Tres acontecimientos cinéfilos en una sola tarde…

¿Y cuáles fueron esos tres acontecimientos de una fructífera tarde de lunes?

1.- Tener la oportunidad de conocer la Cineteca del Matadero… me enamoré inmediatamente de esta sala de cine. Desde que entré en su hall hasta que me metí en esa sala con pantalla enorme y decoración e iluminación tan especial. Llevaba tiempo detrás de conocerla y por fin con este acto entré a una sala que visitaré sin duda más veces. Siento devoción por las salas de cine especiales y ésta lo es.

2.- Asistir a la presentación del II Tomo de la Historia Mundial del Cine, una macroobra de siete volúmenes realizada por diversos expertos bajo la batuta del profesor y crítico italiano Gian Piero Brunetta. La Editorial Akal editará un volumen por año. Los dos primeros se centran en la historia del cine en EEUU, es una edición actualizada (cubriendo los diez años que han transcurrido desde que salió por primera vez la versión italiana). Y ya se anunció en el acto de presentación que el tercer volumen en preparación es el correspondiente a América Latina, Asia, África, Oceanía… Tuve oportunidad de tocarlos y hojearlos despacio, de deleitarme con ellos… ¡y los quiero! (je, je, je… ya sé que pedir a los Reyes Magos).

3.- Esta presentación iba acompañada de un extra maravilloso: el programa de radio Séptimo Vicio iniciaba así su nueva temporada en la Cineteca con la proyección de Meek’s Cutoff de Kelly Reichardt. Ya me había fijado en esta directora norteamericana con la intimista Wendy and Lucy, así que iba con muchas ganas. Y fui recompensada. Ya había leído bastante sobre esta película (entre otras una buena crítica de mi querido Alfredo Moreno del blog 39 escalones). La elección en este acto tenía todo su sentido: si hay un género que representa el cine americano es sin duda el western. Pero además éste es un western del siglo xxi que recoge la tradición del género pero lo empapa con una mirada nueva.

Meek’s Cutoff (Meek’s Cutoff, 2010) de Kelly Reichardt

Meek’s Cutoff te acerca al tempo de esa dura ‘conquista’ de los colonos al salvaje Oeste. Un tempo lento, de parajes desolados, extensos… paisajes capaces de generar espejismos donde las distancias no están claras. Un tempo de ruidos de la naturaleza. El día y la noche. Y la noche oscura. Con destellos de la luz que se desprende del fuego. Unos colonos profundamente religiosos tratando de llegar a una tierra prometida con agua… donde poder asentarse. Una marcha lenta al ritmo de los carromatos.

En Meek’s Cutoff nos cruzamos con la travesía de tres carromatos: tres parejas y una de ellas con un niño y otro que está por llegar. Las otras dos: son dos jóvenes y otra compuesta por un hombre mayor (y líder de los colonos) que apenas acaba de casarse con una joven de personalidad arrasadora (una maravillosa Michelle Williams, actriz fetiche de la directora). Lo primero que sabemos es que están perdidos y que apenas tienen ya agua… y que además parte de ellos desconfían del guía que han pagado para llevarles a esa tierra que desean, un forajido, un sin ley, apellidado Meek.

Pero Kelly Reichardt se funde con las sensaciones, las emociones y la intimidad de ese camino del Oeste. Nos inmiscuimos en esa naturaleza que cruzan, la sentimos. Nos fijamos en los detalles, en las miradas, en los colores, en los olores… una ristra de sentimientos que van envolviendo al espectador, un tiempo y un ritmo especial. Y también toma la decisión de ofrecer un punto de vista, el de las mujeres. Unas mujeres que avanzan con sus vestidos de fuertes colores que contrastan con la aridez del terreno y esos gorros que no les permiten mirar a los lados (así la directora opta por rodar en formato 1:33, es decir, formato cuadrado, y no cinemascope que siempre se ve más adecuado para un viaje épico en el salvaje Oeste… acercándose de esta manera a la mirada de las mujeres. Y no es que sea muy lista sino que me llamó la atención ese formato y leyendo un montón de críticas en la red, esta interpretación me ha convencido plenamente). Así dejándome arrastrar por las imágenes de Meek’s Cutoff y las sensaciones que me provocaban me retrotraía a los trabajos recientes de dos directoras que se funden también en naturalezas diferentes desde una experiencia íntima y llena de sensualidad. La veterana australiana Jane Campion en su última obra cinematográfica, Bright Star y la prometedora británica Andrea Arnold con su particular Cumbres borrascosas.

Además Meek’s Cutoff es puro western. Con personajes y actitudes totalmente reconocibles. Una continuidad de un género con historia. Los colonos, los largos viajes en caravana, el sin ley-forajido (revestido de leyenda pero a la vez ‘pintado’ como un posible estafador-vividor), la presencia del indio (el personaje externo y aparentemente pasivo que genera odios, racismos irracionales pero también misterio, otra mirada —como esa luna entre nubes—, otra posibilidad de vida y también fomenta acercamiento al otro…). Así el western que más me ha venido a la cabeza en este recorrido físico pero también espiritual ha sido uno de John Ford (no podía ser de otra manera), Caravana de paz. O ecos también de Incidente de Ox Bow, porque se intuye como hombres y mujeres tranquilos pueden transformarse y querer ahorcar al primero que se cruce por su camino, están en un mundo en el que hay que sobrevivir…

Meek’s Cutoff es adentrarse en un universo visual de imágenes potentes como el rostro de una mujer entre las ramas de un árbol. Las conversaciones nocturnas entre sombras y llamas. La aparición en la lejanía, en un horizonte que no habíamos vislumbrado, de unos jinetes…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Un cortometraje que remueve. 7:35 de la mañana (2003) de Nacho Vigalondo

Me he comprado hace poco el dvd de Los cronocrímenes de Nacho Vigalondo para conocer su primer largometraje. Nunca había visto nada de él hasta el año pasado que entré a una sala de cine para ‘mirar’ Extraterreste y me sorprendió bastante porque no esperaba nada en concreto (que es como mejor te puede sorprender algo, sobre todo una película… cuando entras de incógnito).

La sorpresa del dvd no ha sido tan sólo que me hayan parecido interesantes las andanzas de Héctor 1, Héctor 2 y Héctor 3 en ese breve bucle temporal en el que están inmersos. El espectador ve cómo se desbarata la vida del protagonista y descubre además su parte más oscura. Un hombre de clase media-alta trabajador y enamorado de su esposa con una vida normal y esperable… que según se va liando más en su ‘recuperación de la normalidad’  se convierte en un ser humano más y más siniestro. Se van revelando en un breve intervalo de tiempos simultáneos los aspectos más negativos de su personalidad. Y sobre todo me ha interesado el ‘papel’ de la chica de la bicicleta que casualmente pasaba por ahí. Y en esa casualidad esa chica ya está condenada a ser víctima. No puede escapar de esa condición. El bucle temporal no sólo no evita su condena sino que la va retorciendo cada vez más…

Pero como digo la sorpresa no ha sido únicamente descubrir Los cronocrímenes y analizarla sino que en esta edición especial del dvd estuviese también un cortometraje que me ha removido (este cortometraje fue uno de los nominados al Oscar en la ceremonia de 2004): 7:35 de la mañana. Tanto es así que lo vi y lo volví a ver y otra vez de nuevo… Mi rostro se queda igual de congelado, entre confeti y blanco y negro, que el de esa chica que entra como todos los días a su bar habitual a desayunar… pero no es un día más. Algo rompe la rutina. La cotidianidad no va a ser la misma.

