La semilla inmortal. Los argumentos universales en el cine de Jordi Balló y Xavier Pérez (Anagrama. Colección Argumentos, 2011)

Una de las cosas más maravillosas que te pueda ocurrir con un libro es que empieces a leerlo y no puedas dejarlo. Y cuando no tienes más remedio que dejarlo para ponerte con otros menesteres (no sólo de la lectura y de ver cine vive el ser humano), sueñas con encontrar un huequito para volver a sus páginas. Bien, esto es lo que me pasó este verano con La semilla inmortal. Y os lo digo desde las primeras líneas… es un libro maravilloso que te permite un viaje inolvidable.

Y os preguntáreis que en qué consiste este libro con el que Hildy ha perdido la cabeza desde el primer párrafo (y que como no fue un buen regalo… pero ¡qué suerte tengo!). Los autores, cinéfilos empedernidos y profesores de la Universidad Pompeu Fabra, nos exponen varios argumentos, de sobra conocidos por todos (bueno, unos más que otros…, me pongo roja), de la literatura universal. Argumentos siempre presentes a lo largo de la historia, argumentos que se han convertido en referentes. Argumentos que proceden de la mitología clásica, de la literatura universal o de los cuentos populares… Entonces, voilá, los autores muestran cómo estos argumentos se repiten en distintas joyas cinematográficas, cómo son fuente de inspiración para crear imágenes inolvidables. Como son ‘leidos’ de nuevo con otra mirada pero con un mismo fondo.Y el entramado que surge, el mapa que se compone en las diferentes páginas, supone ese viaje que, como he dicho, merece la pena.

Y merece la pena porque permite que nos estrujemos la mente. Los autores aportan algunos ejemplos… pero el lector a partir de la semilla de conocimiento puesta por ambos autores puede alargar el mapa de manera interminable e incluso buscar más argumentos universales y explorar en más películas.

Balló y Pérez nos sitúan en argumentos universales como La bella y la bestia, Romeo y Julieta, La Cenicienta, Madame Bovary, Macbeth, Fausto, Edipo, Jekyll y Hyde, Orfeo o Pigmalión… y las posibilidades cinematográficas o mejor dicho las películas nacidas bajo estos argumentos son innumerables. No sólo se centra en sus adaptaciones cinematográficas (con sus distintas lecturas) sino en esas películas que, quitándole capas de la cebolla, estudiando su trasfondo, descubrimos que el germen de la historia (la semilla inmortal) es ese argumento universal.

Por poner ejemplos apasionantes (y de paso que a alguien le apetezca hundirse en estas páginas), tomemos un argumento conocido por todos, La Cenicienta. Un cuento de hadas que difícilmente puede no estar presente en nuestra infancia (además, por supuesto, de su versión Disney). ¿Recordamos los elementos del cuento tal y como lo recogió Perrault? (Sí, sí, porque si mal no recuerdo él aportó el tema del zapatito de cristal. Hay una leyenda extra literaria que dice que lo del zapatito de cristal fue motivado por una errata…, ¿apasionante, verdad? Pero eso es otra historia). Recordemos el trasfondo fundamental: la protagonista pasa de ser mujer humillada, desvalida y pobre a mujer enamorada y ensalzada a ser princesa con, de paso, un hombre ideal a su lado. En este viaje iniciático la dama se encuentra con distintos obstáculos para alcanzar la felicidad. Y también elementos mágicos y del destino que la ayudan a su final feliz. Comencemos nuestro apasionante viaje por el mundo cinéfilo (de la mano por supuesto de Balló y Pérez): Qué es Rebeca sino un argumento universal con una Cenicienta de fondo. Una desvalida e indefensa Joan Fontaine que consigue a su príncipe pero antes tiene que luchar contra alguien peor que la madrasta y las hermanastras, contra una ausencia, la esposa anterior, y un ama de llaves. Todo en clave de misterio. ¿No os parece que en cierto sentido el cuento de La Cenicienta también es una intriga…, ay, qué nervios con esas doce campanadas?¿Encontrará el príncipe a la dueña del zapatito de cristal?

