La caída de los dioses (The damned, 1969) de Luchino Visconti

La caída de los dioses es una historia sobre la decadencia. La condena de una familia de industriales devorada por el poder y por el sistema nazi. Luchino Visconti ofrece un retrato demoledor sobre el ascenso del nazismo y su mella en una familia de empresarios de la acería que se devoran unos a otros y sobre todo son seres esperpénticos y dirigidos como marionetas por un misterioso y siempre presente oficial de las SS que dirige como nadie los hilos de la caída inminente. El oficial de las SS al que algunos personajes se dirigen a él como primo es el único personaje del que nunca sabemos el apellido sólo su nombre Aschenbach (con el rostro del inquietante Helmut Griem al que recordaréis como el aristócrata bisexual del Cabaret). Y es él el que dirige la función y logra extender los peores sentimientos de la familia Essenbeck llevándola a la destrucción absoluta. La familia Essenbeck muestra una Alemania dividida y una sociedad enferma que produjo el horror.

Visconti lleva de la mano al espectador a un mundo espeluznante y depravado, decadente donde las bajas pasiones surgen con facilidad. Para ello Visconti elige una historia que lleva al extremo la tragedia y el horror todo envuelto en unas gotas de barroquismo, drama shakesperiano y ópera trágica. Y es tanta la decadencia que es una película dura de ver pero alguna de sus escenas se quedan en la retina por cómo están coreografiadas por un amante de la ópera y de la cámara cinematográfica.

Esta obra de marionetas depravadas empieza con una cena familiar alrededor del patriarca Joachim von Essenbeck y ahí nos son presentados cada uno de los personajes y el tono de la narración. Esa misma noche arde el Reichtag, corre el año 1933. Joachim se da cuenta de que para seguir manteniendo en lo más alto a su empresa debe, aunque no le hace mucha gracia, aliarse con los nazis, de esta manera cede la vicepresidencia a un hijo suyo afiliado a las SA (grupo paramilitar del partido nazi alemán, que más tarde fueron absorbidos por las SS. Su uniforme era pardo para diferenciarlo del negro de las SS, aspecto empleado por Visconti en la ambientación cuidada y perfecta de la película), Konstantin (René Koldehoff) que sonríe tras su triunfo frente a su hermano Herbert (Umberto Orsini) totalmente opuesto al régimen nazi y que ve con horror el avance de una ideología que no comparte. También, aparece la cuñada de ambos, viuda de un tercer hermano muerto en la batalla (Primera Guerra Mundial), la hermosa Sophie (Ingrid Thulin) con hambre de poder y amante del hombre de confianza de la empresa, de ambición desmedida, Frederick Bruckmann (Dick Bogarde). Ambos se creen dueños de la situación y tejen a su alrededor una trama para hacerse con el poder de la empresa…, todo orquestado por el oficial de las SS, siempre con sonrisa tranquila y cabeza fría.

Sophie tiene un hijo Martin (escalofriante y bello Helmut Berger), joven lleno de complejos, confuso y depravado que evoluciona a las altas cumbres de las SS sembrando la destrucción a su alrededor. Su primera aparición es impresionante, de joven cabaretera rubia a lo Marlene Dietrich. Konstantin cuenta con otro joven hijo rebelde, Gunther (también hermoso Renaud Verley) intelectual, músico y buen estudiante que siente admiración y cariño por su tío Herbert y familia que ante el giro y el horror que vive sembrará en su mente el odio absoluto que servirá para las acciones futuras del maquiavélico Aschenbach, por supuesto presente en la cena y ya haciendo sus cábalas y dirigiendo los hilos. Y Herbert tiene a su lado a lo que más ama su hermosa esposa (bella Charlotte Rampling) y sus dos hijas pequeñas. Ésta será la última noche en que se les verá a todos juntos y es el comienzo de la destrucción y la decadencia.

Visconti lleva al paroxismo la depravación y la ambición de poder así como la destrucción que siembra el nazismo. Sólo mencionar dos de las escenas más escalofriantes ante el abanico de horror que se despliega a lo largo de los fotogramas. Por una parte la fiesta barroca de los SA en paraje hermoso lleno de cánticos, de jóvenes hermosos que se travisten y mayores que los admiran, de litros de alcohol hasta el amanecer…, como si de una ópera se tratara, hermosas escenas de fiesta y horror pasan ante nuestros ojos que culminan con la llegada de los SS con sus uniformes negros que van pasando por cada uno de los aposentos de la fiesta: bar, dormitorios, exteriores… y con sus metralletas van matando a cada uno de los miembros de las SA que han asistido al evento. O esa boda tétrica final con una Thulin de Lady Macbeth a marioneta con cara blanca y un Dick Bogarde elegante, derrotado y con todos sus sueños de grandeza destruidos ante la mirada de un Martin en uniforme negro que sin piedad alguna crea un macabro y decadente ritual.

Visconti crea una obra incómoda donde más que personajes hay marionetas deformadas que forman parte de una horrorosa pesadilla donde los espectadores asisten al corazón de una familia con el alma enferma donde a los únicos cuerdos les hacen desaparecer muy pronto. Tan sólo queda un Gunther adolescente al que su odio (tras la muerte del padre —aunque le rechaza es su padre— y su impotencia ante el brutal destino de toda la familia de Herbert) le llevará al seno del que mueve los hilos de todos los Essenbeck, el rubio y misterioso primo Aschenbach.