El corto transcurre en un bar, de los de toda la vida, con camareros con sus pantalones negros y sus camisas blancas, la barra de bar y las mesas correspondientes con sus clientes habituales… Yo que suelo desayunar siempre fuera sé de lo que hablo (me encanta este ‘ritual’… aunque procuro ir rotando bares).

Y en ese ambiente rutinario… algo varía. La chica ve que hay unos chicos, muy serios, con una guitarra y un piano, al lado del baño de caballeros… Y que todo está rodeado de un silencio que no es normal. Un silencio tenso. Y la chica del bar se va inquietando porque no entiende. Como el espectador que no sabe qué es lo que va a ver…

De pronto un chico de la barra… empieza a cantar y todos los clientes le acompañan en su canto y coreografía. Pero aun así la inquietud no se nos quita. Vivimos esa inquietud como la vive la protagonista que sigue sin entender. Queremos reír pero se nos congela la carcajada porque sabemos que hay algo dentro de esta ‘situación’ que no es sano, no es normal.

El tipo que canta parece feliz … todo indica que ha preparado esta escena para sorprender a una desconocida que le gusta. El tipo no canta bien, no baila bien… pero tiene encanto, un encanto que desgarra. La escena se va empapando de patetismo y lo ridículo y cutre (esas tarjetas mecanografiadas en las manos de los clientes para seguir la canción) se vuelve trágico.

De pronto en un momento de la ‘actuación’ cuando un cliente se atasca (o no quiere continuar con la farsa) descubrimos una verdad que borra la sonrisa. Y el patetismo del ‘cantante’ improvisado cala en el espectador que empieza a sentir una empatía hacia él. Conmueve su particular acto de rebelión en un día de furia, de quererlo mandar todo a la mismísima mierda (¿quién no conoce esa sensación?)… y de dejarnos a todos con el rostro desencajado. Y él decide ‘crear’ en un día de furia y rebelión, y canta su estado de ánimo a la chica del desayuno con la que no se atreve hablar, esa chica que le ofrece un aliciente mínimo pero no suficiente… para continuar una rutinaria vida. El cantante improvisado lleva a cabo un acto radical para acabar con la rutina, con lo cotidiano, con lo normal… de un desayuno a las 7:35 de la mañana.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Saul Bass y sus directores de cabecera… y varios regalos

Hablar de Saul Bass se hace necesario por muchos motivos. Yo de momento nombro tres.

1.- Es una reivindicación al cartel del cine y a los títulos de crédito como arte. Como una forma de expresión. Como un lenguaje a tener en cuenta que puede además captar la esencia de la obra cinematográfica que ilustra. El cartel de cine y los títulos de crédito se cuidan, ahora mismo, en muy pocas ocasiones… Qué gusto cuando una película te entra por el cartel, qué sorpresa cuando ya te sientes atrapado por los títulos de crédito… ya tienes ante tus ojos la clave o la pista de lo que va a ocurrir a continuación… Sólo falta que se cumplan las expectativas ante las obras de arte que ya has visto… Aunque si hay cuidado en estas dos piezas claves, ya quiere decir algo (aunque no siempre ocurre)…

2.- Porque ahora mismo hay la oportunidad de visitar una exposición hecha con gusto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid que permite a todo visitante que se acerque disfrutar de la preciosa colección privada de carteles de Saul Bass que posee Gerardo Vera (director de cine y de teatro además de escenógrafo y figurinista). Un recorrido que merece la pena y además, en paralelo, se programa durante unos meses películas que cuentan con sus títulos de crédito.

3.- Acercarse a la obra de Saul Bass es otra posibilidad de acercarse al mundo del cine. Otra mirada. Un recorrido por la carrera de varios directores. Un recordatorio de películas que conforman una historia del cine especial muy especial. El diseñador formó dúos profesionales de lo más interesantes con varios directores de cine.

Paseé entre los carteles, disfruté con la proyección en pantalla gigante de algunos de sus títulos de crédito, descubrí nuevas películas y recordé otras que ya no olvido… La exposición me siguió a casa, deseé ver colgado en alguna de mis paredes alguno de los carteles que había visto (me enamoré de muchos pero quizá me hubiese quedado con el de Ariane) y en esa enorme enciclopedia visual y fuente de conocimientos que es Internet pude mirar más títulos de crédito y más carteles…

Otto Preminger

… Fue el que abrió la veda de la creatividad de Saul Bass para el mundo del cine. La firma de Preminger está irremediablemente unida a Bass. Juntos formaron un tándem inseparable de imágenes icónicas que muchos cinéfilos reconocen. Imposible no relacionarles. Con Preminger, Saul Bass creo títulos de crédito y carteles increíbles. Desde la rosa roja de Carmen Jones en 1954 se convirtieron en inseparables. El brazo distorsionado de El hombre del brazo de oro, la marioneta rota de Anatomía de un asesinato, el ojo con lágrima de Buenos días tristeza, las piernas con la espada quebrada de Santa Juana, los brazos armados de Éxodo, la cúpula del capitolio en Tempestad sobre Washington, la muñeca de papel de El rapto de Bunny Lake, el teléfono descolgado de El factor humano… Y el paseo por una filmografía poderosa.

Alfred Hitchcock

Pero tampoco podemos olvidar sus contribuciones con el maestro del suspense. Ese ojo que todo lo mira en Vértigo y esos círculos concéntricos. La estridencia del rojo en el cartel. Las rectas que se cruzan formando un gran edificio y las flechas que forman las letras en ese tesoro que se llama Con la muerte en los talones. O sus títulos de crédito en Psicosis que ya sondean el miedo o su posible  contribución visual a través del storyboard de la mítica escena de la ducha… ¿Alguien olvidaría mencionar estas películas si le preguntáramos por la filmografía de Hitchcock?

Billy Wilder

Con Billy Wilder dejó su firma en los carteles de Ariane (Love in the afternoon), Uno dos tres… Así vemos una mano que baja una persiana o tres globos… y ya nos vienen imágenes a la cabeza. O unos títulos de crédito para La tentación vive arriba con formas geométricas cuadradas y rectangulares que se abren y se cierran como ventanas o solapas que dejan ver los nombres e intuyes que ahí hay comedia…

Robert Aldrich

… Intuimos la fuerza ya en los créditos de dos títulos potentes de la filmografía de Aldrich… la maravillosa El gran cuchillo con el rostro de Jack Palance que ya refleja la introspección y la angustia del personaje principal y no he visto Attack pero sí sus títulos de crédito, de nuevo con el rostro de Palance… y la impotencia que supone un casco rodando por una ladera… y esos créditos ya me dicen que va a ser una película con un tema duro e impactante.

