Sólo el cielo lo sabe (1955) de Douglas Sirk

Luego dicen que los tiempos han cambiado. Nada más falso. Continúan las mismas hipocresías sociales, las mismas dificultades, las mismas ansias de éxito, triunfo, ganas de subir en el escalafón social, cotilleos…, aquí me pongo un poco abuela. No hemos avanzado tanto como creemos.  Tenemos una película americana de los años 50, un melodrama de los de verdad del gran Douglas Sirk con Jane Wyman y Rock Hudson. Un éxito en la época: Sólo el cielo lo sabe. Ahora alguno puede decir que es una película pasada de moda. No lo creo (no tenemos más que apuntar a producciones más contemporáneas como Odette, Mamá, hay un hombre blanco en tu cama, Pretty Woman, Lejos del cielo, Las horas…, etcétera)… 

Hagamos un breve resumen: viuda volcada en sus dos hijos, una chica de 16 y un chico de 20 (no sé cual de los dos me parece más insoportable –quizá es el mayor fallo de la película porque os digo la verdad estoy en contra de cualquier tipo de violencia pero un par de tortas a estos dos individuos…–), todavía atractiva, con el corazón dormido…, vive en una pequeña ciudad americana de los años 50. Tiene alguna que otra amiga para tomar el té, de vez en cuando sale a un club selecto de gente insoportable y ve como su vida pasa. Todos estos motivos hacen que sea una mujer muerta en vida. Por una pequeña casualidad cotidiana pone su atención en su atractivo jardinero. Un hombre fuerte, viril… y libre con cara de Rock Hudson. Y voilá…, tenemos una gran historia. Mujer burguesa y aburrida con vida solucionada pero en la más absoluta soledad se encuentra con hombre de otros ideales y con otro modo de vida más joven que ella dispuesto a ofrecerle un cambio en su existencia más pleno, más real, más vital…,¿los obstáculos? Los otros, la comunidad que la rodea, las gentes más aburridas que ellas, las diferencias sociales, el modelo de vida aceptada y establecida… Menos mal que el jardinero fiel (no lo confundamos con el del brasileño Meirelles) siempre espera.   

Douglas Sirk ofrece como nadie una historia de amor con colores extremos y música envolvente. Como siempre plasma la radiografía femenina del personaje de Jane Wyman con una elegancia y una sutilidad delicada. ¿Cuándo se ha visto la televisión como reflejo de una vida gris y solitaria? Escena impresionante: los hijos regalan a la madre una caja tonta para que pase en soledad el resto de su vida. Wyman se refleja en la pantalla y vuelve a sentir que eso no es lo que quiere. Y el cine es magia. Esta película lo demuestra. Una pareja imposible, funciona y tiene química. Jane Wyman (como mujer madura con su extraño rostro –nunca diría que bello pero si común e identificable– se transformó en varias películas en un montón de mujeres de los años 50. Ahí residía el secreto de su éxito), ve como su vida puede ser diferente al lado de un fuerte, guapo, viril Rock Hudson que le enseña otro modelo de vida posible. Su jardinero muestra a un hombre con las ideas claras, muy seguro de sí mismo y con muchas ganas de vivir y disfrutar de las decisiones tomadas. ¿Alguien da más?

Hildy ha vuelto de México Lindo

¡¡¡Estoy aquí de nuevo con los ojos semicerrados pero con mucha energía positiva recibida en la pirámide del sol de Teotihuacan!!! Hildy vuelve enamorada de México pero sedienta de cine y de escribir de nuevo.  Hace apenas unas horas que he bajado del avión y quería escribir sobre colores, olores, sabores, paisajes, gentes…, queda mucho por recorrer. Queda mucho por vivir. Me apetece regresar. Por supuesto, en mi viaje recordé mucho cine. Por ahí, surgió Emiliano Zapata, Pancho Villa (Viva Zapata de Elia Kazan)…, más allá los buenos de Diego y Frida (Frida o la maravillosa Abajo el telón), tampoco olvidé a Ambrose Bierce (Gringo Viejo) o acá aparecía John Reed (Rojos). 

En un momento me sentí una solitaria Maxime en La noche de la Iguana. En una cabaña, en enormes playas, viendo amaneceres o lluvias torrenciales. Siempre descalza. ¡Qué más da!

Me he sentido tan mimada…, y he disfrutado tanto de la comida y los sabores que me creía volar entre las recetas de Como agua para chocolate. 

