El topo (Tinker, Tailor, Soldier, Spy, 2011) de Tomas Alfredson

A Mónica, mi hermana.

Tan lejos, tan cerca

Gracias por la recomendación y el regalo.

 

… Hipnotizada. Así me he sentido durante todo el metraje de El topo. En cada instante sentía que no podía ni parpadear porque podría perderme un detalle importante para construir esta enorme y maravillosa partida de ajedrez (por seguir la metáfora de Control, el espía jefe) o podría quedarme enredada para siempre en una tela de araña o podría no encajar una pieza del puzle…

El topo es de esas películas que en sucesivos visionados el espectador irá siendo consciente de más detalles, podrá ir quitando más capas a la cebolla, porque es una película-engranaje en la que todo tiene un sentido. Porque es una película que tiene múltiples fondos. Donde hay que estar ojo avizor porque te narra con sutileza un montón de subtramas. Todo a través de la imagen, de un buen uso del lenguaje cinematográfico, puro cine.

Desde que empiezas a verla sabes que estás viendo algo que merece realmente la pena… porque desde el principio te atrapa con una fuerza y un estilo visual al servicio de una historia apasionante de pura Guerra Fría, de puro cine de espionaje y espías. Pero espías reales, casi funcionarios grises pero letales, no dejándose llevar por la imaginería del súper espía a lo 007 sino más bien por el espía desencantado y cinematográfico de los años setenta…

En El topo confluye un buen reparto pero también un director que opta por una manera de contar especial. Por una puesta en escena que pone un sello distintivo y personal y que si te logra involucrar como espectador no olvidarás pronto la experiencia cinematográfica que te espera.

Lo que El topo cuenta es una investigación de espionaje para localizar un topo entre la cúpula de los servicios secretos británicos. Un doble agente que está pasando valiosa información a los rusos. Y lo cuenta de una manera apasionante… dejando que la mente del espectador procese y trabaje pero dejando una trama absolutamente cerrada y apasionante. El topo tiene un ritmo especial, con pausa, para que nos deleitemos en todas las claves y pistas. Y siempre ocurre algo. Lo intuyes. Tienes que estar atento al detalle, hacia dónde se dirigen las miradas, interpretar las relaciones, escuchar las conversaciones… la narración salta a través de flash back a un pasado reciente y al presente de la investigación. Y hay que ir uniendo cabos hasta conseguir como el protagonista, ese espía retirado con cara de Gary Oldman, reconstruir la partida. La jugada. Y después mover las piezas para completar el jaque mate.

Y es en el transfondo donde los sentimientos fluyen. Donde descubres que estos hombres no son de piedra. Donde se ocultan los lazos que podemos ir descubriéndolos. Donde se ocultan las historias de amor, las amistades, las traiciones, los miedos, las ambiciones… Bombas de relojería que nunca estallan sino que van fluyendo y completando una historia de espionaje.

Tomas Alfredson crea una atmósfera especial que arrastra. Y el grupo de intérpretes logra que el espectador se hunda en la trama y siga a cada uno de los personajes sobre todo a un imperturbable Gary Oldman como el agente Smiley… que sin perder la calma llegará al final de la investigación. Con paciencia, mucha paciencia. Esa paciencia que le hace llegar hasta el fondo. Una paciencia que le convierte en sospechoso porque no se altera. Una paciencia que da miedo. Siniestra. Porque el agente Smiley siempre observa, siempre pregunta, siempre aparece, siempre sabe quién le acecha, da el paso certero, no se echa atrás… y es gris tremendamente gris. Imperturbable. Y si tiene que actuar actúa. Y si tiene que ser duro lo es. Y si tiene que tomar decisiones fuertes las toma. No pierde los nervios ni con una mosca puñetera, él tiene paciencia hasta que la invita a que salga del interior de un coche…

El topo cuenta con un reparto coral que merece la pena. Todos ofrecen personajes construidos que forman parte del enorme tablero de ajedrez. Desde John Hurt, pasando por Colin Firth hasta llegar a jóvenes promesas como Tom Hardy y Benedict Cumberbatch (y muchos otros actores buenísimos que no nombro, la galería es amplia…). Todos se mueven en una atmósfera de Guerra Fría…

La película es la adaptación de una novela de John Le Carré que realizó una saga con el personaje del agente Smiley que ya conocía la pantalla blanca. Al director sueco Tomas Alfredson ya le conocíamos por dar un nuevo giro en el cine de vampiros con su Déjame entrar. En su debut británico también logra dar un giro especial al cine de espías y de la Guerra Fría. El topo está además envuelta por la banda sonora de Alberto Iglesias y por una última secuencia donde la guinda la pone una versión de La Mer interpretada por Julio Iglesias (sorprendida me quedé… una de las pocas veces que he aguantado al cantante y encima me encantó la secuencia…).

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Bienvenidos a Zombieland (Zombieland, 2009) de Robert Fleischer

Nunca hubiera visto esta película. No me gusta el terror. No me gustan los zombies (me impresionó demasiado La noche de los muertos vivientes de George A. Romero). En fin tenía todos los ingredientes para no verla… pero me la recomendaron y regalaron… y, señores y señoras, disfruté mucho con Bienvenidos a Zombieland. Reí más. Y me pareció una película tierna muy tierna. En apenas 84 minutos muchas risas. Buenos personajes. Buena historia. Y una historia sencilla muy bien construida. Cuenta mucho más de lo que pensamos.

En un mundo que ha sufrido la invasión zombi, sin explicarnos cómo se ha llegado a esta situación, se unen cuatro personajes inadaptados: una especie de vaquero solitario con altas dosis de locura, un joven raro con problemas de comunicación, y dos hermanas supervivientes que se ganan la vida timando.

Al final Zombieland es una metáfora sobre la soledad, la incomunicación y como a pesar de los pesares necesitamos relacionarnos con el otro. Así estos cuatro personajes solitarios logran crear una especie de microsociedad que sobrevive a un mundo zombificado antes incluso de la invasión.