John Frankenheimer

Uno de los directores con filmografía que reivindicar y descubrir, John Frankenheimer también trabajó con Saul Bass en los títulos de crédito de tres de sus películas. Una de ellas es de las más extrañas de su filmografía, una historia angustiosa y psicodélica con un Rock Hudson como protagonista. Me refiero a Plan diabólico y sus créditos ya muestran lo siniestro de la historia. Las otras dos películas en las que trabajó no las he visto todavía pero como siempre con la obra de Saul Bass me llevo una idea de lo que voy a ver. En Gran Prix preparación, velocidad y competición de Fórmula 1. Y el cartel de Gran Prix es inconfundible, puro diseño… Nada he podido ver, ni la película ni el trabajo de Saul Bass en Un joven extraño.

Stanley Kubrick

También se unió a Kubrick dando personalidad a carteles y títulos de crédito de Atraco perfecto donde los disparos de bala no dan en la diana pero sí destruyen a un hombre con sombrero y corbata… los créditos nos dan ya el tono noir de la película. Y en Espartaco también nos muestran simbolismo y clasicismo. Cada personaje está descrito con un tipo de manos de escultura… hasta que se encuentran dos espadas. O el siniestro y angustioso cartel de El resplandor de un rostro atrapado en una letra…

Martin Scorsese

… Sus últimos trabajos fueron los títulos de crédito con uno de los directores que más admiraba su trayectoria: Martin Scorsese. Así Bass vuelca su mundo entre lo elegante y lo oculto en La edad de la inocencia, se muestra brutal en Uno de los nuestros, da cuenta del terror y la importancia del agua en El cabo del miedo y muestra un poderoso mundo visual entre explosión de violencia y juego en Casino.

… los regalos

El recorrido por la exposición me hizo dos recordatorios preciosos y me descubrió una laguna que quisiera subsanar (con otro de los carteles que más me llamó la atención y que también colgaría en una pared de mi hogar). Ahí van los regalos finales que me apetece compartir.

1.- Recordé que no hay créditos finales más hermosos que los de West Side Story en los que Saul Bass realiza para mí uno de sus mejores trabajos. Cuando ya ha terminado este musical dramático y shakesperiano… el diseñador crea unos créditos finales para deleite del espectador. Imagina la forma de expresión de los Shark y los Jets… y no puede ser otra que en las paredes y muros del barrio, el graffiti. Así los títulos finales, los nombres de todos, están en los muros y en las puertas desvencijadas… y de fondo cada una de las melodías que han sonado a lo largo de la película… Una joya.

2.- Me paro ante un cartel que llama mi atención. Y es porque forma parte de una película que descubrí hace unos dos años y que merece la pena revindicarla y mirarla: Donde la ciudad termina (1957) de Martin Ritt, un drama de la clase trabajadora en los puertos donde están estupendos Sydney Poitier y John Cassavettes. Y el cartel de Bass cubierto de rojo ya nos sitúa en el ambiente y el drama…

3.- El cartel que también colgaría en una pared de mi hogar es de una película que no he visto ni conozco: El viejo y el niño (1967) de Claude Berri… a mí el cartel de Saul Bass ya me provoca unas ganas enormes de verla y descubrirla…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Instantes de realidad en el cine

Estoy volviéndome a leer Momentos inolvidables del cine de Juan Marsé en el que el escritor capta 99 instantes que transcurren ante sus ojos en la pantalla blanca. 99 escenas de ficción que de alguna manera adquieren un significado propio. Y hay uno que centra su atención porque la cámara capta la realidad de un momento. Algo que realmente está ocurriendo y que además es adecuado para la trama. Nos cuenta cómo el director de fotografía Luis Cuadrado se puso frente a la niña de ojos enormes, Ana Torrent, mientras veía Frankenstein… era la primera vez del personaje pero también de Ana. En un momento de la película cuando el monstruo se acerca a la niña de tirabuzones, “Ana Torrent se sobresalta y la cámara de Luis Cuadrado recoge el instante, irrepetible, inolvidable, el más importante y esencial de la película y, según las palabras de su director, tal vez de toda su carrera profesional: ‘Y, sin embargo, es el único instante rodado sin una premeditación formal; eso es lo paradójico y extraordinario del cine’”.

Me gusta esto que nos cuenta Marsé y esa reflexión que señala de Victor Erice. En varias películas se intuyen esos momentos mágicos… por reales. Porque sabes que la cámara está captando un instante irrepetible. Algunos son fruto de la casualidad, otros de la improvisación genial de algunos actores, el de más allá de lo inesperado (ni se lo espera el actor o actriz que se encuentra ante su personaje), otros surgen de las entrañas del intérprete y sabes que no va a salir más… Igual que digo que son mágicos, pienso que son misteriosos. Sin explicación alguna.

Algunos forman parte de la mitología cinematográfica. Uno surge de la improvisación de un joven actor, James Dean, que con su ‘actuación improvisada’ descolocaba al actor profesional y metódico que tenía enfrente. Y ese maravilloso y real descoloque hace que la escena se transforme. La reacción de un Raymond Massey que no se espera que el joven actor le abrace y llore sobre su hombro y derrame billetes al suelo. Massey se muestra perplejo, se va echando para atrás y grita el nombre del personaje: “¡Carl, Carl!”. Y todos sentimos la misma indefensión de Massey ante ese hijo que no comprende. Dicen que además Elia Kazan fomentó el odio que se profesaban ambos y que tan bien venía a la historia compleja entre padre e hijo en Al este del Edén.

Elia Kazan, que creía en el método (en la escuela del Actor Studio), trabajaba entre otras cosas los miedos de sus actores protagonistas para lograr ‘realidad’ en una escena. Así cuentan cómo conocía el pánico que sentía Natalie Wood al agua y a ahogarse. Y esa angustia se nota durante toda la escena del pantano en Esplendor en la hierba. La actriz lo pasó fatal realmente y eso trasciende.

Otro momento documentado fue el que vivió una Audrey Hepburn destinada a convertirse en ‘ángel’ de la pantalla. Ese ‘momento real’ ocurre durante la escena de la Boca de la Verdad en Vacaciones en Roma… Gregory Peck le gasta esa broma a una Hepburn-princesa que no se espera que haga lo de la mano… Y ese susto con las risas posteriores muestran un instante mágico de realidad.

Esos rostros en los que se percibe un instante real y mágico en la expresión nos han dejado momentos memorables en los fotogramas. Esa cara entre sonriente y dolorosa que regala Charlot al final de Luces de la ciudad. La cara de Antoine Doinel congelado y mirando a todos los espectadores en Los cuatrocientos golpes. O esa lágrima que se desliza sobre el rostro demacrado y vencido de una Marquesa de Merteuil en Las amistades peligrosas.

