Dennie y Bud… recuerdan el esplendor en la hierba

Te regalo un fotograma

donde se narra la historia de Dennie y Bud.

De Bud y Dennie.

Todo se quedó en recuerdos.

Dennie recuerda los sonidos del piano

cuando disimulaban que se deseaban.

Bud recuerda el olor de su pelo.

Y su sonrisa.

Dennie no entendió los versos de William Wordsworth

cuando se los hicieron leer en clase

Ahora siempre los recita como si fuera su mantra.

“Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello,

que en mi juventud me deslumbraba;

aunque ya nada pueda devolver

la hora del esplendor en la hierba

no hay que afligirse

porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo”.

Bud trabaja en una granja.

Con su esposa y niños.

A veces se seca el sudor de la frente.

Y recuerda.

Volvieron a verse una vez más.

No supieron qué decirse.

Pero a la vez se dijeron todo.

No pudo ser.

Dennie y Bud. Bud y Dennie.

Se quisieron mas no pudieron desearse…

Eran malos tiempos…

Pero la belleza siempre subsiste en el recuerdo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Los ojos de Cherie

Te regalo un fotograma…

… con los ojos de Cherie.

Ojos tristes.

Ella es una chica de vida alegre.

Canta, como puede.

Baila, como puede.

Se dedica a huir.

Busca una vida mejor.

Tiene su vida pintada en un mapa.

Con su pintalabios rojo.

Toma la carretera…

… cuando puede.

Su sueño es llegar algún día a Hollywood.

Mientras, hace lo que puede.

Y dentro de toda su fortaleza.

De su sonrisa.

De su voz dulce.

De las canciones que nadie escucha.

Sus ojos la delatan.

Son tristes.

… pinta su mapa con pintalabios rojos.

Se traza una meta.

Y un día alza su mirada, azul, tremendamente triste…

Y se topa con un vaquero pesado e inocente.

Que la mira de otra manera.

Y sus ojos siguen tristes…

Llora.

Sonríe.

Quizá no llegue a Hollywood.

Quizá haga una parada en el mapa.

Bus stop.

Quizá se encuentre al final del viaje.

El vaquero quiere enseñarla las montañas…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Ma Joad y sus pendientes

Te regalo un fotograma

porque es el reflejo de un momento fugaz.

Ma Joad se desprende de los recuerdos.

Ma Joad se permite por un momento ser coqueta.

Ma Joad se desprende de sus bienes.

Ma Joad emprende un nuevo viaje hacia la amargura.

Ma Joad siempre se mantiene fuerte.

Ma Joad se mira al espejo.

Y cuando se prueba unos bonitos pendientes,

se permite una sonrisa…

Para ella misma.

Un momento íntimo único.

Ella ante el espejo.

 Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Sally Bowles, la mujer extraña

Te regalo un fotograma.

De Sally Bowles.

Mujer extraña.

Grandes ojos.

Enormes pestañas.

Kilométricas piernas.

Lunar en la cara.

Sonrisa siempre puesta.

Vestiduras excéntricas.

Y nunca olvida un sombrero.

Voz portentosa.

Mentirosa compulsiva.

Crea mundos maravillosos.

Grita cuando pasa un tren.

Se enamora de uno, de dos o de tres.

Es buena amiga.

Ante la realidad negra

prefiere disfrazarla.

Meterse en una habitación.

Encender un gramófono.

E imaginar que todo va bien.

Que todo es divertido.

Fumar, beber, reír junto a un buen amigo.

Y si es posible terminar amándose en una cama.

A veces se da cuenta de sus mentiras

y llora.

La encanta cantar.

Y cuando canta

siente

y hace sentir.

 

Su amigo está preocupado.

Hace mucho que no sabe de ella.

Quizá hubo un momento en que ya no pudo huir…

 Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El Sueco

 

Te regalo un fotograma.

Un retrato de el Sueco.

Que iba pegando puñetazos al destino.

Hasta que éste acabó con él.

Se quedó en su cama mugrienta,

cansado,

mientras esperaba a los asesinos.

No tuvieron mucho trabajo.

Unos disparos sin resistencia alguna.

Sin que el Sueco huyera.

Porque era un muerto en vida.

Un hombre enamorado

con el corazón roto.

Traicionado.

No fue un mal hombre.

Mas le persiguió el fracaso.

Se equivocó al querer y al amar.

Se equivocó de amigos.

Se equivocó de amada.

En la vida

fue a por todas como en el ring.

Y se quedó KO.

Ya nunca pudo componerse.

Quiso retirarse a un pueblecillo perdido.

Y hasta ahí le siguió la mala suerte.

De nada sirvió su silencio.

Llegaron los asesinos…

Y el Sueco hacia ya tiempo que estaba muerto…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Deborah y El Cantar de los Cantares

Te regalo un fotograma.

Que es un recuerdo de infancia.

Cuando la chica de los sueños de un muchacho sin futuro,

pero con muchas ganas de encontrar un camino que le saque de la miseria, empieza una declaración de amor en toda regla.

Con el cantar de los cantares.

Con voz coqueta.

… dibujando ya lo que será su trágica y triste historia de amor.

Porque Deborah ama a Noodles

pero también le menosprecia…

porque no forma parte del imaginario ‘ideal’ que ella se construye para huir de ese barrio que los atrapa.

“Mi amado es fresco y rubio.

Su piel es como el oro más fino.

Sus mejillas son como un bálsamo de especias.

… aunque no se haya bañado desde el último diciembre”.

Y el muchacho se siente el más feliz de los hombres y el más avergonzado.

“Sus ojos son como palomas.

Su cuerpo es brillante como el marfil.

Sus piernas son como columnas de alabastro.

… en pantalones tan sucios que se sostienen ellos solos.

Es del todo adorable

… pero siempre será un rufián de medio pelo…

y nunca será mi amado.

Qué pena”.

Y los dos se funden en el único beso tranquilo de toda su existencia…

Un beso adolescente.

Ambos, para siempre, irán arrastrando una historia que nunca será posible…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La muerte de Elías

Te regalo un fotograma.

Que me rompe las entrañas.

Elías muere.

… y al fondo Adagio para cuerdas de Samuel Barber.

Y no es que la música dirija mis sentimientos…

… es que la muerte de Elías pide a gritos ese Adagio.

Dentro de una guerra horrible,

Elías guardaba todavía algo de cordura…

Pero se la quitan de golpe.

Desde las alturas sus soldados, sus compañeros, ven su muerte.

Y sólo dos de ellos saben que no le tocaba morir en ese momento…

Una mirada lo dice todo.

Elías está solo.

Bajo el fuego enemigo.

Corre.

Nada puede hacer ya.

El horror le atrapa.

Y Elías eleva los brazos por el impacto de las balas.

Parece una súplica.

Ruega que esa carrera hacia la muerte termine cuanto antes…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La boca de la verdad

Esta nueva sección siempre empezará con la misma primera línea

Te regalo un fotograma.

Esto es que se era una princesa perdida en Roma por elección.

Porque está harta de protocolos.

Y de máscaras.

Y quiere por un día ser una mujer de carne y hueso.

Sin responsabilidades.

Ni encorsetamientos.

Y la princesa se cruza con el periodista.

Y como es una mujer de carne y hueso…

Ambos se aman locamente.

Sin caretas.

Con intensidad porque saben que sólo son unas horas.

Y se van de paseo en Vespa.

Y visitan la boca de la verdad.

Porque entre ellos aunque esconden muchos secretos sólo hay verdad…

Y juegan.

Y ríen.

… y son felices, doblemente felices, porque saben que esa felicidad será breve.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.