Durante unos quince días he volado y visitado un montón de lugares. Y he estado desconectada del mundo –cómo necesitaba esa sensación–. No he usado ni celulares, ni internet, ni teléfonos… ahhhh, que padre (como se diría por esas tierras). En compañía de gente querida y conociendo a otras personas entrañables. Ya estoy de vuelta y la vorágine comienza (esto también tiene su encanto)…, volveré de nuevo a conectarme vía blog. Mucho cine para todos…, porque ya saben que con dinero o sin dinero que bueno es hacer lo que cada uno quiere de veras. Si nos dejan…

Hildy se va de vacaciones

Hildy se va de vacaciones a tierras lejanas. Me voy a tierras mexicanas donde me encontraré, quizá, con el bueno de Cantinflas al que no entenderé, saldré de parranda con la hermosa y temperamental María Felix, me dejaré embaucar por Tin Tan, por Pedro Infante y Jorge Negrete. Como no, haré una visita al venerable Buñuel que me explicará los abismos de pasión, me hará recordar a los olvidados y me salvará del Ángel exterminador.

Por ahí, supongo que me esperarán El Negro con su Babel o tal vez esté corriendo amores perros y no pueda visitarle. ¿O estará con sus amigos Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro? En tal caso me iré a ver a Arturo Ripstein para que me cuente historias desgarradas y sobrecogedoras de imágenes poéticas. En el viaje, que será un poco itinerante, quizá termine montada a caballo junto a Sarita, Burt Lancaster y Gary Cooper por Veracruz. Ya les he dicho a Diego Luna y Gael que me organicen un recorrido, si pueden, que ya se sabe que cada día están más ocupados.

Por supuesto, no dejaré a un lado a Frida Khalo y Diego Rivera para que me enseñen sus obras, para que me cuenten historias ancestrales, para que me pinten un lunar en la nariz o un dibujo en la espalda. Me encantaría que me presentaran a sus buenos amigos. Pondré el oído al lado de las piedras para que me narren qué pasó con otros habitantes en otros tiempos.

Así, que Hildy, se retira unos días del blog porque no sabe si tendrá tiempo en su andadura de buscar algún cibercafé y poder escribir algún post. Os aviso… regresaré en septiembre.

El sábado cojo el avión…., y vuelo.

Un beso a todos

Hasta esa fecha -ansiada- porque ya sabéis que Hildy siempre necesita unos días de desconexión, escribiré algún que otro artículo.

Diccionario cinematográfico (31)

Comedia: oye que ya van tres veces las que te has caído encima de la mesa, y no soy la Eva que va a recogerte, la parte contraparte de la primera parte, sí, sí, si la cuestión es to be or not to be (o algo así, ¿no?). ¡¡¡Más madera!!! Yo a todo cara de palo o patadita al aire no vaya a ser que la patrulla de policías de la Keystone o las gafas de Harold Lloyd me hagan perder el rumbo. Todo te lo puedo dar menos el amor, me canta Kate con leopardo al fondo mientras me tiran una tarta para ver si de paso resbalo. No, si ya me lo dice al oído Sugarpuss, que podrá hablar mal pero siempre se quedará al lado del maestro estrafalario y solterón con cara de Gary Cooper. El Rodríguez de turno ensaya en el piano no vaya a perder la oportunidad del verano cuando su vecina de arriba con rostro de Monroe le diga si tiene un ventilador.El otro día un Cary Grant, tímido, me llamó a la puerta y me comentó que por favor no tomara el café de sus ancianas tías que no se dio cuenta de esconderles el arsénico. El bueno de Frank Capra siempre me recuerda que haga lo que quiera. Sin temor. El otro día me di una vuelta por el bazar de las sorpresas por si me encontraba a James o Margaret, por el camino tropecé con la torre Effiel y allí estaba la Garbo muerta de la risa. No paraba. Así que llamé a la Lombard y me dijo que estaba haciéndose la desmayada con el mayordomo por si la llevaba en brazos a la habitación. De pronto, vino corriendo Clark Gable y me dijo que si iba con él a hacer autostop, que la Colbert estaba un poco cansada, o que si tirábamos por fin el muro de Jericó. Le dije que lo sentía que tenía que ir a la oficina a recoger a Jack porque me había prometido unos macarrones, que iba a escurrir con su raqueta, y una partida de cartas. Entonces, llegué a mi casa y me desesperé porque ahí estaba esperando mi tío, fumando en pipa, y con la bicicleta preparada para dar una vuelta por la ciudad…, me dije, hoy me voy sola al baile, me meto al cine a ver una película de esas de risa y definitivamente, me meto en la pantalla y me pierdo con las vampiresas de 1933. Pero claro, sonó el móvil, y me cogió por banda Dustin Hoffman, necesitaba urgentemente mi pintalabios y un buen sujetador, que esta noche le daban un papel…, pero con nombre de mujer. Vaya lío. Así, que al final, me voy al campo, por si me dejaran en paz, y me encuentro con el bueno de Charlot, que silencioso, ¡¡¡bendito silencio!!!, me toma de la mano y me lleva por un largo camino. No sé dónde llegaré…, a lo lejos vemos a Sullivan que sigue con su loco viaje. 

