Diccionario cinematográfico (172)

Eternidad: si hay una cualidad que siempre me hace pensar en el cine es que atrapa la eternidad. Y las sombras atrapadas en la pantalla blanca son eternas. Una sombra de cine: un personaje, una ciudad, una habitación, un gesto, un vestido, un sonido… se vuelve perdurable (a pesar de las dificultades de conservación de los materiales cinematográficos que han sufrido defunciones, sombras que nunca veremos, que no regresarán a la pantalla blanca…, nunca faltan las contradicciones).

Cuando alguien a quien quieres desaparece. De pronto aquellas imágenes grabadas en super 8, en vídeo, o ahora en cámaras digitales o teléfonos móviles… cambian de sentido. El ausente no desaparece. Su forma de moverse, de mirar, de hablar…, sus gestos cobran vida una y otra vez. Sus imágenes fijas reciben otro valor: la eternidad.

Lo eterno está presente también en el argumento de algunas películas. El juego con el tiempo o los tiempos crea eternidades. Y no olvidemos que lo eterno pulula en dos acepciones en la RAE, ni principio, ni fin, lo perpetúo. Aquello de duración dilatada por los siglos de los siglos. O el sentido religioso, la vida interminable del Dios Todopoderoso o la vida después de la muerte, la eternidad.

… Los vampiros son eternos. Son seres que tienen una duración dilatada por los siglos de los siglos…, aunque son vulnerables a perder esa eternidad que a veces es un castigo horrible (que se lo digan a Louis de Entrevista con el vampiro).

El amor, dicen por ahí, que también es eterno. Y muchas películas no dudan en mostrarlo una y otra vez. El amor más allá de la muerte. Algunas lo muestran con más o menos fortuna. Me fascinó cómo lo mostraba Hathaway en Sueño de amor eterno. O ese amor atormentado y fantasmagórico en Cumbres borrascosas.

Y la palabra fantasmagórico me devuelve a la cabeza otro concepto de eternidad. El alma en pena o no en pena que pulula por los siglos y las casas deshabitadas u otros espacios… El clásico fantasma eterno. Que también puede enamorarse… de alguien de carne y hueso, y esperar que le llegue la eternidad al ser amado. ¿Recuerdan esa delicia que es El fantasma y la señora Muir?

Otras veces lo eterno se cuela en un lugar, que se encuentra en un punto que no está ubicado en los mapas y donde quizá se puede conservar la eterna juventud o curiosamente se encuentra oculto en otro tiempo o dimensión y sólo aparece en ciertas ocasiones para disfrute fugaz de los mortales… Así podemos terminar en Horizontes perdidos, en Shangri-La o celebrar el despertar de Brigadoon, una aldea escocesa que cada siglo sólo amanece un día.

Hay personajes que sabemos eternos… y muy relacionados con la religión cristiana. La muerte (que es la que no permite que seamos eternos… y a veces es vencida a través de un milagro, de una lucha encarnizada que pierde, o porque ella misma se convierte en protagonista e incluso se enamora y se olvida de sus obligaciones), el diablo, Dios, los ángeles…

Así hay películas con la muerte como protagonista. A veces el amor es quién la vence en la lejana Las tres luces. A veces ella misma decide enamorarse y olvidarse de su labor en La muerte de vacaciones. En otras el protagonista es el diablo, que puede causar terror (El corazón del ángel) o ser retratado amablemente (las menos veces… pero ahí tenemos El diablo dijo no). O tampoco faltan los ángeles eternos de buen corazón, que sólo quieren unas alas (¡Qué bello es vivir!) o ángeles complejos (El cielo sobre Berlín).

A veces jugar con el tiempo crea una sensación de eternidad. Así que se repita un único día en tu vida, siempre el mismo, trae una eternidad desesperante a Bill Murray pero también una fuerza transformadora de su personalidad en Atrapado en el tiempo (o El día de la marmota). O en la ciencia ficción que se repitan unos cuantos minutos vitales puede dar la oportunidad al héroe de conseguir la eternidad, en la buenísima Código fuente. O cómo el mundo de los sueños puede transformarse en un no retorno parecido a la eternidad en Origen.

