Hysteria (Hysteria, 2011) de Tanya Wexler

Sólo buscaba una película en cartelera que me hiciera sonreír. Que me hiciera disfrutar. Así que no lo dudé me metí a ver Hysteria y me proporcionó lo que deseaba. Época victoriana, miriñaques, falsa moral, mucho romanticismo, histeria y vibradores. Todos estos son los ingredientes de este simpático cóctel que además toca otros temas y te hace pensar más de lo que creemos.

Es una película optimista que habla de mujeres, hombres, sentimientos, sexo y satisfacciones. Una película que habla de dejarse de dobles morales y apostar por comprometerse con la sociedad en la que se vive y tratar de transformar, de ilusionarse, de esperanzarse, de cambiar…

Una película que habla sobre el papel que tenía la mujer en la época victoriana (menos superado de lo que pensamos) que hacía que existieran diagnósticos médicos tales como la histeria que no escondía más que un sometimiento (que podía terminar con trágicas consecuencias como se ve en el juicio de una de las protagonistas). Una negación a la mujer alocada, creativa, vivaz, compañera y amante con los mismos derechos y los mismos deberes… Y una elevación a los altares a la mujer sumisa, florero, educada, silenciosa, callada y nacida para casarse y perpetuar la especie…

La película es sencilla. Dos hermanas: el ideal victoriano y el torbellino (una mujer que cree en un trabajo para mejorar la sociedad y la vida, que cree en unas relaciones en igualdad de condiciones). Un padre cansado que lleva una clínica de tratamiento de la histeria femenina. Y un joven doctor desencantado porque no le dejan ejercer una medicina moderna y más avanzada… que termina en esa clínica privada de aburridas amas de casa insatisfechas… El tratamiento más eficaz es el masaje vaginal. El joven doctor empieza a sufrir calambres en su brazo… y entonces idea el vibrador (con su amigo millonario siempre interesado en las ‘nuevas tecnologías’ como el teléfono). Y entre medias vive rodeado de mujeres y distintas realidades femeninas: sus clientes adineradas, las dos hermanas opuestas pero enamorables ambas, el servicio doméstico, las mujeres con las que colabora en un proyecto social la hermana torbellino…

Tanya Wexler emplea los ingredientes de la comedia romántica en la etapa victoriana y deja una película con momentos entrañables y divertidos. Wexler realiza una dirección correcta y trata con cariño a sus personajes. Hysteria está plagada de personajes secundarios (algunos desaprovechados y otros con momentos brillantes) y se convierte en película vital gracias a una dinámica Maggie Gyllenhaal que roba todas las escenas en las que aparece… que consigue además una bonita química con un dulce Hugh Dancy en su papel de inocente pero también idealista doctor. Hysteria te deja una sonrisa en el rostro… y a eso cada vez le doy más importancia.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Centauros del desierto (The searches, 1956) de John Ford

El otro día frente a una pantalla grande (qué gozada pensar que volvemos a ver en cines y no sólo en salas especializadas películas de otros tiempos) caminé junto a los Centauros del desierto…

Y muchas impresiones regresaron a mis ojos…

Centauros del desierto es una película compleja en la que llueven matices y reflexiones.

Ojos azules

Una copia que me devolvió los colores. Me emocioné ante los atardeceres, los crepúsculos y amaneceres… los centauros atravesando un paisaje recurrente en la memoria cinéfila. No pude resistir la curiosidad de disfrutar de cada detalle nítido en los interiores…Pero sobre todo viví el esplendor de unos ojos azules… Cuando entra por primera vez en escena Martin Pawley, ese muchacho adoptado por la familia de Ethan con sangre cherokee en sus venas.

Las puertas

Un relato circular. Una puerta que se abre, una mujer se asoma y se anuncia el regreso de Ethan. Una puerta que se cierra en la que entran hombres y mujeres con una vida por la que seguir luchando, todo continúa, y deja a un solitario Ethan que se marcha, se aleja… Una puerta que se cierra tras su estela. Y entre medias, el relato de una epopeya, de una odisea. De una búsqueda. De una transformación. Del paso lento del tiempo. Del cambio de las estaciones y los ciclos de la vida.

La muerte

Siempre presente. A lo largo de todo el metraje. La muerte de los seres queridos. El dolor de la ausencia y de las palabras nunca dichas. No mostrar la crudeza de la muerte. El odio que genera la muerte provocada, no esperada. El deseo de venganza y la inutilidad de ese sentimiento… que puede conducir a otra muerte. El continúo encuentro con ella.

No vemos la muerte de Martha ni la de los miembros de su familia. Pero intuimos el horror. Ethan entra en una parte de la casa quemada tras el ataque y sale desencajado, no permite que Martin entre a mirar lo que le ha pasado a Martha. Asistimos primero al entierro de Martha, su esposo (hermano de Ethan) y su hijo. Ethan no quiere oraciones, quiere venganza y encontrar con vida a sus dos sobrinas.

… Ethan nos evita también el encuentro con el cadáver de su sobrina mayor. Lucy. Pero intuimos lo horrible de su muerte en la forma de comportarse de Ethan… en ese abrigo que ha ‘perdido’. Cuando realiza la confesión a Martin y a Brad, el novio de Lucy, el joven enamorado no puede evitar la ira y cabalga tras una muerte segura…

Venganzas más allá de la muerte. Ethan dispara a los ojos del cadáver de un indio… porque según sus creeencias necesitan los ojos para no vagar su alma para siempre en la tierra…

Encuentran el cuerpo inerte y muerto de una india que ha acompañado a Ethan y Martin en un momento de su búsqueda… Y ambos lamentan la muerte de una persona que no había hecho daño a nadie…

… más muertes siembran el metraje…

El amor

Una Martha que acaricia el abrigo de su cuñado, sin saber que hay un testigo.

Un Ethan siempre suave con su cuñada.

Una historia de miradas.

Un amor imposible.

Un amor de un outsider que nunca está en el mismo sitio. Una mujer que espera pero que finalmente renuncia al amor de su vida… Un outsider que ama pero su naturaleza (no echar raíces) hace que deje constantemente al amor de su vida (pero también le deja con la certeza que tiene un sitio donde regresar).

Una historia que puede repetirse, de manera paralela, con el joven Martin y la joven Laurie…

Quizá el amor es lo que le hace en un instante replantearse el destino de su sobrina Debbie… El odio feroz se transfigura. Y decide apostar por seguir teniendo un sitio donde regresar aunque siempre se marche… En dejar viva una huella de Martha…

El humor

En la vida hay tragedia. Pero también hay humor. Situaciones divertidas. Personajes que provocan siempre una sonrisa. El humor es un arma de supervivencia.