… O esos monólogos tanto de palabras como de gestos que intuyes van más allá de la improvisación. Y por eso no los olvidas. Como un Robert de Niro ante el espejo en Taxi Driver o un inmenso y calvo Marlon Brando en la semipenumbra delirando palabras cuerdas en Apocalipsis Now. O regresando a Brando ese baile de tango que se marca con Maria Schneider y ambos borrachos perdidos en El último tango en París. Ahí en esa sala notamos el dolor y la pérdida de estos personajes fuera de lugar que contaron con los rostros de unos actores que también supieron expresar esa sensación de extrañamiento y pérdida, de desesperación… esa inquietud inexpresable.

A veces la química y el enamoramiento de los actores protagonistas es tan real que trasciende la pantalla y sus personajes. Una de mis escenas de amor-desamor bien guardadas en mi memoria por la ‘realidad’ que emana se encuentra en esa última escena de amor desesperado entre Julie Christie y Warren Beatty en la colina… en la película de Shampoo de Hal Ashby.

Esos momentos, esos instantes que encierran mucha realidad (y por eso son únicos e irrepetibles)… forman otra apasionante y bella historia del cine. Y cada uno de los espectadores los atesora con deleite… para formar una película diferente.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Luces y sombras de Gangs of New York (2002) de Martin Scorsese. Melodía de una obra inacabada

A Alfredo (39escalones. Reflexiones desde un rollo de celuloide). Lo prometido es deuda. Ahí va un intento de responder a tus preguntas con la esperanza de que no llegues a clavarme los colmillos en mi desgraciado cuello.

 ¡Me quedaré sin voz pero NO sin el teclado de mi vieja máquina de escribir!

 

Grandiosa e imperfecta. Entre estos dos adjetivos navegan las luces y sombras de Gangs of New York. Obra inacabada y épica. Los contrarios se encuentran en los suburbios de New York. En toda épica se rememora un pasado. Se reconstruye, con elementos de realidad y de ‘mitología’, un acontecimiento histórico. En la épica puede haber un narrador. En Gangs of New York es el propio héroe el que reconstruye entre ensoñaciones, “vagos recuerdos”, leyendas urbanas e imaginación la batalla entre pandillas para dominar la zona de Five Points en 1846. En esa violenta batalla a Ámsterdam Vallon se le quedan grabadas varias imágenes, varios rostros, una frase de su padre (que le indica que no limpie la sangre de una navaja con la que se ha cortado la cara. La sangre debe permanecer en la hoja)… y la muerte de éste en las manos de su rival, Bill El Carnicero, aquel que porta un ojo de cristal con el águila americana.

Pero ésta es una historia épica de la otra historia América. De la América que nadie quiere ni recordar ni ver, de la América de los bajos fondos, de los suburbios, que también formaron parte de la Historia. Es el enfrentamiento entre los Nativos que ven como amenaza a los que llegan en barcos desde el otro lado del océano, como esos irlandeses que forman los Conejos Muertos, la otra pandilla dispuesta a encontrar su sitio. Y por eso es una triste historia de supervivientes…

Primera batalla

Y aquí nos encontramos con la primera escena impresionantemente contada. La preparación de la batalla en una especie de catacumbas con signos religiosos y bíblicos. En primer lugar marcha el líder que toma de la mano a su hijo. Detrás se van uniendo todos los que se van a acudir a la lucha hasta llegar a una puerta donde está el mercenario del mazo con las muescas que matará junto a los Conejos Muertos a cambio de dinero… Oscuridad. Éste, el mercenario, pega un patadón a la puerta y se vislumbra un Nueva York blanco y nevado… Contraste. Salen a la zona y se extienden en fila, como un muro… y pronto van apareciendo los rivales con sus especiales atuendos (unos llamativos sombreros de copa). Quedan frente a frente.

Scorsese llevaba años queriendo realizar este proyecto descabellado (como muchos de los proyectos cinematográficos de los cachorros del Nuevo Cine Americano… proyectos grandiosos en los que se arruinaban o arruinaban, rodajes de infierno, para vomitar obras como Las puertas del cielo de Michael Cimino o Apocalipsis Now de Francis Ford Coppola. Proyectos que o acababan con sus carreras o les daban el éxito definitivo. O caían y volvían a surgir como aves fénix). El director cuenta que en 1970, en una reunión de amigos, se topó con la crónica histórica escrita en 1928 de un periodista Herber Asbury, Gangs of New York. Bandas y bandidos en la Gran Manzana,1800-1925 (¡Francisco todavía no me lo he leído!). Le interesó lo que ahí se contaba y removió en su bagaje histórico, en las leyendas urbanas, tomó varios personajes, mezcló otros… para que surgiera un universo propio que no pudo poner en pie hasta que llegó el siglo XXI. Y los hijos de los supervivientes de Gangs of New York poblaron las primeras películas de Scorsese. Esa América de bajos fondos tiene a sus herederos en el New York cinéfilo de Scorsese. Por eso Gangs of New York tiene sentido en la evolución de su carrera cinematográfica. Ahí están los bisabuelos o los tatarabuelos de los personajes de Malas calles, Taxi Driver o Uno de los nuestros.

 

Amsterdam Vallon y Bill El Carnicero

Nos encontramos que ese niño que vio la batalla ahora es un joven que acaba de dejar un reformatorio en 1863 y que vuelve a Five Points para encontrarse el mismo caos que cuando se marchó pero bajo el mandato de Bill El Carnicero, máximo jefe de las pandillas. “No era una ciudad era un horno”. Y toda la imaginería del caos presente para describir un momento convulso… los momentos previos a los disturbios provocados por los alistamientos obligatorios de la Unión para luchar en la Guerra Civil Americana. Poco a poco se va desarrollando esta situación que va a ser el detonante que ‘engulla’ la historia personal de los personajes protagonistas y que estalle en los disturbios finales.

Otra de las escenas magistrales es un plano secuencia que muestra cómo según llegan irlandeses a la tierra prometida en grandes barcos los reclutan como voluntarios para La Unión y para que a cambio de sustento para sus familias vayan directos al campo de batalla. Bajan del barco, van a las mesas de alistamiento, les dan sus uniformes y les suben a otro barco para luchar en una batalla que no es la suya… mientras de ese mismo barco van descendiendo un montón de ataúdes de soldados muertos…

Amsterdam Vallon, héroe épico, cree que tiene una misión: vengar a su padre. Es esa obsesión la que le ha convertido en un superviviente. Y se ha entrenado a fondo para ello (entre otras cosas no ha muerto). Vuelve al mismo sitio donde se celebró la batalla y descubre el distinto destino de los que lucharon junto a su padre (uno se ha vuelto policía corrupto, el otro es uno de los hombres de confianza de Bill, la otra está alcoholizada, el mercenario sigue siendo independiente y es coherente con sus acciones…). Ahora los Conejos muertos se han dispersado. Nadie habla de ellos. El único que venera la memoria del sacerdote Vallon es el propio Bill, porque le considera un rival digno y a su altura. Y todos los años celebra el aniversario de la victoria en la batalla entre pandillas. Ahí será, en esa celebración, donde Amsterdam pretende ejecutar su venganza. Pero para ello se trabaja, al lado de una pandilla de rateros (donde está un niño que le ayudó a intentar huir del reformatorio al finalizar la batalla donde murió su padre), el acercarse e ir ganando méritos para convertirse en persona grata para Bill El Carnicero. Y poco a  poco vamos viendo su ascenso al ‘poder’. Así se establece una relación de admiración mutua entre dos supervivientes del Five Points… algo que Vallon no es capaz de controlar porque El Carnicero se transforma en una figura paterna que no pudo tener… Y para El Carnicero, el joven Ámsterdam es el discípulo avanzado que puede seguir su legado…

