Cena de despedidas

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Esta semana también dijeron adiós la actriz Mariví Bilbao y los directores Bigas Luna y Jesús Franco. Con los tres tengo muchas cuentas pendientes. Organicé una cena con ayuda de la camarera del Titanic para contarles que aunque me queda mucho por conocer de sus obras cinematográficas y actuaciones (en el caso de Mariví…nunca podré recuperar aquellas en las que se subió a los escenarios) siento mucho su ausencia.

A Bigas Luna le confieso al oido que su filmografía se encuentra en mi baúl de películas pendientes. Y que tan sólo he visto Jamón, Jamón y La camarera del Titanic (que me entusiasmó y guardo con cariño especial en mi memoria… aunque sé que es una excepción en su carrera pero me demuestra que Luna era un gran contado de historias, un fabulador). Le digo que me apetece mucho pero mucho inmiscuirme en su obra cinematográfica y que lo haré. Le comento que me he alegrado mucho leer en el periódico textos de algunos de los actores con los que trabajó (y también los catapultó de lleno al mundo del cine) y que lo debió hacer muy bien porque todos muestran un inmenso cariño hacia su persona y sus ganas de vivir. Y, por último, le señalo que estoy de acuerdo, yo también me fio de las personas con las que puedo comer a gusto a su lado mientras entablamos una larga tertulia…

Después me pongo junto a Jess Franco y le cuento lo que me emocioné cuando le dieron el Goya en reconocimiento a su carrera y cómo me enterneció cuando dijo que amaba muchísimo al cine. No obstante le confieso la verdad: soy una absoluta ignorante visual de su carrera cinematográfica. Y también le confieso otra cosa, que siempre tuve prejuicio hacia su obra pero enseguida le cuento que en estos últimos años estoy totalmente abierta a otros tipos de cine, a entender por qué se hicieron unas u otras películas, que estoy viendo cosas que cuando era más joven nunca hubiera pensado ver (y que estoy disfrutando de lo lindo). Sin embargo de él nada he mirado pero sí que he leído y he conocido a personas que le admiran con locura. Por eso sé que toda su obra, más de 200 películas, tiene un por qué. Y me entero que fue uno de los ayudantes de dirección favoritos de Orson Welles en los proyectos que éste realizó en España (Jess Franco también era compositor, montador, productor, actor, guionista…). Le digo que finalmente cumplió lo que dijo, que moriría con la cámara al hombro… y es cierto hasta el final estuvo haciendo películas. Cine negro, terror, erotismo, argumentos inconexos…, bajos presupuestos, a veces aparente descuido tras la cámara… y una inusitada libertad para seguir con su cámara rodando sin parar. Le digo que nunca veré su filmografía completa pero que trataré que gente que le quiere bien me recomiende una pequeña selección.

Por último a Mariví Bilbao le digo que nunca la vi sobre los escenarios y que me cuente al oído que sentía. Le confieso también que no era seguidora de la serie que finalmente le dio popularidad pero que a raíz de ella supe de su existencia y que me caía muy bien en las entrevistas. Le expresé que tenía sobre todo muchas ganas de conocer sus trabajos en la cantidad de cortometrajes que participó en estos últimos años. Y que sin duda trataré de verlos.

Después los cuatros brindamos con un buen vino y lo enriquecimos con el mejor de los jamones. Todavía no hemos parado de charlar…

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El cine español. Una historia cultural de Vicente J. Benet (Paidós, 2012)

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Un estudio apasionante. Me regalaron El cine español. Una historia cultural en Navidades (porque ya me lo había recomendado alguien muy sabio) y cuando he podido por fin hincarle el diente me he hundido en su lectura y de nuevo he disfrutado de un buen libro. El profesor Vicente J. Benet realiza un recorrido dinámico y muy bien planificado para entender por qué el cine español es cómo es.

Así el viaje en el que se adentra el lector no es a una típica historia de cine español… sino que como especifica bien el subtítulo es un viaje a una historia cultural: crea un paisaje de cine español. Una manera de entender por qué el cine por estos lares ha sido de una manera y cómo ha evolucionado en relación a la situación política, social y cultural. Y ese viaje en cada página se convierte en apasionante… como he dicho al principio de este texto. El lector-viajero en el tiempo se adentra en la clave para entender los caminos y recovecos del cine español, entre la tradición y la modernidad, en los años convulsos del siglo XX principios del XXI conformando un mapa cinéfilo especial con distintas paradas.

Pero otro punto a favor de este estudio es no sólo la seriedad de las fuentes, la profusión de ejemplos y la investigación sino la originalidad del enfoque y la manera de transmitirlo convirtiendo su lectura no sólo en un ejercicio para la mente sino para pasar momentos amenos con cada una de sus páginas. El libro se divide en ocho capítulos que pasean por la historia del siglo pasado en este país: El choque de la modernidad (1896-1922), Formas de distracción (1923-1936),  En torno a la España negra (1931-1940), Viaje al interior (1939-1958), Mirando al exterior (1951-1970), Vías excéntricas (1925-1980), El asentamiento de la modernidad (1968-1996) y El presente transformado (1992-2010).

Así entramos de lleno en las primeras proyecciones y cómo vivió la intelectualidad la entrada de este nuevo arte. También cómo va influyendo en los ciudadanos esta nueva forma de acceder a la cultura. Deja ver cómo se van creando los primeros vestigios de una industria. Y cuáles son los nombres que empiezan a destacar en dicho arte sea en el mundo del ‘negocio’ o sea en apartado creativo. Deja ver las señas de identidad y lo que funciona pero a la vez cómo se deja influir por el cine que viene de Hollywood o de otros países europeos… Y cómo no se queda en la estacada sino que va incorporando los avances de la técnica y también del lenguaje cinematográfico. Se centra en términos aún hoy polémicos pero los explica en los distintos contextos dejando un panorama rico de miradas e interpretaciones… como es la españolada.

Va dando pinceladas certeras de los distintos géneros que van triunfando y cómo. También como los poderes políticos (acorde con la situación histórica) van dándose cuenta de la fuerza del cine y lo van empleando para propagar distintos idearios. Así nos adentramos en el apasionante relato de cine y propaganda antes, durante y después de la Guerra Civil. Todo lo va aderezando de informaciones jugosas como que en un Madrid asediado triunfó la comedia de los hermanos Marx, Una noche en la Ópera (1935) y que los ciudadanos trataban de evadirse de un tiempo de guerra y carencias con las comedias musicales de Ginger Rogers y Fred Astaire como La alegre divorciada o cómo encontraban la risa en los cortos de Mickey Mouse.

