un destino… y le viene la redención sin él buscarla. Sólo bastan unas pinceladas para construir su historia pasada, para imaginarla. José Coronado construye un personaje a través del gesto y los matices.

El Madrid de Santos Trinidad casi se convierte en otro personaje. Un Madrid multicultural. Un Madrid de clubs nocturnos de mala muerte, de bares y tabernas, un Madrid nocturno… Un Madrid periférico. Un Madrid de habitaciones solitarias. Un vertedero con vistas a la ciudad… Un Madrid con una luz especial. Un Madrid oculto con miedos en sus venas…

Urbizu se mueve por las claves del cine negro y el thriller policial. Así un principio impactante (a lo Forajidos) desarrolla toda una historia llena de posibilidades.

Santos Trinidad nos guía por su descenso a los infiernos entre litros de alcohol…

Sólo un único pero…

Mientras el personaje de Santos Trinidad es mimado hasta la saciedad. Los demás que pululan a su alrededor no consiguen la dimensión del protagonista. Algunos se quedan en planos. Sin vida. La investigación paralela (y luminosa) de la jueza y los policías que la rodean casi se convierte (me refiero a su desarrollo) en piloto de una serie de televisión tipo El Comisario… Aunque apunta varias tramas interesantes (y algún diálogo certero). No logré meterme en la investigación paralela como si se tratase de esos policias verídicos a lo La ciudad desnuda.

La cara oculta de Andrés Baiz

No niego que Andrés Baiz tenía el material y la idea para hacer una película inquietante… Un thriller psicológico… como anuncian. Pero esta espectadora no logró inquietarse con una película que desde el principio la sintió fallida. Y voy a intentar explicarme.

No obstante recomiendo que si está en un cine y empieza el trailer de esta película, se tape los ojos y los oidos… si no quiere que el factor sorpresa desaparezca por completo. O el factor giro.

Soy tremendamente pesada, lo sé, con el tema de la construcción de los personajes y sobre cómo una película emplea el lenguaje cinematográfico. La cara oculta se queda en el terreno de la corrección plana y sin matices.

Primera falla. La construcción de personajes. Del trío protagonista quizá el más trabajado (o con el que el espectador puede sentir algo más de empatía) es el de Clara Lago pero no encontramos el dibujo perfecto. Sus personajes secundarios son un despropósito (desde la desagradable pareja de policías hasta la alemana que les alquila la casa y luego se va de viaje —que le cuenta un secreto de la casa a Clara Lago— llegando a esa violinista de hola y adiós). El personaje de Quim Gutiérrez no logra convencer cómo ese director de música joven de corazón desbocado y tampoco aporta la ambigüedad que hubiera dado una riqueza de matices. Se limita a poner caras de ahora soy oscuro, ahora seduzco, ahora estoy desconcertado… El director de música no logra que sospechemos…, como el maestro del suspense mostró a un Cary Grant en Sospechoso. Y por último el personaje de la colombiana Martina García, la tercera del triángulo, podría haber sido el personaje más interesante y complejo y se queda en el intento. Podría haber sido una mezcla exposiva de la inocencia, cara de ángel, y la perversidad (o esa cara oculta que trata de mostrar la historia de cada uno de sus personajes… pero que no logramos intuir).

Segunda falla. Otra posibilidad con la que contaba Baiz para hacer que el espectador se estremeciera de la angustia era haber convertido a la casa en un personaje más. Una casa con vida. Lo intenta pero no se convierte en tal. Así no logra la personalidad de Manderley, de la casa de Psicosis o el hotel de El Resplandor. Casas que respiran y estremecen. Casas que esconden la presencia fuerte de una ausencia. La cámara no nos estremece con el paso por las habitaciones, con el uso de los espejos, las escaleras o las puertas. Hasta el perro, un pastor alemán precioso, está mal aprovechado como recurso.