Lo eterno va unido al cine. No hay duda. Las sombras siempre nos acompañan… y nuevos espectadores con su mirada las revisten de nuevos significados o vidas…

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Diccionario cinematográfico (171)

Tiendas: ahora que estamos de rebajas, vámonos de tiendas de celuloide. Y lo primero que me viene a la cabeza es Tiffany y Audrey Hepburn (perdón, Holly) frente a su escaparate con un traje negro. O después junto al escritor amado, pidiendo a un amable y nostálgico vendedor, que les vaya diciendo el precio de algunas cosas que se puedan comprar con unos pocos dólares… para al final pedirle que por favor grabe sus nombres en un anillo de hojalata.

Y esa primera imagen me recuerda que los escaparates a veces son la metáfora de lo inalcanzable. O de lo que se ha perdido. Como actualmente le pasa al protagonista de The Artist, cuando todo está ya perdido, su gloria como actor silente de éxito, y deambula con un traje barato por las calles. Y entonces se para ante un escaparate con un esmoquin. Y sonríe.

O esas películas donde parejas que pronto serán marido y mujer fantasean frente un escaparate de muebles lo que podría ser su futura casa… como les ocurre a Silvya Sidney y Spencer Tracy al principio de Furia de Lang… antes de que empiece toda una pesadilla.

Los supermercados también son escenarios de cine. Y hace poco recordamos el encuentro de los amantes entre los pasillos de uno de estos establecimientos en Un extraño en mi vida. Pero entonces me viene a la cabeza la maravillosa historia de amor no terminada que nos sugieren Robin Wright y Jason Isaac cuando se encuentran en un supermercado en Nueve vidas de Rodrigo García.

Ahora me río recordando a Charlot en los grandes almacenes en Tiempos Modernos… y la cantidad de anecdotas y aventuras que pueden pasar en una noche de vigilancia. Junto a la chica con cara de Paulette Godard. Y entonces como río recuerdo a un Rock Hudson como vendedor especialista de una tienda de pesca… sin haber pescado jamás un pez en esa maravilla que es Su juego favorito. Y otra escena ochechentera con grandes almacenes de fondo un niño grande con cara de Tom Hanks saltando en las teclas de un piano gigantesco.

Me voy de librerias con Woody Allen. Rara es la película en la que no aparezca una. Pero por citar una nos vamos a la de Hannah y sus hermanas y un Michael Caine enamorado. Y de librerias va la cosa. Porque también transcurre en una la escena final de La vida de los otros. O ahí está el bueno de Hugh Grant en Notting Hill, con una libreria de viajes donde se cuela una actriz de éxito.

También recuerdo la tienda de chocolates de Chocolat (será que ese dulce me pierde). O ese niño que mira en un escaparate un delicioso pastel que no es para él… aunque no podrá con la tentación en Érase una vez en América. O recordamos a las antipáticas dependientes que menosprecian a Pretty Woman cuando trata de comprarse un vestido… O recordamos la visita a la tienda de un alucinado y enamorado Hugh Grant que tiene que ver cómo la mujer a la que ama se prueba ante él vestidos de novia… para casarse con otro en Cuatro bodas y un funeral.

Me vienen a la cabeza las tiendas de música. Como esa sensible escena que transcurre en una tienda de instrumentos entre los protagonistas de Once. Cuando ambos protagonistas se ponen a tocar al piano y a cantar.

Ahora recuerdo las tiendas de alimentos, ropas, aperos…, vamos, las tiendas donde hay de todo, del viejo Oeste. Y entonces me voy con los protagonistas de Raíces Profundas.

Pero hay una tienda especial que siempre me gusta volver a visitar y es El bazar de las sorpresas.

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Diccionario cinematográfico (170)

Camas: hay camas de ensueño, como la del sueño erótico de America Beauty, sólo hace falta un suelo, lluvia de pétalos y la dama soñada.

Hay camas infatiles como la de los abuelos maternos y paternos del niño Charlie antes de entrar a su fábrica de chocolate. Unos abuelos que hacen ya vida en sus camas como si fueran su segundo hogar.

Hay camas asesinas, como esa inolvidable escena de El Padrino donde aparece la cabeza ensangrentada de un caballo…

Hay camas de miseria, sin sueños, como las que visita Charlot en El chico cuando va a un centro de personas sin hogar. O las del barracón donde tiene que vivir la familia Joad en Las uvas de la ira. A veces no existe ni la cama. Como esos abuelos que mueren en medio de la carretera.