Posteriormente seguimos avanzando en un país de posguerra donde está el cine que trata de promover el ideario del régimen (no sólo el mundo de la imagen reflejado en el No-Do en las salas de exhibición) y también nos topamos con una cierta forma de hacer películas de ficción (cómo se enfocan las comedias que incluso se dejan influenciar ‘a su modo’ por las screwball comedies pero con un ‘mensaje’ final distinto o el retorno a otra lectura del pasado con el cine histórico). O cómo se va abriendo un camino de cineastas que van realizando, en lo posible, otras lecturas de esa España en la sombra. Y como precisamente son esos cineastas los que salen al exterior y adquieren reconocimiento internacional. Pasamos por las conversaciones de Salamanca. O por fenómenos cinematográficos como Sara Montiel, Joselito o la pareja formada por Concha Velasco y Manolo Escobar. Paseamos por el cine negro. Por aquel que se muestra crítico con esa imagen de una España en desarrollo…

Desembocamos en el cine marginal, underground y experimental que ha pintado un mapa cinéfilo igual de interesante. Nos sumergimos en la importancia del cine documental durante el periodo de la Transición. O los caminos que recorren algunos cineastas para reflejar la memoria. Y llegamos a los universos de Almodóvar, Bigas Luna o Zulueta que van conformando un nuevo cine hasta llegar a finales del siglo XX y principios del XXI pasando antes por la ley de Pilar Miró y sus sucesivos cambios y transformaciones… hasta un futuro incierto pero que tiene todo un bagaje donde mirarse y muchos caminos por los que avanzar.

… Yo terminé mi viaje por El cine español. Una historia cultural… y me ha servido para llegar cargada de miradas y con muchas ganas de explorar otras películas y otros caminos. Recomiendo el viaje. Merece la pena.

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Las evocaciones del paciente inglés

A todos los que vemos películas.

Porque tenemos infinitos años nuevos.

Vivimos infinitas historias…

Además de celebrar nuestros años nuevos, además de vivir nuestras vidas…

Hay películas que son evocación pura… Retazos de recuerdos. Imágenes en la retina. Diálogos en la memoria. El paciente inglés (The english patient, 1996) de Anthony Minghella es una de ellas. Y es la película que he elegido para mirar este último día del año. Y otra vez me he ido a ese desierto que posee una montaña con forma de espalda de mujer. Y otra vez he sentido las emociones y sensaciones entre la enfermera Hanna y el sij Kip. Entre Katherine y el conde Almasy. La sensualidad.

Y otra vez he evocado…

Tu escotadura suprasternal me pertenece.

El bósforo de Almasy.

…Y Katherine cuando apenas le quedan ya fuerzas escribe en la Cueva de los Nadadores palabras al amado, al conde Almasy, que ha prometido que irá a buscarla. Que no la dejará morir allí.

“Lo quiero todo marcado en mi cuerpo.

Somos los auténticos países. No las fronteras en los mapas con epónimos de poderosos.

Sé que me sacarás al Palacio de los Vientos.

Eso es todo cuanto he deseado recorrer un lugar así contigo… con amigos.

Una tierra sin mapas”.

Lo quiero todo marcado en mi cuerpo… mientras el conde Almasy susurra en mi oído los distintos vientos… Y me asegura que no debo tener miedo…

Mientras en otro tiempo, cuando el paciente inglés se está muriendo lentamente entre recuerdos, surge otro tipo de amor entre Hanna y Kip (el personaje más complejo y más hermoso en la novela de Michael Ondaatje). En esa casa de la campiña italiana se han reunido personas que se debaten entre la vida y la muerte. Entre Eros y Tanatos… Y ahí intensamente se unen los cuerpos de la enfermera y el sij. Y desnudos en una cama ella le pregunta:

“Si una noche no viniera, ¿qué harías?”.

El sij contesta: “Intentaría no esperarte”.

… Hanna insiste: “Sí pero ¿y si se hiciera tarde y no hubiera venido?».

Kip serio vuelve a hablar: “Pensaría que hay una razón”.

La enfermera, mientras acaricia su pelo, parece que no se queda satisfecha con esas palabras:

“¿No irías a buscarme? Eso hace que no desee volver. Pero me digo: se pasa el día buscando. De noche, quiere ser encontrado”.

Entonces Kip se da la vuelta, la mira, y dice sonriendo:

“Sí, quiero que me encuentres. Quiero ser encontrado”.

Y así nos pasamos los días encontrando personas… que se cruzan en nuestros caminos. Queremos ser encontrados… y a veces retenidos.

Al conde Almasy no le gusta la propiedad… hasta que un día encuentra y recorre el omoplato de Katherine… Y entonces ve ese hueco en el cuello de la amada. Un hueco que puede recorrer, donde puede también beber el sudor de su cuerpo… y entonces lo bautiza como el Bósforo de Almasy.

Mientras Kip y Hanna visitan una antigua iglesia y vuelan entre las viejas pinturas… y quedan para siempre en ese lugar… Saben que es suyo. Allí el tiempo no pasa.

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King Vidor, en varias pinceladas. Un árbol es un árbol (Paidós, 2003)

Un árbol es un árbol. Así de sencillo. Así de complejo. Páginas y páginas que desvelan a un King Vidor absolutamente directo, claro y transparente. Tras su sencillez, profundidad. Llevaba años detrás de estas memorias, Un árbol es un árbol, y por fin las encontré en una libreria que acaba de abrir sus puertas (¡alegría, todavía se abren!) hace unos meses. Y esas páginas las he devorado. Vidor me lleva de la mano a los años donde un nuevo modo de expresión estaba naciendo. Un nuevo arte, el cine. Y King estuvo ahí formando parte de algo que se iba creando, un lenguaje cinematográfico.

La emoción recorre cada palabra. Sinceridad. De un joven apasionado que no se le pone obstáculo por delante y que todo lo aprende y experimenta, al director de renombre, hasta el hombre desesperanzado y harto de los derroteros del sistema de estudios que se retira del mundo del cine en 1959. Y durante todos esos años hasta su muerte vuelve a experimentar con la cámara, escribe guiones y novelas que no ven la luz, piensa en su pasado y en su vida, pasea por las universidades y se entrega a la pintura.

King Vidor durante toda la vida tiene algo claro: “Me gusta hacer películas, ése ha sido mi gran amor, y sé manejar una cámara”. Y nos relata todo ese proceso, desde que se puso a trabajar como acomodador en una de las primeras salas de exhibición y empezó también a sustituir a veces al proyeccionista… y a fijarse en esas imágenes en movimiento y a aprender. Hasta su madurez artística en la cual se retira totalmente de Hollywood y decide experimentar con una cámara de 16 mm (y crea Truth and Illusion) o lleva a cabo Metaphor sobre la influencia que tiene en el pintor Andrew Wyeth su película El gran desfile.

King Vidor, en varias pinceladas… me emociona. Porque me habla de un Hollywood silente apasionante y lleno de contradicciones. De una época dorada en la que no para de trabajar y de un sistema de estudios que termina deprimiéndole porque no le deja expresar aquello que quiere y mutila sus obras cinematográficas.