Tercera falla. La propia estructura de la película en dos partes diferenciadas. Y el paso de una parte a otra…, ufff, el importante punto de inflexión se queda en nada… Así la película guía al espectador en todo momento y nos va mostrando las caras de sorpresa (si no hemos visto previamente el trailer) que debemos ir poniendo. Tampoco funcionan los recursos cinematográficos para mostrarnos la inquietud… tormentas, luces que se van, ruidos extraños, personajes que aparecen de repente. Y para que haya un poco de todo algunas cuantas escenas amatorias.

Como digo Andrés Baiz contaba con los ingredientes y la idea para habernos mostrado una cara oculta… pero yo me quedé con las ganas de siquiera intuirla.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El árbol de la vida de Terrence Malick

Una vela se enciende.

Es el dia del aniversario.

El día del ausente que se vuelve presente.

El dolor habita en todos nosotros.

Sólo tenía 19 años.

 

Padre, madre, hermanos…

¿Cómo soportamos el dolor?

Quiénes somos.

Adónde vamos.

La vida pasa.

Y ¿el ausente?

 

Una carta.

Una llamada.

Una muerte.

 

Qué es la vida.

Cuál es su origen.

La naturaleza nos envuelve.

Somos motas de polvo en el universo.

 

… ¿aceptamos la muerte?

… ¿entendemos la muerte?

 

… Una oración.

… Una plegaria al ausente.

La ausencia siempre duele.

El árbol de la vida es una plegaria sobre el dolor.

Sobre lo que arrastramos de padre…

De madre…

De hermanos…

Los miedos…

… los heredamos.

Los momentos felices…

… los recordamos.

Lo mejor de cada uno…

… nos llega más tarde o más temprano.

Lo peor de cada uno…

… nos llega más tarde o más temprano.

Las vivencias.

Las emociones…

… las vamos almacenando.

 

El que triunfa… no es bondadoso.

Amad.

Es lo único que merece la pena.

Quise ser músico.

Ya no lo soy.

Estoy frustrado.

Pégame. Vamos, pégame.

Hay que ser fuerte.

La vida es injusta.

Hay que ser fuerte para recibir todo tipo de desgracias.

 

Pobre hijo mío.

 

… me oculto en el libro de Job.

Soy un hombre bueno lleno de desgracias,

que no merezco.

 

Me doy cuenta tarde.

Sois lo único que tengo.

Soy fuerte, soy cruel.

Os quiero.

 

Yo soy malo como tú.

No soy bueno como ella.

 

… pero abrázame.

 

Y ella ama.

Siempre ama.

Y en su silencio es fuerte.

 

No te mueras.

No seas bella durmiente.

Por favor no seas sumisa.

Nunca veo tu rebelión.

 

Sin embargo es etérea.

 

¿A quién quieres más?

Sólo yo la quiero.

 

Job era un hombre bueno…

… rodeado de injusticias.

¿Sirve de algo ser bueno y justo?

 

El inocente puede morir. Muere.

 

Voces que se cruzan.

 

Constelaciones y estrellas.

La naturaleza sigue su curso…

 

Mi hermano.

Toca la guitarra.

Tiene ojos azules.

Juega con mi hermano pequeño y conmigo.

Es tierno.

Me fío de ti.

Nunca me harás daño.

 

Ahora, hermano, estoy en la cima.

… pero cada día me hundo.

Y vago entre emociones.

Porque siento siempre tu ausencia.

Y me vienen a la cabeza tus recuerdos.

 

La infancia vivida.

Entre padre, madre.

Hermanos.

Amigos.

Emociones.

Y vivencias.

 

Y en este hundimiento.

Cuando te enciendo una vela…

… en el aniversario de tu ausencia…

… oígo vuestras voces.

… e invento una plegaria…

para entender la vida, la muerte. El origen de todo.

 

Y quiero reconciliarme… con todos.

Quedarme sólo con los momentos de amor…

… que sí que existieron.

Volver a tocaros en ese mar infinito…

En esa playa inmensa.

Y recuperarte y darte. Y quererte.

Y quereros.

 

Es mi plegaria.

Mi oración.

Apago la vela…

Vuelvo a entregarte.

 

Oigo la voz de madre.