Pero sigamos indagando. ¿Qué es Pretty Woman, esa película que cada vez que la ponen en la tele rompe audiencias? Pues no es más que la traslación de un argumento universal. De nuevo, ¿adivinan?, La Cenicienta. Pero con todos sus ingredientes. Incluso con un hada madrino, un príncipe ejecutivo y un hermanastro perverso… Y por supuesto también la ansiada transformación de cutre-look a pija redomada…

Bueno pues La Cenicienta da para mucho más…, ¿no se os ocurre ya alguna peli más? Id corriendo a por La semilla inmortal(por cierto, qué título más genial) para empezar un juego infinito y apasionante…

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Pienso en clave de cine

Pienso en clave de cine

Luego sueño.

Mi pentagrama es la pantalla blanca.

Ahí surgen corcheas y semicorcheas de celuloide

a un ritmo en luna creciente.

Y son las notas cinéfilas

las que me salvan cada día

de no caer en el hastío oscuro.

Y son las melodías de historias maravillosas

las que me salvan cada día

del problema oculto.

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Sospechosos de David Thomson (Random House Mondadori, Colección Roja&Negra, 2010)

A veces un regalo te abre un mundo. Y así ha ocurrido. En un momento especial me regalaron este libro: Sospechosos del crítico cinematográfico David Thomson. Y ha sido uno de los libros que últimamente más he disfrutado. Thomson recibió un encargo: un diccionario de personajes de cine negro (género que como sabéis a Hildy le encanta). El crítico elaboró su lista de personajes pero pronto se dio cuenta de que podía caer en el aburrimiento así que decidió arriesgarse y crear una obra muy especial.

Una apuesta con una estructura que engancha donde el ensayo cinematográfico se transforma en novela de ficción y viceversa. Donde los personajes de ficción del cine negro (sorprende la elección de ciertas películas para enmarcarlas en este género aunque queda plenamente justificado en el epílogo del crítico donde explica maravillosamente el nacimiento del libro y las razones de algunas de sus elecciones) cobran vida de tal manera que se convierten en personajes reales con una existencia propia. Thomson elige un narrador único (que se descubrirá su identidad al final —que seguro sorprenderá a más de uno— de esta insospechada novela) para que vaya desplegando la historia de cada uno de los personajes y con varios de ellos va creando una red de conexiones que conforman una historia única, una novela puramente negra.

Así Sospechosos brinda un mapa clave donde pululan personajes de cine negro de los cuales sabemos lo que nos contaron las películas que protagonizaron pero Thomson nos aporta el más allá. El pasado, lo que conocemos de ellos a través de sus historias filmadas y el futuro (si hay ocasión, si sobrevivieron a su historia)… y a algunos los conecta a unos con otros. De este modo somos testigos de un universo propio de cine negro donde se crea otra historia, una novela, de giros sorprendentes.

En este universo danzan los protagonistas de películas como Casablanca, El halcón maltés, El último refugio, Laura, Forajidos, Anatomía de un asesinato, Chinatown, Atraco perfecto, American Gigoló o Taxi Driver. Lo maravilloso de Thomson es que con su uso del lenguaje crea pura literatura noir y además construye un ensayo cinematográfico completo y complejo. Así si has podido disfrutar de las películas disfrutarás plenamente de su lectura y además te sorprenderá el destino que depara Thomson a alguno de los personajes (o el pasado que les rodea). Y si no has disfrutado de ellas te enganchará por la fuerza del relato que une todas estas historias o porque cada uno de los personajes, independientes, te arrastran por su descenso a los infiernos con sus momentos tiernos. Así también te deja con las ganas de ampliar y revisitar películas del universo noir que propone Thomson.

Obviamente yo me he quedado con ganas de descubrir y poder ver aquellas películas que todavía no he podido disfrutar y que Thomson me aporta las ganas de acercarme a ellas. Así este libro además de acercarme de nuevo a los personajes que amo de películas que ya he visto más de una vez me deja al descubierto: El jugador de Karen Reisz, El largo adiós de Robert Altman, El rey de Marvin Gardens de Bob Rafelson, Mentira latente de Mitchel Leisen, La burla del diablo de John Huston, Yo vigilo el camino de John Frankenheimer, El reportero de Michelangelo Antonioni, El camino de Cutter de Ivan Passer, Nieve que quema de Karen Reisz, A quemarropa de John Boorman, Fuego en el cuerpo de Lawrence Kasdan (sí, sí no la he visto), Atrapados de Max Ophuls, Melvin y Howard de Jonathan Demme y, por último, La noche se mueve de Arthur Penn.

