La gaviota

La película La gaviota no arriesga en las formas como Treplev en la obra.

Es tan potente el texto de Chejov, La gaviota, que su historia atrapa desde el primer minuto y están tan bien construidos los personajes y son tan buenos los intérpretes que los llevan a cabo que hay secuencias en los que se alcanza todo el espíritu del autor. Todo es mérito del material del que se parte y de unos actores que apetece ver encima del escenario. Sin embargo, el director Michael Mayer (que sobre todo se ha movido en los teatros) ofrece una dirección cinematográfica tan solo correcta, sin riesgo alguno. Únicamente rompe el texto dramático empezando la película por el cuarto acto, de tal modo que el acto primero, segundo y tercero se convierten en un largo flashback, para volver de nuevo al cuarto acto y llegar al clímax y a todo su sentido.

En cierto modo si tomamos una de las discusiones de la obra de Chejov, diríamos que Michael Mayer apuesta por la visión de las artes en las que se mueven Trigorin y Irina Arkádina, sin arriesgar en las formas, pero apostando por un contenido solido y que sabe que no va a fallar con el público… No toma el camino que infructuosamente siguen Treplev o Nina: de romper, innovar en las formas de contar, de entregarse apasionadamente a su arte (sin red, sin miedo)…, algo que sí hacía, por ejemplo, Louis Malle en la maravillosa Vania en la calle 42. Así La gaviota de Mayer cuida la ambientación, la localización, el vestuario… y salta del escenario teatral al cine sin alardes, de una manera incluso anodina.

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