El realizador crea una obra barroca con momentos apreciables pero es tal la tragedia, el paroxismo y la exageración que deja, a veces, insensible a un espectador que mira asombrado un espectáculo-pesadilla lleno de horrores, de destrucción, de interrogaciones sin cerrar y con unas marionetas frágiles de almas rotas y cerebros depravados.

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El pirata (The pirate, 1948) de Vicente Minnelli

Los musicales de MGM y del productor Arthur Freed han protagonizado páginas inolvidables en la historia del cine. Incluso los detractores del cine musical reconocen que algo mágico transcurría durante estas producciones: elegancia, perfección técnica, un uso del color excelente, intérpretes inolvidables, los mejores compositores y coreógrafos, bailarines que volaban…

El musical que hoy nos ocupa tenía todos los ingredientes para ser un éxito. Sin embargo, no lo fue. El público no llenó las salas y ha sido una de esas producciones parecidas al buen vino según han ido pasando los años se ha ido revalorizando.

El pirata contaba con un director, cuya elegancia nunca ha sido puesta en duda, y rey de musicales y melodramas: Vicente Minnelli. En 1944 había realizado Cita en San Luis donde demostró su arte en este género y logró sacar todo el partido de una Judy Garland-divina que además se convirtió en su mujer. Por otra parte, en el reparto además de estar su esposa, Garland, también estaba otro de los grandes del género, el bailarín, coreógrafo y actor Gene Kelly (las coreografías de esta película las creó junto a Robert Alton). La letras de las canciones fueron compuestas por el maestro Cole Porter —que andaba por aquellos años en olvido— que entre otras dejó para la posteridad, en esta película, Be a clown (años después surgiría otra maravillosa versión-adaptación en el musical Cantando bajo la lluvia interpretada de manera espléndida e inolvidable —sí, abuso de adjetivos, no puede ser de otra manera— por Donald O’Connor, Make em laugh. Por otra parte, se contaba con un elenco bueno de actores secundarios, magníficos decorados y un libreto con una obra de Broadway original y divertida que se estrenó con éxito en 1942.

Fue uno de los musicales más caros de la MGM por aquellos años, además, también el guión pasó por varias manos hasta que Minnelli y demás estuvieron contentos con la versión final. El rodaje tuvo varias complicaciones y su estrella principal Judy Garland no se encontraba en un momento emocional adecuado (debido a su adicción a pastillas) además de estar pasando un bache en su matrimonio con el director que quedaría sin solución separándose en el año 1951. La producción era todo un deleite de decorados y vestuarios infinitos…, sin embargo, esta fantasía delirante no conectó con el público de la época que la sintió excesiva. Tampoco fue de su gusto el cambio de registro de una Judy Garland que ofrece todo un recital de vodevil —al igual que su compañero—.

A mí esta fantasía del Caribe, este cuento del pasado, este loco y barroco vodevil me ha entusiasmado. Ese amor al mundo del espectáculo y de los sueños me ha transportado como a su protagonista Manuela. La película tiene el encanto de los cuentos del pasado, de la comedia bufa pura y dura, del vodevil…, todo rodeado de una elegancia visual sin límites y unas interpretaciones sobresalientes, sobre todo, de un Gene Kelly que lleva al extremo la caricatura del pirata o héroe romántico a lo Douglas Fairbanks o John Barrymore (actores en los que se inspiró para su caracterización). Más atractivo que nunca, mostrando su cuerpo atlético, su personaje actor-pirata seduce a las plateas con su gracia, simpatía y buen sentido del baile (Kelly disfrutó de lo lindo con la danza española, la acrobacia pura y dura y el ballet…, ni rastro del claqué…). Judy Garlad me sorprende como Manuela, se convierte en una actriz, no sólo cantante, con una bis cómica y alocada a tener en cuenta.

En esta divertida historia de equívocos, bailes y canciones acompañan a los protagonistas dos secundarios de oro (esos secundarios que no nos suenan sus nombres pero sí sus caras. Los dos con filmografías a tener en cuenta). La tía de Manuela es Gladys Cooper que nos divierte como dama de quiero y no puedo que arregla la boda de su sobrina con el alcalde del pueblo y el actor austriaco Walter Slezak es Don Pedro, el alcalde (que aparentemente es una persona pero en realidad es otra…).

Una película totalmente de verano para el que le apetezca ver un cuento de los de toda la vida, para el que quiera escuchar buenas canciones, para aquella que quiera disfrutar de la danza, para el de más allá que quiera ver barrocos decorados y un uso del color lleno de fantasía, para el de más acá que quiera disfrutar del amor al espectáculo, al mundo del teatro y del vodevil…, para todos los gustos.

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Zorba el griego (Alexis Zorba, 1964) de Michael Cacoyannis

He sufrido varios sentimientos encontrados al visionar Zorba el griego. Primero he de confesar que no he visto nada del trabajo cinematográfico de Michael Cacoyannis con lo cual no tenía ni la más remota idea de lo que me podía encontrar. Ésta es la primera obra suya a la que accedo y por la que es conocido internacionalmente. Es una de las películas más populares también de Anthony Quinn.