Suspiro, cuánto me queda aún por ver y descubrir.

Sospechosos es una lectura que recomiendo fervientemente a todo amante de Ilsa, Rick, Victor, Harry Lime, Jake Gittes, Noah Cross, Waldo Lydecker, Laura Hunt, Norma Desmond, Cora Papadakis, Frank Chambers, Pete Lunn, Roy Earle…

Desde aquí también hago un llamamiento… ¡¡¡por favor traduzcan al castellano obras clave de la crítica cinematográfica!!! David Thomson tiene escritos varios libros imprescindibles… que me muero de ganas por leer. Sospechosos ha sido un primer paso maravilloso.

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John Huston. Biografia. Historia de una dinastía de Hollywood de Lawrence Grobel (T&B Editores)

Apenas me quedan 150 páginas en este libro de más de 800 páginas. Y sobre todo surge el retrato del cineasta John Huston como hombre con sus recovecos, laberintos, oscuridades y luminosidades y como ser creativo y artista. Pero ahí están también los retratos de Walter Huston, Angelica Huston, Tony Huston y Danny Huston… y todas las personas importantes que giraron alrededor de sus vidas.

La saga Huston con los secretos al descubierto. Con sus defectos y virtudes. El libro de Grobel es una radiografía familiar. Pero también muestra la filmografia sobre todo de John…, pero también de Walter (y su trayectoria como actor de vodevil o como actor de teatro que se enfrentaba a obras de Eugene O’Neill). Los primeros pasos de Angelica, Tony y Danny en el mundo del cine. Es un paseo por la intimidad de una familia combinada con la vida pública que todos conocemos. Es tal el volumen de asuntos íntimos revelados, asuntos tan delicados, que a veces como lectora he sentido pudor. Aunque sí es cierto que como explica Grobel contó con el consentimiento de John Huston y familia.

Y en el libro de Grobel hay por supuesto mucho pero que mucho cine. Así no sólo viene a nuestra mente la rica filmografia de Walter (de la que no estuvo siempre satisfecho) sino que recorremos la trayectoria como cineasta de John con grandes obras, altibajos, baches y resurrecciones gloriosas.

Yo a Walter sobre todo le recuerdo en la impresionante El tesoro de Sierra Madre (donde Walter trabajó bajo la batuta de su hijo). Pero también le tengo grabado en dos películas muy diferentes. Por una parte un reverendo complejo, oscuro, castrador… pero que cae en lo más profundo del abismo en Rain su contrincante es una mujer de mala vida con cara de Joan Crawford y en una obra cinematográfica del gran Wyler, Desengaño.

Y a John Huston más que en sus películas de cine negro, que me apasionan también, como El halcón maltés, Cayo largo, La jungla de asfalto… O la ya mencionada El tesoro de Sierra Madre que me impresiona, le guardo gran cariño por La Reina de África o Sólo Dios lo sabe. Me encantan rarezas que fueron grandes fracasos como Los que no perdonan, Vidas Rebeldes o me fascina La noche de la iguana.

Le disfruto en obras extrañas como El juez de la horca o Reflejos de un ojo dorado. Pero es que lo disfruto hasta en sus producciones más alejadas de su forma de hacer cine como Evasión o Victoria (que me parece título de lo más entretenido). O en esos intentos de buen cine que se quedaron a medias como Moby Dick o Moulin Rouge.

No puedo evitar que me fascine totalmente su obra póstuma, que tantas veces he visitado, como es Dublineses o Los muertos donde adapta de manera magistral (el guión es con su hijo Tony) el relato de James Joyce.