En el debut de Fleischer en el largometraje hay dosis de diversión con gotas de humor negro, metáfora y ternura. Mucha ternura. Fleischer ‘danza’ con buen ritmo y construye una obra cinematográfica redonda con una historia bien desarrollada y unos personajes carismáticos (cameo sorpresa incluido… amor a raudales al cine americano de los ochenta). Zombieland cuenta además con escenas visualmente atractivas…, ojo, a la de los cuatro personajes destrozando una tienda. Qué relax. O también la última secuencia que se desarrolla en un parque de atracciones…

En el reparto nos encontramos con Jesse Eisenberg, Emma Stone y Abigail Breslin… y sobre todo a un Woody Harrelson que se sale en ese papel de cowboy perdido entre zombies con espíritu de niño que esconde en realidad a un tipo triste. A mí fue el que me inspiró mayor ternura…

Zombieland se ha convertido en una agradable sorpresa para pasar una buena tarde veraniega…

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El niño (L’enfant, 2005) de los hermanos Dardenne

Uno se pregunta a qué niño se refiere el título… porque en la película todos sus protagonistas son niños. Unos tienen 20 años, otros 18, otros 14… y luego está el bebé. Y todos tienen algo en común: viven una situación de exclusión social y por ello son vulnerables. Como niños tratan de sobrevivir en los suburbios. En espacios inhóspitos. Pero un error puede ser el principio de una caída, una tragedia sin fin o la posibilidad de un principio… porque se encuentran sin colchones en los que caer, sin manos tendidas, sin un círculo protector.

Ésta es la historia de Bruno y Sonia. Nos muestra el momento en que su vida de juego y supervivencia diaria (a través del juego se relacionan y resisten) da un giro cuando ella da a luz al hijo de ambos. Sonia enseguida se encariña con el bebé y trata de aprender a ser madre e incorporarlo a los juegos de pareja. Bruno no siente todavía nada hacia algo que desconoce: el bebé y la paternidad.

Bruno se mueve por instintos. Vive el día a día. Para sobrevivir se monta la teoría de que es mejor vivir el presente a base de trapicheos con su pandilla, dos niños. Que es mejor conseguir lo que él cree que es dinero fácil para ir sobreviviendo el presente. Se ríe de buscar trabajo, prefiere vivir al margen… es más una defensa… porque probablemente si buscara ‘entrar’ le supondría encontrarse muchas puertas cerradas y sufrimientos. Quizá Bruno no tendría tan fácil encontrar un trabajo. Bruno aprende que todo se paga con dinero. Todo tiene un precio… incluso ese bebé al que mira como un ‘objeto’ extraño por el que aún no puede sentir afecto alguno.

Y así Bruno es capaz de hacer un acto despreciable… pero porque lo incorpora al juego de la supervivencia del día a día, del todo tiene un precio. Y porque de alguna manera teme perder el único vínculo emocional que le compensa seguir cuidando para dar sentido a su vida: Sonia. A Bruno le ofrecen dinero por el bebé para adopciones clandestinas… y con una frialdad infantil que asusta lleva a cabo el intercambio… Sin ser consciente de las consecuencias.

Y así empieza la caída al infierno y a la oscuridad de Bruno pero que a la vez será un camino de redención. De recuperación de las riendas aunque de la manera más dolorosa posible. Porque Bruno es un niño que aprende a base de puñetazos emocionales. En ese camino va tomando conciencia de lo que ha hecho… y finalmente, después de muchas vicisitudes, termina llorando de dolor en los brazos de Sonia (que ha sido la persona que le ha hecho reaccionar y el miedo a perder la única relación estable que ha cultivado) y pregunta por su bebé, porque ya le importa…

Los hermanos Dardenne se vuelcan en Bruno, un personaje que podría resultar odioso pero que sin embargo consiguen que nos pongamos en su piel, que empaticemos con él, que le acompañemos en su duro camino y nos creamos su redención final… y en esto tiene mucho que ver el actor que lo lleva a cabo, Jérémie Renier, uno de los actores fetiche de los hermanos Dardenne, que logra humanizar todos los personajes que toca a pesar de que atraviesan duras situaciones morales, personales y sociales.

El niño sigue las pinceladas del cine de los Dardenne. Personajes urbanos al borde de una encrucijada moral dura, que se ven envueltos en ella por la injusticia social, por su situación de exclusión social… Personajes que suelen encontrar en toda la oscuridad un resquicio de luz y redención final. Personajes que actúan más que hablan. Durante El niño vemos la fragilidad de todos los personajes, de todos los niños que pueblan cada fotograma… siempre estamos en tensión porque sentimos que en cualquier momento les puede pasar algo terrible en un mundo despiadado y frío donde sólo se tienen a ellos mismos… Nos espera un final duro pero quizá esperanzador…

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Un método peligroso (A dangerous method, 2011) de David Cronenberg

Sobriedad. Es ésta la primera palabra que me viene a la cabeza tras ver Un método peligroso. Distanciamiento. La segunda. Análisis. La tercera. Oscuridad. La cuarta. Historia. La quinta… Y así podría ir enumerando una larga lista de palabras. Por no ponerme con las asociaciones de palabras tan significativo en este ‘método’ peligroso que es indagar en la mente humana tratando de que no te afecten las palabras oídas… Por no ponerme a reconocer las grandes lagunas que servidora tiene sobre el tema tratado que sin embargo trata siempre de solventar porque reconoce que la mente humana así como sus comportamientos la apasionan. Así Un método peligroso también se convierte en fuente de conocimiento no sólo de los orígenes del psicoanálisis sino también de la época histórica en la que surgió y de los protagonistas del método.

Y es que Un método peligroso es una película rica en miradas, matices, punto de vista, interpretaciones… Es de esas narraciones cinematográficas que permiten una ristra de estudios y abre puertas a asuntos interesantes. Y por supuesto es una película de Cronenberg que como es habitual en su filmografía indaga en la parte oscura del ser humano, en partes de la mente humana difíciles de entender pero que están ahí. Y esa oscuridad sobrevuela sobre su película más luminosa… donde sus personajes también arañan y descienden a las partes más oscuras de su ser arrastrados por una época histórica que se dirige al horror y la inestabilidad y que descenderá a los peldaños de lo terrible. Los personajes, como los tiempos en los que viven, son funambulistas de la cordura.

Cronenberg parte de una obra teatral del también guionista Christopher Hampton que a su vez adaptó una obra de no ficción de John Kerr. Así el espectador sobrevuela por la mirada de una relación a tres bandas a lo largo de 1908 hasta 1913. Años claves de la evolución del psicoanálisis centrándose en los vínculos que se establecen entre: Carl Gustav Jung, Sigmund Freud y Sabina Spielrein. Y esta relación deja el paso a dos personajes más en la trama importantes para poder formar asociaciones continuas: la esposa de Jung y el también psicoanalista Otto Gross. Todo arranca cuando llega a un hospital de Zúrich una joven paciente, Sabina Spielrein, con la que el joven doctor Jung aplica un método experimental, el psicoanálisis. Éste es el momento en el que Jung, que ha seguido el tratamiento divulgado por Freud, entra en contacto con él para intercambiar pareceres sobre el caso y establecen una relación profesional, maestro-alumno y de amistad.