Son muchos los episodios que me han fascinado. En la última parte del libro donde describe sus últimas obras cinematográficas y sus proyectos después del abandono de Hollywood (y, por otra parte, la parte más filosófica) que el director añadió a la edición francesa, King Vidor sorprende no sólo con sus proyectos, fuera del estudio, que no puede llevar a cabo (como esa historia de un Cervantes joven) sino también su amor a Fellini y a su 8 ½ porque se siente totalmente identificado con el director. Así nos cuenta cómo él trató también de levantar una historia sobre un director de cine acabado que trata de mirar atras y descubrir en qué se ha equivocado.

Y en esta última parte regresa a sus primeros años y un tema que le obsesiona: ese hombre entre la multitud que trata de crear su propio destino pero que vive presiones externas que dirigen inevitablemente el rumbo de su propia historia. Ése es el tema principal de esa joya maravillosa: … Y el mundo marcha. Una película que le marcó para siempre porque además le hizo conocer al actor principal, un desconocido extra, James Murray, que alcanzó la cima igual de pronto que cayó en el declive y en el olvido. A King Vidor le marcó Murray y los encuentros que tuvo con él… hasta que apareció muerto, ahogado, alcoholizado y solo. Tanto le obsesionó su historia que en los años en los que se retiró del cine trató de escribir un guion sobre la experiencia vital de Murray.

Cada página es una aventura, un relato sobre la vida en el Hollywood silente o en el dorado… o ya en el declive del sistema de estudios. Así aparecen episodios apasionantes como ese viaje en un coche destartalado con su primera esposa, Florence Vidor, un compañero y él hacia un Hollywood que da sus primeros pasos…, somos testigos de una buena road movie.

O el episodio absolutamente magistral de él con ropa de tenis y otro guionista entrando a todo correr en la limusina de Thalberg para explicarle durante el trayecto un proyecto cinematográfico… mientras les llevan a todo correr a un funeral… el de Mabel Normand. Ahí todos descienden del coche y Vidor ve un montón de rostros del cine silente. El tiempo se para, regresa el pasado. Después vuelven a la limusina… y Thalberg y demás vuelven a hablar del siguiente proyecto. Increíble.

A través de su pluma conocemos no sólo a Thalberg, el joven productor que inspiró a Fitzgerald para su última novela, El último magnate, sino a actores y actrices con los que trabajó durante su carrera cinematográfica. Y de una manera sencilla va derramando su sabiduría cinematográfica, enseña puro cine.

Saltas de la personalidad y drama de John Gilbert, al misterio de Greta Garbo, a la profesionalidad de Lilliam Gish, y al fastuoso mundo alrededor de Marion Davis y Hearst, a la profesionalidad y elegancia de Rober Donat, a unos Mel Ferrer y Audrey Hepburn que se implican en una historia, hasta la personalidad y muerte (que supone uno de los motores de la entrada en la crisis creativa de King Vidor) de Tyrone Power en España.

Y sobre todo te empapas de fascinación por sus películas. De algunas habla largo y tendido de otras de pasada. Pero su cuerpo cinematográfico está ahí presente. Se encienden irremediablemente los recuerdos asociados a su obra. Ahí, en las entrañas de sus películas, se encuentra King Vidor, en pinceladas. El horror de la guerra en El gran desfile, una guerra que devora la individualidad de los hombres. Aquel Hollywood dorado con pinceladas de diversión en Espejismos y risa asegurada en La que paga el pato. Un hombre entre la multitud en … Y el mundo marcha. Puro cine social en La calle y puro melodrama en Stella Dallas. Aires de comedia en Camarada X. Western y amor fou en Duelo al sol. Arquitectura, capitalismo y sensualidad en El manantial. Y Guerra y Paz como gran superproducción lastrada con escenas maravillosas… son sólo una pequeña muestra de toda su obra.

Son muchas las pinceladas que se tocan: la influencia de sus creencias religiosas (en numerosas ocasiones dice que profesa la Ciencia Cristiana pero desconozco absolutamente este terreno, así que seguro que es interesante su estudio. En la última etapa de su vida también trabajó en un guion donde se contaba la historia de la fundadora de esta corriente). El sentido que busca a toda su obra: “el hombre medio va por la vida y ve muchos sucesos dramáticos a su alrededor. Objetivamente la vida es una batalla, ¿no?”. La descripción de un Hollywood que nace y otro que muere… La exposición real de la crisis creativa de un hombre artista. Su pasión tardía por la pintura, confiesa que empezó a pintar cuando tuvo que estudiar el mundo de los colores y tonalidades para acometer su primera película en color, Paso al noroeste en 1940…

Leer las memorias de King Vidor son una continua e inolvidable lección de cine. Mereció la pena la espera.

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Una reflexión de septiembre y tres minicríticas (Elena, El amigo de mi hermana y Brave)

Antes de empezar con las minicríticas quiero señalar que soy una ciudadana con ‘hambre de cine’. Lo necesito para levantarme por las mañanas. Para mí el cine no es un ‘mero entrenimiento’ sino que me abre los ojos a otros mundos, me hace reflexionar sobre la realidad que vivimos, me proporciona conocimientos sobre el ser humano, me permite acercarme a otras doctrinas que enriquecen (filosofía, literatura, pintura, música…), me deja viajar, me da la posibilidad de crear… y me hace pensar.

El cine también cambia mi estado de ánimo y me hace crecer como persona. Y hay películas que me permiten atesorar una esperanza y que quizá hacen un clic en mi cabeza para no ver todo tan negro. Me crean la posibilidad de creer en que otro mundo es posible. Otras por el contrario me permiten que baje a la tierra y pise tierra firme, me enfrentan a un mundo y a una sociedad injusta. Películas que logran avivar el espíritu de indignación (entendiendo indignación como un estado contrario al de la pasividad y el sometimiento). Películas que animan a la implicación o a la acción para la transformación de un mundo que siempre parece que se derrumba y trágicamente frágil. Películas que descubren los mecanismos de poder y las estrategias del miedo…

Y para mí es todo un ritual sagrado ir al cine a una sala oscura con una pantalla grande. Y quiero seguir con este ritual sagrado. Porque sí que es cierto que hay otras plataformas y otros soportes para ver cine (sin irse más lejos… en el salón de mi casa) pero no se consigue totalmente la experiencia de ver una película en una sala con una pantalla blanca enorme…

Transcribo tan sólo un breve párrafo de un magnífico artículo de Enrique Urbizu en la revista Fotogramas del mes de agosto (nº 2026, pág 8, sección La firma invitada): “Ir al cine implica una aceptación temporal de una doble cautividad, física y sensorial: en el cine se nos ruega silencio, inmovilidad, invisibilidad. Dejar de estar en una sala que, a su vez, también dejará de existir. La luz se apaga gradualmente, el entorno desaparece y, obligatoriamente, nosotros también. Ahora, si la pantalla iluminada frente a nosotros nos cautiva, se produce el fenómeno de la hipnosis colectiva. Es el espejismo colectivo de mayor eficacia jamás inventado. Si el truco funciona te hará reír, llorar, desear, sufrir… Y aceptamos gustosos estos paréntesis”.