El rostro de Winona Ryder

A principios del siglo XXI, desapareció el rostro de Winona. No se entiende muy bien por qué. Tuvo un encontronazo con la justicia por una cuestión de robo en una tienda y de repente a la niña mimada de la industria se la cerraron todas las puertas.

Es un misterio porque hay artistas que tienen mayores encontronazos con la justicia y nunca dejan de trabajar. Quizá el rostro angelical de la Ryder y su prototipo de mujer no casaba con su imagen de joven rebelde perseguida por la justicia.

No obstante, Ryder fue reina en los noventa y no había producción de prestigio que no contara con su rostro. Ahora, a finales, de la primera década del siglo XXI está intentando volver a resurgir de las tinieblas. Todavía, falta la película, la historia o el personaje que la devuelva al panorama cinematográfico.

Empezó como muchas actrices, como niña prodigio, y su rostro empezó a tomar fuerza en producciones de finales de los ochenta como Bitelchus, Gran bola de fuego o Escuela de jóvenes asesinos. Pero ya nadie la olvidó en Sirenas (1990) como hija mayor de una estrafalaria familia formada por Cher y Christina Ricci. Winona hacia el papel de mogijata y adolescente introvertida que se suelta la melena.  

Su carrera se transformó en imparable. Todo lo que giraba alrededor de esta morena con una cara similar al impacto que pudo tener Audrey Hepburn se convertía en oro. Fue la joven soñada. 

Ryder con peluca rubia era la enamorada del diferente, Eduardo Manostijeras; o el ideal más allá de la muerte en Drácula de Bram Stoker; o el modelo de una sociedad conservadora en La edad de la inocencia o la joven víctima de La casa de los espíritus. 

Winona Ryder se puso de moda. Era la megaestrella que encabezaba la lista de actores que se conocieron como la Generación X (su máxima contribución a este movimiento fue Bocados de realidad). Después, se especializó en papeles de joven angelical y enamorada en películas como la nueva versión de Mujercitas, Donde reside el amor o la dramática Otoño en Nueva York. 

No dejó aquellas producciones que la daban prestigio como actriz. Así que se lanzó a las obra experimental de Al Pacino, Looking for Richard (sobre el teatro de Shakespeare) o la adaptación cinematográfica de El crisol (una de las obras más paradigmáticas de Arthur Miller). Como toda actriz de prestigio no podía dejar de aparecer en una de las películas de Woody Allen, Celebrity. Y contribuyó a uno de esos papeles que gusta tanto a la academia de los Oscar, como joven con problemas de salud mental en Inocencia interrumpida. También, prestó su rostro a una de las sagas más legendarias, la última película sobre Alien.

Después, en el 2002, tuvo sus juicios y encontronazos con la justicia…, desapareció del panorama cinematográfico (parece ser que fue una opción personal). Ahora, vuelve a resurgir. La esperamos con ganas en una papel que la devuelva actriz y brillante. 

Diccionario cinematográfico (30)