Y el ausente siempre presente…

Sólo tenía 19 años.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La deuda de John Madden

Me gusta meterme en un cine, que se apaguen las luces de la sala, que empiece una película y que de pronto olvide donde estoy porque me meto de lleno en una historia que me hace olvidar durante un tiempo todo lo relacionado con mi vida. Y si esa historia está bien contada y me emociona, entonces a veces no puedo evitar, cuando recuerdo, incluso llorar un poco (Hildy está hoy un poco emotiva).

No puedo evitar que me encante que me cuenten bien una historia. Y esta vez John Madden, al que sólo recuerdo por Shakespeare in love (y me considero una de las fans de esta película… aunque poco a poco le salieron muchos detractores), sigue ejerciendo de buen artesano que puede manejar bien un material de base apetecible.

Esta vez para La deuda parte de otra película, ésta que nos ocupa sería el remake. El origen es una película israelí (Ha-Hov de Assaf Bernstein, 2007). El resultado es un thriller político-romántico con dosis de emoción y adrenalina. Un thriller que pone a sus tres personajes ante un dilema moral y lo que implica e influye en sus vidas. Para ello la película avanza hacia delante y hacia atrás. Dos tiempos. 1965 y 1997. Un hecho del pasado incide en el presente meláncolico de los personajes.

Los tres jóvenes, en 1965, son agentes del Mossad en una misión. Dos hombres y una mujer. Y esa misión es capturar en un Berlín de la Guerra Fría a un criminal de guerra nazi que ejerce en esos momentos como ginecólogo pero que en Birkenau se dedicó a los más horribles experimentos con seres humanos. Una vez detenido su objetivo es entregarlo para que salga de Berlín y llevarle a Israel para que se siente frente un tribunal internacional de justicia. La ‘entrega’ no sale como ellos esperan. Y entonces todo cambia en sus vidas.

La deuda construye un hermoso triángulo amoroso que nos engancha obviamente a la historia de amor imposible entre un joven y atormentado David (Sam Worthington, acertadísimo en su plasmación de héroe romántico) y Rachel (la ahora cotizada Jessica Chastain… a la espera de El árbol de la vida), mujer que mezcla sensibilidad y fuerza además de un arraigado sentido de culpa. Por el camino se les cruza el ambicioso y hombre de acción Stephan (Marton Csokas).

Toda la historia que recrea el año 1965 a partir de los recuerdos ‘atormentados’ de Rachel engancha…, emociona. Además de contar con un ritmo adecuado y con suficientes dosis de adrenalina. Lo mejor es la relación y los cara a cara entre los jóvenes agentes judíos y el criminal de guerra (un magnífico y escalofriante Jesper Christensen, actor danés), perro viejo que pronto les maneja, les manipula y les toca donde más les duele, los provoca y los cala a los tres (así como la historia que están viviendo)…

La historia presente, la de 1997, esconde frialdad, desencanto y melancolía por parte de los tres protagonistas que han roto sus lazos afectivos… pero que están unidos por una ‘deuda’ que ha marcado sus vidas. Y treinta años después les golpea de nuevo siendo Rachel (como siempre una Helen Mirren que haga lo que haga se siente a gusto), la única que puede poner una rúbrica final que cierra el relato, digo sus vidas. Y sin duda quien te rompe el corazón, el más frágil pero a la vez coherente, será David (Ciarán Hinds) y por supuesto que te das cuenta de que no te sorprende el camino que se ha trazado Stephan (el siempre efectivo Tom Wilkinson). Y ese relato frío también tiene sus momentos de tensión, algunos piensan que es la parte más inverosímil, pero digamos que cumple la función de rubricar, de poner punto final a una historia que hiere a los tres protagonistas (y como los tres se han enfrentado a esa herida de diferente manera).

El horror de una guerra sigue años después destrozando vidas. Dejando huellas… difíciles o casi imposibles de borrar.