Esposa-amante. Maestro-alumno. Humillación-placer. Sueño-interpretación. Libertad-cadenas. Amistad-ruptura. Amor-pasión. Judío-ario. Sexualidad-espiritualidad. Viaje-alas. Voces-cartas. Pipa-puro. Viena-Zúrich. Agua-Oasis… al igual que la interesante escena en que Jung prueba con su esposa las asociaciones de palabras con una Sabina de testigo que muestra sus dotes de interpretación. La película de Gronenberg se sustenta y se cuenta a través de asociaciones de paisajes, vestuarios, personajes, relaciones, situaciones y formas de contar. Así vivimos la relación que se establece entre Jung, Sabina y su esposa. Jung y Freud o Otto y Jung… permitiendo una lectura muy rica y aspectos que seguramente se nos escapan y que hace interesante un posible visionado de Un método peligroso con un coloquio posterior con expertos en psicoanálisis e historia del psicoanálisis.

Cronenberg vuelve a trabajar con su actor fetiche de los últimos años Viggo Mortensen que se convierte en Freud. También repite con Vincent Cassel que le ofrece una breve aparición pero de un personaje crucial e importante en la trama, Otto Gross. Jung tiene la piel de un Michael Fassbender que borda la caída al fondo oscuro de la mente del psicoanalista. Y una sorprendente y arriesgada Keira Knightley se convierte en Sabina, un interesante y complejo personaje histórico. Pese a la luz de Zúrich y los recovecos de Viena la sombra de un futuro negro en la Historia sobrevuela sobre los pioneros del psicoanálisis que se sumergieron en sus partes oscuras, en el subconsciente, en el mundo de lo onírico, para aplicar un ‘método peligroso’ que aún hoy sigue vigente.

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Un cóctel de policias en el cine: Único testigo, Infernal affairs, Querido detective

… pues seguimos con los cócteles que con ellos me lo paso bien. Si ayer tocaba el turno de los hermanos, hoy damos paso a los policías. El cine con policías de distinta índole es todo un género. Aquí van tres ejemplos. Tres casos y tres policías… muy, muy diferentes.

Único testigo (Witness, 1985) de Peter Weir

Es curioso pero los amish, los cuáqueros, los mormones, los menonitas… son protagonistas de películas a tener en cuenta. Mañana mismo hago una entrada al diccionario cinematográfico. En los ochenta fue Peter Weir el que se adueñó de una película de encargo y realizó una hermosa historia de amor imposible entre policía duro y viuda amish. Así queda para siempre en la memoria de las escenas románticas ese granero oscuro y cerrado, la luz de una lámpara de gas, un coche destartalado… y una bella canción.

Único testigo es puro cine policíaco pero con una peculiaridad externa: el héroe encuentra un refugio que contrasta con su vida de policía en Philadelphia, encuentra un refugio en una comunidad amish. Tenemos un caso que resolver, unos testigos que proteger y una trama que desentrañar. Y por supuesto unas gotas de corrupción policial para que sea más brillante y entrañable nuestro policía héroe. Pero todo en un sitio por donde no pasan los siglos, un espacio nada habitual para resolver casos…una comunidad amish. Lejos del mundanal ruido y la violencia de la ciudad…

Peter Weir y su director de fotografía muestran su maestría a la hora de contarnos una historia de acción con muchas gotas de intimismo. Y dejan escenas para el recuerdo. Me la sé de pe a pa y siempre quiero volver a verla, siempre me fascina. Único testigo es una película de los años ochenta cuando se volvió otra vez a las grandes historias al servicio del carisma de sus estrellas… y cuando había un director con arte y maestría y mucho sentido de la narración cinematográfica surgían obras redondas como ésta. Gran parte del secreto de la longevidad de esta cinta es la química entre Harrison Ford y una olvidada pero bellísima Kelly McGillis. Por ahí vemos a un niño Lukas Haas que fue todo un descubrimiento. Danny Glover y Josef Sommer, secundarios siempre eficaces. Un bailarín convertido en actor, Alexander Godunov. Y una de las primeras apariciones de Viggo Mortensen.

Juego sucio (Infernal Affairs, 2002) de Wai-Keung Lau y Alan Mak

Lo confieso. Si no fuera porque Scorsese realizó en 2006 Infiltrados, probablemente no hubiese accedido al dvd de esta película de Hong Kong, Juego sucio (que se ha convertido en trilogía). Lei en varios sitios que Infiltrados era un remake de Juego sucio. A mí Infiltrados me gustó mucho pero se creó un debate sobre si Scorsese había realizado una mera copia del original, sin esfuerzo alguno en el lado creativo, consiguiendo además un éxito total. Ahora tengo más reciente Juego sucio… pero a mí parecer sí hubo creación y firma de Scorsese en Infiltrados… que sin duda, por otra parte, es un remake.

Juego sucio es un relato policial de ritmo trepidante con dos personajes muy atractivos. Dos topos que se introducen en dos mundos diferentes (intercambian sus mundos) al suyo cuando prácticamente son adolescentes. Uno al departamento de policía, y otro al mundo de las tríadas (la mafia, organizaciones criminales). De tal forma que cada uno se ‘crea’ un mundo propio, se ‘crean’ una identidad… y muy pocas personas saben realmente quiénes son de verdad. Esto según van pasando los años va haciendo mella en sus personalidades y formas de vida. En Juego sucio se da algo muy interesante que creo recordar no es tan evidente en Infiltrados y es que el topo que pertenece a la policía (que consigue una carrera muy exitosa) llega un momento en que hace una elección de vida (es un personaje quizá más trabajado en la versión de Hong Kong). El enfrentamiento entre ambos personajes se vive con tensión y sabes que sólo uno saldrá bien parado. Y ese enfrentamiento entre ambos profesionales, entre ambos topos, es lo que envuelve toda la película. Toda la narración está al servicio de este enfrentamiento… llegando a un muy buen final con un clímax altísimo.

Querido detective (The big easy, 1987) de Jim McBride

Otra película de los ochenta… que en su momento fue muy taquillera. Una película policial con erotismo de por medio y por supuesto con una pareja de estrellas de moda con química. Este tipo de películas era muy de los ochenta… Lo que se dice un ejercicio puro de entretenimiento efímero… pero que al cabo de los años se vuelve a ver con alegría y nostalgia y te vuelve a hacer pasar una buena tarde.

