A Alfredo (39escalones. Reflexiones desde un rollo de celuloide). Lo prometido es deuda. Ahí va un intento de responder a tus preguntas con la esperanza de que no llegues a clavarme los colmillos en mi desgraciado cuello.

 ¡Me quedaré sin voz pero NO sin el teclado de mi vieja máquina de escribir!

 

Grandiosa e imperfecta. Entre estos dos adjetivos navegan las luces y sombras de Gangs of New York. Obra inacabada y épica. Los contrarios se encuentran en los suburbios de New York. En toda épica se rememora un pasado. Se reconstruye, con elementos de realidad y de ‘mitología’, un acontecimiento histórico. En la épica puede haber un narrador. En Gangs of New York es el propio héroe el que reconstruye entre ensoñaciones, “vagos recuerdos”, leyendas urbanas e imaginación la batalla entre pandillas para dominar la zona de Five Points en 1846. En esa violenta batalla a Ámsterdam Vallon se le quedan grabadas varias imágenes, varios rostros, una frase de su padre (que le indica que no limpie la sangre de una navaja con la que se ha cortado la cara. La sangre debe permanecer en la hoja)… y la muerte de éste en las manos de su rival, Bill El Carnicero, aquel que porta un ojo de cristal con el águila americana.

Pero ésta es una historia épica de la otra historia América. De la América que nadie quiere ni recordar ni ver, de la América de los bajos fondos, de los suburbios, que también formaron parte de la Historia. Es el enfrentamiento entre los Nativos que ven como amenaza a los que llegan en barcos desde el otro lado del océano, como esos irlandeses que forman los Conejos Muertos, la otra pandilla dispuesta a encontrar su sitio. Y por eso es una triste historia de supervivientes…

Primera batalla

Y aquí nos encontramos con la primera escena impresionantemente contada. La preparación de la batalla en una especie de catacumbas con signos religiosos y bíblicos. En primer lugar marcha el líder que toma de la mano a su hijo. Detrás se van uniendo todos los que se van a acudir a la lucha hasta llegar a una puerta donde está el mercenario del mazo con las muescas que matará junto a los Conejos Muertos a cambio de dinero… Oscuridad. Éste, el mercenario, pega un patadón a la puerta y se vislumbra un Nueva York blanco y nevado… Contraste. Salen a la zona y se extienden en fila, como un muro… y pronto van apareciendo los rivales con sus especiales atuendos (unos llamativos sombreros de copa). Quedan frente a frente.

Scorsese llevaba años queriendo realizar este proyecto descabellado (como muchos de los proyectos cinematográficos de los cachorros del Nuevo Cine Americano… proyectos grandiosos en los que se arruinaban o arruinaban, rodajes de infierno, para vomitar obras como Las puertas del cielo de Michael Cimino o Apocalipsis Now de Francis Ford Coppola. Proyectos que o acababan con sus carreras o les daban el éxito definitivo. O caían y volvían a surgir como aves fénix). El director cuenta que en 1970, en una reunión de amigos, se topó con la crónica histórica escrita en 1928 de un periodista Herber Asbury, Gangs of New York. Bandas y bandidos en la Gran Manzana,1800-1925 (¡Francisco todavía no me lo he leído!). Le interesó lo que ahí se contaba y removió en su bagaje histórico, en las leyendas urbanas, tomó varios personajes, mezcló otros… para que surgiera un universo propio que no pudo poner en pie hasta que llegó el siglo XXI. Y los hijos de los supervivientes de Gangs of New York poblaron las primeras películas de Scorsese. Esa América de bajos fondos tiene a sus herederos en el New York cinéfilo de Scorsese. Por eso Gangs of New York tiene sentido en la evolución de su carrera cinematográfica. Ahí están los bisabuelos o los tatarabuelos de los personajes de Malas calles, Taxi Driver o Uno de los nuestros.