Y además me queda todavía por descubrir mucha de su obra como la apetecible La burla del diablo o Fat City…

Como siempre te sorprenden retratos de ciertas situaciones como la relación entre Walter y John, tierna, como de colegas más que de padre e hijo. La compleja relación de John con su madre… y la posteriores complejas relaciones con las mujeres de su vida (esposas y amantes). Las relaciones de amistad, por ejemplo, con Humprey Bogart. Las relaciones tirantes de John con sus hijos. El trabajo de John con actores y actrices como Marilyn, Mongomery Clift, Katharine Hepburn o Ava Gadner.

Tampoco deja de la lado la labor artística de los hijos de John Huston y sus trayectorias que aún no han terminado.

Al final el libro es una saga familiar fascinante que casi tiene ecos de novela donde junto a la creativad y el arte se mezclan los sentimientos más íntimos de amor y de odio.

Perdonad que os deje pero voy a seguir disfrutando de sus páginas…

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Sombras sobre fondo blanco

Sombras sobre fondo blanco.

Inmortalidad asegurada.

Miradas.

Para siempre.

Sombras en movimiento.

Carole Lombard, su cabello plateado y su risa innata. Nunca existió un accidente aéreo.

Jean Harlow, resplandeciente y sensual. Nunca enfermedad alguna terminó con ella.

Romy Schneider, siempre demasiado bella. Nunca se quitó la vida.

Gene Tierney, ojos intensos y figura misteriosa. Nunca cayó en la locura.

Natalie Wood, la delicadeza de sus rasgos y la ternura de su rostro. Nunca tuvo miedo al agua. No existió un ahogo.

Rita Hayworth, pelirroja fuego, voz cálida, siempre intensa. Nunca perdió la memoria.

Sombras sobre fondo blanco.

Inmortalidad asegurada.

Miradas.

Para ellas.

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Lluvia de estrellas de cine… infinita

Los ojos tristes y enormes de Marilyn Monroe en Bus Stop.

La sonrisa de Marlon Brando en Salvaje.

El desencanto romántico de Humphrey Bogart en Casablanca.

La lágrima de Glenn Close en Las amistades peligrosas.

El antihéroe caído que vuelve a enamorarse de Jeff Bridges en Los fabulosos Baker Boys.

Los ojos saltones y furiosos de Bette Davis en Eva al desnudo.

El grito de Johnny Weismuller en Tarzán.

El bigotillo, el sombrero, las botas y el bastón de Charlot.

La ilustre calva de Yul Brynner.

La belleza prácticamente perfecta de un joven Gary Cooper en Marruecos o en Adios a las armas.

La cara de alucinado de Cary Grant en cada una de las escenas de Arsénico por compasión.

El llanto o la risa histérica de Carole Lombard en Al servicio de las damas.

La locura de Natalie Wood en Esplendor en la hierba.

Las manos de Robert Mitchum en La noche del cazador.

El forzudo de Anthony Quinn en La Strada.

El hastío encantador de Marcello Mastronianni en La dolce vita.

La nostalgia por tiempos pasados de Angelica Huston en Los muertos.

La incertidumbre en el rostro de Deborah Kerr en Suspense.

Las costillas y los cachetes de Spencer Tracy y Katherine Hepburn en La costilla de Adán.

El gigoló con mucho cinismo y desencanto de William Holden en El crepúsculo de los dioses.

El hombre duro que se derrumba de Kirk Douglas en Brigada 21.

El rencor de Eleanor Parker en Sin remisión.

El nerviosismo de James Cagney en Al rojo vivo.

La vulnerabilidad de John Garfield en Cuerpo y alma.

Las acrobacias de Burt Lancaster en El temible burlón.

La belleza elegante y maldita de Alain Delon.

La dulzura en el rostro con ojos pícaros de James McAvoy.

… una lista que se me hace interminable.

Una lluvia de estrellas que llenan mis tiempos muertos.

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Momentos inolvidables con pasos de baile

De pronto un Marcello Mastroianni pierde la cabeza y la razón con el movimiento de su cuerpo junto a una Maria Schell tímida y desatada en un salón de música jazz en la maravillosa Las noches blancas.

Me asomo a un bareto de toda la vida, en Francia, y me encuentro a tres jóvenes que responden a los nombres de Odile, Arthur y Frantz… que bailan de manera rítmica y de igual manera los tres. Mientras Jean Luc Godard juega con sus personajes y nos dice lo que piensan y cómo son. Sólo hay que viajar a Banda aparte.