Quiero seguir acudiendo a la sala de cine y ver películas en la pantalla blanca… No quiero que se convierta en un lujo tan sólo para unos pocos. Recuerdo otro párrafo de un buen libro de cine (100 películas sobre historia contemporánea de José María Caparrós Lera. Alianza editorial) que se me quedó grabada: ciudadanos norteamericanos que durante el crack del 29 exigieron que el cine fuera gratuito porque para ellos era una necesidad básica como el pan y el vestido. Tenían que saciar ese ‘hambre de cine’ para salvaguarda su salud mental.

Relaciones familiares

Ahora mismo en cartelera hay tres películas que presentan desde diferentes ópticas las relaciones familiares. Una de la manera más cruda. Otra nos ofrece relaciones entre hermanos pivotando entre la comedia romántica y elegante y el cine independiente. Y la otra puro cine de animación que nos sumerge en un mundo de cuento para hablarnos de las relaciones madre-hija.

Elena (Elena, 2011) de Andrei Zvyagintsev

Primera incursión en la cinematografía del ruso Andrei Zvyagintsev. Elena es una película perfectamente construida de principio a fin. Elena desgarra e inquieta. Elena es el retrato de una madre, una esposa, una abuela de la Rusia contemporánea. Esa Rusia donde unos se subieron al carro del capitalismo salvaje y otros se quedaron en el camino de la supervivencia y la apatía. Una brecha enorme que destroza y que muestra el sálvese quien pueda de la manera más salvaje. Y esta brecha y estas decisiones para la posible supervivencia (para subirse al carro del bienestar), muy difíciles de juzgar moralmente, se personifican en Elena. Una Elena que elige sacar de la apatía a su hijo y dar un posible futuro a sus nietos. Y esa elección es brutal. Andrei Zvyagintsev emplea una narración cinematográfica que arrastra y lleva a una profunda tensión: la imagen idílica final da muchísimo miedo, es una escena que provoca terror. El empleo de la música, la presentación de la rutina de los personajes principales, el reflejo de las calles y de las casas, un ‘inocente’ paseo en coche u otro en tren, la visión de las ramas de un árbol al principio y al final, la visión de los edifcios donde vive la madre y donde vive su hijo, las conversaciones entre todos los personajes que se mueven en la trama… todo está al servicio de contar una historia muy potente cinematográficamente que además te acompañará días y días…

El amigo de mi hermana (Your sister’s sister, 2011) de Lynn Shelton

Primera incursión también en el cine de la directora Lynn Shelton. Y una incursión que me hizo reír y disfrutar un montón. Con pocos ingredientes surge una película de personajes elegante y bien elaborada. Una comedia romántica con diálogos geniales. Un bonita historia de hermanos (uno de ellos ausente) y hermanas. Ingredientes necesarios: 1.-. Una reunión de amigos recordando al ausente, un hermano herido que la arma, una mejor amiga que le da un toque porque lleva una vida sin rumbo y le ofrece un fin de semana de soledad en una casa aislada. 2.-. Llegada a esa casa aislada y descubrir nuestro protagonista que no está solo sino que se encuentra a la hermana mayor de su amiga, un poco de insomnio, una charla que descubre confesiones, intimidades y tristezas, unas risas, unos vasos de tequila y una cama. 3.-. El efecto sorpresa: la hermana pequeña aparece inesperadamente a la mañana siguiente en la casa para acompañar al amigo herido. Y ya tenemos una historia que transcurre de manera natural por tres actores que muestran toda su química: Emily Blunt, Rosemarie DeWitt y Mark Duplass. Tres personajes que muestran todas sus virtudes y todos sus defectos… y por eso te los crees. Geniales las escenas en la cama entre las dos hermanas…

Indomable (Brave, 2012) de Mark Andrews, Brenda Chapman, Steve Purcell

Con melena rizada y pelirroja al viento nace la princesa Mérida, primera de Pixar y no así de Walt Disney… Protagonista de un cuento en la antigua Escocia donde nos encontramos con clanes familiares, leyendas, tapices hechizados, fuegos fatuos, brujas, osos fieros, círculos de piedras monolíticas mágicas… Y en este cuento no cabe el romanticismo, Mérida no es una princesa guerrera en busca del amor verdadero o una dulce y sumisa princesa que necesita la protección del guerrero. Mérida es una adolescente que busca su independencia y libertad y sus deseos chocan con los de su madre (que es una princesa a la vieja usanza). Así el nuevo trabajo de Pixar con todos los ingredientes de un buen cuento lo que ofrece es un enfrentamiento entre madre e hija que va de la incomprensión absoluta al comprenderse mutuamente y afianzar su vínculo. A un aprendizaje de ambas de escucharse la una a la otra, y la otra a la una, y encontrar un punto de encuentro. Un cuento con toda la espectacularidad posible para hablarnos de un terreno íntimo. En este cuento escocés los hombres son meros comparsas cómicos, niños grandes o niños pequeños en un mundo mágico que es de las mujeres, que muestran que son las que tienen las cabezas y las riendas…

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Películas a descubrir y lecturas placenteras de cine

1.- Me interesa mucho el periodo pre-code en Hollywood, es decir, todas aquellas películas que se rodaron durante el inicio del sonoro hasta la imposición del código Hays (o sin eufenismo alguno código de censura), de 1927 hasta 1934. Porque ahí está el germen de qué temas se hubieran tratado y cómo si no se hubiera impuesto el código que savalguardaba la moral de los americanos y de paso del mundo. Ahí tenemos a una maravillosa Barbara Stanwyck en Baby Face (1933) de Alfred E. Green. Hace poco pude ver alguna de sus imágenes al visionar un documental… y me dije tengo que verla. Por desgracia, que yo sepa, no ha sido aún editada por estos lares. La película parece ser que muestra la subida hacia al poder de una dama a través del uso y manejo de los hombres que pasan a su lado. Uno de los hombres será un jovencísimo John  Wayne.

2.- … sin embargo mi otro foco de interés sí que ha sido recientemente editado y me veo pronto intentando adquirir el dvd a buen precio. La película es Aviso de tormenta. El director, Stuart Heisler. Y uno de los guionistas Richard Brooks. El argumento: una chica va a ver a su hermana y se encuentra que está casada con un hombre violento y que además la localidad no es muy hospitalaria… sino más bien muy unida al Ku klux Klan. Una historia cercana al cine negro, oscuro. Pero lo que más me ha sorprendido ha sido su reparto (por inesperado): las dos hermanas tienen el rostro de Ginger Rogers y Doris Day. El bueno de la función es Ronald Reagan. Y el malote es un actor secundario que arrastró muchas historias de amor y escándalo con un final entre trágico y absurdo, Steve Cochran (protagonizó películas de gánteres como Al rojo vivo y otros roles como el amante de Virginia Mayo en Los mejores años de nuestras vidas, voló a Italia y rodó con Antonioni en El grito…). Cochran es uno de los personajes que pueblan la novela de Paul Auster, Sunset Park.