Momentos vividos junto al padre Samuel Clayton o Mose Harper, un hombre con la locura por compañera (correcaminos de profesión) que sólo quiere una mecedora junto a una hoguera, un hogar.

Peleas, celos y confusiones que llenan la historia de guiños y complicidades. Que nos hacen descansar de la tensión acumulada… A veces la relación entre Ethan y Martin se convierte en comedia… sin estos momentos sería difícil para los dos soportarse en mutua compañía. El paso de un Martin que se va convirtiendo en hombre hecho y derecho a base de bofetadas… se relaja y provoca sonrisa y ternura cuando asistimos a su tímida historia de amor con Laurie.

Ethan

En el último número de la revista Caimán. Cuadernos de cine hay un artículo de Santos Zunzunegui (titulado Palimpsesto Ford) donde da con la clave del personaje: “la sociedad crece sobre el ‘trabajo sucio’ que algunos outsiders llevan a cabo sin que esa misma sociedad quiera saber nada de ello”. Una frase compleja, una reflexión difícil… pero que resume la radiografía de Ethan.

Un hombre complejo con todos los ingredientes para que el espectador no empatice en absoluto con él y sin embargo dolorosamente humano… Un hombre que no echa raíces en ninguna parte pero que no se rinde en la lucha contra mundo hostil (aunque a veces él sea el más hostil de todos). Un personaje contradictorio, odia a los indios y sin embargo sabe todo sobre ellos. Mataría a su sobrina porque considera que ya no es una mujer blanca y sin embargo sabe que es lo único que puede asegurarle una puerta donde llamar. Desprecia a Martin y sin embargo sabe que es la única persona que le es leal… y así un largo etcétera de contradicciones.

Ethan es un personaje fordiano absolutamente rico en matices y muy difícil de analizar. Nos pone sobre la mesa muchas reflexiones incómodas.

Rituales

Centauros del desierto planea por la vida cotidiana de sus personajes en un periodo histórico difícil. Cena en familia. Desayuno con vecinos. Entierro. Ayudar al herido. Echar una mano al vecino. Una comunidad que trata de solucionar los conflictos que surgen. El baile. La boda. La pelea entre hombres. El cortejo. La lectura de una carta. Tocar la guitarra. Una familia que acoge al que se queda sin familia. Una hamaca junto a la hoguera. Un plato caliente. La puerta abierta para el que llega de fuera…

Las cartas

Familias que viven aisladas. Y saben de los ausentes a través de las epistolas. Las cartas. Hojas de papel que aportan información, captan vida, explican hechos. La escritura. El relato de lo vivido. La lectura alrededor de unos oyentes que esperan avidos noticias. La escucha. El ritual. El paso de los días, de los años. El encabezamiento y la despedida. La espera. La explicación de la realidad vivida.

Los indios

Los indios, los otros. Scar y los suyos… enemigos. El conflicto. La lucha entre dos pueblos que viven en el mismo terreno. La lucha. Unos ya estaban; los que llegan arrasan, conquistan sin tregua. Cómo se generan los odios. Y las muertes. Gotas de posibilidad de un diálogo. De posibilidad de acercamiento. Muchas frustraciones. Los otros, los indios, reflejados como colectivo. Sin apenas individualidades (tan sólo el jefe indio Scar y la mujer india que convive unos días con Ethan y Martin).

La clave: enfrentamiento Ethan y Martin

Y aquí está el meollo. Lo doloroso de Centauros del desierto. Cómo el ‘trabajo sucio’ de outsiders como Ethan, de hombres solitarios que pueden generar odio por su manera de pensar y actuar fueron los artífices y pioneros de la conquista del Oeste… una conquista llena de sombras y oscuridades. De injusticias y terrores. No sólo Ethan es contradictorio o complejo (asustados podemos quedarnos ante la dureza que muestra Laurie en una conversación con Martin hacia una Debbie todavía no rescatada). Centauros del desierto presenta dos maneras de enfrentarse a esa conquista: la dureza de pioneros como Ethan o la mezcla, el diálogo y el acercamiento de tipos como Martin.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El suicidio en el cine y otros asuntos: Le père de mes enfants y Profesor Lazhar

Una película que vino de Francia y apenas se estrenó en unos cuantos cines (pero ¡se estrenó!) y ahora hay oportunidad de poder verla en DVD. Otra que actualmente está en las salas de cine y que estuvo nominada a los Oscar a la mejor película de habla no inglesa y viene desde Canadá. La primera, buen cine sobre cine. La segunda, un cine que expone su mirada sobre un espacio determinado: el de la enseñanza, el de la educación (un padre mira al profesor Lazhar condescendiente y le dice: enseñe a mi hija, no la eduque). Y ambas además de otros asuntos se unen por un tema: el suicidio, cómo asumirlo y la huella del ausente. Y ambas películas contadas con una sensibilidad extrema que deja al desnudo un tema crudo y duro en Occidente: hablar, reflexionar y pensar sobre la muerte.

Le père de mes enfants (2009) de Mia Hansen-Løve

Grégoire Canvel es un hombre apasionado que trabaja en lo que ama: es productor de cine con su propia empresa, Moon films y además saca adelante proyectos de cine independiente en los que cree. Es un hombre con energía y encanto que saca adelante los proyectos en los que cree y cuida a todos. Además también es un hombre con una vida familiar feliz. Ama y es amado por su esposa italiana y tiene tres hijas que le adoran. Además cuenta con amigos. Pero su sueño, su productora está en quiebra. Los problemas económicos se le van acumulando, la dificultad para acabar sus películas es cada vez mayor… Hasta que sin que nadie sea consciente, porque no lo exterioriza, Grégoire Canvel se agota. Se siente atrapado en un laberinto sin retorno. Siente que su imagen de hombre responsable y que todo lo controla se cae en pedazos… y no puede con ello. Se agota. No pide ayuda a aquellos que le quieren. Y en la soledad más absoluta y de la manera más radical decide quitarse la vida. Así Mia nos enseña toda una primera parte delicada de un hombre con encanto que se quiebra…

Y una segunda parte estremecedora de cómo sus hijas, su esposa, los trabajadores de Moon films, sus amigos siguen viviendo después de su desaparición y cómo trata cada uno de asimilar el vacío que ha dejado Canvel. Afloran todo tipo de sentimientos pero en un estado de calma… como la quiebra del productor que amaba el cine. Todos van asumiendo como pueden la ausencia y tratan de, a pesar de las deudas y de las soledades, seguir adelante con lo que él amaba. Y seguimos conociendo a Canvel tras su ausencia y suicidio.