Estrellados: se dice que hay gente que nace con estrella, y otros que nacen estrellados. Ya lo decía el pobre Jordi Mollá en La buena estrella. Él siempre decía que tenía estrella, pero se sabía estrellado. También lo presiente el joven protagonista de Los amantes de la noche, ese canto poético de un primerizo Nicholas Ray. Robert Redford también nos regaló varios personajes con encanto de libertad…, pero que se estrellaban al final de la vida, en sentido metafórico y real. Tanto en Memorias de África como en Íntimo y personal. No olvidemos uno de sus primeros papeles de joven sin suerte en La jauría humana. Paul Newman también nos dejó un montón de papeles de juventud de hombre extremadamente bello y estrellado (El buscavidas, La ley del indomable o Dulce pájaro de juventud…). Hay personajes que hagan lo que hagan no encuentran nunca su buena estrella…, lo encuentran otros, y ellos envejecen sin saber en qué reside la felicidad, que se lo digan a Robert de Niro en Érase una vez en América. Hay estrellados que luchan contra este destino y huyen desesperados…, pero al final, es inevitable: Carlito Brigante (Al Pacino) en Atrapado por su pasado y Jack (inmenso Jeff Bridges) en Corazón roto.Hay estrellados desde que nacen…, y te rasgan el corazón. Como esa niña, vendedora de rosas colombiana, que vaga por la ciudad estrellada bajo el olor a pegamento.Los estrellados suelen tener poesía. Que se lo digan a Charlot, que nunca desespera en buscar su estrella. Da una patadita y camina por un sendero sin fin…, buscando un destino que no le haga estrellarse. ¿Será porque a todos nos aterra terminar estrellados por lo que el objetivo de una cámara mira con ternura a este tipo de personajes? 

El rostro de Julia Roberts

La prostituta en un cuento de hadas conquistó a muchos espectadores en Pretty Woman (1990). Todavía queda en el recuerdo, y en sus múltiples reposiciones en televisión, la historia de esa prostituta escultural que vive un romance con un ejecutivo guaperas con el rostro de Richard Gere. Julia Roberts con su enorme sonrisa y sus largas piernas se convirtió en la reina de la comedia romántica y de los dramas de mujeres (sí, sí, han leído bien, si estudiamos el cine norteamericano actual todavía se sigue haciendo una serie de películas dirigidas a un público femenino como en otras décadas protagonizaban este tipo de historias: Bette Davis, Joan Crawford, Debora Kerr –la diferencia es que algunas de esas películas eran realmente buenas…, ahora son repeticiones de fórmula carentes de imaginación que se sustentan por estrellas con carisma…, a veces, hay excepciones–) al final del siglo pasado (¡¡¡cómo suena esto!!!).

Ya había llamado la atención con su papel de joven diabética en Magnolias de acero (1989) y como miembro de un grupo de estudiantes que tratan de traspasar y analizar la muerte en Línea mortal (1990).

De la noche a la mañana se convirtió en una reina de la pantalla. Y fue desaprovechada en varias películas (algunas de factura correcta pero nada más) que aprovecharon el tirón del rostro de moda. El reclamo era tan sólo su rostro. Así se convirtió, como las antiguas divas de la pantalla, en dama de las lágrimas y del amor.

Fue una mujer maltratada (Durmiendo con su enemigo), una heroína que se enamora de un chico con una enfermedad terminal (Elegir un amor), una intrépida y joven periodista (Me gustan los líos), una estudiante de derecho que se mete en complicaciones (El informe pelícano), una campanilla fallida (Hook), una mujer que descubre que su marido le es infiel (Algo de qué hablar)…

De pronto, aquella joven de sonrisa enorme quería papeles más serios en producciones serias. Pero no funcionó. Michael Collins y Mary Reilly pasaron como un suspiro por las pantallas en el año 1996. La comedia romántica vino de nuevo a rescatarla. Primero en un pequeño papel en un musical de Woody Allen (Todos dicen I love you) y, de nuevo, conquistó al público en La boda de mi mejor amigo. Pero ya no en un papel de joven inocente (aquí este rol lo bordó Cameron Díaz) sino como una mujer hecha y derecha que trata de impedir la boda de un antiguo amor porque quiere regresar de nuevo al pasado…, y que la ame. Menos mal que está por ahí Rupert Everett para que se dé cuenta de que no está sola.

 Julia Roberts vuelve a su trono con fuerza a finales de los noventa. Y en 1998 y 1999 enlaza un taquillazo con otro además de conseguir un preciado Oscar.

Primero, se convierte en una mega estrella que vive una tierna historia de amor con un librero londinense con el encanto de Hugh Grant (Notting Hill). Después, hace llorar a todo aquél que se acercó a Quédate a mi lado, un dramón sobre esposa que se siente morir y quiere dejar a sus hijos y a su marido en manos de la joven amante. En el 1999 dio la campanada con un personaje femenino lleno de personalidad y fuerza, Erin Brockovich, con una historia basada en hechos reales (que ya se sabe se puede caer en una película del montón, de esas que sirven para echar una buena siesta, o en una película bien hecha y bien contada como el caso que nos ocupa). Terminó el año intentado dar la misma campanada que logró en 1990 junto a Richard Gere con Novia a la fuga. Ya no fue lo mismo.