3.- … siguiendo con un Hollywood oscuro me fascinó la novela El día de la langosta de Nathanael West. Y ahí llevo tiempo tras su adaptación cinematográfica de la mano de John Schlesinger, Como plaga de langosta de 1975 con Donald Shutherland, Karen Black, Burgess Meredith, Geraldine Page… Pero creo que pronto voy a poder conseguir verla.

4.- Hace relativamente poco me compré en la Feria del libro antiguo dos obras de teatro que tienen que ver con el cine. La primera porque cuenta con una adaptación cinematográfica y la otra porque fue escrita por un actor.

La primera es Flor de cactus de Pierre Barrillet y Jean-Pierre Gredy. La obra teatral se lee con agrado y funciona. Es muy similar a su adaptación a la pantalla de cine (con toques en el guión de I. A. L Diamond sin Wilder pero con Gene Saks). Pero no podía evitarlo según leía me iba a esa película de 1969 que funciona porque el reparto es redondo. La sonrisa no desaparece del rostro. Y así pasaban por mis ojos Ingrid Bergman, Walter Mathau y Goldie Hawn.

La segunda es A mitad de camino que fue una obra escrita por Peter Ustinov que no sólo fue actor sino mil y una facetas relacionadas con el arte. La versión escrita que existe en estos lares la realizó Ana Diosdado. Me ha sorprendido, es una obra muy de los sesenta, pero que su lectura vale para hoy. Sobre las distintas generaciones, sus choques y un análisis de qué es verdaderamente la rebeldía o un acto rebelde o qué es realmente la libertad. Una comedia absurda con mucha racionalidad de por medio… Su protagonista el General termina atrapado ‘viviendo la vida’ en lo alto de un árbol. Sin embargo no lo puedo evitar siempre que pienso en Ustinov me viene a su cabeza su Nerón demente, con su lira, o su muerte como hombre pusilámine después de todo el dolor que ha causado (y aun así consigue que una mujer le ame).

5.- Ahora estoy con la lectura de dos libros (regalos maravillosos) que me están adentrando en las entrañas más cinéfilas. Uno es Imágenes de Ingmar Bergman donde paso a paso el director nos habla de la creación artística a través de su obra cinematográfica. Así el lector va dando un paseo por cada una de sus películas y cómo fueron creadas. Y también se adentra en la vida y en las reflexiones del director… porque Bergman une irremediablemente su vida con el cine.

El otro libro es una curiosidad maravillosa la novela inacabada de Luchino Visconti, Angelo. Son cuatro capítulos y se fecha el manuscrito en 1937 cuando el realizador se estaba empapando de realismo, con gotas de poesía, en Francia y cuando ya se estaba gestando su abrazo a los postulados del neorrealismo. De momento las páginas que he ido pasando demuestran su capacidad de observación, una mirada especial y una sensibilidad extrema.

6.- Y ya por último siguiendo por el terreno literario he adquirido por recomendación un libro de cuentos de Antonio Tabucchi (recientemente dejó de estar entre nosotros y se fue a crear a otras dimensiones desconocidas), Pequeños equívocos sin importancia porque su último cuento es una gozada y se llama Cine. Así Tabucchi nos lleva a través de sus páginas a una historia de amor que podemos reconstruir mirando a una gran pantalla imaginada porque es la historia de un reencuentro de dos actores. Tabucchi nos deja entrever como las vidas de cada uno son como películas que avanzan y como son protagonistas, estrellas de una existencia que los lleva a veces a la comedia, otras a la acción y la aventura o chocan con el melodrama (vamos, como la vida misma)… y logra atrapar. Me encantó. Pero además me estoy leyendo los otros cuentos del libro y me están entusiasmando… y siempre tiene alguna que otra referencia cinéfila.

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Al desnudo de Chuck Palahniuk (Mondadori, 2012)

 … es la primera novela que leo de Palahniuk que consiguió introducirse en la mitología cinéfila por la adaptación cinematográfica de su tercera novela (y primer éxito editorial) El club de la lucha. Al desnudo ha llegado a mis manos como buen regalo. Y lo he devorado en apenas unos días… porque como sabéis soy una buscadora innata de cuentos y novelas que tengan al cine como protagonista.

Palahniuk ofrece su personal visión del viejo Hollywood dorado en decadencia a través de varios referentes que vienen a la cabeza del lector apasionado por el cine cuando se hunde en sus páginas. Así lo que destaca sin duda es un ambiente decadente y unas situaciones extremas con gotas de humor ácido y negro. Y entonces surgen imágenes de aquel Aldrich (¿Qué fue de Baby Jane?) que unía a viejas glorias en la pantalla cinematográfica, a divas del viejo Hollywood, y las hacía protagonizar una relación enfermiza donde nada era lo que parecía (nada es lo que parece). Así Aldrich creó escuela y hubo otros directores que crearon películas con divas y relaciones desconcertantes como Harrington (¿Qué le pasa a Helen?).

… La historia de la decadente diva cinematográfica que pasea su vejez y el olvido, Katherine Kenton, con su colección de des-maridos y sus mascotas, siempre acompañada de la fiel Hazie Coogan, su amiga, su dama de compañía, su asesora, su vigilante… es como una película que pasa ante nuestros ojos en pantalla grande. Con sorpresas y giros. Detrás de la batuta puede estar Billy Wilder… cuando se produce el encuentro de la decadencia con un joven apuesto Webster Carlton Westward III (y probablemente ambicioso… y aprovechado) a lo El crepúsculo de los dioses. El peso de las arrugas en el rostro, la obsesión por borrar el rastro de la historia a través de operaciones, maquillajes, pelucas… nos lleva a Fédora. Katherine Kenton se refugia en una cripta donde va enterrando des-maridos y mascotas y donde en un ritual con Hazie esconde en un espejo (como el cuadro de Dorian Gray) su rostro sin máscara.

A través de lo grotesco, de los apuntes señalados, los giros inesperados de sus personajes ‘reales y ficticios’, es como si el mismísimo Anger siguiera aportando apuntes a su peculiar Hollywood Babilonia. Y varios de los nombres que aparecen pulularon por sus páginas.