Durante toda la película estuve con una emoción contenida al borde de la lágrima. Porque sentía el abismo en el que se hallaba Canvel y te hace pensar en cómo reaccionamos ante la cadena de problemas que te depara la vida en un estado de bienestar (que además ahora nos hacen ver que se va derrumbando a marchas forzadas). Y te hace pensar que si en un estado de bienestar puedes llegar a la fractura total y absoluta de quitarte la vida (al cansancio y hundimiento radical), cómo será para el gran número de personas que cada día es una supervivencia continúa. Le père de mes enfants te habla también de que a pesar de que estés rodeado de familia, amigos… cada uno de nosotros terminamos estando totalmente solos (y en momento de crisis es cuando vivimos nuestro aislamiento)… y es triste cuando la hija adolescente, después de la muerte del padre, descubre ese sentimiento de soledad. Y asusta como la vida parece en calma pero en realidad siempre es un puro polvorín donde las buenas formas pueden terminar desapareciendo para surgir el instinto de sálvese quien pueda. Y hasta un encantador y seductor de serpientes puede terminar agotado frente a las responsabilidades que se van contrayendo… y ni su pasión le puede salvar.

Y Mia Hansen-Løve presenta todos estos temas duros con delicadeza y sutileza y con una puesta en escena elegante donde somos testigos de ciertos rituales con la figura del padre y nos los vuelve a repetir sin su presencia (la visita a la ermita). Y donde los estallidos de dolor son silenciosos. Con calma, mucha calma, como el disparo inesperado que hace que Canvel acabe con todas sus responsabilidades…

La directora se inspiró en la figura del productor francés Humbert Balsan que acabó con su vida en el año 2005. Ahora mismo en cartelera se encuentra otro largometraje de la joven directora Hansen-Løve, Primer amor.

Profesor Lazhar (2011) de Philippe Falardeau

Profesor Lazhar comienza de manera brutal e impactante para terminar siendo una mirada a la vida, a la cercanía y al encuentro. Pero también una llamada de atención a cuidar la escuela como un espacio para la vida, el conocimiento y todo lo mejor para los más pequeños. Un espacio para aprender también los asuntos fundamentales de la vida (a la que inevitablemente va unida la muerte), para poder expresar nuestros sentimientos de una manera natural y saber canalizarlos. Un espacio para el aprendizaje intelectual y de espíritu.

En un espacio educativo aparentemente idílico con niños de clase media alta, un niño de unos once años va corriendo a su aula para realizar el reparto de leche en los pupitres de sus compañeros. De pronto se encuentra con su joven maestra colgada de una viga.

Desde ese momento en el día a día en esa ‘escuela bonita’ se abre un abismo entre los niños, los padres y los maestros. ¿Qué llevó a la joven maestra hacia el suicidio? Cómo asumirlo. ¿Hay que indagar en el porqué? ¿Por qué eligió la clase de sus niños? ¿Es mejor no hablarlo claramente para que los niños no se traumaticen? ¿Es mejor que no expresen cómo se sintieron? ¿Es necesario tan sólo la intervención de una psicóloga? ¿Los maestros deben callar y ocultar? ¿Qué ha significado para ellos? ¿Cómo se está enseñando en la escuela? ¿Los maestros no pueden ‘tocar’ o regañar bajo ningún concepto al alumno? ¿El maestro no puede consolar, cuidar o advertir? ¿Dictar a Balzac o ir a una obra de teatro es un nivel de enseñanza demasiado alto?

En esta vorágine emocional llega el profesor Lazhar, un hombre bueno (no un héroe). Lazhar es argelino y sólo a nosotros los espectadores se nos dejará conocer su situación, lo que arrastra sobre sus hombros. Y, sin embargo, es un hombre afable que no pierde la sonrisa ni la calidez y que da un valor trascendental, respetuoso y sagrado al espacio escolar (aunque su metodología no sea la más moderna…), algo que parece aparentemente olvidado. Y Lazhar piensa que es adecuado transmitir el respeto hacia todo ser humano, hacia esos niños y tratar de entenderles. Lazhar trata de comprender a la maestra aunque no comparte la manera en que ha expresado su dolor ni el sitio donde ha decidido acabar con todo. Y piensa que se debe hablar de la muerte, de lo sucedido, y que los niños tienen que expresarse y sentir y hablar. Y que todo debe fluir. Y que hay que escuchar. Y que la escuela es para enseñar y educar… un espacio de vida que merece toda la dedicación y el respeto. Y Lazhar pone en evidencia que los maestros también deben plantearse asuntos, dejar cartas sobre la mesa, hablar sobre educación. Y deja también al descubierto la actitud de unos padres que piensan que sus hijos tienen todos los derechos y todas las razones del mundo y no se plantean que también tienen que aprender unos deberes y a vivir y comportarse en una sociedad de la que pronto formarán parte activa.

Philippe Falardeau, con una puesta en escena sencilla, en una película que priman los personajes sobre todo el profesor Lahzar y sus niños, reflexiona sobre la vida, la muerte, la enseñanza, la educación, la psicología, los padres, los maestros, los niños… Y nos deja la incógnita de la terrible decisión que toma una profesora dulce, sensible y joven (cómo podemos ver a través de una fotografía que tiene uno de los niños) que se quita la vida en un aula. Un grito trágico y silencioso… Con su acto revuelve y remueve muchas cosas que hay que mirar…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Adiós a la reina de Benoît Jacquot

Interesante propuesta y acercamiento a la figura de María Antonieta y a los acontecimientos de la Revolución Francesa desde la toma de la Bastilla hasta cuatro días más tarde… en el interior de Versalles. El punto de vista es el de la joven lectora de la reina Maria Antonieta, Sidonie Laborde. La cámara sigue sus andanzas, sentimientos, emociones y vivencias por los aposentos de palacio.