Algo curioso me ha ocurrido, yo sólo había visto la escena mil veces repetida del baile y alguna otra de Quinn además de haber escuchado una y otra vez la música de Mikis Theodorakis. Mi cerebro se había hecho otra película totalmente distinta en mi cabeza. Yo creí que iba a ver una película alegre, vitalista, ardiente…, de esas que amas a cada uno de los personajes. De esas en que Grecia cambia la vida a un personaje concreto, tipo Nunca en domingo.

Con lo cual mi sorpresa fue enorme cuando me encontré con lo que me encontré. Un drama en toda regla. Una película de momentos sórdidos. Una película dura. De personajes tristísimos. No daba crédito. Ahora que la he ido meditando y pensando me atrevo a escribir algo.

Ha habido escenas que me han impactado de esa isla de Creta donde sus habitantes viven el día a día y la miseria rodeados de un paisaje hermoso a base de lluvias torrenciales, montañas y mar. Una miseria y una pobreza que se adhiere al alma de los personajes y Cacoyannis deja una imagen similar a la que proyectaba Buñuel en Viridiana o Los olvidados. Es curioso pero me inquietaba la risa de las ancianas de negro, con sus miradas y apariciones. Y ese hombre límite siempre excluido y muy bien tratado por la otra excluida de la aldea, la joven viuda.

Y hablando de la joven viuda, hacía tiempo que no veía personajes más tristes que el de las dos mujeres coprotagonistas. Por una parte esa viuda de negro siempre encerrada en su casa, perseguida y humillada por los hombres porque no quiere irse con ninguno, acosada y solitaria. Una hermosa y peculiar Irene Papas la dota de toda una personalidad sin palabras…toda ella es sufrimiento y tragedia (el director sabía de tragedias). Incluso en la escena en que por fin decide abrir la puerta al protagonista. Para ella es todo un sacrificio pero la soledad puede con los dos personajes… Y su desaparición y brutal muerte, rodeada y humillada por todo el pueblo, mujeres y hombres, que no muestran piedad ni entendimiento alguno por alguien que ha roto unas reglas absolutamente absurdas en una sociedad tremendamente cerrada y asfixiante.

O la extranjera, esa mujer anciana de vida alegre, esa triste francesa maquillada que regenta un hotel vacio. Esa mujer abandonada por cuatro hermosos almirantes a los que hacía siempre el amor… pero acabó la guerra y la abandonaron. La dejaron ahí, sola, en una isla inhóspita donde nadie la quiere y ella se construye un mundo de recuerdos y fantasías. Se rodea de cosas bonitas siempre que puede. Y se ilusiona cuando vuelve un hombre amable a su lado que no deja de soltarla piropos hermosos y de instarla a que le cuente sus historias del pasado. Es tan tremendo este personaje, te deja tanta congoja en el cuerpo. Es tan triste su tristeza. Una impresionante Lila Kedrova te destroza en cada una de sus apariciones. La pobre “extranjera” muere absolutamente sola —bueno, digamos que la acompaña un Zorba humano— y cuando apenas es cadáver todo el pueblo, hombres, mujeres y niños saquean sus escasas propiedades. Me dejó sin respiración ese momento.

Los dos protagonistas son dos personajes antagónicos que curiosamente se complementan, se llevan de maravilla y se quieren con locura. Quizá ése es el único aspecto positivo de la película, su amistad. Quinn es un hombre del pueblo que ha vivido mucho, quizá demasiado, pero ni la violencia, las guerras, las injusticias, el duro trabajo, la muerte de un hijo…, nada le ha quitado la dignidad, la ilusión, la energía y las ganas de luchar por una vida a la que ama. Y por eso respeta a todo el que le rodea y por eso entiende. Y eso le hace vital, humano y luchador y levantarse y bailar libre una y otra vez aunque lo que haya ocurrido minutos previos sean increíbles fracasos. Y porque él no era libre, entiende de buenos y malos que tiene que ver más con las personas que con las nacionalidades (tal y como se lo hicieron ver en múltiples batallas), ya ni siquiera eso, sólo ve seres humanos.

O ese escritor-intelectual-tímido y solitario que de pronto no puede escribir y recibe las tierras de un padre en la isla de Creta y decide hacer algo con esas tierras y la vieja mina…, y descubre a un amigo, Zorba, y descubre que tiene que atreverse a equivocarse pero que puede volver a levantarse. Que tiene que ser menos cobarde y vivir más la vida. Pero su cobardía me exaspera hasta límites insospechados cuando no hace nada para impedir la injusticia contra la viuda de negro, sabiendo que está siendo maltratada por su culpa…, uff, ahí me enfadé terriblemente con el personaje. Él es un hombre tranquilo que observa pero parece que al final, viendo y escuchando a Zorba, quiere actuar más. Y por eso es hermosa la frase de ¡¡enséñame a bailar!! O lo que es lo mismo enséñame a sentir, a vibrar, a ser libre, a no asustarme ante los golpes de la vida, a ser capaz de ver lo bello en lo horrible, a comprender a las personas…

Y entonces Zorba adquiere otro significado. Sí, quizá, sea sobre las ganas de vivir… libremente.