Así La deuda se convierte en un thriller apasionante que atrapa y que deja testimonio de hombres que se transformaron en monstruos y seres humanos que se equivocan pero tratan de mirar de frente a la verdad y no dejar impunes los crímenes contra la humanidad…, así sigue la estela escalofriante de obras cinematográficas como Marathon Man o La caja de Música.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La piel que habito de Almodóvar

Nota: mejor no leer esta crítica hasta no haber visto la película. Trato de no desvelar partes de la trama pero algo se intuye.

Segismundo, el protagonista de La vida es sueño, en su famoso monólogo dice: “yo sueño que estoy aquí / destas prisiones cargado, / y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. / ¿Qué es la vida? Un frenesí / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño: / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son”. Y estas palabras pueden ir igualmente en boca de Vicente y de Vera. También Goya, un creador, pintó un grabado al que tituló El sueño de la razón produce monstruos… y es la frase que acompaña a un loco doctor de cirugía estética, Robert.

Porque lo que es indudable es que Almodóvar envuelve La piel que habito en el mundo de los sueños, del inconsciente, de lo irracional… de ahí que tenga hueco el exceso, la obsesión, lo terrorífico y turbador. La pesadilla. Lo incoherente. Por eso estructura la parte central de su historia en dos grandes sueños de sus personajes centrales mientras duermen.

El director manchego también arrastra otra premisa que continuamente derrama en la ficción, en el sueño o delirio que es La piel que habito y es ese aferrarse a la creación como tabla de salvación. El arte como fuente de salud psíquica y física… para expulsar monstruos, para no sucumbir totalmente en la locura y el delirio, para sobrevivir. Así el mad doctor sobrevive con su creación a su vida plagada de desgracias. Con su experimento, y ese ir más allá de lo que la bioética permite, logra modelar a su propia Galatea. Dentro de la horrible y larga venganza que maquina, crea a lo que más amaba. Porque el amor también puede ser locura e irracionalidad. Y Vera crea, pinta las paredes, modela y dibuja, contorsiona su cuerpo como si de una estatua se tratara (a través de las distintas posturas de Yoga) para no perderse en la locura, para no perder una identidad, para convertirse en superviviente, para encontrar una salida a su encierro (como un Segismundo con cadenas, como una princesa encerrada y aislada en la torre del castillo).

Y, un tercer punto de inflexión importante para hundirse en el abismo de La piel que habito es el poder evocador de Almodóvar en el mundo de referencias que él ama y que le hace crear su propio universo en cada una de sus historias. Arte, pintura, música, literatura…, y sobre todo cine. Rodar en clave de cine. Si las más evidentes son las que desconozco: la novela de la que parte, Tarántula, y los ecos a película de culto, Ojos sin rostro, me hundo en otras referencias que me atrapan sin remedio.

… Nos introduce en un melodrama desgarrado al ritmo de la voz rota de Buika. Melodrama que cae en el delirio emocional que estalla en un colorido y gama de matices impresionante y que va más allá del paroxismo de un Douglas Sirk. La sinrazón es protagonista.

Seguimos el viaje por drama y thriller oscuro y agobiante que lo mismo nos lleva a un Plan diabólico (Seconds) a lo Frankenheimer, con ecos de La senda tenebrosa (Dark passage), que de nuevo nos hace sucumbir en esa obra agobiante que es El coleccionista (como ya hizo en Átame) o nos mete de lleno en una historia más allá de la muerte, a lo Vértigo, donde el afán del creador es recrear al ser amado. O nos lleva por mundos de terror donde un mad doctor crea a lo Frankenstein a su criatura, una criatura que finalmente sólo tiene dos caminos: o la entrega al creador o la rebelión.

Pero también Almodóvar se autorreferencia una y otra vez. Nos da las claves de su cine. Reconocemos su universo. Nos firma en la piel que ésta es la nueva creación a la que se aferra. Y de ese universo le surgen estas historias. Así Elena Anaya es una vuelta a la carnalidad y vulnerabilidad de una Victoria Abril. Antonio Banderas es el alter ego de sus obsesiones y deseos. E incluso en su historia más oscura no puede evitar su reguero de humor inesperado o esas tramas secundarias que rozan el delirio (y que a mí a veces tanto me molestan… como ese hermano brasileño o esa sirvienta fiel fuente del pasado y los secretos más ocultos).