Jacquot parte de que todo el mundo conoce los acontecimientos que se nos narran… la situación del pueblo parisino y los hechos revolucionarios quedan fuera de campo. Lo que vivimos, de una manera minuciosa y documental, es cómo va llegando la información al corazón de Versalles. Ya que Versalles es un microcosmos con vida propia y reglas propias que ha vivido totalmente aislada y ajena a los acontecimientos exteriores…

La reconstrucción de esa vida interior de Versalles fluye a lo largo del metraje. Todo lo vemos desde los ojos de la joven lectora que nos guía. Un personaje complejo, del que se nos dosifica la información de sus orígenes y formación, que se siente alguien y valora su papel en la corte así como una admiración ciega hacia la reina Maria Antonieta y su modo de vida. El espectador tiene una venda en los ojos, como la lectora, e incluso como ella sentimos una estrecha empatía por este personaje histórico que fue María Antonieta (con múltiples e interesantes lecturas. Una de las últimas lecturas cinematográficas fue la que ofreció Sofia Coppola. Interesante programa doble. La María Antonieta de Coppola incide más en la parte trágica de un personaje siempre infeliz que buscó una salida a su insatisfacción en la frivolidad y el aislamiento de la realidad del pueblo entre el que vivía). Pero en la impactante escena final se nos cae una venda (como también se le cae a la protagonista… aunque su reacción no deja de sorprendernos)… y hay una interpretación crítica de esa compleja reina que prefirió encerrarse en su mundo de moda, fiestas, caprichos y comodidades importándole muy poco lo que pudiera ocurrir a su alrededor, y también con muy poca compasión hacia el destino de otras personas…

Así Benoît Jacquot presenta una Maria Antonieta con todas sus virtudes y defectos remarcados. Otro punto que llama la atención es la rigidez de las clases sociales dentro del microcosmos de Versalles y el funcionamiento de los distintos cargos de servicio así como los distintos niveles en la propia clase aristocrática y las formas de comportarse según la función o el papel que se tuviera dentro de la corte. También por supuesto las intrigas palaciegas, los rumores y los amores tienen cábida. Así se refleja la bisexualidad de la reina y su relación con la condesa Gabrielle de Polignac así como el enamoramiento que también siente la joven lectora. Otro personaje femenino que me impresionó bastante es el de Madame Campan, dama de compañía cercana a la reina y la única que muestra cierta humanidad en su comportamiento ante el destino de la propia reina y también de lo que le espera a la joven lectora…

La Revolución Francesa la vivimos fuera de campo pero llegan ecos de la situación desesperada del pueblo y de lo que disparará los futuros acontecimientos. Así es premonitorio un folleto que empieza a pulular por las habitaciones de palacio donde se da una lista de 289 personas a los que hay que cortar la cabeza para poder iniciar las reformas pertinentes… Es curioso cómo vamos viendo las distintas reacciones de las personas cercanas a los reyes (los que huyen, los que al ver la caída tratan de aprovecharse, los que se alejan, los que se suicidan, los que sigue permanenciendo ajenos…) ante los rumores que se convierten en evidencias según van pasando las horas.

Es mi primer acercamiento a la filmografía de Benoît Jacquot que destacó hace poco por Villa Amalia, que no pude ver, pero que tiene toda una filmografía pasada. Y el acercamiento ha sido grato e interesante. No sólo por la puesta en escena, el punto de vista y su mirada sino también por el tratamiento de los personajes femeninos representados por Diane Kruger (María Antonieta), Léa Seydoux (la joven lectora), Virginie Ledoyen (Gabrielle de Polignac) o Noémie Lvovsky (Madame Campan). Adiós a la reina es la adaptación cinematográfica de una novela del mismo título de Chantal Thomas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Las nieves del Kilimanjaro de Robert Guédiguian

Robert Guédiguian regresa a L’Estaque, Marsella, al barrio obrero de su infancia. Y nos entrega película luminosa pero llena de reflexiones donde nos deja una radiografía excelente sobre la situación de crisis económica (crisis social, política y moral) que está creando un mapa social desolador y de  ‘marcha atrás’ en derechos sociales, políticos y económicos. Las nieves del Kilimanjaro habla de la buena gente que puebla los barrios y que trata de comprender qué es lo que pasa a su alrededor, que tiene un espíritu autocrítico (aunque les duela en lo más hondo) y que saben que para seguir adelante hay que seguir creyendo en las personas y en la militancia (de corazón, ésa es la única que tiene un valor real).

Habla de generaciones… y de la incapacidad de parte de una generación (la de los setenta… aunque yo soy inmortal precisamente por esa inmortalidad vivo cada una de las generaciones muy de cerca) para indignarse del todo ante una situación económica, política y social que está derribando logros de años de lucha —en todas las generaciones han existido luchas— (aunque están surgiendo nuevos movimientos sociales que de nuevo están saliendo a las calles…). El miedo a perder el confort que consiguieron sus padres los lleva a ser una generación de transición que no sabe muy bien cómo indignarse de manera útil… aunque se están generando intentos muy válidos y de seguimiento ilusionante. De hecho son los viejos militantes (que a mi parecer no están en absoluto desfasados ni el cine de Guediguian tampoco) como Stéphane Hessel o Sampedro (por poner sólo dos ejemplos) los que están gritando…

En la radiografía humana de Las nieves del Kilimanjaro reside su fuerza y su luminosidad. Guédiguian ofrece un panorama social desolador, donde están surgiendo nuevos nichos de pobreza y exclusión social, pero aporta un camino complejo de reflexión y acción. La solución, ahora mismo, y tal y como están las instituciones políticas, sociales y económicas y el nivel de desencanto de todas las generaciones que viven la crisis, está en nosotros mismos. En los hombres y mujeres que vivimos cotidianamente. Con ‘La culpa es de los otros’ no se avanza a ninguna parte y todo apunta que una sociedad basada en una posible ‘solidaridad social real’ puede ser una salida. Compleja pero salida. Al fin y al cabo cada uno somos personas humanas llenos de cosas buenas y maravillosas pero también humanamente llenos de cosas malas y mezquinas… si nos unimos para que surja la parte ‘buena’ de nuestra humanidad, un camino interesante puede ser trazado…

Robert Guédiguian además de volver al escenario de películas como Marius y Jeannette (la nombro porque fue cuando descubrí a Guédiguian) cuenta además con sus actores-fetiche: Ariane Ascaride, Jean Pierre Darroussin y Gérard Meylan. La ciudad portuaria que nos refleja está llena de luz y de mar. Y aunque se nos nombra el Kilimanjaro… todo transcurre en un barrio y en momentos cotidianos de una familia trabajadora (con una marcada conciencia social y política) que ha ido logrando, a través del trabajo, unas comodidades reales (una vivienda digna, un tiempo para el ocio, para ir a la playa, para reunirse, una seguridad social, una convivencia entre abuelos, hijos y nietos…). El Kilimanjaro es una evocación de un mundo más allá del barrio, las nieves del Kilimanjaro son evocadas por una popular canción francesa que tiene un significado sentimental para la pareja protagonista, y son también la posibilidad de un sueño (en forma de viaje a la tierra masai).