Al hundirse el lector en las páginas de Palahniuk es meterse en la crónica grotesca y amarillista que alimentaron las famosas comadres de cotilleos y otros periodistas que crearon ‘otro Hollywood’ oscuro y funesto para alimentar las horas de ocio y vida gris de los lectores ávidos de luces y sobre todo sombras de las estrellas cinematográficas. Así no puede faltar el trío de Hedda Hopper, Louella Parsons y Sheila Graham (que acunó en sus brazos a todo un ‘personaje’ de la generación perdida, Scott Fitzgerald quien dejó una maravillosa novela inacabada sobre Hollywood, El último magnate).

Para al final Palahniuk dejarnos su reflexión o su discurso, lleno de interés y para remarcar una reflexión profunda, que podríamos resumir en una de las frases de la novela: “No, ninguno de nosotros da la sensación de ser muy real. No somos más que personajes secundarios en las vidas de los demás”. Porque por una parte existe la ‘ficción’ de las películas donde los actores y actrices con rostro van dando vida a distintos personajes. Y por otro está la ‘ficción’ de sus vidas. Es decir, la creación de ‘imágenes vivientes’ y de ‘mitos hollywoodienses’ sobre los que se vomitan litros y litros de tinta. Estas imágenes vivientes alimentan los sueños y las horas de los espectadores y tras esas imágenes se ocultan unos seres humanos a los cuales no tenemos acceso. Y en la creación de esas imágenes vivientes se crean sueños y monstruos para alimentar hojas y hojas de revistas, periódicos, libros, ensayos… o para alimentar las televisiones de los hogares a través de entrevistas, documentales, programas-homenaje… etcétera (todos los soportes, redes sociales y nuevas tecnologías que podáis imaginar).

Chuck Palahniuk se mete de lleno, incluso en su escritura y en su forma de presentar esta historia, en el mundo del cine. Así la narración de Palahniuk es pura narración cinematográfica siguiendo las técnicas de un guion. Y cada capítulo es una secuencia. Donde sabemos cómo va a mirar la cámara-lector y los detalles que va a ver o en lo que se va a fijar. Entre primeros planos y flash back… y distintas alternativas de finales vamos viendo la película que crea y construye la narradora de esta historia, una reina del montaje final.

No quiero terminar la reseña sin señalar el ‘personaje’ creado por Palahniuk para Al desnudo que más me ha llamado la atención y más me ha llenado (y sorprendido). Y es el reflejo que crea de la dramaturga y guionista del Hollywood clásico, Lilliam Hellman. Un ‘personaje secundario’ de la propia película que plantea Palahniuk que se va apropiando con fuerza de la historia y comiéndose casi a la pareja protagonista. Una Lilliam Hellman extravagante de imaginación desbordante que crea siempre argumentos imposibles donde es una mujer de acción que cambia continuamente el rumbo de la Historia. Este ‘personaje’ creado protagoniza los momentos más hilarantes y estrambóticos de esta interesante visión de un ‘viejo Hollywood’ que cuenta con innumerables miradas y matices.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

39 estaciones. De viaje entre el cine y la vida de Alfredo Moreno Agudo (Eclipsados, 2011)

En un prólogo certero de Francisco Machuca (les invito a todos a visitar su blog El tiempo ganado) habla de la imposibilidad de escribir La Hermosa Historia Imposible del Cine y sin embargo da las claves para elaborarla. Memoria, sensaciones e imágenes…y entonces nos adentra en el viaje que propone Alfredo Moreno (creador del blog 39 escalones… otro buen sitio para navegar) con parada en 39 estaciones. Un viaje de miradas, recuerdos, reflexiones, sentimientos y lecturas que no hace más que proponer una personal  Hermosa Historia Imposible del Cine.

Adentrarse en cada una de las 39 estaciones es disfrutar de una parada donde con deleite disfrutar de una pasión, el cine. Y la vida es una suma de pasiones. Es un libro para saborear cada propuesta-mirada. Un paseo por sus páginas, es un paseo personal por el séptimo arte. Con sensibilidad extrema desgrana sus momentos entre el cine y la vida. Así nos adentramos en el alma de un actor, de un director o en el corazón de una película, de una escena. O como la vida nutre al cine y el cine nutre a la vida.

En este peculiar y personal viaje nos emocionamos ante dos viejos payasos que ante las candilejas de un escenario nos muestran sus rostros sin caretas, la de dos grandes del cine silente con dos concepciones de arte diferente. Recorremos una y otra vez la tienda de la esquina, que es un bazar de sorpresas repleto de seres humanos reconocibles. Recordamos una historia de amor que se lee en la carta de una desconocida y los lazos entre cine y literatura. Nos adentramos en la historia de un diablo, que se transforma en actor, que es protagonista de diversos fotogramas. Nos recuerda la mirada de uno de los perros más neorrealistas del celuloide, responde al nombre de Flike.

La siguiente parada nos lleva a Innisfree junto a la historia de revelaciones entre Mary Kate y Sean. O nos lleva a la espera del autobús de la una y media donde un Marty esperanzado piensa que quizá será hombre amado. No podía faltar un recorrido fascinante por el complejo de culpa que recorre las películas del maestro del suspense. Ni mucho menos una mirada buñeliana. O adentrarse por un viaje especial a la India de la mano de Satyajit Ray. O un estimulante paseo por el mundo de las apariencias del cínico Wilder.

Montar en caballo o en moto en compañía de John Sturges, apasionado artesano. O pasear por rarezas como por un western impenetrable a orillas del mar.También una mirada y un viaje alucinante al interior de dos mujeres-persona con fondo bergmaniano. No puede faltar un baile de vampiros que se convertiría en pesadilla.

Nos adentraremos en el viaje hacia la muerte de un creador, Nicholas Ray, o en los silencios de los samurais. Viajaremos por el espacio según Kubrick o viviremos el horror de la guerra. Haremos una parada en el Oeste con mirada de Hawks. Tendremos el gusto de conocer al marinero jovial y volaremos por horizontes perdidos donde se esconden hombres que quizá puedan reinar o queden atrapados finalmente por el fracaso.

Nos iremos más allá de Orión o traspasaremos los rayos catódicos. Saltaremos por los sueños de Kurosawa. Estaremos en contacto con la más dura historia de América del Sur entre la muerte y la doncella y la historia oficial. Conoceremos en una piscina de lujo algo decadente a dioses y monstruos y pasaremos por el territorio comanche. Conoceremos el mundo pulp de Tarantino y asaltaremos la sensibilidad de Eastwood que sortea y se inspira en sus maestros Leone y Siegel. Parada de lágrimas en Vietnam y paseo por una Dinamarca con Dogma. Visita al Allen que sortea el destino. Iremos hacia un rumbo doloroso a la madurez con beatiful girls.

Nos adentraremos en el mundo compuesto de celuloide y literatura de Auster. Un paseo por la frontera y otro por los telones que luchan por no bajarse para siempre. Nos montamos en un barco donde se hablan todos los idiomas o somos testigos de un viaje cinéfilo que nos proporciona un personaje, Stephen Lynn, que proporciona breves encuentros.