 

Amsterdam Vallon y Bill El Carnicero

Nos encontramos que ese niño que vio la batalla ahora es un joven que acaba de dejar un reformatorio en 1863 y que vuelve a Five Points para encontrarse el mismo caos que cuando se marchó pero bajo el mandato de Bill El Carnicero, máximo jefe de las pandillas. “No era una ciudad era un horno”. Y toda la imaginería del caos presente para describir un momento convulso… los momentos previos a los disturbios provocados por los alistamientos obligatorios de la Unión para luchar en la Guerra Civil Americana. Poco a poco se va desarrollando esta situación que va a ser el detonante que ‘engulla’ la historia personal de los personajes protagonistas y que estalle en los disturbios finales.

Otra de las escenas magistrales es un plano secuencia que muestra cómo según llegan irlandeses a la tierra prometida en grandes barcos los reclutan como voluntarios para La Unión y para que a cambio de sustento para sus familias vayan directos al campo de batalla. Bajan del barco, van a las mesas de alistamiento, les dan sus uniformes y les suben a otro barco para luchar en una batalla que no es la suya… mientras de ese mismo barco van descendiendo un montón de ataúdes de soldados muertos…

Amsterdam Vallon, héroe épico, cree que tiene una misión: vengar a su padre. Es esa obsesión la que le ha convertido en un superviviente. Y se ha entrenado a fondo para ello (entre otras cosas no ha muerto). Vuelve al mismo sitio donde se celebró la batalla y descubre el distinto destino de los que lucharon junto a su padre (uno se ha vuelto policía corrupto, el otro es uno de los hombres de confianza de Bill, la otra está alcoholizada, el mercenario sigue siendo independiente y es coherente con sus acciones…). Ahora los Conejos muertos se han dispersado. Nadie habla de ellos. El único que venera la memoria del sacerdote Vallon es el propio Bill, porque le considera un rival digno y a su altura. Y todos los años celebra el aniversario de la victoria en la batalla entre pandillas. Ahí será, en esa celebración, donde Amsterdam pretende ejecutar su venganza. Pero para ello se trabaja, al lado de una pandilla de rateros (donde está un niño que le ayudó a intentar huir del reformatorio al finalizar la batalla donde murió su padre), el acercarse e ir ganando méritos para convertirse en persona grata para Bill El Carnicero. Y poco a  poco vamos viendo su ascenso al ‘poder’. Así se establece una relación de admiración mutua entre dos supervivientes del Five Points… algo que Vallon no es capaz de controlar porque El Carnicero se transforma en una figura paterna que no pudo tener… Y para El Carnicero, el joven Ámsterdam es el discípulo avanzado que puede seguir su legado…

Y mientras, el caos y los contrastes siguen en un caótico New York que va mostrando una brutal y salvaje brecha entre las distintas clases sociales. Se nos muestra la diferencia de oportunidades y de vida en ese New York residencial ajeno a la situación que hierve en Five Points de la mano de la raterilla (protegida de Bill El Carnicero y enamorada de Ámsterdam) Jennie, que ejerce de tórtola en los barrios altos. Es decir, va a las grandes residencias disfrazada como una criada del servicio y se inmiscuye en las casas para realizar sus hurtos. Grandes casas neoyorquinas donde transcurrirá años después, alrededor de 1870, la historia de La edad de la inocencia. La visión de Scorsese al New York de Edith Warthon.

Así conocemos algunas familias de la zona alta que sólo se dignan a visitar Five Points para observar el ‘espectáculo’ de la miseria y hacer sus ‘obras de caridad’. También están interesados en Five Points los políticos corruptos que ven la posibilidad de muchísimos votos que les ayuden a escalar en el poder. De vez en cuando se toman medidas drásticas para mostrar a unos y a otros que se ‘combate la criminalidad endémica’ y entre el político de turno y Bill El Carnicero se preparan unos ahorcamientos que sirvan de ejemplo y de que se van a tomar futuras medidas reformistas… Otra de esas escenas imprescindibles: el ahorcamiento de los cuatro rateros y a continuación la celebración de un baile para los ciudadanos de Five Points donde se afianzará la relación entre Amsterdam y Jennie (y también el conflicto para que no prospere su relación)… El juego de los espejos y el baile de las velas de los dos amantes. Contraste brutal.