Me gustó, pienso ahora, pero me resultó violenta mentalmente. Creía que iba a enfrentarme a una película alegre y choqué con un muro duro y trágico.

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Paseando con Lawrence de Arabia por… Almería

Y es que el cine nunca, nunca nos abandona. Estaba yo en pequeño pueblo de Almería disfrutando de mucho mar, mucho pescaíto, muchas risas y buena compañía, cuando un amigo que sabe de mi adicción, me dice que tiene un folleto interesante de una exposición del lugar (San José) que seguro me interesa.

Y efectivamente, el folleto anuncia Lawrence de Arabia en Almería: Testimonio de un rodaje. Y como bien sabía mi amigo, aproveché una mañana de sol ardiente para acercarme a la exposición y empaparme de fotografías maravillosas y curiosas sobre los días de rodaje que transcurrieron por esas tierras.

Ahí estaba David Lean, Peter O’Toole, Anthony Quinn y el mismísimo Omar Sharif entre otros. Ahí estaba el desembarco de dromedarios. La vida diaria de los actores por estos paisajes, momentos de rodaje, otros de descanso y algunas fotografías realizadas en Sevilla donde también se rodaron escenas.

Y también hablé un rato con la persona encargada de la exposición, un chico con mucho entusiasmo y pasión, que me mostró las escenas de la película que estaban rodadas en Almería. Y hablamos bastante y me enseñó también partes que se rodaron por los alrededores, como Lawrence, de El viento y el león…, y que quieren que les diga me quedé con muchas ganas de ver esa película. Hoy ni corta ni perezosa he ido a buscarla pero de momento no la he encontrado.

Me encantó reencontrarme con el cine en tal paraje, vivir tanto entusiasmo y una propuesta tan bonita…

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Hildy se va cuatro días a la playa

Este mes de agosto sólo voy a hacer este pequeño parentesis cinematográfico. Me he quitado los pelos de las piernas y las axilas -una tiene sus momentos de coqueteo y glamour aunque a veces parece que no quedan horas del día para el cuidado y la belleza-, he buscado el biquini, el gorro de paja, la crema protectora, la toalla enorme, el saco de dormir…, y a la playa que se va Hildy.

Ni mucho menos saldré cual Ursula Andress o Hally Berry de las aguas. Ni mucho menos saldré como Uma Thurman emulando a la venus de Boticelli o como Daryl Hannah cual sirena de los mares. Más bien soy un poco mujer pirata, pelo al viento, pantalones hasta las rodillas, camisa  larga, sandalias, gafas oscuras…, cada una hace lo que puede, pero por lo menos estaré fresquita en la orilla y jugaré con las olas.

Descansar y divertirme…, disfrutar de un cielo estrellado. Y si es con una buena conversación, buena compañía, buena comida…, ya será el colmo de los colmos.

El caballo de hierro (The iron horse, 1924) de John Ford

Es lo que me gusta a mí del mundo del cine, que nunca pierdo la capacidad de sorprenderme. Hacía mucho tiempo que me había comprado el DVD de El caballo de hierro, una de las películas silentes más populares de John Ford pero todavía no había encontrado una tarde tranquila para contemplarla. Ayer se me presentó la ocasión y no saben lo que disfruté de ella.

Leyendo por la red y en libros de consulta distintos artículos y párrafos sobre esta obra, me sorprendió apreciar que todos coinciden en las genialidades de este largometraje en el que ya se intuye la grandeza de Ford pero también que muchos señalan que es un película demasiado larga y a ratos, actualmente, puede resultar aburrida. Todos alaban, sin embargo, su valor histórico y documental. Pappy contó con testimonios de primera mano, entre ellos el de un tío suyo, sobre hombres que realizaron esa obra de ingeniera de carácter epopéyico y símbolo del progreso que fueron las vías del tren en ese Oeste que se construía día a día y adquiría personalidad propia. Ford logró encontrar un tono realista y en algunas ocasiones, efectivamente, parece que el espectador está disfrutando de un documental de época.

Si digo que me sorprendió es porque a Hildy, a pesar de que dura más de dos horas, el visionado de El caballo de hierro la entretuvo en todo momento. La disfruté plenamente. Reí, lloré, me emocioné, pasé momentos de tensión, me resultó muy interesante y aprendí muchas cosas mientras las imágenes silentes pasaban por mis ojos. No bostecé ni un segundo.

Una de las cosas que me fascinó es el conocimiento de John Ford del ser humano. Ya creaba personajes con personalidad propia. También, me encantó como Ford ya dejaba ver elementos inconfundibles de sus trabajos posteriores: esa mezcla magnífica de épica, realismo, aventura grandiosa, tragedia shakesperiana todo regado de momentos intimistas y de un sentido del humor envidiable, por supuesto, de origen irlandés. También, algo que conseguía siempre, como el director Howard Hawks, era reflejar de manera hermosa la camaradería y amistad entre grupos de hombres pioneros.