Ésta es la Hermosa Historia Imposible del Cine con mirada y palabras de Alfredo Moreno. Y adentrarse en este viaje depara conocimientos y sorpresas. Sensaciones y recuerdos. Sentimientos y pasiones.

… A veces eché de menos en ciertas estaciones paradas más largas. Son tan interesantes las propuestas-mirada que me hubiera gustado que el autor me hubiera hecho pararme mucho más en ellas.

39 estaciones. De viaje entre el cine y la vida, un libro-viaje imprescindible para aquellos que buscan miradas de cine… Tener el libro entre las manos es adentrarse en un bazar de sorpresas infinito. O leer una carta de alguien que viaja y mira a través del celuloide y comparte con el lector sus reflexiones y sentimientos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La verdadera historia de la señora Danvers

A Jordi y a todos los compañeros -algunos ya amigos queridos- (de estos tres maravillosos años) del curso de crítica de cine. Los viernes son un paraíso. Un paréntesis hacia una utopía de gente unida por una pasión: el cine. Y es un deleite disfrutar con las ideas propuestas (y los conocimientos) de un profesor apasionado que nos empuja a escribir, a descubrir, a ver, a analizar, a mirar… Aquí Hildy Johnson se transmuta en un David Thompson en busca de más Sospechosos. E imagina la historia de la señora Danvers…

De las cenizas de Manderley pude rescatar el diario de la señora Danvers. Me lo llevé antes de que nadie lo encontrara. Ahí entre esas páginas se esconde la historia que nunca nadie supo ni sabrá. Por mí que oculta quede. Con haberla vivido me es suficiente. Con haberla leído me siento un privilegiado. Que la gente se quede con esa imagen de los sufridores Maxim de Winter y su segunda y apocada esposa… que vivieron felices y comieron perdices.

En este diario hay dos protagonistas y luego meros secundarios. La señora Danvers y Rebeca por un lado. Y por el otro yo mismo, el primo favorito como me llamaban ambas, Jack Favell; el estirado y antiguo Maxim de Winter (que nunca se enteró de nada, tan cerrado era) y la pobre tonta segunda esposa que creyó revivir un cuento de cenicienta y se vio inmersa para siempre en una pesadilla. Nadie con De Winter podía ser feliz.

La señora Danvers, como una Jane Eyre cualquiera, era una mujer pobre, fea, inteligente y gris. Sin ninguna posibilidad de ser feliz. Pero en su camino no se cruzaría un señor Rochester que le abriría los ojos a otro mundo posible sino una Rebeca alocada, llena de belleza y juventud, que vivía con intensidad los locos años de entreguerras.

El destino de Rebeca, de una familia bien, era como el de muchas muchachas de la época conseguir un buen matrimonio. Y convertirse en dueña y señora de una casa. Pero sus ambiciones eran otras. Ella quería además ser bohemia. Viajar, experimentar, ser totalmente independiente, aprender, escribir, conocer hombres y mujeres, ir continuamente de fiesta… así que pensó que no estaría nada mal una buena boda que le permitiera ‘vivir como le diera la real gana’. Ahí estaba la gran paradoja.

Pero estoy adelantando acontecimientos. La triste señora Danvers, siempre con el pelo recogido, siempre de negro. Siempre apareciendo en momentos inesperados… llegó a casa de la familia de Rebeca con una carta de recomendación donde se exponía que podía ser una apta dama de compañía y doncella principal de la joven de la casa.

Y entonces a la señora Danvers se le abrió el mundo nada más escuchar la risa de Rebeca. Y como la señora Danvers nunca había sido amada ni nunca había amado… Rebeca se convirtió en un soplo de aire fresco.

A Rebeca le encantó la oscuridad de la señora Danvers. De pronto descubrió su rico mundo interior y sintió que dentro de su cuerpo había una mujer desbocada y libre que quería liberarse de sus cadenas tortuosas. Así que decidió abrir su corazón a la doncella íntima. Y contarle todos sus anhelos.

Pronto la señora Danvers y Rebeca se hicieron inseparables. Recuerdo todavía cada vez que iba de visita al hogar de mi prima cómo escuchaba las risas y los susurros tras la puerta. Yo llamaba a sus aposentos… y ambas decían: ¡que entre el primo favorito! Y entonces pasábamos tardes inolvidables de charlas interminables, con unas copitas de más, lecturas picantes o representaciones teatrales privadas… No sé por qué pero la señora Danvers y Rebeca me admitieron en su mundo.

Rebeca era joven y alocada. Le encantaba la noche. Y las correrías. Y las reuniones con música, alcohol y humo. Le gustaban los hombres, entre ellos yo, su primo… pasamos momentos increíblemente eróticos y también vivimos largas conversaciones y discusiones. Bueno, como iba contando le encantaban los hombres… y la señora Danvers. Que era su confesionario particular. Sabía que con ella sería amada con fidelidad y devoción para siempre. Que con ella podía burlarse de todo. Que sólo ella conocía todos sus recovecos.

Y para la señora Danvers no existía nadie más que Rebeca… y de vez en cuando el primo favorito.  La estirada señora Danvers, la dama de negro, en la intimidad de una habitación y con la persona a la que amaba sobre todas las cosas… lograba escupir su intenso mundo interior y que surgiera la mujer atrapada entre la apariencia rígida y siempre recta. Tras la puerta la señora Danvers se relajaba y el rictus de su cara era diferente.

… Y entonces llegó el señor De Winter con toda su educación, su casa de Manderley, su rancio abolengo, sus costumbres trasnochadas y su aburrimiento continuo. De alguna manera se sintió embaucado por la belleza de Rebeca. Y creyó afianzar un matrimonio respetable. Se la llevó. Y Rebeca, para que mentir, se dejó llevar y seducir por las ‘posesiones’ del esposo. Desde el principio supo que su marido era un aburrido y un tirano de la vida loca. Pero también supo que ella siempre había sido y sería indomable. Y que manejaría a De Winter a su antojo, incluso se reiría bastante de él. Así que se llevó tan sólo a la señora Danvers. Y las dos se fueron a Manderley con el estirado de De Winter.

Nada más casarse Rebeca confesó a un anonadado De Winter su manera de ser y que no iba a renunciar a nada. Ella seguiría con su independencia de devorar las horas… y le prometía sin embargo comportarse como la esposa ejemplar que todo el mundo esperaba de cara a la sociedad. Algo que le importaba tremendamente al simple De Winter… que herido en su amor propio accedió. Rebeca le dijo que todo saldría perfectamente porque siempre estaría de guardiana la señora Danvers. Y De Winter se acostumbró a su presencia como mujer de negro que todo lo dispone y todo lo tapa.

Danvers se convirtió en la reina y señora de Manderley. Controlaba la vida pública de sus señores. Cuidaba la vida privada de ambos. No se le escapaba detalle. Sabía absolutamente todo. Acompañaba las tristes tardes solitarias de un De Winter cada vez más humillado y antipático. Y esperaba a que llegase por las noches una Rebeca etérea después de haber sido amada en otros lechos… y con un montón de historias y conversaciones que contar.