Y en esos momento cotidianos Las nieves del Kilimanjaro nos cuenta una historia y nos dice que sigue habiendo brutales choques sociales que están generando esta brutal crisis económica y que la brecha social, la ruptura social va por caminos insospechados y duros. Y el matrimonio protagonista, que son buena gente, tratan de comprender qué es lo que está pasando cuando la realidad les golpea de manera dura e inesperada. Y en ese tratar de entender al otro chocan con la incomprensión de sus seres más queridos.

Guédiguian empieza la película con un sorteo, organizado desde el sindicato, en una fábrica del puerto que trata de superar la crisis y por ello varios trabajadores (a través del sindicato) tienen que ser despedidos para que otros sigan en la empresa. Así uno de los miembros del sindicato (el protagonista) saca su propio nombre y forma parte de esa lista de despedidos. Y ahí ya el personaje de Jean Pierre Darroussin me enamora porque es coherente. Él también se mete en esa urna porque es un trabajador como los otros y es justo que esté ahí también como los demás compañeros (algo que le reprocha su mejor amigo —y también tremendamente humano—). Así Michel entra a formar parte de las listas del paro con más de cincuenta años y seguro de que ya no volverá encontrar otro trabajo sino que será un prejubilado… Entre los demás compañeros hay mayores que llevan años en la empresa o jóvenes que apenas acababan de formalizar un contrato de trabajo. El futuro y las condiciones de despido para cada uno de ellos les va a dejar en situaciones muy diferentes.

Así Michel empieza su nueva vida como un entregado abuelo ante la mirada satisfecha de su esposa Marie Claire (luminosa Ascaride) y los suyos, que le dice irónica lo duro que es vivir con un ‘héroe’ dado el amor que siente todavía su esposo por los cómics de super héroes (sobre todo Spiderman). Así entre escenas cotidianas llegamos a la celebración de sus treinta años juntos en la fábrica con toda su familia y sus amigos (y con los demás trabajadores, incluidos los nuevos despedidos). En una fiesta emocionante (yo ya ahí empecé a llorar como una descosida) reciben un regalo: un viaje a la tierra masai, a los pies del Kilimanjaro. Todos son testigos de su felicidad.

Y entonces ocurre el giro, el conflicto de la película, que desmorona toda esa ‘felicidad’ cotidiana (por la que han luchado) de Michel y Marie Claire. Un día cuando están con otro matrimonio (amigos fieles: el mejor amigo de Michel y la hermana de Marie Claire) en la intimidad de su hogar son brutalmente atracados y robados por dos jóvenes encapuchados. Los cuatro se quedan traumatizados… y Michel y Marie Claire tratan de entender esta situación sobre todo cuando descubren que uno de los ladrones es uno de los jóvenes expulsados de la fábrica durante el sorteo. Así abren los ojos a una realidad que les golpea y que no habían analizado. Se sienten culpables por no haber sabido ‘mirar’ más allá. Así Guédiguian nos muestra también la realidad del joven ladrón y el porqué de su comportamiento (tal y como lo van descubriendo Michel y Marie Claire)… y entonces nos lleva Guédiguian a un final hermoso y abierto… lleno de posibilidades futuras. Y a un final emocionante que se lo inspiró al director el poema de Victor Hugo, La gente pobre (que no he leído pero que el director en una entrevista explica los versos que le inspiraron ese final). Michel y Marie Claire quieren comprender por qué el joven ha actuado así y no se retiran de ese camino de reflexión sino que como han hecho toda su vida vuelven a comprometerse… y eso emociona (aunque al espectador como a la gente que les rodea y les quiere es difícil de entender su valiente postura y militancia…) porque es una manera de avanzar en una situación cada vez más caótica que quiere acabar con toda posibilidad de luminosidad. Michel y Marie Claire proponen una salida… hacia la luz.

Así Guédiguian bajo una película aparentemente sencilla y luminosa aporta toda una reflexión llena de matices. Nos rodea de momentos cotidianos auténticos, con unas interpretaciones naturales y con referentes que nos acercan a los personajes (… esa canción francesa que hace alusión al título o Joe Cocker con Many river to cross o ese amor por los cómics de superhéroes y cómo uno de ellos dispara el conflicto…). Un placer dejarse llevar y después debatir tras el visionado de Las nieves del Kilimanjaro…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Palabras para Jafar Panahi

No te conocía.

Ni tu rostro.

Ni tus películas.

Sí, sabía que eras un director de cine iraní.

Sí, sabía de tu condena.

Seis años de prisión y veinte años de inhabilitación.

Veinte años sin poder escribir guiones ni realizar películas.

Sí, conocía cuando viviste un arrestro de 88 días, entre otras cosas, y sólo era la punta del iceberg de tu calvario.

Sólo por apoyar a otro gobierno.

Por el Movimiento Verde.

“Juro por el cine en el que creo, que no voy a cesar mi huelga de hambre hasta que se cumplan mis peticiones”.

Juro por el cine en el que creo…

Sí, conocía las muestras de apoyo de otros directores de cine… de todas partes del mundo.

… hasta que la semana pasada… entré en una sala de cine. Y te vi y te conocí.

Fue una buena recomendación.

Además también he podido disfrutar de tres tus películas.

Y entonces entendí ese Juro por el cine en el que creo…

En ese descubrimiento de ponerte rostro y además conocer tan sólo una mínima parte de tu obra he pasado el fin de semana…

¿Puede una película cambiar algo?

… a ti te han silenciado.

No quieren que mires.

Luego tu cine muestra, transforma, cambia…

Y fue un privilegio asistir a ESTO NO ES UNA PELÍCULA.

Donde te resistes a vivir sin mirar.

… tú eres una cámara a cuestas.

Un narrador cinematográfico.

Y es emocionante escucharte.

Y mirarte.

Notar cine puro.

Tu elaborado discurso cinematográfico.

Lecciones de puro cine.

Sentir y entender tu situación.

Sentir la situación de Irán… (a pesar de mi ignorancia… lo sentí).