Hay camas de comedia como esa cama mínima en camarote diminuto que se va llenando y llenando y llenando en Una noche en la Ópera. Sólo podían estar los hermanos Marx por el medio.

Hay camas donde duermen los hombres y las mujeres con los cuales soñamos. Abrimos los ojos y ahí siguen. O nos esperan o estarán. O se encuentran ausentes o no volverán. Como la cama en la que duermen por primera vez Paul y Holly en Desayuno con diamantes. O la cama donde, bajo el hechizo de luna, como personas imperfectas, se aman apasionadamente Loretta y Ronnie.

Hay camas solitarias que aguardan la muerte del que duerme, del que está enfermo o del que se despide voluntariamente de la vida. Me viene a la cabeza ese hermano bueno y enfermo que desaparece porque ama en una solitaria cama de hospital en Wilbur se quiere suicidar.

Hay camas para hacer el amor apasionadamente y con algún que otro muelle molesto o grito extasiado. Que se lo pregunten a los buenos de Frankie y Johnny.

Hay en camas que se hacen hasta cuartetos…, si quieres ser el quinto, acuéstate junto a Bob, Carol, Ted y Alice. Seguro que hay más risas que otra cosa.

Hay camas para hacer conspiraciones de palacio. Entre marquesas, condes o duques. Así ocurre en Las amistades peligrosas.

Hay hasta camas que vuelan como en La bruja novata. Y que pueden llevarnos a mundos inimaginables…

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Diccionario cinematográfico (169)

Susurro: … “ruido suave y remiso que resulta de hablar quedo”. Bonita definición de la RAE. O lo que resulta cuando Pepe LeMoko con cara de Charles Boyer le susurra a la bella Hedy Lamarr: Vente conmigo a la Casbah (Árgel).

Las palabras de amor suelen susurrarse al oído.

O también las de agonía.

Como hace el pequeño niño que ha caído al suelo tras un disparo y susurra a Noodles: Me resbalé (Érase una vez una América).

También se susurran los secretos y los horrores.

Así susurra su dolor, Hanna al hombre ciego de la plataforma petrolífera… en La vida secreta de las palabras.

Y también hay secretos de niños, premonitorios.

Así se lo susurra al oído, del cual no oye, una niña a George Bailey. Le dice que le amará siempre… Y así es. Ella será Mary…, la mujer que estará a su lado en los buenos y malos momentos…, y que a pesar de los pesares será una de las personas que le hagan creer ¡Qué bello es vivir!

Espera.

Busco una frase que susurrar al oído…

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Diccionario cinematográfico (168)

Heroínas Brönte: soy Jane Eyre, amo al señor Rochester, habito en Thornfield que guarda entre sus muros un secreto. Soy institutriz de infancia desgraciada. Soy mujer solitaria e independiente. Pero quiero amar y ser amada. El serio señor Rochester me trata como nunca me han tratado, conectamos, somos iguales y él me valora… y aunque no soy agraciada, me siento hermosa cuando me mira.

Me llamo Catherine Earnshaw. Y soy bella, y soy orgullosa, y soy apasionada, y soy salvaje… un día padre vino con Heathcliff. Y nos juramos amor eterno y salvaje más allá de la vida y la muerte. El destino nos separó. Enterré mi pasión para volverme señorita… y que Heathcliff se fuera despreciado y regresara con sed de venganza… me fue rompiendo poco a poco. Sin embargo los dos a pesar de hacernos daño una y otra vez sabíamos que nos amábamos…

Las novelas de Charlotte y Emily Brönte siguen siendo leídas, amadas y llevadas a la pantalla por distintas generaciones. Ahora esperamos dos nuevas versiones para poder volver a apasionarnos o volver a evocar el amor y la sensualidad en grado de paroxismo absoluto llegando casi a la locura: Jane Eyre de Cary Fukunaga con Mia Wasikowska y Michael Fassbender y Cumbres borrascosas de Andrea Arnold.