Y mientras, el caos y los contrastes siguen en un caótico New York que va mostrando una brutal y salvaje brecha entre las distintas clases sociales. Se nos muestra la diferencia de oportunidades y de vida en ese New York residencial ajeno a la situación que hierve en Five Points de la mano de la raterilla (protegida de Bill El Carnicero y enamorada de Ámsterdam) Jennie, que ejerce de tórtola en los barrios altos. Es decir, va a las grandes residencias disfrazada como una criada del servicio y se inmiscuye en las casas para realizar sus hurtos. Grandes casas neoyorquinas donde transcurrirá años después, alrededor de 1870, la historia de La edad de la inocencia. La visión de Scorsese al New York de Edith Warthon.

Así conocemos algunas familias de la zona alta que sólo se dignan a visitar Five Points para observar el ‘espectáculo’ de la miseria y hacer sus ‘obras de caridad’. También están interesados en Five Points los políticos corruptos que ven la posibilidad de muchísimos votos que les ayuden a escalar en el poder. De vez en cuando se toman medidas drásticas para mostrar a unos y a otros que se ‘combate la criminalidad endémica’ y entre el político de turno y Bill El Carnicero se preparan unos ahorcamientos que sirvan de ejemplo y de que se van a tomar futuras medidas reformistas… Otra de esas escenas imprescindibles: el ahorcamiento de los cuatro rateros y a continuación la celebración de un baile para los ciudadanos de Five Points donde se afianzará la relación entre Amsterdam y Jennie (y también el conflicto para que no prospere su relación)… El juego de los espejos y el baile de las velas de los dos amantes. Contraste brutal.

Amsterdam sigue su ascenso hasta que un día en un teatro popular (espectacular puesta en escena) ve que El Carnicero va a sufrir un atentado y le salva… en ese momento el joven se da cuenta del rumbo distinto que están tomando los acontecimientos. Se da cuenta de que está perdiendo la cabeza y el norte. De que se está desplazando del plan de venganza. Que algo no está saliendo bien. Que sus sentimientos están revueltos. Ahí está el mercenario que ya le ha reconocido como el hijo del sacerdote y le advierte de que todo se está convirtiendo en una tragedia shakesperiana (o como en la mitología en una lucha extraña entre dioses)… y le pone otra vez en vereda. Le dice que sea listo que no sea un “cachorro irlandés ignorante y bárbaro, como tu padre” pero también le habla de que por lo menos su padre quería a los suyos y luchaba por una vida mejor para todos… Ahí el joven Amsterdam sufre una catarsis envuelto en mujeres desnudas, alcohol, opio y su enemigo admirado, El Carnicero. Delante de todos y borracho se levanta y dice: “Estamos en deuda con él”… Ahí también decide arriesgarse y aunque sabe que es la protegida de Bill, meterse de lleno en su relación con Jennie.

Y entonces ocurre otra escena íntima brutal y es un Bill envuelto en la bandera americana herido frente a la cama donde duermen Jennie y Amsterdam juntos. Y donde éste confiesa a un Amsterdam en éxtasis de donde viene su brutal supervivencia: “¿Sabes cómo me he mantenido vivo? Por el miedo. Eso mantiene el orden de las cosas?”. Le explica que él y el sacerdote tenían los mismos principios y les separaba la fe. Y se convierte en profeta: “La civilización se viene abajo”…

La transformación del héroe de los bajos fondos…

A partir de este momento Amsterdam fracasa en su intento de atentado (toda la puesta en escena de la fallida muerte de Bill por parte del joven en la fiesta de conmemoración de la batalla es un alarde de ritmo y suspense) y fracasa como líder porque no ha ido más allá… Es el amigo de la infancia, un joven irlandés superviviente como él, el que le traiciona. Todos están separados. Bill no mata a Amsterdam porque “no merece que yo lo mate” pero sí le clava un puñal y le destroza la cara a cabezazos.

Cuando Amsterdam se recupera junto a Jennie que le cuida… entiende que ése no era el camino. La venganza personal. Una venganza en solitario. Y ahí vuelve el mercenario que guardó durante años la navaja de su padre, quien le pone en un camino que puede poner en peligro la ‘estabilidad’ de Bill. Amsterdam se convierte en un líder que vuelve a unir a los irlandeses, a las antiguas pandillas, para que vuelvan a encontrar, todos juntos, su sitio. Revive el espíritu de los Conejos Muertos y reta a Bill. Se convierte en otro líder a tener en cuenta en Five Points… pero ya nada de esto tiene sentido.

… lo que menos importa es la venganza

Porque es la Historia con mayúsculas lo que cambia el rumbo de la ciudad de manera brutal. Y el destino de Jennie que no puede soñar con llegar a San Francisco, o el sueño de Vallon de encontrar un sitio para los suyos, o el sueño de Bill de perpetuar su reinado del terror… los disturbios que ponen en evidencia las brechas entre las clases sociales, las injusticias, las contradicciones brutales de la guerra (por ejemplo, los brutales linchamientos a los ciudadanos afroamericanos), el polvorín de una ciudad de rica multiculturalidad (que se fusiona… música irlandesa y bailes africanos… claqué y jazz) que estalla en sus bajos fondos porque no hay posibilidades de futuro o de justicia social… sólo el acudir a una guerra (y una vuelta en ataúd) porque no pueden pagar los 300 dólares que sí pueden los hijos de las familias pudientes (los que llevan la batuta de la guerra). Y ese polvorín es silenciado con una represión brutal por un ejército ordenado y frío que avanza y mata.

Y en ese contexto histórico el enfrentamiento personal entre Amsterdam y Bill queda como una triste y estúpida caricatura… porque a nadie le importa cómo mueren ni su historia personal de supervivencia… Son seres anónimos. Es una triste historia irlandesa o una triste historia americana. Terminó la épica. Se cierra el ojo con el águila americana de Bill…

Son las luces y sombras de Gangs of New York. Donde Martin Scorsese ofrece una melodía de una obra inacabada… grandiosa e imperfecta.

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… Una breve y pequeña noticia de cine: vuelven Jesse y Celine

He leído que vamos a saber más de Jesse y Celine… supimos de ellos antes del atardecer, antes del amanecer y ahora nos queda un anochecer en Grecia. ¿Qué les ha pasado en todo este tiempo? ¿Cómo continua su historia?… Han pasado ya nueve años desde que les dejamos a los dos en casa de Celine en París… ¿Cogió Jesse el avión? ¿Se quedó con Celine? ¿Se separaron? ¿Siguieron juntos? ¿Cómo serán ahora sus sueños, sus frustraciones, sus alegrías y sus dolores? Me apetece volver a escucharles… Tienen mucho que contarme.

Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy siguen mimando a Jesse y Celine… y a su historia en común.

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… Sobre Habemus Papam de Nanni Moretti y la actualidad

El otro día leí una noticia que centró mi atención: había muerto el cardenal Carlo María Martini de 85 años y antes había dejado una última entrevista. En esa última entrevista Carlo María decía que la Iglesia actual es anticuada y cansada (dándole el significado de sin viveza alguna, trasnochada, acomodada) y que tenía que pensar seriamente en el cambio y para ello lo primero debía reconocer los propios errores. También advertía de que “nuestros rituales y nuestros vestidos son pomposos” y que más les valdría fijarse en hombres realmente libres y más cercanos al prójimo como Óscar Romero o los jesuitas de El Salvador y muchos más… Trataba todo tipo de temas, por ejemplo, comentaba que la Iglesia debía modernizarse y pensar: “las preguntas sobre la sexualidad y sobre todos los asuntos que competen al cuerpo son un ejemplo. Debemos preguntarnos si la gente escucha todavía los consejos de la Iglesia en materia sexual”… El cardenal Carlo María Martini se veía que dialogaba, pensaba y cuestionaba… Vamos este cardenal, creo, era y es toda una rareza en el Vaticano. No sé qué pensaría además de las noticias y la forma de actuar de las altas esferas religiosas aquí por estas tierras…

Y entonces me vino a la cabeza Habemus Papam de Nanni Moretti. Recuerdo que algunas cosas que se comentaron en su día sobre esta interesante película es que Moretti no había sido suficiente crítico y sin embargo para mí es demoledor de principio a fin presentando una Iglesia trasnochada, totalmente ajena a la realidad, y muy cercana a una representación teatral, donde ya no tiene sentido que se ofrezca un Papa como “guía espiritual”. Tiene varias escenas clave:

La reunión para la elección del siguiente Papa donde se oye la voz en off de los ancianos candidatos suplicando que no sean ellos los elegidos… Lo caricaturesco de sus rituales (y el tratamiento recibido en los medios de comunicación) que son presentados como una rareza y la propia extravagancia de cada uno de los personajes.

La visita a escondidas del nuevo candidato a Papa, que ha sufrido un ataque de pánico ‘escénico’, a una psicóloga. Ésta le pregunta que cuál es su profesión y él  sonriendo ilusionado contesta que actor de teatro. Y describe su ‘trabajo’.

La intrusión del psicoanalista ateo a un mundo totalmente aislado del exterior que provoca extrañeza al profesional y que encerrado de manera kafkiana se introduce de pleno en los rituales de los ancianos de la iglesia. E incluso les organiza ‘juegos’, organiza una especie de recreo para sobrellevar la espera… ante la imposibilidad que tiene de que cada uno emplee el razonamiento para entender por qué se encuentran en esa situación. La insistencia en ese aislamiento en el que viven, su desconocimiento del mundo exterior (que parece no importarles en absoluto)… Tal vez lo más llamativo del Vaticano de Nanni Moretti es que lo presenta de una manera naif e ‘inocente’, es decir, no refleja que además de lo obsoleto y del aislamiento, sí que es un reducto de poder donde existen las luchas internas y que este reducto sigue empeñado en mantenerse y perdurar…

En una escena, que a mí particularmente me gustó bastante, se escucha una canción de fondo de Mercedes Sosa que dice: “Cambia lo superficial/ Cambia también lo profundo/Cambia el modo de pensar/Cambia todo en este mundo/Cambia el clima con los años/Cambia el pastor su rebaño/Y así como todo cambia/Que yo cambie no es extraño”. Y que en definitiva es la clave de toda la película.

Y, por último, el demoledor discurso final de ese Papa que no quiere ser Papa: “En este momento la Iglesia necesita un guía que tenga la fuerza necesaria para hacer grandes cambios y que busque el encuentro con todos, que tenga amor y capacidad de comprensión…”. ¿No son muy parecidas estas palabras a las del cardenal Carlo María Martini?

El cine sí que ha reflejado esa ‘otra iglesia’ siempre silenciada, esa otra iglesia que razonó el cardenal Carlo María Martini debería existir. Una iglesia avanzada, más coherente con lo que dice, que avanza con los tiempos y que está al lado de ese prójimo que tanto nombran, una iglesia que muestra comprensión ante el mundo en el que habita… Hace relativamente poco volví a ver Lloviendo piedras de Ken Loach y el personaje clave es un cura de barrio que sí que se ‘moja’ y sí que conoce la realidad de aquellos que acuden a su parroquia. Y es el que protagoniza el momento clave de la película, el que escucha a un hombre roto y asustado y le aconseja cómo actuar y el espectador, creyente o no, le da toda la razón. Un cura que dice a este hombre roto y asustado: “Las personas como tú tienen hambre de justicia. En el nombre de Cristo, que da el pan de la vida… y tú lo mereces”. La justicia a la que se refiere es una justicia social.

Así que esto es todo lo que me hizo pensar una noticia del periódico…

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Viaje incompleto al universo de Wes Anderson

Viaje incompleto y en sentido inverso… porque he tardado en atreverme en abrir la puerta y sumergirme en un universo que no sabía si iba a conectar o no conmigo. Así que todo el verano mis ojos se quedaban fijos en el cártel de Moonrise Kingdom y no me decidía si pasar el umbral de la sala de cine o no. Y una calurosa tarde me metí y el universo peculiar de Anderson me atrapó.

Y un paso me llevó a otro. Llevaba tiempo también esperando que me entregaran dos dvd que había encargado del director. Este verano me ha tocado descubrir a Wes. Y después de regresar a los tiempos de campamentos de verano en Moonrise Kingdom, otra tarde me llegaron las ansiadas películas: Fantástico señor Fox y Viaje a Darjeeling con el cortometraje Hotel Chevalier.

Así he empezado este viaje incompleto por el mundo propio de Wes Anderson y lo que llevo de trayecto me ha animado a realizar más paradas y esperar nuevas aperturas.