Salí del cine… sintiendo tu resistencia, tus ansias de seguir siempre filmando, siempre.

Salí del cine… sintiendo tu pasión. Cómo me emocionastes cuando tratas de contar (de contarnos), con la mirada de Mojtaba Mirtahmasb sobre ti, ese guion ya elaborado. Lloré porque cuánto te duele llegar a una dura afirmación: por qué contárnoslo si no vas a poder firmarlo…

Pero me lo contaste.

Me llegó esa historia.

Y me alcanzó esa vitalidad por ser testigo.

… ese viaje emocionante en un ascensor, cámara en mano…

Y entonces me descubrí riendo y llorando en el salón de mi casa cuando en mi televisor empecé a ver OFFSIDE.

Cómo me emocioné.

En ese enorme estadio de fútbol…

Con ese grupo de chicas vestidas como hombres y viviendo con pasión.

Con ese grupo de soldados que tienen que custodiarlas… y cómo todos se encuentran metidos en un sistema absurdo.

En la camioneta, con ellos y con ellas, reía y lloraba a la vez.

Entre bengalas.

Y me estremecí con el grito silencioso y la resistencia de esas mujeres que viven encerradas en un círculo kafkiano que las convierte en supervivientes cotidianas.

EL CÍRCULO me atrapó con toda su crudeza.

… Y me angustié con ese principio brutal de SANGRE Y ORO… De un Hussein solitario que siente que todo se desmorona a su alrededor. Y el espectador se desmorona con él.

Apenas te conozco…

Y me angustia que no te dejen dedicarte en lo que crees. EL CINE. Con letras mayúsculas.

Sé que poco puedo hacer.

Sólo seguir pronunciando tu nombre.

Seguir viendo tus películas.

Conocer tu mirada.

Y tu resistencia.

Todo mi respeto… trataré de ser menos ignorante.

Para entenderte más.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La pesca del salmón en Yemen de Lasse Hallström

La pesca del salmón en Yemen cumple una función: que el espectador pase una tarde agradable… pero además podría haber sido redonda. Hallström, y todo su equipo, contaba con los ingredientes necesarios para haber hecho una película para recordar. No una película de tarde agradable que caerá pronto en olvido y se verá agradablemente de nuevo en cada nueva emisión en televisión. Porque La pesca del salmón en Yemen (inspirada en una novela del mismo titulo de Paul Tardey) podía haber sido algo más que una película disfrutable de buenas intenciones… Y les vuelvo a repetir que pasé tarde muy pero que muy agradable con su visionado. Digamos que era lo que necesitaba… pero luego me dio por pensar que qué lástima no haber disfrutado de una obra cinematográfica que tenía todo para ser mejor.

Básicamente, en mi humilde opinión, pienso que el fallo mayor radica en querer reflejar varias historias/conceptos/tonos y estilos a la vez, en una única película. Así por una parte tenemos la comedia romántica. Por otra parte nos encontramos con la sátira política. Más allá con la película sobre un proyecto común que une a las personas. Al lado con el choque entre dos culturas que pueden tenderse un puente… Más lejano los conflictos bélicos, el drama de la guerra, el fanatismo religioso y político. Si giras a la izquierda la historia de un visionario. Y si te vas a la derecha la explicación de la pesca como metáfora de la vida. Y si vas todo recto la manipulación del ciudadano a través de los medios de comunicación… Son demasiados géneros, tonos, conceptos… demasiadas cosas que contar para que la mezcla salga perfecta.

Así que ni corta ni perezosa me quedé con lo que se me hizo más agradable: la comedia romántica. Y me dispuse a disfrutar de la química y la relación que crece entre un científico algo autista (delicioso Ewan McGregor, mi rey de la comedia romántica… aunque me encanta también en cualquiera de los registros que se proponga. Este escocés es una debilidad que tengo) y la joven y vital representante del jeque en Gran Bretaña (una elegante y también deliciosa Emily Blunt). Las demás tramas quedaron tan sólo en apuntes… que podían haber sido otras buenas películas (comedia, drama, drama social, drama político, bélico, filosófico…). Así sí que es cierto que hubiera querido algo más de ese peculiar jeque (Amr Waked) o no me hubiera importado reírme más con esa agente de prensa del Primer Ministro (con una secundaria reina, Kristin Scott Thomas).

Y como en toda comedia romántica hubo escenas en las que me quedaría enganchada una y otra vez: sobre todo esa visita del científico autista a su compañera de trabajo (y mujer que le enamora) para ver cómo está después de saber que está hecha polvo por una muy mala noticia… para ofrecerla sándwiches y compañía. Y toda la transformación de ese científico que ama la pesca, de existencia ordenada, que se encuentra con otra forma de vivir la vida que le ayuda a ir contracorriente, a emocionarse, a creer, a amar… y le encanta…

La pesca del salmón en Yemen de Lasse Hallström permite por lo menos salir con una sonrisa. Y como muchas veces digo, eso no es poco. No es redonda, sólo correcta, pero yo la tendré en cuenta por ese escocés que me cautiva…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Alps de Yorgos Lanthimos

Hay directores que se crean un universo propio a través de su filmografía. Y así lo está creando el realizador griego Lanthimos. Un universo complejo, cruel con mucha dosis de humor negro que sin embargo provoca que salgas con una sensación de pesar, tristeza y pesimismo de la sala de cine. Si Canino fue sorprendente, Alps es la confirmación de ese universo especial. Que camina entre el patetismo y la crueldad.

Lanthimos en Alps va dejando señas de identidad que ya aparecían en Canino: referencias cinematográficas al cine americano (de los 70 a la actualidad), empleo de la música (y piezas elegidas especialmente) en momentos puntuales y de manera diegética, actriz-musa que desencadena el conflicto y provoca una violencia seca y brutal (Aggeliki Papoulia), representación dentro de una representación…

Pero sobre todo unos personajes enfermos emocionalmente, como si estuvieran aquejados de una especie de autismo emocional o síndrome de Asperger. Unos personajes con los cuales es muy complejo empatizar que arrastran un patetismo exacerbado y llevan hasta el extremo una ‘representación’ de la realidad que les hace complejos. Una ‘representación’ mecánica donde el cuerpo es un instrumento fundamental.

Y al agitar todo esto en una coctelera o por ejemplo en Alps es capaz de generar distintas emociones y momentos de catarsis al espectador que observa su historia. Provoca una serie de sentimientos y reflexiones que hacen sentirte incómodo y reírte de situaciones que resultan tremendamente tristes o patéticas.