El caballo de hierro muestra todas las claves del buen cine del Oeste. Hermosas escenas sobre vías ferroviarias y el tren, las duras condiciones de vida de los colonos, las luchas y persecuciones con los indios, las nuevas ciudades que se iban formando, ciudades pioneras donde no faltaba el saloon y sus chicas, las peleas y los disparos…, personajes secundarios riquísimos en matices, los ganados de bisontes, las estampidas…, todo indica una nueva era, una época de cambio.

Además, todos estos elementos están contados con un gran verismo, es decir, se nota que tampoco había transcurrido tanto tiempo de lo que narraba la película con lo que todos, a través de recuerdos y familiares, tenían los acontecimientos muy recientes. Un elemento en el que hace hincapié es cómo esta epopeya, la construcción del ferrocarril, fue realizada por hombres y mujeres duros, por inmigrantes de todas las nacionalidades, unidos por una causa común así trabajadores chinos se unen a italianos e irlandeses. Otro elemento interesante es cómo también desaparecen las diferencias de un país que acababa de vivir una cruenta Guerra Civil pero al final ex soldados de uno y otro bando contribuyeron a la construcción del ferrocarril. También, Ford presenta a los indios y a las distintas tribus como valientes y honrados que ven este progreso del hombre blanco como una amenaza para su modo de vida y por ello atacan y persiguen al caballo de hierro. Sin embargo, el malo malísimo es un hombre blanco que manipula a todo el que le rodea incluso a los indios para que la obra no se lleve a cabo tal y como intenta el ingeniero protagonista sino como él quiere —un proceso más largo— para beneficiarse económicamente. Ya surge un mundo corrupto y de especulaciones de las tierras. También, Ford recrea a personajes históricos como Abraham Lincoln que fue el presidente que emitió la ley que hizo posible la construcción de las vías de tren o el personaje épico de Buffalo Bill. Por otra parte, es un largometraje rico en mostrar los modos de vida de estos colonos, hombres y mujeres fuertes, la formación de las primeras ciudades, el tipo de negocios que iban aflorando, cómo se iban organizando nuevas comunidades con unas duras condiciones de vida, los nuevos descubrimientos como la fotografía, la escena final, cuando se unen las dos vías es inmortalizada por un fotógrafo…

En diversas escenas se muestra la capacidad que tenía Ford en detectar la humanidad de sus personajes. Momentos emocionantes como el perro que se queda junto a su dueño indio muerto en la batalla. O las tumbas solitarias que quedan en una ciudad fantasma donde todos sus habitantes se trasladan a otro lado, donde pasará la vía del tren. Momentos íntimos como los juegos infantiles de los dos protagonistas cuando son sólo unos niños o el héroe solitario paseando por unas vías que están a punto de conseguir el sueño de su padre asesinado, o la muerte de uno de los hombres y la reacción de sus compañeros de batalla.

Otra sorpresa agradable y sin límites es George O’Brien como héroe fordiano y hombre de una belleza increíble. Alcanzaría la inmortalidad por ser el protagonista elegido por Murnau para su Amanecer, sin duda, le atrajo la naturalidad del actor ante la cámara. Es curioso el tema de las modas de belleza, en este caso masculinas, en la época silente destacaban más actores tipo John Gilbert, Douglas Fairbanks o Rodolfo Valentino…, que vistos ahora no tienen la modernidad, naturalidad y cuerpo maravilloso de un O’Brien moderno y contemporáneo. Contenido. Cuentan que fue famosa la escena de la película, e hizo suspirar a varios desde las plateas, cuando el actor en una de las violentas peleas que protagoniza —la última en concreto, la que se enfrenta al asesino de su padre— aparece con el torso desnudo y en estupenda forma física. No ocurre así con su compañera que sí que sigue los cánones de belleza de la época, típica heroína de Griffith, Magda Bellamy que además no fue del gusto del director que se enfadó cuando tuvo que incluir varios primeros planos de la actriz. Magda sí que es personaje por el que han pasado los años y que simboliza la imagen ideal de chica del héroe con virtudes como la humildad, la belleza, la delicadeza, la inocencia… Sin embargo, contrarresta esta imagen de mujer con otro personaje femenino más humano y real, con más carácter, se trata de Ruby (la chica del Saloon, no podía ser de otra manera) encarnada por la actriz Gladys Hulette.

Por supuesto, como no podía ser de otra manera, Ford acompaña su largometraje de unos secundarios de oro que dan riqueza de matices a la historia. Y por destacar alguno de la larga galería me quedó con el contrapunto cómico de la obra y también protagonistas de escenas emotivas y de gran camaradería, el trío de trabajadores del ferrocarril, amigos del protagonista, que se hacen llamar Los tres mosqueteros, con los peculiares rostros de Francis Powers, J. Farrell MacDonald y Jim Welch.

Sin duda son varios los factores que han hecho que el visionado de esta película sea una experiencia recomendable aparte de todo lo mencionado anteriormente: primero, la buena calidad de la obra cinematográfica fruto de una restauración concienciada y bien realizada, la calidad del dvd es innegable —sin ser una experta en aspectos técnicos pero si teniendo bastante intuición— y, por otra parte, la magnífica banda sonora realizada para esta restauración por el compositor Christopher Caliendo.