La pareja estrella: un Dennis Quaid, de pícaro divertido y sensual, y una Ellen Barkin que se convirtió en la fea más erótica y sensual de los ochenta. Por supuesto como en toda película con policía hay un caso que resolver. Aquí está el policía algo tramposillo pero muy cachondo y gran amante de su profesión (le viene ese amor de familia) y la seria fiscal que lucha contra la corrupción policial que encuentra en el policía tramposillo un aliado y un amante. Lo que parece una lucha entre bandas de narcotraficantes oculta algo mucho más oscuro. La película está ambientada en un Nueva Orleáns con toques canjún y con música de fondo (incluso Dennis Quaid nos canta a la guitarra…). Así en la película hay acción, sexo, amor, amistad, familia y violencia. Y aún hoy sigue siendo entretenida. Y como siempre hay un cuidado reparto de secundarios donde nos encontramos con Ned Beatty o John Goodman.

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Un cóctel de hermanos en el cine: American History X, Silencio de amor, La voz dormida

… últimamente he visto o he vuelto a ver películas donde se refleja una relación entre hermanos. Y es un tema realmente bonito (y complejo como todas las relaciones) para tratar en el cine. Ahí van las historias de Derek y Danny, Alessandro y Luigi, Hortensia y Pepita…

American History X (1998) de Tony Kaye

La he visto muchísimas veces y siempre me provoca el mismo impacto, la misma emoción. American History X cuenta de manera certera cómo los jóvenes pueden llegar a abrazar ideologías neonazis y por qué. Lo hace desde el punto vista de dos hermanos que abrazan esas ideas y se hunde en las profundidades para entender cómo se puede llegar a ese extremo.

Y te metes de lleno en la historia de Derek (Edward Norton) y Danny (Edward Furlog) —ambos actores impresionantes—. Caminas junto a Derek y su furia… le rechazas y después le compadeces y más tarde llegas a comprender cómo ha llegado a lo que ha llegado y das una segunda oportunidad al personaje que paga muy caro su despertar. El odio y la furia regresan con fuerza a todo su rostro, a golpearle la vida, a devolverle que sí es responsable de cómo ha actuado y pensado… y que la redención no va a ser fácil. Porque sus acciones, su pasado, rebotan en una de las personas que más ama, su hermano pequeño Danny. El hermano que observa, el hermano que le admira y que le ama, el hermano que trata de asimilar las acciones que ve de aquellos a los que ama con locura y aunque no entienda y le duela prefiere emular esas acciones que analizarlas. Pero tanto Derek como Danny son inteligentes y tienen capacidad de análisis, de comprensión y autocrítica y son capaces de mirar, de ver, de entender… de apartar el odio y la furia, de razonar… Y es en una última escena impactante como pocas y muy dura cuando nos damos cuenta de la fuerte relación entre los dos hermanos y la imposibilidad de un futuro juntos. Han mirado y comprendido… pero demasiado tarde.

Es un tema de dolorosa actualidad no hay más que leer un periódico o mirar las noticias…

Silencio de amor (2011) de Philippe Claudel

A mí hay películas-medicina que irremediablemente me emocionan cada segundo. Suelen ser películas sencillas, películas de personajes, de situaciones cotidianas. Bien contadas, bien rodadas. Y el otro día la emoción me iba embargando según iba disfrutando fotograma a fotograma de Silencio de amor.

El protagonista absoluto es un profesor universitario de música barroca (magnífico Stefano Accorsi), viudo e italiano que vive en Estrasburgo. Es padre de una adolescente de 15 años y además tiene un hermano siempre a su lado… Echa de menos a su esposa ausente. Prefiere la soledad y no darse otra vez la oportunidad de enamorarse. Adora a su familia, a sus amigos, su profesión… Además canta en un coro de música del pasado y es voluntario en un hospital de enfermos terminales donde asume el papel de lector. Así tenemos la oportunidad de recuperar a una anciana pero bellísima Anouk Aimée.

Nuestro protagonista vive además de con su hija con su hermano, anarquista que sin embargo es uno de sus mayores apoyos y viceversa (a pesar de sus discusiones diarias). Un hermano que ha prometido no salir jamás de la casa hasta que Berlusconi abandone su cargo en Italia. Cocina, ve telenovelas y pinta distintas variantes de una manzana y un móvil. Además está siempre pendiente, a su manera, de su sobrina y de su hermano.

El escritor Philippe Claudel en su segunda obra cinematográfica como director regala una película desde el sentimiento en forma de tragicomedia como la propia vida. Y de manera sencilla y elegante (en una película bien contada y mejor interpretada) nos va dejando derramar lágrima o asomar la sonrisa. Mientras, dos hermanos discuten en italiano en Estrasburgo u oímos en una pequeña iglesia (que se convierte en recinto sagrado donde están los presentes y los ausentes) cantar canciones barrocas como Silencio de amor…

La voz dormida (2011) de Benito Zambrano

Benito Zambrano e Ignacio del Moral realizan su propia ‘mirada’ y ‘lectura’ de la obra literaria La voz dormida de Dulce Chacón y la convierten en celuloide. La novela coral, retrato de un amplio grupo de mujeres antifranquistas, se convierte en película intimista sobre dos hermanas en distinta situación después de la Guerra Civil. Una es presa política, embarazada y condenada a muerte. La otra es una superviviente que trata de estar al lado de su hermana… y que no quiere saber nada (aunque lo tiene difícil) de compromiso político, sino que todos puedan vivir en paz. Finalmente es una triste historia de dos hermanas que no volverán a estar juntas y donde una de ellas se da cuenta de que es imposible mantenerse al margen, que hay que implicarse… aunque cueste la vida.

Zambrano sabe de emociones y como en sus anteriores películas sabe llevar al espectador a un momento de catarsis sobre todo en los encuentros entre rejas de ambas hermanas. Al no querer sacrificar del todo el retrato coral femenino quedan muchos personajes muy desdibujados… y por lo tanto nos falta información…, a veces, hay personajes y situaciones inacabadas. La voz dormida de Zambrano posee, sin embargo, una mirada y una fotografía que refleja el lirismo y la poesía que tenían las páginas de Chacón.

Las dos hermanas no podrán ya tocarse o abrazarse durante toda la película aunque estén unidas por miradas, pensamientos y rejas… sólo queda como constancia de que una vez pudieron estar abrazadas físicamente una vieja fotografía, un instante, un momento roto por la Historia.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El suicidio en el cine y otros asuntos: Le père de mes enfants y Profesor Lazhar

Una película que vino de Francia y apenas se estrenó en unos cuantos cines (pero ¡se estrenó!) y ahora hay oportunidad de poder verla en DVD. Otra que actualmente está en las salas de cine y que estuvo nominada a los Oscar a la mejor película de habla no inglesa y viene desde Canadá. La primera, buen cine sobre cine. La segunda, un cine que expone su mirada sobre un espacio determinado: el de la enseñanza, el de la educación (un padre mira al profesor Lazhar condescendiente y le dice: enseñe a mi hija, no la eduque). Y ambas además de otros asuntos se unen por un tema: el suicidio, cómo asumirlo y la huella del ausente. Y ambas películas contadas con una sensibilidad extrema que deja al desnudo un tema crudo y duro en Occidente: hablar, reflexionar y pensar sobre la muerte.