Harold y Maude, Maude y Harold… reunidos los dos cantan y bailan en la casa de esa abuela que se come la vida a bocados que se une a un joven que sólo busca la muerte. Y entonces la abuela le dice que cante, que toque, y le regala un instrumento de cuerdas… y le invita a vivir. Esta película es muy especial.

Tarantino nos regala también escenas de baile inolvidable pero yo no puedo resistirme a Uma Thurman y John Travolta en Pulp Fiction… ¿Sabéis a qué escena me refiero verdad? ¿Quién no les ha imitado en alguna fiesta?

Y nos vamos a El último tango en París. Y a dos seres desencantados en sala de baile gris… Marlon Brando y Maria Scheneider absolutamente borrachos pasan a la sala de baile donde parejas bailan con corrección y sin falla un tango. Ellos dos se saltan las reglas y la corrección y bailan con la desesperación…

Seguimos con los tangos y Al Pacino hombre ciego y a la vez cansado trata de mostrar a un jovenzuelo asustado lo que es la seducción, la belleza y el baile. Y se marca en un elegante bar un pedazo tango con una mujer desconocida y muy hermosa. Remake de película italia, Esencia de mujer.

Burt Lancaster ama a una mujer que le destroza. Le rompe. El reencuentro es en una sala hasta arriba de humanidad… Él se asoma y ella al fondo baila sensual y enloquecida junto a un jovencísimo y desconocido Tony Curtis en El abrazo de la muerte. Ella es Yvonne de Carlo.

Francesca y Robert en Los puentes de Madison nos muestran el enamoramiento de un hombre y una mujer y por supuesto no falta la escena de baile lento en la cocina, al anochecer, después de una buena charla y una buena cena.

Ya la he nombrado alguna vez pero no importa. Vuelvo hacerlo. En un garaje, un amor imposible entre una amish y un policía. Él pone una canción y juegan juntos, bailan entre risas y diversiones, pero cuando se miran, ambos se ponen serios… Sólo da play en Único testigo.

Hace poco vimos Verano del 42 y la analizamos. Y ya hablamos de una joven que sufre por una ausencia tanto que necesita sentirse viva amando y que la amen, deseen. En ese momento, en el momento terrible que se le confirma la ausencia del ser amado tiene a un joven adolescente al que saca a bailar en silencio, al que se abraza… con el que no habla. Sólo quiere sentirse tocada y deseada mientras bailan en silencio. Juntos.

Y cerramos el círculo de nuevo con Maria Schell como la pasional Gruschenka en Los hermanos Karamazov en sensual baile, que no sabemos qué estilo es, aunque diremos que parece ser entre ruso y cíngaro (es algo parecido a lo que le pasa a Ava en La condesa Descalza que también tiene su baile sensual y debemos pensar que es algo parecido al flamenco), donde seduce a un Yul Brynner embelesado con la belleza y la sonrisa de la amante de su padre.

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Un fantasma del siglo XX (Fantasmas de Joe Hill, Punto de lectura, 2009)

Joe Hill demuestra su amor al cine en un relato de su libro de cuentos Fantasmas. Un fantasma del siglo XX es una pequeña narración con mucho encanto que habla del ritual que supone ir a una sala de cine y ver una película. Habla de la importancia de las salas como sitios donde puedes disfrutar de películas y vivir distintas sensaciones. Habla del amor al cine. De ir al cine. Habla de una joven fantasma que pasa sus horas, sus años, su eternidad sentada en una butaca de una vieja sala de cine que vivió sus momentos de gloria, el cine Rosebud. Y que se manifiesta cuando le gusta una película y le apetece compartir ese amor por la película al espectador que esté a su lado.

Y estas apariciones cambian la vida del espectador que inevitablemente se ve obsesionado por la aparición y se acrecienta su amor por el cine… y en concreto nunca olvidan el cine Rosebud. A pesar de haber vivido el susto de sus vidas. Pero los años pasan, y las salas de cine van dejando de ser sagradas, y el dueño del cine —que vivió su propia aparición de la joven fantasma mientras veía Fantasía de Walt Disney cuando era un niño… y desde entonces vuelca su vida en la sala— ya es un hombre mayor acuciado por las deudas y preocupado porque ya apenas puede mantener la sala abierta. Y preocupado por el futuro de la joven fantasma.