Por último para contar en clave de cine, el Almodóvar más estético compone imágenes que son grandes lienzos y cuadros… envuelve La piel que habito con una fuerza visual que nunca pierde. Así se queda grabada en la retina esas imágenes en pantalla de plasma en donde el doctor se deleita en su creación, en su propia Venus, esa Venus del espejo o esa maja desnuda. Coreografía la muerte o los encuentros a tres bandas.

La piel que habito se mueve en un Almodóvar que se mete en lo irracional. En el puro delirio. En el exceso. Así puede cautivar al espectador que penetra de lleno en la sinrazón de la propuesta o puede hacer que el espectador huya despavorido a este festival de delirios y que sólo salga una risa ante lo absurdo, ante una pesadilla que le ha dejado fuera…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Super 8 de J.J. Abrams

Era una de las películas esperadas del verano. Es la película del verano. Nos recuerda el cine como magia y espectáculo, como ya lo presentaba George Méliès. El cine, capaz de activar la imaginación y hacernos viajar a otros mundos a través de las imágenes que corren y corren veloces…

Y es también la presentación del cine como industria y fábrica de sueños. El cine como negocio pero con una diferencia… detrás del proyecto hay gente que ama este arte como los viejos magnates… atentos a la peseta pero también a realizar un buen producto, cine cien por cien.

No olvidemos que detrás está un productor-estrella a lo O’Selznick, el director de cine Steven Spielberg, al que algunos culpan como uno de los que convirtió el cine en una fábrica de blockbuster (pero no perdamos de vista que Spielberg sabe hacer cine y ama el cine). Y que la batuta de director la tiene un realizador que forma parte de una nueva generación que está adquiriendo todo su prestigio en las series de televisión, reinas de la ficción y de la audiencia (Abrams es el rey Midas de Perdidos o Fringe).

Antes de meternos en Super 8 como puro ejercicio cinematográfico, quiero resaltar que es un producto cinematográfico inteligente a nivel comercial…para atraer a todo tipo de públicos a las salas cinematográficas. La película es absolutamente nostálgica a un tipo de cine, el cine de aventuras de los años ochenta. Cine de la generación de aquellos que nacimos en la década de los setenta y que en los ochenta éramos espectadores ávidos de Los Goonies, E.T. o Cuenta conmigo… y un largo etcétera. Cine que llenaba las salas. Ahora esos adolescentes la mayoría o somos solteros nostálgicos que nos reunimos con otros nostálgicos o hemos formado nuestras propias familias y podemos tener hijos de la edad de los protagonistas…, y nos puede apetecer una agradable tarde de cine. Y ¿cuál es la mejor propuesta para nostálgicos, mayores y niños? Super 8, sí señor, muy bien pensado.

Pero Super 8 además está bien hecha. No es sólo un ejercicio nostálgico al cine espectáculo de un periodo sino además un canto de amor a ese tipo de cine. Un canto a su magia e ilusionismo. Y una buena propuesta para perder una tarde de este verano que termina.

Por ser de la generación de los ochenta reconozco más los referentes de Steven Spielberg, el productor con la sombra muy alargada, que los del propio realizador Abrams, que me muestra que sabe hacer cine pero cuyo universo lo tengo más enterrado (aunque acérrimos defensores de Abrams me han comentado que su universo está muy pero que muy presente…, es para tirarme de los pelos pero no he visto ni un solo episodio de Perdidos, así que os podéis imaginar lo perdida que ando, ¡cómo para reconocer su mundo!).

Así siguiendo la estela de Spielberg vemos producto familiar-aventurero de grupo de amigos que se encuentran en la cotidianeidad de sus días ante un hecho insólito y ese hecho insólito de alguna manera les transforma, les une más a sus familias y une más sus lazos de amistad. Por supuesto esa pandilla tiene pasiones y son las películas de zombies caseras en super 8. Corre el año 1979 y las producciones caseras de recuerdos familiares de super 8 son un mundo imprescindible. Realizadores de hoy aprovecharon, en su momento, estos formatos para ir formándose como directores de cine.

