Diccionario cinematográfico (168)

Heroínas Brönte: soy Jane Eyre, amo al señor Rochester, habito en Thornfield que guarda entre sus muros un secreto. Soy institutriz de infancia desgraciada. Soy mujer solitaria e independiente. Pero quiero amar y ser amada. El serio señor Rochester me trata como nunca me han tratado, conectamos, somos iguales y él me valora… y aunque no soy agraciada, me siento hermosa cuando me mira.

Me llamo Catherine Earnshaw. Y soy bella, y soy orgullosa, y soy apasionada, y soy salvaje… un día padre vino con Heathcliff. Y nos juramos amor eterno y salvaje más allá de la vida y la muerte. El destino nos separó. Enterré mi pasión para volverme señorita… y que Heathcliff se fuera despreciado y regresara con sed de venganza… me fue rompiendo poco a poco. Sin embargo los dos a pesar de hacernos daño una y otra vez sabíamos que nos amábamos…

Las novelas de Charlotte y Emily Brönte siguen siendo leídas, amadas y llevadas a la pantalla por distintas generaciones. Ahora esperamos dos nuevas versiones para poder volver a apasionarnos o volver a evocar el amor y la sensualidad en grado de paroxismo absoluto llegando casi a la locura: Jane Eyre de Cary Fukunaga con Mia Wasikowska y Michael Fassbender y Cumbres borrascosas de Andrea Arnold.

Antes han sido objeto de distintas versiones en cine y televisión con menor o mayor fortuna. Así Jane Eyre ha contado con el rostro de Joan Fontaine, Susannah York, Charlotte Gainsbourg, Samantha Morton y Ruth Wilson. Y Catherine se ha transformado indistintamente en Merle Oberon, Fabienne Babe, Juliette Binoche… Ha cruzado fronteras y ha tenido rostro japonés y mexicano.

Sin duda las heroínas Brönte más desconocidas (por lo menos para mí) son las de la tercera hermana Brönte, Anne. No he leído ninguna de sus novelas: ni Agnes Grey ni La inquilina de Wildfell Hall. Ambas editadas en castellano y en edición de bolsillo (me lo recuerdo a mí misma para terminar con esta laguna). Ninguna de las heroínas de Anne ha conseguido inmortalidad en la memoria cinéfila… ¿Serán reivindicadas a través de la imagen?

Las propias hermanas Brönte han sido heroínas cinematográficas, las tres, en película clásica americana que nunca ha llegado a mis manos, Predilección (La vida de las hermanas Brönte) con presencia de Ida Lupino y Olivia de Havilland. Y en otra que sí he podido ver pero que queda lejana en mi recuerdo, Las hermanas Brönte de André Téchiné. Por supuesto, en ambas no faltaba el también trágico y único hermano Brönte, Branwell.

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6 comentarios en “Diccionario cinematográfico (168)

  1. Un mundo de pasiones extremas, compa Hildy, desde luego que sí… La única versión que conozco de Jane Eyre, curiosamente (y digo curiosamente porque no es, ni muchísimo menos, la más celebrada), es la de Zeffirelli: me gusta, y mucho, además de que hizo que me enamorara, perdidamente y para siempre, de la Gainsbourg (a la que ya conocía, y me gustaba, mucho, pero haciendo de Jane Eyre…). Esa peli a la que haces alusión, Predilección, no sé si estará bien, mal o regular, pero solo por esa pareja protagonista ya debe merecer la pena, y mucho (Ida Lupino, otro de mis iconos del «Jolibú» dorado…). Como siempre, un placer este recorrido por vericuetos de cine cariñoso…

    Un fuerte abrazo y buena mañana de martes.

  2. Te prometo que no puedo con estas tres y, raramente, con sus adaptaciones. Vale por «Cumbres borrascosas», en especial por la versión de Buñuel («Abismos de pasión», creo), pero el resto… Me parece que tanta pasión cae en la frivolidad más extrema; no sé, mientras veo estas historietas de trabajos de amor perdidos, podría decirse, yo no dejo de preguntarme por los criados, los excluidos, los siervos, etc., que andan alrededor de los protagonistas y que no tienen tiempo para pasiones sentimentales porque tienen que ocuparlo todo en trabajar para comer, y en un marco de menos lujos, sin pensiones ni asignaciones… Quiero decir que, como me ocurre tantas veces, entre la historia que me parece interesante, las Bronte y sus adaptaciones, excepto «Cumbres borrascosas», siempre pierden páginas y minutos en cosas frívolas a las que intenta dar importancia desde un punto de vista frívolo. No puedo, sorry. Prefiero a Dickens y compañía, y sus circunstancias. No me gustan los cuentos de hadas, ni siquiera los tristes.
    Besos

  3. Mi querido Manuel, efectivamente la Jane Eyre de Zeffirelli no está nada mal. Yo también la disfrute. Y es que la Gainsbourg sabe construir personajes. Sí, Predilección debe ser cuanto menos muy curiosa. A mí también me encanta Ida Lupino (ahora estoy intentado ver sus trabajos como directora de cine también muy interesantes. De momento sólo he logrado ver EL BÍGAMO). Las heroínas Brönte y sus pasiones extremas me fascinan.
    Besos y más besos
    Hildy

    ¡Alfredo mío!… me cachis, mira que hacerte topar con las Brönte…
    Pero qué quieres, aquí tienes a la Hildy que es que la pones a leer o a ver ‘tanta pasión’ y la mujer lo disfruta…
    Besos frívolos
    Hildy

  4. No, hija, si me parece muy bien, considero que es un problema mío, de mis gustos. Pero siempre me da esa sensación, compartida con los revolucionarios del XVIII-XIX, de que las gentes pudientes «perdían el tiempo» en romanticismos de postal precisamente por su condición de clase pasiva, ociosa, y que de tener que ganarse la vida como todo quisque, pocas ganas les quedarían de asuntos erótico-festivos. Con otros autores de esas épocas no me sucede tanto, pero con éstas y las adaptaciones de sus obras, es que… Ostras, me estoy volviendo un quisquilloso de narices, tipo Spencer Tracy…
    Besos

  5. Ja, ja, ja… ¡Ningún problema, ya sabes que eres mi Spencer Tracy favorito! Me encantan tus desahogos… También me río. Y eso a primera hora de la mañana viene estupendamente para encarar el día con fuerza, salud y un poquillo de mala leche…, je, je, je.
    Besos
    Hildy

  6. Ok, Spencer Tracy, pero en versión sobria… Que por cierto, qué gran actor: consiguió encarnar decenas de papeles de hombre emocionalmente estable, pleno de salud mental y aplomo, cuando en su vida personal era todo lo contrario. A mí me encanta su lado quisquilloso y guasón.
    Besos

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