Wes Anderson realiza un canto continuo al que se siente y es diferente. Sus protagonistas son perdedores que se sienten solos y son percibidos como raros pero con ganas de estrechar vínculos, de querer a otros seres humanos más extraños que ellos mismos. A convivir a pesar del dolor que les provoca el relacionarse con el otro. Sus familias son disfuncionales pero que siempre tratan de reconstruirse, reinventarse y amarse. Wes Anderson canta a la naturaleza que tiene cada uno, a ser fieles a uno mismo… si se tiene una naturaleza salvaje como toda la familia del señor Fox, no ocultarla…

Su universo guarda melancolía, nostalgia, un poso de tristeza pero también de ingenuidad, inocencia, un deseo de ser amado. Su universo es amante del detalle y absolutamente artesanal (en un mundo de nuevas tecnologías, 3D, animación por ordenador… Anderson opta por una cinta de animación absolutamente artesanal realizando decorados a mano y marionetas de las de toda la vida. Fantástico señor Fox es toda una joya de la imaginación y el detalle). La fantasía y la imaginación van de la mano. Su universo es visual, cuidado extremo en la arquitectura elegida, en los espacios, en los colores… Las casas, los trenes, los supermercados, los campamentos, las habitaciones de hotel, los complementos de los protagonistas, las maletas, los prismáticos, los libros, los paisajes, el vestuario… Todo al servicio de un mundo propio, su mundo. Y a ser posible siempre con una buena banda sonora. Por eso sus personajes siempre portan una radio vieja, un tocadiscos o un moderno ipod… Y siempre hay un momento para un baile o una canción. El movimiento de los cuerpos, los silencios… Los recuerdos que hacen daño. La posibilidad de un futuro distinto.

Anderson viaja en cada película con una troupe. Y eso se ve sobre todo en que siempre viajamos con Bill Murray, Angelica Huston, Jason Schwartzman, Owen Wilson… pero a la vez ofrece papeles inesperados a actores que sorprenden (me arrodillo ante el policía triste y aburrido de Bruce Willis en Moonrise Kingdom… Y es que Willis es uno de mis amores inconfesables… huy, ya lo he dicho) con sus interpretaciones. Entre paréntesis hablaba de Bruce Willis pero la galería es alargada. En la misma Moonrise Kingdom nos encontramos con un maravilloso Edward Norton, como un boy scouts eterno. O la maravillosa y atrayente voz de George Clooney como el fantástico señor Fox. La triste y atractiva Natalie Portman como esa novia independiente y dependiente a la vez en un cortometraje genial en la habitación de un hotel. O un Adrian Brody icónico con gafas oscuras y maletas peculiares (como las que llevan sus hermanos… es la herencia paterna) en ese viaje a Darjeeling…

Wes Anderson atrapa la inocencia perdida, el primer amor, los viajes espirituales, las familias disfuncionales, las aventuras con su punto de surrealismo, el grupo unido jamás será vencido (aunque sean raros, raros, raros)… Y nos muestra su amor incondicional no sólo a todo tipo de música (es ecléctico y maravilloso en sus bandas sonoras) sino un cariño inusitado a la literatura, a los mundos fantásticos y mágicos… por eso el Señor Fox es una creación particular del universo literario de Roald Dahl o la niña de Moonrise Kingdom no puede escaparse sin su maleta repleta de libros sobre mundos mágicos…

Anderson baila con su cámara y como si los espectadores observáramos la vida con prismáticos nos muestra sus mundos primorosamente creados para que no se nos escape detalle. Su puesta en escena y su forma de mostrar ya es un sello de su universo. Así conocemos de manera detallada las habitaciones y la vida en la casa familiar de la protagonista en Moonrise Kingdom. Paseamos por el mundo subterráneo o por la maravillosa casa árbol de la familia Fox. Nos paramos en todos los detalles de una habitación de hotel. O nos adentramos en ese tren fantástico de pasillo largo y estrecho con compartimentos estrellas como el vagón-comedor…

Mi próxima parada no sé cuál será… creo que seguiré este viaje en sentido inverso para después, como sus personajes, poder avanzar a un futuro distinto… lo que sí es cierto es que una vez que has entrado en el universo Anderson quieres continuar el trayecto… y correr en cámara lenta para alcanzar un lugar retirado y hablar en silencio. Quizá caiga alguna lágrima… o una sonrisa tranquila.

La ventana ya está abierta…

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Los fantasmas en el cine

… el cine tiene algo de fantasmagórico. Podemos ver plasmadas imágenes en movimiento de personas que ya no existen. Actores que representan personajes que no son y sin embargo les dan vida…El cine hace que no se deje de creer en fantasmas y en espíritus que regresan a la vida. El cine, resucita. Me viene a la cabeza un delicioso cuento de Vicente Blasco Ibáñez, La vieja del cinema, que de vez en cuando vuelvo a leer porque me fascina. Trata sobre una anciana vendedora ambulante que ha perdido a su nieto en la Primera Guerra Mundial. Un día acude a una sala de cine y reacciona de manera irracional… La mujer se ha emocionado porque en una escena de una película ha creído ver a su nieto resucitado…

Y todo este extraño pensamiento me viene a la cabeza porque ayer disfruté con una película actual pero con una factura clásica, un cuento de fantasmas de los de toda la vida. Con una casa encantada espectacular, unos juguetes infantiles para morirse de miedo, niños en peligro, ruidos extraños, puertas que se cierran y se abren, mecedoras que se mueven, perros que ladran… y un protagonista melancólico y triste que es más sensible a lo sobrenatural. La película en sí no es ninguna obra maestra pero no es lo que persigue. Sólo es una buena historia de fantasmas con una puesta en escena inteligente y elegante. Me refiero a La mujer de negro de James Watkins con el nostálgico sello de la Hammer.

Como mientras la veía, la disfrutaba, recordé lo que me gustan las historias con fantasmas. Y por tanto lo que me gustan las películas protagonizadas por fantasmas. Y la cantidad de argumentos maravillosos y el juego que dan estas apariciones. Así echo una vista al cine reciente y los veo por todas partes. Los fantasmas no tienen nacionalidad. Los fantasmas pueblan buenas y malas películas. En el 2010 el realizador tailandés Apichatpong Weerasethakul nos trajo Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas donde los vivos conviven con los fantasmas de una manera cotidiana. Como algo natural y normal.

El cine español también últimamente ha jugado a los fantasmas. Entre lo cómico y lo trágico. Por estas tierras somos así o nos vamos al drama o nos vamos a lo cómico. Somos país de extremos. Así hace poco en Promoción fantasma, su director Javier Ruiz Caldera realizaba un homenaje a las películas de instituto y terror de los ochenta con acento fantasmal. O quedó clara la conversión de Belén Rueda en la reina del grito con El orfanato, la película de fantasmas que permitió a Juan Antonio Bayona entrar en el mundo de las superproducciones. Sin embargo fue Amenábar quien en 2001 regaló un buen relato cinematográfico de fantasmas con aires de Henry James. Los Otros he de reconocer que me atrapó totalmente. Desde ese grito que pega Nicole Kidman al principio del relato que ya te envuelve… y no te suelta. Por nuestras tierras las historias de fantasmas existen y por eso en nuestro cine están muy presentes…

Pero sin duda quien volvió de nuevo a hacernos creer en fantasmas fue M. Night Shyamalan. Estábamos a punto de cruzar el siglo XXI y nos regaló una historia que nos hizo ver que todavía nos asustaban las mismas cosas que a nuestros antepasados (que a nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos), los fantasmas. El sexto sentido… y ese niño aterrorizado que confiesa a su psicólogo que en ocasiones ve muertos… fue una vuelta de tuerca al mundo de los fantasmas. Nos creíamos libres de su influencia pero Shyamalan nos demostró que esto no era cierto…

Si nos seguimos moviendo en el terreno del miedo. De los fantasmas como algo relacionado con los sobrenatural. Con el más allá. Que provocan el pánico. Siempre regresamos a La otra vuelta de tuerca de Henry James que tiene una de las adaptaciones cinematográficas más fascinantes (son varias las versiones) en Suspense (1961) de Jack Clayton. La novela ha sido fuente de inspiración cinematográfica innumerables veces. O regresamos a otro de los grandes hitos del terror con casa encantada y fantasmas. Nos vamos de la mano de Stanley Kubrick a su terrorífica adaptación de la novela de Stephen King, El resplandor.