Antes han sido objeto de distintas versiones en cine y televisión con menor o mayor fortuna. Así Jane Eyre ha contado con el rostro de Joan Fontaine, Susannah York, Charlotte Gainsbourg, Samantha Morton y Ruth Wilson. Y Catherine se ha transformado indistintamente en Merle Oberon, Fabienne Babe, Juliette Binoche… Ha cruzado fronteras y ha tenido rostro japonés y mexicano.

Sin duda las heroínas Brönte más desconocidas (por lo menos para mí) son las de la tercera hermana Brönte, Anne. No he leído ninguna de sus novelas: ni Agnes Grey ni La inquilina de Wildfell Hall. Ambas editadas en castellano y en edición de bolsillo (me lo recuerdo a mí misma para terminar con esta laguna). Ninguna de las heroínas de Anne ha conseguido inmortalidad en la memoria cinéfila… ¿Serán reivindicadas a través de la imagen?

Las propias hermanas Brönte han sido heroínas cinematográficas, las tres, en película clásica americana que nunca ha llegado a mis manos, Predilección (La vida de las hermanas Brönte) con presencia de Ida Lupino y Olivia de Havilland. Y en otra que sí he podido ver pero que queda lejana en mi recuerdo, Las hermanas Brönte de André Téchiné. Por supuesto, en ambas no faltaba el también trágico y único hermano Brönte, Branwell.

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Diccionario cinematográfico (167)

Melancolía: a punto de hundirme en Melancolía de Lars von Triers trato de bucear en dicho término a través de la sala oscura. A través de los metros de celuloide. Una película puede ser melancólica, un personaje puede ser melancólico, una imagen puede expresar melancolía, un gesto, una palabra, una actitud… Un planeta. ¿Qué es la melancolía? ¿Qué es el temperamento melancólico? Cuál puede ser el viaje propuesto ante una pantalla blanca, ante sombras de cine.

Pongo mis ojos en la definición de melancolía en el diccionario de la Real Academia Española y me topo con tres acepciones. Así en bruto es una “tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada”. Si nos vamos al campo de la medicina de la salud mental la melancolía se convierte en “una monomanía en que dominan las afecciones morales tristes” que puede terminar en delirio o locura. Y si estudiamos e indagamos en la historia nos encontramos que melancolía se convierte en la “bilis negra o atrabilis” y si nos seguimos hundiendo en esta bilis que ahoga nos enteramos que éste era el nombre que recibía, según Hipócrates o Galeno, uno de los cuatro humores principales del organismo. Y de esos humores surgieron los temperamentos que representan el carácter, la manera de ser de alguien. Y hay muchos alguien melancólicos.

Y en el cine queridos amigos hay melancolía. No sólo la que visitaré de la mano de Lars von Triers. En el cine hay tristeza profunda y sosegada. En el cine nos encontramos de cara con la bilis negra.

Cine y melancolía. Un dúo infinito.

Viajo en la memoria de la melancolía cinematográfica y la primera parada me destina a Beginners donde su personaje principal, Oliver (Ewan McGregor), hundido en tristeza sosegada reflexiona sobre la ausencia del padre y sobre la posibilidad de comprometerse con alguien. Él es publicista (como la Justine de Melancolía…, que todavía no he visto).

Continúo y llego a la estación de La mujer del teniente francés donde el temperamento melancólico de Sarah Woodrof (Meryl Streep) la hace conocerse y rebelarse… en un camino donde hace daño y destruye a Charles Smithson (Jeremy Irons) atraído por su melancolía en una Inglaterra del siglo XIX. Para Sarah la melancolía, su estado, supone una búsqueda de su libertad.

Y este temperamento también puede ser un modo de vida y convertir a alguien en líder sin quererlo. En esa huida continua en un mundo en el que ya no habita puede convertirse en héroe melancólico como el chico de la moto (Mickey Rourke) en La ley de la calle. Y visto desde el exterior como un rebelde triste.

La melancolía nos arrastra a los parajes, solaris y sacrificios de Andrei Tarkovsky o a las sonatas de otoño de Ingmar Bergman.

El amor melancólico que nos habla del sufrimiento unido a este sentimiento nos permite estacionarnos en A los que aman o en Deseando amar. O acabar como Ofelias que sucumbimos a la melancolía por el rumbo de la locura en los distintos Hamlets cinematográficos con rostro de Jean Simmons o Kate Winslet.

