No sabes muy bien qué ocurre, estás mirando la pantalla y te pones a llorar sin parar. Sí, me ocurrió con Los destellos. Sin duda me tocó el tema de la película y cómo está contado con una sensibilidad que me rozó la piel e hizo que me emocionase. Un equipo de cuidados paliativos va a ver a Ramón (Antonio de la Torre), un enfermo terminal, y en un trámite que es entre cercano y frío, una frase del doctor me desarma: «La presencia de la muerte hace la vida mucho más interesante». Y toda la verdad que encierra.
La película cuenta esos últimos destellos que se van quedando grabados en aquellas personas que te quieren, aunque haya heridas de por medio. La historia tiene un ritmo lento, pues se detiene en esos momentos que ya se van acabando. Parece ser que Pilar Palomero adapta un cuento de Eider Rodríguez que aún no he leído, Un corazón demasiado grande, pero atrapa los destellos de la vida y eso creo que no es fácil. Aquí es donde Palomero me ha hecho latir por primera vez. Ni con Las niñas o La maternal, me he emocionado tanto como con su tercer trabajo y eso que tienen detalles y matices que merecen mucho la pena. Quizá es que pronto es el Día de Muertos, porque yo lo celebro a la mexicana. Y son días de pensar en ausencias, tal vez por ello me ha tocado tanto.
La mirada es la de Isabel (Patricia López Arnaiz), la ex de Ramón. Los dos tienen una hija universitaria en común, Madelén (Marina Guerola). En un principio, Isabel quiere vivir la muerte desde la distancia, pero por facilitarle la cosas a su hija se va acercando e implicando en el proceso. Se convierte en cuidadora, porque como le dice también el doctor: «Tú eres una parte importante en la historia». Raúl (Julián López), su pareja en esos momentos, respeta los tiempos y trata de mantenerse ahí cerca, cuidando de la cuidadora.