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¿Por qué amar al cine? Diez mandamientos

A mi sobrina Luna a la que ya amo con locura

1.- Reconstituyente del ánimo.

Porque cuando las fuerzas me flaquean, me levanto por las mañanas y sé que hay películas que me esperan y actúan como medicina. Es inevitable: veo El bazar de las sorpresas, Historias de Filadelfia, ¡Qué bello es vivir!, La fiera de mi niña, Cuatro bodas y un funeral o Atrapado en el tiempo…, y de pronto una especie de sonrisa y buen rollo aparecen en mi rostro.

2.- Ponerse en el lugar del otro.

Porque los personajes tienen vida propia y ¡¡¡se vuelve tan fácil ponerse en el lugar del otro!!! Y entonces descubres motivos, razones, acciones… que explican por qué los seres humanos actúan de determinada manera y entiendes. Charlot, Sally Bowles, Tom Joad, Bud White, Holly, Terry Malloy… galería de personajes que te descubren los secretos y recovecos del alma humana.

3.- Fábrica de sueños.

Una tarde en sala de cine o salón de casa puede elevarte al mundo de los sueños. Llevarte a mundos desconocidos, vivir aventuras inolvidables, protagonizar amores indestructibles, experimentar situaciones extremas, que afloren sentimientos ocultos, abrir puertas a caminos desconocidos… Viajar por el camino de ladrillos amarillos, visitar futuros oníricos a los Blade Runner, pisar campos de flores  y circos mágicos a lo Big Fish.

4.- Fábrica de realidades.

El cine documenta la realidad. A veces la recrea, otras la refleja y otras la muestra desnuda. Sin caretas. Entonces coges de la mano a la vendedora de rosas que te parte el alma o vives con los trabajadores de Riff Raff. Conoces lo que es pasarse los lunes al sol o cómo se explota y trafica con jóvenes sin oportunidades a lo Lilya forever. Te empapas de el odio en los barrios o de los guerreros de antaño que sobreviven en los suburbios o en Ciudad de Dios…

5.- Conocimiento, ideología, debate y reflexión.

Delante de la pantalla grande adquieres conocimientos de todo tipo. Entiendes cosas que no habías indagado en los libros o que no habías vivido o visto directamente con tus ojos. Conoces puntos de vista variados. Te abre la mente. Conoces otros pensamientos, entiendes ideologías. Se te presentan temas de debate, a veces sólo muestran, otras desarrollan tesis, más allá plantean una solución o salida. Reflexionas, indagas, descubres y te entran deseos de indagar algo más, de abrirte a otras ideas, de conocer, contrastar… Descubres otras formas de pensamiento, de vida; otras formas de actuar, de interpretar; otras formas de enfrentarse a la vida… El rey de Escocia, Las Hurdes, Estación Central de Brasil, Missing, El jardín de los Finzi Contini, Germinal, Amén, Novecento, Rojos, Hombres de Aran, La sal de la tierra, La estrategia del Caracol, Un lugar en el mundo, Fresa y chocolate, Z…, son sólo un ejemplo de mostrar otras ideologías y pensamientos. Temas de reflexión, debate y conocimiento lo ofrece hasta la más mala de las películas, de verdad.

6.- Historia y sociología a raudales.

El cine es un instrumento y herramienta de historia y sociología. Viendo distintas cinematografías descubres el alma humana, los pensamientos, las formas de vida…de otras épocas remotas. Descubres cómo funciona la sociedad en los años 20, 30 o 40, cómo eran las ciudades, cómo eran los campos, cómo actuaban los hombres y mujeres. Descubres costumbres y creencias. Sentarse frente a una pantalla y ver M o Las uvas de la ira es adentrarte en la historia de Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial o entender las consecuencias de la Depresión del 29. Dejarte deslumbrar por los melodramas tipo Sólo el cielo lo sabe es intuir cómo funcionaban las pequeñas ciudades de la América de los años 50 y cómo funcionaban las relaciones personales y familiares. Observar con ojos abiertos Roma, ciudad abierta o El limpiabotas es descubrir otra Italia, la de la posguerra reciente.

7.- Contador de historias.

El ser humano siempre ha tenido necesidad de que le cuenten historias. Trovadores, juglares, cuentacuentos, marionetas y títeres, novelistas, dramaturgos, sombras chinescas…, y cómo no, el cine. El cine cuenta historias. Y el espectador acude a la sala para que le narren algo que le mueva el espíritu, que le interese, que le haga volar…Películas cuento, películas leyenda…Todos escuchamos viejas historias a lo Tomates verdes fritos o cuentos a lo Princesa prometida. Porque vivimos un París bohemio a lo Moulin Rouge o a lo Irma la Dulce.

8.- Amores y odios con banda sonora de fondo.

Porque los seres humanos amamos y odiamos con la misma intensidad. Porque el amor mueve montañas y el odio derrumba árboles. Amamos y sufrimos con Dos en la carretera, desayunando en Tiffany, con lo que está escrito en el viento, con las vidas borrascosas, sufrimos con los amantes de la noche o con los que andan por el West Side, porque descubrimos el sufrimiento al este del edén o en ese tranvía llamado deseo, porque vemos pasar las horas de locura y desamor…

9.- Sombras amadas.