Le père de mes enfants (2009) de Mia Hansen-Løve

Grégoire Canvel es un hombre apasionado que trabaja en lo que ama: es productor de cine con su propia empresa, Moon films y además saca adelante proyectos de cine independiente en los que cree. Es un hombre con energía y encanto que saca adelante los proyectos en los que cree y cuida a todos. Además también es un hombre con una vida familiar feliz. Ama y es amado por su esposa italiana y tiene tres hijas que le adoran. Además cuenta con amigos. Pero su sueño, su productora está en quiebra. Los problemas económicos se le van acumulando, la dificultad para acabar sus películas es cada vez mayor… Hasta que sin que nadie sea consciente, porque no lo exterioriza, Grégoire Canvel se agota. Se siente atrapado en un laberinto sin retorno. Siente que su imagen de hombre responsable y que todo lo controla se cae en pedazos… y no puede con ello. Se agota. No pide ayuda a aquellos que le quieren. Y en la soledad más absoluta y de la manera más radical decide quitarse la vida. Así Mia nos enseña toda una primera parte delicada de un hombre con encanto que se quiebra…

Y una segunda parte estremecedora de cómo sus hijas, su esposa, los trabajadores de Moon films, sus amigos siguen viviendo después de su desaparición y cómo trata cada uno de asimilar el vacío que ha dejado Canvel. Afloran todo tipo de sentimientos pero en un estado de calma… como la quiebra del productor que amaba el cine. Todos van asumiendo como pueden la ausencia y tratan de, a pesar de las deudas y de las soledades, seguir adelante con lo que él amaba. Y seguimos conociendo a Canvel tras su ausencia y suicidio.

Durante toda la película estuve con una emoción contenida al borde de la lágrima. Porque sentía el abismo en el que se hallaba Canvel y te hace pensar en cómo reaccionamos ante la cadena de problemas que te depara la vida en un estado de bienestar (que además ahora nos hacen ver que se va derrumbando a marchas forzadas). Y te hace pensar que si en un estado de bienestar puedes llegar a la fractura total y absoluta de quitarte la vida (al cansancio y hundimiento radical), cómo será para el gran número de personas que cada día es una supervivencia continúa. Le père de mes enfants te habla también de que a pesar de que estés rodeado de familia, amigos… cada uno de nosotros terminamos estando totalmente solos (y en momento de crisis es cuando vivimos nuestro aislamiento)… y es triste cuando la hija adolescente, después de la muerte del padre, descubre ese sentimiento de soledad. Y asusta como la vida parece en calma pero en realidad siempre es un puro polvorín donde las buenas formas pueden terminar desapareciendo para surgir el instinto de sálvese quien pueda. Y hasta un encantador y seductor de serpientes puede terminar agotado frente a las responsabilidades que se van contrayendo… y ni su pasión le puede salvar.

Y Mia Hansen-Løve presenta todos estos temas duros con delicadeza y sutileza y con una puesta en escena elegante donde somos testigos de ciertos rituales con la figura del padre y nos los vuelve a repetir sin su presencia (la visita a la ermita). Y donde los estallidos de dolor son silenciosos. Con calma, mucha calma, como el disparo inesperado que hace que Canvel acabe con todas sus responsabilidades…

La directora se inspiró en la figura del productor francés Humbert Balsan que acabó con su vida en el año 2005. Ahora mismo en cartelera se encuentra otro largometraje de la joven directora Hansen-Løve, Primer amor.

Profesor Lazhar (2011) de Philippe Falardeau

Profesor Lazhar comienza de manera brutal e impactante para terminar siendo una mirada a la vida, a la cercanía y al encuentro. Pero también una llamada de atención a cuidar la escuela como un espacio para la vida, el conocimiento y todo lo mejor para los más pequeños. Un espacio para aprender también los asuntos fundamentales de la vida (a la que inevitablemente va unida la muerte), para poder expresar nuestros sentimientos de una manera natural y saber canalizarlos. Un espacio para el aprendizaje intelectual y de espíritu.

En un espacio educativo aparentemente idílico con niños de clase media alta, un niño de unos once años va corriendo a su aula para realizar el reparto de leche en los pupitres de sus compañeros. De pronto se encuentra con su joven maestra colgada de una viga.

Desde ese momento en el día a día en esa ‘escuela bonita’ se abre un abismo entre los niños, los padres y los maestros. ¿Qué llevó a la joven maestra hacia el suicidio? Cómo asumirlo. ¿Hay que indagar en el porqué? ¿Por qué eligió la clase de sus niños? ¿Es mejor no hablarlo claramente para que los niños no se traumaticen? ¿Es mejor que no expresen cómo se sintieron? ¿Es necesario tan sólo la intervención de una psicóloga? ¿Los maestros deben callar y ocultar? ¿Qué ha significado para ellos? ¿Cómo se está enseñando en la escuela? ¿Los maestros no pueden ‘tocar’ o regañar bajo ningún concepto al alumno? ¿El maestro no puede consolar, cuidar o advertir? ¿Dictar a Balzac o ir a una obra de teatro es un nivel de enseñanza demasiado alto?

En esta vorágine emocional llega el profesor Lazhar, un hombre bueno (no un héroe). Lazhar es argelino y sólo a nosotros los espectadores se nos dejará conocer su situación, lo que arrastra sobre sus hombros. Y, sin embargo, es un hombre afable que no pierde la sonrisa ni la calidez y que da un valor trascendental, respetuoso y sagrado al espacio escolar (aunque su metodología no sea la más moderna…), algo que parece aparentemente olvidado. Y Lazhar piensa que es adecuado transmitir el respeto hacia todo ser humano, hacia esos niños y tratar de entenderles. Lazhar trata de comprender a la maestra aunque no comparte la manera en que ha expresado su dolor ni el sitio donde ha decidido acabar con todo. Y piensa que se debe hablar de la muerte, de lo sucedido, y que los niños tienen que expresarse y sentir y hablar. Y que todo debe fluir. Y que hay que escuchar. Y que la escuela es para enseñar y educar… un espacio de vida que merece toda la dedicación y el respeto. Y Lazhar pone en evidencia que los maestros también deben plantearse asuntos, dejar cartas sobre la mesa, hablar sobre educación. Y deja también al descubierto la actitud de unos padres que piensan que sus hijos tienen todos los derechos y todas las razones del mundo y no se plantean que también tienen que aprender unos deberes y a vivir y comportarse en una sociedad de la que pronto formarán parte activa.