Amsterdam sigue su ascenso hasta que un día en un teatro popular (espectacular puesta en escena) ve que El Carnicero va a sufrir un atentado y le salva… en ese momento el joven se da cuenta del rumbo distinto que están tomando los acontecimientos. Se da cuenta de que está perdiendo la cabeza y el norte. De que se está desplazando del plan de venganza. Que algo no está saliendo bien. Que sus sentimientos están revueltos. Ahí está el mercenario que ya le ha reconocido como el hijo del sacerdote y le advierte de que todo se está convirtiendo en una tragedia shakesperiana (o como en la mitología en una lucha extraña entre dioses)… y le pone otra vez en vereda. Le dice que sea listo que no sea un “cachorro irlandés ignorante y bárbaro, como tu padre” pero también le habla de que por lo menos su padre quería a los suyos y luchaba por una vida mejor para todos… Ahí el joven Amsterdam sufre una catarsis envuelto en mujeres desnudas, alcohol, opio y su enemigo admirado, El Carnicero. Delante de todos y borracho se levanta y dice: “Estamos en deuda con él”… Ahí también decide arriesgarse y aunque sabe que es la protegida de Bill, meterse de lleno en su relación con Jennie.

Y entonces ocurre otra escena íntima brutal y es un Bill envuelto en la bandera americana herido frente a la cama donde duermen Jennie y Amsterdam juntos. Y donde éste confiesa a un Amsterdam en éxtasis de donde viene su brutal supervivencia: “¿Sabes cómo me he mantenido vivo? Por el miedo. Eso mantiene el orden de las cosas?”. Le explica que él y el sacerdote tenían los mismos principios y les separaba la fe. Y se convierte en profeta: “La civilización se viene abajo”…

La transformación del héroe de los bajos fondos…

A partir de este momento Amsterdam fracasa en su intento de atentado (toda la puesta en escena de la fallida muerte de Bill por parte del joven en la fiesta de conmemoración de la batalla es un alarde de ritmo y suspense) y fracasa como líder porque no ha ido más allá… Es el amigo de la infancia, un joven irlandés superviviente como él, el que le traiciona. Todos están separados. Bill no mata a Amsterdam porque “no merece que yo lo mate” pero sí le clava un puñal y le destroza la cara a cabezazos.

Cuando Amsterdam se recupera junto a Jennie que le cuida… entiende que ése no era el camino. La venganza personal. Una venganza en solitario. Y ahí vuelve el mercenario que guardó durante años la navaja de su padre, quien le pone en un camino que puede poner en peligro la ‘estabilidad’ de Bill. Amsterdam se convierte en un líder que vuelve a unir a los irlandeses, a las antiguas pandillas, para que vuelvan a encontrar, todos juntos, su sitio. Revive el espíritu de los Conejos Muertos y reta a Bill. Se convierte en otro líder a tener en cuenta en Five Points… pero ya nada de esto tiene sentido.

… lo que menos importa es la venganza

Porque es la Historia con mayúsculas lo que cambia el rumbo de la ciudad de manera brutal. Y el destino de Jennie que no puede soñar con llegar a San Francisco, o el sueño de Vallon de encontrar un sitio para los suyos, o el sueño de Bill de perpetuar su reinado del terror… los disturbios que ponen en evidencia las brechas entre las clases sociales, las injusticias, las contradicciones brutales de la guerra (por ejemplo, los brutales linchamientos a los ciudadanos afroamericanos), el polvorín de una ciudad de rica multiculturalidad (que se fusiona… música irlandesa y bailes africanos… claqué y jazz) que estalla en sus bajos fondos porque no hay posibilidades de futuro o de justicia social… sólo el acudir a una guerra (y una vuelta en ataúd) porque no pueden pagar los 300 dólares que sí pueden los hijos de las familias pudientes (los que llevan la batuta de la guerra). Y ese polvorín es silenciado con una represión brutal por un ejército ordenado y frío que avanza y mata.

Y en ese contexto histórico el enfrentamiento personal entre Amsterdam y Bill queda como una triste y estúpida caricatura… porque a nadie le importa cómo mueren ni su historia personal de supervivencia… Son seres anónimos. Es una triste historia irlandesa o una triste historia americana. Terminó la épica. Se cierra el ojo con el águila americana de Bill…

Son las luces y sombras de Gangs of New York. Donde Martin Scorsese ofrece una melodía de una obra inacabada… grandiosa e imperfecta.

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