La melancolía de dos seres comunes da fuerza a Cualquier día en cualquier esquina (una joya a descubrir de dos temperamentos melancólicos con los rostros de Shirley MacLaine y Robert Mitchum) o nos descubre un temperamento melancólico donde menos lo esperamos, en la Holly de Desayuno con diamantes.

Última parada, junto a la protagonista Diane de El séptimo cielo de Borzage, nos vamos al fatalismo melancólico de un Lang que nos deja a dos héroes hundidos para siempre en una tristeza profunda (Henry Fonda y Sylvia Sidney) que los conduce a trágico final en Sólo se vive una vez.

A veces la melancolía se oculta en un solo fotograma. Que se lo pregunten a los héroes fordianos. O en una mirada… la de la Monroe o la Hayworth.

Melancolía y cine. Un dúo infinito. Un temperamento que se escapa y llega hasta el espectador dejándole una pequeña marca.

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Diccionario cinematográfico (166)

Cicatrices: … Scarface tiene una cicatriz que le cruza la cara. Es un rasgo de su personalidad. Todo el horror o todo un pasado temible puede descubrirse a partir de una cicatriz…, que se lo pregunten a Frankie cuando le confiesa su secreto a Johnny. Igualmente le pasa a Hanna en La vida secreta de las palabras. Cuando Josef descubre todos sus miedos y sufrimientos a través de sus cicatrices por una guerra horrible. Sin duda le quedó una cicatriz increíble al detective J.J. Gittes cuando en una ‘desafortunada’ pelea le rajan su nariz. También un pasado triste oculta Sophie… tras ser una muerta en vida después de una decisión que cambió su existencia. Unas cicatrices en sus muñecas la delatan.

Hay personajes que son pura cicatriz, como Frankenstein o su novia. Seres creados y cosidos. El más tierno Eduardo Manostijeras y los más sórdidos y morbosos los de Crash de Cronenberg.

Cicatrices cerca de la yugular. En concreto dos pequeñas incisiones anunciaban que ya Drácula había hecho de las suyas…y ‘bautizado’ a nuevos acólitos para el reino de los muertos.

En el Oeste también existían cicatrices que no se borraban jamás. Como la de uno de los personajes de Valor de ley. ¿O cuántas veces un asesino es reconocido por una cicatriz especial…?

… no hay duda la cicatriz es muy cinematográfica…

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Diccionario cinematográfico (165)

Cómicos y cómicas: aquellos que divierten o hacen reír. Siempre se ha dicho, y yo lo creo, que es más complejo hacer que alguien suelte una carcajada. Es más fácil hacer llorar. Pienso que pasa igual en literatura: hay más letras dramáticas que cómicas.

Por eso, por mi vena payasa y porque reír es sano me gustan los cómicos y cómicas. Me encanta el que sabe hacerme reír. Me agrada llorar de la risa.

Los reyes de la risa me apasionan.

Con Charlot y Edna Purviance.

Nunca olvidaré uno de sus maravillosos cortos juntos. Charlot, músico ambulante de 1916. Charlot, el sin hogar, se gana la vida tocando el violín. Un día se encuentra con una joven maltratada y más pobre que él que vive en un campamento ambulante. Él empieza a tocar una pieza al violín… con mucho ritmo, y ella mientras va lavando la ropa siguiendo el compás de la música…, rápido, lento, lento, rápido. Ambos entran en éxtasis (se enamoran apasionadamente… y el amor les vuelve más torpes) y mientras el espectador se parte de risa.

Con Keaton.

Todavía recuerdo tarde en la Filmoteca. Película proyectada: Las siete ocasiones. Buster Keaton perseguido por cientos de novias, corriendo mil y un peligros. Las novias no le dejan ni un respiro. La sala es un hervidero de risas continuas.

Con Cary Grant y Katharine Hepburn.

Era pequeña y me encontraba con mi familia entera, frente al televisor. De pronto nos vimos todos llorando de la risa, atragantándonos, sin poder parar… durante todo el visionado de la loca historia entre el científico despistado y la millonaria excéntrica…, vamos hasta cantaban a un leopardo. La fiera de mi niña fue el comienzo del idilio con la screwball comedy.

Con Peter Sellers.