Philippe Falardeau, con una puesta en escena sencilla, en una película que priman los personajes sobre todo el profesor Lahzar y sus niños, reflexiona sobre la vida, la muerte, la enseñanza, la educación, la psicología, los padres, los maestros, los niños… Y nos deja la incógnita de la terrible decisión que toma una profesora dulce, sensible y joven (cómo podemos ver a través de una fotografía que tiene uno de los niños) que se quita la vida en un aula. Un grito trágico y silencioso… Con su acto revuelve y remueve muchas cosas que hay que mirar…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Mildred Pierce (Mildred Pierce, 2011) de Todd Haynes

A Christian del Moral porque me descubriste la serie y no he parado hasta que he podido verla

 

Una serie de televisión

… Mildred Pierce ha sido una perseguida y deseada serie de la HBO por servidora. Y cuando ha llegado a mis manos y he podido disfrutar sus cinco horas (cinco capítulos)… la espera ha merecido la pena. Todo lo que voy a escribir ahora es de un único visionado (y mucho antes de verla he leído bastante de lo que se ha escrito sobre ella)… pero sé que volveré a verla varias veces. Es de esas series que son cine. Que perfectamente pueden ser visionadas en pantalla gigantesca. Su lenguaje es el cinematográfico. Todd Haynes sigue indagando y abriendo caminos al melodrama. Como ya hizo en el largometraje Lejos del cielo donde volvía a meterse en los códigos del melodrama de Douglas Sirk tamizados en el siglo XXI.

Me imagino Mildred Pierce de Todd Haynes en una pantalla de cine en la sala oscura. Porque es una macropelícula. Recuerdo proyectos televisivos que luego han sido proyectados en la sala oscura (a veces en dos partes, otras en una versión adaptada al cine, es decir, un montaje con menos duración). Hace poco comentábamos Fanny y Alexander. Otro ejemplo fue La mejor juventud. Y quizá uno de los casos más recientes fue Carlos de Olivier Assayas (otra obra que tengo muchísimas ganas de hincarle el diente).

Mildred Pierce es una adaptación de una novela de James M. Cain (que me voy a leer en breve… aunque ahora no lo encuentro) y ya existía una notable versión cinematográfica de 1945 que catapultó de nuevo la carrera de Joan Crawford. Aquí se tituló Alma de suplicio. Y fue dirigida por Michael Curtiz… el de Casablanca. Curtiz aprovechó todo el meollo de la novela y además tuvo en cuenta la especialidad de Cain (en el mundo de las letras), la novela negra. Así mezcló de manera, para mí, muy acertada un cine negro y desesperanzado con el melodrama más exacerbado. E incluyó, para más negrura, y más complejidad de las almas… un asesinato. La reseña que hice en su momento se encuentra aquí.

Todd Haynes, sin embargo, toma con fuerza una etapa histórica: la depresión económica (algo con lo que el espectador actual va a empatizar así como con las situaciones que vive el personaje protagonista…), el ambiente, y las relaciones de Mildred Pierce… y se va por los derroteros de un melodrama pausado y elegante… con escenas de intensidad que conducen al espectador a la catarsis (un melodrama que no provoca catarsis… no es un buen melodrama).

Los únicos peros que se me ocurren es que en cinco horas no se puede permitir que ciertos personajes estén poco perfilados o desarrollados (diría que son más intensos en la de Curtiz). Personajes de un potencial increíble que saben a poco. Es uno de los aspectos que más cuesta en el cine del siglo XXI. Frank Capra, el propio Curtiz, Lubitsch, Ford… y sus guionistas eran capaces de construir un personaje secundario (y por supuesto el actor que lo representaba) aunque sólo apareciese un minuto… Y el otro pero es el transcurrir del tiempo… son diez años pero a veces no está tan claro ese paso del tiempo (cuando más claro se ve es por el paso de Veda de niña a adolescente).

Un buen melodrama siempre tendrá una banda sonora que merezca la pena. La música es importante en el desarrollo de la trama. Y la música es un elemento narrativo en la serie (que creará alguna de las escenas más hermosas como la primera vez que Mildred oye cantar a Veda en la radio). Además su banda sonora es exquisita tanto la banda sonora original para la serie como la selección de melodías y canciones que suenan a lo largo de los distintos episodios. Además de una buena ambientación Haynes crea una puesta en escena, una forma de rodar, que hace que no puedas retirar los ojos de la pantalla. El espectador sigue a Mildred Pierce a través de las puertas, ventanas, pasillos, tras los coches, dentro de su coche-refugio, espejos… Tiene una iluminación maravillosa. Y la inspiración de Haynes y su director de fotografía Edward Lachman (con el que ha trabajado más veces) ha sido la mirada de Saul Leiter (un deleite mirar sus fotografías)… Pero también ambos amantes del cine se fueron a los años setenta: al momento del nuevo cine americano y a la nueva lectura de géneros… y al trabajo de Gordon Willis. Una nueva lectura de los géneros desde una distancia que permite una observación intensa y fría pero que genera fuertes emociones… Willis estuvo presente en El padrino, El último testigo, Todos los hombres del presidente, Llega un jinete libre y salvaje o en algunas de las películas más emblemáticas de Woody Allen. Pero sí, hay en Mildred Pierce una cierta mirada del nuevo cine americano de los setenta. Como un Robert Altman y Los vividores o un Michael Cimino y La puerta del cielo (que puede considerarse el final de este tipo de mirada).

Crisis económica

¿Por qué un regreso de Mildred Pierce? Porque va a existir una identificación total del espectador con la ‘heroína cotidiana’ que vive en plena crisis económica y social. El lenguaje de Mildred va a ser reconocible por el espectador que sufre la crisis de hoy. El paro, el desamparo, la búsqueda de empleo, la lucha de clases (que aunque se empeñen en decir que no existe sigue existiendo), la búsqueda de soluciones, problemas sociales, familiares, la supervivencia…

Mildred Pierce, esposa y madre

Mildred Pierce presenta varias caras y lecturas de una mujer en una época concreta. Mildred Pierce presenta varias caras en un espejo. Y esas caras aún hoy son reconocibles. Mildred Pierce es una Kate Winslet que dibuja distintos matices a su personaje y lo mima hasta el final. Mildred Pierce es una madre y esposa que al principio de la historia, en el primer capítulo, sufre la descomposición familiar por varias circunstancias: un marido sin trabajo, un marido infiel, una situación económica y social insostenible… de la noche a la mañana su acomodada vida de ama de casa (que de vez en cuando realiza tartas) se cae en pedazos. Sus ambiciones para ella y sobre todo para sus hijas se derrumban. Se convierte en mujer divorciada con dos hijas que mantener y sin trabajo. Empiezan las visitas a la oficina de empleo, la búsqueda de trabajo (no siente todos los trabajos igual…, siente que trabajar en algunos puestos supondrá bajar de estatus social), el dolor de pies, la desesperanza, el miedo a no poder mantener a sus hijas… Al final se pone un uniforme (con lo que esto quiere decir para ella) y empieza a trabajar en un restaurante de barrio.