Pero de pronto todos aquellos que vivieron la aparición de la joven fantasma se dan cuenta de que la sala de cine está en peligro. Y, por tanto, la joven fantasma también. Ella sólo quiere permanecer sentada en la butaca viendo buenas películas. Ella sólo quiere ser espectadora. Ella que falleció sin poder ver terminar El mago de oz…, esa Dorothy con zapatos rojos que pisa el camino de baldosas amarillas… y que sólo desea regresar al hogar. Ese hogar que puede ser arrebatado a la joven fantasma espectadora…

Y no os escribo ni os destripo más del relato del hijo de Stephen King que regala un relato tierno (y eso es lo que hace al cuento especial) lleno de referencias cinematográficas y que es un canto a las grandes salas de cine, al paso del tiempo a través de las películas y al disfrute de un ritual hermoso…

Ahora sólo queda leerlo.

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Momento inolvidable de La ventana indiscreta (1954) de Alfred Hitchcock

Otra de mis películas favoritas del director británico que está plagada de momentos inolvidables. Pero hoy elijo uno tan solamente y es la primera aparición de Grace Kelly y el primer beso de la película. Bellísimo.

Y es que Hitchcock era el rey del suspense pero también sabía como nadie cómo presentar a sus protagonistas y también era buenísimo en algo que no es nada fácil y que sin embargo aparece en prácticamente todas las películas: filmar un beso. Y este hombre orondo, de humor peculiar, amigo del suspense y del terror… rodó algunos de los besos más hermosos (otro memorable es el de la película de Encadenados, por nombrar otro mítico, vamos).

Demos a la moviola. Y recordemos.

Ese patio de vecinos que nos acompañará durante todo el metraje. Un patio vivo donde oímos como una mujer está ejercitando su voz. Cae la luz del atardecer. Lo notamos. Las luces de las casas se van encendiendo. Hay movimiento, algunos vecinos están en sus terrazas, otros ya preparan la cena.  La cámara entra en la habitación de nuestro protagonista, nuestro fotógrafo con una pierna escayolada, inmovilizado, y convertido en voyeur que vigila la vida de sus vecinos para vencer el aburrimiento. En estos momentos se encuentra dormido. Primer plano de su rostro. Su cuarto está a oscuras y sólo entra la luz de la ventana. Sobre su rostro se va proyectando una sombra. Alguien avanza hacia él.

De pronto, silencio. Parece que el tiempo va más despacio. Nuestro protagonista, James Stewart, tiene los ojos cerrados. Esa sombra pertenece a la mujer que ama (pero con la que no se compromete). El espectador ya la ha visto. Pero nuestro protagonista no. Es su novia, Lisa (Grace Kelly). El fotógrafo dormido abre los ojos… y sonríe. Tomamos su punto de vista. Su mirada de fotógrafo adormilado que asimila la imagen de la mujer amada, imagen fotografiada, imagen soñada, y el tiempo se ralentiza. Ella se va acercando a cámara lenta hacia el amado. Como si fuera en 3D parece que se va a salir de pantalla. Grace Kelly se va acercando a Stewart, al espectador, en un primerísimo plano… Y de pronto Stewart entra también en el plano. Dos medios rostros que van a besarse despacio, en silencio. Nada existe alrededor. Y se besan…, y tienen una pequeña conversación, y vuelven a besarse… y sólo vemos sus medios rostros…

¡Dios, ¿no es hermoso?!

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El amor y la furia de Sam Khasner y Nancy Schoenberger (editorial Lumen, 2010)

Y dice su subtítulo “la verdadera historia de amor de Elizabeth Taylor y Richard Burton”. Entonces te sumerges en este extenso libro y descubres un reportaje interminable y ameno de glamour como si se tratara de las páginas de una revista del corazón de papel couché caro. Y Hildy Johnson se convirtió durante unos días en lectora ávida de una triste historia de amor porque tras el glamour que se respira y la aparente frivolidad surge una historia triste, triste, triste… pobre George, pobre Martha.