Porque el cine nos da cada día dosis de sombras amadas. Sombras silentes, sombras que hablan y se mueven. Sombras animadas. Ahí está ese pequeño vagabundo que anda por un camino de esperanza o esa ardilla de la edad de hielo que busca sin parar la bellota inalcanzable. Porque a Rick e Ilsa siempre les quedará París, sus sombras siempre presentes. Porque los rebeldes sin causa siempre harán peligrosas carreras de coches o se dirán cosas en el oído en piscina abandonada.

10.- Regalo de inmortalidad.

Y la magia del cine devuelve la inmortalidad al ser humano. Y esas sombras siempre recobran vida mientras haya espectadores que las admiren. Y los grandes ojos violetas de una gata en el tejado de zinc convivirá con la sonrisa enorme de un salvaje motero o con el cuerpo desnudo de la mujer amada en el desierto del paciente inglés.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Gomorra

Triste, triste, triste.

Guerras callejeras.

Supervivencia.

Drogas, poder, dinero.

Cabecillas y líderes.

Violencia.

Asesinatos.

Un sistema económico que permite el enriquecimiento de unos, la muerte de otros, la cárcel moral y humana de los de más allá.

Niños en peligro.

Niños sin salida.

Niños con pistola.

Chivatazos.

Una madre coraje que no quiere sucumbir al miedo.

Dos muchachos que juegan a gángster baratos que no se dan cuenta que es algo más que un juego.

Vertederos de un sistema.

Contaminación.

Dos niños muertos en una excavadora.

Como los olvidados.

No hay piedad, no hay glamour.

Atrapados en una guerra interminable. Que no se entiende.

Niños atrapados.

Mujeres atrapadas.

Hombre atrapados.

Un joven dice no.

Un sastre dice no.

¿Sirve de algo?

Totó atrapado en la mafia. Sólo es un niño. Pero quiere seguir vivo y llama a María.

No hay glamour.

Quizá un disparo.

Sangre.

Triste, triste, triste.

¿Salida?

No hay nada bello. No hay puertas. No hay esperanza.

Sólo Roberto dice NO.

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El jardín de los Finzi Contini

El jardín de los Finzi Contini es una novela del escritor italiano Giorgio Bassani publicada en 1962. Una novela sobre la nostalgia que narra la vida de familias burguesas y de alta burguesía judía en Ferrara antes de la Segunda Guerra Mundial. Y se centra para ello en las penas amorosas de un joven llamado Giorgio, de clase media, enamorado perdidamente de su vecina Micol, de familia de alta burguesía y aristocrática.

Micol y su familia viven en una gran mansión rodeada de un enorme y precioso jardín que se convierte en refugio donde los jóvenes tratan de olvidar y pasar de largo las injusticias que va cometiendo el fascismo italiano contra los judíos italianos con la emisión de las leyes raciales. El jardín es el lugar que les permite seguir la vida cómo si nada ocurriera.

Micol y su hermano Alberto abren ese jardín a distintos jóvenes de Ferrara para organizar partidas de tenis, aislados del mundo, y viviendo como si todo fuera igual. Incluso todos, familia y amigos, ignoran cómo Alberto se va consumiendo en una enfermedad terminal.

La novela es nostálgica y llena de matices sutiles que deja entrever el final terrible que espera a las familias judías que ven cómo avanza implacable un fascismo irracional y que prefieren ser ajenos a estos cambios porque rompen su estilo de vida de manera salvaje e incomprensible. Así viven los Finzi Contini, ignorando lo que los rodea. Lo prefieren. No ocurre lo mismo con la familia de Giorgio y él mismo que ven, aunque también impotentes, cómo van perdiendo derechos de ciudadanía y van siendo más realistas de cuál puede ser su destino.

Sutileza, nostalgia, se intuye más de lo que se cuenta…, son los ingredientes de esta hermosa y descriptiva novela. Mal de amores jóvenes y adolescente, una historia entre Micol y Giorgio que se atraen desde la infancia pero que nunca culminan una historia de amor, primer amor.

Diez años después el director Vittorio de Sica la lleva a la pantalla, para mí con acierto, y De Sica es menos sutil, aunque igual de evocador y nostálgico. La película cuenta lo que en la novela se intuye.

De Sica se deja llevar por la belleza del jardín, por la vida de los Finzi Contini, y por la belleza de jóvenes adolescentes llenos de vida y contradicciones que verán sesgadas sus vidas por causas ajenas de manera terrible. No hace falta ver el después, ya lo sabemos.

El director nos lleva de la mano por una historia llena de hermosura y delicadeza de final trágico. A través de los hermosos rostros de Dominique Sanda, Lino Capolicchio, Helmut Berger o Fabio Testi intuimos, entre penas de amor y suspensión de derechos, la terrible tragedia que se cierne entre los protagonistas, que quizá, por otras diferencias, las de clase e ideologías, difícilmente hubieran unido sus destinos.

Me ocurrió algo curioso. Vi primero la película. Y me quedó la sensación de que me quedaban cosas por entender. Así que me apeteció comprarme la novela y leerla. Y así hice. Después volví a ver la película y la disfruté sin límites.