Los fantasmas también están unidos al amor más allá de la muerte. Así tenemos románticas historias cinematográficas donde los fantasmas campan a sus anchas. Nos podemos ir a uno de los mayores éxitos de principios de los noventa y una de las películas que peor ha envejecido de los últimos tiempos (y por ello de las más parodiadas), Ghost: más allá del amor… donde Patrick Swayze ayudaba a modelar arcilla a Demi Moore… y luego se transformaba en un fantasma que trataba de vengar su propia muerte y seguir velando por su pobre esposa que se quedaba sin su santa protección. Menos mal que el cine clásico nos deja varias obras maestras: la maravillosa El fantasma y la señora Muir… el fantasma como un ser sobrenatural cotidiano que es capaz de enamorarse locamente de la señora Muir y ella también le corresponde. La mágica Jennie, una especie de niña-mujer que en sus fugaces apariciones va enamorando poco a poco a un abatido pintor que va viendo cómo su ‘amada’ se transforma a una velocidad de vértigo. O sin duda la más gótica y romántica de todas las historias de loco amor más allá de la muerte… con fantasmas incluidos, las distintas versiones de Cumbres borrascosas.

Pero también los fantasmas pasearon por el humor. Así de los años ochenta nos vienen también los míticos Cazafantasmas, que volvieron a revivir en la entrañable Rebobine, por favor. Pero ya había antecedentes: quién no recuerda la mítica emisión en televisión española de la película de Abbott y Costello, ¡Agárrame ese fantasma! (1941), en el programa de Chicho Ibáñez Serrador, Mis terrores favoritos, un 28 de diciembre. Por ahí también pululan fantasmas alborotadores como Bitelchus. O algún espíritu burlón femenino capaz de hacer la vida imposible a la nueva y viva enamorada de su marido novelista…

Los fantamas generan también ternura como ese niño que se pasa todo un secuestro disfrazado del fantasma Casper en la maravillosa Un mundo perfecto de Clint Eastwood. También el cine nos quiere hacer creer en fantasmas que no existen como en las maravillosas Vértigo, Rebeca o Las diabólicas. Los fantasmas como ya he dicho antes no tienen nacionalidad, sin embargo, hay culturas que conviven con más naturalidad con ellos. Y ahí está el cine oriental, el chino, el japonés o el coreano para demostrarlo… tienen metros y metros de fotogramas con fantasmas.

No hay duda los fantasmas siempre están presentes en el cine. Incluso el propio cine… los actores y actrices vivos o muertos que son ‘reflejos’ de infinitos personajes en la pantalla blanca tienen una cualidad de espíritus que seguirán siempre vivos a través del movimiento. Que seguirán siempre vivos en la retina de los espectadores…

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Cadeneta de curiosidades cinéfilas

1.- Cada diez años la revista británica Sight and Sound realiza su mítica lista de las mejores películas de la historia del cine. Y este año la lista se ha convertido en noticia porque Vértigo de Alfred Hitchcock ha desbancado a Ciudadano Kane de Orson Welles. Casualidades de blog, cuando escribí hace unos días el post sobre Vértigo no tenía ni idea de esta noticia (¡me encantan las casualidades… que todo de alguna manera resulte conectado!)… A mí estas listas me gusta repasarlas, me agradan que se hagan pues creo que son útiles en cuanto que permiten que descubra más películas que me quedan por ver… Y también me gusta que se vayan modificando pues eso quiere decir que las miradas se amplían y que se descubren nuevas obras cinematográficas que pueden aportar más a nuestro gusto cinéfilo. En cuanto Vértigo y Ciudadano Kane las dos son películas de análisis muy ricos y que aportan infinitas miradas. Es un placer visionarlas y poder después desentrañarlas con sumo cuidado…

2.- Marilyn Monroe sigue en primera plana. Se han cumplido cincuenta años de su fallecimiento y ha vuelto a monopolizar portadas de diversas revistas, han vuelto a vertirse litros de tinta sobre su figura y los distintos canales de televisión han ofrecido distintos homenajes bien a través de documentales o proyectando sus películas. De nuevo hemos visto sus múltiples fotografías… y su dimensión trágica así como su conversión en icono del siglo XX. A mí me gusta recordarla como la Cheryl de Bus Stop.

3.- También me he enterado de la muerte de una de esas actrices secundarias míticas: Celeste Holm. Ella es sobre todo recordada por el papel de Karen, la amiga de Margo Channing, en la maravillosa Eva al desnudo. Pero hubo en otro papel que también me encantó y fue también de amiga sensata (eterna amiga), esta vez de Gregory Peck en la interesante La barrera invisible de Elia Kazan.

4.- Ayer vi por televisión Dos mujeres (1960) de Vittorio de Sica que volvió a estremecerme y que desgraciadamente no pierde vigencia. Y me resultó curioso porque hacía poco en otro canal habían emitido una versión que no conocía que se realizó en 1988 para televisión y también con Sofia Loren como protagonista. Y ésa la pillé ya empezada y por el final pero como la de De Sica hacía mucho que no la había vuelto a ver en un principio dudé… pero no me pegaban muchas cosas que fueran de De Sica ni tampoco la recordaba en color… Así que con la emisión de ayer de la original quedaron totalmente aclaradas mis dudas… Me encantó encontrarme (pues no lo recordaba) con un papel relevante y bonito a Jean Paul Belmondo.

5.- Ayer también pude ver pero tan sólo un poco y no entera una película que no vi en su momento Por encima de todo con Michelle Pfeiffer de protagonista (y me he quedado con ganas de verla entera) que empieza con el asesinato de John F. Kennedy. Así me vino a la cabeza la cantidad de veces que el asesinato de John F. Kennedy ha sido reflejado en la pantalla cinematográfica (en breve además se estrena en televisión una serie sobre los Kennedy y seguro que también mostrará el asesinato…). No hay duda de que este asesinato es una de las secuencias de la historia del siglo XX más vistas. Por ejemplo, hace poco volví a ver Sirenas de Richard Benjamin y el asesinato de Kennedy ocupa una importante parte de la trama. O aquellas películas que tratan directamente el tema como JFK de Oliver Stone o la desconocida Acción ejecutiva con Burt Lancaster… En cada uno de estos reflejos el punto de vista y el impacto en los personajes es diferente así como la interpretación sobre lo que ocurrió realmente…

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