La señora Danvers se transformó en mujer imprescindible. Y su vida ya contaba con distintas tonalidades. Tenía todas las llaves de Manderley. Conocía todos sus secretos, pasiones y odios… Y a mí al primo favorito me seguían acogiendo ambas en noches oscuras donde nos contábamos historias de terror y reíamos borrachos bajo la luz de la luna… mientras oíamos un llanto ahogado a lo lejos. Más tarde supimos que era la rabia de De Winter. Al sentirnos sin ataduras.

Sin embargo Rebeca nos escondió un secreto a todos. No quiso que nadie supiera que una enfermedad terrible la devoraba. Y antes que estar enferma y postrada en la cama, antes de dejar que el estirado de De Winter ejerciera de amantísimo esposo al pie del lecho, prefirió seguir siendo intensa y hacerle pasar un mal trago. Porque Rebeca nunca terminó de llevar bien al aburrido y seco de De Winter al cual se le agrió para siempre el carácter. Así que con sumo cuidado planificó su muerte, su suicidio. Y se rió de lo lindo de De Winter, al que dejó para siempre además de amargado con un sentimiento de culpabilidad. Ya se saben la historia. Tampoco quiso que su amor, la señora Danvers sufriera su deterioro físico y mental. Ocultó todo su plan.

Esa vez no se confesó a la señora Danvers. Y eso a la mujer vestida de negro, le rompió el corazón. Porque hubiera preferido irse con ella… y no vivir ese tiempo que la dejó sola… de nuevo sumida en una vida gris. Ni yo le servía de consuelo. Me trataba como si fuera el ama de llaves que siempre fue. Con distancia y recelo. Nunca volví a traspasar la puerta. Se convirtió de nuevo en mujer atrapada.

De Winter nunca supo que convivió en el seno de Manderley con dos mujeres libres mientras él lloraba de rabia en sus aposentos. Tras la muerte de Rebeca y una depresión decidió irse de viaje… y se trajo a una pobre tonta, que le miraba con arrobo y le parecía todo el colmo del romanticismo. La señora Danvers no daba crédito a que alguien pudiera ser tan estúpido y tan falto de personalidad, pero la segunda esposa de De Winter iba ganando puntos a cada instante. Cómo se lo pasaba la señora Danvers jugando con ella. Ahí seguía pensando que estaba Rebeca y que ambas se reirían de otra persona de mente limitada.

Hasta que las circunstancias…, la aparición del barco, la acusación de De Winter como el asesino de su primera esposa, la confesión del doctor de su enfermedad fatal y por tanto del suicidio, el recuerdo injusto que iba quedar de Rebeca en una sociedad pacata, y la tristeza al saber que como pareja ideal iba a quedar un cada vez más estirado De Winter y la pobre insulsa de su segunda esposa…, y sobre todo el miedo a la total pérdida de su libertad, que había logrado conquistar junto a Rebeca, hizo que tomara la determinación de quemar Manderley con ella dentro y con todos sus recuerdos.

Quedaron estas páginas. Esta historia secreta y verdadera que os cuento.

Y yo me convierto en guardián de mujeres libres a las que amé en noches de borrachera y risas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El árbol de la vida de Terrence Malick

Una vela se enciende.

Es el dia del aniversario.

El día del ausente que se vuelve presente.

El dolor habita en todos nosotros.

Sólo tenía 19 años.

 

Padre, madre, hermanos…

¿Cómo soportamos el dolor?

Quiénes somos.

Adónde vamos.

La vida pasa.

Y ¿el ausente?

 

Una carta.

Una llamada.

Una muerte.

 

Qué es la vida.

Cuál es su origen.

La naturaleza nos envuelve.

Somos motas de polvo en el universo.

 

… ¿aceptamos la muerte?

… ¿entendemos la muerte?

 

… Una oración.

… Una plegaria al ausente.

La ausencia siempre duele.

El árbol de la vida es una plegaria sobre el dolor.

Sobre lo que arrastramos de padre…

De madre…

De hermanos…

Los miedos…

… los heredamos.

Los momentos felices…

… los recordamos.

Lo mejor de cada uno…

… nos llega más tarde o más temprano.

Lo peor de cada uno…

… nos llega más tarde o más temprano.

Las vivencias.

Las emociones…

… las vamos almacenando.

 

El que triunfa… no es bondadoso.

Amad.

Es lo único que merece la pena.

Quise ser músico.

Ya no lo soy.

Estoy frustrado.

Pégame. Vamos, pégame.

Hay que ser fuerte.

La vida es injusta.

Hay que ser fuerte para recibir todo tipo de desgracias.

 

Pobre hijo mío.

 

… me oculto en el libro de Job.

Soy un hombre bueno lleno de desgracias,

que no merezco.

 

Me doy cuenta tarde.

Sois lo único que tengo.

Soy fuerte, soy cruel.

Os quiero.

 

Yo soy malo como tú.

No soy bueno como ella.

 

… pero abrázame.

 

Y ella ama.

Siempre ama.

Y en su silencio es fuerte.

 

No te mueras.

No seas bella durmiente.

Por favor no seas sumisa.

Nunca veo tu rebelión.

 

Sin embargo es etérea.

 

¿A quién quieres más?

Sólo yo la quiero.

 

Job era un hombre bueno…

… rodeado de injusticias.

¿Sirve de algo ser bueno y justo?

 

El inocente puede morir. Muere.

 

Voces que se cruzan.

 

Constelaciones y estrellas.

La naturaleza sigue su curso…

 

Mi hermano.

Toca la guitarra.

Tiene ojos azules.

Juega con mi hermano pequeño y conmigo.

Es tierno.

Me fío de ti.

Nunca me harás daño.

 

Ahora, hermano, estoy en la cima.

… pero cada día me hundo.

Y vago entre emociones.

Porque siento siempre tu ausencia.

Y me vienen a la cabeza tus recuerdos.

 

La infancia vivida.

Entre padre, madre.

Hermanos.

Amigos.

Emociones.

Y vivencias.

 

Y en este hundimiento.

Cuando te enciendo una vela…

… en el aniversario de tu ausencia…

… oígo vuestras voces.

… e invento una plegaria…

para entender la vida, la muerte. El origen de todo.

 

Y quiero reconciliarme… con todos.

Quedarme sólo con los momentos de amor…

… que sí que existieron.

Volver a tocaros en ese mar infinito…

En esa playa inmensa.

Y recuperarte y darte. Y quererte.

Y quereros.

 

Es mi plegaria.

Mi oración.

Apago la vela…

Vuelvo a entregarte.

 

Oigo la voz de madre.

Y el ausente siempre presente…

Sólo tenía 19 años.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.