 Ahora, sus apariciones cada vez son más espaciadas –ejerce de madre–. Aparece en pequeños papeles en películas de sus amigos más allegados (las películas de Ocean’s o en Confesiones de una mente peligrosa de George Clooney). De vez en cuando, sigue interviniendo en taquillazos seguros como La sonrisa de Mona Lisa o se pierde en películas que nadie entiende (The Mexican). Sorprendió a todos en el papel de fotógrafa en Closer sobre las relaciones de pareja y las infidelidades. Ahora, de vez en cuando, ofrece su voz para películas de animación (Antbully, bienvenido al hormiguero o La telaraña de Carlota). Esperamos con ansía su reaparición en el cine como mujer madura en un papel que afiance de nuevo su carrera como actriz. 

Adiós, Ingmar Bergman

Allá en Suecia había un hombre que se enamoró de una linterna mágica y de los escenarios del teatro. Se empapó de Ibsen y Strindberg. Y vomitó un cine complicado a la par que sencillo. Un cine tranquilo y volcánico. Él amó a las mujeres y se vio profundamente marcado por su estricto padre luterano… 

Nos ha dejado, dicen sus personas cercanas que ha muerto tranquilo…, que era un hombre mayor…, que ha muerto en su cama. Ese hombre que temía desde siempre la llegada de la muerte…, nos deja apaciblemente.Reconozco que he visto muy pocas películas de un director prolífico pero las que he visto me dejaron algo en el alma y memoria. 

Una de las películas del director sueco que más me impresionó y que guardo en mi cabeza es El manantial de la doncella. Los rostros de los malvados, la inocencia de la joven y rubia doncella, la crueldad, el dolor de los padres, la venganza… 

Otra que me hizo pensar una y otra vez fue Fresas salvajes y la historia de ese hombre solitario que recuerda el pasado. Que ya anciano hace un repaso de su vida y sus recuerdos. De sus errores, de los amores pasados… 

Siempre que veo El séptimo sello me sumerjo en esa fábula sobre la muerte y partida de ajedrez con tiempo contado. La Edad Media, la peste negra, las cruzadas, las preguntas sin respuesta… 

Luego, tengo recuerdos escasos de Fanny y Alexander, una película evocadora, de recuerdos, de una familia, de un padrastro que cambia la vida de dos hermanos… 

También, me viene a la cabeza dos mujeres, una de ellas no habla, la otra, sí (¿no vemos aquí ecos de Strindberg?). Una actriz en silencio y una mujer que la cuida que rasga el silencio… Dos de sus musas, Liv Ullman y Bibi Andersson, se apoderan de las imágenes. Persona, inquieta. 

Este post no es un gran homenaje, es una puerta abierta a adentrarse en la filmografía de un hombre que nos ha dejado pero que ha legado una larga obra…, y que aún hoy sigue influyendo. Y sobre todo lega una obra que espera ser una y otra vez descubierta. 

Ecos en sus musas o en directores como Billie August. Me viene a la cabeza Las mejores intenciones. Una bella película del director de Pelle, el conquistador y escrita por Bergman. Una historia autobiográfica donde el director trata de entender la historia de amor de sus padres. 

También, sigue su estela su musa y una de las mujeres a las que amó, Liv Ullman. Sus películas como directora surgen de vivencias, escritos y sentimientos que tienen como protagonista al cineasta sueco (Infiel o Confesiones privadas). Además, fue la protagonista del testamento cinematográfico de Bergman en el 2003, Saraband. 

Y, no olvidemos, nombrar a Woody Allen, que siempre ha hablado sobre su admiración por Bergman y ha reconocido su influencia en varias de sus películas. El cómico con intelecto rescata su amor al cine y al cineasta sueco y nos regala una y otra vez homenajes a Bergman en muchas de sus películas. No dejaría de ser un estudio interesante, analizar el rastro del director, que se nos ha ido, en la filmografía de Allen. 

Así que este post no es una despedida sino una invitación a descubrir a Bergman porque así siempre estará vivo. Algo que sin duda le hizo irse más tranquilo. Mientras su obra siga, él estará en tierra. ¿Lo sabía?