Es bella la radiografía de Micol y Giorgio tanto en la novela como en la película. La novela al ser memoria y recuerdos gira en torno de ese primer amor con rostro de Micol que se convierte en gran personaje evocador de triste final. Quizá, reconozco, me cae mejor la Micol que aparece en la novela que la fría, caprichosa y complicada Micol cinematográfica, pero ambas son efectivas para narrar un primer amor fracasado.

Otro personaje que me resulta interesante tanto en ficción como en la película es la del padre de Giorgio (con acierto le pone rostro Romulo Valli), clase media y comerciante, que abraza el fascismo como los demás italianos, como si fuera una época de cambio…, y poco a poco se va dando cuenta de que él se queda fuera de esa ideología, y poco a poco se da cuenta de que lo que ha apoyado en un principio es lo que va a acabar con él. Que no puede proteger a su familia ni cuenta con privilegios por abrazar una ideología que una de las cosas que tiene claras es que los judíos tienen que ir convirtiéndose en ciudadanos sin derechos, o mejor dicho, no ser.

Te queda una sensación triste cuando vas viendo El jardín de los Finzi Contini…, final de la juventud, final de la vida, final del amor, final de una época, horror y tragedia que sientes sin que te la muestren…, porque ya la sabes.

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El ángel y el pistolero (Angel and the badman, 1947) de James Edward Grant

Érase una vez un vaquero duro que hacía películas, un duque del oeste, que se llamaba John Wayne. En los años 40 ya era un chico la mar de conocido y ya no estaba condenado a los westerns de bajo presupuesto pero todavía se sentía cómodo por esos mundos que fueron su escuela, además del duro de Pappy que le convirtió en estrella con su interpretación en La diligencia (1939).

Él poco a poco iba forjando su leyenda de hombre del oeste. A veces, era forajido, fuera de la ley y pistolero. Otras, ganadero. Otras se ponía la placa del sheriff…, siempre inconfundible con sus andares, su estatura enorme, su cara de chulo con fondo tierno, su escopeta, su sombrero, a caballo o a pie, daba el pego.

Poco a poco de actor inexperto, iba tomando conciencia de su estatus de leyenda y poder en la industria y decide hacer sus pinitos como productor. Para ello, toma película de bajo presupuesto, productora experta en cine del oeste y seriales como Republic Pictures, y coge de la mano a un buen guionista y le pone a cargo no sólo de la historia sino también de la dirección (James Edward Grant). Se rodea de buenos secundarios y surge una bella historia de amor en el Oeste lejano. Una historia de amor sencilla, linda, natural…, un Oeste amable e intimista. Una historia de amor que ha tenido ecos en películas posteriores (quizá la más recordada y hermosa sea Único testigo).

Una agradable sorpresa ha sido la que me he llevado viendo El ángel y el pistolero y encantada me he quedado con una química mágica entre el rudo y atractivo (sí, leen bien, Wayne atractivo) pistolero y la joven hermosa de ojos azules que es una granjera cuáquera y sólo entiende de buenos sentimientos, tolerancia y pacifismo (con el hermoso rostro de Gail Russell. Y es bello ser testigo del amor entre ambos y de la confusión que se produce dentro del cerebro del duro cowboy con corazón honesto.

La historia no puede ser más sencilla. Un forajido herido cae en manos de una familia de cuáqueros que le acogen y cuidan en su hogar. El forajido ante el trato recibido y sus conocimientos de la “extraña” filosofía de vida de sus salvadores va transformándose y dándose cuenta de que existe otra forma de vivir. No todo se soluciona con violencia. No sólo puede sentirse seguro con una pistola que empuñar. No siempre hay que huir. No todos los seres humanos son tan malos como parecen. No todo son malos sentimientos…También, influye en su cambio los ojos azules y la atracción que siente ante la joven hija de la familia que además le ofrece un amor absolutamente entregado y la posibilidad de otra manera de vivir y sentir.

Esta historia es la más hermosa de la película, las demás (la amenaza de los otros pistoleros y enemigos del protagonista) sólo apuntan la transformación del forajido en granjero pacifista. Y es tan sencilla y tan bonita la transformación que, magia del cine, te la quieres creer. Y te crees al rudo vaquero totalmente entregado a su cuáquera. Sus escenas y diálogos son de una ternura especial y una intimidad mágica.

También es especial la escena en que el pistolero trata de huir de su transformación y se va con un amigo al Saloon con sus prostitutas de cabellos dorados o morenos, viejas amigas de los forajidos; una de ellas, Lila, antigua compañera y cómplice de juego siente la transformación del fuera de la ley. Y ella se muestra triste porque sabe que ya no oirá su voz al oído. Para el vaquero, la visita al Saloon supone una despedida a la violencia y a la pelea, así que provoca la gran bronca como despedida y se lía a tortazos y destrozos del local en escena genial de viejo Oeste.

Por supuesto, no faltan aquellos secundarios carismáticos que también poblaban estas películas como Harry Carey o Bruce Cabot.

El ángel y el pistolero es otra del Oeste pero con un halo especial e íntimo. Genial también para tarde de verano melancólica que quiere terminar con una sonrisa.

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