Elizabeth Taylor y Richard Burton unieron sus vidas durante la filmación de la mastodóntica Cleopatra de Joseph L. Mankiewicz. Ella era la reina egipcia, él era Marco Antonio.

Ella era la niña mimada de Hollywood, la reina, la niña prodigio que se hizo mujer y creció entre los estudios, los lujos y los mimos. Que vivió en un mundo creado por los departamentos de publicidad. Reina del papel couché y el artificio. Que nunca pudo huir de su belleza y de esa sensación de ser una máquina de generar dinero. Pero era donde se sentía cómoda y como ella sabía vivir y proyectarse. Que iba en brazos de un marido y otro. Como mujer separada o como mujer viuda. En el momento de Cleopatra se encontraba casa con Eddie Fisher, y la opinión pública veía a la que fue jovencita favorita como una mujer arpía que había quitado el esposo a la pizpireta e inocente Debbie Reynolds, una de sus amigas.

Él era actor galés que había ido conquistando escenarios teatrales y se le proyectaba como un ‘monstruo’ de los escenarios. Que amaba la lengua inglesa y por lo tanto a Shakespeare. Venía de una familia humilde de mineros y él optó por la interpretación. En los escenarios destacaba su apostura (aunque tenía un rostro difícil pero atrayente) y sobre todo su prodigiosa voz. Empezaba en el mundo del cine, una manera de hacer dinero fácil… pero para muchos la perversión horrible en la que podía caer un buen actor de teatro (¿?). Era hombre mujeriego pero siempre volvía a los brazos de su esposa galesa.

El rodaje de Cleopatra fue un rodaje pesadilla para todos los implicados y supuso prácticamente el hundimiento de la Century-Fox. La Taylor no era sólo una de las actrices mejor pagadas (siempre tuvo olfato para la publicidad y el negocio —en el libro comentan que mucho aprendió del marido del cual se quedó joven viuda, Mike Todd—) sino también una actriz que padecía diversas dolencias que paraba rodajes, y Cleopatra no fue menos. Además de ahí surgió El escándalo del siglo, el escándalo que alimentaría a miles de páginas de papel couché. Ríanse parejillas actuales como Pitt y Jolie o Cruz y Bardem. Dos personas ‘felizmente’ casadas se enamoraban ciegamente y se convertían en objetivo de las cámaras. Había nacido el espectáculo público más lucrativo: Liz Taylor y Richard Burton. Corrían los primeros años de la década de los 60.

Y así toda su historia está perfectamente documentada en fotografías y entre páginas de revistas. Cada uno de sus pasos de su historia de amor. Que por otra parte no deja de ser triste, triste, triste. Se unieron y crearon una pareja de egos que atraía a las masas. Y ellos también se amaban casi con locura en la poca intimidad que encontraban. La pareja pública alimentaba a los espectadores no sólo con el papel couché sino con las diez películas que protagonizaron juntos… la gente pagaba por verlos en la pantalla grande. Sin embargo, este fenómeno sólo fue rentable en sus primeras cinco películas, las otras cinco fueron la triste crónica de una decadencia.

Y así todo el mundo sabía de su vida itinerante. Rodaban por todos los países europeos. Vivían entre lujos, joyas, barcos, fiestas espectaculares, comidas de lujo (mucha comida), se codeaban con la realeza, llevaban las mejores ropas, derrochaban todo lo que podían… Nunca estaban demasiado tiempo en lugar determinado para eludir los impuestos. Llevaban toda la prole de hijos de Liz en sus distintos matrimonios, así como adopciones y también a una de las hijas de Burton (la otra nació con problemas y estaba en una institución donde recibía cuidados y atención especial). Pero sobre todo nadaban entre litros de alcohol, no paraban de beber, y cantidades de distintos tipos de pastillas. Eran famosas sus monumentales peleas y sus fuertes reconciliaciones. También pasaban temporadas en hospitales (por las dolencias de Liz). O en los escenarios de teatro… cuando Burton regresaba a las tablas… Con alguna incursión de Liz. También se separaban y volvían otra vez el uno a los brazos de la otra y viceversa. Hubo un sonado divorcio y una segunda boda (efímera). Después siempre hubo contacto entre ellos, sobre todo vía telefónica, pero también encuentros esporádicos hasta la triste muerte de Burton.