Lanthimos se mete de lleno en una comedia-mazazo negra, negrísima, donde la muerte revolotea. Sus mecánicos y emocionalmente enfermos personajes crean una sociedad secreta en la que con unas normas rígidas y brutales se convierten en los ‘sustitutos’ de personas irremplazables, de los seres queridos que se van y mueren. Así se genera una serie de situaciones dramáticas con humor negro y cruel (sí, cruel) en la que cada uno de los individuos pierde su identidad para ser sustitutos de… y se les va la vida en ello o es lo único que da sentido a sus grises vidas.

Sus personajes, como en Canino, carecen de nombre. Si en Canino eran llamados por el parentesco (padre, madre, hija…) aquí son las profesiones lo que nombra a los personajes: la gimnasta, el entrenador, el conductor de ambulancias y la enfermera. Y son también protagonistas de otro de los platos fuertes de Lanthimos y es en el uso y empleo del lenguaje (los signficados toman otro camino) que ayuda también a ‘esa representación’ continúa de los personajes.

Así en el universo Lanthimos de Alps recoge de nuevo escenas que se graban en la retina… y escenas de un patetismo y una tristeza que duele… pero que a la vez provoca carcajada y eso incomoda. De tal modo que logra que en algunos momentos quieres que te sustituyan como espectadora… por lo que te está generando.

Es difícil olvidar la escena de la maza, la discusión representada en la tienda de las lámparas, los bailes de la gimnasta, la reunión del grupo de Alps para representar a celebridades… Y como en Canino nada explica el porqué de esta situación o de estos comportamientos e incluso deja elementos para el misterio, como ese padre de la protagonista que nunca sabemos si es una ‘sustitución’ de ella o un padre real. Todo fluye entre lo absurdo y lo patético.

… espero otra continuación del peculiar universo de Lanthimos. Que no deja indiferente. Siempre soprendente.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

madrid, 1987 de David Trueba

En diez tecleos

1º tecleo. Dos cuerpos desnudos. Dos cuerpos desnudos en un cuarto de baño durante un fin de semana. Un cuarto de baño que se convierte en refugio. De pronto la desnudez de los cuerpos deja de ser importante, deja de ser algo llamativo. La situación ya no es absurda. Lo que vemos son dos personas con almas desnudas. O lo que es lo mismo durante unas horas no hay máscaras. Para lo bueno y lo malo. Desnudan todo lo desnudable. Y el espectador voyeur al final no ve únicamente los cuerpos, ve el verbo.

2º tecleo. El tiempo, la historia, lo cotidiano. Un cigarrillo tras otro. Una máquina de escribir. La radio. Cambio 16. Una carpeta con separadores. Vasos de whisky. Gafas y mucha miopía. Anfetas. Un baño con azulejos blancos. La grifería de siempre. Los ventanucos interiores. La ausencia del móvil. Norma Duval. Rosa León. La raya del pelo de Suárez. Los libros con las tapas cubiertas, papel, páginas. Los ceniceros. Felipe y Alfonso. Prensa escrita. El valor de la palabra…

3º tecleo. La voz. Todo lo envuelve la voz grave, la verborrea imparable, la frase precisa de un desencantado y amargado de la vida con rostro de José Sacristán. Su voz lo seduce todo. Su voz como el personaje del columnista se transforma. Y de un hombre amargado, desagradable, que sienta cátedra en cada frase que derrama… con voz grave, a un hombre que seduce y hace imaginar a través de la palabra vomitada. Con cada cadencia sentimos al hombre que desnuda su ser y su desencanto por la juventud perdida o el deseo de volver a aletear. El hombre que se mira al espejo y no observa al hombre que le gustaría haber sido. El hombre que se mira al espejo y le gustaría seguir creyendo en el cambio… El hombre que en el fondo sigue sabiendo que la palabra late aunque la silencie.

4º tecleo. El silencio. El cuerpo. La musa. Al principio hecha de silencios. Al principio sólo la miramos a través de la voz de ese columnista que sólo quiere tocar su cuerpo… ya no le interesa el talento. Sólo es un cuerpo. ¿Un objeto? Un lienzo para pintar y vomitar todo lo que se le ocurra. Y ella observa en silencio cual estatua de mármol. Con rostro de María Valverde. Cual mujer florero-pasiva. El papel que le da el columnista con intelecto, el columnista con ideas progresistas convertido en tirano que desprecia. Pero ella poco a poco va mostrando otra cara que nada tiene que ver con la pasividad hasta que llega al clímax del enfrentamiento y humaniza la verborrea imparable del columnista, y le hace reparar que tras el cuerpo hay un talento. Que tras ese cuerpo hay un verbo que escuchar.

5º tecleo. Generaciones. El maestro y la alumna. El profesional perro viejo y la aspirante a escritora. La vejez y la juventud. El que deja el tren o llega a su parada y la que coge el tren y espera un viaje de largo recorrido. Lecciones de vida de ida y vuelta. La voz de la experiencia y el desencanto, la voz de la que todavía espera y todavía cree. Los dos saben de amarguras. Los dos saben de placeres. Los dos saben cómo hacerse daño. Pero también entienden de ternuras. De empatías. Los dos saben volar y también posar los pies en la tierra. Sólo cuando se escuchan tienden un puente. Los dos trazan caminos de ida y vuelta… pero eso únicamente es posible en el refugio.

6º tecleo. Suicidio. Aunque no lo parezca cada día es un nuevo suicidio. Cada sueño al que renunciamos. Cada daño que infligimos. Cada traición que perpretamos. Cada desilusión que nos llevamos. Cada silencio que nos guardamos… El suicidio puede ser la amargura de no querer mirarnos en un espejo. O no poder con la vida ni a rastras y un día en silencio tirarnos por una ventana. Porque parece que nada merece la pena. Que nada puede cambiarse o transformarse. Que los tiempos pasados pasaron y ya son inasibles. El suicidio también puede ser no levantarse de una cama. Pero a veces se puede encontrar un recoveco o un refugio íntimo… inaccesible para casi todo el mundo y descubrir que la vida fluye y sigue ahí. Que la palabra se oye. O se lee. O se ve…

7º tecleo. Mañana. Y entonces en la voz de Irene Tremblay quizá llega la posibilidad de un mañana. Desconocido pero un mañana. Y ese mañana puede estar lleno de posibilidades. Un mañana lleno de incertidumbres. Y puertas cerradas pero también con piedras en las que poder alzarse para mirar. O ventanucos que dejen pasar una leve luz. “Que no te venzan derrotas por llegar”. Detras de una nube puede estar el sol. Ya sabéis, son cosas que pasan.