Diccionario cinematográfico (29)

Valmont: Querido vizconde: me habéis dejado sola con mis juegos y mis cartas. Sin duda siempre me consideré afortunada por ser una mujer libre en esta sociedad hipócrita. Me encantaba nuestra forma de amarnos y odiarnos. Nuestra guerra era el motor de mi vida. Me gustaba ser mala y maquinar mil y una historia con toda la gente que despreciábamos…, y sobre todo adoraba ser tu mejor compañera de juegos. Yo luche siempre por conquistar mi parcela de poder como mujer y luego lo compartí contigo. Pero mi adorado Valmont me abandonaste en el juego de la vida, y eso en el momento no te lo pude perdonar. Porque yo siempre te amé a mi manera…, ahora es triste descubrir que sólo era libre a tu lado…, cuando tú seguías o destruías mis reglas. Estoy frente al espejo, como mujer vencida, ya nada tiene sentido…, porque aunque siempre lo escondí amaba tu forma de ser. Amaba tu seducción. Y nunca tuve problema con todas tus historias, pensamientos y amantes porque sabía que yo era la favorita. Nuestro intelecto fue lo que nos mantuvo unidos. Una vez nos rompimos el corazón ambos pero siempre quedó algo… 

Mi alma se quebró cuando vi en tus ojos un amor sincero hacia Madame de Tourvel. Yo creo que lo que viste fue algo opuesto a nosotros y eso te atrajo. De pronto, te cansaste de jugar. Y eso, mi querido Valmont, ha sido nuestra destrucción. Te cansaste tanto que preferiste morir…, de pronto, la vida se te hizo cuesta abajo. Sabías que quedaba poco tiempo para seguir con nuestros juegos. Y, te dejaste vencer por un inútil maestro de música. Pudiste avisarme.  Ahora, sólo me queda vejez y soledad. No encontraré otro compañero de juegos como tú. Ya te encargaste de ello, antes de marcharte y dejarme en la soledad más absoluta. Pero no importa, sé que te he querido y te quiero. Y espero pronto reunirme contigo y acabar nuestra batalla campal. Nuestro juego de libertad. Importándonos muy poco los demás. El otro día volví a visitar tu tumba…, y me senté. A esperar. Quería sentir tu sonrisa pérfida. Tu risa. Quería que me sedujeras. Estaba loca por plantearte una apuesta y que tú me replicaras… Pero estás muerto. Me dejaste. Te fuiste. Y cada vez lo soporto menos. 

Tuya, tu compañera de juegos eternos

La Condesa de Merteuil

Un pequeño apunte 

Ésta es una carta imaginaria de la Condesa de Merteuil. Su última carta. Primero, tuvo el rostro de Glenn Close y después el de Annette Bening. En la sala oscura, me impactaron tanto la condesa como su compañero Valmont. Pronto, quise leer la novela original. Y me quedé atrapada para siempre en sus garras.

Si podéis leer la novela os meteréis en una historia fuerte y potente. Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclos presenta una correspondencia de lujo entre varios personajes y nos introducen en un mundo de seducción, sensualidad, sometimiento y libertad (sí, sí habéis leído bien), además, el autor crea a dos personajes inolvidables. Recomiendo fervientemente la visión de dos películas: Las amistades peligrosas de Stephen Frears y Valmont de Milos Forman. Ambas películas se estrenaron a finales de los años ochenta. La película de Frears deja un retrato inolvidable de los dos protagonistas con los rostros de Glenn Close y John Malkovich y eso hizo que Valmont pasara más desapercibida a pesar del magnífico trabajo de Colin Firth y Annette Bening. Pero las dos muestran puntos de vista e interpretaciones muy interesantes de la obra original.

Diccionario cinematográfico (28)

Palabra: y la palabra… A través de una cadena de palabras podemos hablar, escribir novelas, cuentos, obras de teatro, cartas, mails y guiones. Muchas veces me pregunto, ¿las palabras pueden dar vida?, ¿las palabras pueden matar?…, las palabras dan sentido a toda una vida…, incluso aquéllas que nunca se dicen como canta una hermosa Isabelle Huppert en Ocho mujeres.

Las palabras que nunca te dije cobran un valor infinito y crean historias intimistas…, preciosas, inalcanzables…

Las palabras que nunca se dicen al ser amado y a veces ya es demasiado tarde (La vida).

Esas palabras que dan miedo y te rompen por dentro…, hasta que encuentras a la persona que escucha (La vida secreta de las palabras).

Esas palabras que se esconden y surgen cuando menos te lo esperas…, y dan dolor y melancolía (Los muertos).

Esas palabras y sentimientos que se esconden y no se dicen por miedo…, te van minando el corazón y el alma…, y cuando estallan puede ser un comienzo… o un final anunciado (Las horas).

Las palabras que nunca te dije…, se guardan en el corazón, y esperan el momento de salir. Tal vez, nunca.