Mildred Pierce, empresaria

Mildred Pierce como mujer observadora y emprendedora a partir de su empleo como camarera empieza a aprender el negocio. Y ve el provecho que puede sacar a las tartas y a sus dotes culinarias. Al final se convierte en una empresaria con visión de negocio que crea una cadena de restaurantes peculiares de ambiente elegante. Y cada vez irá adquiriendo más dinero (más socias, dos amigas del alma… qué finalmente y lástima que sean dos personajes que no llegan a desarrollarse totalmente pero que en determinados momentos muestran la fuerza de la solidaridad entre mujeres y su espíritu práctico frente a los hombres en tiempos de crisis), más poder y más visión. Sin embargo nuestra heroína cotidiana es una mujer de carne y hueso… y su obsesión por la clase social, por no ser vulgar, por ser elegante, y porque su hija Veda pertenezca a un mundo que ella nunca ha alcanzado… la hará perder la visión de negocio y derrochará a favor de su hija y en detrimento de la cadena de restaurantes (además de sufrir alguna que otra traición). Pierde el norte. Logra salir adelante y crear un pequeño imperio pero también vuelve a caer. Pero Mildred ya se ha transformado y esta caída no será igual que la primera ruptura de su estatus.

Mildred Pierce… y los hombres

En la vida de Mildred hay tres hombres con los que establece tres tipos de relación diferentes. Aquí además se muestra un punto interesante que en la versión de 1945 era menos explícito y es el reflejo de la vida sexual de Mildred, su personal revolución e independencia así como también la exploración y apertura de pensamiento. Después de su divorcio descubre que su marido (con el que había caído en la rutina y también en el agobio por la situación de crisis) es su mejor amigo y apoyo. Una relación que culminará en segunda oportunidad para ambos. Está contada con sencillez, naturalidad y cariño.

Con el primero que se relaciona, después de volver a ser una mujer ‘libre’ es con un personaje curioso y complejo (y no el mejor desarrollado… y es una lástima porque el personaje tiene mucha pero que mucha miga). El amigo y socio del esposo (se da a entender que no jugó limpio con el esposo en el mundo de los negocios cómo no terminará jugando limpio con Mildred. Él tiene claro que el negocio es el negocio…) que la ayudará a dar sus primeros pasos en el mundo empresarial y se convertirá en un amante (no muy creativo). Sería algo así como el concepto, actualmente de moda, de ‘follamigo’ (fea palabra pero muy gráfica). Es el hombre de transición.

Y por último, cuando se convierte en mujer poderosa, se encuentra al aristócrata venido a menos (al cual también le ha afectado tremendamente la crisis) que se convierte en el ‘mantenido’ pero no pierde su ‘clase’ en las relaciones sociales, de cara al exterior. Y el sentirse en el mundo de Beragon a Mildred la seduce mucho. El hombre con elegancia que además le abrirá a la protagonista todo un mundo de sensaciones, sensualidad y sexo. Monty Beragon lo representa perfectamente Guy Pearce. Mildred se creerá enamorada pero cuando sufra una de las mayores traiciones verá una relación de poder y deseo.

Mildred y Veda

Pero la columna vertebral de todas estas caras de mujer. Lo que define la evolución del personaje es su relación con una antagonista poderosa: su hija Veda. La relación compleja que construyen ambas a lo largo de los años difíciles será el motor del melodrama (además de las cosas cotidianas de la vida de Mildred, como heroína del día a día). La personalidad de Mildred que contribuye también a la formación de la difícil (e insoportable) personalidad de su hija mayor pone sobre la mesa como el amor de madre produce serpientes. ¿Quién es la culpable del deterioro de la relación madre-hija? El espectador sentirá más empatía hacia Mildred pero no es totalmente inocente en la transformación de una hija (de niña Morgan Turner, de adolescente poderosa Evan Rachel Wood) que pone más interés en el estatus social, en la apariencia, en el éxito absoluto, en el poder, en el dinero… La compleja relación de ambas va creando los distintos clímax y momentos catárticos de la trama. Sus peleas y reconciliaciones van haciendo avanzar la trama y el destino de Mildred Pierce. Son madre e hija, son rivales, son víctimas y verdugos… son todo un abanico de posibilidades.

Mildred Pierce muestra un rico mundo de miradas e interpretaciones que exigen más de un visionado además de disfrutar de una buena narración cinematográfica. Me alegro de habérmela encontrado en mi camino…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Aunque tú no lo sepas (1999) de Juan Vicente Córdoba

“Aquella noche me partiste el corazón”.

A veces las películas más sencillas son las que más te llegan. Las que sientes más cercanas a experiencias vividas. ¿A quién no le han roto el corazón en alguna ocasión antes de los 20? ¿Quién no ha vivido amores no correspondidos? ¿Quién no ha imaginado o no ha vivido un reencuentro? ¿Quién no ha tenido miedo a arriesgarse? ¿Quién no se ha arriesgado?

Juan Vicente Córdoba parte de un mundo íntimo, de un mundo de los recuerdos, de la memoria… Juan Vicente Córdoba  revive un relato, un poema, unas canciones, unos barrios…

Juan Vicente Córdoba se recrea en la nostalgia. En una mirada atrás. Y en la posibilidad de las segundas oportunidades. De arriesgarse de nuevo. Juega con material sensible.

Juan Vicente Córdoba recrea también con sensibilidad. La historia de dos adolescentes que se hacen daño, sin quererlo. Y su posterior encuentro, cuando ya están en una fase de la vida en que pueden mirar atrás… Y no saben tampoco lo que les espera mañana.