Su personaje de El guateque es un genio provocando la risa. Él es el caos en persona. Y ya se sabe… carcajadas aseguradas. Desde su primera aparición como extra-patoso con trompeta inmortal…, las lágrimas e hipos de la risa están asegurados.

Con Jerry Lewis.

… Lío en los grandes almacenes, el bueno de Lewis observa a una mujer mecanografiando en una máquina de escribir (de esas que quise yo tanto, ya saben). Y entonces se sienta en una mesa y con música maravillosa y pegadiza, el bueno de Lewis empieza a escribirnos una página entera con la técnica del mimo… una joya de la risa.

Con Carole Lombard.

Uno de mis personajes femeninos favoritos es sin duda alguna Irene Bullock. Al servicio de las damas es absolutamente desternillante desde el primer momento en que aparece esta mujer que es un sinsentido de principio a fin… y por ello enamorable.

Con Jean Arthur.

Me parto de risa con otra alocada de la vida: Jean Arthur. Mujer ideal en Una chica afortunada. Lloramos de la risa con cada una de las situaciones que vive la Arthur desde que se la cae un abrigo de piel encima de la cabeza mientras va en autobús hasta su paso por un hotel de lujo, pasando a cuando confiesa que su mayor deseo es comprarse dos enormes perros…

Con Claudette Colbert.

La Colbert es una cómica nata. Río sin parar en su viaje surrealista en Un marido rico en un tren lleno de locos cazadores excéntricos que la toman prácticamente como mascota…

Con los hermanos Marx.

No puedo evitarlo siempre estallo en carcajadas ante ese camarote ínfimo pero donde caben un número infinito de personas…, y también dos huevos duros. Siempre que veo Una noche en la Ópera deseo que llegue esta escena…

Con Woody Allen y Diane Keaton.

… Misterioso asesinato en Manhattan… un matrimonio maduro y entrañable se convierten en detectives privados (cada uno tratando de salir de su cotidianeidad… a su manera). Llega el momento de entrar en el cuarto del sospechoso y presunto asesino. Y llorar de la risa es poco. Aunque la escena del ascensor ya es para atragantarse…

Con Jacques Tati.

Cualquiera de ese tío entrañable que no se lleva nada bien con las comodidades de la vida moderna en la casa de sus familiares. El tío siempre peculiar es otro especialista en sembrar el caos… pero él jamás pierde la compostura. Mi tío es una delicia con carcajadas en el silencio.

Con Jack Lemmon

Con sólo recordar el tango que se marca en Con faldas y a lo loco no puedo evitar que se me salten las lágrimas…

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Diccionario cinematográfico (164)

William Somerset Maugham: les voy a contar un pequeño e intrascendente secreto: no he leído ni una sola novela (ni relato, ni obra de teatro) de Maugham pero puedo decir a voz en grito que me gusta. Que le quiero. Porque sus relatos y novelas han inspirado películas fascinantes.

Le leeré. Mientras le miro…

Desde el periodo mudo han estado sus historias. Porque Maugham es revisitado una y otra vez por distintas generaciones. Así descubro que Raoul Walsh, director de parche en el ojo, le adaptó cinematográficamente en los años 20. Ya les digo no voy a poder nombrar todas sus adaptaciones… tantas las que son.

Me enamoro de Lluvia, esa historia donde una prostituta Sadie Thompson con cara de Joan Crawford es hostigada por un hombre de la iglesia, oscuro, un Walter Huston que quiere someterla a toda costa…, pero están en los mares del Sur, en un ambiente sensual donde el tiempo hace cambiar los rumbos.

Me impacta Cautivo del deseo, que adapta la Servidumbre humana, donde un triste estudiante, acomplejado por su cojera, cae en las redes de una camarera vulgar y con corazón oscuro. Sobresaliente un vulnerable Leslie Howard y una malvada con rostro de Bette Davis.

Por ahí Greta Garbo se convierte en reina de un triángulo amoroso en El velo pintado y el maestro del suspense, en su etapa británica, ya nos cautiva con El agente secreto.

El maestro del melodrama, William Wyler (¿os he dicho ya que me encanta?) con su musa Bette Davis se deja llevar por el universo del escritor y nos traslada a historia oscura, como La carta, donde la heroína se va tejiendo una tela de araña fatal.