El cine de zombies llenaba los terrores de aquella generación de niños pero también, en plena guerra fría, tuvo su vigencia el cine de extraterrestres. Spielberg vio el lado ‘positivo, inteligente y bueno’ de los seres de otros planetas…, signo de que se iba saliendo de la guerra fría a otro periodo de incertidumbre histórica diferente. Y sigue insistiendo en ello. Los seres de otros planetas no tienen por qué desearnos lo peor, somos nosotros con nuestros miedos, terrores y ansias de poder los que estropeamos las relaciones con las criaturas de otros mundos.

Así Abrams y Spielberg construyen una historia sencilla pero bien contada (a mí me fallan los lazos de amistad profunda entre los protagonistas que sólo los viví en ciertos momentos… aunque muchos espectadores no están de acuerdo conmigo… me pareció que algunos miembros de la pandilla sobraban o esa hermana rubia tonta…).

La película cuenta con los suficientes efectos especiales que ofrecen espectáculo al servicio de la historia (y no viceversa como ocurre ahora la mayoría de las veces). Pero también hace un canto a los efectos especiales de antaño (muestra un accidente de tren monumental y pirotécnico y luego nos habla de los efectos especiales ‘caseros’, del cine de antes, como esa maqueta de tren que los protagonistas quieren hacer volar por los aires).

Estas películas apelaban a la emoción y a la importancia de la familia y amigos unidos jamás serán vencidos a pesar de las dificultades y las ausencias (pero siempre hay una cinta de super 8 preciosa que te trae al presente al ausente). Super 8 no es menos.

Super 8 es un cóctel explosivo de magia, espectáculo, nostalgia, pasión y amor por el cine como aventura y sin descuidar (quizá un poco en esos personajes que para mí sobran) la narración cinematográfica o lo que es lo mismo, contar en clave de cine.

Por favor bajo ningún concepto se pierdan los créditos finales…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El anfitrión perfecto de Nick Tomnay

Película con ingenio que te atrapa. Ingenio que, sin embargo, si rascas un poco en el guión y su estructura (giros y giros y más giros) ves sus trucos y fallos. Pero lo que es cierto es que esto no estropea su disfrute, que te muestres en todo momento atento… y que sigas como espectador embelesado la interpretación de sus dos protagonistas masculinos un veterano y televisivo David Hyde Pierce como ese anfitrión perfecto que señala el título y Clayne Crawford como el delincuente común que pasa en unos segundos de verdugo a víctima.

Podríamos decir que el enfrentamiento entre estos dos hombres oscila entre género thriller, suspense, humor negro y película de psycho killer con unas gotas de la gran (esa sí que entiende de giros de guión) La huella de Joseph L. Mankiewicz. Así el debut de su director en el largometraje (también como guionista) es una agradable sorpresa. Nick Tomnay toma la idea de un cortometraje propio, The host.

Así El anfitrión perfecto es la historia del enfrentamiento entre dos hombres de clases sociales diferentes y que proceden de distintos mundos así como de concepciones opuestas de la vida. Ambos se van intercambiando el papel de víctima y verdugo en una lucha donde cada cual es rival del otro y el que mueve la última pieza es el que realizará el jaque mate definitivo. Ambos son, no obstante, jugadores de ajedrez, el juego de rivalidad más interesante.

Además la historia va adornada, además de sorpresas varias, de historia de amores tristes y ceremonias macabras. Juega al ilusionismo, al distanciamiento y a las situaciones surreales.

David Hyde Pierce es perfecto (y valga la redundancia) como ese anfitrión exquisito con cara oculta llena de matices que le permite al actor un recital interpretativo entre la sonrisa y el patetismo y el joven y actractivo Clayne Crawford le da perfectamente replica con su papel del ladrón violento que se transforma en ser humano sensible con toques de inteligencia de la vida y mucha picaresca a cuestas.

Un buen estreno veraniego para tarde de entrenimiento con toques de humor negro.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.