Juan Vicente Córdoba se vale de dos balcones. Y surge una buena historia de amor. Buena porque te llega. Del chico de barrio, Vallecas. Y de la chica bien del centro de la ciudad. Y como no un Madrid vivo… que sabe bien lo que es la vida de barrio. Del barrio de los alrededores… del barrio en el centro de la ciudad. De los paseos. Los baretos de toda la vida, los descampados, las ferias, los pequeños comercios, las cafeterías, las vías del tren, las calles estrechas (y maravillosas… preciosas, qué rincones), mis amadas librerías (como con los cines cuando cierra una librería de barrio… me inunda la tristeza)…

Y suenan dos canciones que me siguen encantando. A cántaros de Pablo Guerrero y Lucía de Joan Manuel Serrat. ¿Hay algo más bonito que recibir un libro de alguien anónimo con una dedicatoria hermosa? “Si alguna vez la vida te maltrata, acuérdate de mí, que no puede cansarse de esperar aquel que no se cansa de mirarte”. Como no palabras de un poeta, Luis García Montero, que escribió otro poema que inspiró a Almudena Grandes para realizar un cuento El vocabulario de los balcones… que ambas creaciones ‘tocaron’ a Juan Vicente Córdoba que se inspiró en ellos para ‘pintar’ su mundo particular de recuerdos auténticos. Y es eso lo que se respira en esta película… Un aire de autenticidad, de recuerdo y memoria. Del reflejo de una época.

Así desde la primera escena de esta película, con puesta en escena sencilla y sin complejidades, te inmiscuyes en esa historia de reencuentro entre Lucía y Juan, dos adultos que arrastran desilusiones (y también logros y sueños). Y a través de los flash back que a veces son la memoria de Juan y otras la de Lucía. Y a base de miradas… recuperamos con ellos su historia de amor… y nuevas oportunidades para enmendar corazones heridos.

Dos balcones, unas cuantas miradas, muchos recuerdos, dos corazones rotos… Juan Vicente Córdoba también ‘bebe’ del cine. Y nos trae un poco de aquel cine del extrarradio, del cine quinqui, del cine que reflejaba los barrios y sus bandas sonoras que lo mezcla e inspira con un cine elegante e intimista. Los peinados imposibles de los setenta con los pantalones campana, los chalecos o cazadoras vaqueras, o esas botarras de taconazo… con la luz bonita de un atardecer o anochecer en un barrio del centro de Madrid, en una calle estrecha que incita al paseo. Con esos balcones que sólo tienes que levantar un poco la vista para deleitarte con ellos. Con un Madrid soleado o un Madrid con lluvia. Un cine intimista, un cine que le inspira, Juan Vicente Córdoba nombra en los créditos de su primer largometraje a Kieslowski… y viene a la memoria una de las partes de su decálogo, No amarás. Por una historia de amor entre balcones o ventanas (pero no han sido los únicos balcones o las únicas ventanas que nos han contado historias de amor a través del cine…).

Y como toda película sencilla nos llega más si nos llegan sus actores. Así nos dejamos llevar por las miradas adultas y adolescentes de Juan y Lucía… a través de los ojos de Gary Piquer y Andrés Getrúdix y de Silvia Munt y Cristina Brondo.

Juan Vicente Córdoba nos permite viajar entre la nostalgia, la tristeza, la memoria y el recuerdo… pero también a la posibilidad de un mañana…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Palabras para Jafar Panahi

No te conocía.

Ni tu rostro.

Ni tus películas.

Sí, sabía que eras un director de cine iraní.

Sí, sabía de tu condena.

Seis años de prisión y veinte años de inhabilitación.

Veinte años sin poder escribir guiones ni realizar películas.

Sí, conocía cuando viviste un arrestro de 88 días, entre otras cosas, y sólo era la punta del iceberg de tu calvario.

Sólo por apoyar a otro gobierno.

Por el Movimiento Verde.

“Juro por el cine en el que creo, que no voy a cesar mi huelga de hambre hasta que se cumplan mis peticiones”.

Juro por el cine en el que creo…

Sí, conocía las muestras de apoyo de otros directores de cine… de todas partes del mundo.

… hasta que la semana pasada… entré en una sala de cine. Y te vi y te conocí.

Fue una buena recomendación.

Además también he podido disfrutar de tres tus películas.

Y entonces entendí ese Juro por el cine en el que creo…

En ese descubrimiento de ponerte rostro y además conocer tan sólo una mínima parte de tu obra he pasado el fin de semana…

¿Puede una película cambiar algo?

… a ti te han silenciado.

No quieren que mires.

Luego tu cine muestra, transforma, cambia…

Y fue un privilegio asistir a ESTO NO ES UNA PELÍCULA.

Donde te resistes a vivir sin mirar.

… tú eres una cámara a cuestas.

Un narrador cinematográfico.

Y es emocionante escucharte.

Y mirarte.

Notar cine puro.

Tu elaborado discurso cinematográfico.

Lecciones de puro cine.

Sentir y entender tu situación.

Sentir la situación de Irán… (a pesar de mi ignorancia… lo sentí).

Salí del cine… sintiendo tu resistencia, tus ansias de seguir siempre filmando, siempre.

Salí del cine… sintiendo tu pasión. Cómo me emocionastes cuando tratas de contar (de contarnos), con la mirada de Mojtaba Mirtahmasb sobre ti, ese guion ya elaborado. Lloré porque cuánto te duele llegar a una dura afirmación: por qué contárnoslo si no vas a poder firmarlo…

Pero me lo contaste.

Me llegó esa historia.

Y me alcanzó esa vitalidad por ser testigo.

… ese viaje emocionante en un ascensor, cámara en mano…

Y entonces me descubrí riendo y llorando en el salón de mi casa cuando en mi televisor empecé a ver OFFSIDE.

Cómo me emocioné.

En ese enorme estadio de fútbol…

Con ese grupo de chicas vestidas como hombres y viviendo con pasión.

Con ese grupo de soldados que tienen que custodiarlas… y cómo todos se encuentran metidos en un sistema absurdo.

En la camioneta, con ellos y con ellas, reía y lloraba a la vez.

Entre bengalas.

Y me estremecí con el grito silencioso y la resistencia de esas mujeres que viven encerradas en un círculo kafkiano que las convierte en supervivientes cotidianas.

EL CÍRCULO me atrapó con toda su crudeza.

… Y me angustié con ese principio brutal de SANGRE Y ORO… De un Hussein solitario que siente que todo se desmorona a su alrededor. Y el espectador se desmorona con él.

Apenas te conozco…

Y me angustia que no te dejen dedicarte en lo que crees. EL CINE. Con letras mayúsculas.

Sé que poco puedo hacer.

Sólo seguir pronunciando tu nombre.

Seguir viendo tus películas.

Conocer tu mirada.

Y tu resistencia.

Todo mi respeto… trataré de ser menos ignorante.

Para entenderte más.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.