… espero pronto vislumbrar Luz en el alma del maestro Siodmak, que tan buenos ratos me hace pasar y de paso amar un poquito más el cine. Me asombra que una historia negra tenga como protagonistas a Gene Kelly y Deanna Durbin (¿los imaginan?).

Goulding (no podía ser de otra manera) se mete en el universo más filosófico del autor con su adaptación cinematográfica de una de sus novelas más famosas… El filo de la navaja. Seguimos a Tyrone Power buscando el sentido de la vida y no podía faltar la mujer que no le comprende, bellísima Gene Tierney. Este director repitió con Maugham y repitió otra adaptación de Servidumbre humana, esta vez con Eleanor Parker y Paul Henreid. No será la última, en 1964, es Kim Novak, la mujer sin corazón.

Y en el siglo XXI el universo de Maugham regresa con fuerza con dos grandes películas (o al menos yo las disfruté como tales), la pícara a la vez que elegante Conociendo a Julia donde además vivimos el ambiente del mundo del teatro británico durante los años 30 con una Annette Bening impagable. Y la maravillosa El velo pintado de John Curran donde la transformación del personaje de Edward Norton es hipnotizadora…

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Diccionario cinematográfico (163)

Enamorados fuera de la ley: en coche, por largas carreteras, evitando la ley. A veces son hijos de la mala suerte, otras de la mala cabeza. A veces no tienen conciencia. Son enamorados fuera de la ley. Hombres y mujeres que se aman con locura y se aman en el viaje, en la persecución, en el riesgo…

Se encuentran y ya no pueden volver a separarse. Ni siquiera la muerte lo logra. A veces alcanzan aires de leyenda. Algunos se apiadan de unos seres atormentados que siempre andan huyendo. Otros les hacen la vida imposible. A veces son ellos los que deciden hacer la vida imposible a los demás y sólo encuentran algo de paz en sus momentos de intimidad. Encontrar explicación a sus historias es misión compleja. Dejarse llevar por el loco amor… es un poco más comprensible.

Desde Eddie y Joan, los dos fugitivos por mala suerte e injusticia social, que saben que sólo se vive una vez, pero se aman desesperadamente. Que quieren llegar a esa frontera, en la que todos sueñan, donde encontrarán un mundo menos despiadado donde puedan amarse libremente… Desde que el maestro Lang los puso en la carretera los amantes fuera de la ley pueblan los fotogramas.

Y nos encontramos así con Los amantes de la noche, los jovencísimos Bowie y Keechie a los que les persigue la mala fortuna y ellos sólo quieren ser una pareja normal que va de la mano al cine… sin necesidad de la huida continúa. Bowie y Keechie, los niños poco afortunados que no pueden llegar a la meta. Ninguna pareja llega.

En el paroxismo del amor se unen Bart y Laurie. El niño-grande enamorado de las armas pero no de matar con ellas y Laurie la mujer que cuando se asusta no puede refrenar un ansia enferma de matar. Ambos se unen y se convierten fatalmente en inseparables. Y roban bancos. Y ruedan por las carreteras. Y construyen su historia de amor fatalmente indestructible. Bellamente poética. Les sigue El demonio de las armas en un viaje con un único fin.

Años de inconformismo. Años de Bonnie y Clyde, de los amantes fuera de la ley que se convierten en leyenda viviente que pasean por la carretera su rebeldía antisistema. Vuelan libres, atracando bancos, sembrando terror, como niños irracionables y terribles. Y por encima de todo se aman con inocencia. Delinquen pero mueren con violencia poética (es una terrible contradicción pero se pueden unir dichas palabras en una pantalla de cine —creo que nunca se podrían unir fuera de un fotograma—) y echándose una última mirada de tristeza por no haber podido huir juntos para siempre…

La inconsciencia es la que une a dos jóvenes que van dejando un reguero de muertes en su huida a ninguna parte. Ellos son Kit y Holly que habitan en malas tierras que van dejando sensaciones y emociones que ni ellos mismos comprenden o analizan. Y en esas malas tierras, en esa huida inconsciente, se quedan atrapados en pequeños momentos íntimos. No pueden llegar tampo al final del viaje…

Ninguna pareja llega…

Sólo pueden mirarse por última vez.

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