8º tecleo. Estilo. En madrid, 1987, hay un estilo minimalista. Un estilo desnudo. Que no se siente. Que se vive. Que arrastra. Que te envuelve. Atrapa un instante de vida. Algo que quedará en un recuerdo. Y en madrid, 1987 se habla de estilo con certeza, de que el buen escritor es el que está desnudo, el que no fuerza, el que no trata de que se le note qué estilo tiene. Pasa igual con el que filma. Cuando se nota que en escribir o en filmar se te va la vida en ello. Se te escapa la vida en ello. Porque es lo que vomitas, lo que tienes dentro. Sin máscaras.

9º tecleo. En la habitación. Y con lo mínimo surgen todas las emociones. A veces sólo hace falta una habitación y unos actores. En madrid, 1987, un cuarto de baño, dos actores desnudos y la palabra. El baño tiene una pequeña ventana, un marco, un váter, una bañera, un lavabo, una lamparita, una toalla, una cortina de plástico de ducha, y, como no, un espejo…

10º tecleo. Imaginar cine. Lo más bello y desnudo de madrid, 1987 es una película no filmada, inventada. Y ahí vemos la capacidad y el poder de la palabra. Y ahí vemos la capacidad y el poder de la imagen. Sólo hacen falta unos espectadores. Un gran marco, un fondo blanco. Y las ganas de vislumbrar una historia.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Extraterrestre de Nacho Vigalondo

La clave de Extraterrestre está en un enorme tarro de melocotones en almíbar. Es como la piña que porta el policía de Le Havre de Kaurismäki. Es lo absurdo en lo cotidiano en una historia donde las relaciones personales llevan las riendas. Y una vez que conectas con lo absurdo te adentras en el universo de Extraterrestre y Vigalondo. Que más allá de una invasión alienígena muestra cómo los extraterrestres en el planeta tierra son los propios seres humanos que lo habitan y sus complejos sentimientos y sus complejas relaciones.

Vigalondo juega en este mundo de pantallas y distintos soportes visuales donde la era de la información da como resultado el mundo de la incomunicación. En el piso de Extraterrestre hay móviles, Internet, una cámara de vídeo, una televisión con múltiples canales, documentos, mapas, pizarras, rotuladores… pero no es suficiente para que los protagonistas sepan lo que está pasando. La película comienza con una propuesta apocalíptica: un Madrid desierto (conseguido con sencillez, muy efectiva a la hora de suplir la falta de presupuesto) invadido por varias naves espaciales… donde sus habitantes han huido a la sierra quedándose tan solo unos cuantos, entre ellos, los protagonistas. Y ya no se nos explica nada más. Nos vemos inmersos en la historia de Julia y los tres hombres que la aman. Inmersos en un vodevil de mentiras, malentendidos y enredos. Todo por amor.

Vigalondo a partir de La guerra de los mundos o de sospechas a lo La invasión de los ladrones de cuerpos construye una screwball comedy con visos de tragedia amorosa. Sus personajes son perdedores que sólo reaccionan a sus desgraciadas vidas sentimentales… una invasión alienígena es algo demasiado esperpéntico. Ya tienen suficiente con el absurdo de sus vidas como para pensar en el más allá.

Y es en ese screwball comedy donde la película no alcanza la maravilla porque a pesar de meterte en el absurdo de las situaciones y querer a sus absurdos personajes (con secundario incluido)… y a pesar de conseguir la risa o la carcajada… el maravilloso ritmo acelerado de las screwball comedy a veces se duerme o se mece. Las rupturas o las elipsis rompen el ritmo de Extraterrestre. Lo descompensan. Y aunque el secreto de las screwball comedy es el absurdo de las situaciones hay siempre un ‘funcionamiento lógico’ dentro de la locura de sus personajes donde seguimos sus reacciones y acciones… y en Extraterrestre a veces perdemos ese hilo. Así la bella Julia (Michelle Jenner, prometedora y buena actriz) no se convierte en la siempre ilógica y maravillosa Irene Bullock o en aquel personaje (tan valioso en las screwball comedy) que guarda siempre la cordura. La bella Julia oscila entre lo lógico y lo absurdo. Y despista.

Los tres hombres de su vida son hijos de la tragedia. Y son personajes más cuidados. Julio (Julian Villagrán), el amante, es como el Charlot de la función que termina sacrificándose por amor. Tiene un punto de malicia —como el vagabundo—, pero también de ternura. Él prefiere la felicidad de su chica que la suya propia. Y es hombre enamorado. Al final terminará tumbado a la bartola como un Bogart de poca monta junto al único secundario (Miguel Noguera)… iniciando el principio de una bella amistad. Luego está el novio (Raúl Cimas), el antihéroe por antonomasia, el héroe absurdo de un cómic sin malvado. Un hombre capaz de meterse en la aventura más descabellada e irreal para reinventarse una y otra vez su amor por su chica amada, un superman sin capa ni kriptonita. Un Rambo sin guerra en la que combatir. Un pringado que quiere y quiere ser amado. Y por último el vecino cotilla (Carlos Areces) y… tremendamente trágico, aquel que aporta el absurdo, el famoso tarro de melocotones. El único, que como él bien sabe, sobra en esta historia.

Vigalondo sabe rodar en interiores y un piso madrileño se convierte en escenario real para una historia de amor y enredo donde en una pantalla de televisión se puede entrever una declaración de amor o cómo un objeto volador no identificado puede poner patas arriba la vida de cuatro perdedores… o cuatro personajes que tratan de vivir el día a día. Con dos calles y una terraza… muestra un Madrid vacío y desolado. Y con unos efectos a lo Mèliés (ahora que vuelve a hablarse tanto de él) o Segundo Chomón (por irnos a lo patrio) nos hace creer en una enorme nave espacial o en unas ‘tremendas’ explosiones. Pero sobre todo es capaz de reflejar dos manos que se tocan… y lo que esto significa. O un tarro de melocotones en almíbar que según donde esté y quien lo lleve puede tener un uso u otro. Los melocotones siempre se salvan de terminar estrellados…

Así Extraterrestre no deja de mostrar que hasta en una situación apocalíptica seguiríamos siendo absurdos. Y tratando de amar y ser amados.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.