El libro aporta algo más de esta historia mil veces aireada: las cartas y notas que escribía frecuentemente Richard Burton a Liz Taylor y la colaboración, por primera vez, de esta diva prácticamente inmortal con los autores para la elaboración de su historia en común.

Lo que más me ha llamado la atención de este libro es la historia triste de su decadencia. Cómo ambos estaban al final de una época en el Hollywood clásico y cómo ambos no encajaron en el canon de ese nuevo Hollywood que estaba surgiendo de nuevos realizadores y nuevas temáticas y nuevas maneras de rodar y nuevos sistemas de producción… Se convirtieron de pronto en dos viejas glorias (sobre todo Liz) que iban fracasando proyecto tras proyecto cinematográfico. Y también la personalidad atormentada de un Richard Burton que te provoca cariño hacia su continuo dolor y sentimiento de culpa así como su complicada vida entre contradicciones fuertes del estilo de vida que llevaba y lo que parecía que hubiese deseado.

Sus películas

El libro también detalla cada uno de los rodajes de las diez películas que protagonizaron juntos (así como las que acometieron por separado). Ahí se ve cómo en un principio eran reclamo seguro para la taquilla y como posteriormente no había quien fuera a verles. Películas que además el público identificaba con la vida real de sus protagonistas. Después del flechazo en Cleopatra (película eterna que se ha ido revalorizando con los años pero que sin embargo no es redonda) se sumergieron en un producto sin calidad alguna que aprovechaba el tirón de su escándalo, Hotel Internacional. En 1965 se sumergieron en melodrama de Vincente Minnelli, Castillos en la arena (hace relativamente poco escribí un post) que narra de manera siempre elegante y algo trasnochada la historia de una infidelidad entre una pintora bohemia (libre y sin compromiso) y un casado pastor de iglesia. Al año siguiente se embarcan en producto de prestigio que también arrasa taquillas. Al frente un nuevo director Franco Zeffirelli, un texto de Shakespeare, y dos intérpretes entregados, La mujer indomable. Y ese mismo año se embarcan junto a un joven director (Mike Nichols) en mi película favorita de ambos, Quién teme a Virginia Woolf, adaptación de la obra teatral de Edward Albee. La tremenda y triste historia entre litros de alcohol y cientos de cigarrillos de George y Martha. Tanto la Taylor como Burton están increíbles en sus roles. Película intensa que a mí me sigue provocando en cada visionado un montón de sensaciones.

A partir de este momento. De este proyecto, que supuso la nominación de ambos y el Oscar para Liz… la caída de la pareja en sus proyectos cinematográficos fue inminente. Ya no eran rentables. Sí lo seguían siendo como reyes del papel couché y años más tarde cuando volvieron a unirse sólo profesionalmente en los escenarios con Vidas privadas de Noel Coward. Algunas de estas películas son difíciles de encontrar y probablemente ahora merecerían una revisión (yo no he podido ver ninguna de estas películas que voy a enumerar a continuación). Por ejemplo, Los comediantes, adaptación de una novela de Graham Green que transcurre en Haití durante la dictadura de Duvalier.  Un proyecto muy personal de los Burton que es la filmación del Doctor Fausto de Marlowe con alumnos de la Universidad de Oxford. Ni siquiera logró levantar la carrera de ambos la adaptación de una obra teatral de un autor que siempre había dado buenas noticias a Liz (éxitos como La gata en el tejado de zinc o De repente, el último verano), Tennessee Williams, La mujer maldita de Joseph Losey. Después protagonizarían una película dirigida por Peter Ustinov, Pacto con el diablo, y su última película juntos fue para la televisión en 1973, Se divorcia él, se divorcia ella.

Si quieren entretenerse con una lectura sencilla y entre tanto couché y glamour descubrir la historia triste entre las páginas de este libro, recomiendo su lectura.

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